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Una persona real

2

Es inevitable


El corcho está afuera, lo está

La fiesta acaba de empezar,

Prometo esto:

Beber es lo último que haré.

Sé que lo arruiné todo otra vez,

porque perdí a mi único amigo.

Dios, perdona mis pecados.

No me dejes, me odiaré a mí mismo hasta que muera.

—Dope, Lady Gaga


I

Es inevitable recordar aquella tarde de agosto.

Llegué del centro comercial; como todo un esposo modelo fui a comprar la despensa para surtir la casa.

Pepper me había cambiado demasiado.

Entré a la casa cargando un montón de bolsas. Incluso compré una baguette porque en las películas quienes iban al centro comercial siempre exhibían un enorme pan saliendo por la bolsa de papel.

Ja.

—Cariño —dije; era todo un esposo—. Traje algo.

Pepper salió de una habitación. Corría y estaba sonriente. Por aquel momento llevábamos sólo dos meses de casados.

Me enseñó la prueba de embarazo que sostenía en las manos.

Literalmente las bolsas se me resbalaron de las manos; escuché estrellarse el embace de la mayonesa, pero no me importó.

Corrí hacia Pepper, la levanté en mis brazos y dimos vueltas.

Ella sonreía, pero intentó detenerme.

—Espera, Tony —dijo, con suavidad—. Aún no es seguro. Tenemos que esperar un minuto más.

Bajé a mi esposa y juntos nos sentamos en la sala. Ella frente a mí, sosteniendo la prueba como si se tratara del diamante más precioso del mundo; no, como algo incluso más valioso.

Yo estaba nervioso.

El minuto fue intenso. Demasiado largo. Los segundos pasaban tan lentamente como nunca; ni siquiera cuando estuve del otro lado del agujero de gusano el tiempo se prolongó de tal modo.

Agradecí haber salido de ahí para poder estar viviendo esta experiencia tan maravillosa.

Me pregunté cómo sería el chico. ¿Y si era igual al Harley, el niño que conoció en Tennessee? ¿O sería una niña?

¡Al diablo que no! Se dijo. La vida se lo jugaría muy sucio si le daba a una niña en la que Tony tuviera como castigo todo lo que él le hizo a tantas mujeres. ¡Por supuesto que no toleraría que algún mujeriego de mala pata le jugara chueco a su hija!

¿Y si eran gemelos?

¿Qué les regalaría en navidad?

¿Cómo los llamaría?

En ese momento en el que las ansias lo hacían imaginar todo tipo de escenarios con sus hipotéticos hijos, la voz de Pepper lo llamó.

—¿Tony? —dijo.

Él volteó.

Pepper tenía vuelta la prueba de embarazo.

Era negativa.

Ella sonrió tristemente. Después suspiró y me miró como si yo tuviera la respuesta adecuada para aquella situación. Por supuesto que no la tenía.

Me puse de pie, me acerqué a ella y la abracé.

II

Es inevitable pensar en Steve Rogers.

Esto ocurrió hace dos meses.

Pepper y yo llevamos separados cuatro, quizás cinco.

Quizás se embarazó la última vez que estuvimos juntos.

Qué peculiar forma de actuar tiene el universo.

Steve y yo teníamos como tres semanas juntos. Casi juntos. No sé. Jamás podré decir si él y yo tuvimos propiamente una "relación". Sólo que ambos nos sentíamos bastante a gusto uno en compañía del otro.

Duró tan poco.

Hace dos semanas que se acabó.

¿Sólo dos semanas?

Parecieran años.

Lo extraño.

A veces.

Siempre.

No sé.

Aquel día él se había quedado hasta muy tarde despierto. Había tomado el hábito de leer libros de historia que lo ayudaran a entender la manera en que operaba el mundo actual.

De vez en cuando me sorprendía en el taller y me decías "¿Sabías que se inventó tal cosa?". Una de esas ocasiones la respuesta "Yo lo inventé".

Ja.

Como sea, aquella noche yo estaba dormido cuando él me llamó con voz baja.

—Tony.

Yo abrí los ojos; estaba ahí, de pie. En ropa interior. Tan perfecto.

En un momento me pregunté cómo había pasado de cientos de mujeres, incluso de Pepper, a que la visión que me despertara fuera la de Steve Rogers, la del Capitan América. Con sus increíbles bíceps…

—¿Qué pasa? —pregunté.

—Existen… hay estados que permiten el matrimonio entre dos personas del mismo género —dijo, dubitativo.

Levanté una ceja.

—¿En serio? —pregunté, sin entender del todo su entusiasmo. No es que no estuviera enterado, sino que me intrigaba más saber por qué me lo decía.

—¿Tú y yo podríamos…?

—¡WOH, WOH! —le dije para que dejara de hablar—. Calma, vaquero. No te aceleres.

—¿Qué pasa? —preguntó.

—Vas muy rápido.

—No creo…

—Vas muy rápido.

—Pero siempre eres tú quien va rápido. Pensé que…

—Deja de pensar por mí —dije, con calma—. Mejor ven —di unas palmadas al colchón para indicarle que se sentara a mi lado; él lo hizo—. Lo siguiente es que querrás un par de hijos y yo no estoy listo para eso.

Él hizo una pequeña mueca y pronunció un débil "oh". Así que me hizo preguntarle:

—¿Qué?

Steve se rascó el cuello.

—Alguna vez Pepper me dijo que lo estaban intentando… No creí que conmigo cambiaran tus instintos paternales.

En ese momento algo me dolió.

La herida de Pepper no era reciente. Ya antes de dar por terminada la relación sabíamos que algo andaba mal.

La última vez que tuvimos relaciones fue porque yo estaba ebrio y ella también; más o menos dos meses después de abstinencia.

Dos meses que ya nos anunciaban la separación y que ayudaron a cicatrizar un poco más rápido mi corazón.

Sin embargo, pretender una relación tan seria con Steve cuando recién acababa de terminar una que pretendía mucho más… No. No podía. Ni era el momento, ni la situación; y ni siquiera sabía si llegaría a serlo. Necesitábamos madurar como pareja antes de comenzar a hablar de hijos. De modo que le contesté a Steve:

—No quiero tener hijos contigo.

Vi su expresión de esperanza destruirse.

Vi su gesto preguntarme por qué, y qué había hecho mal él.

Quizás fue en ese momento en el que eliminé sus esperanzas de dejar de verlo todo como a una guerra interminable; quizás un hijo representaba para él su retirada.

—Lo siento —agregué, supuestamente para amortiguar el golpe, pero no fue así; lo que hice fue decirle algo así como "lo siento, pero no quiero."

Él me miró con tristeza.

—No —dije—. Lo que quiero decir es que… no me siento listo, ¿sabes? Lo de Pepper es aún muy fresco, creo. Yo… no quiero contemplar esto TAN seriamente… digo… Sólo necesito tiempo, ¿me entiendes?

Respiró profundamente, y después se acercó y me dio un beso.

—¿Por qué dejas que te bese? —preguntó.

Algo en mí se retorció; el viejo Tony, el que prefería los senos, el que prefería el alcohol.

—Se siente bien —admití.

—¿Qué sientes por mí?

La pregunta me hizo moverme en mi lugar de la cama.

—No sé.

—¿Me amas?

—Yo…

No sabía la respuesta. No es que no lo amara, es que no estaba en posición de amarlo. Pensé que si dejaba de hacer esas preguntas el paso del tiempo borraría las inseguridades y los recuerdos de mis relaciones anteriores, y podría amarlo. Sabía que lo amaría. Si él lo permitía, si dejaba de presionarme en ese momento en el que yo estaba tan, pero tan presionado.

—¿Me quieres?

—Steve.

—¡¿Entonces qué carajo hago aquí?! —gritó, y casi brincó de la cama para ponerse de pie, pero lo jalé del brazo.

—Porque te quiero, sí.

Su mirada se ablandó y volvió a la cama conmigo.

III

Es inevitable volver en mí cuando siento la mano en mi pierna.

—¿Señor?

Es la voz de Jude [J.A.R.V.I.S.], volteo a mirarlo.

Mueve sus labios como diciendo algo, pero aún no vuelvo del todo.

—¿Qué? —pregunto.

—¿Se encuentra bien?

Luce preocupado. Por un momento olvido que él es una creación artificial. Pronto comenzaré a hablarle como a una persona cualquiera.

—Sí.

Sacudo la cabeza para deshacer la somnolencia que me queda.

—¿Voy a ser padre?

—Sí —dice Pepper. Ella no luce ausente ni preocupada porque yo me haya perdido en sus palabras al principio. Cuando me dijo que sería padre.

Uno de los abogados carraspea.

—Entonces no puedo "dejarte en paz" —le digo—. Necesito ser el padre de ese niño. Ese niño va a necesitar de mí. Se preguntará quién soy, y dónde estoy y por qué no lo ayudo…

Pepper voltea la mirada.

—No necesariamente. Puedo decirle que su padre murió en algún accidente. Puedo inventar que nos abandonó —me explica.

—Pero yo quiero criarlo.

—Es imposible, ya no estamos juntos —dice ella.

—Es cierto, señor —escucho la voz de Jude a mi lado, y por un momento lo odio. ¿Cómo se atreve a ponerse en mi contra?—. Si no están juntos usted sólo puede apelar a visitas ocasionales.

De nuevo esa base de datos.

—Puedo ser un buen padre —digo.

—No podemos estar juntos, Tony —me dice Pepper.

Algo en su voz, como si yo le estuviera rogando que volviera conmigo, desata la ira dentro de mí y entonces le grito.

—¡Dije que podía ser un buen padre! ¡Jamás te mencioné! ¡Ni siquiera quiero estar más contigo!

Fue el arranque de ira. En realidad no me siento así respecto a Pepper. La aprecio, la comprendo. Ella no tiene la culpa de que lo nuestro no haya funcionado. Ella dio todo. Fui yo el que no pudo más.

Fui yo el que no dio suficiente.

—Señor…

Jude sostiene mi brazo.

Me apoya.

Los abogados me miran.

—Usted ha demostrado no ser un buen ejemplo de padre, señor Stark, yendo por ahí embriagándose, yendo por ahí volando en una armadura, luchando con quién sabe qué clase de fenómenos…

—¡YO HE SALVADO TU MUGROSO TRASERO, INFELIZ!

El hombre sonríe.

—Tony, por favor —dice Pepper.

—NO.

—Por favor.

—¡NO! ¡JAMÁS! Ese niño sabrá que yo soy su padre.

Entonces miro el rostro de Pepper y observo las perlas que corren por sus mejillas.

¿Me tiene miedo?

No. Quizás quiere más a nuestro hijo de lo que yo lo quiero.

Probablemente todo mundo tenga razón y seré un peligro para él.

—El señor Stark tiene todo el derecho de pelear la paternidad si así lo desea —dice entonces Jude, a mi lado—. Yo lo apoyaré en lo que sea necesario para que no le sea arrebatado.

Me siento aliviado de haberlo traído conmigo.

Tomo las hojas que hay en el escritorio y las firmo.

Las arrojo al frente de Pepper.

—Ahí tienes: la mitad de todo lo que tengo. La mitad de todo mi dinero, mis propiedades, mis cosas. Incluso mis armaduras si es que te atreviste a pelearlas. Nada de eso vale tanto como mi hijo.

Me doy la vuelta, al lado de Jude.

—Pelearé por él —digo, y salgo.

Antes de que se cierren las puertas escucho sollozar a Pepper.

IV

Tengo que ver a Steve.

Todo en mi cabeza piensa en Steve. Jude va a mi lado.

—¿Señor?

Me llama. Yo voy en el asiento del copiloto y llevo cubierta la cara. Me niego a ver lo que sea.

—Tony —lo corrijo.

Él conduce.

—¿Tony?

—¿Sí?

—Quiero ayudarte.

—Muchas gracias.

Las carreteras se prolongan.

Aún pienso en Steve.

—Jude.

—¿Sí?

—Llévame a la casa de Steve.

—Claro.

Pero entonces hace algo que no sé de dónde sale, porque jamás lo programé para ello.

Mo toma por el cuello con un brazo y me acerca a él: me está abrazando.

De pronto me siento más seguro.

Él conduce adonde le dije.


HOLA!

Aquí les traigo la tercera entrega de este fic. Espero que les guste. Me he tardado mucho porque estuve en proceso de término de la Universidad. Pero por fin la terminé.

También comencé un nuevo trabajo así que, tengo un poco de ello.

Saludos!

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