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Una Persona Real
4
No me importa
Supongo que es así como se siente,
Ya no hablamos, ya no hablamos, ya no hablamos más.
Supongo que es así como suena.
El universo, el universo, el universo está destrozado.
No quiero vivir sin ti,
Podría vivir contigo todos los días.
No quiero vivir sin ti,
Y forzarme a mí mismo a vivir un día más.
—Can't Stop de OneRepublic
I
El auto avanza libremente en la carretera. No hay tránsito. Los automóviles no transitan mucho hoy.
¿Qué fecha era?
Ah. Claro, navidad.
Jude [J.A.R.V.I.S.] tendría que ser mi regalo. Y en lugar de reconfortarme está ahí, conduciendo, como todo un experto.
¿Quién diría que pasaría esta navidad discutiendo los trámites del divorcio? ¿Quién diría que mi regalo sería tan ostentoso e inesperado como enterarme de que seré padre?
Bah.
La vida apesta. Es simple y sencillamente eso. ¿O no?
Hace tan solo dos años estaba peleando contra Killian. Hace dos años estaba destrozando mis cuarentaidós armaduras. Hace dos años le propuse a Pepper que comenzáramos de nuevo, que nos convirtiéramos en marido y mujer.
Feliz navidad, tonto Tony.
—¿Señor? —Jude [J.A.R.V.I.S.] me llama. ¿Ahora qué?
—¿Sí? —pregunto, limpiando mi cara.
—Estamos llegando.
—Ah, claro.
El edificio se extiende más adelante. Steve vive en un condominio como una persona normal. Fui yo el que buscó esa casa para él, y, al parecer, no ha dejado de utilizarla. Espero que le haya gustado lo suficiente. Parece que sí.
El coche se mete en el acceso principal y Jude [J.A.R.V.I.S.] lo estaciona fantásticamente frente al condiminio.
Jude [J.A.R.V.I.S.] desciende apresuradamente del coche y me abre la puerta. Quizás, pienso, no sea tan malo tener un par como ellos en lugar de tantas personas que enloquecen al tratar de entender mi forma de hacer las cosas. Así aliviaría a muchas personas de tener que lidiar con alguien como yo.
Jude [J.A.R.V.I.S.] me da la mano.
Arrugo el ceño porque esos modales no se los instalé yo.
Tomo su mano y tomo impulso para ponerme de pie.
Pero él no retrocede y ambos quedamos apenas a un dedo de distancia, rostro a rostro.
"Qué hermosos ojos", pienso, olvidando una vez más que él es una creación; si sigo así pronto lo olvidaré. ¿Pero no acaso todos somos creaciones?
Su respiración llega a la mía; no huele a máquina ni nada por el estilo. ¿Qué es? Uvas. Fresas. Alguna mezcla de ambos.
Me sorprendo por la forma en la que logré inventar algo así.
II
Ding, dong.
—¿Cómo te sientes? —pregunto a Jude [J.A.R.V.I.S.].
—No lo sé —contesta—. ¿Sin fallos? ¿Cree que esa sería una buena respuesta?
—Dime Tony.
—Señor.
—¿Otra vez?
—Tony.
—Así.
—¿Quién se supone que soy? —me pregunta Jude [J.A.R.V.I.S.]. Quiere saber cuál será la historia que contaremos a Steve.
—Serás Jude. Y… —se me ocurre una idea estúpida—… estamos saliendo.
Sonrío y después yo procedo a acomodarle la corbata de la camisa. Justo en ese momento, mientras le sonrío atentamente y más lucimos como una pareja, aparece Steve detrás de la puerta.
Soy más bajo que ambos, y probablemente luzca adorable aquí.
Steve carraspea.
—¿Tony? —luce sorprendido, pero al voltear a ver a Jude [J.A.R.V.I.S.] no puede ocultar su mirada de extraño y de recelo.
—Eh, hola.
Saludo. Tan torpemente.
Es increíble que aún me cueste trabajo. Hace unas semanas que lo nuestro se acabó. Está tan fresco. Bueno, en realidad nunca se acabó.
—Buenas tardes —es la voz de Jude [J.A.R.V.I.S.] la que interrumpe todo. Él extiende la mano para saludar a Steve—. Soy Jude.
Éste lo mira con desconfianza, pero le da la mano.
Ambos se saludan y siento una pequeña chispa que se enciende; me parece extraño puesto que Jude [J.A.R.V.I.S.] no está preparado para desarrollar esa clase de sentimientos; de rivalidad.
—¿Por qué no me esperas en el auto? —le digo a Jude [J.A.R.V.I.S.] para aliviar las cosas.
Él observa a Steve con una sonrisa.
—De acuerdo.
¡Y se acerca para darme un beso!
Como desvío la cara el beso sólo alcanza mi mejilla.
—Te espero en el auto —dice Jude [J.A.R.V.I.S.], sin alterarse porque desviara la cara—. Hasta luego, Steve, un placer.
Y se va.
Cuando lo veo desaparecer en las escaleras regreso mi atención a Steve y notó que él me observa extrañado. Sube una ceja.
Sonrío.
—¿Puedo pasar? —pregunto.
—¿No harás esperar mucho a… ? ¿Cómo se llama?
—Jude —digo.
—Ah, claro. ¿No tiene ningún problema?
—No creo.
—Pasa.
Abre la puerta de par en par y yo entro a su casa.
Es acogedora, tal como la recuerdo. Iluminada por una luz blanca y unos muebles del mismo color. El capitán américa suele ser muy limpio.
—¿Algo de tomar?
—Un coñac.
—Creí que lo estabas dejando —comenta él.
—Créeme que lo necesito.
Él evalúa la situación.
—Como para estar aquí, supongo que sí. —Se dirige a la cocina—. ¿Te has enterado?
Los vellos se me crispan. ¿Acaso él sabía lo de Pepper?
—¿Qué? —pregunto, haciéndome el desentendido.
—SHIELD ha estado buscándote. Hay una especie de emergencia que se está cociendo. Necesitan reunirnos a todos, ¿no sabías?
—No pensaba en esos problemas.
Él regresa con el coñac. Para él no trajo bebida alguna. Se detiene enfrente de mí y me observa con preocupación. Extiende la mano para darme el coñac, pero cuando yo estiro la mía para tomarlo, él retrae la mano. Tiene miedo, casi como yo, de que una vez más no pueda controlarlo y todo salga mal. Como las varias últimas veces en que bebí. Además, según veo en su mirada, se supone que hace poco que superé el vicio de la bebida. Entonces recuerdo que por una noche de alcohol ambos terminamos en la misma cama.
III
Doy un sorbo al coñac.
Finalmente logré que me lo diera, aunque a regañadientes.
Steve se sienta en el sillón de enfrente.
—¿Qué es entonces? —pregunta—. Qué te trae aquí.
—Pepper.
—Oh.
Él consulta su reloj.
—Hoy te divorciabas…
—Sí —bajo la mirada. Me sorprende mucho que recuerde con tanta precisión la fecha. Pero bueno, es porque habíamos hecho planes especiales para este día—. Ella…
—¿Quién ese Jude? —me pregunta.
—Quería hablarte de Pepper —digo.
—¿De dónde lo conoces? No lo había visto.
Está empecinado con Jude, y no entiendo por qué.
A estas alturas, ¿puede sentir celos? Quizás sí porque fui yo quien terminó la relación.
—Es un amigo de la escuela.
—Oh.
Miro hacia otro lado y luego doy un sorbo al coñac.
Él mira su reloj otra vez.
—¿Y por qué te besa? —me interroga.
Si le contestara lo que pretendía contestarle terminaría por hacerme añicos en este mismo cuarto "porque es lo que hacen las parejas", le quería decir.
Pero me contuve.
—Se toma muchas libertades.
Entonces Steve se pone de pie y se acerca a mí.
Cuando menos lo espero sus labios están sobre los míos, pero se aparta casi de inmediato.
—Entonces yo también me tomaré mis libertades —dice. Es más una promesa que una amenaza.
IV
—No debes hacer eso —le digo.
—¿Por qué?
—No me siento cómodo.
—¿Y con él sí?
Yo me encojo. No sé qué responderle a Steve cuando se pone en esa actitud. No es simple frialdad. Como en mí, hay mucha pasión en su frialdad, en la manera de decir las cosas o de escoger sus palabras.
—¿Qué hay con Pepper? —pregunta entonces, y vuelve a su sofá.
—Necesito otro coñac.
Él me examina, pero me sirve otro.
—Pepper… ella —digo con trabajo, cuando estamos de nuevo en nuestros respectivos lugares—… dice que seré padre.
Steve abre mucho los ojos.
Está sorprendido.
V
No puede ocultar la forma en la que le cae la sorpresa. De pronto está a mi lado, abrazándome y felicitándome.
—¡Felicidades!
—No, yo…
—¡Es justo lo que deseabas! —Hace mucho, sí, pienso. Su felicidad es auténtica.
»¿Y qué harás al respecto? —pregunta, adoptando un gesto de mayor seriedad.
Bebo el resto de mi trago.
—Pepper quiere que yo no tenga nada que ver con el niño —le digo—. Quiere que firme un documento en donde me comprometo a dejarlos a ella y a él en paz.
Steve pestañea.
—Pero eres Iron Man, ¿cómo podrá crecer ajeno a ti?
Yo sonrío.
—Sólo… no tendré derechos sobre el niño. Ninguno en absoluto.
»No sé qué hacer, Steve.
Él me mira. Estoy casi destrozado por dentro. ¿Cómo me convertí en esto?, me pregunto.
—No quiero sonar insensible. Creo que eso lo tienes que ver más adelante. Por ahora preocúpate por tu rehabilitación, por poner en orden tus ideas y procurar tener un mundo a salvo para tu hijo —Steve pone una de sus manos sobre mi hombro.
Lo miro y sonrío.
A veces, cuando me habla de esa forma, recuerdo por qué empezamos a estar juntos. Por qué nos refugiábamos debajo de las sábanas y nos recostábamos hasta que olvidábamos qué día era ese.
—Tienes razón —admito.
Me abraza.
—Ya, campeón, yo estoy contigo y te seguiré apoyando.
—Pero…
—No me importa.
Dice eso y después me besa.
Esta vez respondo.
Los dejo con el nuevo capítulo de este fic. Espero que les guste.
Saludos!
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