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Casi Humano
11
Ayúdame
I
Tony fue el primero en escuchar la alarma; se trataba de una casi imperceptible señal de sonido que indicaba que la base estaba por ser contenida; él mismo, junto con Bruce, habían diseñado aquel mecanismo, especialmente planeado para contener cualquier tipo de explosión o desastre; de modo que el que la alarma se encendiera… significaba desastre.
La detonación fue casi inmediata; un estruendo ruido se escuchó lejano, en el ala opuesta a la que estaba Tony. Se escuchó después un griterío y posteriormente una alarma más grave: Bruce había estado cerca de la explosión… Hulk.
De modo que Tony se puso rápidamente su armadura.
—Quédate aquí —le dijo a Jude.
—No… quiero ayudarte —dijo.
—¡Quédate, no quiero que te pase nada! —le espetó Tony. Y salió del cuarto ya con la armadura puesta, impulsándose con los repulsores a través de los pasillos.
"¿Qué pasó?", se preguntó.
—Tony —escuchó la voz de Steve en su intercomunicador—, Tony, responde, ¿estás ahí?
—¿Qué pasa? —respondió Tony—. Voy hacia la explosión.
—Apresúrate…
—¿Cómo está Banner?
—Él está bien…
Sintió un alivio estremecedor cuando lo escuchó: no había riesgos. ¡En qué carajo habría estado pensando Fury cuando llevó a Banner a la luna! ¡Podía matarlos a todos! ¡Y Thor no estaba para contenerlo o ayudar…! Y la armadura… Esa armadura aún no estaba terminada… ¡Pepper, Steve, Jude, el futuro hijo! ¡Todos ellos tenían la culpa de su deficiencia como constructor de máquinas de matar!
Llegó al sitio de donde salía despedida una gran voluta de humo oscuro. La explosión había sido de bajo alcance, la explosión no había dañado el sistema de gravedad, y, aunque eso no afectaría a Tony en su armadura, bien hubiera podido colocar a Steve fuera de combate.
—¡Bruce! —exclamó. Y entonces lo vio, en un rincón, ileso, apenas consciente…—. ¿Estás bien, amigo?
—Sí, sí —aclaró él—. Pero Steve…
Señaló hacia el otro lado de la habitación. Tony siguió la dirección que le señalaba el dedo de Bruce y más allá, con el techo sobre él, estaba Steve, con su uniforme y una cortada en la mejilla izquierda que escurría un delgado hilo de sangre.
II
Tony no lo pensó y se lanzó hacia él con sus repulsores. No había motivo de preocupación: el capi podía resistir aquello y quizás más, pero verlo ahí tirado lo hizo sentir una emoción horripilante en el pecho.
—Steve —dijo—, ¿estás bien?
—Ve por él… —dijo Steve, sin concederle importancia a la preocupación de Tony. "El deber ante todo", pensó éste. Steve señaló un hueco en el suelo.
Tony no lo pensó, se lanzó hasta el hueco y llegó a una caverna subterránea en donde todo estaba oscurecido. El olor de la pólvora abundaba en el ambiente, y una nube de humo comenzaba a dejarse caer en el suelo, a una velocidad desesperante como consecuencia de la poca gravedad lunar.
La oscuridad podría resultar un problema, así que Tony activó su visión nocturna. Las estalactitas y las estalagmitas estaban ahí, inertes… y a lo lejos una mancha blanquecina corría a toda velocidad. Tony activó los repulsores a toda velocidad y la armadura pronto alcanzó a Abstre'dah. Se colocó delante de él para cortarle el paso.
—¿Adónde crees que vas cosa transparente explosiva? —le preguntó, amenazándolo con los repulsores de su mano.
—Abstre'dah huye…
—Ya me di cuenta… pero no puedes hacer eso.
—¿Por qué?
—¿Qué hiciste para que te encerraran en primer lugar? Algo malo debiste haber hecho…
—Yo…
—Dímelo.
—Yo no di información de mi mundo —explicó, con un tono tranquilo.
—¿Qué?
—Cuando una nueva raza viene y hace contacto con la Tierra, lo primero que solicitan a uno es información de su mundo. Yo no la di. Es un procedimiento… muy… —Abstre'dah se debatía rudamente para poder hallar la palabra correcta—… rudimentario. Si me encierran pueden desatar una guerra.
—Son los términos de la Tierra, supongo —farfulló Tony—. Lo siento, no creo tener injerencia en eso… debe haber otra razón.
—Quise huir.
—Anda, eso.
—Yo estoy buscando a Ultron, no tengo nada que ver con sus… cosas de humanos.
—Pero estás aquí —dijo Tony—. Estás entre los humanos, así que sí tienes que responder a nuestras leyes…
—No.
—Eso te puede causar el encierro.
—Tengo más bombas.
—Eso es una amenaza.
—¡NO! —rugió Abstre'dah. Su voz resonó fuertemente por toda la caverna y Tony sintió que le perforaban los oídos—. Ustedes me encierran y yo me libero, no hay mal.
Tony quedó petrificado por la rudeza de Abstre'dah. Entendió lo que le decía, pero tenía que detenerlo. No podía dejar que huyera.
—Y liberaré a quien me encontró también —dijo.
—¿A Fury?
—¿"A Fury"? No… no… no…
Y Abstre'dah adoptó su forma monstruosa de pronto; ese gigantesco ser que Tony había visto debajo de la superficie lunar. Tony se puso en guardia, dispuesto a defenderse si era necesario.
Pero Abstre'dah se limitó a levantar una mano y perforar la superficie.
"Quiere huir", pensó Tony. Pero no pensó en lo tonto que había sido.
Entonces Abstre'dah bajó la mano y en ella estaba Jude, aprisionado por sus dedos.
III
De la cavidad que Abstre'dah tenía en frente brotó una pequeña semilla. Tony apenas pudo verla, reaccionar, entender que algo había salido de ahí. Cuando observó sus pies, hacia ese lugar en el que había caído la semilla, se produjo una explosión y todo se oscureció.
—¡Jude! —gritó Tony con todas sus fuerzas, hasta que creyó que la garganta se le desgarraría.
IV
El cielo estaba despejado. La cabeza le dolía. Miraba hacia arriba como esperando que la luna se mostrara en medio de la noche. Pero no había tal. Lo que se observaba a lo lejos era la Tierra. Majestuosa, inmensa.
A su lado estaba Steve. Había ido todos los días desde que lo encontraran en la caverna, inconsciente, herido.
Había pasado una semana.
Los ojos de Tony admiraban tal belleza desde el pabellón médico, que tenía un techo conformado por un polímero transparente.
Tony Stark tenía miedo.
—¿A dónde pudo habérselo llevado? —preguntó Steve una vez más. Era como si creyera que Abstre'dah le había dicho algo fundamental a Tony. Era como si a fuerza de preguntarlo tantas veces la respuesta aparecería en la cabeza de Tony.
—Debo ayudarlo.
—Lo sé.
—Debo rescatarlo.
—Lo sé.
—Ayúdame.
—Lo haré.
Y por primera vez en tanto tiempo, Steve sujetó fuertemente la mano de Tony.
V
Pasaron unos días más; todo estaba oscuro cuando Tony se despertó sintiéndose mejor. Se levantó. Sacó de su brazo la aguja que suministraba el suero, y después se encaminó hacia el sanitario. Sacó de un pequeño closet un cambio de ropa; era ropa holgada, de lana, blanca. Ropa especial para el personal. Se vistió y después se encaminó a su cuarto sin llamar a nadie.
Le dolía la pierna, pero no le dio importancia. Continúo caminando, y cuando llegó a su habitación encontró que la armadura destrozada había sido colocada ahí. Se vistió y después caminó apresuradamente hacia el pabellón de transportes.
Cuando entró al cuarto, se llevó una sorpresa tremenda porque Bruce estaba ahí, moviendo algunos circuidos, soldando algún cable, probando un motor…
—Buenos días —dijo con ironía.
—Brucy —exclamó Tony—. ¿Qué haces aquí? Deberías estar dormido.
—Tony… saltémonos esa parte en la que te digo "¿Y qué haces tú aquí?, deberías estar en el pabellón médico." Y luego nos miramos incómodos y… Ya sabes… Todo eso.
Tony lo miró inquisitivamente, después se sentó a su lado.
—Quieres buscar a Abstre'dah… —comentó Bruce—. Pero no sabes en dónde está. Por Dios, Tony, vienes aquí y no sabes a dónde tienes que ir…
Sólo en ese momento Tony lo reflexionó bien. Era cierto, no sabía adonde tenía que ir.
—Bueno, yo he estado buscando y encontré la señal del sujeto… ya sabes que lo examiné… Dejó la luna hace dos días.
—¡¿Adónde?!
Y Bruce, en respuesta, señaló el planeta azul que había (al parecer) sobre ellos.
—Steve fue a buscarlo, ¿sabes? —comentó Bruce—. No sé qué es lo que haya logrado. Perdí comunicación con él…
—Iremos a buscarlos, ¿verdad?
—Claro —respondió Bruce, y levantó la pieza metálica que estaba armando.
—Debo ir por mi armadura… esta quedó hecha añicos.
—Lo sé.
Y dicho eso Bruce levantó la escotilla de la nave que estaba en frente. Una pequeña, para transportar a ambos.
—¿No tendrás problemas con llevarme? —preguntó Bruce, sólo para asegurarse.
Tony, en respuesta, lo abrazó.
VI
Steve había llegado hacía dos días a la Tierra. Había buscado, con ayuda de Bruce Banner, el lugar en donde se emitían las señales de vida de Abstre'dah. Tuvo que adentrarse en un bosque espeso, inexplorado por las personas. Caminó y caminó durante varias horas hasta que llegó a un territorio llano, en donde Bruce le indicó (por intercomunicador) que la señal era más fuerte.
Steve examinó el terreno, todo plano, sin una sola pizca de hierbajo en medio de un bosque. Era sumamente sospechoso.
Así que movió aquí y allá con la suela de su bota, pero no encontró más que tierra firme.
Entonces se le ocurrió que Abstre'dah se movía bajo tierra en la luna, y quizás haría lo mismo en la Tierra. Así que saltó y cayó con una fuerza estrepitosa. El suelo se estremeció en respuesta: era hueco. Pero no cedió. Steve repitió el movimiento. Y entonces se escuchó un fuerte estruendo. Y luego otro, y otro.
Y de pronto el suelo colapsó. Steve pegó un brinco y se alejó del llano hacia los árboles, y vio asombrado cómo todos los kilómetros de suelo llano se precipitaban hacia abajo, dejando una nube de polvo sobre ella.
Steve examinó hacia abajo y encontró que varios túneles se extendían debajo del suelo.
—¿Qué pasa Steve? —le había dicho Bruce por el comunicador.
—Encontré algo.
—¿Es Abstre'dah?
—Quizás… iré a investigar.
—No, Steve, espera. Iré en cuanto pueda… No puedes hacer esto solo —le había dicho Bruce.
Pero Steve sólo tenía en la cabeza la promesa que le había hecho a Tony: lo ayudaría a recuperar a Jude. Así que se quitó el intercomunicador y penetró la oscuridad de las cavernas mientras la voz de Bruce le gritaba desde el pequeño aparato.
