Casi humano

14

Jar-jar


I

La capilla está en buen estado a pesar de que ha sido abandonada desde hace cincuenta años. En realidad, toda la ciudad ha sido abandonada como resultado de una amenaza de bomba. Una bomba producida por la compañía Stark cincuentaiún años antes. Las alarmas comenzaron su resonancia a las dos de la mañana del 27 de octubre de 1965, despertando a todos los habitantes de la ciudad, y provocando el descontento de casi doscientos caninos que respondieron con ladridos a la sonora señal de alarma.

La bomba no cayó, pero los habitantes de Doncaster decidieron que era mejor mantenerse lejos del territorio ya que la amenaza hostil permaneció por más de diez años continuos.

La capilla estaba en el centro de la ciudad. Estaba construida con roca de granito y exhibía hermosos e intactos vitrales de imágenes religiosas.

Cuando Ultron penetró la entrada lo hizo con un aire desinteresado. El viento corría afuera y discurría por la superficie de su armadura. Ultron es una armadura con un alma cuasihumana que lleva por nombre Jarvis. Eso es lo que tenía entendido.

A sus espaldas la oscuridad se erguía en forma de rectángulos de varios pisos. La luna resplandecía detrás de los edificios provocando negras sombras que se alargaban por el suelo; la luna también irradiaba su brillo contra la armadura de Ultron, provocando que refulgiera con un brillo platinado.

Los pasos metálicos resonaron en el interior de la capilla. Algunas esculturas lo miraron con indulgencia y otras con reproche.

Ultron se quedó de pie frente al ábside.

"Estoy solo", pensó para sí, con un sentimiento abrumador y desolador. Él podía experimentar todas esas sensaciones; él tenía un temperamento. A veces creía que Tony no podía verlo, o que reducía sus emociones porque las juzgaba por su origen: algoritmos que resultaron en una red neuronal. "No, padre" se dijo a sí mismo. "Sí siento." Y en ese momento estaba sumamente agradecido por lo que Tony había hecho por él: lo había salvado.

Entonces un ruido de baja frecuencia abordó su mente, una suerte de estática que lo dejó experimentar una especie de carne de gallina; aunque, claro, Ultron no tenía carne.

—No estás solo —dijo una voz en sus adentros—. No estás solo —repitió la voz, ahora con firmeza.

Ultron desvió la mirada hacia las entradas de la capilla, pero no encontró nada más que los umbrales vacíos y la luz de la luna que penetraba por los umbrales.

—¿Quién es? —preguntó dubitativamente.

Pero la voz no respondió, de modo que Ultron volvió su atención al interior de sus ideas.

—Soy Jarvis —dijo entonces aquella voz.

—¿En dónde estás? —demandó saber Ultron, más con curiosidad que con miedo o ira.

—Estoy contigo… Nuestro padre nos hizo para no estar solos, ¿recuerdas?

Ultron miró por encima del hombro. Era cierto. Tony lo había mencionado.

—Hola, Jarvis.

—Hola, Ultron.

Ultron se dirigió hacia una de las bancas en la capilla. Tomó asiento, pero la banca resultó ser muy frágil y estar podrida, de modo que Ultron se vino abajo estrepitosamente.

La voz en el fondo de Ultron, esa llamada Jarvis, rió.

—¿Por qué te ríes? —quiso saber Ultron, casi molesto.

—¿No te parece gracioso?

Ultron lo meditó.

—Sí.

—¿Ves? Por eso me río.

Y Ultron también se carcajeó. El ruido de sus risas rebotó por las paredes de la capilla hasta que se apaciguó por la pérdida de energía y el silencio de Ultron.

—¿Crees que somos hermanos? —preguntó Ultron al cabo de un rato.

—Tenemos el mismo padre, así que sí.

—Hermano, quiero darte un regalo.

—¿Un regalo? —se extrañó Jarvis.

—Sí… Creo que tú mereces tener un cuerpo tanto como yo. Así que… ¿qué tal si hacemos algo para separarnos?

—No me digas que ya no quieres estar conmigo —se extrañó Jarvis—, no puedo ser tan molesto. Además, papá nos hizo precisamente para estar juntos, ¿no?

Jarvis lo sabía. Jarvis estaba consciente de todo. Tony le había pedido que resistiera. Jarvis sabía que Tony volvería por él… Y también había descubierto, por el hecho de compartir una mente con Ultron, que éste era peligroso… Así que decidió que no debía dejarlo solo. No debía dejarlo porque entonces quién sabe de lo que era capaz.

—No seas tonto, Jarvis, claro que no me he cansado de ti. Papá te obsequió para que yo no estuviera solo. Eres un regalo de él, así que, ¿cómo podría cansarme de ti? No. Lo que quiero decir es que… ¿y si fuéramos más? Así de verdad no estaríamos solos. Así podríamos hacer realidad los deseos de papá y podríamos proteger este mundo de cualquier amenaza. ¿No te parece?


II

Estoy siendo arrastrado por una pierna. Clavo las manos en el suelo, en la tierra, me sujeto por una roca, por un árbol… Pero es inútil.

Hulk me tiene atrapado por una pierna… Al menos al Hulkbuster, pero yo estoy dentro. Es demasiado fuerte. Subestimé su fuerza. Fui un tonto. ¡Últimamente eso me sale tan fácil!

La sangre se me sube a la cabeza. Jadeo. Frunzo el ceño. Estoy furioso porque he metido la pata tanto.

Tomo un poste de luz y lo arranco como a una hierba del jardín. Y golpeo duramente a Hulk. Éste sale despedido algunos metros, pero no cae. Alcanza a sostenerse con los pies y me dirige una mirada desoladora. Busco a mi alrededor en busca de un lugar para esconderme, pero no encuentro: lo que hay es una llanura con una carretera que se extiende hasta el horizonte. Una carretera desierta apenas rodeada de algunos árboles y de postes de transmisión eléctrica. A lo lejos distingo unas montañas y algunas rocas… No hay modo de esconderse o de huir.

Hulk se precipita sobre mí, así que yo arrojo un golpe. Le doy de lleno en la cara, pero él no se inmuta. En cambio hace algo que yo no espero… Sonríe.

Me da un golpe y salgo volando varios metros por el aire. No puedo caer de pie como él lo hizo, en cambio doy vueltas. Me golpeo la cabeza y todo comienza a darme vueltas.

No puedo… No puedo… Si todo sigue así yo…


III

Lanzo el puño, que se desprende del resto de la armadura. El puño da directo en el estómago de Hulk.

Él toma el puño y lo arroja directo hacia los escombros del edificio de donde Ultron se ha ido. Algo me golpea: una sensación de realidad. Steve está allí. Debo alejar a Hulk de los escombros del edificio. Debo mantenerlo alejado de Steve.

Un cañón sale de mi hombro derecho y arrojo un rayo del mismo tipo —aunque de mayor potencia— que el unirrayo de mi armadura tradicional. Ahora no puede contenerlo. Esta vez Hulk sale despedido un tramo grandísimo de distancia por el aire. No he ganado. Lo sé… Pero he conseguido alejarlo.

Corro hacia él. No quiero darle tiempo de regresar de un superbrinco.

Me impulso, llego y doy una patada a su cara.


IV

—¿Estás bien? —pregunto a Steve. Espero que responda. Verlo ahí, tirado entre los escombros, cubierto de sangre y de lodo (mezcla de su propia sangre y polvo), me ha paralizado de miedo. Pero es que estoy hecho un desastre.

Tengo que sacudirlo porque no me responde. Insisto con mi pregunta. La grito.

—Tony… —musita él.

—¿Estás bien?

Me he salido del traje. Está tremendamente destrozado detrás de mí; está tan deteriorado como cualquiera de mis armaduras en las batallas más pesadas. Banner está a un lado, hecho un ovillo y cubierto con mi camisa.

Steve asiente, apenas perceptiblemente porque está bastante herido.

Tomo el comunicador de mi oído. Presiono el interruptor y espero que alguien se comunique. ¿Hay alguien ahí?, pregunto, esperanzado. ¡Por favor, respondan!, grito para mis adentros, inmerso en la ira, sacudido y ahogado por ella. No puedo sino sentirme completamente molesto.

Sólo escucho el silencio y la dificultosa respiración de Steve Rogers en mis brazos.

Si Ultron me viera; si Jude me viera aquí, abrazando a Steve, ¿qué haría?

El cielo estaba despejado, y apenas una nube lo surcaba, moviéndose lentamente. El viento sacude mi cabello húmedo por el sudor y el estrés de combatir a Hulk.

—¿Tony? —pregunta una voz del otro lado del comunicador.

Mi corazón da un vuelco. Ese lugar en donde antes había un reactor arc… ése hueco apenas repuesto en forma de una cicatriz.

—Natasha —digo.

—Estoy rastreando tu ubicación… ¿Está todo en orden?

—Steve necesita apoyo médico —me apresuro a decir.

—De acuerdo, me comunicaré con Nick.

El cielo comienza a teñirse del color ambarino propio del atardecer. Lo veo todo desde el parabrisas del quinjet. Natasha es la que lleva el mando. Yo estoy sentado en uno de los asientos principales, lejos de Bruce y Steve. Ellos parecen estar bien. Bruce está inconsciente. Steve no, él se retuerce de dolor y se aferra a la vida con una determinación tremenda. Estoy seguro de que piensa que no puede dejarnos así, con la amenaza inminente de una armadura casi indestructible.

No puedo resistirme, así que me pongo de pie. Me sostengo de una de las paredes y llego al lado de Steve. La nave se encuentra estabilizada, de modo que no tengo dificultades para sostenerme en pie.

Natasha me dirige una mirada de extrañamiento. Lo veo por el reflejo de un tubo metálico. Pero no me importa. Todo lo que me importa, por el momento, es que Steve se encuentre bien.

—Ya vamos a llegar —le aseguro, con la esperanza de que eso le proporcione confianza y quizás alivio—. Faltan como diez minutos.

Estoy agotado. Quisiera caer dormido. Necesito descansar, pero no sé si podré hacerlo porque la amenaza de Ultron es inminente y el sentimiento de culpa me hace sentir escalofríos.

¿Cómo voy a detener a ese monstruo? ¿Cómo voy a lograr decirle a mi equipo que he metido la pata, y bastante?

Quizás…, pienso con un sentimiento de tensión, quizás Hank pueda ayudarme… tal como lo hizo anteriormente.


V

Estoy sentado en el suelo de uno de mis laboratorios. Parezco un niño que está jugando a ensamblar un lego… Pero esto es más complicado: debo configurar los mecanismos que recibirán los impulsos de movimiento de lo que será una pierna. La pierna sobre la que se va a poner de pie esa armadura platinada, ese sueño que antes pensara imposible… La máquina que nos protegerá de las amenazas y que hará eso que yo no puedo hacer.

Esto fue cuando Ultron estaba en desarrollo.

No noto el sonido de los pasos. Es hasta que él se pone en cuclillas para quedar a mi altura y me pone una taza de café caliente en la cabeza que reparo en su presencia. Él ha estado aquí todo el tiempo, pero a veces me abstraigo de tal modo en mi trabajo que olvido que alguien me está ayudando.

—Un poco de combustible, Tony —me dice, y da unos golpecitos con la taza sobre mi cabeza.

Yo tomo la taza y observo al rostro de mi compañero de trabajo.

—Gracias —le digo.

—¿Cómo va esa pierna? —me pregunta Hank.

Yo tomo la pierna y le doy un puntapié en la rodilla. Él emite un sonoro "Ouch" y cae contra el suelo.

Reímos.

—Traje otra versión —añade, y saca un dispositivo de almacenamiento del bolsillo de su bata. Yo observo la memoria como a un diamante, o incluso a algo más valioso.

—Deja que Jarvis la pruebe…

Él sonríe y de inmediato se dirige a una de las entradas de la computadora. Aparta unas pinzas y algunos tornillos e introduce la memoria.

—Buenos días, Jar-jar. —Él saluda a Jarvis con su tono jovial habitual.

Jarvis responde. Procede a hacer la revisión del sistema.

Error.

—No —exclama Hank, exagerando su disconformidad—. Pasé una semana entera trabajando con este prototipo.

—De vuelta a la computadora, Hanki —le digo, sonriente.

Me dirige una mirada de molestia.

—Quédate con tu pierna —sentencia, y sale dramáticamente del laboratorio.

Yo sonrío. Hace tiempo que no sonreía de este modo. Sé que Pepper me espera en casa, y eso también me hace feliz.

Ella no sabe en qué estoy trabajando. Nadie lo sabe. Hank y yo nos reunimos hace apenas tres semanas y decidimos llevar a cabo este proyecto. Yo tenía la intención de hacer una armadura mejor que la mía… Y no para mí. No necesito ser más poderoso. Lo que necesito es que alguien más lo sea… No, que "algo" más lo sea. Que ese algo sea capaz de protegernos. Y es necesario que sea un "algo" porque entonces, si sufre daños, nadie sufrirá por él. No habrá bajas…

He estado considerando pedir ayuda a Bruce. Su ayuda podría ser muy valiosa y aceleraría el proceso… Pero no. No sería bueno arrastrarlo a este proyecto que ya de por sí tan riesgoso es. Además, él ya está cargando con el gran peso de un hombre verde, no necesito ponerle más cargas encima.

Hank vuelve al siguiente día.

—Hice algunas correcciones —afirma, feliz, mientras yo doy vuelas a una tuerca en el brazo del prototipo—. Esta vez va a funcionar.

Inserta la memoria nuevamente.

—Jar-jar —dice, y Jarvis comienza a hacer lo suyo.

La habitación se queda en silencio; está totalmente iluminada para permitirnos encontrar hasta el más pequeño de los tornillos.

—La compatibilidad es del 80% —dice Jarvis finalmente.

A Hank se le iluminan los ojos, y puedo sentir que su felicidad se me contagia.

Estamos muy cerca.