Declaimer:

Los personajes de Naruto no me pertenecen. Todo es del gran sensei Kishimoto-san. Pues si fueran míos, ya hubiera puesto a follar a Sasuke y Naruto jeh. Y ¡QUE VIVA EL YAOI!

Notas del fic:

Gracias a todos aquellos que me han seguido gracias por su paciencia y espero que disfruten este cap. Os quiero YUKI-NII ICHI

CAPITULO 4. Fárrago

El no era una persona normal, eso lo sabia hacia mucho ya, ¿la razón?

Una persona normal no necesita que se le explique cada situación de la vida cotidiana, una persona normal no necesita de libros para comprender las relaciones, sentimientos y situaciones, pero sobre todo una persona normal jamás, jamás seria tan inocente y abierta como el lo era.

Bajo la libreta llena de bocetos, cerrando sus ojos y echando la cabeza hacia atrás, escucho el sonido de las ramas al moverse con el viento, tenía su día libre y la estaba pasando solo como era normal, quiso marcarle a su amigo rubio, saber con métodos poco ortodoxos que le había pasado durante toda esa semana que lo estuvo esquivando con sonrisas tontas y escusas nada creíbles, poniendo esas enormes sonrisas que a el no lo engañaban conocía el gesto falso y vacio, ya que el solía usarlo sin darse cuenta.

Suspiro, no sabiendo muy bien por que, tal vez se trataba de decepción, de que Naruto no confiara en el para decirle que era aquello que tanto le preocupaba, quizás era que estaba cansado por no haber dormido bien últimamente o posiblemente era una exhalación de su inoportuna pasión.

Si, por que el desde que conocía al joven pelirrojo esquivo y reservado le había maravillado. Esos profundos ojos verdes, ese rojo intenso del cabello, esa piel empalidecida, pero sobre todo ese curioso tatuaje sobre su frente que predominaba amor. Y el quiso saber si ese pelirrojo con delineadas ojeras sabia el significado, si podía explicárselo, si podía mostrárselo, sintió la ansiedad de conocer algo nuevo, los nervios que le mareaban y su corazón acelerado que sentía le saldría por la boca en cualquier momento en que los finos dedos rozaran una porción de su piel.

Por que el no se complicaba demasiado su existencia, tampoco se cuestionaba su sexualidad y mucho menos se inmiscuía en una relación que pudiera hacerle daño, ya no.

El simplemente se había dejado querer, escuchando las palabras vacías que iban cargadas de afecto mientras le hacían daño, una y otra y otra vez.

Primero fue su padre, que lo uso desinteresadamente como el sustituto de su difunta madre, besándolo con lujuria y mimándolo con lucro, dándole caricias que iban más allá del amor paternal y arrastrándolo al primer rincón donde le fuera más fácil quitarle la parte inferior de su ropa, adentrándose en el mientras le susurraba cuanto lo amaba, dejando escapar un jadeo de vez en vez junto a un nombre que a el no le pertenecía.

Después fue el mejor amigo de este, Orochimaru, ese asqueroso hombre pálido de lengua alargada, que le fascinaba lamerlo y explorarlo, arañándolo y dejandolo sangrar mientras volvía a repetir esas palabras a las cuales el se volvió anexo.

Y no podía negarlo, se sentía bien oír los efímeros te quiero que aquellos hombres le profesaban pero sumamente punzante la forma de demostrarlo.

Y el no sabia que la manera extraña de las acciones que decían destilar cariño no eran más que falsedades pintadas de hermosos colores brillante ocultando su lado oscuro, poniendo su mejor rostro a la vez que le quebraban el alma poco a poco.

Fue por eso que encontró sumamente extraño que cuando conoció a Naruto el no quisiera tocarlo de la misma manera, se suponía que eran amigos, se suponía que tenían una relación, y se suponía que entre ellos había afecto, estima, apoyo, que exista un lazo, si era así entonces ¿Por qué, por que el chico rubio de enormes ojos azules y sobrios no recorría su cuerpo? ¿Por qué no lo besaba? ¿Por qué no lo arrastraba y simplemente lo penetraba, diciéndole como todos cuanto lo amaba?

Fue ahí la primera vez que compro un libro, un libro que le explicara todo lo que su amigo no había podido decirle, demasiado enojado ante sus proposiciones y dándole un buen puñetazo en la boca al haber intentado rozar sus labios.

Fue sorpresivo, violento y demasiado brusco, lograr entender a través de letras en papel que todo lo que el había creído era amor no era mas que una bonita mentira que lo había mantenido a salvo de cualquier herida hasta ahora bien librada, sin embargo en ese intervalo las recibió todas y cada una, en ese instante comprendió que era la otra sensación que quedaba flotando cada vez que su cuerpo se unía con otro, y el estomago se le revolvía al punto de querer vomitar, con aquella suciedad recorriéndole cada tramo de su ser y que no se iba sin importar las veces que se bañara.

Aun así estaba bien, por que los abrazos, los golpes suaves o los gritos avergonzados que el joven Uzamaki le daba no le parecían desagradables, no eran dolorosos ni estaban vacios, las palabras no dichas se convertían en acciones significativas y a el le gustaba mucho esa forma tan singular en la que Naruto le demostraba cuan importante era, pero sobre todo cuanto es que le quería.

Sonrio, tocándose los labios con curiosidad abriendo sus ojos al sentir el frio contacto sobre sus dedos, y la mueca se amplio, los ojos verdes afilados le observaban con detenimiento, la boca en una línea recta le parecía encantadora, con esa careta de impasibilidad que le hacia arder por quebrantar.

Pensé que estarías con Naruto – se incorporo, tallándose los ojos, sentía el sopor del sueño al permanecer en es a posición que le relajaba los sentidos – con eso de que se ha vuelto gay – un golpe en su cabeza y sonrio ante el tic que Gaara mostraba y no podía ocultar –

Cállate Sai – se sentó con desgana junto al pelinegro que le hizo espacio, dejando su libreta aun lado y tocando los cabellos rojizos con cuidado, volviéndolo una suave caricia que hizo desaparecer la mala leche que el mismo había provocado – deberías aprender a guardar silencio –

Si, lo se, Deidara-sempai también lo ha dicho – la frente nívea se arrugo ante el nombre que el otro profesaba - pero no se cuando se supone que debo hacerlo, en el libro que leí dice que siempre debes de decir lo que piensas y que lo mas valioso es ser sincero –

Si, pero tu sinceridad raya en el cinismo - cerro los ojos, los dedos se metían entre sus cabellos, jalándolos un poco y dándole una sensación de tranquilidad que tanto necesitaba –

Oye, Ga-chan – el aludido le dio un codazo por la forma en que le llamaba, era insoportable y vergonzosa y el otro no parecía percibirlo ni aunque se desgastara golpeándole la exasperante sonrisa que el siempre poseía – lo que le pasa a Naruto… ¿eso es lo que se llama amor? –

Para que mentir, los ojos verdes se habían abierto un tanto, plagados de sorpresa y sintiendo como era presa de la desprevención ante cada pregunta que provenía de Sai y que le hacia estallar la cabeza. Guardo silencio, mirando de forma extraña al chico pelinegro y debatiéndose un poco si era sano o no contestarle.

Se paro, sacudiéndose los pantalones, y haciéndole una seña con la cabeza le indico que hiciera lo mismo, el chico tomo su libreta y le siguió, a travesando el parque, tratando de seguir el ritmo rápido en el que el pelirrojo se movía.

¿Que había sido todo eso?

¿Por qué ahora se iban a quien sabe donde y Gaara le rehuía la mirada cada vez que trataba de enfocarlo?

Paro, sintiendo su ceño contraerse y sus labios tensarse, estaba molesto, por la mala forma en la que el pelirrojo trataba de zanjar el tema del rubio, alejándolo de el y guardando sus estoicos silencios que a decir verdad eran irritantes de una forma placenteramente desagradable que no llegaba a comprender.

Y se sentó en la parte trasera de aquella motocicleta, ajustándose el casco y oyendo una vocecita en su cabeza que le decía, que en definitiva tendría que volver a esperar a que Gaara se decidiera a mostrarle lo que en realidad era eso denominado amor.

Lastima que Sai aun no sabia que tampoco el chico pelirrojo conocía el significado de esa palabra demasiado complicada.

Estrecho su mirada azulina, viendo con odio el reloj en la mesita de noche y haciendo un mohín ante la figura frente a el que se inclinaba besándole la cabeza. Y aunque debía admitir cuanto había extrañado aquella muestra cariñosa que su padre tanto le gustaba darle, aun así…

El aroma de ramen casero llego hasta sus fosas nasales, haciéndole levantar la mirada para ver la sonrisa que trataba de ser inocente y juguetona, lo sabia, era un manipulador de primera, poniéndole aquella comida tan sagrada cerca y a sabiendas de todo eso y mucho más, le quería.

Brinco de un bote de la cama, dirigiéndose a toda prisa al comedor. Y lo vio, aquel plato humeante con el delicioso aroma que le hacia agua la boca, un paso y algo lo devolvió deteniéndolo en el acto junto sus cejas de forma graciosa e intento dar de nuevo otra vez el paso pero se vio envuelto de pronto en los brazos protectores de su padre que pretendía asfixiarle ante el impulso que presentaban, se dejo hacer, sin replica alguna, el también los querías los había extrañado tanto, esas espontaneas muestras afectuosas que el rubio mayor que le fascinaba proporcionarle, de maneras recelosas y divertidas.

Soltó una pequeña risita, el niño dentro de el estaba resurgiendo con más ahínco de lo esperado, poniendo un mohín encantador o dando chillidos ensordecedores. Cualquiera que fuera la forma en la que demostrara la aceptación de verlo de nuevo era sencillamente hermosa.

Supongo que la oba-chan te dijo donde estaba tebayo – hablo llenándose la boca con mas fideos de los que debía, pasando de largo la sonrisa burlona de su padre que le susurraba lo hiciera más despacio

Y yo supongo que a Tsunade no le hará gracia que hayas faltado a la universidad una semana, como a mi tampoco – y su tono trato de ser mordaz, no resulto, dos segundos mas y ambos soltaron la risa, rezagando el tema de cómo diablos había podido llegar ahí un poco más, no era de todos modos como si fuese lo más importante, no ese momento –

Ero-sennin me había dicho que estabas ocupado este trimestre con las cosas esas de la política – continuo dejando el plato vacio de lado y proponiendo una platica que no podía herirlos, lastima que había olvidado un pequeño detalle –

En realidad, estoy retirándome, tomare un año sabático, quiero estar contigo, volvamos a casa – y distendió la mano frente a su hijo, que solo parpadeo mirando aquella extremidad que invitaba a ser tomada – solo hay que esperar que termines este semestre y podrás transferirte a la universidad de allá –

Papá…estoy bien aquí tebayo –

No, el no se iría, el no volvería a mudarse ni a empezar otra vida, no cuando se estaba adaptando a esta, no cuando había conocido a Sai y podía estar junto a Gaara, no cuando Sa…no en realidad no debía pensar en Sasuke, el ya tenia una vida también, mucho antes de que el se presentara y de que aquello, como había bautizado lo ocurrido en el departamento del azabache, ocurriera.

Además había extrañado tanto aquella época donde eran el y sus padres, sintió la nostalgia invadirle el pecho, su madre hacia unos meses había cumplido 14 años de muerta, así que nada volvería a ser igual, retiro la mano, empujándolo con delicadeza.

No era un rechazo, era solo el pedido de más tiempo, solo eso.

Para poner en orden sus ideas, para poder arrancarse esa confusión del alma, y volver a ser tan libre como siempre, los ojos añiles se cerraron con lentitud y el aparto la mirada.

Su padre siempre era directo, impaciente y apasionado, justo como el.

Era por eso que comprendía mejor que nadie que con aquel gesto de disculpa que detonaba sus facciones solo hacían sentirlo culpable, culpable por haberlo dejado, por haber desaparecido durante tanto y que ahora su intento de recuperar penosamente el tiempo que yacía perdido entre ellos dos había sido un fiasco.

Pero no era así, por que Naruto sabia que si el llegase a perder la persona que mas amara de una manera inesperada y cruel, también necesitaría un período para aceptar que esta jamás volvería.

Una perdida, eso era lo que había sentido Minato al ver morir entre sus brazos a Kushina, aquel día de verano en el lago. Esa sensación de vacio, terror y angustia mezclada que te arrastra y te hunde, que te ciega y te absorbe, era ese sentimiento fuerte y desbordante el que había ocupado la cabeza del hombre de treinta y tantos hasta hacia unos años, en donde la vida comenzaba de nuevo, y donde la cabellera pelirroja se perdía entre la tierra y la madera.

Fue por eso que Naruto se levanto y se dejo caer apoyando su cabeza en la amplia espalda y pasando sus brazos por el torso duro, tragando en seco el dolor y deshaciendo el nudo de su garganta, sintiendo por primera vez desde que era un niño lo que era realmente tocar a Minato.

Era tarde demasiado, mas de media noche y el continuaba sentado en la barra de aquel bar, bebiendo una copa mas, esta ya no le raspaba la garganta y se deslizaba con facilidad como si fuese agua, unos ojos verdes lo observaron con detenimiento y el levanto la mirada junto a su bebida, brindado en son de su mierda de vida, el otro levanto la suya diciendo un salud por lo bajo que hizo aparecer una media sonrisa, esa arrogante y autosuficiente que hacia tiempo no le veía.

Dio el ultimo trago antes de pedir uno mas y seguir acompañando a ese hombre con fama de tempano de hielo, ese que rechazaba a las personas a placer, que tenia reconocimiento y buen trabajo, sin embargo también era el mismo que tenia el mundo de cabeza y que había rayado el poco limite que tenia.

Pero el no estaba en mejores condiciones, evadiendo por ser lo mas fácil a su dolor de cabeza personal, ese chico extraño que apareciera hacia solo unos meses y quien le había dicho aquellas irresponsables palabras que le había mareado momentáneamente, lo alejaba, lo insultaba y lo trataba de la manera mas indiferente como lo hacia con casi todos, pero no parecía entender o bien no quería hacerlo por que seguía con aquella exasperante sonrisa y con esos oscuros ojos tan vacios que le hacían sentir extrañamente enojado, era simplemente irritante.

Huyendo de nuevo – se burlo el azabache dando un pequeño trago y viendo el rostro compungido del pelirrojo que solo cerro los ojos –

Tu no esta en la mejor de las circunstancias – refuto, disfrutando del ceño fruncido del ojinegro que de nuevo solo le mostro el perfil – deberías arreglarlo –

Debería hacer muchas cosas, pero no por eso suceden – un trago mas y las palabras le empezaban a sonar mas desagradables que si las escuchase en su estado de sobriedad - además tiene visita –

Es una persona sociable – se explico abandonando el vaso de coñac y girando un poco su cuerpo para observar mejor al joven azabache – disfruta de la compañía de las personas, es su naturaleza –

Junto a ser una molestia, un gritón y testarudo – sonrio, girando el asiento para ver de frente al pelirrojo que solo rodo los ojos –

Eso es parte del paquete – recargo sus brazos sobre la barra y miro el reloj – sobre la visita – se bajo del asiento sacando la billetera y dejando un poco de dinero – no deberías preocuparte idiota – un llamado al cantinero y se alejo, era tarde y estaba aburrido, así que mejor salir y buscar un mejor lugar, lejos de los problemas y de los pensamientos que tenían un nombre en singular, Sai. –

Sasuke observo la espalda ancha de su viejo amigo de universidad, antes de dar un ultimo trago e irse el también, no quería emborrachar aun más su sistema, además aun tenia algo por hacer.

Un minuto más y seguro gritaría, y subió la mirada hacia arriba pensado cuanto era que Dios lo odiaba, lamentándose algún pecado hecho en su otra vida, o a su maldito karma que de verdad no le quería.

Respiro profundo, sacando todo el aire retenido y pegándose mas a la pared de metal frío, el sonido del botón ser presionado en un vano intento mas, y detuvo la mano nívea de forma cansada.

Negó con la cabeza, una mueca molesta y soltó la extremidad al darse cuenta lo había tocado.

Ya presione el botón de emergencia, así que ya déjalo – y el rostro se contrajo aun mas, explotaría estaba tan cerca que podía percibirlo en el calor que el cuerpo más bajo despedía –

¿Por que? – pregunto de repente, en un lamento cansado, dejándose resbalar hasta quedar sentado en el suelo improvisado de aquella caja que es mantenía cautivo –

Es un ascensor viejo, esto podía pasar – explico, sentándose también pero en el otro extremo, incapaz de ignorar mas la absurda situación en la que ambos habían terminado –

Casi la una de la mañana, otro maldito día había dando inicio y el apenas y llegaba entre terminar de subir todos los balances del mes a la red y el nocivo alcohol rondando por su sistema, su cabeza le explotaría junto a su mal humor que estaba mas acido que nunca, era por eso que lo único que quería era un baño de agua fría y relajar sus músculos, y si le quedaba tiempo y energías acabar de una buena vez con todo aquello que desde hacia mas de dos semanas traspasaba sus confines.

Iría al apartamento de ese rubio y haría lo que debió hacer desde un principio, golpearlo.

Si, lo golpearía por haberlo evitado todo ese tiempo, por hacerle perder la costura pero más importante aun por haberle hecho sentir eso que empezaba a ser demasiado desagradable para soportar.

Entro al edificio, deteniéndose al encontrarse con dos figuras que arrastraron su atención en el elevador.

Estrecho la mirada viendo a ese hombre con gafas y resplandeciente cabellera rubia salir despreocupadamente del ascensor con el Uzamaki, dándole un piquito en la boca al chico que chillo, cubriéndose el rostro avergonzado y empujándolo rodeado de tebayos que le taladraban la cabeza. Y por estúpido que se escuchara la sangre le bullo ante aquella acción.

Continuo su camino, encontrándose con la mirada azul por vez primera durante todo ese tiempo de esquivos encuentros, era intensa, afanosa y deliberada, afilada hasta el punto de parecer desafiante, la suya le reto, no bajaría, no cedería mucho menos se apartaría, una tercera se unió, otros ojos azules un poco menos expresivos y marcados por los años se le clavaron subyugantes, con ese familiar que le aprecio conocido y le causo curiosidad, la suficiente para que la amenaza que detonaba su rostro desapareciera.

Alzo la mano en son de despedida y salió del edificio contiguo a una sonrisa que le pareció indescifrable, y allá iba la visita molesta del rubio menor. Esa que le había hecho pensar una y mil cosa, todas con un final demasiado insípido, y que no le gustaba ni un poco.

Continuo su camino, abordaría ese maldito aparatejo antes de subir por las interminables escaleras, paso por un lado del ojiazul, que se movió cruzándose de brazos y dando un bufido que solo le crispo mas, era él el que debería dar ese resoplido de cansancio por todo lo que le había hecho pasar el maldito niñato que tenía por un lado.

Oprimió el botón del quinto piso, el que lo llevaría a su departamento, ese que estaba junto al del rubio que desviaba la mirada, con las manos en sus bolsillos y soplando desinteresadamente hacia arriba moviendo sus mechones húmedos, al parecer había tomado un baño recientemente, el olor a jabón le hizo mover disimuladamente su recta nariz, absorbiendo un poco mas del aroma corporal mezclado con al fragancia de aquel producto de baño.

Un chirrido, un movimiento brusco y de pronto la luz se les apago, el ascensor se había detenido, sus ojos se encontraron inevitablemente, antes de que ambas manos cayeran directamente sobre los controles y empezara a buscar aquel de proporciones grandes y de color rojo, eses que decía de emergencia, por que ambos necesitaban ayuda como nunca antes.

Una que no daba señales de existir

Por que tal aprecia que su nuevo día seria de nuevo pésimo para ambos, por que llevaban varado cerca de veinte minutos y no había rastro alguno de que fueran sacados tan pronto como querían. Era normal, ninguna persona del edifico estaría despierta a esa hora, solo ellos dos y su inestabilidad cotidiana apunto de estallarles en la cara.

Era tenso, demasiado, el aire se había vuelto pesado y las respiraciones apenas rompían el silencio, Sasuke trataba de mantener la calma, pero el continuo golpeteo que había tomado Naruto hacia el piso empezaba darle jaqueca. Se deslizo parando de tajo ese movimiento.

Quisieras soltarme teme tebayo – la voz aguda le dio la calma que necesitaba, una sonrisa de medio lado y se acerco aun mas, era interesante, volver a sentir esas corrientes en su estomago y esa sensación de dominación ante la mueca furiosas que podía entrever ahora que sus ojos se habían acostumbrado a la poca luz -

La verdad...no – un que rayos atropellado y le consideró divertido, estar encerrados empezaba tomar una nueva dirección – por que debería, ahora que te tengo no puedes evitarme mas –

Yo no te he evitado tebayo – grito enfadado ante la acusación que no era del todo cierta – he estado ocupado, tengo una vida sabes – o al menos la tenía antes de que aquello pasara y le dejara en ese estado de confusión continuo al cual no le veía la salida – así que deja de pensar cosas que no son – y se zafó de un jalón, pegando su espalda aun mas a la superficie de metal, estaba demasiado fría-

No suena muy convincente en realidad, usuratonkachi – y el rubio solo dio un bufido mas y el se acerco otro metro – pareciera que te he dejado, como se dice ¿flechado? –

De eso ni una mierda Uchiha, nunca me gustaría alguien como tu – se cruzo de brazos, encogiendo sus piernas y virando su cabeza, esto empezaba a complicarse cada vez mas –

Claro – un movimiento mas y apoyo las palmas de sus manos contra la pared en que el ojiazul se refugiaba, encerrándolo entre aquella y su cuerpo dejándole levemente sorprendido y sin opción de reaccionar ante el descarado acercamiento de su rostro con el de este – si es así, podrías explicarme a que debo tu respiración agitada –

Cerca, estas demasiado cerca – le acuso, poniendo sus manos sobre el fornido pecho, pegándose mas si es que se podía, contra el metal –

Eres un mentiroso, uno muy malo – y el tonillo socarrón que destilaba la voz de Sasuke le hizo empujarlo, retirándolo de el y soltando de golpe el aire que había estado reteniendo en sus pulmones contraídos – estaremos atrapados aquí –

Lo se tebayo– la forma de hablar se había vuelto seria por parte del Uchiha, por lo tanto la tensión había vuelto tan rápido que una oleada de decepción e impotencia le recorrió –

El momento en que la ansiedad se había vuelto deseo desapareció, junto a la libertad de poder tocarlo un poco más y de quizás probar de nuevo los finos labios del azabache que tomo una nueva posición frente a la puerta, tan alejado de el que sintió esa había sido solo otra jugarreta.

¿Por qué así era no?

Que podía haber visto en el, Uchiha Sasuke, un hombre con una vida ya hecha y con un trabajo importante, su persona aun no sobresalía tanto, no para pensar que el ojinegro no había sino jugado a darle una lección ante su forma de hacer las cosas.

No es que debiera dolerle, pero joder, la sensación de inferioridad le invadió por un mísero segundo, el suficiente para darse asco a si mismo y al comportamiento hecho. Y pensó más de lo que debería que tal vez la propuesta de su padre no era tan mala, el comienzo de una vida, de algo realmente sustentable y que valiera la pena se le presentaba en frente luchando contra lo incierto de sus absurdos sentimientos hacia alguien que parecía darle igual todo.

Fue quizás que movido por eso, el mismo se acerco, y tomo el rostro níveo entres sus manos, temblando nerviosamente ante su osadía, pero disfrutando de la respuesta inmediata que le llego al sentir la lengua del Uchiha introducirse por su boca, lamiendo su paladar y enredándose con la misma, empujándolo contra el frio suelo, y atrayendo el calor que su cuerpo despedida, por que lo deseaba tan anhelantemente, que una vez mas le pareció la mejor forma para acallar su necesidad y matar al sentimiento que le transpiraba en la piel junto al sudor que le resbalaba en pequeñas gotas.

Sasuke – suspiro, abriendo sus piernas y cerrando sus ojos, guardando cada gruñido reprimido y el olor lavanda mientras la mano se metía entre su playera y su nombre era pronunciado junto a su oído de manera ronca –

Con un solo objetivo en ese instante, sentir la enorme polla de Sasuke traspasarle las entrañas…