Declaimer:

Los personajes de Naruto no me pertenecen. Todo es del gran sensei Kishimoto-san. Pues si fueran míos, ya hubiera puesto a follar a Sasuke y Naruto jeh. Y ¡QUE VIVA EL YAOI!

Notas del fic:

Gracias a todos aquellos que me han seguido gracias por su paciencia y espero que disfruten este cap. Os quiero YUKI-NII ICHI

Capitulo 8. Inverosímil

Era extraño pero no pudo evitar pensar que Sai se comportaba de una manera un tanto sospechosa, volteando hacia todos lados y viendo continuamente su celular. Enviándole sonrisas que no supo descifrar y murmurando cosas que no llego a entender.

El no iba a preguntar qué mierda era lo que pasaba por aquel embrollo de cabeza, suficiente había tenido con haberlo soportado más de cinco horas seguidas, diciendo cosas fuera de lugar, cambiándolo de tonalidades de rojo que no conocía y dibujando cada movimiento que hacía.

Y resultaba incomodo, tener toda esa atención para él, no estaba acostumbrado a ser como Sai le había dicho "el centro de su mundo" era demasiado inverosil, absurdo y hasta patético admitir que había sentido una cosa pequeñita rondarle por el estomago ante tal declaración sin embargo ni bajo tortura china él se lo diría al pelinegro, quería ahorrarse la pueril explicación sacada de saber qué libro que sin duda le daría y la sonrisa de victoria que evocaba cada vez que invadía aun mas aquel recóndito lugar en su interior.

Y su boca se apretó en un mohín que resguardaba la maldición que quería escupir ante la sola idea de pertenecer aun mas al tonto pelinegro que osaba tomarla la mano de una forma tierna que le hizo rodar los ojos, y es que joder, tal parecía que el ojinegro sabia cual era lo que justamente tenía que hacer para calmar su malsana ansiedad por entender cómo es que le quería tanto.

Porque no había otra razón valida para contrarrestar que lo que Gaara sentía fuera tan fuerte como para no golpear al joven pintor ante sus confinas muestras de amor que salían de todo lo normal que el conociese.

Y quería retirarlo, decirle que no se acercara, poner de nuevo una barrera para evitar que se adentrara mas, pero era tan tarde y resultaría tan inútil que la sola idea no debería de haber nacido de su mente hecha un laberinto y su capacidad de adaptarse a un cambio que el mismo había propiciado.

Y eso era lo peor, el tenia la jodida culpa, había sido él quien había ido a buscarlo, había sido el que lo había besado y había sido el que lo había hecho tan suyo que las marcas de las mordidas que le había dado en el cuello aun estaban ahí, semicultas por la negra polera, y reluciendo un tanto amoratadas para su deleite.

Cerró los ojos un momento, necesitaba asimilar que ahora el egoísmo no tenía cavidad cuando se interesaba de una forma más profunda y tentativa en alguien que no era él. Ahora su mundo siempre solitario se compartía para alguien más, de la manera más retorcida que pudiese existir.

Y giro para ver como Sai sonreía de una manera que no le gusto, se paró sintiendo como el distraído cuerpo chocaba contra su espalda, los negros ojos se alzaron parpadeando sin entender por qué del repentino detenimiento, ladeo su cabeza viendo con curiosidad los profundos ojos verdes que estaban entrecerrados. Esa sensación de extrañeza se incremento repentinamente, no le agrado

Ga-chan – murmuro el cuerpo se inclino y estuvo más cerca de él, las narices se rozaron y el cerro los ojos en el acto disfrutando del leve contacto –

¿Por qué? –

Y Sai no entendió que era lo que de pronto Gaara se refería, si tan solo no hubiera mandado a Naruto hasta los baños a buscar quien sabe que con instrucciones de Sugeitsu podría explicarle el comportamiento a veces complejo del pelirrojo ya que el aun no podía llegar entender cada mínimo gesto que hacía, aun no podía interpretar cada movimiento y acción. Y era frustrante, sentir que no había avanzado más de lo que Gaara permitía y confuso y sin tener una idea clara de saber que hacer simplemente lo tomaba, lo abrazaba o lo besaba, sin esperar respuesta sin aviso alguno y siendo ello la única opción viable para poder percibir que todo la idílica fantasía en la que pensaba estaba sumergido era una realidad que no intentaba lastimarlo.

Por eso, como siempre lo hacía y el no entendía se pegaba al robusto cuerpo, hundiendo la cara en el fuerte tórax y esperaba a que Gaara le diera más pistas para que al fin dedujera de que hablaba.

Un suspiro y el aliento cálido choco contra su frente, Gaara tenía un inconfundible aroma a fresas, de esas rojas y grandes que tiene un toque acido.

¿Por qué…? – y la voz se escuchó mas ronca. Su oído estaba contra el pecho, escuchaba el rápido latir del corazón –

Te amo –

Era eso lo que quería ¿no? Esa era la pregunta que el pelirrojo no terminaba de completar, y el no quería escuchar como es que le decía por que no le había dicho le amaba.

Pero estaba equivocado, Gaara no le preguntaría tal cosa, de hecho ni siquiera era una pregunta para él, tan solo eran pensamientos con voz propia que aunque necesitaban una contestación, tampoco la buscaba en el pelinegro, el seria el menos indicado para responder algo que no sabía como había sucedido.

Sin embargo sus palabras soltadas sin dificultad alguna desarmándolo tan miserablemente al pelirrojo que le estrujo con fuerza, le había cortado la respiración, junto con los pensamientos y la decisión. ¿Como podía decirle cosas tan irresponsables? con esa sinceridad sínica que él no tenía.

¿Por qué se había enamorado del?

Y no sabía si lamentarse o agradecer. No sabía simplemente que hacer. Fue quizás por eso que se inclino aun mas dejando que la extrañeza que le había rondado por todo ese tiempo terminara por adueñarse por completo de su cuerpo.

Con Sai no había que pensar, ni siquiera había que intentar contestar preguntas sin sentido.

Gracias – escucho el susurro del ojiverde junto a su oído y no supo bien porque ese simple gesto de gratitud le había sonado tan bien –

Tan solo se dejo abrazar, no había nada mas en que pensar cuando podía estar así con Sai.

Orgullo, era quizás la palabra más perfecta, el pecado capital predilecto y la primera cosa existente en su persona.

Nada valía, nada existía ni mucho menos nada importaba si no había un poco de aquello de lo que su apellido se empapaba, o al menos esa era la creencia teñida de inocencia de Uchiha Sasuke, el mismo que se cuestionaba, sentado en ese frio piso de los sanitarios universitarios cuando era que había perdido un poco de aquello a lo que le daba tanta altivez a su vida.

Cerró los ojos tratando de una manera sensatamente inútil de recordar, desde cuando había caído tan bajo y un error de circunstancias lo había derrumbado. Tenso sus facciones que trataban de descomponerse ante su impotencia de no poder prever que aquella mirada azulina tan profunda y sombría no había más que desbordado ese sentimiento desastroso y complicado.

Y su mente egoísta se convirtió en un laberinto confuso y enredoso entre el camino marcado y el nuevo que se le presentaba. Era demasiado complicado pensar siquiera en una existencia de felicidad que no se merecía, aun no llegaba hasta sus metas soñadas, aun seguía sentado en ese puesto mediocre, necesitaba crecer, sentir que el control no se le iba, y que la seguridad que radiaba no era mentira.

Necesitaba olvidar por que había sido educado, y por qué había excedido los limites que se le presentaba, necesitaba olvidar su parámetro de medida y las expectativas que no eran suyas si no de un progenitor que jamás supo siquiera sonreírle con amabilidad, exigiéndole más para poder considerarlo su hijo.

Y Sasuke supo a sus 12, que el amor que podía sentir por su padre era demasiado lastimoso para ser considerado un bello sentimiento que le escupía con ironía en la cara.

Y se refugió en aquella figura que le tocaba con la amabilidad que quería, que le sonreía con la ternura que anhelaba y que le daba palabras de aliento que tanto ambicionaba.

Uchiha Itachi, su hermano mayor se había vuelto lo más importante, por lo que seguir, y por lo que creer cuando la esperanza se le esfumaba entre las manos.

Y lo amo, con la pureza mas fraternal que se pudiera concebir, lo convirtió en su todo, lo hizo hasta que vio que no interesara las veces que él se esforzara y recibiera eso que el mayor le daba, su padre lo vería por encima de su cabeza pasando por alto que tenía otro hijo mas que no fuera Itachi.

Entonces el amor se convirtió en odio, Sasuke odio con todas sus fuerzas no poder alcanzar a su hermano, Sasuke renegó de haber nacido después, Sasuke suplico en silencio en los mas abismales de sus pensamientos poder ser tan solo unos momentos Itachi.

Su retorcida forma carcomió el niño escondido y que buscaba ese amor paternal que nunca se le dio, convirtiéndolo en una coraza humana, sin expresiones relevantes y renuentes, a crear lazos con cualquier persona.

Su pose siempre defensiva lo llevo a la oscuridad que todos suelen llamar soledad, pero eso nunca se vio como una condena, solo se transformo en el mejor escudo que el conociese para no resultar más herido de lo que ya estaba.

Y de nuevo se vio inmerso en la imposibilidad de poder escapar del par de zafiros azules que sin siquiera preguntar lo había tomado de la mano, habían sacado lo peor de él, volviéndolo en una nueva forma de hacer una conexión con otra persona.

Uzumaki Naruto construyo sin dejarle posibilidad alguna de retractarse o de ignorar una relación tan fuerte que podía darse el lujo de pasearse libremente entre sus pensamientos y sueños, sin tregua de por medio.

Ese Usuratokanchi había llegado a deshacer su manera de llevar las cosas, ese maldito terrorista había cambiado todo a su paso, ese dobe bastardo le había quitado aquello que se le había inculcado desee el lapso de nacer.

Naruto podía reírse y gritar a los cuatros vientos que solo él había rebajado el orgullo para convertirlo en el malnacido sentimiento que ahora le tenía a la deriva y en ese estado de shock.

Porque Sasuke por primera vez en su vida no pudo subir sus defensas ni cambiar sus sentimientos por desprecio y odio

Pero tampoco jamás se espero aquel mutismo con que Naruto lo miraba después de haber al fin dicho aquello que había bailado por tanto en su mente incordié y sin descanso.

Y se sentía a la expectativa, esperando quizás la respuesta más importante que tendría en ese instante de su vida.

Porque si el rubio pronunciaba ese esperado "yo también" el por primera vez en su vida desfallecería sin ser muy consciente de esa felicidad que nadie jamás le había sabido dar.

Pero contrario a todas su expectativas y sin perder la costumbre de siempre sorprenderlo, la risa limpia y risueña del Uzumaki hizo eco entre las baldosa y azulejos, inundo sus oídos, su ceja se arco en son de extraño, que se suponía que significaba eso. Y lo miro, los cristalinos ojos y la mueca alegre.

La rubia cabeza cayó sobre su hombro y el peso muerto del menudo cuerpo se instalo en el.

El sonido del seguro ser retirado quebró el volátil silencio que se había instalado y el pudo oír un "te tardaste" apenas susurrado por el ojiazul que fue opacado por la grave voz de un chico peli naranja y robusto que abría la puerta ignorando las inútiles detenciones que un peliblanco hacia para retenerle.

Y no pudo evitar sonreír por la absurda situación en la que estaba.

Pero estaba bien, debía acostumbrarse aunque fuera un poco que estar un lado de Naruto resultaría de todo menos aburrido y normal.