Última semana de exámenes finales del cuatrimestre.A Lukas le parecía extraño el ritmo del curso escolar americano, pero se estaba a salir de la biblioteca para comprarse un café solo(necesitaba algo fuerte para seguir despierto esa semana) cuando giró la cabeza y vió a alguien conocido sentado en una mesa, rodeado de libros e hincando los codos, como todos los demás estudiantes de la sala. No estaría tan concentrado como parecía, porque un par de segundos después se dio cuenta de la presencia de Lukas.

Mathias hizo lo que pudo para llamarle la atención al chico con un "hey" lo suficientemente alto como para ser oído pero también lo suficientemente bajo para no ganarse una llamada de atención. Un "shhh" de la bibliotecaria seguido del signo internacional de llevarse el índice a la boca le indicó que había fallado en uno de sus objetivos. Aún así, poco le importó ese detalle al ver al que se le podría llamar su "amigo" caminando hacia él.

-Nunca te había visto aquí antes-Dijo Lukas.

Mathias se rascó la parte de atrás de la cabeza avergonzado por sus horribles hábitos de estudio. Hacía pocos repasos a lo largo del curso, lo cual significaba que la quincena antes de los finales tenía que estar encerrado en la biblioteca. Muy distinto a lo que hacía la persona enfrente suya.

-Ya...Ojalá se me contagiase ese detalle de tí.

-Si hicieses lo mismo que yo no podrías trabajar en la cafetería, seguramente.

-Ah, no pasaría nada. No salgo los fines de semana, así que no me importaría trabajar a jornada completa entonces.

-Se me hace raro no verte detrás de un mostrador y con un delantal.

-Bueno, si quieres dentro de media hora o así habré terminado de estudiar por hoy. Te puedo invitar a tomar café en mi piso. Andando nos llevaría una media hora, pero en moto podemos llegar en poco más de cinco minutos.

Lukas se lo tuvo que pensar un momento. Desde que llegó a Estados Unidos, nunca había entrado en la casa de otra persona. En Noruega tampoco lo hacía mucho, puede que porque sus padres tampoco agradecían demasiado las visitas de alguien que no fuese familia o amigo muy cercano, pero bueno. Él ya no vivía con sus padres. No tenía que seguir sus costumbres, y debía adaptarse a la cultura del país en el que vivía ahora. Además, no era nada malo.

-...Vale. Yo ya he terminado por hoy, si no te importa, me siento aquí contigo.

-Claro que no-Con el brazo con el que no estaba sujetando un subrayador amarillo, arrastró con cuidado de no hacer ruido la silla a su derecha-. Ahí tienes.

-Vaya, nunca se me habría ocurrido pensar que eras zurdo.

-A nadie se le ocurre, la verdad. Es el tema de ser una minoría.

Lukas creyó que seguir una conversación sobre algo tan irrelevante como la mano hábil de una persona era estúpido, así que se distrajo mirando las fotos e ilustraciones del libro de Mathias. Ballenas, delfines, tiburones, peces... Más que un libro de texto, parecía una revista de naturaleza. Un poco más allá había desperdigados unos cuantos folios con apuntes fotocopiados. Seguramente prestados por una chica cursando las mismas asignaturas que él, pues la letra era mucho más redonda y ordenada que las anotaciones a lápiz en los márgenes del libro. No quiería distraer a Mathias mientras estudiaba, así que se dedicó a examinar con más detalle la letra de su amigo y la de la estudiante anónima que prestó sus apuntes amablemente para que el chico estudiase de letra de ella era redonda, bastante apretada, no enlazaba las letras y todas estaban escritas perfectamente rectas. Los puntos de la letra "i" eran pequeñas crucecitas. La letra de él era bastante más filada, sus líneas parecía pequeña sierras saliendo del papel. Todas las letras de una palabra estaban unidas, dejando espacio entre ellas, y ligeramente inclinadas hacia la derecha. A veces los puntos de las íes estaban ausentes. Eran dos letras totalmente opuestas.

Lukas estaba todavía totalmente absorto en su juego de ser grafólogo cuando Mathias recogió rápidamente el montón de apuntes y cerró todos sus libros. Apilándolo todo en un gran montón entre sus brazos, se levantó, y volvió a dejar la silla en su sitio.

-¿Vamos?

Lukas no respondió verbalmente, pero imitó a su compañero rápidamente. Salieron los dos por la puerta del edificio, y el noruego se despidió de la bibliotecaria. Pasearon por el campus, tan parecido al de las películas, hasta llegar al aparcamiento. Había varias motos aparcadas, pero Mathias se dirigió directamente a una de color azul marino. Levantó el asiento para revelar un pequeño compartimento con dos cascos de moto. Él se abrochó uno del mismo color que la moto y le pasó a Lukas otro de color verde botella. Después de hacer eso le pidió permiso con la mirada para cogerle los libros y cuadernos y los puso junto con los suyos en el espacio que había quedado libre. Mathias fue el primero en subirse a la moto.

-Voy a ir lento, pero agárrate fuerte.

Lukas se sentó detrás suya y siguió sus indicaciones. La motó arrancó y sintió el viento en la cara según salían del campus. Llegaron al bloque de pisos de Mathias en cinco minutos, tal y como había dicho. Aparcó la moto en una plaza para motos en el garaje subterráneo y sacó todo el contenido del compartimiento del asiento. Volvieron a dejar los cascos ahí. Era un edificio alto, con la fachada pintada de color crema. En el vestíbulo vió largas hileras de buzones, indicando que había muchos apartamentos. Se metieron en el ascensor en silencio hasta que Mathias haló para dar indicaciones.

-Vivo en el cuarto, así que... botón cinco.

Los dos parecían igual de confundidos por la manía de los estadounidenses de llamar "planta 1" y no "planta 0" a la planta baja. Se abrieron las puertas y Mathias rebuscó en el bolsillo del pantalón por las llaves. Abrió las puerta para desvelar un salón ligeramente desordenado.

-Si necesitas algo, llámame. Voy a estar en la cocina, segunda puerta a la derecha del pasillo. El baño es la única puerta a mano izquierda. Está un poco desordenado- se volvió a rascar la cabeza, igual que en la biblioteca-, pero intenta sentirte como en casa.

Había un pequeño montón de revistas al lado del sofá viejo había un montón de revistas nuevas. Viajes, manualidades, naturaleza... Vaya, a Lukas nunca se le ocurrió pensr que las revistas de una casa definían a la gente que vivía en ella. Cogió la revista de arriba del todo, el último número de una revista de viajes. En una de las páginas había una foto de un pequeño pueblo noruego, lleno de nieve, con las casas pintadas de colores vistosos. Ni siquiera sabía cual de los muchos pueblecitos de ese estilo que había por Noruega podía ser, pero a Lukas, esa foto le recordó a casa.

Un rato después, Mathias apareció por la puerta de la cocina, cargando una bandeja con una cafetera llena de café y dos tazas. Llevaba un delantal de cuerpo entero lleno de manchurrones de toda clase de dejó todo en el pequeño hueco libre de apuntes y libros de la mesa. Lukas alargó la mano a la cafetera, sólo para ser parado por Mathias:

-Eres el invitado, relájate y deja que lo haga yo.

Vio su taza llenarse hasta la mitad.

-¿Solo o con leche? Compré varios cartones de leche de almendras a la vez, tengo un par en la nevera.

-Solo, hoy necesito algo fuerte después de estudiar.

Mathias le llenó la taza hasta arriba de café oscuro y caliente, con un olor agradable. Hizo lo mismo con su propia taza y movió un par de montones de folios y cuadernos al suelo para tener más espacio.

-Ahora vuelvo, voy a quitarme el delantal.

En un instante ya volvía a estar en el salón. Lukas le dio el primer sorbo al café. Sabía parecido al de la cafetería, con el plus de ser casero.

-Bueno... ¿qué tal los exámenes? - Preguntó Lukas.

-Ahí vamos, tirando... Es bastante contenido, pero como es algo que disfruto, me cuesta un poco menos.

-Y...¿Cómo cogiste ese interés por el mar?

-Un amigo de mi padre tiene un barco, y cuando era pequeño nos solía invitar a mi familia y a mí a pasar el fin de semana en el mar con él. Me solía contar todo tipo de leyendas de marineros y me decía los nombres de todos los animales. Le debo la maravillosa experiencia de estudiar en el extranjero. ¿Y tú cómo acabaste aquí?

-La razón por la que elegí mi carrera y viajé para estudiar hasta estados Unidos no es tan interesante como la tuya... La carrera simplemente descubrí que me gustaba cuando tenía unos 15 años, y vine aquí con la ayuda de una beca y de mis padres, que siempre quisieron que llegase lejos.

Y así, con sabor a café e historias, pasaron la tarde. Lukas creía que a eso se le podría llamar amistad.


HE VUELTO. Vale, con un poquito de atraso le dedico esto a la bae,que ya sabe quién es, por su cumpleaños. ¿Todos los capítulos terminarán con Lukas tomando café? No sé, ya veré xD