Disclamer: Haikyuu no me pertenece. Son de Haruichi Furudate.
«No sé cuantas vidas me faltan, pero en cada una, espero encontrarme contigo.»
— Edgar Oceransky.
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Kageyama Tobio recuperó el aliento después de una hora y diez minutos de trote intenso.
También recuperó algo de conciencia, ya que su entrenamiento matutino lo había llevado más lejos de lo planeado. Para su fortuna, su tan preocupado novio, le ha dejado como obsequio una aplicación con un mapa de la ciudad. Una que ocupó la mitad de la tarjeta de memoria. ¿A quien se le ocurría perderse en Tokio? Él llevaba dos años allí y ya tenía un récord en búsquedas implacables montadas por su falta de orientación, y por contar con cierto muchacho escandaloso que se desesperaba al no encontrarlo en el sitio fijado.
Esta vez halló el camino a la residencia por sí mismo, sin mirar más de dos veces su móvil. ¿Qué te parece eso gran ciudad?
Se encogió de hombros. La brisa helaba a los desprevenidos, por lo que su campera oscura de preparatoria quizás necesitaba algo extra. Como piel de osos o algún tipo de calefactor incluido. Se refregó las manos, tratando de que sus dedos no se quebraran al intentar girar la llave.
El piso donde estaba lucía inhóspito. Como toda residencia universitaria a las ocho cuarenta y cinco de un sábado, debía de lucir. Asi que cuando logro poner un pie dentro de la habitación, el ambiente cálido lo envolvió.
En realidad, aquella habitación individual no tenía nada de extraordinaria. Era igual a las cientas que existían en la residencia: Una sala diminuta, un baño con ducha y una habitación más espaciosa para el estudiante. La cocina y lavandería, no se incluian en las becas, por lo que cada cual se arreglaba a su manera con eso. El sistema estaba hecho para que engordaran con comida instantánea.
La familia de Kageyama estaba más que feliz, pues después de todo, media beca significaba que no tenía solo balones de volley en la cabeza. Y vale, que Hinata tuviera que recurrir a su ayuda para mantener la beca completa que poseia, solo aumentaba el ego del moreno.
Pero el tiempo no dejaba de correr y la relación de novios se volvía cada vez más profunda. Porque luego de escalar a un nivel más íntimo, la presencia del otro bastaba para querer comerse a besos con la más mínima excusa que hubiera. Eran apasionados, lo que los llevó a sufrir un poco más esos dos años, donde lo más cerca de compartir una cama todas las noches que tenían, era suspirar a tres habitaciones de por medio. Y Kageyama comenzaba a irritarle en exceso, el hecho tan simple de perderse las mañanas con el cabeza hueca de su novio. ¿Y si vivieran juntos? Oh, karma, horrible karma.
Kageyama planeaba conseguir un departamento para navidad. Uno pequeño, como el de Tsukishima. Y la comparación debia de servir como aviso.
Todo ocurria por la apuesta estúpida con Oikawa y Bokuto-san. Si no hubiera recurrido a otra maniobra para salvarse, de seguro Tsukishima no le odiaría tanto como entonces. Porque Tobio no se cortaría el cabello, antes prefería hacer los trabajos de esos dos durante un mes. La única vez que se arrepintió de no sufrir la misma condena que el megane rubio, fue cuando su conciencia le reclamó que moviera el trasero y buscará opciones de departamentos. Y allí, la figura diabólica de Tsukishima aparecía como una opción sabia respecto al tema.
Eso era caer bajo. Lo peor, fue encontrar algo decente y aceptar el contrato de alquiler. Tsukishima Kei jamás se habia burlado tanto en toda su puñetera vida, del Rey. ¿Quién diria: terminar alquilando un departamento en el piso inferior a donde vivia su peor enemigo? De todas formas por ahora había mantenido el silencio, maquinando que quizás debió preguntarle a Shoyo si quería vivir con él.
Podian discutirlo, por supuesto. No era como si deseara desesperadamente tener más tiempo con su novio. No, claro que no.
-¡Hinata! ¡Oi! ¿Ya estas despierto?- Iba alzando la voz alcanzando por fin la puerta corrediza, que mostraba la habitacion.- ¡OI, IDIOTA, QUE YA AMANECIÓ!
-Hombre... es sábado, ten piedad.
Una maraña de cabellos naranjas energía por un segundo, dándole su mirada suplicante y enrollandose de nuevo en el futón. Como un pastelito horneado.
Tobio entrecerró los ojos con furia. Sus mejillas ardieron.
A veces se preguntaba si no deseaba desesperadamente vivir más seguido escenas como esa. Luego resoplaba. El Rey de la cancha no tenía pensamientos cursis, solo lapsus de idiotez rosa.
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Después de cinco amenazas y que fuera quitada toda frazada del más pequeño, Kageyama contempló que no siempre es buena idea madrugar los sábados.
Las cosas se pueden salir de control.
-¡Los sábados son para dormir, Kageyama, dormir!- La voz de Hinata era ligeramente ronca por el sueño. Babeaba espuma con un cepillo de dientes en la mano.- ¡¿Tienes que poner esa cara aterradora tan temprano?!
-¡Más respeto con tu novio, imbécil!
-¡Mira como me llamas, idiota!
Y volvía a girar de pie en la puerta del baño, refunfuñando adormilado, las malas costumbres de su novio. Tobio por su parte se limitó a mirarlo como si fuera algún fenómeno extraordinario. Llegando a la conclusión, de que sí, en efecto, Hinata Shoyo era peculiar.
No lo decia por estar en ropa interior naranja, playera robada color menta, calcetines lavanda y cabellera recién salida de un tornado. Ni por dar cabezazos en el aire frente al espejo, mientras trataba de despabilarse del todo.
Era un tipo raro, raro y brillante. Y a Kageyama le gustaba, mucho, demasiado en verdad. Porque no podía más que apretar los puños, conteniendo sus ganas de pasar sus dedos por la revuelta cabellera o dar un buen tackleo que lo dejara a su merced. De verdad, aquello no era normal.
Tobio y Shoyo no entraban en la clasificación de seres normales.
-¿Compraste el desayuno? Uhmm… Dime que al menos tienes algo que compense despertarme a esta hora, Bakageyama.
El bostezo y ese gesto refregándose un ojo, acabó con la paciencia del rey. Dos zancadas, le pusieron frente al más bajo. Hinata se sobresaltó un segundo, al otro supo que estaba metido en un buen lío, por lo que comenzó a tratar de huir hacia la salita.
-¡D-deja de moverte!- Y por fin los brazos del moreno alcanzaron ese cuerpo cálido. Atrapó su cintura, haciendo que volviera al futón, en un cómico recorrido que incluida quejidos y maldiciones, algún rodillazo fallido y peligrosas fricciones.
Era injusto. Casi un crimen. ¿Por que Hinata lucía esa camiseta, así como así? Debía estar vengándose por escapar cuando accidentalmente hicieron volar la maquina de cafe. Él no se quedaría al lado de un potencial terrorista por el simple hecho que sea su novio. Vale, lo haría... solo que por algo más grande que recibir un castigo del profesor de Morfología.
-T-tobio... ¿Qué haces?- Maldición. Ese chico temblaba al tacto.
La piel del hombro izquierdo estaba expuesta, la camiseta tenía un cuello amplio y era claro que no era de la talla del mayor. De hecho, esa prenda en verde menta, pertenece al armador que por motivos que no recordaba, terminó en manos de su novio. ¿Desde cuando el pijama de un chico era tan sexy? Kageyama no sabía muchas cosas de la vida.
- Shoyo...
Un estremecimiento y las mejillas de la ex-carnada, despedían calor intenso. Se removió incómodo por sentir las prendas frías del otro rozando sus piernas. Lo tenía sentado en su regazo y con el corazón a punto de reventarle por la tensión que sentía crecer en la manera que decia su nombre. Sin embargo, Hinata no era una persona sumisa, ni mucho menos. A él le iba la revolución.
-¡Ya te pusiste caliente, Bakageyama, pervertido!- Sus chillidos, varios codazos y una fuerte voluntad, excedieron al moreno.
Se alejó al menos dos metros, en lo que dejaba de margen la estrecha habitación, colocando sus manos en la cadera. Nadie lo tomaba a la ligera, menos ese Rey libidinoso. ¡¿Qué se creía?! ¿Qué podía ponerle las manos encima, besarlo un poco y tenerlo entregado como un desayuno americano? ¡JA!
-N-no seas tan escandaloso... Tú eras el que reclamó que sea más, más... c-cariñoso y esas mierdas...
No. No. No.
¡Que no!
Vale. Tampoco es como si Hinata fuera un despiadado ser sin corazón. Ese era el rol de otra persona. Kageyama y su tartamudeo idiota, le podían. Le podian mucho. Adiós a practicar más tarde. No podría ni siquiera ir al supermercado después de eso.
-Estupido Kageyama. Si solo querías besarme debiste preguntar. ¡Además estás helando mi cama!
-Eso puede arreglarse.- Quien lo escuchara no creería su nivel de coquetería.
El pequeño cuervo naranja decidió rendirse a medias. Al fin y al cabo, era Tobio, lo que implicaba hacerlo rabiar hasta el último segundo si era posible. Se acercó con una ceja alzada, alerta del menor intento de ataque. Se orillo lo suficiente, hasta estar frente a su novio y allí sonrió malicioso.
-¿Y bien? ¿Dónde estan mis mimos, Tobio~?
Utilizó todo el tono dulzón e inocente que Oikawa le había enseñado y obligado a escuchar. Era una de las cosas que pasaban si el ex-capitán estudiaba en la misma universidad. Además claro, que el Gran Rey le habia hablado de beneficios secundarios... o algún tipo de manipulación.
Tobio sintió una presión en el pecho. Era una sensación familiar, que simula el calor del sol rozando su piel. Ver aquellos ojos, causaba que su corazón bombeara hasta aturdirle, que su estómago temblara como si un enjambre de abejas volará dentro.
Cuando Hinata Shoyo sonreia así, coqueta y descaradamente, cuando le dedicaba un tono socarrón que conseguía hacerlo caer de lleno en sus trampas... cuando Shoyo lo miraba distraído y al toparse con sus ojos marino, sin intenciones ni planes traviesos, le regalaba una sonrisa de esas que deslumbraba hasta las horas oscuras, que hacían temblar sus piernas. Esa sensación en el pecho de que... era él. Que ese idiota era, la persona que amaba más que ninguna en el mundo. Para siempre.
Tobio, tuvo que recurrir a un abrazo profundo. Uno que ocultará, cuán feliz y emocionado se sentía.
-Serás idiota, Shoyo.- Susurró apretando más a ese cuerpo menudo. Podía oler el aroma a manzana en su cabello.- Te amo.
Aquello bastaba.
El armador tomo con más delicadeza de la normal, los labios de Hinata. Lento, dejando que los brazos del mayor se enredaron a su cuello, disfrutando como incluso entonces el pequeño cuervo batallaba con su lengua. Los besos dejaron paso a un desastre con las mantas. Tobio quería repartir marcas, algunos besos más. Le gustaba demasiado la piel tersa y los chillidos de su novio. Sintió su campera deslizarse por la espalda, mientras unos dedos se escabullian bajo su playera deportiva. Hinata tenía las manos cálidas. Torció una sonrisa, plantando más besos en el cuello de su amante.
-T-tobio, tienes demasiada ropa…- Completamente de acuerdo, el moreno asintió, quitandose por fin la prenda superior y librando luego al pelinaranja de su ropa interior.- ¡Q-qué te crees... eso es trampa!
Por más que estirará la playera no lograba ocultar su desnudez. Era una desventaja muy grande conociendo a su novio. Kageyama tenía cierto fetiche por esa parte de su cuerpo. Y al parecer sus resistencias no eran muy firmes que digamos. Shojo podía morir de pena, pero ardía de ternura y excitación, cuando las manos gentiles del armador, iniciaban un recorrido descendente por sus piernas.
El ojiazul disfrutaba contar con besos la longitud de las piernas de Hinata. Sus labios rozaban la parte interior de los muslos, acariciando con infinita devoción esa piel sensible. Luego ponía en marcha los cardenales, regocijándose en los gemidos que se escapaban. En esos momentos Kageyama se dejaba llevar. Un recorrido de besos, mordidas y alguno que otro golpe, porque a Hinata se le hacía enormemente vergonzoso.
El moreno dejó salir una carcajada limpia, sin malicia. Algo en toda esa escena, en su pecho y en los ojos de Hinata, hacia que lo único que quisiera… fuera reir.
-¿Estás bien?.- Una mano gentil se posó en la frente del armador. Con una mirada extraña- ¿Ya te alcanzó la locura de Tanaka-san?
-Tienes razón.- Con arrogancia se irguió sobre el otro, dedicandole una mirada de pies a cabeza.- Aunque por tus calcetines y la colección de ropa que has tomado prestada de mi armario, diría que el único demente eres tú.
-¡Qué tienen mis calcetines, idiota!
Porque ver ese tono rojo hacía que Kageyama quisiera besarlo de tal forma que perdieran el sentido de la realidad. Del todo.
Un beso silenció las protestas y alcanzó las intenciones del moreno. Los dedos recorrían de forma experta la piel en la curva de la espalda, se paseaban por su columna mandando una sensación de cosquilleo al pelinaranja. Hinata hacia todo lo posible por acaparar el cuello de su novio, mordía y susurraba, batallaba cuando era imposible contener un gemido ante el apretón en su trasero. Movía sus caderas provocando que el rey, no soportara más los pantalones.
Ni ninguna otra prenda que quedara entre los cuerpos.
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Tobio conocía los puntos sensibles, por lo que siseando optó por permitir que la fricción de sus excitaciones consuma cualquier rastro de resistencia de Hinata. Quería verlo suplicar. Lo que al final si sucedio, solo a dos segundos de que él mismo cayera en la trampa, estaba a su límite. Necesitaba estar dentro.
-T-tobio, y-ya… Dios, solo hazlo…- Estaba siendo un verdadero maldito, pero los ojos sollozantes del más bajo, aumentaban su libido de formas anormales.
Fue lento, abrasador y anhelante. Shoyo arqueaba su espalda, tiraba del cabello oscuro solo para amenazarlo, pero no hacía nada por mover sus caderas. Quería consumirse. Ahí mismo, de esa manera. Incluso entonces sonrió, exhalando calor.
El movimiento hizó que la habitación se sintiera pequeña. Los gemidos golpearon las paredes y a esa hora, era casi seguro, que ningún estudiante percibiera el tipo de entrenamiento que llevaban a cabo.
-Más... T-tobio...- Su voz apenas salía, tratando de respirar al mismo tiempo.
El armador del equipo de Tokio, no se hizo de rogar, por lo que atrajó con fuerza la cadera del otro, embistiendo más profundo. Como respuesta obtuvo un gemido casi obsceno de su novio y una mirada que intentaba fulminarlo, por ser un bruto desconsiderado. Aún en esas situaciones, ambos no llegan a estar de acuerdo del todo.
-Deja de quejarte...- Besaba esa boca rosa de forma desesperada, encontrándose con una lengua igual de terca que la suya.
Las manos de Hinata se clavaron en la espalda atlética del moreno, permitiéndose huir de la mirada marina que lo ponía en vergüenza. Siempre podría vengarse, gimiendo lentamente en su oído. Aunque en la postura que estaba, el pelinaranja no estaba en ventaja de ninguna forma. Pero eso... no importaba.
Los besos, los gemidos, las caricias y las palabras tontas se sucedían a un ritmo desigual. El tiempo se escurría por los llamados sugerentes de Hinata o las miradas radiantes de Kageyama. Su resistencia estaba en la cumbre, junto con un plan de entrenamiento riguroso para la universidad y la juventud propia de la veintena.
Solo cuando los párpados del pelinaranja se rindieron ante una última ronda, su novio se dejó caer con malicia sobre el cuerpo menudo. Aquello le valió un gruñido ronco de parte del cuervito menor, que sentía subir el calor a sus mejillas de descubrir que tanto habian hecho.
-Idiota, quítate... ¡Ya, Tobio, hablo en serio, estás hecho un asco!
Con una ceja arqueada y una capa fina de sudor cubriendo su frente, el Rey se comportó como todo un muchacho maduro de casi veinte años: Aplastando con toda la intención a Hinata, sujetando sus muñecas y dándole besos sonoros en todo el campo visual que ocuparan sus zafiros.
Entre nuevos chillidos, patadas, codazos en las costillas y uno o tres mordiscos peligrosos de una salvaje ex-carnada, Tobio se permitio hablar casi en voz baja, en un tono especial y secreto. Porque ese lado cursi, era efecto de pasar tiempo junto a Bokuto-san, escuchando tacticas de ataques que nada tenian que ver con el volley. O con los consejos impúdicos de Noya-san.
-Te quiero... te quiero aquí...- Marcaba de nuevo con un beso lento, la mejilla derecha y se volvia a los labios de su pareja.- Tambien te quiero aquí, imbecil... aquí...
-Maldito... Bakageyama...- Ese cosquilleo burbujeante en su interior impulsó a que Hinata abrazara con fuerzas al armador.- Te amo, te amo... T-E A-M-O...
Los momentos oportunos son los inesperados. Y ese era uno de esos, Kageyama Tobio lo reconocia.
-¿Quieres mudarte conmigo?
Quizás algo del tan acechante pánico se apoderó por un minuto del moreno, pues Hinata dejó de jugar con su cabello, mirandolo como si de repente le hubiera salido un tercer ojo en la frente.
-O-oye, no tiene... no tiene que ser a-ahora, idiota, solo...
-¿Quieres vivir conmigo?- La emoción en la pregunta, hizó que las orejas de Tobio ardieran.- Es decir... ¿De veras? ¿Así como... como un matrimonio?
Que Kami se apiadara de la frecuencia cardiaca de Hinata y velará porque el rostro de Kageyama no explotara.
-S-si.
Incluso si lo intenta clasificar, o encontrar en algún diccionario, la palabra que salió de la boca de su novio no tenía más que "¡WHOAAAA!" como sentido y significado. Y al Rey le resultó aceptable, apesar de ser empujado del futón al frio suelo, por el alboroto de cabellos naranjas.
Y allí estaba, desbordando en expresiones infantiles y ceños que pretendian pasar la verguenza. En esa forma peculiar de mirarse el uno al otro, en los deseos de continuar juntos dentro y fuera de la cancha. Allí... amor tierno y valiente. Único.
La sonrisa de Hinata Shoyo era mágica. Tobio podia pasar el resto de su vida hechizado por ella... y quizás regalarle todo su amor por volverlo brillante.
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La nueva cafeteria lucía interesante. Al menos eso pensaba Tobio dejandose arrastrar por un muy motivado cuervito. No solo por planear una mudanza, sino por aquel sobre lavanda que recibieron esa misma mañana. Todo se ponia raro, con aquella noticia.
Suspiro ocupando un lugar junto a la ventana, esperando que Tsukishima y Yamaguchi no tardarán en aparecer. Su novio se mordia el labio, y llamó su atención al decir:
-¿En dónde podriamos..?
-Ya tengo el lugar, es más, está con el contrato a medio firmar...- Se detuvo ante el silencio que reinaba del otro lado de la mesa.- ¡¿Por qué me miras así, torpe?!
-Realmente eres como el sol...
Touché.
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¡Buenas, linduras de los desiertos(?)! ¿Cómo han estado?... Dios, si. Pueden matarme. Han sido dos meses, casi tres de mi desaparicion. ¿Cúal es la verdad? Una sola: Universidad. Yo no se que pasa pero este año se han vuelto contra los estudiantes y tengo una pila de cosas que leer cada semana. Sumado a mi maldito bloqueo, que logro tres borradores de este capi... el fic tuvo que pararse. Lamento muchisimo el retraso. En serio, me disculpo por la espera y agradezco infinitamente la paciencia. (Santa paciencia) No pretendo que muchas de las que leian sigan por aqui, la verdad seria... demasiado. En fin, como dije, esta historia se termina en tres capitulos más. Si, no lo abandonare hasta ver el final, cueste lo que cueste. Aclaro que el prox capitulo no tiene fecha, por lo que seguramente tardara bastante en salir. No quiero generar expectativas. Lo que si aseguro es que en Julio esto se termina. (Ya lo prometi.) De modo que... espero que les haya gustado, pues esta pareja a salido en sobredosis de azucar XD
Saludos dulces y llenos de cariño a: Teddy-sama: ;u; ¡Yo tambien te extrañaba! :3 ¿A que son chulitos los desgraciados? Daisuga rules! XD jjajaja si, esa es la verdad del asunto pero Oikawa esta seguro que es cosa de su encanto natural(?) Tsukkiyama es una forma de vida. ¡Un beso!
Minka'SunFlowers: awww ¡En serio que te agradesco que sigas aqui! u.u Me ha costado horrores, pero ahora puedo seguir el ritmo. Y de todo corazon, me hace feliz que se alegren al leerme. ¡Claro que si! e.e Ese par lleva años juntos, TODOS y reitero todos lo sabian. Nomas que ahora viven su version adulta. Jajaja Suga-san tiene buen gusto ;) Y muchos hijos que lo adoran, aunque se ponga tonto cuando le dicen "mamá" XD. Ya, de solo pensar en el ultimo capi.. ;n; ¡Gracias por las vibras, que siempre son buenas! Tenemos que hacer un fandom de Viria, uno con altar y culto incluido. Creo que vi alguno en instagram, pero como yo no tengo cuenta ahi, no cuenta jo! (Ese Yama de tercer año es el paraiso, *-*) Un beso y cuidate!
Hime-chankyu: Muchas gracias, ya, ya que haces que mi ego se eleve -3-! Jajaja Daichi es el tipo de hombre que toda mujer o chico merece y si, yo adoro escribir su relacion de esa manera. ¡Suga es comible! Coshita bella. tengo la teoria de que el casamiento se hizo para este tipo de personas, en especial para este par ¿Donde más encaja lo de comieron perdices? Ho ho, Lamentablemente el no es competencia para Papá cuervo XD ¡Oshe sih! Te prometo que todos se encontraran de nuevo ;) Y espero que salga bueno! Vuelvo a reiterarlo, muchas gracias por continuar leyendo este fic a pesar de las tardanzas y mis bloqueos; me alegro muchisimo que lo que escribo te haga feliz. Despues de todo es por eso que continuo escribiendo :D ¡Un beso enorme y cuidate mucho!
Artemisa Cipriano: :3 Oww muchas gracias! XD Creo que ahora más que nunca esto se puso asquerosamente cursi. Lo siento por eso. Espero que te guste! Un beso y cuidate. :D
Buenas vibras a todxs (ノ*ヮ*)ノ:・゚
Muchas gracias por sus comentarios.
Un beso enorme y gracias por leer.
Espero sus reviews.
