Disclamer: Haikyuu no me pertenece. Son de Haruichi Furudate.
«Ámame tiernamente,
Ámame por mucho tiempo,
Llévame en tu corazón
Pues alli es a donde pertenezco
Y de ahí nunca me apartaré.»
—"Love me tender" de Elvis Presley.
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Los lunes por la tarde, la práctica de Karasuno se intensificó a tal punto de que Ukai requería de su asistente para mantener a raya a toda esa panda de novatos. Si bien algunos jugaban desde el primer año, eran muchos los nuevos ingresantes y los de segundo año escasos. No comprendía ese estúpido rumor sobre "entrenamiento infernal" que había espantado a muchos posibles candidatos, y ocasionado que su armador oficial saliera huyendo. Ukai estaba convencido que su régimen era normal.
Si los revoltosos de Kageyama, Hinata, Yamaguchi y Tsukishima, le había aguantado hasta graduarse, todos debían estar a la misma altura. No por nada, en un rincón oculto de su corazón, llamaba a aquella generación "Los cuervos de alas doradas".
Diablos. Allí estaba de nuevo ese lado nostálgico.
El rubio decidió encogerse de hombros, dando luego una mirada al nuevo equipo. Ese grupo de enclenques debían ganarse su respeto. Había un legado que continuar. El club de volley, Karasuno, había gozado de un prospera reputación conforme a los últimos dos campeonatos nacionales ganados.
- ¡Un vez más Kitamura!
- Tsk. Esta vez, asegurate de no rematar con tu cara, estúpido.
- ¡Eres un...!
- ¡Ustedes dos, dejen eso!- Dio un paso hacia la cancha, cortando el ambiente de aquellos idiotas.- ¡Hiraki, Kitamura, haganlo bien!
Y un sonoro "Osu" se escuchó resonar en el gimnasio.
El entrenador sonrió discreto mientras se cruzaba de brazos, al borde de los límites de la cancha. Aquellos novatos de primero, tenían agallas por presentarse al equipo. Y armar escándalos a toda hora.
- ¡Es para hoy gran ogro!
- ¡Cierra la boca, Takishida!
Por alguna razón aquello le dejó descolocado. Como si fuera un Deja vú. Diablos, sí. Esos muchachos...
Pero Ukai Keishin, no era un hombre que se dejase llevar por alucinaciones u cualquier sentimiento. Menos con el equipo que debía llevar a las nacionales. Hizo sonar el silbato, justo cuando el balón dio de lleno en la cara de un confundido Hiraki. No podía confiar en ellos hasta verlos alzar vuelo.
- ¡Escuchen, quiero quince vueltas a la cancha!- Podía oír los lamentos.- ¡Los de primero!
Y los señalados temblaron.
- ¡Veinte vueltas, ahora!
Las zapatillas comenzaban a moverse. Si querian llegar alto, debían aprender a volar. Pichones de cuervo, ja. Nadie dijo que la victoria era gratis.
Giró con una mirada ceñuda, buscando a su asistente. ¿Qué no le había repetido hasta el hartazgo que le necesitaba allí los lunes, jueves y viernes sin falta? Kami-sama, iluminara al cabeza hueca. Y al parecer los dioses estaban sin mucho trabajo, porque su plegaria fue divisada a la entrada del gimnasio. Llegaba corriendo agitado con un bolso de entrenamiento.
- Ukai-san, lamento el retraso... ¿Uh? ¿Por qué estan...?- Y el recién llegado, entendió la mirada severa en los ojos del entrenador.- Lo siento, es que mi mujer, ya sabe el embarazo...
- Ya, ya, Tsukishima. Lo sé.- Le tendió un cuaderno con el registro diario de los entrenamientos.- Anota que Kitamura, debe practicar los saques. Su técnica es impecable, pero su fuerza aún no tiene un buen manejo.
El mayor de los Tsukishima asintió. Era una escena rara. Lo era hace dos años, cuando Akiteru se ofreció como aprendiz. Ukai estaba sorprendido, pero no por eso, ni por el hecho que tuviera referencias del tipo como ex-jugador, dejaron de lado su "prueba de admisión".
Takeda le reclamó que eso de "cargar la ropa sucia del entrenador y obligarle a pagar las rondas de bollos calientes del equipo" no eran ningún tipo de requisito para ser su asistente. Ukai cambio la prueba cuando se vio bloqueado una semana, de la tersa piel del sensei.
Ugh. Takeda le hacía un poco más moral.
- Oh, cierto. Entrenador.- Desvió su mirada a Akiteru.- Sensei le mandó un recado, lo tope a la entrada de la escuela.
Y antes que brote, le arrebató la nota doblada que sacaba del bolsillo.
"Shin-chan, estare esperandote en la sala de profesores. Tengo trabajo pendiente... pero puedo tomarme un rato libre. Podría corregirte. ;)"
Oh, dios. Ese hombre le iba a matar. Notas escandalosas como esas, podrían salvar un mal día, incluso un cataclismo mundial.
Su sonrisa fue enorme y socarrona. Akiteru solo rió bajito, aceptando quedarse a cargo del resto de la práctica. El entrenador a veces era muy obvio. Podía leerse que esos brillos, se debían al autor de la nota.
Cuatro años desde su matrimonio, solo consiguieron que Takeda desplegará todo su encanto... y que su esposo aprendiera por las malas, que un hombre "lindo" podía ser tan sexy como peligroso. Es que el bueno de sensei, leia demasiadas novelas como para tener ideas recurrentes y captar cuando su pareja debía ser puesta a prueba. El rubio había dejado por completo esa manía de tomar sake y salir con Takinoue, al menos del tipo de salidas que acababan con él tan ebrio como una cuba. O de esas salidas en donde terminaba aceptando, sospechosas ofertas de Takinoue Electrónica, Dios sabria como.
Dormir con los grillos, en el jardín de su nueva casa, un par de veces le enseñó la lección. Ittetsu no era hombre que se tomara a la ligera. Era un esposo tradicional.
- Con permiso...- Se concentró en no agitarse, ni lucir desesperado. El entrenador divisó a su pareja, en su escritorio habitual.- ¿Me necesitabas sensei?
Cuando le sonreía de esa forma, con inocencia marcada en sus mejillas, Ukai procuraba no lanzarse como una fecha. Espero apretando los puños, que el moreno se acercaba con paso elegante.
- Si... l-lamento sacarte de la práctica.- Oh kami, ni siquiera recordaba al equipo entonces.- Es solo que... Te extraño.
Okay. Eso desarmó por completo al más alto. ¿Cómo se resistía a una carita tan... sensual? Tomó su cintura con cuidado, y beso un poco esas mejillas que mostraban un rosa creciente. Escucho las risitas. Amaba que después de tanto, siguiera entre sus brazos.
- También te extraño, mucho.- Besó su frente con infinito cariño, y miro sus hermosos ojos negros.- Estas volviendote un crío consentido, Ittetsu.
- Mira quien lo dice... lujurioso.
- Eso solo es posible de a dos.- Llevó firme las caderas del mayor hacia la pared más próxima.- No veo su resistencia sensei... creo que podria ajustar un poco su capricho.
Recibió un húmedo beso, justo en su cuello expuesto. Una nueva ola de electricidad se expandió por su cuerpo.
- ¿Solo ajustar?- Era irracional que coqueteara a ese nivel. Dios bendito. - Keishin, te lo ruego... necesito un poco de atención.
Todo ese tono, peligroso en absoluto, hipnotizaba al entrenador. Joder, incluso había comenzado a levantar su camisa antes de que termine su oración. La piel de su vientre continuaba siendo sensible, lo que valió obtener un par de jadeos que mandaron lejos todo.
Tomó sus labios, disfrutando el gemido suplicante al hacerlo de forma lenta, mordiendo su boca, sacando su lengua para saborearlo. Estaba siendo abrasador. Takeda retiro sus lentes, alcanzando a colocarlos en algún lugar firme, donde no serían aplastados.
- Keishin...- Ahogó su voz, con un beso profundo. Se aferró a los hombros de su esposo, mientras él se colocaba entre sus piernas, alzandolo hasta empotrarlo a la pared.
Ukai tuvo libertad para consentirlo. De formas placenteras y adultas. Se contuvo de ir más rudo, solo porque seguían en un establecimiento escolar. Pero tuvo que gastar mucha energía en impedir que su deseo se apoderara del todo de su mente. La manera en que su cuerpo reaccionaba a los toques de Takeda, era aterrador. Se sabía cada centímetro de la geografía de su esposo, cada punto sensible, cada curva... y aún así, terminaba fascinado encontrando nuevas rutas que explorar. El rubio caía ante la voz de Ittetsu, ante sus súplicas, sus peticiones, incluso ante su propio nombre al borde de quebrarse.
Podía picar a su esposo, llamándolo consentido... pero era él, quien se negaba a dejar de ser un crío caprichoso y egoísta. Si pudiera pasar el resto de su vida, haciendo el amor de esa forma, quemándose la piel y estallando su pasión, juraba por su alma que lo haría.
- Espero que no estés explotando a Tsukishima de nuevo.- Aquello ni siquiera le molestó. No cuando estaban así, relajados, dejando pasar el tiempo como si lo único que importara fuera saber cuantas caricias podía otorgarle a su esposo.
Habían terminado de saciar ese deseo ardiente, para tomarse su momento de silencio en el escritorio del sensei. Ukai estaba sentado, sin llevar la campera puesta, sosteniendo con gusto el cuerpo menudo, que permanecía a horcajadas sobre él. Takeda parecía cómodo, con la camisa a medio abotonar. El rubio solo bufaba, porque aquello avivaba más su fuego. Y no es que no pudiera dar una ronda más, pero quizás alguien podría entrar por la puerta en cualquier momento.
- No soy un tirano. Además creo que podría tomar mi lugar de vez en cuando...- Los cabellos negros revueltos, se volvieron con sorpresa.- No estoy diciendo nada grave, solo quiero que el equipo se acostumbre a él. Tiene que tener caracter, esos mocosos son de lo peor.
La sonrisa perezosa del mayor, hizo que imitara el gesto. Las caricias de Ittetsu en su pecho, disipaban cualquier problema. Adoraba que sea él, con su calma sutil, quien lo cobijara en los tiempos tormentosos. Incluso entonces, cuando su madre se enteró de su casamiento "a escondidas" y puso el grito en el cielo, al saber que no le darían nietos. No al menos de sangre. Ukai había mantenido la cordura a medio camino, su temperamento dejaba claro, que no soltaría a ese hombre; ni por su madre, ni por el maldito negocio.
Todo ese tiempo, sensei jamás soltó su mano. Y no había forma que él pudiera saber, lo grande y noble que se volvía ante los ojos del rubio. Ni la infinita devoción que le tenía. Porque Ukai renegaba de su poco romanticismo, sus fallas a la hora de sonar menos pervertido o sus hábitos de marcar el cuello de sensei, solo por celos. Agradeció a los dioses, que Ittetsu no se amedrentaba ante sus arranques de ira, ni se dejará intimidar con sus ridículas amenazas cuando discutían sobre el tiempo que pasaban con otras personas.
Ese moreno, jovial y con cara de ángel, sabía domarlo, darle unos cuantos golpes en el momento adecuado y comprenderlo, cuando ni siquiera él podía entenderse.
- ¿Cariño? - Al parecer sus pensamientos lo habían alejado. Y preocupaba a Takeda.- ¿Qué sucede? No es común tanto silencio.
- Eso es un poco ofensivo... en algún sentido.- Alzó una ceja, acertando en que su "lindo" esposo le gustaba tomarle el pelo.- ¿Es que nadie trabaja los lunes en esta escuela?
Y daba gracias a esos profesores que salían pitando a todo dar, al sonar la campana. La sala en la que estaban se hundía en un silencio cómodo, mientras la tarde avanzaba convirtiéndose en un cielo frío de Octubre.
- ¿Vamos a casa?- Ukai asintió.- Pasemos por la tienda antes, necesito comprar algo para la cena.
- No me importaría pasar al postre directamente.
El mayor rodó los ojos. A eso se refería con poco romántico. No sospechaba, que al moreno le gustaban mucho, aquellos coqueteos descarados. Después de todo, sensei era de un alma tímida y propensa a desanimarse. Aquello le recordaba, que su Ukai le deseaba. Y era bueno, siempre era bueno saberse amado en todos los aspectos.
Saliendo a la entrada de la escuela, Ukai frunció el ceño al notar que su teléfono vibraba. A él le fastidiaba la tecnología, por lo que prefería mantenerla silenciada en lo posible. Era Tsukishima Akiteru.
- Si no hay sangre, heridos o algún mocoso a punto de morir, será mejor que tengas una buena excusa para llamar.- Sintió un codazo en las costillas, y recibió una mirada entrecerrada de Takeda.
Bien, sería más amable.
- Ya, dime Tsukishima... o limpiarás el gimnasio una semana.
•••
El regreso a casa, era el momento favorito de sensei. Ukai se permitía ser más cariñoso, y le tomaba de la mano aún con todo el cansancio del trabajo. Sin embargo, esta vez, el rubio continuaba avergonzandolo y susurrando malicioso cosas "adultas y aptas para divertirse".
- Deberiamos probar lo de la comida, ¿Qué opinas?
Y claramente, esa cosa roja, que echaba humo de los oídos era el bueno de Takeda.
- ¡N-ni siquiera lo pienses! ¡No dejaré que me llenes de albóndigas!
La risa de su esposo, solo provocó que se ofendiera aún más. Que era un hombre tradicional, joder. Así que con las bolsas de la cena, avanzo sin mirar atrás. Si quería reírse, pues adelante, pero no le acompañaría. No si el chiste era a su costa.
- ¡Ya, sensei, no te enfades!
No sonaba arrepentido.
Apretó el paso, tanto como un hombre menudo como él podía y giró en la esquina con la frente en alto. El regreso a casa, quedaba oficialmente fuera de su lista de momentos favoritos. Y prometió hacer pagar a su esposo, por picarlo hasta la vergüenza.
En medio de sus murmullos planeando la venganza, no noto cuando se había cruzado delante de él, ese muchacho. Quizás, la prisa que llevaba y el aire viciado de aquel, no fueron una buena combinación.
-¡Lo siento, lo siento!- Ni siquiera el choque había sido fuerte, pero el sujeto delante de él estaba en la acera. Su torpeza no tenia limites, se reprochó.- ¡Lo siento mucho! ¿Estas bien?
Para entonces su esposo le había alcanzado, cesando las risitas burlonas, y miraba con curiosidad al caído. Takeda ofreció su mano, en un intento de disculpa mientras el muchacho parecía no responder a nada.
- Oi, hijo ¿Estas bien? - Ukai dio un paso al frente, con las manos en la cadera. Frunció el ceño y dejó las palabras al aire.- ¿Acaso... te conozco?
El joven en cuestión se irguió de forma rápida, negando y pretendiendo pasar de largo antes de más preguntas. Al parecer no habia ningun daño fisico. Sin embargo, sensei había tenido un mal presentimiento y con sus reflejos rápidos, atrapó el brazo al muchacho de cabellos negros.
- ¿Ennoshita? - Identificaria a sus cuervitos, aun en la oscuridad más profunda. Siempre y cuando llevara sus gafas y no fuera con la cabeza llena de planes contra su esposo.
Pero ahora, solo hacía falta ver el perfil de ese rostro amable. Oh, no.
Tuvo que guardar todas las preguntas que cruzaron por su mente. La imagen delante de sí, tenía los ojos llorosos que parecian condensar todo el dolor del mundo... podía decir, con toda certeza, que allí había un corazón roto.
Ukai, a su par y comprendiendo más de lo deseado, tuvo que dejar salir un bufido. Esos mocosos idiotas.
•••
Eran las ocho de la noche, cuando Ennoshita Chikara abandonó el hogar Ukai.
- ¿Qué crees que haga?
- Pues si no le revienta la cara a golpes, personalmente iré hasta allí y cumplire la tarea.
- Keishin...
- No lo niegues. Tú también estás a punto de ahorcar a ese mocoso de mierda.
- No hables de esa forma, sabes que no me gusta.
Takeda se sentó, dejando caer un poco su peso sobre el sofá café. Su expresión aún sostenía la angustia. Porque después de todo, oír un corazón roto contagia el dolor.
-¡Lo mataré!
- ¡Siéntate, ahora!
Ukai una vez a su par, se cruzó de brazos molesto. Estaba aguantado fumar una caja de cigarrillos entera. Y asesinar a uno de sus ex-alumnos. ¿Es qué... tan mal los habían criado? Debió darles un entrenamiento más riguroso. Estas cosas no pasaban con treinta vueltas al gimnasio por dia.
- Debemos hablar con Kiyoko-chan.- Y el rubio le miró con algo de cautela.- Ella puede aclarar las cosas, además es un buena chica. Ennoshita podría calmarse un poco.
Los hombros del menor cayeron con lentitud. Sabía que Takeda intentaba hacer lo mejor para ese par. Dios sabía que si fuera por Ukai, se lanzaría sobre Tanaka para hacerle entrar en razón. Y cobrarse el hacer sufrir al moreno. Nadie se metia con sus niños.
- Creo que eso no corre por nosotros.- Su esposo le miro confuso.- Estoy casi seguro, que Kiyoko debe estar en la puerta de Ennoshita, angustiada y dispuesta a arreglar las cosas. Lo dijiste, es una buena chica. Pero el problema es otro... es más profundo.
La luz de la ventana, pronto se torno de un color anaranjado, dejando huellas en la alfombra. Sensei decidió preparar algo de cenar, ahuyentando ese dolorcito por sus muchachos. Mientras que Ukai tomó una buena ducha caliente, para aliviar la tensión en su espalda.
-Deje ese ceño sensei, las arrugas atacaran su cara cuando menos lo piense.- Del otro lado de la mesa, Takeda le miró sorprendido.
Entonces una patada nada suave, hacia chillar al rubio. Porque el ambiente necesitaba aligerarse o ninguno podría descansar correctamente.
- Se arreglará, ya veras. De alguna forma poco ortodoxa y legal, pero seguro que termina con un final cursi. - Que su moreno intentara ocultar su sonrisa, era buena señal.- Después de todo... los hemos criado bien.
-Es cierto.- Musitó sin pensarlo.
Luego de secar los platos, la sala parecio comoda para relajarse. La televisión estaba apagada, Ukai se limitó a dar unos cuantos besos en el cuello de su esposo, intentando planear una estrategia para que los de primer año progresaran o para que Hiraki y Kitamura, dejaran de pelearse. Era lo mismo. Sensei se concentraba en los ensayos de sus alumnos de tercero.
-Ittetsu...- Esa voz, que acariciaba su cuello, le produjo un escalofrío delicioso.- Prometo que hablaré con Tanaka. Sin golpes, ni nada que lo dañe. No de forma permanente.
- No seas duro con él. - Y regresaba un beso pequeño a la mejilla de Ukai.- ¿Quieres que almorcemos juntos mañana? La señora Aoi, tomara mi hora de literatura.
- ¿Qué tipo de plan es ese Sensei? La escuela es un lugar de riesgo...
- Siempre puedo pedirle al nuevo suplente de matemática que me acompañe, si no te interesa.
Quizás esa fue una mala jugada del moreno. O quizás esa fue su verdadera intención. El caso es que su Keishin tenía exceso de celos. Y aquello resultaba muy provechoso, incluso para alguien que fingía ser tan inocente como el moreno.
- Harás que me enfade, Ittetsu.- Y dio una mordida leve en el lóbulo de su esposo.- Almorzaremos juntos, y me vale madre si terminamos haciéndolo en la dirección.
- ¡K-keishin!
- ¿Sería mi postre sensei?
- Tambien podria ser el plato principal, pero como gustes cariño.
El rubio sonrió, a pesar del leve carmín que el comentario picante de su Takeda había provocado. Las jugadas quedaron atrás, al igual que el examen de tercer año. El sofá era grande, espacioso y resultaba excelente para usarlo toda la noche. O al menos hasta que el sueño los venciera.
Ukai Keishin se deslizó con sutileza, por el vientre de su esposo, acariciando su piel. Lo amaría esta vez, de una forma lenta. Aunque no aseguraba que sus tontos celos no aparecieran en un destello que lo obligara a dejar marcas.
-Cariño, te amo.
- Yo te amo, Keishin.
Y Takeda Ittetsu, se hundiría en los brazos de su esposo. Olvidando las preocupaciones, solo por esa noche. Quizás en la mañana y al recibir un beso de buenos dias, se permitiría apelar a su lado optimista.
Y dejar que lo que tenga que pasar, pase.
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~•~
¡Buenas Noches! Okay. Si. A esta altura no hay perdones, ni ninguna explicacion que valga. Lo que tengo que decir, es que fueron tres meses llenos de trabajos, enfermedades y mucha dedicacion. Y sobre eso queria comentarles, que este capitulo ha sido escrito con mucha lentitud. Quizas demasiada. Pero fue dificil para mí, porque este es el penúltimo, de modo que todo mi esfuerzo se torna el triple. Soy bastante obsesiva, ejem. En fin, ¿Qué les pareció? Tengo que recordarles que mantengan clara la linea de tiempo seguida: son cuatro años despues de que nuestros lindos chicos de tercero se graduaran. Y fijaos el día en que se desarrolla los anteriores capitulos, porque hay una explicación que hacer. Aqui nuestra pareja madura, se encuentra al principio de una larga semana. (Y si lo ponen de ese modo, esto ocurrio antes que el cap. 45)
Aclaradas las dudas que puedan surgir... les dejo con todo cariño este capitulo, dedicado a todos que permanecen rondando esta historia, a las chicas tan preciosas que comentan y a los lectores desde las sombras. No alcanza para decirles cuanto agradesco su paciencia.
°|Uno para el ƒinal|°
Buenas vibras a todxs (ノ*ヮ*)ノ:・゚
Muchas gracias por sus comentarios.
Un beso enorme y muchisimas gracias por leer.
Espero sus reviews.
