Disclamer: Haikyuu no me pertenece. Son de Haruichi Furudate
Nota: Oh Dios. No tengo excusas con el tiempo sin actualizar. Fue duro, enredado, lleno de baches y bajones. Pero al fin. Esta listo. Solo queda agradecer infinitamente a ustedes (lectores, de los que dejaron comentarios preciosos y de los que permanecieron ocultos aún leyendo, a la espera) Sinceramente estoy muy orgullosa y emocionada, de que este fic haya tenido buenos comentarios, incluso esa cantidad de reviews. Es la primera vez que logro concluir una historia larga (aunque sea mitad trama, mitad one-shot, mitad dios sabe que) Y vale, esto significo mucho para mi. Más aún porque esta idea trataba de drabbles... que acabaron en un final de siete mil palabras. Y es un poco OC, un poco real, mitad pura imaginacion. Woo. Han sacado lo mejor de mi. En fin, ya sin dar más vueltas... aqui esta el final. (Tal cual como dije que lo haria, exacto como apareció en mi mente hace tiempo.)
Disfrútenlo. Dedicado a cada uno de ustedes, polluelos lindos, que me acompañaron en cada capitulo.
Muchas gracias.
«Te encontré.
Y quizás, hacia tiempo debía haberte hallado.
Pero estabas allí, allí en el momento exacto.
Supe entonces, que por fin, después de tanto dolor... tú eras mi hogar»
—Cerezo de Luna.
•
La verdad era que Tanaka había corrido todo los riesgos. Y cuando hablaba de riesgos, lo decía en serio.
Porque quizás, Ennoshita Chikara, era el desafío más difícil y bonito, que había tenido que ganar. Y no solo porque su lentitud (natural), no ayudo en nada a clarificar la situación los primeros años, sino también la sorpresiva visita de Kiyoko-san.
No negaría que la morena, aún causaba un efecto en él. Pero no se refería a ese efecto, que lo tuvo años embobado. Simplemente, adoraba a la muchacha, le gustaba pasar el rato a su par como un viejo amigo, un admirador resignado de su belleza y un hombre comprometido. Y en torno a lo último, se basaba su confianza.
Decidió, entonces, hablar con la morena. Tomar un café y cerrar, como Dios manda, ese capítulo extraño en que ella parecía el amor de su vida. Necesitaba dejar las cosas en paz, para no generar dudas en su relación actual.
Pero el destino solo existe para joderte. Y eso es lo que llevó a una serie de malos entendidos, que acabaron con él fuera del departamento, con una pila de ropa desparramada y una marca roja de una mano en su mejilla.
Ennoshita era directo. Y firme. Había luchado en silencio, con el fantasma de la heterosexualidad de Tanaka. Porque aún después de tanto tiempo, con culpa, sentía que ese calvo, no estaba a su lado del todo. Y que el cielo, le perdonará, pero él quería todo, absolutamente todo de Ryuu. Ver a la ex-manager, inclinada sobre su novio, fue materializar todos sus espectros de golpe. No podría soportarlo. No de nuevo.
Así, en la calle. Con un novio no-novio furioso, Tanaka estuvo a punto de tirar la toalla. Era una suerte, que tuviera a Saeko, su sabia, experimenta y temperamental hermana mayor. Le mando a arreglar la situación antes de que ella misma le retorciera el cuello, por según sus propias palabras "Estas dejando ir al único ser en esta tierra que tiene la bendita paciencia para quererte, asi como el imbécil que eres. Y además te ve como si en serio, estuvieras guapo ¡Ve por él, ahora! ¡Quiero a mi precioso cuñado de vuelta!"
Conquistaría de nuevo a Ennoshita. Tenía que. Quería hacerlo. El cielo lo sabía.
Tanaka decidió que un plan de ese calibre necesitaba aliados. Fuertes aliados.
•••
¿Cómo su desquiciado plan de conquista funcionaria? Siendo francos, Tanaka aún no tenía una respuesta para eso. El tiempo corría.
- Necesito tu ayuda.
Medidas desesperadas.
- ¿Cuando fue la última vez que te golpeaste la cabeza, o es que de niño no te querían tus padres?
- Realmente, de veras... necesito tu ayuda.- Su orgullo de hombre podía irse al drenaje.- Y vale, también la de toda la gente posible que no sea de Karasuno.
- ¿Y para qué coño estás diciéndome esto?
Kinoshita estaba mirándolo con cara de irritación. Su cabello estaba sujeto con unas pinzas, mientras sus ojos felinos lo estudiaban con un deje de ira creciente.
Era obvio que Ennoshita le había contado todo.
- Eres su mejor amigo, lo conoces. - Aquello pareció relajar un poco la expresión del otro.- Quiero recuperarlo, no voy a dejar que se esto pase de nuevo.
Su voz se tornó firme, sin rastro de la súplica del principio. Usaría todos los recursos al alcance para deshacer cualquier malentendido entre él y su querido moreno. Incluso a esa hora, de madrugada un martes en semana laboral.
- Tsk, rayos eres un idiota. ¿Qué diablos vio en tí Chika?
Haciéndose a un lado, le permitió entrar por fin a su piso. Armarían un plan de conquista.
•••
Después de salir de casa de Ukai y Sensei, Ennoshita Chikara sentía no solo una rabia infinita, odio visceral corriendo por sus venas, sino también una dolorosa vergüenza.
¡Por todos los cielos! Acabó por ser consolado como un niño de kinder. Su cara osciló entre volverse granate y llorar. Apretó el paso, tanto como su energía permitía, mordiéndose los labios. Quizás no debería haber abierto la boca. No con esa expresión en el rostro del entrenador.
Sabía que en ese momento, todo era color rojo. Demasiado dolor y furia. No había dudado ni un momento, en despojarse de todo lo que le recordara a Tanaka. Le había echado a patadas del departamento, con la ropa desparramada en la puerta. No tenía corazón para oírlo. No quería oírlo. Ni verlo. Dios. Dolía demasiado. Tal vez fue la razón de salir de ese lugar, impregnado de tantos recuerdos abrumadores.
Cuando llegó al café de siempre, tuvo la alucinación de revivir lo que trataba de amortiguar. Podía verlo, con claridad. Kiyoko y Tanaka. Terminó por echarse a correr, a ciegas. Tan idiota y patético. Luego... realmente no fue difícil desahogarse en el hombro de sensei.
Y aún así sentía que no debería haber abierto la boca.
Eran miércoles al atardecer, mientras hacía girar la llave de su departamento. Nuestro departamento, pensó. Había presentado una excusa creíble en el trabajo para faltar. Al menos hasta estar seguro, que su aspecto no delatara el animo de sepultarse bajo mil frazadas y olvidar respirar.
Llevaba dos días en ese estado. Y estaba volviéndose peor a cada minuto. Revisó la contestadora, encontrando veinte mensajes de voz de Tanaka y sin esperarlo, uno de Kiyoko-san. Borró cada uno sin escucharlos. Había tirado su móvil, ese mismo día trágico y en parte, se sentía aliviado de no tener que soportar la insistencia de su ahora, ex-novio. Ex-todo.
Maldición.
Ennoshita, era una persona calma. Entonces ¿Qué había hecho con él Ryuu?
Aquella noche, como la anterior, Chikara no se molestó en quitarse la ropa. Dejó que Niebla le consolara, hecho un ovillo sobre sus pies. Solo consiguió dormir, después de sacar hasta la última lágrima que inundaba su pecho.
•••
Pasaban de las siete quince de la mañana del jueves, cuando el departamento de Kinoshita, recibió un visitante.
-¿Entrenador?
Aún con un torbellino en la cabeza, el ex-Karasuno, podía distinguir esa flama violenta centelleando en la pupila de su antiguo entrenador. Debía contenerlo.
- ¿Dónde está ese idiota?
Claro que era una pregunta retórica. Se abrió paso con fuerza, a pesar de las insistencias de Kinoshita. Trataba de preguntar por Takeda, por el equipo, incluso por el clima. Ukai parecía decidido a derribar el piso.
-Oi, ¿Qué es todo ese…?
A mitad de la sala Tanaka parpadeo confundido. Debió haber previsto el golpe, pero aún tenía pegada la almohada en la cara, como para captar el ambiente.
-¡Eres un imbécil de primera, joder mocoso de mierda!
El dueño del piso tomó cartas en el asunto. Fue por un poco de café bien cargado.
-¡D-de que…!
-¡Pensé que habías madurado lo suficiente, como para no volver a lastimar a Ennoshita! Mierda, pensar que todo terminara así ¡Hubiera dejado que fueras con Noya a Tokio!
Tanaka suspiro. No dolía tanto, a pesar de que comprobaba que Ukai Keishin seguir teniendo una poderosa fuerza bruta. Se desplomó de nuevo. ¿Que tanto la había cagado? Mucho.
La noche anterior se devanó los sesos, con mil y un planes para reconquistar a Chikara. Y no quería pensar, pensar de verdad, lo que había hecho anoche. ¿De verdad, habría actuado sensatamente? Bueno, aquí eran dos los lunáticos. Podía arrastrar a Kinoshita con él en caso de emergencia. Hoy, a la luz del día, mientras aquel hombre le largaba una sarta de verdades crudas a la cara… la perspectiva de recuperarlo se había vuelto casi inalcanzable. ¿Que pasaría cuando se enteraran de…?
-¿Y bien?- Los brazos cruzados esperaban una respuesta.
- Es un malentendido… yo… Diablos, solo…
- ¿Y piensas que sentado, donde estás, tu novio va a perdonarte? ¿Crees que él aceptaría una explicación, sobre malentendidos a esta altura?
Kinoshita asomaba sus ojos gatunos desde la cocina. Oh. Era lo que había tratado de hacerle entender. Por supuesto no la noche anterior, cuando ambos habían saltado en ese tren, que pronto les terminaría por atropellar. Dejaría en suspenso eso por ahora. Lastimar a una persona dos veces, no es cuestión de "malentendidos". Si no ponía en claro, su amor, esta vez nadie le daría un consuelo.
- Eres un hombre, haz lo que tengas que hacer para que no vuelva a llorar.- Y al parecer, su sorpresa solo ocasiono que Ukai se removiera.- Takeda, está completamente dolido con esto. Yo estoy a punto de cambiar de opinión y lanzarte por la ventana. Pero… Ennoshita está sobre todo. Es un buen chico. Y tú también, así que levanta ese trasero y cancela esta novelita barata que están montando. Ya esperamos demasiado, a que arreglen sus problemas. Hora de acción.
A veces un golpe, un discurso como aquel y un café triplemente amargo funcionaban.
Eso al menos, deseaba creer Ryuu.
•••
Luego de arrastrarse hasta el lavabo, masticar alguna tostada de color carbón y decidir que tenía el derecho de permanecer en pijamas, por el resto de la eternidad si quería, el sonido del timbre casi le produce una embolia.
No estaba seguro el porqué. Ni siquiera sabía si era aún ese lado cursi y estúpido, pero la imagen fugaz de Ryuu en su mente, provocó que sus manos fueran más rápidas que la luz, al tomar el pomo de la puerta.
-¿Chikara?
Tan pronto esos ojos negros aparecieron en frente, la sensación de un nuevo golpe a la boca del estomago, le obligó a apretar los labios. ¿Qué esperabas?
- Lo siento… pero debes conformarte conmigo, además viene a ver que no mueras de inanición. Nunca se te ha dado bien eso de la cocina.
Minutos luego, sin necesidad de indagar más que lo que saltaba a la vista, Narita le tendió un boleto de autobús.
Kioto.
- La casa de playa de mis abuelos. Mamá quiere hacer una reforma, antes de que el abuelo se mude definitivamente. Ya sabes, desde que se jubiló desea morir en su cama, al borde del océano, entre las piernas de mi abuela… no me mires así, es un tipo sencillo. El caso es que, necesito ayuda para pintar algunas habitaciones… y como tienes demasiada energía libre, usada en lloriquear, pensé que seria algo mas productivo para ti. A menos que prefieras regodearte en tu miseria, no te juzgo.
Chikara le miró. Con esos ojos tan serios, propios de querer golpearlo con el florero sobre la mesa del comedor. Suspiro hondo, dejando que un temblor casi invisible se escurriera. Hilvano una sonrisa cansada. ¿Que seria la vida sin amigos como esos?
Mucho más sencilla, claro.
-¿Cuando nos vamos?
•••
-No hay nadie.
- ¡Chikara, Chikara! ¡Por favor abreme! ¡Cariño, lo siento!
- Kami-sama, ni siquiera yo te abriría con eso. ¡Esfuérzate, joder!
-¡Chikara, no me movere de aqui hasta que salgas! ¡Estaré de rodillas, te lo digo Chikara, de rodillas hasta que me abras!
- Con esto de seguro está marcando a la policía.
- Me largo.
Ukai no hablaba en serio. No podía, estaba conteniendo la risa. Una parte de él alentaba esa escena, otra le decía que sea serio, que así no conseguiría más que negativas. Esa otra parte era su esposo, dándole miradas indignadas, codeando sus costillas.
Esto de criar cuervos…
-¡Ennoshita, soy Ukai-san! ¡Escucha, sé que este idiota no se merece que le hables más, pero... ! ¿Dejarias que te ridiculice frente a los vecinos? ¡Venga, que está de rodillas!
-¡Al menos sal a darle una paliza, Chika!
Kinoshita no estaba ayudando. Takeda se tomaba el puente de la nariz.
-Disculpen, pero en ese departamento no hay nadie.
Una joven alta con rasgos bonitos, asomaba la cabeza desde la puerta del 4C. Tanaka sintió un tirón en el pecho. Era su vecina, la señorita Lev.
- Ennoshita salió temprano, con un chico flacucho. Llevaban un par de bolsos.- Dio un salto, extrañando a los presentes y se inclinó hacia abajo, alzando a un gatito gris.- Incluso me pidió que cuidara de esta linda dulzura.
- Niebla…
Ryuu se levantó de golpe, murmurando el nombre del gato de la hermana de Chikara. ¡Ese gato de pacotilla! Joder, su novio amaba más a ese felino que a él. Desde que su cuñada vivía en un nuevo edificio con un estricto control sobre las mascotas, Chika había pasado a ser su dueño. Eso significaba…¡Tenía que ser una broma!
-Muchas gracias Alisa-san.
Giro a Kinoshita, clavando sus ojos en él.
-Oh…
Porque después de todo, solo había dos personas en el círculo social de su novio, que podían haber sabido por lo que estaba pasando.
-Kazu.
Después de intentar llamar sin resultados a Narita, Tanaka apretó los puño de impotencia. ¡Justo ahora! La cafetería estaba repleta, a media mañana con el olor a desayuno aun cubriéndolo todo. En esa mesa, al rincón del local, su plan de ubicar a su novio, parecía estar estancado. Takeda-san había reprendido a su esposo, por terminar usando la violencia. Ahora estaba esperando una compensación por parte de Keishin, para alejar ese disgusto que le causaban esos seudo-hijos problemáticos.
- ¡Oh, allí están!
El peculiar grupo de personas en la mesa, conformado por Tanaka, Kinoshita y Takeda, notó como un agitado Tsukishima Akiteru llegaba a su par.
-¿Qué haces…?
- ¿Creías que iba a dejarte por ahí, sin poner un ojo sobre ti? Hermanito, eres un desastre. Mejor asegurarse.
Saeko Tsukishima aparecía justo por detrás del rubio, con su vientre de ocho meses, ahogando un suspiro de disgusto. Su esposo le sonrió, permitiéndose que tomara asiento al lado de su hermano.
- Llamé a la la hermana de Ennoshita… y además de desearte una muerte dolorosa, comentó que Chika-chan estaría intentando distraerse. Al parecer Kioto es un lindo lugar para reparar el corazón.
Un silencio sobrevoló la cafetería, mientras Ukai dejaba la orden de café para su esposo y una rebanada de tarta para él. Las miradas pendientes de las facciones de Tanaka.
- ¿Que tan rápido es tu auto, onee-san?
•••
La casa del abuelo de Narita era preciosa. Sencilla, como los gustos del hombre. No requeriría tantos arreglos como le hizo pensar su amigo, pero quizás una mano de pintura en las habitaciones con vista al mar serían revitalizantes.
Para él lo eran.
- Pistacho, gran color.
Ennoshita rodó los ojos. Tal vez no era un color tan casual, pero la abuela de Narita era la que viviría allí. No necesitaban la asesoría de su nieto, quien no se establecería con ellos, para elegir los colores nuevos.
-Gracias.- Y el rodillo esparcía una buena cantidad de pistacho por la pared.- Yo... No creo que pueda superarlo esta vez sin ayuda.
Narita negó, sin decir ni una palabra.
Estuvieron dándole una segunda mano a la habitación de huéspedes, cuando la luz se filtraba por el vidrio. Chikara apenas si había notado el paso del tiempo, como si en verdad aquel lugar fuera lo suficientemente absorbente para olvidar que el mundo continuaba girando. Quizás aquí podía curar sus heridas de una vez.
-Iré por algo de comer, tú sigue con eso. Nos queda la habitación "Azul" antes de la cena, y ruega que no se me ocurran más chistes sobre lo que mi abuelo quisiera hacer allí.
Por primera vez, Ennoshita no se contuvo en dejar salir una carcajada auténtica, desde que dejaron la prefectura. Si el mundo tuviera mas hombres como Kento Narita , hombres que amaran a sus esposas en cuerpo y alma aún después de los setenta… él no estaría allí.
Con ese pensamiento, Chikara repaso con suavidad la pared donde el aire del mar le daba en las mejillas. Tan concentrado estaba, con ese frío susurrante de las olas, que apenas escuchó los pasos de su amigo al volver a la habitación.
-Sabes Kento-san debe tener una condición fenomenal, digo… ¿Haz visto a tu abuela? Kazu, esa mujer parece diez años más joven que...
-¿Sabes que puedes ser más testarudo que un demonio, en ciertas ocasiones?
Tanaka Ryuunosuke estaba en medio de la habitación vacía, con un extraño sudor cubriendo su frente y los ojos brillantes. Malditamente arrebatador.
La brocha que pensaba tirarle a la cabeza, cayó graciosamente sobre el piso, dejando manchas de pistacho poco elegantes esparcidas.
-Vas a escucharme, esta vez en serio Chikara.
•••
-¿Qué haremos si no quiere oírlo? Ennoshita es un cabezota, más con esto. Y no le culpo.
- Solo hay que esperar, no gaste esa cantidad de dinero para nada.- Saeko suspiro, acariciando su vientre.- De aquí salen juntos, felices y con ganas de darse duro toda la vida, o no salen.
Akiteru se sonrojo a medias, besando en la mejilla a su pasional esposa. Por el bien de su integridad y la del resto, más le valía a su cuñado arreglar la situación. Una embarazada furiosa era capaz de espantar al diablo. Además el combustible si que había salido caro.
- No puedo creer que esto nos llevará hasta aquí… ¿No dije que acabara con la novela barata?
- Nos encanta el drama, Keishin. Además... - Y enredaba sus dedos en la nuca de su rubio, sonriendo.- Una vez que todo esté como debe estar, podríamos quedarnos el resto de la semana.
-¿Crees que el equipo me eche de menos?
Y todo el plan romántico se fue al caño. Ukai quiso golpearse, al ver toda oportunidad perdida.
-Tienes razón. Será para otro dia.
Kinoshita se mantenía junto a Narita expectantes en el pasillo que llevaba a la habitación de huéspedes.
•••
-¿Crees... realmente crees, que...?
- Te juro por mi alma, que es lo que de verdad pasó.- Sus ojos fijos en esa expresión seria, la frente aún brillante por el sudor y el cuello tenso.- Kiyoko-san es solo un recuerdo. Fue la primera chica de la que estuve enamorado, la única. ¿Puedes creerme cuando digo, que ahora, ahora mismo hay solo una persona a la que quiero y a la que quisiera besar?
El imponente escudo de Ennoshita flaqueaba. Casi podía verse con claridad,la fisura en sus labios. Pero era por naturaleza firme, aún a costa de llevarse un golpe directo contra el concreto. Se inclinó con fingida tranquilidad, tomando la brocha de nuevo y hundiéndola en el pistacho fresco. Dio la espalda a un ansioso Tanaka, conteniendo en su garganta las ganas de gritar. Porque aún a estos extremos, después de recordar la escena en el departamento y la ropa volando fuera del mismo, prefería asumirse más maduro. Era más adulto.Más que ese imbécil que no podía superar un flechazo de preparatoria.
- Deja de esquivarme, Chikara. Lo único que estas haciendo es complicar más las cosas. Piensas demasiado.
Y no era como si un ser adulto, maduro, dejaría asi como asi, que un idiota infiel, crio de pacotilla con cara de pandillero, le tratara.
-¿Siquiera sabes lo que es pensar? Si tuvieras la mitad de la capacidad, te aseguro que no estarías a punto de salir a patadas de este lugar.
Un rastro de sorpresa cruzó por el rostro de Tanaka, solo un segundo. Se repuso, con una idea brillandole en la manera en que se plantó. Cruzando sus musculosos brazos, con esa actitud desafiante. Como si el hombre frente a él, no fuera más que un chiste inofensivo. Arqueo una ceja y en un tono mordaz rompió la tensión:
- No podrias sacarme de aquí aunque quisieras. ¿Cuántas veces he tenido que ayudarte, abriendo un frasco de mermelada? Menos podrías patear mi hermoso trasero.- Incluso sonrió autosuficiente.- Chika, eres un debilucho para eso. Y para enfrentar la verdad.
¿Jugar al suicida, era una opción saludable a esa altura? Para Tanaka parecía que si.
El silencio que reinó los siguientes cinco segundos, podían equipararse a la calma antes de que se desate el apocalipsis. Porque era eso, solamente eso, lo que podía preceder. Un aura espesa como el infierno, una fuerza aterradora lleno la pobre habitación.
-¡PEDAZO DE IMBECIL!
Y la brocha voló con supernatural potencia directo a la cabeza de Tanaka. En seguida otro golpe, esta vez proveniente de un puño, se estampo en el estómago.
-¡CRETINO! ¿¡COMO TE ATREVES A SUBESTIMARME?! ¡VOY A PATEAR TU MALDITO TRASERO HASTA MARTE!
Los gritos de furia, los golpes, hacían que Tanaka tratara lo mejor que podía de defenderse. No quería daños permanentes, Kami-sama. En algún momento, logró zafarse por completo, para solo ser tirado al suelo, mientras un oso asesino se trepaba encima de su cuerpo. Ante Ryuu, aun lado casi como única arma posible, la brocha con pintura fresca.
La primera línea de pistacho atravesó al moreno de hito a hito. Desde su suéter de la universidad, hasta la mandíbula, silenciandolo de la impresión.
-Tú...- Y un segundo pincelazo, alcanzó la punta de su nariz, antes de largar un insulto.
-Ese color te va bien, cariño.
Lo que siguió es bastante entreverado, como para que alguien lo describa. Las gotas de pintura, salpicaron el suelo, pantalones, rostros, cabello y piel. Se escurrió incluso por debajo de la ropa, ensuciando lo que llevaba puesto allí. Todavía más, manchando la piel del vientre de Chikara y el pecho de Tanaka. Forcejearon con rudeza, andando a gatas sobre el enchastre, buscando los botes de pintura fresca, para hundir las manos y ensuciar con maldad el cabello del otro.
En todo ese tiempo, la mirada furiosa del oso, se disolvió lentamente, aplicando más pistacho dentro de los pantalones de su estúpido no-novio. La tensión en los hombros de Ryuu, dejó paso a las risas cortas, gruñendo. Quizás el volumen de sus reclamos, de los pedidos de piedad, bajó al nivel de gemidos, quejas... reacciones espontaneas al sentir el frío de la pintura.
Para cuando se hubieran dado cuenta, Ennoshita no solo buscaba llenar de ese color tan casual al otro, sino que su toque se volvía insinuante. Demasiado amable, como para justificar que todavía le acusaba de ser un imbécil. ¿Por qué diablos tenía que estar tan bueno? Ahogó cualquier duda, tomando los labios de Tanaka. Profundo, invadiendo, queriendo abarcarlo todo y haciendo una declaración de posesión sobre él.
No espero demasiado, para obtener un gemido estrangulado y las manos de Ryuu sobre su trasero, apretándolo contra sí, marcando un ritmo más lento.
¡Era completamente injusto, perder así!
- Imbécil...- Y sus ojos se fijaban en ese gris sonriente, suave y dedicado para él.- Última oportunidad, te juro Tanaka, la última. En cuanto te encuentre de nuevo, siquiera mirando una imagen de Kiyoko, de cualquier tonta que te cruces en la academia, te juro...
- No. No tienes que jurarme nada... yo te juro, te lo prometo, Chikara... jamás meteré mano a otro ser humano, que no seas tú.
Ya estaba con los chistes. Solo que esta vez, Ennoshita podía verlo con claridad, incluso si cerraba los ojos. Lo decía con cada fibra de su alma. Solo logró que se sintiera sofocado, hacía demasiado calor y eso que la brisa de Octubre, junto al mar, parecía congelar el cielo.
- T-tengo algo que decirte...
Pero antes de alzar la vista, unas exclamaciones volvieron su atención a la puerta.
-¡Nada, nada! ¡Lamentamos interrumpir!
-¡Te dije que esto acabaría así... pura novela barata y subida de tono!
- ¿Sabéis que es la casa de mi abuelo cierto? Ennoshita, él quería estrenarla primero... ¿Si entiendes?
Más rojo que una amapola, Chikara se puso sobre sus dos pies, a costa de marearse por tanta atención. Pensaba regañar a su ahora-novio-reintegrado, cuando notó como de nuevo, un gemido se ahogaba entre ese grupito de mirones. Caras llenas de asombro. Incluso Saeko, había llevado una mano a su esposo, sacudiéndolo en menos de un segundo con rudeza. ¿Qué diablos...?
-Etto...- Un carraspeo, hizo girar su ceño fruncido.- No esperaba tanto público.
Sin evitarlo, en su garganta se ahogó un gemido. Dios. DiosDiosDios. Oh. ¿Esto... era real?
- Chikara... yo...
Las mejillas de ese pandillero teñidas de carmín, no eran nada. Nada a comparación de la sensación que tenía el rostro de Ennoshita. No podía estar pasando eso. Era estúpido. Muy estúpido. Por conclusión... era real. Dios, era Tanaka de rodillas, con un estúpido estuche abierto. Con un par de irreales anillos, en el interior.
¿Donde estaban las cámaras? ¿Por qué el universo no había explotado todavía? ¡¿Por qué aún continuaba sin lanzarsele encima?!
Y gracias a esa última cuestión en su cerebro, Ennoshita Chikara se abandonó a esa irreal, estúpida y cálida realidad.
-¿Te casarías conmigo, cariño?
-Si.
Y apenas Tanaka pudo formar una sonrisa que de seguro generaría luz para medio hemisferio, cuando los labios apasionados de su prometido, le cortaron el sentido de todo.
•••
- Es un alivio. Así nos ahorramos dar malas nuevas a todos.
- ¿De qué hablas?
-Y-yo… nada, que va. De que siguen juntos, felices y a un nivel nuevo.
- Hisashi, no sabes mentir.
- No… es decir… ¡Eran las dos de la madrugada… entendible! ¡Tanaka pensó que era el mejor regalo… y la tarjeta de mi novia estaba a mano…!
- Ryuu, ¿De qué habla?
- Nada. Delirios.- Pero la mirada de su ahora prometido, parecía atravesarlo. Oh Kami, aquí iba.- Verás… es muy… ¿Romántico? ¡Si, eso! Estaba tan desesperado, por aclarar todo y que me perdonaras… E-entiende que fue una idea… algo alocada.
-¿Alocada? Okay.- Y se tomó el puente de la nariz, haciendo centellear por un segundo su anillo.- Cariño. ¿Qué hiciste?
-Quizás…
El que se alejara unos cinco pasos, puso en alerta a todos. Saeko casi podía verlo venir. Conocía de sobra a su hermano cabeza hueca, y por Kami, incluso Kinoshita parecía buscar una salida de emergencia. Se aferró al brazo de Akiteru. Por las dudas.
- Puede, que hayamos mandado… unas… invitaciones a los chicos.
Ukai abrió y cerró la boca, alucinando. ¿Era lo que creía? Definitivamente algo había hecho mal en la crianza.
- ¿Qué tipo de invitación, cariño?
El aura hundiéndose en la figura de Ennoshita, poniéndose en pie, de su lugar en la mesa. La cena siendo detenida, todos los ojos mirando de ida y vuelta a la pareja.
-Invitaciones… para nuestra… ¿Nuestra boda?
Oh, sí. Cuando corres riesgos, deben ser de los desquiciados.
Un pesado silencio cayó en la sala. Podría decirse que incluso Sensei, tuvo el impulso de correr hacia la puerta. Saeko no podía más que pegar su mano libre, a su lindo rostro. Ya decía, que la estupidez era grave.
- Quedaron bonitas, la novia de Kinoshita las diseño.
Y el aludido, alzó las manos al cielo. Quizás pidiendo clemencia, o algún rayo que convirtiera en sal a Tanaka. Maldito bocazas delator.
El moreno avanzó un paso a su novio, con una sonrisa espeluznante.
-Repite. Esa. Mierda.
Oh, Tanaka estaba muerto.
- ¡Pero… al final no ha salido tan mal! Son de un color lavanda muy a la moda, eso dijo Kaori-chan... Además… ¡Tenemos todavía un par de semanas antes de la boda!
-¡¿Semanas?!
Tanaka estaba tan muerto.
~•••~
Noviembre, siete.
(O la fecha que tenían las tarjetas.)
(Nadie realmente, supo como se organizaron tan rápido.)
(Tampoco se supo, que tipo de penitencia tuvo Ryuu. Solo señales poco claras, de ojeras y marcas sospechosas.)
~•••~
El ambiente era interrumpido por algunas risitas, uno que otro suspiro y alguna nariz emocionada que se sonaba. Para Ennoshita aquello era como un sueño bastante irreal, una especie de fantasía adolescente. Y amaba cada parte de eso.
Amaba a ese idiota, con cara de matón de segunda. Amaba que hubiera decidido dejarse esa estúpida cresta, para nada conservadora. Porque él era ya medio simplón, Tanaka le daba un tinte rebelde a sus días. Amaba como iba vestido. Oh, Kami-sama. ¿Por qué diablos lucia tan bien en un chaleco negro y camisa blanca? ¿Acaso no era suficiente con sus pantalones apretados? Amaba ver como le dirigía una sonrisa de casanova, como si fuera el tipo más cool del mundo y él fuera el elegido para recibir sus coqueteos. Lo amaba porque podía notar como sus ojos brillaban, con una intensidad especial. Le transmitían esa ansiedad creciente, sus emociones profundas. Lo histérico que podia llegar a ser, solo porque estaba mirandolo y quizás... Tanaka solo pensaba en besarlo de una vez.
- Aquí, ante sus familias, sus amigos, las personas que los quieren... Tanaka y Ennoshita han decidio unir sus vidas para siempre.- El juez de paz, un hombre bajito y sonriente, lanzaba cada palabra como si fueran la pieza primordial del momento.- Cada uno, ha elegido compartir su felicidad, sus tristezas, fracasos y éxitos con el otro.
Ah. Quizás el moreno, comenzaba a creer que sus piernas le fallarían. En medio de la ansiedad que crecía en su mente, el roce en su mano hizo que todo tuviera calma.
No estaba solo. No era el único que traía fuegos artificiales en su interior. Y en definitiva, no era malo vivir aquello.
- Ahora, procederemos a la firma de actas.
Primero fue su novio, con un rictus extraño para inclinarse y firmar los papeles. Escucho como Daichi murmuraba un "Tanaka, escribe de forma legible, que es tu boda." Luego se giró extendiendo el bolígrafo. Fue una suerte que no se le cayera de los dedos, o acabarían por comenzar a balbucear disculpas. Y tenían suficiente con ese rubor amenazando sus rostros.
Apenas vio el espacio en blanco, su corazón se saltó un latido. Jamás le había parecido tan fácil su nombre , el aire escapó de sus labios.
Estaba hecho.
- Por el poder que me confiere la prefectura de Miyagi, la reciente ley de unión civil de Japón... los declaro oficialmente, en matrimonio.
Hubo un segundo, uno preciso en que no existía nada. Un silencio dulce, entre su mirada y la otra. ¿Así que al fin... te quedarás conmigo, eh idiota?
- Puede besar al novio, ejem.- El hombre bajito le dirigió una mirada pícara, antes de sonreír.
Tanaka se adelantó un paso, casi rozando su nariz. Ennoshita pareció enrojecer de golpe.
Fue un beso cursi. Uno de esos que parecen sacados de película. Quizás por eso, decidió ponerle algo de acción al momento y jalar de esa corbata, a su flamante esposo. O quizás, Tanaka mandando lejos la realidad a la parte posterior de su mente, se dejó llevar colocando las manos inquietas en la cintura de Chikara, apretandose más aún.
El beso cursi, acabó por ser de categoría adulta.
Y todo Karasuno silbó, entre risas y acaloradas exclamaciones (Porque Ukai les advertía que Yachi estaba a punto del desmayo) hasta que la feliz pareja se separó buscando un poco de aire. Aunque no podrían mantenerse muy lejos uno del otro.
-¡Que vivan los novios!- Y ese era con toda seguridad Noya, subido a su asiento, con una sonrisa emocionada.
Ryou apretó su mano.
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Luego de que les aventaron una cantidad inusual de arroz encima, Ennoshita pudo volver a sentir el suelo bajo sus pies. Estar en medio de ese sentimental grupo de amigos, hacía mal a su imagen de hombre serio. O no tanto. En verdad que no recordaba cuándo se había vuelto un sujeto propenso a sonrojarse. Y desde cuando, su ahora esposo, se había tomado la libertad de cargarlo en brazos sin su permiso.
- La recepción será en el salón de la izquierda, por favor síganme.- La empleada del hotel, sonriente y con una flor naranja en la blusa, les señalo la dirección.
- ¡No ha sido tan difícil después de todo! - Rodó los ojos, pues Tanaka comenzaba a parlotear demás. - Chika... tú... no pude decírtelo antes pero... t-te ves hermoso.
Ahh, Dios celestial. Tuvo que voltear el rostro. ¿Que rayos pensaba al decirle que si?
- Jo, tranquilo tigre, deja algo para la noche de bodas.
- ¡Noya, n-no digas eso!- Porque Asahi sabia que ese brillo peligroso, anunciaba una larga velada agitada, experimentando para el futuro. Quizás.
- ¡Senpai es super cool!
- ¿Para cuándo la boda Rey? ¿O vuestro señor no está listo para un compromiso?
- ¡C-cierra esa boca, Tsukishima! ¡TÚ ERES EL COBARDE!
- ¿HA? Si mal no recuerdo, ¿Quién es el idiota que apenas recién se muda con su novio, luego de tanta CURSILERIA BARATA?
-¡MEGANE DE MIERD..!
-¡QUE DEJEN DE GRITAR!
Daichi parecía a punto de explotar, pero un ligero toque de cierto peliplateado bajo las ansias furiosas.
-L-lo sentimos.
- Tsukki, deberías controlarte.
-C-callate Tadashi.- Y jalaba del más bajo, entrelazando sus manos que lucían un par idéntico de anillos de plata.
No habían hecho demasiado para disimular, pues al preguntar sobre qué tipo de anillo era, y la respuesta entrecortada de Yamaguchi... fue más que suficiente para Hinata, que comenzó a chillar y saltar tan alto, que por poco tira los arreglos florales de la recepción. Automáticamente, todo Karasuno felicito a la pareja, a pesar de que Tsukishima tenía un gesto gruñón y solo soltaba frases como "¿Por que rayos les contaste, Tadashi?" y "Nadie está invitado, será una boda íntima. Sin idiotas" Sugawara incluso había tenido que dar unas palmaditas a su esposo, que como nunca ese día estaba emocionado y orgulloso de su parvada. ¿Puedes creerlo, Suga? Maldición debemos apresurarnos, o nos harán abuelos en un parpadeo. Quizás también recibió un codazo en el estómago.
Mientras los invitados entraban al salón principal, los novios estaban teniendo por fin una buena sesión de arrumacos al margen de la entrada, donde Saeko les fotografiaba sin descanso, pensando que nadie se creería que al final su cabezota hermanito menor estuviera casado. Ennoshita trataba de mantener las manos traviesas de Tanaka se mantuvieran lo más lejos posible o al menos que no se notara que su pecho se regocijará de sentir los besos en su cuello. Resultaba un esfuerzo agotador.
- Chikara...- Y la voz de Tanaka sonaba, casi ronca, como un murmullo tentador.- ¿Quieres fugarte un rato?
Vale. Esa fiesta era producto de Ryuu. Tenían a su familia, a sus amigos y pronto llegarían (con mucha probabilidad) autoinvitados, que les hostigarían con fotos y chistes malos sobre el matrimonio. Además del hecho de que todo ese salón, las mesas y la comida, ya estaban pagadas.
Si. Sería un completo idiota si dejaba toda la fiesta, por la que había sufrido y simplemente se largaba. Sin probar que tan bien sabían los aperitivos.
- Volveremos antes que lo noten... o un poco después.
Miró alternativamente de la sonrisa socarrona a la gente que deambulaba por el salón.
- Pues... quizás podríamos pasar un rato, un rato inexacto inspeccionando la habitación que reservamos.
Todo lo que recibió, fue un beso abrazador y una mano que lo jalaba hacia fuera de la recepción.
Porque, si. Sería una blasfemia, rechazar aquella idea tan... excitante.
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Aún faltaba el pastel, un poco de vals y palabras que desataran la risa y el llanto. Pero al parecer, todos daban por sentado que lo mejor, era comenzar por la comida. Al fin y al cabo, era el porque habían ido todos. Vale, la mayoría. Y por ver a Tanaka bailar. O por el cotillón y las miles de fotos vergonzosas, que se usarían en chantajes futuros.
-¿Has visto a Tanaka?
-No. Y pensándolo bien, Chikara tampoco está a la vista.
Ambos, mejores amigos de uno de los novios, suspiraron. Hisashi Kinoshita dio un sorbo a su medida, diciendo con una sonrisa:
-Joder.
- La juventud...
- La calentura querrás decir.
- ¡Amor! Eso te falta.
- Tengo suficiente.- Y dirigió una sonrisa a su novia, Kaori Suzumeda que reía junto a Kiyoko-san.
- Pues lo que cuenta es la calidad. No te veo muy del tipo "pasional".
- Púdrete, Kazu, solo púdrete.- Y la risa de Kazuhito Narita resonó sobre la siguiente canción, que inauguraba la fiesta.
En la mesa número tres, solo quedaban un par de muchachos, bastante atractivos mirando curiosos la pista de baile. El resto de los invitados deambulaba por tragos o chismes. También fotos.
-Tobio ¿Quieres que bailemos?
Los ojos azules esquivaron la pregunta. Tragaron en seco.
- Oi, ¿Me estás escuchando?
- Ya te oí idiota. No, no quiero.
- ¡Deja de ser un amargado!
- Hasta donde yo se, te gusto asi de amargado imbécil.
- ¡P-pues vas a dejar de gustarme, si no bailas conmigo estúpido!
- N-no me amenaces...
- ¡Yama, ven a bailar conmigo!
Los recién llegados miraban con atención todo aquel escándalo. Muchas luces, ornamentación. Gente con traje. ¿Quién decía que no había valido la pena, un viaje desde Tokio? La comida gratis siempre era un buena recompensa. El sabor de colarse en un casamiento.
- Ho ho... ¿Pasa algo cariño?
- No.
El gato negro alzo la mirada, una mata de cabello anaranjado parecía sufrir convulsiones junto a un rígido moreno. Oh, eso era lo que llamaban ser natural. O no poseer sentido de la vergüenza ajena.
-¿Es por Shouyo?
- ¿Para qué diablos preguntas entonces?
- Para oír esa boca atrevida tuya, bebé.
El cabello rubio, natural, girando hacia los tragos de colores. Sus mejillas ardiendo.
- Amo cuando pones esa cara.
- Cállate Kuro.
En la barra, de pie, un joven sonreía a su pareja, pasando una mano por su cuello para dejar un beso casto y reanudar una vieja discusión. Con años de practica, sabia como convencerlo.
-Oh vamos, Tsukki... ¿No sería bonito tenerlos allí también?
- No.
- Yo sé que en el fondo, te agradan.
- Cállate Tadashi.
- ¿Los invitaras?
Alzó el mentón lejos de los labios traicioneros de su prometido. Aún así, de puntas de pie, dejo un rastro de besos cortos por su mejilla, su cuello. Sonreía en su oreja, con malicia.
- ¿Por mí?
Tenía la partida perdida desde el comienzo.
- ¡Maldición, de acuerdo! Si es un desastre, no quiero lágrimas.
- Eres el mejor.
- Manipulador.- Y solo por recuperar algo de orgullo, decidió besarle de una manera profunda, tanto que incluso Noya silbó pasando por allí.
Sentados en la mesa designada, el mayor en el regazo del moreno, disfrutaban de algunos aperitivos. De vez en cuando sonreían ante las parejitas más jóvenes. Aún no estaban dispuestos a preguntarse, porque los novios no aparecían por ninguna parte.
- Eres un sentimental de primera.
- Eso es un golpe bajo.
- Lo sé.
- Ah~... ¡Pero no me digas que te hace sentir como un anciano!- Sonrió, señalando el centro del salón.- Kageyama y Hinata, bailan como dos adolescentes.
- Tú también tienes esos arranques de cursilería.- Nadie le iba hacer perder esta pelea.
- Es que tanto tiempo contigo, Suga, trae sus efectos.
- Acabas de quedarte sin cariño por el resto de la noche.
-¡N-no es justo! ¡Estabas picandome!
Ocultó su rostro en el pecho de su esposo, mitad sonrojado, mitad ofendido. Pero sobretodo, feliz.
- No me importa... no me gusta que te burles de mi.
- Koushi... sabes que jamás me reiría de verdad de ti.
- ¿Y qué hay de esa vez en la primera clase de Literatura Inglesa, del semestre?
Daichi se mordió los labios, recordando. Jamás omitiría advertirle a su esposo, de como salia. Menos cuando iba retrasado.
- Admite que el pijama te lucía de maravilla.
-Te odio.
- Y yo te amo... mucho...
Asahi charlaba con Yachi, ambos sentados en la mesa número dos, cuando Noya como un huracán agito los brazos, llamando la atención.
-¡Hay que buscar a los novios, que deben bailar el vals!
Mientras algunos se ponían en marcha, apurando los protocolos de la fiesta, un grito cruzó sobre cualquier canción pegajosa que estuviera sonando. Incluso un nada disimulado, Oikawa Tooru, recién llegado sin invitación, se acercó a ver.
-¡AHHH!
-¡¿Qué...?!
-¡OH, JODER!
Akiteru parecia a punto de desplomarse de los nervios, Sensei apenas entendía la situación y Ukai solo maldecia, buscando las llaves. Karasuno se agolpo... entrando en pánico.
- Oi, ¿Qué sucede?- Un algo despeinado Ennoshita aparecia sonriendo, tomado de la mano de su esposo.
El circulo de gente alrededor comenzó a correr. Hinata hacia cualquier tipo de sonidos, Tsukishima trataba de revivir a su hermano, desmayado en el suelo. Yamaguchi marcaba a toda prisa su móvil.
-¡AKITERU, TE JURO POR MI ABUELA, QUE SI NO LEVANTAS ESE CULO DE ALLÍ, TE PARTO LA CARA! ¡JODER, QUE YA VIENE!
-Oh Kami-sama.
Y Tanaka se puso pálido.
-¡EL BEBÉ ESTA POR NACER!
Quizás, aquella boda, sea más que una anécdota divertida.
-¡Respira conmigo, Onee-san...!
-¡NO ME DIGAS LO QUE TENGO QUE HACER!
-¡Akiteru por Dios, ponte de pie!
-Cinco minutos más...
-¡Abran paso, Asahi cárgala!
-¡¿Q-qué?!
-¡Sé un hombre Azumane!
-¡N-no me golpees Daichi, por Dios!
-¡Tobio, Tobio!
-¡Estoy a tu lado idiota, no me pongas de los nervios!
-Y tú que no querias venir, Iwa-chan.
-Cierra la boca ¡¿Qué nadie tiene un puto auto?!
-Me excitas Iwa-chan.
-¡Oh por dios, Keishin busca algo de hielo!
-¡¿Y eso para qué cojones serviría?!
-¡Akiteru, oye, joder, Akiteru! ¡Mamá por favor, ven a darle un cachetada a tu hijo inútil!
-¡Ya viene emergencias, en cinco!
-¡NO VOY A AGUANTAR, NO PUEDO!
-Respira, respira, respira ¡No olvides respirar!
-Ryuu, sera mejor que tú no olvides respirar.
-Amo las bodas que incluyen partos en vivo, ¿Tú, no?
-Kuroo, eres un idiota.
-¡Sonrían, que esto sera parte del vídeo!
-¡Mamá por Kami-sama, deja eso!
-¡¿QUIEREN LLEVARME AL HOSPITAL?!
Quizás, todo ese caos, que incluía las corridas, los desmayos, algunos golpes y personas robándose centros de mesa, sea parte de una historia. Un más grande que los unía. Como una familia. O como un grupo de gente alterada, sin saber como actuar ante una embarazada amenazante, en trabajo de parto.
Era parte de la vida, de todos los preciosos recuerdos que poseían.
De un futuro.
-¡OH POR DIOS!
-¡Por fin!
-¡Cariño, ya-!
-¿Hermano...?
-¡AKITERU!
-¡Subanla a mi camioneta, y al debilucho de Tsukishima también!
-¡NO SOY UNA BOLSA DE PAPAS, MALDITA SEA!
-¡Haz algo por la humanidad y conduce Asahi!
-¡N-noya... espera...!
-¿Ya no va haber pastel? ¿Akaashi?
-Bokuto-san sera mejor que no se queje, no fuimos invitados después de todo.
-¡Kageyama, qué tienes! ¡Tobio!
-Genial, el Rey de pacotilla también cayó ¿Pueden traer una carretilla? Seria de utilidad.
-Vale, esta no era la boda que esperaba... es... algo más ¿Emocionante?
-Daichi, compórtate.
Aún aguardaban más aventuras. Nuevos recuerdos, preciosos momentos.
De un futuro en marcha.
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-¡¿Alguien sabe como se llega al hospital más cercano?!
-¡SOLO CONDUCE, POR CRISTO!
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Un futuro glorioso.
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Fin.
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