A Wonderful Caricature of Intimacy

Disclaimer: todos los personajes, lugares y temas relacionados a Harry Potter le pertenecen a J. K. Rowling, Bloomsbury y Scholastic.


Capítulo 2: Go press the Dissonance - (Ve a presionar la disonancia)

El sonido de campanillas sobre la puerta de entrada se escuchó mientras Hermione entraba en el "Centro de Educación de Pequeños Magos y Brujas"

Una suave sonrisa se expandió por su rostro mientras caminaba hacia la sala en la parte de atrás del pequeño edificio con forma de cabaña. Finalmente había podido abrir su propia escuela luego de ahorrar dinero por años después de graduarse de Hogwarts. Siendo Voldemort vencido al final de su séptimo año, Hermione no tenía la necesidad de detener su educación. Realmente, el Señor Tenebroso era muy inoportuno.

Abrió la sala que funcionaba como la oficina y entró, para encontrarse con que Donny ya estaba esperándola, sosteniendo una taza de café.

Donatella Miller había sido la asistente de Hermione desde que la escuela había abierto sus puertas, tres años atrás. Donatella, conocida por sus estudiantes y todo el mundo como Donny, era una persona exuberante y muy dulce que se había vuelto muy cercana con el paso del tiempo en el que trabajaron juntas.

-Buenos días, Hermione – dijo alegremente – te compré una taza de café en el camino.

Hermione dejó caer su bolso y se sentó detrás de su escritorio –Gracias Donny. No sé qué haría sin ti.

Donny sonrió y tomó un sorbo de su propio café –Llegaste más tarde de lo usual.

Hermione se encogió de hombros y sopló algo de vapor de la taza de plástico en su mano. –Harry y Ron pensaron que despertarme a las cinco de la mañana era una buena idea. Irrumpieron en mi departamento a esa maldita hora y comenzaron a escupir pensamientos idiotas sobre el comienzo del entrenamiento de Quidditch y cómo ésta sería la temporada en la que el equipo de Ron finalmente consiguiera llegar al campeonato.

-En realidad, los Cannons sí tienen una mínima chance esta temporada – reflexionó Donny –Pero aún apostaría todo mi dinero por el Puddlemere United.

Hermione sonrió a conciencia -¿Este apoyo inquebrantable por el Puddlemere no tendrá algo que ver con tu enamoramiento masivo de un cierto Guardián escocés?

Las mejillas de Donny se tiñeron de un suave color rosa y sonrió reticente – ¡Aún no puedo creer que fuiste a la escuela con él! ¡Jesús todopoderoso! Habría dado todo lo que tengo por dormir en la misma torre que El Oliver Wood.

Hermione sonrió y sacudió su cabeza. Donny era un pequeño manojo de características particulares. Era tranquila, pero terca; pequeña, pero fuerte; y sumamente optimista sobre todo. También podía hacer reir a Hermione hasta que sus ojos se llenaran de lágrimas.

-Bueno, ayer estaba trabajando con Jameson y Carly con las tablas de multiplicar y ambos lo hicieron muy bien – le dijo Donny a Hermione mientras se centraban en cuestiones más serias de trabajo.

Hermione se encargaba de trabajar con los niños más pequeños, de tres a seis años. Donny estaba a cargo de los niños más grandes. Dado el hecho de que muchas familias mágicas no querían llevar a sus hijos a la escuela, y preferían educarlos en casa, el "Centro de Educación de pequeños Magos y Brujas" no era muy popular y apenas lograba mantenerse.

Luchó contra un suspiro interno mientras escuchaba a Donny explicarle que dos de sus estudiantes no estaban llevándose bien.

Hermione solo estaba a cargo de cuatro estudiantes, y Donny solo de cinco. Con tan poca asistencia, ambas trabajaban duro para asegurarse de que la escuela se mantuviera abierta y, así y todo, muchas veces tenían que sacar dinero de sus propios bolsillos para poder pagar las cuentas y la renta.

-Ayer llegó el pedido de nuevos ladrillitos de juguetes – dijo Donny, mirando algunos papeles que tenía en su regazo –Son realmente coloridos, para los bebés.

-Desearía que dejaras de llamar bebés a mis estudiantes – rió Hermione –Paso al menos diez minutos todos los días convenciéndolos de que son niños y niñas grandes. De otra forma, terminan actuando como bebés y tengo que lidiar con sus caprichos.

Donny sonrió y se encogió de hombros –Algunas veces mataría por trabajar con los bebés y no con los granujas con naricitas llenas de mocos con los que tengo que lidiar siempre. Pueden volverse tan descarados algunas veces, que desearía que el castigo físico estuviera permitido.

-Tú eres la que se especializó en pre adolescentes, Donny – sonrió Hermione – yo estoy muy feliz con el grupo de pequeños infantes. Son todos unos ángeles.

Donny rodó los ojos – Fanfarrona – murmuró.

Hermione sonrió y escuchó sonar las campanillas de la puerta que anunciaban la llegada de los estudiantes.

Miró hacia el reloj en la pared y frunció el ceño. Aún era temprano para que llegaran los estudiantes. Usualmente, el que llegaba más temprano era sobre las ocho de la mañana, y aún eran las siete y media.

La cabeza de Donny bloqueó la pequeña vista de la ventanita que daba hacia la entrada de la escuela mientras miraba quién había entrado.

Hermione tomó el plan de las lecciones del día, a sabiendas que Donny podía lidiar con el visitante.

-¡Santa Mierda! – Donny respiró fuerte, con su cabeza morena tratando de mirar más de cerca a través del pequeño vidrio – Alerta caliente.

Hermione rió entre dientes mientras sumergía su pluma en el tintero, para anotar sus planes del día.


-Pero quiero quedarme contigo, papi – dijo Zane con un puchero.

Draco miró hacia su hijo, que caminaba lentamente junto a él, con su pequeña manita sostenida en la mano más grande de Draco. Caminaron por las calladas calles de Hogsmeade que llevaban hacia la pequeña escuela sobre la que había leído en El Profeta.

-Debes ir a la escuela, Zane – le dijo Draco - ¿No quieres aprender cosas nuevas?

-Ya me sé el albafeto…

-Alfabeto – le corrigió Draco.

-Sí, ¡y sé todos los números hasta el cien! – se jactó Zane –Quiero quedarme contigo.

Draco apretó cariñosamente la mano de su hijo y sonrió tristemente –Lo lamento, colega.

-¿Por qué no puedo quedarme con Abela y Abelo? – preguntó.

-Abela y Abelo también piensan que debes ir a la escuela – explicó Draco -¿No quieres hacer amigos?

-Tú eres mi amigo, papi – dijo Zane tercamente.

Zane siempre sabía qué decir para llegarle al corazón a Draco. El niño era un Slytherin de cabo a rabo, manipulador y astuto.

La escuela estaba ubicada en los límites de Hogsmeade, lejos de todo lo demás, en una esquina alejada de la aldea mágica.

La pequeña construcción se veía más como una cabaña residencial que como una escuela, pero el letrero que rezaba "Centro de Educación para Pequeños Magos y Brujas" probaba que se trataba, de hecho, de la escuela.

-¿Por favor, papi? – rogó Zane una vez más, mientras miraba la escuela con ojos amplios –¡No quiero que te vayas a trabajar y me dejes aquí solo!

-No estarás solo, Zane. Vas a tener compañeros, y una maestra – replicó Draco mientras abría la puerta de la escuela.

Zane trató de tirar hacia atrás para evitar entrar, clavando sus talones en el suelo, pero Draco lo levantó suavemente y lo llevó hacia adentro.

-No es justo, eres más fuerte que yo – dijo Zane, con tristeza.

Draco miro alrededor de la pequeña entrada/sala de espera de la escuela, que parecía estar desierta.

-No hay nadie aquí, papi. Vámonos a casa – dijo Zane rápidamente con esperanzas.

Draco rió suavemente y despeinó el cabello de Zane –Aquí viene alguien, así que sé educado, Zane.

Zane escondió su carita en el hombro de su padre en respuesta.

-¡Hola! – una pequeña y vivaracha morena salió de un salón trasero –Bienvenidos al "Centro de Educación para Pequeños Magos y Brujas". Mi nombre es Donny Miller.

Estiró su mano para estrechar la de Draco –Soy Draco Malfoy – se presentó él – Quiero anotar a mi hijo en la escuela.

-¡Genial! – dijo Donny entusiasmada -¿Cómo te llamas, dulzura?

Zane enterró aún más su rostro en el hombro de su padre.

-Es un poco tímido – explicó Draco vagamente –Y está enfadado conmigo por traerlo a la escuela. Zane, ¿por qué no saludas?

Zane gruñó en respuesta, pero no levantó la cabeza.

Donny sonrió –Encantada de conocerte, Zane. No tienes que ser tímido aquí. Todo el mundo es súper amigable, y queremos ser amigos tuyos.

Draco evitó rodar los ojos.

-Bueno, está con suerte, Sr. Malfoy, porque tenemos abierta la inscripción a lo largo de todo el año, y lo único que debe hacer es llenar un poco de papeleo y hablar con la maestra de los niños.

-Suena genial – dijo Draco - ¿Podemos hacerlo ahora o tengo que volver después?

-Podemos hacer todo ahora y Zane comenzaría hoy mismo. Solo déjeme buscar a la Maestra Hermione.

Draco asintió con aire ausente y sus ojos se abrieron amplios mientras Donny se alejaba. ¿Acaba de decir Maestra Hermione?


-Profe Hermione, tiene un pequeño bebé así que no estará en mi clase – dijo Donny entrando en la pequeña oficina.

-¿Qué edad tiene? – preguntó Hermione levantando la mirada de la lección en la que estaba trabajando.

-No lo sé, quizás tres o cuatro años. Pero, demonios Hermione, el padre es súper guapo y ¿adivina qué? No tiene anillo de casado – dijo con una vocecita cantarina.

Hermione rió y negó con la cabeza; una acción que continuamente realizaba cuando estaba cerca de Donny -¿Quiere inscribir a su hijo?

-Sip, y está esperando para hablar contigo, así que ve. Recuerda coquetear, Hermione – dijo Donny seriamente –Necesitamos conseguirte un hombre y ese de ahí afuera es un semental de 1,82 metros de pura hombría viril masculina.

-Seh, voy a coquetear con el padre de un estudiante. Un plan brillante, Don. Simplemente brillante –Se burló Hermione mientras aplaudía.

-Si fuera mi tipo, definitivamente iría tras él. Pero nunca podría estar con un tipo más guapo que yo – dijo Donny con una pequeña sonrisa – Además, ¿cómo voy a engancharme con Oliver Wood si estoy codiciando otros hombres?

Hermione rodó sus ojos.

Donny sonrió ampliamente y le guiñó un ojo –Voy a preparar todo para la clase. Diviértete con ese papi caliente.

Hermione volvió a negar con la cabeza y salió de la oficina con la pila de papeleo para los padres del nuevo estudiante. Pero al instante de entrar en la sala de espera, la pila cayó al suelo y su boca se abrió.

-¿Malfoy?

Draco la miró y sacudió su cabeza levemente –Fantástico – murmuró. Había escuchado a Donny correctamente. La fastidiosa bomba con frizz conocida como Hermione Granger estaría encargada de su hijo cinco días a la semana. Fanta-mierda-stico.

-¿Qué estás haciendo aquí? –preguntó ella poco profesionalmente.

-Soy el maldito limpiachimeneas. ¿Qué demonios crees que estoy haciendo aquí? – replicó él.

Una voz ahogada salió desde el pequeño niño entre sus brazos – Dos malas palabras, papi.

-Lo siento, colega. ¿Cuál es el castigo? – preguntó Draco, ignorando el silencio aturdido de Hermione y mirando a su hijo, que aún tenía su rostro escondido con timidez y malhumor.

-Ummm… dos minutos de tiempo fuera en casa – fue la suave respuesta de Zane.

-Es justo – dijo Draco besando los rizos rebeldes rubio oscuro de su hijo.

-¿Él puede castigarte? – preguntó Hermione, con su cerebro y su boca en una batalla épica de ingenio sobre hablar antes de pensar.

-Sí. Si él dice malas palabras, entonces yo lo castigo. Yo no sería un buen ejemplo a seguir si yo maldijera todo el tiempo sin ningún tipo de reprimenda – explicó Draco, aburriéndose con la conversación. –Entonces, ¿eres tú la maestra?

Hermione enderezó los hombros mientras se agachaba a recoger los papeles del suelo. Sorprendentemente, Draco se agachó también a ayudarla. ¿Acaso el infierno se había congelado?

-Sí, yo soy la maestra de los más pequeños, y la dueña de esta escuela – dijo ella suavemente – No sabía que tenías un hijo.

-Bueno, ahora lo sabes – replicó Draco condescendientemente, levantándose y tendiéndole los papeles.

Hermione lo miró, mientras viejos sentimientos de odio y rencor surcaban sus venas ante la forma arrogante que tenía de presentarse. Incluso luego de tomar el camino cobarde durante la guerra declarándose neutral, aún mantenía su cabeza en alto y lograba que la persona más orgullosa se sintiera inferior. Ignorando la mirada gris intensa que tenía, y el cuerpo fuerte que había adquirido, y la forma en que su brillante pelo caía suavemente sobre sus ojos en lugar de estar pegado hacia atrás en la molesta forma que solía llevarlo cuando era joven… um, ¿Dónde estaba? Oh, sí. Era un idiota.

-¿Puedo inscribirlo o vas a seguir comiéndome con la mirada todo el día? – la voz de Draco interrumpió su ensueño.

Hermione frunció el ceño y empujó los papeles hacia él, alcanzándole un pluma y un tintero desde detrás del mostrador. Aún, el pequeño niño se mantenía anclado a su padre desesperadamente.

Ella miró como Draco le hablaba suavemente.

-¿Puedo bajarte así puedo escribir? – le preguntó.

Su cabecita rubio oscuro se sacudió mientras sollozaba, reforzando el agarre en su padre.

-¿Estás llorando? – preguntó Draco.

Zane asintió con la cabeza y sollozó de nuevo.

Los hombros de Draco se aflojaron con emoción mientras se arrodillaba para dejar a su hijo en sus propios pies. Draco se quedó allí, permaneciendo a su altura para mirarlo a los ojos.

-Me prometiste que no llorarías – dijo Draco tranquilamente.

Hermione miró mientras el antiguo príncipe de Slytherin hablaba con su hijo con más cariño y adoración de lo que ella creyó posible. Resultaba evidente desde el inicio que Malfoy amaba a su hijo.

Cuando bajó al niño al piso, Hermione miró la carita del pequeño. Su similitud con su padre era muy notable; pero, había cierta dulzura, ingenuidad, inocencia en su joven rostro. Sus grandes ojos grises estaban inundados de lágrimas, que poco a poco iban bajando por sus mejillas redondeadas.

Era un niño adorable, con una pizca de travesura brillando detrás de los irises plata. Que pena que fuera el engendro de Hades.

-No me dejes, papi. Estoy asustado – sollozó suavemente.

Draco levantó su mano para limpiar las lágrimas de su hijo. Besó cada mejilla y cepilló su cabello con los dedos. Hermione se sintió completamente enternecida por sus acciones, delegada a un segundo plano mientras observaba la escena.

-¿Qué dijimos, Zane? ¿qué es lo que siempre te digo? – le preguntó Draco mientras frotaba los hombros de Zane.

-Los niños grandes no se asustan – recitó Zane, con su labio temblando, su pecho sacudiéndose con respiraciones urgentes por el llanto.

-¿Y eres un niño grande?

Zane asintió vehemente y pasó la palma de su mano por sus ojos.

-No debes temer – dijo Draco – solo me iré por unas cuantas horas, y estaré aquí para recogerte exactamente a las cinco en punto.

Draco se subió la manga de la camisa y le tendió su muñeca a Zane – Muéstrame en mi reloj cuándo son las cinco.

Zane apuntó con su pequeño dedo al reloj y contó hasta el número cinco, apuntando al número correcto y sorbiendo por la nariz.

Draco tomó el reloj que había recibido en su cumpleaños número 17 y lo colocó en la muñeca de Zane. Era ridículamente grande en su pequeño brazo, pero no importó mucho dado que Draco ajustó la malla para que se adaptara bien.

-Ahora sabrás cuándo vendré a buscarte, ¿de acuerdo? – dijo Draco y besó a su hijo una vez más –Vas a divertirte mucho, colega. Lo prometo.

Zane asintió con tristeza, con su atención enfocada aún en el reloj en su muñeca. Lo acarició protectoramente y lo mantuvo cerca de su cuerpo.

Draco se levantó y sus ojos se encontraron con los de Hermione, que lo miraba de forma extraña. Lo desconcertó.

-¿Qué? – preguntó sarcásticamente.

Hermione sacudió su cabeza negando y apuntó a los papeles, indicándole que debía terminarlos. Salió de detrás del escritorio y se arrodilló frente a Zane, de forma similar a como lo había hecho Draco.

-Hola Zane, mi nombre es Hermione – dijo dulcemente – Yo seré tu maestra.

Zane la miró, aún abrazando el reloj contra su pecho, pero no respondió.

-Zane, sé amable – dijo Draco distraído, a un lado mientras firmaba los papeles – Di hola.

-Hola – dijo Zane tranquilamente.

-¿Cuántos años tienes, corazón? – pregunto Hermione.

Zane levantó cuatro dedos.

-Como estás aquí temprano, ¿quieres ayudarme a preparar todo para la clase de hoy?

Zane se encogió de hombros, sin hablar.

-Habla, Zane – dijo Draco, firmando con su nombre por lo que sería quizás la séptima vez.

-Sí – dijo Zane, mirando entre su padre y la linda señora frente a él.

-Bueno, primero acomodaremos los bloques de construcción, y luego prepararemos los crayones y pergaminos para la hora de Arte.

-¿Qué es la hora de arte? – preguntó Zane, con sus ojitos abriéndose amplios.

Hermione sonrió – La hora de arte es cuando puedes dibujar o pintar, o hacer esculturas usando arcilla. ¿Te gusta algo de eso?

Zane asintió con su cabeza.

-Bueno, eso es genial entonces. Vas a divertirte mucho hoy, especialmente cuando conozcas a tus compañeros – le dijo con una sonrisa.

Draco los observó hablar mientras terminaba con la parte burocrática del proceso de inscripción. Esa enana molesta parecía tener talento con los niños, con voz tranquilizadora y amable. Habló con Zane como un igual y no como a un bebé, como solía hacer Pansy. El mero pensamiento de su ex esposa le provocó a Draco querer vomitar su desayuno.

El cabello de la hija de muggles aún era un desastre espantoso. Por toda la mierda, ¿acaso no conocía el acondicionador? Su carácter de molesta sabelotodo eclipsaba sus condiciones físicas, por lo que Draco nunca podía dejar de lado cuán putamente irritante era ella para poder verla como una persona, como una mujer. Sus suaves rasgos y dulces ojos castaños estaban enfocados únicamente en Zane, y sus labios con forma de arco sonreían relajados.

Dios, necesitaba acostarse con alguien.

Su última cita había sido con Pansy en el closet durante la fiesta de Blaise: la noche que Zane había sido concebido. Draco merecía una puta medalla por mantenerse en abstinencia durante todo su matrimonio con la banshee. Cuatro años… era un maldito monje.

Y estaba tan desesperado que estaba mirando a Granger como si ella fuera atractiva. ¡JÁ!

Hermione se levantó y, de alguna forma, tenía la mano de Zane entre las suyas. La timidez de su hijo parecía haber desaparecido mientras miraba hacia la bruja con curiosidad.

-Es realmente inteligente para su edad – dijo Hermione mirando a Draco directamente –Si no fuera tan parecido a ti, cuestionaría tu parentesco.

Y ahí estaba el comentario que le recordó que ella era una bruja estúpida.

-Estoy herido, Granger. Realmente lo estoy. Ahora, ¿puedo pagarte y seguir con mi día? No puedo tolerar tanto tiempo tu presencia – Replicó Draco secamente.

-El mensual es de 80 galleones. Puedes pagarlos al final o al inicio de cada mes – respondió Hermione.

-Te pagaré ahora – dijo Draco, buscando entre sus ropas de trabajo y tomando una pequeña chequera - ¿Aceptas notas de pago de Gringotts?

Hermione asintió y miró mientras Draco firmaba el equivalente a un cheque muggle. Lo firmó por 200 galleons.

-Esto tendría que cubrir dos meses – dijo Draco extendiéndole la nota de pago – Y algo extra, para asegurarme que él reciba la mejor educación.

-No tomamos sobornos – replicó Hermione, mirando a la nota de pago en su mano. María Sangrienta, ¿200 galleones?

-Míralo como una donación – respondió Draco. Se arrodilló frente a su hijo y besó su frente –Te veré a las cinco, Zane. Pórtate bien.

Zane asintió y abrazó a su padre, para luego volver a poner su mano entre las de Hermione –Seño Hernaimi…

-Hermione – corrigió Draco, con su nombre sintiéndose extraño en su lengua.

-Seño Hermione dijo que puedo ayudar a preparar la hora de arte. Y te voy a hacer un dibujo, papi – explicó Zane.

Draco sonrió y volvió a levantarse –No puedo esperar a verlo, colega – dijo y volteó para irse –Au revoir.

-Adieu, papi – respondió Zane.

Hermione miró al pequeño niño que sostenía su mano mientras su padre salía de la escuela - ¿Hablas Francés?

Zane se encogió de hombros. No estaba en edad aún para conocer y diferenciar un idioma extranjero.

Hermione no pudo evitar sentirse curiosa… locamente curiosa… sobre este pequeño niño; y sobre el rufián de su padre. ¿Dónde se había metido Malfoy todos estos años? ¿Con quién había tenido un hijo y por qué había regresado a Inglaterra? ¿Cuándo se había vuelto tan amoroso (incluso cuando era solo para con el fruto de su cuerpo?

¿Y por qué en la tierra había superado sus prejuicios para dejar a su adorado hijo bajo el cuidado de una hija de muggles que él odia fervientemente?

-¿Ya se fue el sexy? – preguntó Donny, saliendo del aula trasera y sacando a Hermione de sus pensamientos caprichosos.

-¿Qué es un sexy? – preguntó Zane.

Hermione le dirigió a Donny una mirada afilada –No es nada, Zane. Vamos, preparemos las cosas para la hora de Arte y luego podrás conocer a tus compañeros cuando lleguen.

-¿Habrán niñas? – preguntó Zane con su entrecejo fruncido ligeramente.

-Sí, hay dos niños y dos niñas en tu clase – explicó hermione.

-Diugh – respondió Zane – Las niñas son estúpidas.

Hermione escuchó a Donny romper en una carcajada detrás de ella.

-Eso no es amable, corazón. Las dos niñas en tu clase son muy, muy simpáticas – dijo Hermione – Los dos niños también lo son.

Zane se encogió de hombros y la siguió hacia el salón. Su mano se sentía tan pequeña dentro de la suya. Ella trabajaba diariamente con niños pequeños, pero Zane se veía diferente. Sentía algo por este niño. Su padre lo amaba intensamente, eso era evidente, pero el pequeño niño aún tenía un aire de inseguridad sobre él. Así como, quizás, que hubiera sido rechazado…

A pesar de quién lo hubiera engendrado, él parecía ser un niño sumamente dulce. Quizás no era un Malfoy. ¿Quién se habría imaginado que el hurón generaría una descendencia tan inocente?

-Lo siento – dijo Zane quedamente, mientras ella le mostraba dónde estaban los crayones.

-¿El qué? – preguntó ella.

-Por decir que las niñas son estúpidas – dijo Zane, con sus ojitos abiertos en su mirada infantil usual – Eso es una cosa muy mala, y papá dijo que no tengo que ser malo con nadie.

-¿Tu padre te dijo eso? – preguntó Hermione, sorprendida y sin palabras.

Zane asintió –Tú eres una niña, y no eres estúpida. Eres agradable.

Hermione sonrió y palmeó la manito de él mientras sacaba los papeles y pergaminos –Y yo pienso que tú también eres agradable, Zane.

Zane sonrió y acarició el reloj en su muñeca. Decidió que le gustaría esta seño Hernaimi. Era agradable y siempre le sonreía muy lindo. Su nombre era difícil de decir, pero eso no importaba.

Quizás la escuela no sería tan fea después de todo…


N/A: El título del capítulo sale de la canción "Breathe In" de Frou Frou. Gracias por los reviews, chicos!

N/T: sigo al pendiente de sus reviews, los leo por más que ya pasó tiempo de publicado el Fic! Facebook: Fletcher Fletcher Fanfiction