A Wonderful Caricature of Intimacy

(Una maravillosa Caricatura de Intimidad)

Disclaimer: todos los personajes, lugares y temas relacionados a Harry Potter le pertenecen a J. K. Rowling, Bloomsbury y Scholastic.


Capítulo 8: Hate to Love and Love to Hate – (Odio amar y amo odiarla)

Donny miró a Zane y a Wolf paraditos contra la pared del salón de clases, con sus naricitas tocando la pared y sus manos detrás de sus espaldas. Estaban en penitencia por poner gusanos en el cabello de Angie.

-Ahora, chicos, ¿Están listos para disculparse? – preguntó Hermione, con sus brazos cruzados contra su pecho en una pose de mujer estricta.

Ellos asintieron, con sus rostros todavía contra la pared.

-Vayan y díganle a Angie que lo sienten. Luego quiero que ambos vuelvan al castigo, y se quedarán sin la hora de los centros.

Donny sonrió cuando Hermione se le acercó luego de que Zane y Wolf se disculparan con su compañera en medio de murmullos y gruñidos.

-Un poco cruel, ¿no lo crees? Sin hora de los centros… ¡esa es la mejor parte de todo el día! – rió Donny, doblando sus piernas bajo ella.

-Esos niños serán mi muerte – suspiró Hermione – Con el intelecto de Zane y los genes de Merodeador de Wolf… bueno, espero poder llegar al final del año.

Donny sonrió y de pronto se puso toda seria – Bien, no puedo evitar el tema mucho más. Ahora, ¿por qué rayos no me contaste que estabas saliendo con el sexy? Pensé que éramos amigas.

Hermione se encogió de hombros y trató de poner una carita de cordero – Fue algo espontáneo, lo nuestro. Supongo que no queríamos echarle mala suerte. -¿Acaso la mentira estaba saliendo más fácil? Voy a reencarnarme en una crema de hemorroides. No, solo me iré al infierno… o donde sea que vayan las brujas malvadas cuando mueren.

-Pero yo de verdad pensaba que ustedes dos se odiaban – dijo Donny, con las cejas fruncidas sobre sus brillantes ojos azules.

-Lo hacemos, es decir, lo hacíamos – logró corregir Hermione a tiempo – Pero, um, supongo que eso le agregó… pasión.

Los ojos de Donny brillaron considerablemente, y sonrió como el gato de Cheshire - ¡Apuesto que sí! Dios, ¡ustedes dos deben ser explosivos juntos!

Oh, Dios… ¡quita esa imagen de mi cabeza! Hermione sonrió levemente, tratando de que su cerebro no la traicione pensando en cuán caliente sería enrollarse con Draco. Una discusión explosiva, seguro que sí. ¿Sexo explosivo? ¡Ja!

-Por favor, cuéntame. Estoy pasando por un terrible período de sequía. ¿Cómo es él? – suplicó Donny.

-Está bien, está en el trabajo ahora.

-No, Hermione. ¿Cómo es en la cama?

Hermione sintió su cara calentarse con vergüenza y shock – Está bien, está en el trabajo ahora – repitió.

Donny rió y se sentó un poco más adelante en su silla, con los codos en sus piernas dobladas – Bien, bien. No voy a rogar. Pero, wow… ¡aun no puedo creerlo!

-Tampoco yo – dijo Hermione de corazón.

-¿Ya escogiste tu vestido?

-No – dijo Hermione lentamente. Mirando como Zane y Wolf se sentaban en sus bancos, con sus manitas unidas inocentemente mientras miraban a los otros niños jugar en los distintos centros.

-¿Y qué llamaradas estás esperando? ¡La boda será el domingo! Hoy ya es lunes. ¡Solo tienes cinco días!

-Sí, lo sé. ¿Qué tan difícil puede ser escoger un vestido de novia?

-Es solo una de las decisiones más importantes de tu vida – se mofó Donny.

-Puedo pensar un número infinito de cosas más importantes. Iré y elegiré algo mañana. ¿Quieres ayudarme?

-Duh.

Hermione frotó sus manos contra su cara.

-¿Cansada? – preguntó Donny, sacando su varita para impedir a Wolf escapar de su silla. Zane se encogió de hombros hacia él, con una mirada que le decía: 'Buen intento'.

-Ansiosa, más que nada – dijo Hermione – Preocupada por Harry y Ron. No volvieron a hablarme desde el fin de semana.

-Eventualmente lograrán arreglar las cosas. Pero yo solo lo digo porque no fui al colegio contigo. Además, nunca odié a nadie como para entender lo que esos dos sienten.

-¿Nunca odiaste a nadie? – preguntó Hermione.

Donny lo pensó por un momento – Nop, no lo creo.

Hermione en realidad sí le creía. Donny era demasiado despreocupada y amorosa como para rebajarse al nivel de odiar a alguien. Una malvada idea le surgió.

-¿Leíste el artículo en la Quidditch Weekly sobre la nueva novia de Oliver Wood? – preguntó Hermione.

La mandíbula de Donny inmediatamente cayó -¿Qué? – preguntó con un susurro letal.

-Oh, sí. Leí que él fue visto cerca de Aberdeen con esta supermodelo suiza que conoció en un partido. Una chica hermosa, con piernas desde aquí hasta Estocolmo, y con el mayor pecho que alguna vez haya visto.

-¿Quién es ella? – preguntó Donny, chirriando los dientes y con sus ojos encendidos con maldad.

-Annika algo… - dijo Hermione, con los labios tensos por el esfuerzo de no sonreír.

-La mataré – dijo Donny lentamente – Zorra estúpida, la odio.

-Ah, así que sí tienes la capacidad de odiar.

Donny miró rápidamente a Hermione - ¡Me engañaste! Dios, Hermione, ¡no vuelvas a hacerlo nunca más! Eso fue horrible y malvado, y no te perdono.

Hermione se sostuvo el abdomen mientras se reía – Oh, Don… te amo a morir. Lo lamento.

-No estás perdonada – dijo Donny, a pesar de que su sonrisa la traicionaba.

-Así que dime – dijo Hermione ignorando la mirada fulminante dirigida hacia ella - ¿Cómo vas a terminar con tu período de sequía? Pensemos por un momento que quizás Oliver Wood no te cogerá en su escoba para fugarse a Gretna Green. ¿Vas a llevar pareja a la boda?

Donny mordió su labio y suspiró - ¿Tan patética soy?

-No eres patética, Donny. Solo eres una soñadora, y quiero verte feliz.

-Es que solo desearía poder conocerlo. Solo una vez – dijo ella y suspiró de nuevo – Tienes razón, Hermione. Tengo que dejar de soñar y conseguirme una vida real. ¿Conoces a algún soltero?

Hermione sonrió brillantemente y pasó un brazo alrededor de su pequeña amiga – Encontraremos a alguien para ti. Cualquier tipo sería suertudo de tenerte.

Donny sonrió y volvió a sacar su varita para sonar la campana que finalizaría la hora de los centros para los más pequeños, y haría a los más grandes entrar a sus clases después del receso.

Wolf y Zane corrieron hacia las dos maestras y les dieron sus mejores sonrisas. – Lo sentimos, mami – dijo Zane, actuando diplomático – Seremos buenos.

-Adoro cuando él te llama así – dijo Donny soñadoramente – Pero, sabes...aún no tengo idea sobre su verdadera madre.

-Oh, es horrible. Una mujer terrible y miserable – dijo Hermione, sorprendida ante lo mucho que odiaba a Pansy. Apenas la conocía, pero ya la odiaba por el modo en el que trataba a su hijo y como ahora quería robárselo a su padre.

Hermione comenzó a explicarle a Donny sobre Pansy y las circunstancias de su previo matrimonio con Draco.

-Pobre Draco. Imagina tener que casarte con alguien a quien no soportas – dijo Donny.

Hermione no dijo nada, permitiendo que la afirmación de Donny permaneciera flotando en el aire a su alrededor. Ella no tenía que imaginar cómo sería casarse con alguien a quien no soportara. A pesar de que el odio ciego había desaparecido, aún no le agradaba Draco, y su cabeza le dolía de solo pensar que en unos pocos días estaría casada con él.


Draco levantó la mirada del agua jabonosa que lentamente se escapaba por el desagüe de la tina. Zane estaba parado con una gran toalla blanca envuelta varias veces alrededor de su pequeño cuerpecito. Tembló y pestañeó para quitarse unas gotitas de agua que se metían en sus ojos.

Draco casi salta al oír una suave voz femenina detrás de él – Vamos, Zane, te ayudaré a secarte y vestirte.

Él miró como su hijo se alejaba con su próximamente esposa. Ella había traído a Zane de la escuela y él le había rogado que se quedara hasta la hora de dormir. Ella no pudo resistirse a los amplios ojitos del niño, sumado al pucherito en su rostro. Debilucha, pensó Draco.

Él no estaba acostumbrado al sonido de una mujer en la casa. Pansy no contaba porque su voz era similar al sonido producido al rayar una pizarra vieja, mezclado con el tono de voz de alguien que abusó de los cigarrillos.

Suspiró y se levantó de su posición de rodillas junto a la bañera, secando el suelo con su varita.

Siguiendo el sonido de las risitas, y de la risa más fuerte de Hermione, se encontró a si mismo recostado sobre el marco de la puerta, mirando como Hermione pasaba sus dedos por el pecho de Zane y le hacía cosquillas hasta llegar a su estómago. Una vez que Zane se recuperó después de reír como loco, ella pasó suavemente la parte de arriba de su pijama por su cabecita.

-¡Todo listo! – anunció ella. Cepillando con la mano unas hebras del cabello húmedo de Zane de su frente.

Viendo cuán pequeño era Zane, más bajo incluso que Hermione arrodillada, Draco se dio cuenta de que su hijo era muy pequeño aún, recién finalizando su etapa de gatear.

Cuanto más rápido crecía, eran esos momentos los que le recordaban a Draco la inocencia y pureza de su hijito.

-¡Papi! Mira, ¡todo listo! – dijo Zane contento.

Hermione miró sobre su hombro hacia Draco y se levantó.

-Gracias – le dijo él tranquilamente.

Ella le dio una mirada curiosa y se volvió hacia Zane – Lo siento, corazón, pero no puedo quedarme más tiempo. ¿Te veré mañana brillante y temprano en la escuela?

Zane asintió y saltó dentro de su cama verde, abalanzándose sobre Rosie el dinosaurio con un gruñido y un rugido chillón. -¡buenas noches, Mami!

Ella sonrió y caminó hacia la puerta donde estaba Draco, haciéndole señas para que él la siguiera.

-Estaré de regreso en un momento para leerte tu historia, Z. – le dijo Draco a Zane, quien estaba susurrándole algo en el oído del dinosaurio.

Él siguió a Hermione hacia la cocina, donde ella estaba caminando de un lado al otro frente al fregadero.

-No puedes seguir agradeciéndome por hacer cosas por Zane que una madre debe hacer – le dijo, manteniendo la voz tranquila tratando de no sonar acusadora – Recuerda, este es un matrimonio real en cualquier sentido.

Draco se encogió de hombros y tomó asiento en la mesa de desayuno – No estamos casados aún.

-Pero lo estaremos, y Zane debe acostumbrarse a ello.

-Parece que ya lo hizo – dijo Draco con más frialdad de la que quería.

-¿Cuál es tu problema? – preguntó Hermione, deteniendo su caminar.

-Nada, no tengo ningún problema.

-¿Estás sintiendo resentimiento hacia mí porque Zane tiene afecto por mí? – adivinó ella.

Draco la fulminó con la mirada - ¿Estás sugiriendo que yo estoy celoso de ti?

-No celoso, solo paternal. Amaste a tu hijo tanto, y por tanto tiempo, que obviamente no tomarías bien el hecho de que yo entrara a su vida e inmediatamente él confiara en mí.

-Estoy tomándolo bien – dijo él a través de los dientes apretados.

-Olvídalo – suspiró Hermione – Olvida que mencioné algo. Necesito llegar a casa y hablar por la red flú con Donny.

-¿Sobre qué? – preguntó Draco.

-Sobre dónde haremos la boda con tan poca anticipación para reservar algún lugar.

-En la Mansión – dijo él, como si se tratara de la cosa más obvia del mundo.

Ella le dio una mirada incrédula – Um, no.

-¿Por qué no? Mis padres la ofrecieron e insistieron en que la hiciéramos allí.

Ella pasó un mechón de cabello detrás de su oreja – Será incómodo para mis invitados estar en la mansión…

-¡Será incómodo para ellos en cualquier lugar! – espetó Draco – Te casarás conmigo, ¿recuerdas?

-Baja la voz – siseó ella.

-No me digas qué hacer – siseó él en respuesta.

Dioses, ¡madura de una vez!

-No vamos a casarnos en la mansión.

-Sí, lo haremos – dijo Draco – Ya le dije a tu padre.

-¿Qué?

-Le dije a tu padre que la boda sería en la mansión. De esa forma, él no tendrá que pagar por un lugar con tan poca anticipación. Solo le ahorré dinero que no tenía necesidad de gastar.

Hermione dejó caer su mandíbula.

-Sé que no le dimos a tus padres el tiempo suficiente para armar un fondo de dinero para la boda, por lo que pensé en hacer lo mejor y más simple posible. Sé que eres una persona orgullosa, y como es costumbre que la familia de la novia pague la boda, les dije a mis padres que no lo hicieran, como tenían pensado hacerlo en primer lugar. Ellos pensaron que, como nos estás haciendo un favor, nosotros tendríamos que pagar por todo. Pero dado que queremos que todos se crean la mentira, le permitiré a tu padre pagar, y cuando nos divorciemos le devolveré el dinero sin que él se dé cuenta.

-¿Cómo haces eso? – preguntó ella luego de permanecer mirándolo por un momento.

-¿Cómo hago qué?

-Pasar de ser increíblemente molesto a medianamente decente en un solo parpadeo – especificó ella.

Él rodó los ojos – Practico en el espejo antes de irme a dormir.

Ella frunció el ceño hacia él y sacudió la cabeza – Gracias, por cierto, por pensar en mis padres.

Él permaneció callado, y se levantó de la mesa - ¿Ya comiste?

Ella sacudió la cabeza y lo observó alejarse por el pasillo hacia donde los dormitorios estaban. Le echó un vistazo al cuarto de Zane y cerró la puerta suavemente.

-Se durmió – le dijo a ella.

-Bueno, tuvo un día agotador volviéndome loca – sonrió ella – él y Wolf son una fuerza que hay que tener en cuenta.

-Es un hijo increíble, tomando mi trabajo de volverte loca mientras yo no estoy presente – sonrió Draco tímidamente.

Hermione se rió tranquilamente y sacudió su cabeza mientras tomaba asiento a la mesa - ¿Sabes cocinar?

-Depende de lo que quieras comer – replicó él, metiendo su cabeza en la alacena – Soy todo un chef gourmet de las tostadas y jamón. Y no olvidemos mi maravillosa habilidad de papas fritas congeladas.

Hermione volvió a reír, incapaz de contenerse – Es una suerte que vayas a ganar una esposa que puede cocinar una comida decente. Pobre Zane.

-Seh, seh, pobre Zane. Él ama mi comida – dijo Draco, rindiéndose en su búsqueda culinaria y tomando asiento frente a ella.

-Tiene cuatro. El otro día él y Wolf le agregaron queso a sus galletas de chocolate. Y se comieron casi cinco cada uno – dijo ella – sus preferencias de comida no son muy refinadas.

Draco hizo una mueca y rió entre dientes – No me digas que nunca probaste las galletas choco-queso… ¡Son tres magnifique!(1)

Ella pretendió atragantarse.

-¿Cuándo aprendiste a cocinar? – preguntó él.

-Leí unos cuantos libros de cocina y tomé una clase de cocina mientras estaba ahorrando para abrir la escuela – explicó ella.

-Oh, es cierto. Olvidé tu molesta tendencia a memorizar cada palabra que lees y a perfeccionar cada habilidad conocida por el hombre – dijo Draco con la mirada aburrida.

-Tomaré eso como un cumplido – dijo Hermione con una sonrisa triunfante – Puedo prepararnos algo ahora, y tú podrás comprobar las habilidades en la cocina de tu futura esposa.

-Bien, usa lo que quieras y no te preocupes por ensuciar. Ya limpiaré después – dijo él, saliendo de la cocina.

Lo miró salir, con las piernas muy bien definidas en ese pantalón caqui. Sacudió la cabeza rápidamente, desvaneciendo la imagen de sus fuertes piernas de su estúpida, sucia y pervertida mente. ¿No era que solo los hombres chequeaban así a las mujeres?

Se volvió a la cocina y preparó todo para una cena para dos, prometiendo que hablaría por la red flú con Donny después.


-¿Cómo está? – preguntó Hermione, por algún motivo un poco nerviosa de su respuesta.

-Está muy bueno, gracias – replicó Draco, tomando otro bocado de su filete asado en su punto justo – Ni siquiera sabía que tenía carne en el refrigerador.

-Estaba atrás. Tuve que usar cuatro hechizos para poder finalmente descongelarlo – respondió ella, tomando un trago del vino blanco que Draco había encontrado escondido en la alacena – Así que, ¿realmente te gusta?

Él la miró por un segundo y luego asintió.

Ella dejó escapar el aire contenido que ni siquiera sabía que estaba conteniendo, y pasó un dedo por el borde de su copa de vino – Tengo una pregunta.

Y eso es una jodida sorpresa.

-¿Sí?

-Note que solo hay dos dormitorios aquí. Uno para ti y uno para Zane – dijo tan bajito que él tuvo que inclinarse un poco en su dirección para poder oírla bien.

-¿Y tu punto es?

-¿Dónde voy a dormir?

Draco dejó caer su tenedor en la mesa y frotó su cara con sus manos – Para decirte la verdad, ni siquiera había pensado en ello.

-Estaba pensando… - comenzó a decir, con sus uñas tamborileando sobre la superficie de la mesa – Bueno, los PDM vendrán a controlar la casa y todo, y por supuesto verán tu dormitorio, así que pensé que podríamos tener dos camas separadas, porque obviamente no puedo dormir con Zane, y cuando los PDM vengan las fusionamos usando un hechizo adherente que aprendí. Así, parecerá que dormimos juntos… es decir, dormimos en la misma cama – corrigió ella rápidamente, coloreándose del mismo tono de rosa que sus uñas.

Draco observó sus dedos tamborilear en la mesa, con el hipnótico sonido calando dentro suyo – Bueno.

-Eso es si a ti no te molesta. Sé que quizás querrás tener un poco de privacidad… no utilizaré mucho de tu habitación…

-No, es un buen plan. Tengo dos vestidores y puedo vaciar uno para ti. Mi closet es lo suficientemente grande como para correr un poco mi ropa y hacer lugar para las tuyas. El baño fue construido para dos personas… estaremos bien.

-Bueno – dijo ella, exhalando otra carga de aire contenida – Eso fue sencillo.

Él le dirigió una media sonrisa y jugueteó con su comida, con su apetito evaporado. Permanecieron en silencio por un momento, dado que ninguno de los dos tenía realmente algo para decirle al otro.

-¿Tienes algún reparo, o quizás alguna duda? – preguntó ella cuando varios minutos pasaron.

Draco levantó la mirada hacia ella y negó con la cabeza lentamente – No, ¿y tú?

Ella negó también – Debería irme. Aún tengo muchas cosas que hacer, y a Donny probablemente le dará una apoplejía si no la llamo por red flú pronto.

Él asintió y se incorporó para acompañarla a la puerta, ayudándola con su capa de la forma en que lo haría un caballero. Ella le dirigió una pequeña sonrisa antes de salir por la puerta, dejando atrás la incomodidad que parecía envolverlos por todos lados.

Era extraño… ambos estaban tratando lo máximo que podían en ser educados con el otro. Tenían varios años de odio en su pasado que estaban en una transición excesivamente difícil. Cualquier palabra o gesto equivocado podría volverse una discusión, sin importar lo civilizados que trataran de ser. La completa situación de matrimonio entre ellos era tan improbable y rara que ellos mismos se preguntaban cómo alguien podía creerles.

Idiotas crédulos…


Hermione se paró junto a la ventana de la habitación de invitados en la mansión Malfoy, concentrada en inhalar y exhalar, tratando de no hiperventilar ante la vista de los jardines de la mansión engalanados en color marfil, cáscara de huevo, crema, concha de mar, alabastro, perla y blanco ártico.

Draco se paró en la habitación de su infancia… suite… y miró hacia el jardín directamente hacia su izquierda. Parecía como si una tormenta de nieve hubiera arrasado con absolutamente todo. Todo era blanco. Donny le podría haber dicho algo de pasada sobre las distintas variedades de tonos que definitivamente no eran blanco… pero, demonios… era todo jodidamente blanco. Blanco cáscara de huevo, mi trasero.

Su atención se desvió hacia la ventana en el ala opuesta de la casa. Pudo ver una figura escondida entre las cortinas de encaje… una figura femenina… cielos; era Hermione, con su tentador cuerpo que solía esconder entre las capas y la ropa de maestra.

No podía llegar a ver bien desde su posición, pero la silueta de su delgada cintura y saludables caderas no podía ser equivocada. Tenía la figura de una mujer que había nacido para atraer a los hombres más viriles; la atracción evolucionada que permitía que la raza humana siguiera existiendo.

Ella se metió dentro de la habitación, eliminando la vista de Draco. Volvió a desviar la mirada hacia los jardines y sintió sus dedos tomar la barandilla de cemento con más fuerza. Se 'casaría' en una hora, y su cabeza le dolía.

El portazo a sus espaldas tampoco ayudaba.

Blaise, vestido en sus mejores ropas, se veía en parte perplejo, en parte confundido y en parte divertido. – Gracias por la anticipación en tu advertencia, imbécil.

-¿Advertencia? - preguntó Draco lentamente, cruzando los brazos sobre su pecho mientras observaba a su amigo entrar en la habitación.

-¿Te casas con Granger? – preguntó Blaise – Tu invitación me tuvo preguntándome si es que no estarías jugándome una gran broma. Pero cuando tu madre me mando una lechuza esta mañana para confirmar mi asistencia, bueno… tenía que venir para comprobarlo por mí mismo.

Draco se frotó la nuca – Mis disculpas si me olvidé de contarte en persona sobre esto. Fue algo espontáneo.

-¿Espontáneo? ¿Piensas que es espontáneo? Los pedos y los polvos rápidos son espontáneos… el matrimonio está tan alejado de ser espontáneo que sería exactamente lo opuesto a lo que sea espontáneo.

Draco se encogió de hombros y permaneció en silencio.

-No estás casándote con ella por la batalla de la custodia, ¿verdad? – preguntó Blaise, frotando la barba de su mandíbula.

-No, por supuesto que no – replicó Draco, actuando tan ofendido como le era posible.

-¿Realmente la amas?

-Sí.

-¿Hace cuánto que salen juntos?

-Hace varias semanas.

-Cuando viniste a verme para hablar sobre la custodia de Zane no me dijiste que estabas viendo a alguien.

-Era un poco difícil de admitirte que estaba saliendo con ella. Queríamos mantenerlo en secreto – replicó Draco.

Blaise asintió sin prisa – No puedo creerlo… ¿la sangre sucia?

-Apreciaría, Zabini, que te abstengas de llamar a mi futura esposa de esa manera intolerable. Dejé de usar esa palabra hace siglos, y creo que también deberías hacerlo. Eres el padrino de Zane, y él no necesita tener esa influencia.

-Bien, no te vuelvas loco – dijo Zabinni, levantando sus manos en defensa – es solo que no puedo entender cómo llegaste a terminar junto a ella. Si recuerdo correctamente, la odiabas con una pasión sin igual durante el colegio.

-Las cosas cambian.

-Sí, lo hacen – rió Blaise – me sorprende que tu padre no esté tirado en posición fetal, apretando su muñequita de Voldemort y deseando desvanecer a todos los Weasley que ahora están en sus jardines.

Draco sonrió suavemente, y no pudo evitar reír – Son los amigos y la familia de Hermione. Nosotros debemos llevarnos bien con ellos.

-¿Nosotros? Demonios, no, Draco. debes llevarte bien con ellos. Yo solo caminaré por ahí y trataré de no pararme muy cerca de alguno de ellos. Según oí de fuentes confiables, su casa huele a popó.

-Puedo notar que estuviste hablando con Zane – dijo Draco caminando hacia el espejo y ajustando la corbata gris claro alrededor de su cuello. Se veía como un candelero en sus ropas grises, y debido a su deslumbrante cabello rubio platino cayendo sobre sus ojos, él mismo se veía como la vela.

-¿A Zane le agrada ella? – preguntó Blaise, tomando una vieja revista de Quidditch de la mesita de noche junto a la cama de la infancia de Draco.

-Creo que le gusta ella más de lo que a mí me gusta.

Es la verdad más pura.

-Eso es bueno, colega. Se merece una madre que sepa de qué forma se coloca correctamente un pañal. Recuerda esa vez que dejaste a Zane con Pansy por treinta minutos, y volvimos para encontrar su cabecita llena de talco para bebés, con su pañal arrojado en medio de la habitación, y Pansy llorando mientras sostenía a Zane a una distancia de un brazo lejos de ella.

-Tenía nueve meses, ¿cierto? – suspiró Draco, sonriendo ante el recuerdo.

-Eso creo, sí. Dios, nunca llegué a reírme tanto en mi vida. Creo que jamás podré olvidar esa imagen.

-¿Qué imagen? – preguntó Donny desde el marco de la puerta, viéndose claramente como una hadita en su vestido rosa pálido.

-Nada, Donny – dijo Draco, volteándose del espejo.

Él le presentó a Blaise a su próximamente amiga política - ¿Estás aquí para llevarte al novio?

-Sí – asintió Donny eufórica – Todo está listo y oh, Dios, ¡Hermione se ve súper brava fabulosamente fantástica! ¡Ah! Lloré por al menos diez minutos una vez que se enfundó en su vestido. Y tú te ves muy guapo, Draco. El color combina con tus ojos, y vi a Zane y Wolf correteando por ahí en sus pequeñitos trajes de gala, rascándose y tratando de deshacer los nudos de sus corbatas. ¡Ah! ¡Soy tan feliz!

-¿Terminaste? – preguntó Draco, parpadeando rápidamente ante el fuerte mareo que lo atacó.

-No seas malo – le dijo Donny, sacándole la lengua – Estoy retrasándote, pero en serio, apresura tu trasero sangrepura y baja al jardín. El oficial del Ministerio ya está aquí y tiene todos los papeles y ¡oh! Dioses, nunca me dijiste que tu padre era semejante papacito, Draco… es decir, me dio esa mirada tan despectiva y fría, pero ¡Dios! Me hizo suspirar en esa ropa verde oscura… ¿y tu madre? Buen Dios, ¿era una supermodelo? No, ¿es una supermodelo? yo mataría por tener ese cuerpo. ¿Y ese cabello? Es tan…

-Bueno, gracias, Donny. Te veré abajo – dijo Draco, empujando a la conversadora maestra fuera de la habitación.

Se volvió hacia Blaise, quien se sostenía el estómago en una risa silenciosa – Ella será la maestra de mi hijo en unos años. No puedo esperarlo – dijo Draco secamente.

-Si esos dos tuvieran una conversación, se extendería por años – dijo Blaise, secando sus ojos oscuros de lágrimas de risa – Dioses, esta será una boda muy divertida.

-Seh, toneladas y montones de diversión – replicó Draco – Vamos a terminar con todo esto.

Blaise no pasó por alto el tono agotado de Draco.

-¿Segundos pensamientos?

Los ojos de Draco se ampliaron – No, no, para nada… solo quiero terminar con todo esto para… uh, para llegar a la noche de bodas más rápido.

Blaise sonrió – Y bien, ¿la ratona de biblioteca es una conejita tímida en la cama? ¿O un petardo en llamas?

¿Conejita tímida? Blaise eres un jodido idiota.

-Es maravillosa, ahora vámonos – se apresuró Draco a decir.

Ambos pasaron a través del enorme pasillo hacia el vestíbulo, Draco tratando de ignorar las molestas metáforas que inventaba Blaise. Una vez afuera, Draco se encontró siendo atacado por un pequeño manojo de color negro, trepado a su pierna.

-¡Papi! ¡Mi ropa me pica! – dijo Zane con felicidad – Pero Abela dice que me veo apuesto justo como tú, y Wolf y yo nos vemos apuestos y tú te ves apuesto, Papi, y Tío Blaise se ve apuesto y la maestra Donny dijo que Abelo es un bebecito. ¿Eso significa que él es un bebé?

Blaise rió y estiró sus brazos para que Zane saltara sobre él.

Draco le agradeció a su amigo por distraer a su hijo y caminó hacia el gran asiento del frente, donde estaban sentados sus padres y los de Hermione. El oficial del Ministerio estaba parado al frente, con dos lugares vacíos a su lado, uno para Draco y el otro para Hermione.

Él caminó pasando junto a los invitaos de sus padres, un puñado de pelirrojos, otras personas que él no se preocupó en reconocer y alcanzó su lugar. Le estrechó su mano al representante del Ministerio, quien controlaría la firma de su certificado de matrimonio.

Tomó su posición a la izquierda del representante y le dio a su madre una pequeña sonrisa. Ella palmeó su mano y se volteó hacia Annabel Granger a su lado, para susurrar algo en su oído. Parecía que ellas estaban llevándose bien.

Lucius, por otro lado… se veía como si estuviera sufriendo. Draco tenía que darle algo de crédito, a pesar de todo. Estaba conversando con Thomas Granger, y ni siquiera era condescendiente. Era un avance increíble.

-Ella es una visión… lo juro – suspiró Narcissa, mirando en dirección a la mansión.

Draco miró en la dirección que ella indicaba y tuvo que contenerse de dejar caer su mandíbulo y pestañear como un epiléptico.

¿Quién habría dicho que el vestido blando más simple podría verse tan magnífico en una chica que él pensaba que era plana? Ella no estaba sonriendo, pero tampoco fruncía el ceño. Era etérea y orgullosa, recordando a último momento sonreírle a sus amigos y varios miembros de su familia distribuidos por el jardín, mientras éstos le daban cumplidos y les deseaban felicidad.

Se detuvo en frente de Harry y Ron, quienes ella no esperaba ver en la boda. Draco pudo ver la felicidad confusa escrita en su rostro. Era una actriz malditamente buena…

Ella los abrazó y habló brevemente con ellos, con sus labios rojo brillante moviéndose lentamente y curvándose en una sonrisa de agradecimiento.

Ella levantó la mirada y estrechó los labios para mandarle un suave beso volador.

Oh, es cierto… estamos enamorados.

Él le sonrió de regreso y se sorprendió al notar que sus mejillas no le dolían como solían hacerlo cuando él le dedicaba a alguien su sonrisa falsa.

La miró mientras ella se arrodillaba junto a Wolf y Zane y escuchaba interesada mientras ellos le describían lo mucho que les picaban sus trajecitos a medida. Zane le dio un abrazo y ella besó su mejilla, dejándole las marcas de sus labios rojos. Wolf recibió un tatuaje de maquillaje similar en su mejilla, también.

Y finalmente… se paró junto a Draco, viéndose como si no estuviera a punto de cometer una gran farsa frente a todas las personas importantes para ella. Se veía feliz. Se veía como si estuviera aceptando lo inevitable. Se veía malditamente hermosa.

Draco no podría describir el vestido ni siquiera si lo hubiera intentado, pero sabía que se veía increíble en ella. Abrazaba su cintura, sus caderas, su pecho y descendía hacia el piso en suaves pliegues. Dos bandas de encaje alrededor de sus hombros servían de soporte y la mente de Draco hizo una cosa horrible tratando de descubrir cuánto le tardaría quitarle el vestido para poder…

¡Cerebro malo! ¡Deja de hacer eso!

Ella tomó el asiento que él le había retirado y lo miró con amor. Él tomó su mano y le besó la palma, brindándole al público el show que habían venido a ver.


Hermione tenía esa maldita reacción en la que su mano parecía hormiguear luego de que sus estúpidos labios besaran su piel. Ella le dedicó una sonrisa y lo observó sentarse a su lado, con el representante del Ministerio entre ellos. Su padre se sentaba a uno de sus lados, y se inclinó hacia ella para darle un abrazo de ánimo.

Draco aún no le había dicho nada. Esperaba que ella no se viera terrible en el vestido por el que Donny había llorado. Tenía que admitir, a pesar de todo, que se sentía muy bien en el vestido con el velo a juego que reposaba en sus rizos controlados.

¿Por qué Draco la miraba como si ella fuera un difícil problema de matemáticas que tenía que solucionar? ¿Por qué se veía hambriento? ¿Acaso no había desayunado?

El representante reclamó la atención de todos, y pronto comenzó a hablar poéticamente sobre las virtudes y el esplendor de la sagrada unión matrimonial. Dijo un puñado de cosas que Hermione no se molestó en escuchar, desviando la mirada constantemente hacia la escultural figura de su futuro esposo en esas halagadoras prendas grises. Los ojos de él se mantuvieron hacia afuera, brillantes y estudiosos, mirando hacia los invitados y ocasionalmente devolviéndole la mirada.

-Estas dos personas se reunieron aquí en la mayor muestra de amor y respeto. Combinando su adoración mutua en una unión de felicidad matrimonial por la que todos nosotros luchamos para conseguir…

Hermione oía lo que el representante decía, pero no estaba exactamente escuchándolo. Su estómago estaba haciendo cosas extrañas y sus dedos se sentían fríos… y temblaban.

Draco se estiró bajo la mesa y puso su mano cálida sobre la de ella. Ella lo miró por un momento y se preguntó dónde había guardado toda su personalidad de bastardo y por qué se estaba comportando tan compasivo con ella.

Oh, es cierto… estamos enamorados.

-Si hay alguien aquí presente que tenga algo que objetar en contra del matrimonio de esta pareja, que tenga una evidencia razonable en contra de su unión, que hable ahora o calle para siempre…

Draco y Hermione se miraron el uno al otro y luego hacia sus invitados. Solo tomaría un idiota para detener todo el proceso.

Sostuvieron su respiración mientras el representante esperaba los quince segundos requeridos.

Quince segundos de paciencia agonizante…

(1)Tres magnifique: son fantásticas, traducido del francés.


Nota de la autora: Gracias a todos por sus encantadores reviews! El título del capítulo viene de la canción 'The Sun' de Maroon 5.