A Wonderful Caricature of Intimacy
(Una maravillosa Caricatura de Intimidad)
Disclaimer: todos los personajes, lugares y temas relacionados a Harry Potter le pertenecen a J. K. Rowling, Bloomsbury y Scholastic.
Capítulo 10: This Couldn´t be more Unexpected - (Esto no podría ser menos inesperado)
Hermione despertó con el sonido de agua corriendo y se preguntó a quién había dejado quedarse en su departamento la noche anterior. Los finales vestigios de sueño terminaron de disiparse y se dio cuenta de que:
1) No estaba en su departamento.
2) Estaba en el departamento de Draco.
3) Estaba en la habitación de él.
4) Había dormido a solo un par de metros de él durante toda la noche.
5) Estaba casada con él.
Se levantó de un salto con el corazón palpitando cuando toda la conciencia la golpeó. Estaba casada con Draco jodido Malfoy. Dios santo, ella era ahora la Sra. de Draco jodido Malfoy. Gimiendo en voz alta, volvió a sumergirse entre sus almohadas y cubrió hasta su cabeza con las mantas.
El sonido del agua corriendo se cortó y ella hizo un hueco entre sus mantas para echar un vistazo de su recientemente esposo entrando a la habitación con una toalla envuelta desprolijamente alrededor de su cintura. Su plano estómago estaba marcado por sus músculos, y el 'camino a la felicidad', de color rubio oscuro, que se dirigía hacia el área prohibida bajo la toalla capturó su traicionera atención. Pequeñas gotitas de agua bajaban por su torso y su cabello usualmente rubio platino estaba más oscuro por el agua, mientras se estiraba por una toalla más pequeña hacia su cabeza para frotarlo y secarlo.
Ella volvió a cubrirse bien la cabeza para evitar que Draco se diera cuenta de que ella estaba escudriñando su cuerpo semi desnudo.
Las mañanas por las siguientes dos semanas siguieron justo igual.
Y las noches eran una lenta tortura para Draco.
Hermione optó por tomar sus duchas por la noche antes de dormir, así después de que, como era usual, tuvieran una buena discusión sobre una cosa o la otra durante la cena, ella podría meterse en el baño en paz, para después salir en una bata enorme seguida por una fuerte esencia de verbena y jazmines.
Luego procedería a fruncirle el ceño, mientras ella tomaba varios elementos y volvía a desaparecer en el baño, murmurando entre dientes cosas relacionadas con lo que habían estado discutiendo.
Él miraría como sus pálidas espinillas y pantorrillas pisotearían la habitación, y cómo sus mejillas adquirían ese tono rosa brillante por los efectos de la reciente ducha de agua caliente.
Y luego su estúpida mente imaginaría a la bata cayendo…
Odiaba su cerebro.
Luego de dos semanas sin felicidad matrimonial, Draco y Hermione habían hecho un hábito el de evitarse mutuamente, haciendo sus cosas por separado, y solo viéndose el uno al otro en el desayuno antes del trabajo, la cena, al momento de ir a la cama… y por supuesto luego de que cada uno tomara sus respectivas duchas durante la mañana y la noche.
Una tarde de un viernes lluvioso, la que marcaba el comienzo de su tercera semana como marido y mujer, Hermione se sentó en el sofá de su hogar temporal mirando a Zane jugar con sus muñecos de Mortífagos que su abuelo le había regalado.
La primera vez que ella los había visto había sido dos días atrás, resultando en una discusión de proporciones épicas entre ella y su 'esposo'.
Recostada contra los almohadones, aún podía recordar la pelea que había terminado muy mal… tan mal, de hecho, que Draco y ella aún no se hablaban.
Ella miró a Zane tomar una de las figuras y hacer un sonido de explosión con la boca. Dejó que la memoria de la pelea se reprodujera en su mente mientras observaba al niño…
Hermione tomó el par de calcetines que estaban enrollados bajo la cama de Zane, preparando la ropa para hacer la colada. Luego de pescar los calcetines polvorientos, siguió recogiendo la ropa del cesto y se dispuso a salir de la habitación, pero antes pisó un objeto puntiagudo… y ella estaba descalza.
-Oh, ¡Dios santo! – exclamó, dejando caer toda la ropa y tomando su pie con una mano, mientras saltaba en un solo pie por toda la habitación con lágrimas acumulándose en sus ojos. Maldijo al juguete, maldijo la colada y luego maldijo a su esposo (principalmente porque aún estaba enojada con él por la discusión de esa mañana sobre como ella no debería dejar su rasuradora cerca de donde él podría usarla accidentalmente).
Ella saltó por la habitación por unos cuantos segundos más, mientras esperaba que el dolor ridículo disminuyera lo suficiente como para poder bajar su pie. Luego de limpiarse los ojos de las lágrimas acumuladas, se inclinó para tomar la ropa desparramada junto al cesto de la colada y, mientras lo hacía, descubrió al causante de su dolor.
Tomó el muñeco de quince centímetros y lo analizó. Estaba vestido con una larga y negra tela de pies a cabeza. Al principio pensó que se trataba de una figura que imitaba a un monje, pero con una mayor inspección, reconoció la pequeñita Marca Tenebrosa en el antebrazo de la figura sin rosto. Miró alrededor de la habitación y encontró cuatro muñequitos más similares.
Se puso lívida.
Unas horas después, Draco llegó a casa del trabajo sorprendido de encontrar a Hermione sentada en el sofá, con los brazos cruzados sobre el pecho y mirándolo fijamente. Él trató de recordar el motivo de su discusión esa mañana, y se preguntó si aún ella seguía molesta por eso.
-Uh, hola – dijo él, quitándose la capa con un encogimiento de hombros y buscando a su alrededor por su usual ataque de abrazos que Zane siempre le daba al llegar.
-Él está en su cuarto – dijo Hermione, sabiendo lo que él estaba buscando – Lo hechicé a prueba de sonido.
-Uh, oh – Draco rodó los ojos - ¿Qué espina tienes ahora en el trasero?
-¡Esto!
De repente ella estaba frente a él, sosteniendo frente a su rostro lo que parecía ser uno de los juguetes de Zane. Él miró a su rostro furioso.
-¿Te pones eso en el trasero?
-¡No! ¡No lo hago! – Le gruñó ella, literalmente – pisé esta cosa despreciable cuando estaba en la habitación de Zane juntando ropa para hacer la colada.
-Oh, bueno, lamento que lo hayas pisado. Mira mejor donde pisas la próxima vez y no estarás tan enojada – dijo él indiferente, tratando de pasar a su alrededor.
Ella volvió a moverse para bloquear su paso, mirándolo con pura furia - ¿Qué hace Zane con un juguete como este? ¿Lo encuentras divertido? ¿Es acaso una gran broma para ti? ¿Qué? ¿Acaso estás enseñándole sobre sus genes, o su herencia?
Al principio, Draco no había observado detalladamente al juguete, pero ahora que la perra esa estaba gritándole, le quitó la pequeña figura de la mano y la inspeccionó.
-Es solo un juguete – espetó – un regalo de su abuelo.
-¿Un regalo? ¡Es un mini Mortífago, Draco! ¿Qué clase de juguete es ese para un niño pequeño? – Exclamó ella - ¿Sabes cuán horrorizada estoy de haber reconocido este estúpido juguete?
-¿Podrías tranquilizarte? – le pidió él.
-No, ¡no voy a tranquilizarme! No quiero ver a Zane jugar con estos muñecos – susurró ella con tono amenazador.
-¿Perdona? – él estaba cabreándose poco a poco - ¿Y por qué exactamente le prohibiría a mi hijo jugar con estos muñecos? ¿Solo porque a la Pequeña Señorita Traumada le ofenden?
-Zane no debería jugar con ellos – prácticamente gritó Hermione – A menos que estés enseñándole la historia del mundo mágico, ¡quiero a esos juguetes fuera de esta casa!
-Oh, es cierto. Olvidaba que eras la dueña de la casa y que podías hacer las leyes que quieras, y que yo no tendría otra opción más que seguirlas – dijo Draco arrastrando las palabras – hazme un favor, Hermione, y quítate de mí vista antes de que te haga arrepentirte de gritarme sobre este tema.
-Voy a tirarlos a la basura – dijo ella.
-Y tú irás justo después de ellos en el cesto de basura si noto que uno de ellos desaparece – dijo él, pasando junto a ella.
-No le tengo miedo a tus amenazas- le dijo ella a su espalda mientras él caminaba a su habitación, desarmando el nudo de su corbata. Ella no sabía que él estaba contemplando la mejor forma de estrangularla con ella.
-Bien por ti.
-Voy a deshacerme de ellos.
-Me gustaría verte intentarlo.
- Zane no debería jugar con esto a menos que quieras decirle, o ya le hayas dicho tu conexión con ellos. Merece saber la verdad.
Draco se detuvo a mitad de camino y volteó hacia ella lentamente – No.
Ella retrocedió un paso mientras veía su rostro alterado por la ira. Él se acercó un paso hacia ella, intimidándola.
-¿Y por qué demonios no? – preguntó ella.
-¡Porque tiene cuatro años de edad, tú grandísima idiota! No tiene necesidad de saber sobre el pasado. Esos son sólo estúpidos juguetes y ya tienes que dejar el maldito tema antes de que yo haga algo de lo que me arrepienta luego.
-No quiero que él juegue con ellos – dijo ella suavemente.
-Qué mal.
-¿No quieres que él sepa el tipo de vida que llevaba su familia antes de que supuestamente encontraran algún tipo de salvación para sus pecados?
-¿Estás diciéndome que debería decirle a mi hijo que una vez fui un Mortífago?
-Tiene todo el derecho a saberlo.
-No, no lo tiene… ¿y quieres saber por qué él no tiene derecho a saberlo?
Ella tomó una respiración superficial al notar que estaba presionada contra la pared, con Draco aun avanzando hacia ella amenazadoramente. Él hablaba con un tono de voz bajo y furioso. Uno que ella apenas reconocía. Se le acercó hasta quedarse a unos pocos centímetros de distancia de ella.
Ella lo miró a los ojos, fijando su mirada con la de él.
-Mi hijo no sabrá sobre sus antepasados malvados porque yo nunca fui un Mortífago. Sorpresa, sorpresa, Hermione. ¿Estás aliviada ahora, Hermione? ¿Estás contenta de saber que no te casaste con el epítome de la maldad?
Ella permaneció mirándolo por unos minutos, fijando la mirada en esos ojos grises que no dejaban entrever nada. Estaba escudando sus emociones a la perfección…
-Espero que hayas aprendido a no hacer semejantes acusaciones otra vez – dijo él antes de voltear y alejarse de ella – Los juguetes se quedan.
-No, no lo harán – susurró ella.
Él la escuchó y volteó de nuevo - Por favor, hazme el honor de decirme por qué. ¿Por qué insistes tanto en deshacerte de esos juguetes? ¿Le temes tanto a los grandes y malvados Mortífagos como para que los más inocentes muñequitos te molesten? ¿Comienzas a arrepentirte de casarte conmigo, el hijo de un verdadero Mortífago, una persona que, hasta hace unos minutos, pensabas que era uno de ellos?
Hermione tomó una gran respiración, deseando que sus ojos no se llenaran de lágrimas. Pero se negaba, absolutamente, a dejar que las lágrimas cayeran mientras los recuerdos asaltaban su mente – Nunca tuviste que sufrir bajo la mano de un Mortífago – dijo ella tan bajo que Draco tuvo que inclinarse un poco para llegar a oírla.
-Ve a contarle tu llorosa historia a alguien más y deja de decirme cómo debo criar a mi hijo – dijo él ásperamente, antes de meterse a su habitación y cerrar de un golpe la puerta.
Era obvio decir que, desde ese momento, no volvían a hablarse. E incluso Zane notaba la tensión
-¿Mami? – preguntó Zane, levantando la mirada de sus muñecos - ¿Aún estás enojada con Papi?
Hermione abrió los ojos y miró al pequeño niño. Él estaba mirándola con sus amplios y grandes ojos plateados, esperando por una respuesta – Tu padre y yo no estamos muy felices el uno con el otro en este momento.
-¿Por qué? – preguntó él, tomando todos sus juguetes y poniéndolos junto a ella en el sofá. Ella jamás habría pensado que un hijo de Draco sería tan afectuoso, tan dulce… pero Zane siempre comprobaba que ella estaba equivocada.
Ella lo abrazó contra sí, besando su cabecita mientras él se acurrucaba junto a ella – Tuvimos una discusión y aún no nos hemos disculpado.
Zane la miró con confusión. Había usado muchas palabras grandes.
-Nos peleamos y aún no nos dijimos 'lo siento' el uno al otro – explicó de nuevo ella.
-Oh – respondió él – No quiero que estén enojados con el otro. Incluso tienen permiso de besarse de nuevo si eso hace que no se enojen nunca más.
En realidad preferiría darle un puñetazo al idiota.
Hermione sonrió y abrazó más firme a Zane – Pronto lo solucionaremos, corazón. Ahora, ¿por qué no me cuentas un poco sobre tu recreo con la maestra Donny? ¿Te divertiste?
-Sí. La maestra Donny hizo castillos de arena con nosotros y los hizo parecer de verdad con su varita cuando terminamos. ¡Wolf y yo los pisoteamos después y nos llenamos de arena en los zapatos! Nos picaba todo.
Ella estaba a punto de comentarle algo, cuando un suave llamado a la puerta la interrumpió. No podría ser Draco porque obviamente él no llamaría a su propia puerta, y además, era muy temprano para que regresara del trabajo. Eran las cinco y usualmente él llegaba a casa alrededor de las cinco y media.
Hermione dejó el sofá y caminó hacia la puerta. Miró a través de la mirilla para encontrarse con una mujer mayor parada fuera de la puerta. Se veía en sus últimos cincuenta, y tenía el cabello cortado muy corto, con unas gafas grandes en la punta de su nariz. Un traje de negocios y una libreta completaban su atuendo mientras esperaba pacientemente a que alguien le abriera la puerta.
Abriendo apenas la puerta lentamente, Hermione aclaró su garganta frente a la mujer - ¿Puedo ayudarla?
La mujer mayor sorbió por la nariz y levantó una ceja - ¿Señora Malfoy?
Se encogió – Sí.
-Buenas tardes. Yo soy Betsy Dalrymple, en representación del Departamento del Ministerio de la Magia de Servicios Sociales.
Mierda santa… el Profesional Doméstico del Ministerio. Oh, buen Dios.
-Buenas tardes, señorita Dalrymple, ¿está aquí por la inspección?
-Sí, eso es justamente por lo que estoy aquí.
-Um, bueno, por favor, pase. Para ser honesta, nunca recibimos ninguna notificación de que comenzarían con las inspecciones…
-Les mandamos una notificación hace tres semanas junto con el anuncio de que la señora Pansy d'Aggostino se había casado. Además, estas inspecciones no deben ser a su conveniencia, señora Malfoy. Son inoportunas, sin anuncio y completamente serias.
Relaja tus garras, mujer.
-Bueno, lamento decirle que mi esposo aún no llegó del trabajo. ¿No tiene que estar él también?
-Esperaré – dijo Betsy, caminando por la sala.
Hermione agradeció a los cielos que Zane haya levantado todos sus juguetes de Mortífagos, llevándolos donde sea que se haya ido. Era la primera vez en la historia que él recogía sus juguetes.
-¿Dónde está el niño? – preguntó Betsy, tomando asiento en el sofá como si fuera la dueña del lugar.
-Debe estar en su habitación. ¿Quiere hablar con él? – preguntó Hermione, tratando de no tirar su labio inferior entre sus dientes. Mostrar debilidad no era una opción.
-Sí. Me gustaría hacerle unas preguntas. Tráigalo.
Sí, señor. Lo que usted ordene, señor.
Hermione dejó a la siniestra vampira en la sala y caminó hacia el pasillo que daba a la habitación de Zane. Él estaba saltando en la cama, un hábito por el que él sabía que sería castigado. Cuando Hermione abrió la puerta, se tiró sobre la cama y pretendió que había estado acostado allí todo el tiempo.
-Buen intento, cariño – dijo Hermione, escondiendo una sonrisa – Tu padre va a enterarse de esto.
Zane le lanzó su perfecta mirada de cachorrito que aún conservaba una pizca de travesura – Lo siento, Mami.
-Zane, corazón, necesito que hagas algo por mí, ¿está bien?
-¿Qué? – preguntó él bajando de un salto de la cama.
-Una señora muy amable (¡MENTIROSA!) está en la sala y quiere hablar contigo por un momento. ¿Hablarías con ella?
-Ummmm, bueno – respondió él - ¿De qué quiere hablar?
-No lo sé, Zane. Vamos a averiguarlo – dijo Hermione, sosteniendo en alto su mano para que él la tomara. Él la agarró y caminó junto a ella hacia donde la Monstruo del Lago Ness estaba sentada, anotando cosas en su cuadernito con un tintero aprobado por el ministerio.
Ella levantó la vista cuando Hermione y Zane entraron, y le dedicó a él una falsa y enferma sonrisa – Hola, tú debes ser Zane.
Él asintió y se trepó al regazo de Hermione, una vez que ella se hubiera sentado en una silla enfrente de la mujer que daba miedo.
-¿Cuántos años tienes, Zane? – preguntó con voz gélida.
Él mantuvo levantados cuatro dedos y aumentó la presión en Rosie. Quizás podía pensar que Rosie el dinosaurio crecería más y más grande hasta comerse a la anciana. Roarrr.
-¿Vas a la escuela?
Él volvió a asentir.
-¿Sabes hablar? – preguntó ella filosamente.
Hermione frunció sus puños. Bruja malvada.
Una vez más, él asintió.
-¿A dónde vas a la escuela? – preguntó ella.
-A la escuela – respondió él inocentemente.
-¿Sabes el nombre de la escuela?
-Escuela – replicó él. Duh, mujer.
-Va al Centro de Educación para Pequeños Magos y Brujas, en Hogsmeade – respondió Hermione.
Betsy miró a Hermione a través de sus gafas con una mirada impaciente – Zane, ¿te agrada ir a la escuela?
-Sí. Mis amigos van a la escuela y mi mami nos enseña a mis amigos y a mí, y juego en el recreo en los centros, con Wolf – explicó él.
-Qué bonito – dijo ella forzando una sonrisa - ¿Te agrada tu nueva madre?
-Sí. Mi mami es la mejor mami de todo el mundo y la amo – dijo él – Me hace galletas todo el tiempo ¡y me deja comer la masa que sobra! ¡Son deliciosas!
Otra mirada directa hacia Hermione - ¿Sabía usted que la masa de las galletas tiene huevos crudos, verdad?
Hermione chirrió los dientes – Un poco de huevo crudo jamás mato a nadie.
-No es saludable – dijo tercamente Betsy, escribiendo rápidamente en su libreta.
Hermione quería tomar la maldita libreta y golpearla contra la cabeza de la anciana – Zane es un niño perfectamente sano. Soy una Cuidadora licenciada, señorita Dalrymple. Estudié y trabajé con niños pequeños por muchos años, y no necesito que nadie me diga qué es bueno para mi hijo y qué no lo es.
-¿Tú hijo? – preguntó ella.
-Zane es mi hijo, sí. Quizás no lo di a luz, pero él sigue siendo mi hijo en cualquier sentido. Por favor, no sea condescendiente conmigo, señorita Dalrymple, no voy a consentirlo.
Toma eso, gran perra. Nadie se mete con Hermione Jean Granger… Malfoy y vive para contarlo. Soy la bruja más inteligente de nuestra era, y más te vale recordarlo.
Antes de que el viejo sapo pudiera contestar, el sonido de la puerta delantera siendo destrabada atrajo su atención, y el corazón de Hermione dejó de latir. Draco estaba en casa.
Y estaban enfadados el uno con el otro.
Y por los últimos dos días, él la había ignorado desde el momento en que llegaba, murmurando una maldición entre dientes en su dirección mientras le dedicaba una fría mirada y caminaba hacia su dormitorio.
Ella movió a Zane hacia el suelo y saltó desde su silla mientras Draco entraba a la sala, mirando a sus zapatos al quitarse la capa.
Antes de que pudiera pensarlo, ella arrojó sus brazos alrededor de su cuello y le dio un breve beso en los labios. Se alejó un poco y le sonrió – Hola, cariño. Te extrañé.
Él parpadeó por un momento, con una mezcla de confusión en el rostro.
Ella lo abrazó y susurró en su oído, muy bajito – La PDM está aquí.
Sus ojos se ampliaron y sus brazos fueron alrededor de su cintura – Mi amor, también te extrañé – dijo él. Levantó la mirada por encima de la cabeza de su esposa y miró a la mujer sentada sobre su sofá mirándolos con escrutinio.
-No me dijiste que teníamos invitados, amor – dijo él, envolviéndose en el calor del abrazo de Hermione.
-Fui tomada completamente por sorpresa, Draco. Señorita Dalrymple, me gustaría presentarle a mi esposo, Draco. Querido, ella es la señorita Betsy Dalrymple, del Departamento de Servicios Sociales del Ministerio.
-Señorita Dalrymple, es un placer conocerla – dijo Draco extendiendo su mano para estrechársela.
Betsy apretó su mano y regresó a escribir en su libreta.
Él volteó a ver a Hermione con una mirada perpleja. Ella le respondió con un encogimiento de hombros y volvió a tomar su lugar anterior. Mientras tanto, Zane corría para saludar a su padre.
-Papi, Mami dijo que tengo que hablar con esta señora – explicó él - ¿Quién es ella?
Draco sonrió hacia la mujer que los estaba mirando.
-Ella trabaja en el Ministerio, Zane. ¿Recuerdas donde trabaja Tío Blaise? Ella es la encargada de asegurarse que las familias siempre sean felices.
-Oh – replicó él - ¿Sabe ella que tú y Mami están enojados con el otro? ¿Es por eso que está aquí?
Draco y Hermione gimieron internamente.
La sonrisa satánica de la mujer no podía hacerse más grande. - ¿Teniendo problemas maritales, señor Malfoy?
¿Quién mierda se cree que es, con su jodida libretita y ese peinado anticuado?
-No, señorita Dalrymple, no estamos teniendo ningún problema marital. Mi esposa y yo tuvimos una discusión dos noches atrás, y me temo que Zane la escuchó.
-Interesante – dijo Betsy, arañando con su pluma su cuaderno.
Hermione cerró los ojos y rogó que no fuera todo tal malo como parece – Señorita Dalrymple, de verdad espero que note que mi esposo y yo ya nos arreglamos de nuestra pequeña pelea. Somos una pareja casada normal, con sangre en las venas, que algunas veces no está de acuerdo en ciertas cosas. No puede sostener algo así en nuestra contra.
La otra mujer empujó contra sus ojos a sus lentes, pero no dijo nada.
Esperaron en un silencio tenso mientras ella escribía cosas en su libreta… Hermione estaba más que enojada por el comportamiento de la mujer. ¡Estaba indignada! Cómo se atrevía esta mujer a meterse en su casa y proceder totalmente de forma maleducada hacia ellos. Estaban legalmente casados, y ¿qué si no se amaban? Muchas parejas casadas se odiaban mutuamente.
-Esta fue una entrevista preliminar, Sr. Y Sra. Malfoy – dijo Betsy, levantándose – Le entregaré el reporte de mi primera impresión al Ministerio y recibirán la visita de su PDM permanente en el transcurso de la próxima semana, más o menos.
Giró en sus talones y se alejó por la puerta, despidiéndose ella misma.
Hermione y Draco permanecieron mirando el lugar vacío que había dejado Betsy, y luego se miraron el uno al otro. ¿Qué acababa de suceder?
Draco suspiró y se dejó caer en uno de los sofá, clavando sus codos en los muslos y enterrando su cabeza entre sus manos.
El corazón de Hermione se rompió ante esa vista. No era su culpa que el Ministerio haya enviado a la más sádica, injusta, torcida y malvada mujer que alguna vez haya pisado la tierra para su inspección preliminar.
-¿Estás triste, Papi? – preguntó Zane, poniendo su pequeña manito sobre el hombro de su padre.
Draco no levantó la cabeza mientras la sacudía en negación – No, Zane. Estoy bien.
-Zane, corazón, ¿por qué no vas y elijes dos juguetes para que salgamos a cenar? – sugirió Hermione levantándose de su lugar y tomando la posición junto a Draco.
Zane asintió y dejó a los dos adultos solos.
-Draco – comenzó Hermione a decir.
-No digas nada, Hermione – dijo él, aún con la cabeza baja – No necesito que alguien me diga qué tan mal salió todo eso.
-Draco, no dejes que esto te desilusione. La opinión de una malvada mujer no va a cambiar nada. Ni siquiera será nuestra PDM permanente. Y no hay posibilidad de que la próxima sea más mala que esta.
El levantó su cabeza y la miró – Quería aplastar su cabeza con esa libreta.
Hermione rió – Te juro que yo quería hacer exactamente lo mismo.
-¿Por cuánto tiempo estuvo ella aquí antes de que yo llegara del trabajo?
-Estuvo aquí cerca de media hora antes que tú. Le hizo a Zane unas cuantas preguntas, y le eché en cara mis habilidades para cuidar niños. Te diré una cosa: obviamente ella no tiene hijos… bruja vieja amargada.
La esquina de los labios de Draco se levantaron – Necesita follar con alguien urgentemente, para poder quitarse esa varilla del trasero.
Hermione frunció la nariz y sacudió la cabeza – Por favor, no necesitaba esa imagen. Me asustará por toda la eternidad.
Zane regresó a la sala cargando dos de sus muñecos de Mortífago – Bueno, ya elegí mis juguetes. ¡Vamos a comer!
Hermione no podía creer lo que veían sus ojos u oían sus orejas cuando Draco extendió su mano hacia Zane y le pidió los dos juguetes.
-Z, ¿qué te parece si regalamos estos juguetes?
Él miró a su padre en confusión - ¿Por qué? Son míos.
-Algunos niños no tienen ningún juguete con el que jugar, Zane. No tienen tanta suerte como tú, que tienes muchos, ¿y no te gustaría saber que hiciste a alguien muy feliz al regalarle uno de ellos?
Zane pensó en ello por un momento - ¿Quieres que comparta?
-No, quiero que le regales esos juguetes a alguien que no tenga ninguno. Se llama donación.
-¿Quieres que done mis juguetes?
Draco sonrió suavemente – Eso lo decidirás tú, hijo. Puedes dármelos y yo encontraré a algún niñito que no tenga juguetes y se los daré. Además, a tu mami no le gustan.
Zane se volvió hacia Hermione - ¿No te gustan mis juguetes?
Antes de que Hermione pudiera responder, Draco lo hizo por ella – A ella no le gustan estos juguetes justo ahora, Z. Les tiene un poco de miedo porque pisó uno de ellos y le dolió muchísimo.
¿Miedo? – preguntó Zane con una risita - ¿Mami tienes miedo de estos juguetes?
Hermione sonrió, sintiendo cómo estúpidas lágrimas se amontonaban en sus ojos por segunda vez en la semana – Estoy absolutamente aterrorizada.
-Ok. Puedes regalárselos a un niño pequeño, papi. ¿Vas a decirle que yo se los dí?
Draco asintió.
-Voy a buscar otros dos juguetes así podemos ir a cenar. ¡Tengo hambre y mi barriguita está haciendo ruidos!
Ellos asintieron y lo observaron abandonar la sala.
-Gracias – dijo Hermione en voz baja.
Él palmeó su mano y rápidamente se levantó del sofá, caminando hacia el pasillo que daba hacia los dormitorios, sin decir nada y sin mirarla.
Ella lo siguió con la mirada, pero con la mente viajando en una docena de direcciones diferentes. Él era el hombre más complicado del planeta. Era tan impredecible… tan errático y tan… tan… humano.
Se frotó la mano que él había tocado y no fue hasta que todos habían llegado al restaurante, que se dio cuenta que sus labios aún picaban del beso que ella le había dado antes.
Y no fue hasta que Draco reposó su cabeza en la almohada esa noche, listo para dormir con el aroma a verbena tan cerca de él, que se dio cuenta de que aún podía sentir sus suaves labios sobre los de él.
Nota de la Autora: Los quiero un montón, gracias inmensamente por todos sus dulces reviews! El título del capítulo viene de la canción 'So Contagious', de Acceptance.
