Titulo: "Love me, Brother"

Autor: YUKI-NII.

Género: Friendship

Ranting NC17

Pareja: SasuNaru

N/A Naruto no me pertenece. Todo es de su gran autor, Kishimoto-Sensei

Resumen: Dentro de este mundo, se volverán a encontrar, hasta que al fin puedan estar juntos. Y tú, tú amas a Naruto mas allá de lo natural, más allá de lo permitido, amas a tu pequeño hermano con el deseo perverso de hacerlo tuyo por completo.

.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:. .:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.

Capitulo. 2

.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:. .:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.

La recuperación de Japón, tras la década de los 40 podría clasificarse casi como la resurrección del ave fénix dentro del siglo XX. El exótico país del sol naciente, se levantaba, cargando tras su espalda una guerra mal concluida, mucha muerte y gran parte del territorio refulgente de radiación nuclear. La isla perdida mucho tiempo de la vista de una América industrializada y siendo más un país exótico y de extrañas costumbres, termino siendo una víctima más de un conflicto que nunca concluyo de ser mas que la exterminación de personas a muchas millas de su ubicación. Con decisiones erróneas de alianzas. Y con daños que se pensaron, eran irreparables.

Sin embargo todo cambio, la voluntad, el orgullo, el amor y la esperanza, bautizaron esa época como el milagro japonés. Se comenzó a respirar paz y abundancia, cuando la nación adopto una estrategia inteligente para bajar la cabeza, respirar profundo y aprender del enemigo toda esa fuerza que se había perdido en algún punto del camino.

1960, llegó entonces, con el banco monetario en su más exuberante periodo, con la adopción de una cultura occidental fusionándose con la natal, con una nueva generación llena de expectativas y con un futuro que radiaba con su propia luz.

Sasuke termina la lectura de la historia de Japón justo cuando la campa de la torre suena. Es otoño, y las ramas secas de los enormes arboles arañan las ventanas del segundo piso del edificio oeste. Ese que resguarda a los niños de segundo grado. El profesor, que hasta entonces mantenía sus ojos cerrados escuchando atentamente la voz del niño de ocho años. Levanta el rostro para mirar como todos los pequeños se han puesto de pie y dan una reverencia, agradeciendo las clases de ese día.

Iruka sonríe, da un asentimiento leve con su cabeza, y se retira, bajando del pequeño podio de un solo escalón, que le mantiene en una escala más alta que el nivel del piso del salón. Da media vuelta y recorre el shōji para salir. En cuanto su sombra queda oculta por la deslizante puerta de madera, todos los niños rompen el silencio y sacan sus Ben-To envueltos en pañuelos multicolores, giran las butacas viejas y comienzan a comer de manera apurada, entre risillas y grititos.

Sasuke recarga su mentón sobre su mano, mirando las hojas de un amarillo pálido y naranja apagado caer como una lluvia silenciosa. Su mente divaga, un poco cansada, en las pesadillas que ha estado teniendo desde que su madre anunciase, en medio de una comida, que estaba embarazada. Él pestaño casi aturdido, como si la sonrisa amplia y el balbuceo de su padre fueran una reacción equivocada ante tal noticia. Itachi en cambio, y sin perder la costumbre, se levanto para ir hasta la mujer de largos cabellos oscuros y felicitarla.

Sasuke pensó, que quizás era la sorpresa lo que había puesto su cuerpo entumecido y que lo tenía aun ahí, con las manos apretujando el asiento de la silla, y con la espalda dolorosamente recta. No parecía tener ni la intención ni el ánimo para moverse hasta llegar a su madre, se sintió repelido, casi asqueado, el estomago se le revolvió. Empujo entonces el plato de la comida por la superficie de madera, tan lejos de él, que cuando noto que su hermano se inclinaba con las cejas arqueadas y una mano en alto que iba directo a su frente, por fin su cuerpo reacciono, se hizo hacia atrás, lejos de Itachi, lejos de sus padres, de la comida y la mesa.

Se levantó, con pasos rápidos y subió las escaleras para entrar a su habitación y encerrarse, apoyo su espalda sobre la puerta y resbalo despacio, hasta que sus caderas se clavaron en el dintel y sintió el frio de la madera en sus piernas. Sus manos estaban temblando. Sasuke no sabía si estaba asustado, o era nada más que pura emoción diluyéndosele por las venas. Ese día, su padre tuvo que conseguir una llave maestra para poder entrar y encontrarlo envuelto entre las sabanas de la cama, por alguna razón el más pequeño de la familia jamás había podido conciliar el sueño en un futon.

Sasuke dormía, con las mejillas sonrosadas y la respiración agitada. Cuando Minato toco su frente, la fiebre había estado en su punto más alto de ebullición. Lo tomo en brazos para bajar hasta el baño y abrir el grifo de agua fría. Retiro sus ropas y lo zambullo en esa bañera nueva de cerámica blanca.

Los oscuros ojos de menor, se abrieron. Minato nunca entendió que había ocurrido con el cuerpo de su hijo, pero si supo que la mirada que le dio, con las lagrimas confundiéndose con el agua no fue más que un alivio tan puro y grande, que el suspiro de que solo se trataba de un síntoma de que Sasuke continuaba creciendo fue la vía mas viable. Pensar que se había enfermado por la notica del embarazo era algo que jamás iba siquiera a considerar.

Unas semanas después, Sasuke comenzó a gritar por las noches, los sueños extraños, llenos de rostros, palabras a medias y mucha sangre, hicieron su aparición. Pronto las horas para dormir se redujeron a la mitad. Nunca le dijo nada a nadie.

Sasuke- kun – el llamado de una chica de ojos claros le hacen girar el rostro. Hinata con su cabello recién cortado y sonrisa diminuta le da un frasquito de leche fresca – te hará sentir mejor –

Y es algo mecánico, que Hinata atraviese todo el corredor hasta su aula solo para cerciorarse que esa hora coma algo, y no solo se pierda entre sus pensamientos con los ojos clavados en la ventana. Son vecinos y algo muy parecidos a amigos. Ella es quizás una de las pocas personas que puede descifrar todo lo que el rostro de Sasuke esconde, con ese cambio de personalidad que tiene preocupado a la mayoría de las personas que le rodean. Lo han llevado al médico más veces en un mes que en toda su vida. El doctor repite lo mismo tras cada visita, un ambiente sin estrés, horas de sueño y convivir con otros niños. Sasuke no cree que pueda tener nada de ello.

Toma el frasquito y lo bebe. Hinata se da por satisfecha, saca el Ben-To que sabe que está en la mochila que cuelga a un costado del pupitre y lo abre, pone ambas cajitas juntas y comienza a comer. Sasuke no tarda en seguirle.

Itachi, recargado en una de las murallas del colegio, le mira, con la bicicleta a su lado y una sonrisa que se inclina más a una nostalgia entre ambos y que ha sido una de las tantas consecuencias del impertérrito que Sasuke ha adoptado.

Su hermano le saluda, quitando el freno de la bicicleta y subiéndose a ella, Sasuke monta entonces la parte trasera como si fuese un caballo, pasando sus brazos por la cintura de un Itachi de 13 años, con su largo cabello en una coleta baja que se mueve al compás de su pedaleo. La rutina que ahora mantiene, del mayor recogiéndole todo los días, ha sido una sugerencia de Minato, que Itachi ya tenía pensada.

Como el refuerzo que ha dado por la preocupación casi irónica, que compite con el vientre de Mikoto que crece un poquito más a como las estaciones cambian. Ese octubre ha llegado a su noveno y último mes, todo a su alrededor se ha vuelto más delicado, y ha sido obligada a estar siempre sentada, por sus hinchado pies y el peso extra que carga. Sasuke no ha notado que con los cambios de humor provocado por el desbalance de hormonas, a veces su madre llora, llena de culpa, porque cree que el nuevo integrante de la familia no será del todo aceptado cuando llegue al mundo. Mikoto no podría estar más equivocada.

Las calles inclinadas que llevan a la estación de Kansai no es el camino a casa, Sasuke jala la parte final del uniforme, de un negro brillante, de su hermano.

¿A dónde vamos? – las ruedas de la bicicleta entonan una canción cada vez que truenan contra los hojas secas que forman una alfombra de colores cálidos a los costados de la calle. Itachi gira la cabeza sobre su hombro, deteniéndose en una intersección –

Vamos a que conozcas a alguien muy especial – le sonríe. El menor aprieta los labios, algo no está bien. Y esta por preguntar cuando su hermano dobla a la derecha, el gran edificio del hospital se impone alto y demandante ante ellos, inconscientemente su cuerpo se tensa, deja caer la frente sobre la espalda de Itachi – Sasuke, ¿estas bien? – pero el otro no le responde –

El mayor para su pedaleo en la entrada de hospital local, los pequeños brazos de su hermano aun le sostienen con fuerza. Itachi espera un momento antes de retirarlos él mismo y bajar de la gastada bicicleta. Observa como Sasuke con una mueca entre molesta, dolida y casi traicionada le mira desde el asiento. Como si no pudiera entender cómo es que no fue avisado antes del lugar al que iban. Esto no hace más que avivar esa curiosidad innata que tiene el de cabellos largos, porque querer entender que es lo que está pasando para que el comportamiento de Sasuke haya mutado de ser la infantil e inocente criatura que siempre iba como un patito tras sus pasos, al niño silencioso y molesto con el mundo.

Se inclina, Sasuke gira el rostro, Itachi sonríe, tomándolo de los hombros para obligarle a bajar. Su mano envuelve la más pequeña y van hasta el aparcamiento de las bicicletas para dejarla. Sasuke camina con lentitud, casi siendo arrastrado entre más cerca de la puerta principal están. Se resiste con mucha voluntad que está en medio de un rotundo no y un berrinche de niño mimado que no terminar de condensarse.

Las cosas empeoran, cuando en frente del cuarto 15 del ala de maternidad, Sasuke se ha puesto en una posición, donde su espalda se protege con la pared y el rostro se le esconde entre las rodillas flexionadas.

Si no lo ves aquí, lo veras en casa – Itachi, que con su voz suave y grandes manos sostiene las mejillas del menor, trata de encontrar una solución pacifica ante el vano intento de Sasuke por querer evitar ese encuentro — ¿Lo odias? – y ahora si el respingo que da el menor es casi cómico, por la indignación que las palabras le ha causado a su pequeño cuerpo –

¡No lo hago! – habla fuerte, casi en un grito. Sin embargo Itachi sonríe, antes de asentir y ahora si levantarlo para que entre a la habitación con olor a desinfectante y de horrorosas cortinas verdes –

Cuando los ojos de Sasuke miran el bulto en los brazos de Minato algo se le retuerce en el estomago, tiene un nudo en la garganta, y corre, corre hacia su padre de forma desesperada, casi angustiosa. Con los manos en alto para quitar la manta que envuelve al bebe. Minato se debate entonces entre ponerse a la altura de su ahora hijo del medio o sostener en alto a su más pequeño.

Los ojos húmedos de Sasuke le hacen claudicar, sus dedos siguen enredados en la manta que se baja, revelando a un bebe de un color más oscuro que la piel de sus hermanos mayores. Sus azules ojos, con pestañas rubias se baten con rapidez. Su cabello no es más que una mota rubia sobre sus cabecita. Y las lágrimas se le resbalan entonces a Sasuke, mientras deja caer todo su peso sobre el costado de su padre e hipea de manera cansada y sin sentido.

Me hiciste esperar demasiado Usuratokanchi –

Naruto nace un 10 de octubre de 1965, en Osaka, cerca del mar, con una familia que le esperó ansiosa y en una época donde por fin se pueda respirar paz.

Continuara…