A Wonderful Caricature of Intimacy

-Una Maravillosa Caricatura de Intimidad-

Disclaimer todos los personajes, lugares y temas relacionados a Harry Potter le pertenecen a J. K. Rowling, Bloomsbury y Scholastic.


Capítulo 12: Holds me Tight When No One is Around – Abrázame fuerte cuando nadie esté cerca.

Draco se levantó unos días después de la cena con la PDM con el peor dolor de cabeza que hubiera recordado tener. Le hacía palpitar la cabeza, sus muñecas le dolían, su estómago estaba revuelto y sus manos se sentían heladas.

¿Qué demonios está mal conmigo?

La luz que se colaba por la ventana estaba torturando sus ojos, así que se tapó hasta la cabeza con las mantas y gimió a causa de que el movimiento hacía que todo su cuerpo le doliera. Era sábado, gracias a Dios, así que no tendría que ir a trabajar, ni levantarse temprano… pero aún tendría que lidiar con su mujer y su hijo. Mierda.

-¿Vas a levantarte algún día? – oyó la voz de Hermione decir a través de las mantas – Es casi la tarde ya.

¡¿Tarde?!

-Vete – dijo rasposamente y con brusquedad. Hablar no parecía una buena idea. El esfuerzo que le tomó esa palabra ocasionó una serie de tos que parecía no acabar jamás.

-¿Estás bien? – preguntó Hermione, con la voz sofocada a través de las mantas.

Por supuesto que estoy bien. Siempre suelo toser un testículo por la garganta durante la mañana… mantiene la sangre en movimiento.

Él tosió en respuesta, agarrándose la cabeza cuando su oscuro santuario fue desarmado sorpresivamente, y observó a Hermione parada junto a él, con una mirada de preocupación en el rostro.

-Esa tos no se oye bien…

¡La luz! ¡Quema!

-Te ves más pálido que lo usual – murmuró ella.

Él trató de mirarla con enojo pero el mero esfuerzo de eso parecía doler horrores. Decidió entonces doblarse en posición fetal y maldecirla silenciosamente. Estaba tan débil… ¡y todo dolía!

Sintió su cálida mano en su frente, pero no tenía ni siquiera la energía suficiente como para alejarla… su toque era suave, de todos modos, ¡y tan malditamente confortante para su dolor!

-Dios, estás quemándote – dijo ella, con la mano ahora en su mejilla – Quédate aquí. Iré a buscar mi varita.

¿Quedarme aquí? ¿Dónde podía ir en este estado?

Él no se dio cuenta de que temblaba hasta que Hermione regresó y lo volvió a cubrir con las mantas, mientras comenzaba un mini examen médico con su varita.

-Definitivamente tienes fiebre, Draco… cuarenta grados – suspiró ella, volviendo a tocar su rostro.

-T-tan ffrio – tartamudeó él, con los dientes castañeando y todo el cuerpo temblando.

-Oh, pobre cosita – dijo ella suavemente, aún con la mano cálida contra su mejilla – Creo que podrías tener una gripe. ¿Te duele alguna parte de tu cuerpo?

Él asintió y comenzó a toser de nuevo.

-Si, definitivamente pienso que tienes gripe…

-¡Papi! ¿Por qué sigues durmiendo? – se escuchó la voz de Zane desde la puerta.

Draco gimió y se cubrió la cabeza con las mantas.

-Zane, cariño, necesitas regresar a la sala. Papi está muy enfermo y podrías contagiarte si estás cerca de él.

-¡Oh, no! – dijo él, con la preocupación genuina de un niño - ¿Papi está enfermo? ¡Necesita ir con un Sanador y le darán medicinas y se pondrá mejor!

-Gracias, Zane. Esa es una buena sugerencia. Ahora, apresúrate hacia la sala y estaré allí en un instante.

Los rápidos pasitos de su hijo alejándose eran una buena noticia. Bajó apenitas las mantas y se las arregló para abrir un ojo - ¿Ya se fue?

Ella asintió y se alejó un paso cuando Draco salió disparado de la cama y prácticamente corrió hacia el baño. Ella llegó a escuchar los sonidos de las arcadas de él vomitando, e inmediatamente fue tras él.

Gracias a Dios, había llegado al inodoro y ahora estaba recostado con la frente contra éste, gimiendo y apretando su estómago. Ella caminó hacia el lavabo y, tomando una toalla, la humedeció un poco para luego arrodillarse junto a su esposo enfermo y limpiar su rostro - ¿Ya terminaste de vomitar?

Él asintió débilmente, con los ojos cerrados mientras se inclinaba hacia su cálido toque – T-t-tan f-f-frio – repitió.

-Lo sé, Draco – murmuró ella, acariciando su mejilla con una mano y limpiando todo con su varita en la otra – Vamos a llevarte de nuevo a la cama.

Él le permitió levantarlo del suelo, internamente enojado por su debilidad y por tener que depender de ella. Una vez que alcanzaron la cama, colapsó pomposamente sobre ella y volvió a cubrirse con las mantas firmemente. ¿Por qué… por qué está tán f-frío? – refunfuñó.

-Es solo un síntoma de tu estado febril – le aseguró Hermione – Voy a ver si tus padres pueden ver a Zane por hoy porque no creo que pueda cuidarlos a ambos y asegurarme que no se enferme también.

-¿Tú… n-no v-vas a enf-fermarte? – preguntó Draco, sorprendido de que su cerebro aún funcionara con todo el dolor que tenía.

-Recibí una vacuna contra la gripe un tiempo antes de que nos casemos, así que estoy bien por ahora – dijo ella – Voy a darte una poción para bajar la fiebre y quizás algún analgésico si puedo encontrar alguno.

-V-vé… llev-var Zane… mis pa-padres – jadeó, exhausto del esfuerzo de vomitar antes – Medici-na después.

-Quédate en cama – ordenó ella – Te ayudaré a cambiarte con una camiseta distinta y luego quiero que te quedes en la cama. También te dejaré cerca el cesto de la basura por si quieres volver a vomitar.

Él murmuró algo en respuesta. Podría haber sido una maldición o una nota de gratitud, o podría haber sido divagaciones. La fiebre estaba haciendo difícil el entenderlo.

Lo ayudó a cambiarse, preocupada de lo caliente que estaba su cuerpo, y aun así temblaba. Ella envolvió su manta alrededor de su cuerpo firmemente, e incluso le puso encima su propia manta.

Sus ojos estaban cerrados para cuando ella dejó la habitación, tenía una línea de sudor frío alrededor de su frente y los dientes le castañeaban.

Zane estaba sentado en el sofá en la sala, con las cejas fruncidas y sus delgados brazos cruzados sobre el pecho. Al momento en que vio a Hermione, salto hacia ella y se abrazó a sus piernas. -¿Papi va a morir?

-No, no, Zane. Él solo está muy enfermo – dijo ella, arrodillándose para levantar al preocupado niño – De hecho, vas a ir a casa de Abela y Abelo para que no te enfermes tú también.

-¡¿Pero Papi se quedará solo?!

-No, yo me quedaré con él y me aseguraré de que tome su medicina.

-¿Lo prometes? – preguntó Zane, con sus bracitos alrededor del cuello de ella, y sus amplios y plateados ojos mirándola con confianza inquebrantable.

-Sí, lo prometo – sonrió ella suavemente – Ahora, ¿te portarás bien con Abela y Abelo? Quizás tengas que pasar la noche en la mansión.

-¡Abela me deja dormir en la habitación de Papi cuando era un niñito como yo! – le dijo él mientras ella lo bajaba y caminaba hacia la chimenea. Arrojó un poco de polvos flú, anunciando la mansión Malfoy y el nombre de Narcissa.

-Hermione, ¡querida! – el sonriente rostro de Narcissa se dejó ver entre las llamas verdes - ¡Han pasado siglos desde la última vez que hablamos!

Hermione levantó una ceja – Pero si hablamos hace unos días.

-¡Siglos! – rió Narcissa.

-No todas podemos ser Reinas de la Sociedad, Narcissa – respondió ella con un toque de gracia – Pero me temo que esta no es una llamada de placer. ¿Te importaría cuidar de Zane hoy, y quizás hasta mañana? Draco al parecer atrapó algo horrible; la gripe para ser exactos. No quiero que Zane pesque nada.

-Oh, mi pobre bebé – murmuró Narcissa, con sus aristocráticas facciones formando una mirada de preocupación – Por supuesto, no me molesta cuidar a Zane. ¿Te gustaría que le mande una lechuza al Sanador de la familia?

-Esa es en realidad una buena idea. Me estaba preguntando como conseguiría llevarlo hasta San Mungo. Apenas puede moverse.

-Le mandaré una lechuza en este instante. Y mandaré a Lucius a buscar a Zane. ¿Tú te quedarás con Draco?

Hermione asintió.

Narcissa sonrió – Gracias, queridísima. Sabes que no tienes que hacerlo, dado que no te pagan por cuidar de él. Si es mucha molestia, iré personalmente y lo cuidaré yo.

-No, no hay problema. Puedo cuidarlo yo, ya se lo prometí a Zane – dijo Hermione encogiéndose de hombros. Era una persona sacrificada por naturaleza, pero no tenía idea que la caridad también se aplicara a un Draco postrado en cama.

-Entonces vuelvo a agradecértelo, Hermione – dijo Narcissa con una pequeña sonrisa en el rostro, mientras estudiaba las facciones de su nuera. - ¿Segura que estarás bien?

-Estoy entrenada en el caso de que un niño se enferme bajo mi cuidado. ¿Qué tan difícil será cuidar de un adulto enfermo? Es cierto que es un quejica e irritable por naturaleza sin estar enfermo, así que es probable que eso se vea intensificado con la fiebre… pero siempre existen los hechizos silenciadores.

Narcissa rió suavemente, mientras escribía una nota para el Sanador de la familia – En realidad era un paciente excelente cuando era más chico. Nunca se quejaba cuando tenía que tomar las asquerosas pociones y nunca lloró cuando recibía inyecciones. Mayormente me parece que se debía a que estaba horrorizado por no mostrar debilidad ante su padre, para no decepcionarlo, pero me aseguré de dejarle en claro que era perfectamente normal ser débil algunas veces. Escúchame hablar sin sentido. Ve a decirle a Zane que se prepare, y mandaré a Lucius al momento. Gracias otra vez, querida. ¡Ta, tá!

Hermione se despidió y cerró la conexión de la red flú. Se volvió hacia Zane que había escuchado la conversación sobre su hombro – Ve a buscar a Rosie y luego puedes ir con Abelo.

Zane se apresuró a correr por su dinosaurio mientras Hermione le abría la puerta a su suegro, quien acababa de aparecerse. Él le dedicó una sonrisa forzada cuando ella respondió a la puerta, y ella le devolvió una sonrisa real, solo para molestarlo un poquito.

-Hola, Lucius, por favor pasa – dijo ella, moviendo su brazo en dirección a la sala.

Él asintió con su cabeza levemente y entró en la habitación, con su capa frotándose con pomposidad - ¿Dónde está Zane?

-Está buscando su dinosaurio – replicó ella - ¿Cómo has estado?

Él levantó una ceja y le dirigió una mirada de disgusto – Estoy bastante bien, gracias. ¿Y tú?

-Fantástica. La vida casada es maravillosa – dejó salir, conteniendo una carcajada ante la mueca de disgusto de Lucius - ¿Sigo sin gustarte?

-Nadie me gusta – replicó él – Así que no te sientas tan especial.

Ella sonrió ante eso, notando que poco a poco iba rompiendo su cascarón.

-¡Abelo! – exclamó Zane, corriendo dentro de la sala con Rosie apretujada en su brazo – Papi está enfermo y yo tengo que ir a tu casa y quedarme ahí todo el día y después dormir ahí.

-Tu abuela tiene algunos planes contigo. Así que , si te portas como un buen niño, obtendrás tu sorpresa – dijo Lucius, ofreciéndole su mano al pequeño – Dile adiós a su madrastra.

¿Madrastra? ¿Por qué la gente sigue llamando a mi mami de esa forma? Abelo es un tonto.

-¡Adiós, Mami! Recuerda, ¡debes cuidar a papi para que se ponga mejor!

Ella le aseguró que lo haría por lo que parecía ser la veinteava vez en el día, y le dio un beso antes de acompañar a él y a Abelo hacia la puerta. Cerrándola cuando se fueron, regresó a la habitación para encontrar la montaña de mantas aún envueltas alrededor de Draco.

-¿Draco? – lo llamó suavemente, insegura de si estaba dormido o no.

-¿Mmm? – replicó él en un gruñido bajo.

-¿Estás despierto?

-Sí, todo duele – su débil voz se escuchó por debajo de las mantas.

Una pizca de simpatía la recorrió desde dentro hacia afuera mientras se acercaba a la cama y quitaba las mantas hacia abajo un poco para verle la cara. Poniendo sus manos en las mejillas de él para controlar si la fiebre había descendido un poco, se preocupó al notar que incluso parecía más caliente.

-Estás prácticamente quemando – murmuró ella, preocupada por su rostro colorado, con las mejillas de un rosa fuerte y la cetrina mirada en sus ojos – Tu madre le mandó una lechuza al Sanador de tu familia. Estará aquí pronto.

Él asintió débilmente y se inclinó más cerca de su tacto. Ella no tenía el corazón para dejarlo, así que se sentó en el borde de la cama y cepilló con los dedos su cabello sudoroso fuera de su frente.

Él estaba vulnerable, a su merced y ella se encontró perdida. Sus instintos maternales le impulsaban a envolver sus brazos alrededor de él, atrayéndolo en su regazo… pero su lado racional le advertía que sus sentimientos comenzaban a traicionarla. Estaba acercándose cada vez más a sentir mucho más que sentimientos neutrales hacia su esposo. El segundo cheque aún no había sido cobrado, y él ya se estaba abriendo paso en su cabeza.

El llamado a la puerta delantera la sacó de sus ensoñaciones y se levantó para atenderla, pero la mano de Draco envuelta en su cintura la detuvo. Él la miraba con el mayor gesto indefenso que alguna vez haya visto en él - ¿Dónde te vas? – susurró él.

-Voy a hacer pasar al Sanador. Estaré de regreso en un instante.

La fiebre lo estaba volviendo delirante, porque sus siguientes palabras la dejaron sin respiración - ¿Lo prometes?

Sonaba tan parecido a Zane que ella se quedó mirándolo por varios segundos antes de recuperar el normal funcionamiento de su cerebro – Sí, te prometo que volveré en un instante.

Rápidamente dejó la habitación, frotando su cintura en donde su mano ardiente la había agarrado. Abrió la puerta para el anciano Sanador que estaba parado del otro lado.

-Sra. Malfoy, Sanador Claredon a su servicio – se presentó.

-Un gusto en conocerlo – dijo ella con una sonrisa – Pase, y por favor, llámeme Hermione.

-Ahora, Narcissa me dijo que quizás Draco tenía gripe – dijo él, caminando hacia el dormitorio.

-Sí, su fiebre ascendió a cuarenta grados, le duele el cuerpo, tiene náuseas y vomitó, una tos que sonaba bastante rasposa…

El sanador asintió – Si, eso suena a una gripe. Solo le daré un rápido examen con mi varita de diagnóstico para comprobarlo.

Llegaron al dormitorio y Hermione rápidamente se acercó a la cama para despertar a Draco, dado que se había dormido en los pocos segundos que ella había estado lejos – Draco, el sanador ya está aquí.

-No, no quiero ir al colegio – murmuró.

-Me parece que la fiebre lo está confundiendo un poco – explicó ella.

-No hay problema. No necesito que esté despierto para un diagnóstico – dijo él amablemente. Pasó su varita dorada sobre el cuerpo dormido de Draco y asintió cuando el color cambió.

-Está en lo cierto, Sra. Malfoy, de hecho tiene una fuerte gripe. Sin embargo, no creo que sea una enfermedad larga, a lo sumo de 24 horas. Quiero que le suministre un supresor para la tos, y una poción analgésica que le daré. Asegúrese que se mantenga caliente mientras él sienta frío, y cuando la fiebre comience a remitir no le deje enfriarse demasiado rápido, ni siquiera cuando él le asegure que se siente caliente. Puede usar compresores de frío cuando se queje de sentirse acalorado, y asegúrese que se mantenga en dieta de líquido hasta que se sienta mejor.

Ella asintió y guardó cada consejo en su masiva memoria - ¿Algo más?

-No, no lo creo. No hay posibilidades de que esto empeore. Estará bien para el final del fin de semana si sigue mis consejos. Pero, en caso de que la fiebre no baje, o empeore, no dude en contactarme por lechuza o red flú inmediatamente.

Hermione volvió a asentir, con un tenso sentimiento en sus entrañas ante la posibilidad de que Draco empeore. Pero el sanador le aseguró que no era nada serio.

-Muchísimas gracias, sanador Claredon. Lo mantendré al tanto de su progreso – dijo ella, caminando hacia la puerta. Antes de irse, él le entregó las pociones que debía suministrarle a Draco, y su información personal para que lo contactara.

Una vez que se fue, Hermione regresó a la cocina para llenar un vaso con agua, uno con jugo de naranja y un pedazo de fruta para ella, dado que obviamente no tendría la posibilidad de comer algo más. Secando rápidamente la mesada, regresó a la habitación, pero sintió una súbita aprensión embargarla. Esperaba que no estuviera cometiendo un error al quedarse aquí con Draco, asistiéndolo en su fragilidad, y permitiendo que su compasión la arrastrara por un camino que sería arriesgado.

No pienses demasiado en esto, Hermione. Sigue siendo un idiota exasperante… ayer mismo te dijo que no le gustaba la forma en la que hacías la cama, cuando él endemoniadamente sabe que podría hacerse la cama él solito.

Oh, pero ahora está acostado ahí, temblando y sudando al mismo tiempo, confuso y alucinando por la fiebre, dependiente completamente de ti…

¡No sientas pena por él! ¡Deja de hacerlo! Si sientes empatía por él, ¡eso te llevará a cosas que tú no quieres que sucedan!

¿Pero cómo se supone que me sienta al respecto? Está enfermo en cama y…

Y pronto volverá a su molestia natural.

Bien, entonces solo guardaré mis emociones. De esa forma, nada malo sucederá.

¡Ahí lo tienes! No dejes que traspase tus defensas. Los hombres juegan sucio en ese sentido. Después de todo, son el género más patético…

Hermione sacudió su cabeza para desvanecer los pensamientos enfrentados. Tendría que estar volviéndose loca, hablando con ella misma en su propia mente… y discutiendo con ella misma en su propia mente.

Echando un vistazo en la habitación antes de entrar, observó que Draco aún dormía, con las mantas aun envolviéndole. Caminó hacia la cama y se sorprendió al notar que en realidad él estaba de costado, con los ojos abiertos y mirando a ninguna cosa en particular – Prometiste que regresarías – dijo él con la voz rasposa.

-Solo fui a traerte un poco de agua y jugo – dijo ella, dejando las bebidas y las medicinas en la mesita de noche – el sanador dice que tienes gripe.

-¿Ya vino el sanador? – preguntó él, apretando las mantas con los puños para acercarlas más a él.

-Sí, y dice que te mejorarás pronto. Para eso, debes tomar tu medicina.

Él asintió y trató de incorporarse en la cama, haciendo una mueca cuando Hermione se acercó a ayudarlo – Aún me duele todo.

-¿Qué duele? – preguntó ella, con las cejas frunciéndose mientras lo miraba.

-Todo – dijo él – En realidad es muchísimo el sufrimiento.

Ella sonrió levemente y palmeó su mano mientras se estiraba para tomar el supresor de la tos y el analgésico – Toma esto y luego volverás a descansar. No quiero que salgas de la cama hasta que la fiebre baje.

Con su ayuda, él tragó las pociones y luego un gran trago de agua. Ella lo ayudó también a volver a acostarse y palpó su frente – La medicina tardará un rato en actuar.

Él cerró sus ojos y asintió - ¿Te quedarás conmigo?

Demonios… ¿Cómo podría decirle que no?

-Sí, me quedaré. Solo duerme un poco.

-Todo aún es tan malditamente frío – murmuró él.

-Podría aplicarte un hechizo de calor, pero una vez que la fiebre baje, no queremos que siga corriendo. Solo usa las mantas por ahora.

Mientras se movía para levantarse, la mano de Draco se extendió para agarrar su brazo. – Quédate… por favor. No puedo soportar el frío… es muy parecido a… a… - trató de decir.

-¿Es parecido a qué? – preguntó ella, extendiendo su mano para despejar el pelo del rostro sudoroso de él.

-Como… mazmorras… Slytherin – dijo con tono áspero.

Ella no supo qué contestar a eso, confundida como siempre - ¿Qué quieres que haga?

-Solo no… te vayas – murmuró medio dormido.

Con un suspiro pesado, se dio cuenta de que él quería que ella se quedara en la cama con él… su cuerpo proveyéndole la calidez humana que como era sabido era un buen remedio. Su madre siempre le había dicho que el toque de una madre era siempre mejor que cualquier medicina. Bueno, en este caso, el toque de una esposa de mentira. Admitiendo su derrota, ella se trepó a su cama y se tragó un jadeo cuando él la rodeo con un brazo y la atrajo hacia sí - ¿Mejor?

Él asintió débilmente y pronto estuvo respirando pesadamente, con su brazo soldado firmemente alrededor de la cintura de ella, absorbiendo su calor corporal. Hermione se mantuvo mirando al techo, con la mano ociosamente cepillando su fuerte y pálido brazo alrededor de su cuerpo. Él estaba inhumanamente caliente, dado a la fiebre, y Hermione podía sentir el sudor reuniéndose en el sector de su cuerpo que estaba pegado al de él.

¿Por qué tendría que ser tan poco egoísta? ¿Por qué tenía que ser tan noble y altruista?

¿Y por qué él tenía que estar tan indefenso como para darle pena? En ese estado, estaba volteando las paredes de piedra que ella había levantado en defensa de sus sentimientos… alrededor de su corazón. Rayos. Doble rayos. O como Zane decía: doble ray.

Doble ray, de hecho.


¿Por qué está todo tan jodidamente caliente? Dios santo, ¿por qué hay tantas mantas sobre mí?

Draco abrió los ojos aún medio atontado, con la cabeza doliéndole suavemente y su cuerpo ardiendo. Su camiseta y pantalones estaban pegados a su cuerpo con su sudor y antes de que arrojara a las mantas lejos de él, se congeló al darse cuenta de que no estaba solo.

Hermione estaba dormida junto a él, con su cabeza enterrada en el cuello de él y su mano descansando en el brazo de él que la envolvía por la cintura.

¿Qué demonios está pasando?

Alejó las mantas de su seriamente caliente cuerpo y trató con todas sus fuerzas de no despertar a la mujer dormida en sus brazos. ¿Cuándo fue la última vez que tuvo a una mujer en su cama?

Desvió la mirada hacia la mesita de noche y notó los frascos de medicina, tratando de recordar qué había sucedido. No podía diferenciar qué había sido realidad, qué habían sido sueños, o qué había sido producto de los delirios de la fiebre.

Recordaba vomitar… recordaba tener frío… pero luego de eso, todo estaba bastante borroso. ¿Cómo terminó Hermione en su cama? Y no solo eso, ¿pero cómo terminó ella acurrucada junto a él, respirando suavemente contra su cuello?

Sintiendo como un ataque de tos amenazaba con escapar de su boca, Draco volteó la cabeza y trató de suprimirlo. No funcionó, y el esfuerzo de contenerlo solo lo hizo más fuerte cuando salió. Sintió a Hermione salir de su sueño, mientras se sobresaltaba y se golpeaba contra su barbilla.

-Oh, lo siento – dijo ella, con la voz tomada por el sueño - ¿Estás bien? ¿Cómo te sientes?

Él levantó una mano para detener sus preguntas, al menos hasta que la tos remitiera. Se limpió los ojos cuando hubiera terminado y miró a su esposa, sentada junto a él en la cama, con una mano en su espalda y una mirada de preocupación en el rostro.

¿Por qué tenía que ser tan amable y cuidadosa? Me gustaba más cuando era una pequeña perra molesta.

-Estoy bien – asintió él.

-¿Cómo te sientes?

-Muy caliente – sonrió él lentamente – mi cabeza solo me duele un poco, y ya no estoy temblando.

Ella se estiró y palpó su frente y sus mejillas – Ya no estás ardiendo, pero aún estás un poco caliente.

-¿Zane se fue? – preguntó él.

-Está con tus padres. Van a quedarse con él durante la noche.

-Bien, ¿por qué estás en mi cama?

Hermione se enderezó y levantó su barbilla – Porque estabas helado y no me dejabas irme.

Draco levantó sus cejas ante esto, pero no dijo nada. Trata de no volver a enfermarte… la próxima vez quizás te la follas y luego no recuerdas nada.

-Gracias, en todo caso. Por todo – murmuró.

-Necesitas tomar de nuevo tus medicinas, y creo que te haré un poco de sopa – dijo ella, saliendo de la cama rápidamente y dejándolo solo en la habitación.

Volvió a recostarse en la cama, pasando su mano por su cabello húmedo. Sus muñecas comenzaban a volver a dolerle y el dolor de cabeza poco a poco iba incrementándose.

Pero nada de eso importaba ante el pensamiento de lo que acababa de pasar. Hermione lo había cuidado cuando fácilmente podría haberlo dejado a su propia suerte. Él era un adulto y ya había enfermado antes sin que nadie lo cuidara… pero ella se había quedado y lo había ayudado, manteniéndolo caliente, limpiándolo después de su vergonzoso episodio en el inodoro con su vómito.

Gimió y se volteó de costado, el lado contra el que ella había dormido. Sus sábanas ahora olían a ella… él tendría que lavarlas inmediatamente o no podría ser capaz de conciliar el sueño nunca más. Solo estaba contento de que había estado lo suficientemente enfermo como para no despertar excitado, durmiendo junto a su cálido y femenino cuerpo.

Ella se estaba metiendo bajo su piel… bajo sus barricadas emocionales. Ella le estaba mostrando compasión y cariño, y él estaba tragándoselos como un cachorrito maltratado. Él tendría que trabajar más duro para mantener las distancias, y asegurarse de no empezar a sentir algo por ella que vaya más allá de lo que debería sentir un esposo falso. Esto era solo una relación de negocios, y él estaba seguro de que ambos sabían que una verdadera relación entre ellos nunca funcionaría, especialmente con Zane en el mapa, dependiendo de que ellos fueran los adultos responsables.

Sería difícil con la abstinencia y su relación compleja, pero él navegaría a través de la tormenta de frustración sexual.

Que mal que estuviera por llegar algo que rompería ambas barricadas… la velada anual de Primavera de Narcissa llegaría en una quincena, y como su hijo y nuera, no tenían otra opción más que asistir.

Ellos no tenían idea de que esa velada cambiaría irrevocablemente su distante y platónica relación, para bien.


Nota de la autora: el título del capítulo viene de la canción 'Love is you' de Chrisette Michele.

Facebook: Fletcher Fletcher (FF)