Y entonces el grito ahogado del muchacho inundó con leve sonoridad la habitación recargada. Con voz oscura, esa voz grave y horrible, tan profunda, que hacía temblar los corazones de la gente, con esos ojos blancos, vacíos, sin pupila ni párpado. Una hojas le caían con suavidad, en la oscuridad, Lo Desconocido yacía, sangrando aceite negruzco, derramándose en el lecho marital.

-Bien, bien, bien, ¿todo aquí va bien?. ¿La dulce parejita se ha besado otra vez?. ¿Celebráis con alegría y regocijo todo este jolgorio absurdo? Si todos sabemos la causa de la alianza entre familias. Tú, insensata, estás aquí gracias a nuestro trato. Quizás fueras el pájaro que mejor volaba, pero cuándo más alto vuelves, más duele la caída. No te saqué del bosque para que volvieses a los brazos miserables.. ¿Y de qué sirvió? Yo sólo quiero más y más aceite. Eso te pedí. ¿Acaso crees que el aceite de este muchacho me servirá para nada? Es inútil matarlo. Míralo, tan flacucho, tan inestable, esa nariz picuda tan horrible, esos ojos marrones perdidos… Esa cara… Me da repulsión mirarlo. ¿No recuerdas nuestro trato, Beatrice? Sólo quiero el aceite, yo no quería esto.- decía el oscuro ser, mirando desde arriba, con voz lenta, pesada y melodiosa, profunda, tan profunda que arañaba con su mínimo sonido, el alma dolorida de los jóvenes.

-No, Bestia, no he venido a este mundo de nuevo para darte aceite. Me cansé de engañar jovencitas gráciles y de caderas anchas. No quiero tener nada que ver con esto. Yo me he casado por mi propio bien y el de mi familia y por el amor que por él profeso.- contestó, enrabietada, ella ,mirandole desafiante.

-Oh, insulsa jovenzuela de bajos fondos, ¿acaso tu familia no estaba bien? ¿se puede respirar bien entre tanta harina y tontería?. Pues claro que te has casado por tu bienestar. Si es que el dinero te lo pone fácil, ¿verdad?, un fajo en los bolsillos, vas caminando por las calles, viendo la inmundicia, alegrándote de tu posición social, tu dinero y tu orgullo, se interponen entre aquellos que mueren del hambre en todo el ancho mundo. Seguro que te hincharás a comer en tus salones, para aplacar con justicia el hambre del mundo, ¿verdad?, comerás lo que durante años no has comido, ¿no te gustaba el sabor de las cenizas y la harina? Seguro que no, tras años de comer el pan que tu absurda familia preparaba, seguro que hasta los gusanos les sabían mejor. Y tú eres la causa de la desgracia, de todas las desgracias. Tú lo cambiaste todo, Beatrice, tú y tu estúpido deseo. Tu maldad juvenil, ¿no fue cruel el acto de tirarle la piedra al pobre azulejo?… Y lo pagarás, lo pagaste con el hambre y la miseria, físicas acciones y ahora tu espíritu estará dañado por siempre, dolorido y carcomido por tu avaricia, por comerte todo el plato, ahora vomitarás todo, todo te sabrá a lo de siempre, pan y cenizas… Seguro que te acostumbras a no amar a alguien, eres incapaz de sentir algo de verdad. Me encanta observar tu semblante a la luz de la Luna, ver como tu alma se resquebraja al igual que tu locura. Este hombre no merece tu amor, si es que por dinero, la perdición humana….-decía, con su correcta oratoria, su perfecta y sombría voz, de manera lenta, muy pausada.

-¡Cállate, Bestia! ¡No tienes razón alguna! Pues eres un producto de nuestras alocadas mentes. Ella me ama, me ama con el corazón, el amor puro y verdadero que tú nunca tendrás. El amor que siempre disfrutaré, el amor que nunca sentirás, el despertar y sentir su calor. No me he casado sólo por el amor que siento por ella, si no por el amor que siento hacia su familia también. De lo poco que les conozco, me encantaría ayudarles con buena fé. Pero tú, tú, ¡ser innombrable de la más oscura, tenebrosa y recóndita región de la mente, vuelve al lugar de donde provienes! Apagaré la luz del candil otra vez, lo sabes, ¡sabes cómo acabará esto! Soy el Pilgrim, mi palabra y mi razón son las válidas. Lárgate de aquí, fuera. No quiero escuchar tu voz nunca más. No quiero que trates a mi mujer de esta forma. Estoy harto de mentiras y calumnias, ella nunca me haría algo así. Ella merece ser feliz, ella merece el tener lo que otros por pura fortuna no pueden tener. Ayudo a los pobres, ¿o acaso es que en los bosques no se comenta?.. Seguro que poca conversación tendrás allí… Repito y exijo, quiero que te alejes. Fuera de aquí, Bestia, es una severa orden.- respondió envalentonado, el muchacho, erguido en la cama, encolerizado al extremo.

-Oh, vaya, vaya, vaya. El muchachito se ha enfadado.. ¿Y qué vas a hacer, dulce lirio?-decía con mofa, la negra criatura.

-Largo, repito, fuera, márchate ya.

-¿Qué vas a hacer?- seguía mofándose, con más gracia incluso.

Wirt se levantó y salió de la habitación, había previsto que esto pasaría. Y tenía una lámpara de aceite al lado de la puerta. Su hermano Greg, estaba muy obsesionado con el tema de los bosques. Había dejado la lámpara ahí, para que luego su hermano la apagase para ir a dormir. La lámpara estaba fuera para proteger con ineficacia, pues la Bestia es omnipotente, excepto si es vencida, de nuevo.

Y entró en la habitación, mirando con ironía a la Bestia, que le miraba con odio, sabiendo que él recordaba su punto fuerte.

-Ni se te ocurra apaga...- y justo cuando intentaba pronunciar esa frase, apagó la lámpara.

Lo Desconocido desapareció y justo cuando estaba a punto de desaparecer, un cuerno de uno de tantos que tenía la Bestia, rozó el brazo de Beatrice, dañándole, dejando una marca negruzca en su pálido brazo.

Y desapareció, de una vez por todas, la Bestia. Wirt abrazó a Bea, mientras ambos se tranquilizaban.

"Ya está, todo está bien, Beatrice, ya está, la Bestia se ha ido" pensaba ella para sus adentros.

Quizás, lo que no sabían era el significado de esa marca fatal, el dolor que traería consigo.

Quizás no escucharían los pies de sus pequeños hijos correteando por el suelo de madera de la gran mansión. La oscuridad les atrapaba, más y más. Y esa oscuridad, verdaderamente desconocida, se adentraba en sus corazones, lentamente.