Titulo: "Love me, Brother"

Autor: YUKI-NII.

Género: Friendship

Ranting NC17

Pareja: SasuNaru

N/A Naruto no me pertenece. Todo es de su gran autor, Kishimoto-Sensei

Resumen: Dentro de este mundo, se volverán a encontrar, hasta que al fin puedan estar juntos. Y tú, tú amas a Naruto mas allá de lo natural, más allá de lo permitido, amas a tu pequeño hermano con el deseo perverso de hacerlo tuyo por completo.

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Capitulo. 4

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Kansai, 1966…

Sasuke puede ver todo el movimiento que hay en la cocina, con Itachi ayudando a hacer el chimaki y con su madre preparando todo lo necesario para los Bentō de la tarde. Hoy es principios de mayo, es el primer Kodomo no hi de Naruto, que sentado en lo alto del porta bebé sigue el sonido de la voz de Itachi que le canta una canción del comercial de ramen que se ha vuelto su sonata favorita.

Naruto balbucea, y da pataditas desde su lugar, con una caletita a punto de salirse de su pie y con el babero lleno de papilla de zanahoria. Ese, que se ha comido más por hambre que por deseo, Mikoto no permite los caprichos de su pequeño de 8 meses, que ya le reconoce cuando la ve y que se tira con los brazos extendidos hacia Sasuke, cuando van hasta el recibidor a esperar su llegada después de clases.

Sasuke ha optado por estar dentro del club de literatura, es el que le quita menos tiempo, y que le hace volver a casa justo para la hora de la merienda de su rubio hermano, y de la cual, él se encarga de proporcionarle, con una cuchara en forma de gatito bebé y con Minato haciéndole segundas, sosteniendo a Naruto desde su regazo.

Cuando el Uchiha del medio entra a la cocina, se coloca a un lado de su hermano mayor, con las manos recién lavadas y extendiéndolas para que Itachi coloque un poco de la mezcla de arroz sobre ellas y así ayudarle a terminar esos pastelitos envueltos en hojas de bambú que aromatizan todo la planta baja de la casa.

Naruto, al reconocerle da un pequeño gritito. Sasuke se ha despertado un poco tarde, no han desayunado juntos y el pequeño de ojos azules ahora se estira hacia su lado izquierdo, con ambos brazos al aire y comenzando a llorar para que Sasuke le tome. Pero no funciona. Porque su hermano continua ahí, con las manos llenas de arroz y riendo por la afinación que a veces se le va a Itachi con el coro de la canción. Naruto entonces comienza hacer una pataleta, golpeando con sus manitas el respaldo de la alta sillita y pateando para salirse de ella. Con sonidos de puje y respiraciones fuertes. Tiene sus casi inexistentes cejas fruncidas y un mohín en la boca.

Sasuke continua ignorándolo, como si lo retase a que no llorara, y pareciera que Naruto lo entiende, cuando sus ojos se encuentran a mitad del camino entre el berrinche y el llanto. Porque el bebé se detiene con las manos hechas puñito y el labio inferior sobresaliéndose en un puchero angustiado. Itachi que solo niega con la cabeza, empuja a Sasuke con su antebrazo, para que vaya a limpiarse.

Se encuentran solo ellos tres en la cocina, Mikoto ha salido por más telas de colores para envolver las cajas en un momento en que nadie se ha dado cuenta. Sasuke pasa por un lado de la alta silla, observando como Naruto es todo llanto contenido y olor a vainilla y zanahoria.

Cuando el rubio hunde su cabeza en el pecho de su hermano, las lagrimas se le salen traicioneras, Sasuke le da besos en la coronilla y le acaricia la espalda por debajo de la camiseta de cohetes y estrellas, hay un arrullo muy suave, de calidez y la nana natural que el corazón del mayor toca, como el trinar de un ruiseñor.

Hay algo singular en la manera en la que Sasuke sostiene a Naruto, con el brazo en forma de recargadera y su casi fetiche de mantenerlo siempre recostado sobre su pecho, protegiéndolo como la bolsa de un canguro. Naruto se aprieta contra él, con las manitas agarrando fuerte la tela de la playera oscura, y balbuceando en forma de reproche por hacerle esperar tanto.

Sasuke continua con sus labios entre el rubio cabello, con los ojos cerrados y susurrando cosas que solo Naruto entiende y que le hacen relajarse en ese abrazo que parece nostálgico. Porque así se siente todas las cosa entre ellos, antiguas, sagradas y enormes. Como si hubiesen estado juntos toda la vida, y mantenerse uno al lado del otro fuera algo natural, un movimiento reciproco entre ambos cada mañana al levantarse y antes de ir a dormir. Si él fue alguna vez el único que pudo calmar el llanto pavoroso de Sasuke, es Sasuke el único por el que Naruto llora cuando no está, como si supiese las horas en las que el Uchiha del medio está en la escuela, y un retraso a la hora de llegar fuera inexcusable. Naruto se niega a comer si no está Sasuke.

Llora, patalea, se tira contra los barrotes de la cuna, hasta hipear, con mejillas rojas y voz afónica, han sido solo un par de veces, pero Mikoto, que se siente impotente, casi corre en busca de Sasuke para que Naruto pueda verlo y se calme.

—Naruto— él pequeño rubio alza su cabecita, casi como si fuese su deber poner atención cuando Sasuke le llama — tengo que seguir con el chimaki para ti.

Y Naruto solo le ve, no hay más movimiento, se deja poner de nuevo sobre su sillita, sin mayor escándalo. Sasuke toma su lugar, haciendo esas bolitas de arroz de un tamaño mucho más pequeño que el habitual. Itachi vuelve entonar la canción del comercial, atrayendo la atención de Naruto, que le sigue en balbuceos y perdiendo en el proceso de las pataditas su calcetín.

Minato llega esa tarde, con Koinoboris de colores rojos, azules y verdes, los amarra contra el poste de la puerta principal, los peces de carpa ondean en el cielo, con letreritos de salud, fortaleza y coraje. Naruto ríe, alzando las manitas tratando de alcanzarlos, con las mejillas llenas de arroz y con todos sentados en el jardín trasero sobre una manta, llena de comida, risas y el canto de las cigarras sobre los arboles.

Sasuke se acerca hasta él, que tirado de pancita al suelo mordisquea un chimaki hecho especialmente para él. Lo toma en brazos, con el koinobori rojo enredado en la muñeca, antes de pasárselo y colocar los hilos del carrete entre la manita de Naruto, camina, con el rubio en brazos, atravesando el puente del lago artificial, hasta colocarse sobre una de las enorme piedras, Naruto ríe, una y otra vez, al ver a la enorme carpa surca el cielo, sostenida desde su extremidad que se mueve de un lado a otro.

Sus ojos se encuentran con los de Sasuke, antes de sentir el beso húmedo sobre su frente, y mover aun más desenfrenadamente su bracito, Sasuke le sonríe, con esa ternura que nadie más puede ver, pero que está ahí, tan palpable, que la tarde de ese 5 de mayo, se vuelve uno de lo mas importantes para él, es una lástima que Naruto aun es demasiado pequeño para que pueda recordarlo en un futuro.

La presencia de Minato junto a Itachi cierran el cuadro de los varones, que con los ojos sobre el cielo, se sientes completos, y felices, dentro de un mundo que ha decido ser por una vez amable con ellos. No podrían pedir nada más que eso.

Tokio, 1987…

Siente los dedos sobre su muñeca que le revisan el pulso una vez más, para constatar que todo esté bajo el estándar adecuado. Sarutobi bajo mantas blancas y con el ventanal recortándole la figura a contra luz, se deja hacer, con el brazo en el aire y los ojos oscuros del doctor en modalidad de general que le hace el chequeo de rutina.

—Todo está en orden Sarutobi-San — la voz grave es suave, con un matiz entre profesional y que brinda seguridad en cada una de sus palabras. Anota unas cuantas cosas en un tabla que coloca de nuevo al final de la cama — Si continua asi, pronto será dado de alta.

— Oh, eso si son buenas noticias— el viejo hombre le da una amplia sonrisa, acentuando aun mas sus arrugas. El doctor corresponde el gesto con un leve movimiento de cabeza.

La entrada de la enfermera de turno con sus cabellos rosas recogidos, y la cofia un poco arrugada por haberse quedado dormida sobre el escritorio de recepción, le hacen girar. Sakura ha llegado con prisa, con la respiración un poco agitada, sus ojos verdes se mueven a través de la habitación hasta encontrarse con él.

—Sasuke-sensei, le necesitan en el ala de emergencias. — boquea, aun sin recuperar el aliento.

Sasuke da una breve despedida a Sarutobi, que le incita a que se dé prisa. Sakura le sigue entonces por los largos corredores del ala oeste, cruzando medio hospital.

El Uchiha tiene menos de tres meses que terminó su residencia en el hospital nacional de Tokio, y poco más de medio año viviendo en un apartamento a medio a mueblar, que le queda a una 40 minutos en la línea sur. Tiene el suficiente conocimiento para saber que, la sección de emergencias en una lucha siempre contra reloj, o alertas falsas de gente preocupada por heridas que se ven peor de lo que realmente son. Están en diciembre, y se carece de personal, que ha dejado pasar todas festividades y días libres para acumular sus vacaciones y pasar esas fechas en descansos, la mayoría del personal ausente son antiguos doctores que han vivido por años la temporada alta que las épocas de navidad y año nuevo traen al hospital.

Sasuke llega justo para ver, como es que una mujer rubia y de ojos miel da un grito de dolor, y la cara se le descompone, un sonido de fluidos, y el piso se ve mojado de liquido amitótico, la fuente se le ha roto, y hay un leve sangrado entre la viscosidad bajo sus pies. Una silla de ruedas llega junto a una despeinada pero ahora más en calma Sakura, que ayuda a sentarla para trasladarla hasta maternidad.

—Sasuke-Kun, es en la camilla 6 — le alcanza a decir, con el esposo de la mujer, de nombre Temari, que tiene toda la figura de una extranjera, pisándole los talones, se le nota nervioso y tenso.

Padre primerizo, es lo que Sasuke piensa, mientras pasa tras recepción y llega a la fila de camillas que se distribuyen en la enorme habitación de más de 40 metros cuadrados. Pasa por los números en blanco con fondo verde, hasta llegar a la camilla correspondiente, no puede evitar la mueca de fastidio, cuando descubre que el ocupante no es otro que Kakashi, que tiene uno de sus hombros a una altura menor que el otro. Se lo ha dislocado, no. Eso conlleva fractura o desgarre.

—Sasuke — le sonríe, con un ojo entrecerrado que esconde el malestar que siente. El aludido solo chasquea la lengua y pone sus manos sobre el área afectada. Es una fractura, entre el cuello anatómico y la cavidad glenoidea. Kakashi ha sido golpeado, esa parte del brazo y hombro son difíciles de acceder durante una caída.

— ¿A quién hiciste enojar Kakashi?

Sasuke palpa la zona con mucha delicadeza, está roto en tres partes, teme que conlleve a cirugía para soldar. Le alza la extremidad con cuidado para sacarle la camisa y ver el color violeta y verde que está adquiriendo la piel delgada del hombro. El hombre le mira, con el labio partido y la mejilla hinchada. Ha sido una pelea demasiado violenta. Y el oponente bastante fuerte. Jamás ha visto a nadie derrotar a Kakashi durante una pelea de Judo.

— ¿Qué tan malo es?— ha ignorado la pregunta. Sasuke entonces entiende que la pelea no ha sido profesional, que eso ha sido una vil afrenta callejera. Lo mira, con los labios apretados y es honesto.

—Olvídate de los torneos. Se han acabado.

Kakashi asiente. No hay señal alguna que demuestre cuanto es que eso le ha afectado, parece casi orgulloso, como si ese fuera el menor de sus males. Casi como si se lo esperara. Sasuke llama a la enfermera más cercanas para ser unas radiografías. La joven de moños castaños conduce al de cabellos platas, haciendo que se apoye en ella, hasta la segunda puerta, a un lado de la habitación donde se ponen y quitan puntos.

Sasuke mira a su antiguo sensei, desaparecer por la enorme puerta de metal, que tiene un cartel que avisa del peligro de radiación. Casi está seguro que Iruka y Obito están ahí, en la sala de espera con el alma en un hilo, mientras beben café, sentados en las incomodas sillas de plástico azul.

Rin, le ha tocado guardia nocturna ese día, y se ha marchado a su casa pasadas las 9 de la mañana, aun no debe de saber que su idiota amigo se ha fracturado el brazo derecho y se le ha acabado la carrera como profesional en Judo. Se masajea el puente de la nariz con cansancio, seguro de que los días consecuentes serán un verdadero caos, aun más cuando Naruto se entere de lo que ha ocurrido.

Naruto, aun puede recordarlo, con el brazo arriba, despidiéndole al final del andén, con la resignación pintada en una sonrisa. Tiene más de 3 años sin verle. Se lleva una mano hasta el pecho de forma inconsciente. Todo termino mal. El sonido de un llanto le atrae de nuevo, se ha distraído pensando en el rubio otra vez.

Revisa, las siguientes camillas, recetando sueros y calmante para pequeños bebes con cólicos, y supurando heridas hechas por pequeños accidentes domésticos. Calma los llantos de los niños asustados al ver el algodón de un color bronce y que huele demasiado a alcohol. Las madres no ayudan, con la histeria descontrolándoles el tono de voz, y la angustia convirtiéndose en lágrimas cada vez que sus hijos lloran.

Sasuke, agradece mentalmente no haber tomado la rama de pediatría como especialidad, no por su manejo con los niños, sino por la incompetencia y terquedad de sus padres, que hubiesen entorpecido su trabajo y le hubiese ocasionada más de un grito corto para echar del consultorio al padre en turno.

Palmea la cabeza de un niña de 10 años, se llama Moegi, tiene coletas y se ha indigestado de pastel y chocolates, le han hecho un lavado de estomago, y ahora reposa entre medio del sueño y las palabras de su madre que le dan un breve agradecimientos antes de volcar toda su atención de nuevo para su hija.

Sasuke sale de emergencias, 13 horas después, tronándose el cuello y con demasiados mensajes en espera una vez y llega hasta su consultorio. Se deja caer sobre la silla giratoria, tomando el auricular del teléfono y marcando al apartamento de Rin.

Ella le contesta una poco menos alterada que todas las misivas dejadas a su secretaria, pidiendo un reporte completo de Kakashi, que ahora ha sido oficialmente internado, requiere una soldadura en su hombro. Le dice el informe médico junto a su conjetura sin ningún tipo de culpa. Después de todo, Kakashi se ha hecho un poco impulsivo a medida que pasan los años. Ambos saben, que el asunto que lo llevo hasta ese estado debió de ser lo suficientemente grave como para no decírselo a nadie.

Obito, que se escucha de fondo, no evita gritar unas cuantas maldiciones, Iruka trata de calmarlo, con voz suave y hasta maternal. No parece funcionar.

—Mantenerme al tanto de cualquier novedad, yo entrare hasta las 10 de mañana, me hare cargo personalmente.

Sasuke le da un breve si, seguro de que le jefa de traumatología no tendrá ningún problema en auto asignarse un caso, pasando por alto la ética profesional que impide ser responsable médico de familiares y seres queridos.

Hinata entra entonces, cargada con una taza de café, y una manta. Le sonríe, tras la cortina de largo cabello negro azulado. Con sus ojerosos ojos aperlados aun brillantes y el cuello algo rígido.

—Debiste haber salido hace… — Sasuke se gira para mirar el reloj de la pared con el emblema del hospital — Hace 3 horas, no te pagare horas extra.

Hinata niega, depositado la tasa de café exprés frente a él, y poniéndole la manta sobre los hombros

—Ya voy de salida, esperaba tu regreso Uchiha-Kun— Hinata le mira dar el primer sorbo a la cafeína y dejar caer su cabeza sobre el respaldo de la silla — Deberías dormir un poco sobre el sofá, tienes ronda en 5 horas.

Ella le avisa, con las manos tras la espalda, y la mirada sobre los expedientes de la mesa. Él asiente, con los ojos cerrados.

Hinata es más que su secretaria, es la que se encarga de que coma por lo menos dos veces al día y que duerma más que solo un par de horas, la escucha salir a pasos muy ligeros, ella se ha marchado. Dejando lista cualquier cosa que pueda necesitar durante su ausencia. Sasuke piensa que no pudo encontrarse en mejor momento con su antigua compañera de escuela. Había tenido bastantes secretarias incompetentes, torpes, indiscretas sin olvidar a las que se le habían insinuado a menos de una semana de trabajar con él.

Las mujeres a veces se sobre valoraban, y otras ni siquiera se respetaban. Todo era un fastidio, que le ponía de mal humor y bajaba la calidad de su trabajo al tener que se él quien al final hacia todas las actividades que eran propias de ellas, pero que salían, la mayoría del tiempo, mal ejecutadas.

Hinata llegó, a principios de abril, con una carta de recomendación, y la sorpresa tatuándosele en el rostro. Sasuke la miró, queriendo estar en lo correcto de que ella no había cambiado, que seguía siendo responsable y profesional. Fue toda una satisfacción, constatarlo al pasar el primer día. Donde la agenda tomo un orden, y sus actividades estuvieron cornologadas.

Sasuke se levanta, con la manta aun sobre su cuerpo, caminado hasta el sofá, e ignorando el teléfono.

Al otro lado Naruto se encuentra dentro de una cabina, a las afuera de Kansai, con el corazón en la garganta y la incredulidad haciéndole temblar. Aprieta la mandíbula a cada nuevo timbre que suena. El bate, recargado sobre el vidrio, rueda hasta caer a un costado. Cuelga al timbre numero veinte y seis.

Respira hondo y lo vuelve intentar. La voz monocorde y molesta le contesta de forma pausada. Naruto sonríe, es la voz de Sasuke recién despierto, siente el corazón oprimiéndosele contra las costillas, y el miedo instalándose en sus venas. Porque no está muy seguro de que es lo que hace con todo eso. Llamando con horas de diferencia hasta la capital, y con la amargura y traición aun frescos sobre su piel.

—Sasuke— hay silencio al otro lado de la esquina, la estática le eriza el vello de la nuca, y le hace apretarse más contra el enorme teléfono de monedas. No sabe como decírselo. Las palabras saben pastosas y se le atraganta a mitad de la lengua y el paladar. Vuelve a respirar hondo. Sasuke ha hecho lo mismo. — Sasuke… Yo lo he recordado, lo he recordado todo.

Y Naruto no espera encontrarse con el corte de línea y con los ojos acuosos. Vuelve a marcar, justificando la llamada abruptamente interrumpida como algo mal con la compañía de teléfonos. Naruto sabe que se está mintiendo. La voz de la operadora le recibe, sugiriéndole que lo intente mas tarde.

Naruto no quiere intentarlo más tarde, quiere oír a Sasuke, decirle que está asustado y que no entiende nada. Que los sueños de una guerra donde eran ninjas eran más que productos de su imaginación. Que por favor le diga si él también lo recuerda, o realmente Naruto se perdió en una parte del camino de esa vida que ahora se le hace extraña y desconocida. Que le diga algo, lo que sea. Pero que no se atreva a dejarlo de nuevo. A abandonarle como unos años atrás. Que no sea un cobarde y le enfrente.

Porque está cansado, y no está dispuesto a repetir, una despedida desde el andén, con un tren con destino a Tokio y otro en sentido contrario, que lo llevaba a la central de Kansai a las ligas profesionales de beisbol.

Intenta un vez más, la misma voz de grabadora le recibe, Naruto deja caer el teléfono con rudeza. Toma el bate y camina hasta su bicicleta. Y comienza a pedalear, con el cielo cubierto de estrellas y las lagrimas volando en el aire.

No es cierto, no puede ser cierto, es una mentira, una jodida mala broma. Es imposible que Sasuke y él se hayan vuelto encontrar. No es posible que la persona que él ama se su hermano. No lo es.