Titulo: "Love me, Brother"

Autor: YUKI-NII.

Género: Friendship

Ranting NC17

Pareja: SasuNaru

N/A Naruto no me pertenece. Todo es de su gran autor, Kishimoto-Sensei

Resumen: Dentro de este mundo, se volverán a encontrar, hasta que al fin puedan estar juntos. Y tú, tú amas a Naruto mas allá de lo natural, más allá de lo permitido, amas a tu pequeño hermano con el deseo perverso de hacerlo tuyo por completo.

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Capitulo. 5

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Kansai, 1970…

Naruto desfila por el corredor, con una mano en alto y haciendo ruido de motor, dobla por una esquina que conecta la sala y el comedor, comienza a subir las escaleras del segundo piso, con brincos irregulares y mejillas inflamadas. Llega hasta el balcón y comienza dar vueltas sobre sí mismo, con una historia de vuelo dentro de su cabeza y con su reciente avión de madera construido por su padre. Naruto se deja ir, mareado, lleno de risa y azules ojos brillantes contra la puerta de la habitación de su hermano.

—Sasuke-oneechan

Con su manita hecha puño, golpea la puerta rítmicamente, deja caer todo su peso contra ella, mientras continua gritando el nombre del de cabellos oscuros, frenético y con la emoción bulléndole en el pecho. La perilla cede, y le da vía libre para adentrarse a la habitación del mayor, que recargado en el dintel, le mira, con el ceño levemente fruncido. Naruto no se amedrenta y en cambio se abraza a sus piernas, con el juguete en alto y la sonrisa de hoyuelos a penas conteniéndole la emoción.

—Oneechan, mira, mira. Papá me lo ha regalado. Porque hoy es mi cumpleaños tebayo.

Naruto, libera al mayor de ese abrazo, donde las rodillas se le encajaban en el pecho, y las costillas se le comprimían. Eleva sus extremidades, abriendo y cerrando las manos. Escucha como Sasuke chasquea la lengua y niega con la cabeza, a punto de empezar el discurso, aburrido y largo de que ya no es un bebé. El rubio no evita hacer un puchero ante la nula colaboración de su hermano. Se muerde el interior de la mejilla y le abraza la cintura. Hundiéndole el rostro en el vientre y aspirando ese aroma de jabón y madera que a Sasuke se le impregna en la piel.

—Es mi cumpleaños

Y el susurro suena distorsionado, la voz se ahoga contra la playera oscura del mayor, que mira desde arriba, el revoltoso cabello rubio, empuja a Naruto por los hombros. Las lágrimas se le están acumulando en los ojos. Tiene la cabeza baja, y las manitas hechas puños a sus costados. Sasuke se inclina, tomándolo de las caderas y levantándolo de un solo movimiento. Naruto se abraza a su cuello, escondiendo el rostro en su hombro y murmurándole lo malo que es.

Sasuke le acaricia la espalda y le mece lentamente, calmando el berrinche. Da la media vuelta, cerrando la puerta con un pie. La habitación, iluminada por el enorme ventanal, esta cálida. Los rayos de sol de media tarde mantienen el ventilador encendido, la radio portátil del mayor está en la estación de Jazz. "But no for me" suena de fondo, trompetas y piano incluidos. La grave y profunda voz, canta en alto como es que se escriben canciones de amor, y como brillan las estrellas, pero no para mí.

Conduce a Naruto hasta la cama, lo deposita con cuidado en el colchón, quitándole el juguete para ponerlo sobre el escritorio. El rubio esta de costado, con una mano extendida sobre la mullida superficie. Naruto le está llamando, con esos gestos silenciosos que piden tanto, aún si él no lo sabe.

Sasuke abre el closet corredizo, sacando una pelota de color blanco e hilos rojo brillante que tiene un enorme moño, la oculta tras su espalda y se sienta al final de la cama, con los ojos de Naruto mirándole con curiosidad, con las cejas arqueadas y los labios apretados, como si aun no le perdonara ese sutil desprecio al no tomarle cuando él lo quiso. El mayor, que está acostumbrado a los arrebatos de niño consentido del más pequeño del clan Uchiha, palmea el sitio que esta junto a él. Naruto ya esta gateando, estirándose y moviendo la cabeza para poder ver que hay tras la espalda de su hermano.

Sasuke lo atrapa, poniéndolo en el hueco que hay entre sus piernas, dejando caer la pelota desde lo alto, quedándose sordo por unos segundos ante el chillido estruendoso del menor ante el regalo, se gira, con ese par de cielos plagados de nubes y arcoíris, mirándolo en intervalos a él y a la pelota, Naruto la tira a un lado para poder abrazarle, satisfecho de que su hermano no haya olvidado ese día especial.

La canción, que sale desde la esquina de la habitación recita como es que no puede aún despedir el recuerdo del beso, que de seguro no era para mí.

Sasuke siente la ironía resbalarle por la húmeda mejilla, que los labios de Naruto le ha dejado, con la boca cubierta por el helado de frambuesa recientemente comido y la saliva.

Kansai, 1987…

El sonido del bate rompiendo el viento. La pelota chocando contra el tablero de puntuaciones. El polvo levantando ante los pies que corren por las bases. Pisando fuerte, dejando las huellas lejos del césped, con los jugadores moviéndose alrededor, gritando indicaciones.

El silbatazo del ampáyer, que mueve sus brazos para validar ese home run hace que una horda del estadio se levante, con curiosos dedos de goma y grandes mantas con el nombre de su esquipo favorito.

Naruto se quita el casco, mirando el resplandor de las luces que iluminan el estadio, sintiendo los toques en su espalda y hombro, de sus compañeros de equipos. Han ganado el partido 18 carreras a 12. El rubio se enrolla las mangas de su uniforme. Con Kiba colgado de sus hombros y Lee brincando a su lado mientras habla sobre juventud y nuevos retos.

El rubio le sonríe, contestándole algo que no está muy seguro y sea lo que el de gruesas cejas quiere escuchar ante su repentino detenimiento. El brazo de Kiba resbala, posicionándose a la altura de Lee, pestañando ante lo plano del tono de voz de Naruto y cruzándose de brazos para después suspirar. Necesitaran llamar al entrenador.

Naruto se pierde por el largo corredor, después de dar la despedida correspondiente a sus contrincantes, con la cabeza llena de imágenes de un bosque frondoso y olor a tierra húmeda. Se tambalea un poco a cada paso. Llevando su mano hasta la frente y deteniéndose un momento, recarga su costado sobre los casilleros de los vestidores, no hay nadie más ahí que él.

Respira profundo. No es la primera vez que su mundo se le oscurece y las imágenes frente a él cambian. Recuerda su miedo, su angustia. Sus conclusiones precipitadas y su llamada hecha a Sasuke una semana a atrás. Deja caer su cabeza, sentándose sobre la banca, inclinándose completamente. Llevando sus manos hasta su nunca y apretando fuerte. Hay un grito queriendo brotar desde el fondo de su estomago.

Sasuke ha cambiado la extensión de su teléfono en el hospital. Y ordenado que nadie le moleste, al menos que sea una emergencia. Naruto quiere decirle, que lo es, que eso es una alerta roja. Que no pretenda ignorarla, que dé la cara.

Quiere decirle a su hermano que está asustado. Que se cuela hasta su habitación y duerme en su cama, porque es el único lugar dentro de casa, donde no tiene pesadillas, donde una vida, lejana y pasada, le reclama la forma en la que se fue, en la que dejo todo, en como termino. En la manera en la que luchó tanto para hacerse un lugar en los corazones de todos que luego fue un hueco imposible de llenar, con sueños inconclusos y batallas en las que hubiera marcado la diferencia de la balanza.

Se muerde el labio inferior, con los ojos fuertemente cerrados. No hay nadie más que recuerde al igual que él. Ni su familia, ni sus amigos, ni Sasuke.

Naruto se siente solo, dentro de una vida que no le pertenece, pretendiendo vivir como si nada ocurriese, con Mikoto preparándole el desayuno y Minato contándole historias de su época de piloto en la milicia. Itachi trabaja en la embajada, llama cada tercer día. Siempre le pregunta como esta, como si necesitara asegurarse de que él está bien, que todo sigue igual, con esa atmosfera cálida y repleta de amor. Cuidándole a través de la distancia por ser el menor.

Naruto ríe, recordándole que ahora es un jugador profesional de beisbol que no ha dejado su hogar porque su madre no se encuentra bien de salud, y alguien tiene que cuidarla. Itachi insinúa al idiota de su Ototo, con su titulo de medicina y cientos de kilómetros del lugar donde realmente se le necesita.

Naruto guarda silencio ante ello, Itachi suspira con pesar. A él tampoco le toma las llamadas Sasuke.

Hay alguien pronunciando repetidamente su nombre a su lado, esta de cuclillas y le aprieta la mano. Naruto parpadea, con las lágrimas escapándosele. Llenas de frustración, cólera y cansancio.

—Naruto, quieren entrevistar al ace, ve a lavarte la cara

Obito, con su traje formal de manager y entrenador, le obliga a levantarse. Llevando ambas manos a los costados de la cara del rubio y retirándole las lagrimas. No pregunta, Naruto se negara de nuevo, y reirá de esa forma falsa que tanto detesta. El menor asiente, poniendo sus manos sobre las de su primo.

Respira por tercera ocasión profundamente, se golpea las mejillas, y da un sonido que suena a grito de guerra, camina un poco mas recompuesto, con Obito pisándole los talones, y con la incertidumbre instalándosele en el corazón, si no se controla terminara cogiendo el primer tren hacia Tokio que encuentre y eso, sabe, no tendrá un buen final.

Nada bueno puede salir de un encuentro que se ha estado dilatado con los años. Verse frente a frente con Sasuke será dar más fuego a ese amor virginal y aberrante que sienten el uno por el otro. Significara romper una promesa que les costó toda su fuerza de voluntad para no arruinarlo todo, para no dejarse consumir en algo, que a palabras del mayor, era una locura, algo insensato que podría destruir no solo a ellos sino todo alrededor.

Naruto trata de darse ánimos con eso, con las memorias de los besos a escondidas con su hermano y con su noche de despedida. Tokio, continua llamándole, a través de un Sasuke que se fuma su tercer cigarrillo y el boleto de tren hacia Kansai en la bolsa del pantalón.