∞ Titulo: "Love me, Brother"
∞ Autor:YUKI-NII.
∞ Género: Friendship
∞RantingNC17
∞ Pareja: SasuNaru
∞ N/ANaruto no me pertenece. Todo es de su gran autor, Kishimoto-Sensei
∞ Resumen:Dentro de este mundo, se volverán a encontrar, hasta que al fin puedan estar juntos. Y tú, tú amas a Naruto mas allá de lo natural, más allá de lo permitido, amas a tu pequeño hermano con el deseo perverso de hacerlo tuyo por completo.
∞ Advertencias: El inicio de este capítulo contiene spoilers sobre el final de "Distrito rojo", así que si está leyendo ese fic, y si no, de verdad te invito a que lo hagas. Debes de saber que solo tienes que saltarte las escenas de 1952. En cambio si eres de las personas que pueden vivir con spoilers sin sufrir un trauma permanente, complácete con todo el capitulo. Si, solo quieres concentrarte en esta historia, tampoco hay ningún problema, puedes disfrutarla ya que es perfectamente entendible. Sin más que agregar, que disfruten "Love me, brother"
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Capitulo. 8
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Enero 1952, Tokio….
Mikoto ha viajado los más de 3000 kilómetros que separan a Osaka de la gran capital. A su lado se encuentra Minato. Van en la parte trasera del auto. Apoya ambas manos sobre su estomago que ha comenzado a abultarse, el rubio capta el movimiento inconsciente que su esposa hace, no puede evitar sonreír, y llevar una mano junto a la de ella. Eso ha sido toda una sorpresa, su embarazo ha llegado al clan Uchiha como la muestra de que el gran dios de la tierra fértil les acompañara esta temporada también. Los Uchiha tienen unos sembradíos de Té que cuidan con recelo en la parte sur de Kansai como muestra de su fiel seguimiento de tradiciones culturales pero más aún de la dinastía tras sus espaldas.
El clan tenía cierto poderío en la parte rural de Nagasaki, a principios del siglo de 1900 y que se expandía con sus exportaciones a Londres manejadas desde su extensión en Kioto acompañada de su manufacturera que tuvo que cerrar cuando la segunda guerra mundial explota en el país del sol naciente. Hay muchas historias relacionadas con esa época que cuentan todos los infortunios que los pobladores tuvieron que pasar para poder sobrevivir. Entre grandes héroes de guerras, y hombres fuertes que usaron sus dos manos para proteger lo que les era valioso.
Entre ellos se puede encontrar el padre de Mikoto, Kenshi, y el abuelo de la misma, Sasuke Uchiha. Mikoto perpetuamente ha visto como un imperio se levantó desde las cenizas, cuando se tienen los cimientos necesarios y la inteligencia para lograr lo que uno se propone. Es un hombre mayor, que impone respeto y de mirada cargada de dolor y enseñanza. El abuelo es el único que queda de esa época. La abuela murió 4 años atrás, cerca de la costa y acompañada de su siempre fiel protector de clan Hyuga. Su tío abuelo Itachi, murió cuando ella tenía 19, poco antes de que conociera a Minato.
Su pulmón colapso por una vieja herida de bala. Ese día, fue especial, le relato su padre. "Fue casi como si lo supiera y como siempre quiso guardarme el secreto. Él hacia eso ¿sabes? Ocultar el día en que partía porque suponía que yo lloraría, y era cierto, lo hacía cada vez que me enteraba que se había ido. El tío fue algo cruel, me hubiera gustado que me permitiera decirle adiós por lo menos esta vez." Mikoto vio las gruesas lágrimas de su padre caer, enfrente del altar familiar, con el incienso prendido y una foto de Itachi cuando era solo un joven de 30 años.
Mikoto respira para deshacer el nudo en su garganta que esos recuerdos le traen, el año de la muerte de Itachi fue el más oscuro para todo Japón pero también fue uno afortunado. Alza el rostro para que sus ojos se encuentren con los de Minato. Aprieta el agarre entre sus manos y se recarga en él. Es increíble, piensa, como los ciclos de la vida desaparecen en un solo parpadeo y como otras comienzan sin aviso alguno.
El auto para, estacionándose enfrente de una casa de dos pisos. La inscripción de la caligrafía que Minato aún no termina de dominar, reza el apellido de su esposa. Ambos bajan del auto. El rubio ayuda a su esposa a que dé pasos firmes y se sostenga de él. La puerta delantera del auto se cierra en un sonido suave. El hombre de cabellos más grises que negros se sostiene del cofre, con la cabeza en alto y una venda en su ojo izquierdo. Kenshi perdió la vista de su retina derecha el mismo año en que se vieron obligados a escapar de Nagasaki para refugiarse en Osaka. Su hija había resbalado por uno de los escombros cerca del camino que les llevaría a tomar el tren que iba hacia el lado contrario por el que había vivido durante tantos años.
El cable de contención de una de las estructura de una casa se soltó de repente, golpeando su rostro mientras levantaba a una asustada Mikoto. El daño de su pupila fue instantáneo. Kenshi aún puede sentir las manos arrugadas de Neji sobre su rostro después del accidente, con esa mueca de impotencia que le deshacía las facciones cuando algo malo solía ocurrirle. Neji siempre fue su protector, el acreedor de culpas que le miraba como el niño de 3 años que una vez se perdió en el bosque.
Kenshi no puede evitar acusarle, porque él también sentía lo mismo cada vez que estaba al lado de ese hombre que un día fue un robusto castaño con misión de protector. Neji, es y seguirá siendo él único al cual podría confiarle su vida ciegamente.
La puerta se abre. Revelando a un joven de largos cabellos rubios, trae un Yukata de un verde oscuro y un mecho de cabello le cubre la mitad del rostro, hace una reverencia ante Kenshi que le insta a que se levante.
―Bienvenido Kenshi-sama, Mikoto-sama ― el rubio mira brevemente y con curiosidad a Minato que sonríe tenso. Su esposa parece divertirse ante ello. Las costumbres no es hago que suela ser fácil para el americano. ― Sasuke-Sama les espera en el salón de té. ―El rubio se instala a un lado de la puerta para indicarles el camino. Brazos rectos en los costados y mirada baja.
― Deidara, quisiera presentarte formalmente a Minato. Ahora forma parte del clan Uchiha ― Kenshi, señala al esposo de su hija que da un cabeceo afirmativo. Kenshi se imagina que si Neji estuviera ahí hubiese dado un suspiro fastidiado por los pocos modales del americano.
―Un gusto servirle Minato-Sama
Antes de que Minato pueda contestar, Mikoto le toma del brazo para que guarde silencio y se dirijan al interior de la casa. Deidara les sigue. Los dos pasos atrás que corresponden a su fusión de ayudante en la casa de uno de los líderes del clan Uchiha. Abre la puerta del shoji que corresponde al salón de té y hace la introducción que le avisa a Sasuke sus vistas han llegado.
Sasuke entonces se levanta, ayudado de su bastón del suelo de tatami y le da una sonrisa pequeña a su hijo. Si Kenshi fuera más joven, hubiera aguardado el momento justo para quedarse a solas y correr a sus brazos para ser mimado, ha existido desde su nacimiento un fuerte lazo de intercambio físico entre ellos dos, como si necesitaran tocarse y no solo verse para poder estar tranquilos. Su madre le explico el cambio ante su crecimiento, cuando el tenia 10 y Sasuke comenzó a limitar el contacto a cuando solo estuvieran con las personas directas de su familia o ellos dos. "Porque podrían tomarle como un signo de debilidad, aunque no sea así, su deber como padre es protegerte tanto de las amenazas visibles como contra los pensamientos y daños invisibles. Eres lo más importante para él"
Kenshi lo entendió y cumplió con ese prospecto que Sasuke silenciosamente había puesto sobre él.
Es por eso que solo corresponde la sonrisa, mas grande y resuelta a su padre como un suplemento de los abrazos que no le puede dar en ese momento. Sasuke aprieta su hombro complacido y camina para saludar a su nieta tras Kenshi.
―Mikoto ―Le llama con voz áspera. Sasuke usa lentes y cojea al caminar. Ha sido una larga y dura vida que lo ha sabido recompensar a pesar de las cosas que le ha quitado.
―Hola, abuelito ― Murmura Mikoto, haciendo una reverencia pequeña cuando la mano de su abuelo están sobre su cabeza en un mimo paterno. Mikoto ha heredado la personalidad de Kenshi, ligera y alegre. Una catarsis en medio de la angustia y el dolor. Un rayito de sol personal que se gana los cachitos de corazón de hombres como él.
―Pensé que vendría después de la primera cosecha. ―dice Sasuke, notando la presencia del americano que siempre le ha incomodado ― ¿Cómo has estado Minato?
―Bien, gracias por su interés Sasuke-Sama.
Y cuando Minato sonríe y le ve, Sasuke siente que el mundo se abre bajo sus pies. La primera vez que le conoció fue solo unos días antes que Mikoto contrajera nupcias con él. Sasuke llegó a Kansai, invitación en mano y evaluación lista para saber que tan probable seria ese matrimonio con un alguien que había llegado al puesto de soldado condecorado durante la guerra, mas aún que había sido enemigo del país en donde ahora pretendía estar para formarse una nueva vida.
Fue inevitable que casi colapsara a mitad del corredor cuando lo encontró, sentado hacia el jardín, con un Yukata y el cabello rubio revuelto. Sasuke pensó que su mente ya vieja y cansada le estaba jugando una mala broma. Así que sacudió la cabeza y empuño su bastón, listo para golpear a esa ilusión y evaporarla de su co-existencia antinatural. El hombre que había sentido la aguda mirada oscura, giró para buscar el origen de la misma.
Sasuke retrocedió torpemente ante las azules cuencas que le devolvían el reflejo. Es Naruto. En una versión que jamás pudo ver. Se planteo la posibilidad de que su hora había llegado y al fin podía ir al lado de la única persona que amó. Pero luego recordó que no había cumplido con todas las cosas que Naruto le había impuesto para ser libre y estar juntos, estuvo por abrir la boca para pedir solo un par de días más, arreglar unas cosas y partir a ese pedazo de utopía que por alquimia les correspondía. Pero entonces ese hombre hablo y la ilusión termino.
Sus ademanes, sus gestos, su voz, su personalidad, todo era diferente del Naruto que tenía en sus memorias. Él se presento como el prometido de Mikoto y Sasuke supo, que tratar con ese americano en el futuro no sería cosa fácil.
La mano de Kenshi sobre su brazo le atrae de nuevo hasta el saloncito de té. Le mira preocupado y él finge que no es nada.
―Queríamos decirte la razón de nuestra visita pero parecías distraído ¿Estás bien Oto-san?
Sasuke asiente, regresando sobre sus pasos para ir a sentarse frente a la mesita baja, sobre un mullido cojín. Kenshi le ayuda en el proceso, justo cuando Deidara entra con pastelillos de arroz dulce y té verde con miel.
―Tomen asiento. Les escucho. Pero primero dime, ¿Cómo se ven los brotes de esta temporada?
Kenshi sonríe, no podía esperarse otra cosa que no fueran negocios, desde que su padre se ha retirado a esa casa en Tokio, espera la llamada de él y Mikoto una vez a la semana. Va a reuniones trimestrales hasta Osaka y de viaje por lo menos dos veces al año hasta Kansai de visita. Así que comienza relatarle lo que Madara e Izuna le han dicho sobre la cosecha y lo afortunado que parece ser esa temporada para las semillas de té negro.
―Ellos dicen que el Dios de la tierra está contento con la reunión de dos mundos ―. Dice Kenshi, Sasuke da una rápida mirada a la pareja sentada frente a él ―Izuna ha sugerido algo curioso cuando se han enterado de la razón por la que hemos venido a verte.
― ¿Ah, sí? Me gustaría escuchar lo que ese rebelde tiene que decir de mi ―Masculla Sasuke, tal viejito huraño. Kenshi de verdad quiere reír, pero sabe que no sería correcto para el orgullo de su padre. Le da una mirada a Mikoto que asiente en comprensión. A Sasuke ese comportamiento comienza a parecerle sospechoso ―. ¿Qué es lo que sucede?
―Estoy en el tercer mes de embarazo abuelo.
Sasuke, parpadea, mira a su hijo y luego a su nieta ― ¿tercer mes?
―Si ―Ella se incorpora, abriendo su abrigo para mostrar su pequeño vientre abultado ―Voy a ser mamá, y te hare bisabuelo. ―Y le sonríe, mejillas rosas y ojos brillantes ―así que he venido a pedirte un favor. ―Sasuke que aún está un poco sorprendido piensa e de decirle "lo que tú quieras" los nacimientos de su dinastía directa siempre han sido lo más importante para él. Pero Mikoto habla antes ―. Quiero saber, si me permitirías nombrar a este niño Itachi.
Sasuke es un hombre viejo, que ha perdido a la persona que amaba. Es un sobreviviente de Nagasaki y un líder que tiene responsabilidades colgándole sobre los hombros. Cuando fue joven no tomo las decisiones correctas y dejo escapar muchas veces las oportunidades de ser feliz. Muy en el fondo de su cuerpo de huesos cansados y piel arrugada, sigue existiendo ese Sasuke que ama a su hermano mayor y su manía de golpearle la frente. Mikoto le mira, expectante, temerosa. A Sasuke le recuerda la mirada de Kenshi cuando le dijo que quería ir una temporada a Londres junto a Gaara para estudiar las nuevas leyes y así poder proteger los negocios del clan. Temeroso ante su negativa pero con esperanzas de oír el sí que cambiara el curso de su historia.
Sasuke cierra un momento los ojos y respira profundo, su pecho, de corazón cardiaco se brinca un latido y marcha a tres revoluciones más de lo normal. La alegría se le mezcla con la melancolía.
― ¿Cómo sabes que será un niño? ― Su voz esta mas ronca. Eso es algo que necesita como seguro para su respuesta. Mikoto le mantiene la mirada firme, toda una Uchiha.
―Soy su madre
Sasuke asiente, sin cuestionarle más ―. Este es un nombre que porto un gran hombre y sé que ese niño lo llevara con honor.
Mikoto que últimamente se ha vuelto un grifo abierto ante la mínima de cambio en su humor, da un si firme que contradice su rostro lleno de lagrimas. Porque su hijo será en un futuro el hombre que con sus brazos sostenga al mundo entero de secretos, vidas pasadas y felicidad para aquellos que forman parte de su existencia.
Minato le abraza, la acuna contra su pecho y le besa la frente. Sasuke sigue todos sus movimientos. Tiene un Deja vú ante la forma en que el rubio ha girado para verle. Sonrisa agradecida y amor contenido.
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Junio, 1952 Tokio…
La noticia llega como un balde de agua fría, es una llamada muy corta que hace que su padre se quede sentado en el jardín viendo hacia el cielo. Minato releva su lugar junto a su teléfono y escucha las indicaciones que Deidara le da. Mikoto se pone más nerviosa a como los minutos pasan.
Minato, lo dice con cuidado y todo su cuerpo tenso, alerta de cualquier cosa que pueda ocurrir cuando sus palabras salgan. Pero sabe que no existe nada que pueda aminorar el peso de su declaración así que decide hacerlo rápido, para que el efecto dure lo menos posible, el embarazo de Mikoto ha sido algo complicado y el rubio teme que esto pueda ser demasiado para que ella lo pueda soportar.
―Minato, ¿Qué es lo que ha ocurrido?
El rubio la ve, y le toma de la cintura, una medida ante algún tipo de desvanecimiento que pueda darse en el cuerpo de la futura madre.
―Tu abuelo ha muerto esta mañana. Parece ser que fue un resfriado, su corazón era débil y no soporto. Hoy no ha despertado, aún no se sabe si durmió y pasó durante ese lapso o tuvo un desvanecimiento repentino.
Mikoto se sostiene de él, procesando lo dicho en su cabeza. En el jardín su padre corta girasoles. El día de pronto se ha vuelto gris y nublado.
8 días después Itachi llega al mundo, como la catarsis en el momento más crítico. Cuando Kenshi va a conocerle al hospital el niño abre sus pequeños ojos, aún no tiene pestañas y sus manitas son diminutas, como las de una muñeca. Itachi las saca de la manta, estirándolas hacia el rostro de su abuelo, Kenshi baja la cabeza para acercarse más a él. Itachi entonces enreda su manita en sus cabellos ya decolorados. Y es solo por unos segundos pero el hombre piensa que su tío ha regresado a estar a su lado.
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1987, Osaka…
La puerta de la habitación siendo tocada le despierta. Naruto se revuelve entre las sabanas, cubriéndose con ellas hasta la cabeza, para ignorar el ruido, saca un pie de su cálida guarida, frio. No piensa levantarse. El sonido aumenta y el quiere dar un quejido pero se abstiene para que, quien quiera que se encuentra al otro lado de esas paredes no le escuche y se vaya.
―Naruto
El rubio saca la mitad del rostro de las sabanas. La voz que ha dicho su nombre vuelve a llamarle. Ahora está seguro de quien es la persona que ha venido hasta ahí. Nota que se haya solo, Obito debió de haber salido. Mira el reloj de la pared, es casi medio día. Su estomago ruge y él se rasca la cabeza para desperezarse y encontrar la fuerza que le lleve hasta el otro lado de la habitación para abrir la puerta.
Se obliga a incorporarse, bostezando en el proceso. Se golpea las mejillas y se recarga en cada mueble que va por su paso. Al final se apoya contra un estante que tiene jarrones con flores. Abre la puerta con los ajos entrecerrados. La mirada, siempre tranquila de Itachi le recibe, abriendo sus brazos para acogerle, Naruto no duda ni un minuto en dejarse caer sobre el robusto pecho.
― ¿Te has dormido de madrugada cierto? ―Le susurra Itachi en el oído, Naruto cabecea afirmativamente, retrocediendo sobre sus pasos para introducirse a la habitación, con el rubio arrastrando a su cintura. ― ¿Obito ha salido?
―No estoy seguro tebayo. Itachi-nii ―Naruto alza el rostro hacia su hermano que le quita el cabello de la frente ― Me duele la cabeza.
―Eso es porque no has dormido bien. ― dice Itachi, con las cejas arqueadas ante el rostro adormilado del menor. Naruto tiene los ojos hinchados clara señal de que ha llorado. Los labios se le fruncen un poco cuando su mente comienza a buscar cualquier posible razón para provocar el llanto del más pequeño ―. Date un baño, pediré que suban comida a la habitación.
― Que sea ramen.
―Ramen será.
Naruto se arrastra de nueva cuenta, como un ebrio de mala fama hasta el baño. Itachi se asegura de no moverse hasta escuchar el sonido del agua caer. Se sienta en la cama desecha de su hermano y levanta el teléfono que reposa en la mesita de noche. Ha llegado hasta ahí, gracias a las instrucciones de Kakashi y a su intervención de haber podido sacar a Obito del hotel con la excusa de haberse perdido en el centro de esa ciudad buscando la librería para comprar el nuevo tomo de Jiraiya –Sensei.
La estrategia le ha dado el tiempo suficiente para reservar una nueva habitación en el hotel y mover a Naruto dos pisos más arriba. Descuelga el auricular, al segundo tono recibe la contestación. Itachi sonríe.
Cuando Naruto sale, secándose el cabello y solo en Jeans, Itachi ya no está. Hay una nota sobre la cama que le indica que suba a la habitación 1203. El rubio se pregunta si su hermano ha llegado y ha tenido que alquilarla para pasar la noche, siente un aguijonazo de culpa por no haber despertado antes y enojo contra Obito que pudo invitarlo a ocupar un lugar en la de ellos. Naruto está acostumbrado a dormí junto a sus hermanos. Tal vez si Itachi hubiera pasado la noche ahí, él habría podido dormir más que solo unas horas entre pesadillas y alucinaciones agitadas.
Toma una playera de la silla y la chaqueta del equipo. La llave de la habitación está en un platito de cristal, apaga las luces y se la lleva para ir junto a Itachi. La chica de la limpieza se encuentra en ese instante cerca de su habitación, así que ella aprovecha para preguntarle si puede asear la habitación, él le sonríe y le da el pase.
El ascensor esta al final de pasillo, pulsa el numero 11, tal como indica la nota y lo aborda. Su estomago vuelve a gruñir, no ha comido nada desde el desayuno del día de ayer. La práctica de despedida de temporada fue más un reto de resistencia personal que un sano bateo y pases de bola. Mueve su brazo izquierdo, formando círculos en el aire. Sus extremidades se hayan algo entumidas. El pitido del ascensor le indica que ha llegado, las puertas se abren y sale, moviendo ahora ambos brazos para que sus músculos se estiren.
La habitación 1203, pronto se yergue frente a él, toca un par de veces, la puerta se abre y él entra. Itachi no le está esperando a un lado de la entrada, de hecho no puede verlo por ningún parte. Da un paso vacilante hacia el interior. La puerta se cierra tras su espalda y él da un bote de puro susto. No existe nada que le altere más que las cosas paranormales, en especial los fantasmas.
Naruto tiembla, con el solo hecho de que tiene que girar, no está preparado para entes sobre naturales ni monstruos asesinos.
―Continuas siendo un miedoso Naruto
El rubio, se comprime sobre sí mismo, un fantasma hubiese sido más tolerable. De esos uno solo tiene que correr, y aventar sal y agua bendita. Y si tienes mucha serte encuentras una iglesia y te refugias en ella. Pero de Sasuke no hay un lugar al cual poder escapar.
Naruto, no gira. Espera a que los pasos de Sasuke lo lleven hasta su espalda. Siente la mano posarse sobre su hombro y ese característico olor entre medicina y colonia después de afeitar que tiene su hermano.
―Has roto la promesa tebayo. ―Le acusa Naruto, con los ojos cerrados.
―Tú eres él que ha llamado.
―Eso fue hace un mes. ―dice Naruto en un susurro. Con el fiel sentimiento de que si no abre los ojos, ese momento jamás existirá ―Deberías estar en Tokio.
―Y tú en casa, pero estamos aquí.
―Esto es injusto, has usado a Itachi-nii
―Obito te ha escondido de mí, tenía el derecho de usar lo que me viniera en gana. Tú has roto la promesa primero.
―Yo nunca le dije que tú también me amabas, solo le dije lo que yo sentía por ti.
―Es innecesario que le confirmes cosas que él ya sabe. Obito siempre fue él más peligroso entre todos. ― la voz de Sasuke ha ido bajando de volumen, hasta volverse un susurro junto a su oído ―. Abre los ojos Naruto.
―No
―Ábrelos ―dice, Sasuke, rodeándole para posicionarse frente a él. Le toma del rostro con ambas manos e inclina el suyo ― ábrelos Naruto.
Y lo hace, lo mira, a ese Sasuke más alto, con el cabello recogido en una coleta baja. A ese doctor que se fue a salvar vidas a la capital. A su hermano. Y es inevitable, puede leerlo en los ojos de Sasuke, que eso se ha dilatado demasiado, que pasaría tarde o temprano, que pretendieron ignorarlo pero fue más fuerte que ellos mismos. Qué cosas así no puede dejarse atrás.
― ¿Sasuke, que vamos hacer?
―Pecar Naruto, solo pecar.
Sus labios se unen, Naruto se agarra con fuerza de la camisa negra de Sasuke, deposita todos sus días de soledad, todos sus sueños y deseos en ese beso que le roba al tiempo. La habitación 1203, es el nuevo refugio para un amor que trasciende la eternidad del espacio, muy cerca del infierno, muy lejos de Dios.
