A Wonderful Caricature of Intimacy

-Una Maravillosa Caricatura de Intimidad-

Disclaimer todos los personajes, lugares y temas relacionados a Harry Potter le pertenecen a J. K. Rowling, Bloomsbury y Scholastic.


Capítulo 18: If You Love Me, Won't You Let Me Know? – (Si me amas, ¿me lo dirías?)

El puño de Draco se frunció al fijar la mirada en los ojos oscuros del hombre a quien no le molestaría matar.

Victor estaba parado derecho, con la boca fruncida en una firme línea y los ojos enfocados en los de Draco. Prácticamente podía sentir las intenciones asesinas que irradiaban de ellos.

-Dame una buena razón para no molerte a golpes hasta que no te quede ni una patética pizca de vida por atreverte a pasear tu cara por aquí – exigió Draco a través de los dientes fruncidos. Se acercó un paso hacia Victor, listo para matar al bastardo.

-Tranquilo, Malfoy – dijo Victor solemnemente – Vine a hacer las paces.

-¿Disculpa?

-Vine a disculparme por mis acciones – dijo Victor lentamente – Después de que me mandaras directo al Ministro, hace dos semanas, fui inmediatamente apresado y luego mandado a rehabilitación, donde entré en un programa de manejo de ira. Lo primero que tenía que hacer era disculparme.

Draco observó a Victor, un hombre al que había odiado desde que eran niños, y se preguntó si debería creerle o no. Decidió hacer públicas sus dudas. - ¿Por qué debería creerte?

-¿Creerme? – bufó Victor - ¿Acaso no puedes ver mi rostro, Malfoy? Aún estoy negro y azul por la golpiza que recibí de parte tuya hace catorce días. Si no estuviera hablando en serio sobre esto, ¿me habría molestado siquiera en venir hasta aquí?

Draco se mantuvo en silencio, con los puños aun abriéndose y cerrándose.

-Parece que fui diagnosticado con un tipo de desorden de personalidad, y estoy siendo tratado por eso. Sé que nunca nos llevamos bien, pero pienso que deberías dejarme disculparme con tu esposa. Yo… yo realmente estoy arrepentido de lo que le hice. Uno de los Sanadores psicólogos me informaron que para el momento del… eh, ataque, no sentía ningún tipo de remordimiento por lo que había hecho. Pero con la terapia cognitiva que estoy haciendo, comencé a sentir todo lo que tendría que haber sentido. Siendo la culpa una de ellas.

-¿Por qué debería permitirte estar en la misma habitación que ella?

Victor suspiró – Te dije que lo único que quiero hacer es disculparme. Puedes estar presente si así prefieres, pero solo quiero terminar con todo esto.

-Solo tienes cinco minutos para decirle lo que viniste a decir. Eso, si ella quiere congraciarte con su presencia – dijo Draco categóricamente.

-Gracias, entonces – respondió Victor con un pequeño asentimiento.

Draco abrió la puerta del apartamento y precedió a Victor por el vestíbulo, cerrando la puerta detrás de él. Lo guió hacia la sala donde Hermione estaba mirando ese estúpido show con el exasperante dinosaurio que tanto amaba Zane. Él estaba sentado en su regazo, cantando juntos alguna canción sin sentido sobre la limpieza.

-Hermione, ¿puedo hablar contigo en la cocina? – preguntó Draco.

Ella volteó a verlo, y la sangre escapó de su rostro al ver a quien estaba parado junto a él.

Draco observó su mirada atormentada y tuvo que contenerse de deshacerse de Victor en ese momento de forma muy violenta. –Todo está bien, Hermione – le dijo él tranquilamente.

Él realmente notó cuando el rostro de ella pasó de temerosa a relajada. Le susurró algo a Zane, dejándolo en el sofá, y los siguió a la cocina con la espalda derecha y la barbilla levantada en una postura que solo podía ser descripta como puramente Malfoy.

Ella se apoyó contra la mesada con los brazos cruzados sobre el pecho y levantó una ceja mientras Victor le dedicaba una pequeña sonrisa. Ella miró a Draco, con el alivio rebosando sus venas cuando notó que él se quedaría allí, parado en el marco de la puerta, con su mera presencia comfortándola más allá de las palabras.

-Tienes cinco minutos, Reid – dijo Draco cortante.

-Bien, de acuerdo, señora Malfoy, viendo que no tenemos mucho tiempo, iré al grano y le diré lo que vine a decir. Primero que nada, me gustaría ofrecerle mis sinceras disculpas por lo que ocurrió entre nosotros dos semanas atrás. Estuve en prisión, y fui mandado a rehabilitación para tratar mis problemas mentales. Quiero que sepa que aunque usted no acepte mis disculpas, trataré con todas mis fuerzas de asegurarme de que sepa lo mucho que lamento mis acciones.

Hermione miró una vez más a Draco, quien estaba examinando sus uñas y frunciendo el ceño. Volvió la mirada a Victor y asintió una vez – Buena suerte con la rehabilitación.

Draco levantó la mirada cuando notó que eso fue todo lo que ella iba a decir y luego se retiraba de la cocina. Ante la mirada confundida de Victor, Draco suprimió una sonrisa y le indicó al otro hombre a que lo siguiera en dirección a la puerta principal. No tuvieron palabras de despedida antes de que Draco le cerrara la puerta en la cara y luego caminó nuevamente a la sala donde Hermione y su hijo estaban en sus posiciones previas a la llegada del visitante.

-¿Ya se fue? – preguntó Hermione distraídamente mientras cepillaba el cabello de Zane, con el niñito lentamente durmiéndose en sus brazos por las caricias.

-Sí – dijo Draco tomando asiento a la par de ella y pasando un brazo alrededor de sus hombros.

Ella no dijo nada, limitándose a apoyar su cabeza contra él.

Ni siquiera se le pasó por la mente a Draco enloquecer cuando un fuerte sentimiento de alegría lo recorrió por completo. No sabía cuándo había comenzado a sentirlo, pero siempre que tenía a Hermione entre sus brazos se sentía relajado y en paz con el mundo. Y esas eran sensaciones a las que Draco Malfoy no estaba muy acostumbrado.

Lo que lo enloqueció fue darse cuenta que necesitaba a Hermione. Habían días en los que despertaba y ella no estaba en la cama, y él sentía un profundo malestar hasta que ella volvía a aparecer. Había tratado de ignorar esos sentimientos, pero estaban volviéndose cada vez más fuertes y difíciles de ignorar. Había tratado de contenerse de sonreír siempre que ella fruncía su nariz cada vez que estallaba en carcajadas. Había tratado de ignorar el hambre voraz que tenía constantemente por el cuerpo de ella, incluso cuando estaba enrollada en el sofá leyendo un libro enorme con sus peores ropas. Incluso entonces, a él le gustaría saltar sobre ella y verla jadear y retorcerse bajo él mientras la llevaba al más alto de los placeres.

-¿Draco? – la voz de Hermione lo llamó sacándolo de sus pensamientos.

-¿Sí?

-La señora Weasley nos invitó a cenar esta noche. ¿Quieres ir? Es decir, entiendo si no quieres, pero realmente no tengo muchas oportunidades de ver a los Weasley o a Harry tan seguido y solo…

-Sí, iremos – se oyó a sí mismo decir. ¿Por qué? No tenía ni la más jodida idea.

-¿De verdad? – preguntó ella levantando su rostro para mirarlo.

La sonrisa que ella le dio fue suficiente para explicar el por qué él había aceptado. ¡Qué maldito idiota! Estaba ablandándose. Mucho.

-No veo por qué no podría ser civilizado con ellos por una noche. Siempre vienes a la mansión y en realidad necesitamos demostrar que puedo actuar tan bien como tú – rió él.

-Eres tan competitivo… realmente es asqueroso – dijo ella con los ojos entrecerrados con diversión - Y en realidad me agrada ir a la mansión. Tu madre es una maravillosa compañía. El hecho de que tu padre me gruña a modo de saludo y me ignore el resto del tiempo no significa nada.

Draco rió suavemente, frotando su costado donde su esposa le había golpeado con el codo – Despertarás a Zane.

-Entonces llévalo a su habitación así puede dormir la siesta en paz – dijo ella, levantando al niño y pasándolo a los brazos de Draco.

-Eres una pequeña cosita mandona, ¿no? – bromeó él, levantándose y dejando la sala antes de que ella tuviera oportunidad de hacerle más daño físico.


-¿Tío George? - Zane llamó la atención de uno de los gemelos mientras se sentaba junto a él en la mesa del comedor.

-¿Sí? – respondió George, siempre dispuesto a conversar con la miniatura Malfoy.

-¿Por qué tú y tío Fred se ven iguales?

-Porque somos gemelos, colega – explicó George mientras tomaba un bocado de la comida hecha por su madre.

-¿Qué significa 'gemelos'? – preguntó Zane, esperando a que él tragara para responder porque su mami y papi siempre le decían que no se podía hablar con la boca llena.

-Gemelos significa que nacimos en el mismo momento – dijo George pensativamente – Estábamos en la barriga de nuestra mami al mismo tiempo.

-¿Su barriga? ¿Cómo salieron de su barriga? – preguntó Zane.

George casi se ahoga en su jugo de calabaza, con los ojos abriéndose ampliamente al descubrir hacia dónde iba todo esto – Uh, bueno…

Zane estalló en risitas incontrolables, y sus mejillas se volvieron rosas de la alegría.

George levantó una ceja - ¿Qué?

-¿Acaso te hizo popó? – preguntó Zane entre risitas jadeantes.

-¡Zane! – la voz de Hermione llegó desde el otro lado de la mesa, donde estaba hablando con Harry y Ron – No se habla sobre cosas relacionadas al retrete en la cena. Lo sabes muy bien.

-Lo siento, mami. ¡No se lo digas a papi! – respondió Zane rápidamente.

-Deberías agradecer que él esté en la sala – dijo ella – Ahora, no quiero más palabras irrespetuosas durante la cena.

Zane le dio una sonrisa maliciosa a George - ¿Yo estaba en lo cierto, tío George? ¿Es así como salieron de su barriga?

-No, colega. Definitivamente no estás en lo cierto. Así no es como sucede – dijo George, escuchando una risita desde su otro costado. Aparentemente Fred estaba escuchando su conversación.

-¿Entonces cómo hacen los bebés para salir de la panza de su mamá? – preguntó Zane.

-Deberías preguntarle a tu papi – intervino Fred, inclinándose junto a su hermano. –Él sabe la respuesta.

-¿Mi papi lo sabe? – preguntó Zane.

Él miró a su papá entrar en el comedor y tomar asiento junto a Hermione, en la otra punta de donde él estaba sentado. Con todos los Weasley, menos Ginny quien aún estaba de gira con las Arpías, metidos entre medio de Zane y sus padres, el niño tuvo que usar su voz más fuerte para que su padre escuchara.

-Papi, ¡¿cómo hacen los bebés para salir de la barriga de sus mamis?!

Un completo silencio siguió a la explosión de Zane. George y Fred se sostenían los lados y mantenían sus bocas fruncidas para evitar delatarse.

-Sabes que no tienes permitido gritar en la mesa – dijo Draco con una tos incómoda.

-Lo siento, pero ¿cómo lo hacen? Tío Fred y tío George dicen que tú sabes cómo – explicó Zane.

-¡Fred! ¡George! – exclamó la fuerte vos de Molly – ¡Dejen de corromperlo! Es un adorado angelito que no necesita de su malintencionada influencia.

Hermione y Draco pensaron al unísono que 'adorado angelito' era una ilusión muy exagerada.

-Cualquiera pensaría que ella dejaría de sermonearnos al tener casi treinta años – dijo George con un suspiro.

-¡Papi! ¿Cómo lo hacen? – preguntó Zane, con su paciencia agotándose.

Draco suspiró y pasó una mano por su cabello, dirigiéndoles a los gemelos Weasley una mirada furibunda - ¿Viste como mami y yo algunas veces hacemos magia?

-Sí – asintió Zane.

-Bueno, así es como los bebés salen de la barriga de sus mamis. Un Sanador usa magia y luego, los bebés aparecen – dijo Draco con desesperación.

Él ignoró las sonrisas burlonas que Harry y Ron le dirigían. Podían pudrirse en el infierno. De verdad, deberían hacerlo.

-Oh – dijo Zane – Bueno. ¿Es así como salí de la barriga de mami?

Las sonrisas de todo el mundo se desvanecieron ante esa pregunta. Se dieron cuenta de que Zane no entendía que Hermione no era su mamá biológica. Draco y Hermione intercambiaron una mirada, preguntándose cómo responderle al niño.

-Z, uh, tu no saliste de la panza de mami. Saliste de la panza de Pansy – dijo Draco lentamente, con su corazón rompiéndose ante el rostro lleno de confusión de Zane.

-Pero Pansy no es buena conmigo y no me ama. Solo mami me ama – trató de explicar Zane – Me da besos y abrazos.

-Sí, yo te amo, Zane – enfatizó Hermione – No saliste de mi barriga, pero igual te amo y soy tu mami.

-¿Pero cómo hice para entrar en la barriga de Pansy cuando era un bebé? – preguntó Zane.

-Magia – dijeron Hermione y Draco al mismo tiempo.

-Ok. La próxima vez pienso que mami tendría que tener un bebé en su barriga, y luego yo podría jugar con el bebé, y él podría ser mi nuevo mejorsísimo amigo con Wolf.

-En realidad, si tu mami y tu papi tuvieran un bebé, sería tu pequeño hermano o hermana – explicó Harry - ¿No te gustaría eso?

-¡Sí! – dijo Zane con una sonrisa gigante - ¡Quiero un hermanito o hermanita! ¡Voy a poder jugar con ellos y compartiré mis juguetes y les enseñaré a hacer todo!

-Bueno, si le preguntas amablemente a tus padres, quizás ellos quieran darte un hermanito o hermanita – añadió Ron, compartiendo una sonrisa con Harry mientras Hermione y Draco los fulminaban con la mirada.

-¿Puedo tener un hermanito o hermanita, por favor? – preguntó Zane.

Conteniendo un gemido, Draco le hizo señas a Hermione para que se encargara de la pregunta.

Hermione se mordió el labio y sonrió a su hijastro – Quizás después, corazón. Es una magia muy complicada y, uh…

-¿Necesitan practicar? – preguntaron Fred y George al mismo tiempo.

-Oh, santo cielo - suspiró Molly.

-Pensaremos en ello, Zane – dijo Draco.

-Ok, de acuerdo – dijo él. Finalmente parecía satisfecho con las respuestas, porque tomó su tenedor y se enfocó en la sabrosa comida de la señora Weasley.

-Malfoy, ¿te dije alguna vez lo mucho que amamos a este hijo tuyo? – preguntó Fred – Debes traerlo a cenar más seguido.

-Sí, por supuesto que lo haré – murmuró Draco mientras regresaba a ignorar las conversaciones que lo rodeaban. Había decidido hace rato que ignorar las cosas era lo mejor cuando estaba rodeado por la gente que había odiado de niño. Por alguna razón, no quería herir los sentimientos de Hermione al enredarse en una discusión con sus amigos. Dioses, sus niveles de idiotés comenzaban a salirse de sus manos.


Más tarde es noche, y luego de una larga cena rodeado de Weasley, Draco se sentó en la cama mientras esperaba a que Hermione terminara su ducha. Estaba garabateando en una libreta que mantenía siempre junto a la cama, dibujando planos para la construcción que necesitaban remodelar en Hogsmeade.

La fragancia a verbena y jazmín captó su atención cuando Hermione ingresó a la habitación con su bata envuelta firmemente alrededor de su cuerpo.

Ella tomó su loción corporal y se sentó de su lado de la cama, junto a Draco. Mientras comenzaba a frotar la loción por sus piernas, lo miró - ¿En qué estás trabajando?

La concentración de Draco se tomó su tiempo en regresar al difícil proceso de hablar mientras observaba sus piernas cremosas y sus delicadas manos frotando la loción a lo largo de ellas - ¿Eh?

-¿En qué estás trabajando? – repitió ella, sacudiendo ligeramente la cabeza mientras reía, sabiendo exactamente en dónde estaba su atención.

-Uh, uno de los cafés en Hogsmeade decidió remodelar, y querían demoler la construcción que tienen ahora para actualizarse con un diseño más urbano – explicó él, guardando la libreta en el cajón de su mesita de noche – Solo estaba garabateando, nada demasiado serio.

-Nunca te lo dije, pero realmente admiro lo que haces – dijo ella – Es decir, vi alguna de tus creaciones, y me impresionan. Apenas puedo dibujar niños con palitos y tú estás aquí dibujando edificios y construcciones.

-Oh, bueno, gracias – dijo él – Nunca supe que podía dibujar bien hasta que mi madre descubrió algunos apuntes del colegio y notó los dibujos y garabatos que tenían allí. Después de que mi padre me gritara por no prestar atención en las clases, mi madre me dijo que debería considerar una carrera relacionada al arte.

-¿Por qué no te volviste un artista? – preguntó ella, pasando a la otra pierna y bañándola de loción.

-No estoy seguro – dijo él encogiéndose de hombros – Creo que quería probarle a todo el mundo que no era solo un idiota malcriado y pomposo que viviría de la fortuna de sus padres. Quería crear mi propio legado. Supongo que puedes decir eso.

-Bueno, ¿y qué pasó con tu herencia? – preguntó ella. Narcissa había dejado escapar accidentalmente que Draco había donado todo el dinero que había recibido en herencia de sus padres.

Él suspiró y la miró suspicaz – Mi madre te lo dijo, ¿verdad?

Hermione sonrió y cerró el bote de loción –No me dijo nada. Lo descubrí por mí misma.

-¿Cuánto te dijo? – preguntó sin creerle ni una palabra dicha.

-Hmmph – bufó ella – Solo dijo algo acerca de ti deshaciéndote de la herencia. Puedes contármelo, lo sabes. No le diré nada a nadie ni arruinaré la imagen de chico malo que has tratado de mantener todos estos años.

Ella dejó escapar un chillido de sorpresa cuando se vio, de repente, siento empujada contra la cama mientras él le sonreía manteniéndose sobre ella - ¿Piensas que tengo una reputación de chico malo?

Ella escabulló sus manos bajo la camisa de él y arrastró sus dedos hacia su espalda – Oh, sí. Completamente sucio.

Él dejó salir una carcajada e inclinó la cabeza para besarla.

Ella se alejó cuando se quedó sin aire – No pienses que puedes cambiar de tema seduciéndome, pequeña serpiente.

-¿Yo? ¿Una serpiente? – preguntó él con total inocencia.

-Responde mi pregunta y luego podrás satisfacer tus perversiones conmigo – dijo ella, pasando una de sus manos por el cabello suave de él.

-Definitivamente no debo rechazar esa oferta – suspiró él, apoyando sus codos a los costados y recostándose sobre ella - ¿Cuál era tu pregunta, entonces?

-¿Qué hiciste con tu herencia?

-La doné. Ahí tienes, ¿ahora puedo follarte hasta dejarte sin cerebro?

Ella rió mientras él pasaba una de sus manos por sus muslos y bajo su bata -¡No! No me diste una respuesta adecuada.

-No dijiste que tenía que hacerlo – replicó él, explorándola con sus dedos al encontrarla mojada y lista para él.

Ella gimió suavemente y tomó su mano - ¿A dónde la donaste?

-No voy a decirte eso – replicó él, bajando la parte superior de su bata y sonriendo lascivo ante la visión de su pecho desnudo - ¿Acaso admiré tus pechos últimamente?

-¡Deja de distraerme! – rió ella mientras la mano de él se cerraba sobre uno de sus pechos y lo apretaba ligeramente – Dime dónde donaste tu dinero, o te juro que me levanto ahora mismo y dormiré en la habitación de Zane.

-No eres divertida- gruñó él – Doné el dinero a una organización.

Cuando él volvió a besarla, ella no pudo evitar reír -¡Hablo en serio, Draco!

-Si hablas en serio, ¿por qué estás riendo? – discutió él, besando un camino hacia su cuello.

Ella inclinó su cabeza para darle mejor acceso a su cuello, sonriendo ampliamente cuando la lengua de él la recorrió y bailaba contra su piel – Respóndeme – susurró ella.

Él se alejó y la miró a la cara - ¿Por qué insistes en saber esto?

-No sé si te diste cuenta, pero soy insanamente curiosa sobre cualquier cosa. Ahora, responde mi pregunta, así puedo mostrarte todo mi afecto una vez que sepa la buena y dulce alma que tienes.

Él rió ante eso y rodó los ojos - ¡Bien! Pero si le dices a alguien, juro por todas las mágicas cosas que te lo haré pagar. ¿Comprendido?

Ella asintió con una sonrisa ansiosa y atrajo el rostro de él para un beso más. Y se había hecho la idea de que estaba completamente enamorada de él, así que a cada oportunidad que tuviera de tocarlo, la aprovecharía.

-Le di el dinero a la OSA – dijo en una exhalación.

Ella lo miró por un momento, con su corazón acelerándose mientras su amor por el estúpido hombre arriba suyo comenzaba a llenar su cuerpo - ¿La Organización de Sangrepuras Abandonados?

-Sí – dijo él con un pequeño asentimiento – Me enteré de ellos a través de Blaise, cuyo primo tuvo que acudir ahí.

-Solo oí de ellos vagamente. Tendrás que explicarme cómo trabaja la organización – dijo ella.

Él trazó su dedo índice por las cejas de ella y bajando por su nariz, para luego delinear sus labios cuando llegó a ellos – Son una organización que cuida a los squibs y a los sangrepura con discapacidades físicas y mentales que son abandonados por sus familias. La raza sangrepura no es muy tolerante, como bien sabes, y usualmente los abandonan. En el peor de los casos, abusan de ellos.

-Oh, suena como una muy buena causa – dijo ella reverencialmente, respirando suavemente ante sus caricias – Necesitas dejar relucir tu lado del corazón amable más seguido.

Él bufó y besó sus labios - ¿Puedo tener mi premio ahora?

-¿Tu premio? ¿Soy un premio? – preguntó ella con una pequeña sonrisa.

-Oh, el mejor premio – murmuró él sobre su cuello mientras le sacaba la bata del cuerpo – El mejor de los premios…

-Tu tampoco estás tan mal, Malfoy – dijo ella, arqueándose bajo él - ¡Oh, Dios!

-Me encanta tener presente la religión muggle en esta casa – sonrió él sobre su cuello mientras finalmente se adentraba en su cálida profundidad – Pero tengo que admitir que me gusta mucho más oír mi nombre.

Ella rió y jadeó en placer, gimiendo audiblemente mientras él rodaba sobre su espalda, moviéndola arriba suyo.

-Cabálgame, amor – gruño él, pasando sus manos por sus costados para acoger sus pechos.

Hermione arrastró sus manos hacia su cabello mientras obedecía a su esposo, montándolo suavemente. Solo podía sentirse completa cuando estaba conectada a él de la forma más animal y primitiva posible. Su respiración se volvió más pesada y su cuerpo tembló después de unos minutos sobre él. Draco, como siempre, la siguió pronto a su mundo de felicidad de clímax.

-Podría permanecer dentro tuyo por el resto de mi vida – dijo él arrastrando las palabras mientras Hermione se bajaba de él. su cuerpo se elevaba firme a causa de su respiración jadeante, con la sonrisa amplia sobre su complacido rostro mientras arrastraba a su esposa entre sus brazos.

-Que malo que solo tengamos dos meses más o algo así – susurró ella.

Ella pudo sentir a Draco ponerse rígido bajo ella, son su brazo tensándose alrededor de sus brazos. Una pequeña mueca se le formó en el rostro al darse cuenta de que Draco nunca sentiría lo que ella sentía por él. Ella había hecho la única cosa que explícitamente se había prohibido hacer. Había dejado que sus emociones la gobernaran y ahora estaba enamorada de un hombre que no la amaba.

-Uh, sí – dijo él vagamente.

Ella no tenía idea de que Draco sentía exactamente lo opuesto a lo que ella estaba pensando. Él se sentía exactamente igual que ella. En algún momento durante su tiempo juntos, después de verla ser una madre amorosa con su hijo, después de discutir con astucia con ella día a día, después de despertar con su lujurioso cuerpo junto a él casi todas las mañanas, Draco se había enamorado con la mujer que él nunca, jamás habría pensado que podría llegar a sentir ni una mínima pizca de admiración.

Estaba en problemas… Hermione era una compañía increíble, pero no lo amaba. Si ella lo amara, no habría mencionado el tiempo limitado que tenían juntos. Y si ella lo amara, ¿no se lo habría dicho? Seguro, ella era compasiva y amable y aceptaba todo con el corazón abierto… pero eso no significaba que podría llegar a amarlo; al hijo de un declarado Mortífago, el chico que la había torturado a ella y a sus amigos durante su infancia.

Sip, sus sentimientos eran definitivamente no correspondidos. Malditos sean.


Nota de la Autora: el título del capítulo viene de la canción 'Violet Hill' de Coldplay. Gracias por todos los comentarios!