A Wonderful Caricature of Intimacy

-Una Maravillosa Caricatura de Intimidad-

Disclaimer todos los personajes, lugares y temas relacionados a Harry Potter le pertenecen a J. K. Rowling, Bloomsbury y Scholastic.


Capítulo 20: I Don't Want To Lose You Now – (No quiero perderte ahora…)

-¿Sr. Y Sra. Malfoy?

Draco y Hermione levantaron la mirada al oír la voz del Sanador. Habían permanecidos sentados, caminando de un lado a otro, parados y recostados contra la pared del área de espera del primer piso de San Mungo durante la última hora, y sus nervios estaban más allá de destruidos.

El sanador mayor se les acercó y les dio una pequeña sonrisa – Pueden pasar a verlo ahora, pero debo advertirles que aún duerme y es probable que no despierte al menos en una hora más o menos.

Apenas escucharon lo que él había dicho mientras caminaban hacia la oscura habitación. Zane estaba recostado sobre la cama del hospital viéndose muy pequeñito en relación a las grandes y blancas mantas que lo rodeaban. Su piel estaba más pálida que lo usual, pero iba ganando color lentamente alrededor de los cortes y raspaduras que iban sanando. Una caja azul en un poste junto a la cama prendía una lucecita verde cada unos cuantos segundos.

Hermione fue la primera en hacer algún tipo de sonido, al soltar un tembloroso sollozo, caminando lentamente a la cama del hospital. Draco estaba parado justo detrás de ella, incapaz de despegar sus ojos del cuerpo rígido de su hijo. Mientras los hombros de Hermione temblaban por el llanto silencioso, él puso una mano en su espalda y la otra en el brazo de Zane.

-Tienen suerte de haberlo traído tan rápido – interrumpió el sanador desde el otro lado de la cama – La herida de su cabeza habría resultado con daño permanente, pero tuvieron suerte de que los arbustos ralentizaran su caída.

-¿Él estará bien? – preguntó Draco, sin mover la mirada de su hijo.

-Esperamos una recuperación completa – dijo jovialmente el Sanador – No perdió mucha sangre, pero le administramos una poción de renovación sanguínea solo para estar seguros. Se rompió la muñeca y se dislocó el hombro, pero los arreglamos al instante y de lo único que tienen que preocuparse ahora son de los cortes y moretones. Una de nuestras brujas de enfermería estará aquí en un momento para curarlos con un simple hechizo.

-Gracias – dijo Hermione tratando de tranquilizarse entre sollozos.

-Tenemos una red flú publica al final del pasillo si quieren contactar a alguien, o mantenerlos actualizados con el progreso de su hijo – dijo el sanador mientras salía de la habitación.

Cuando lo hizo, la pareja permaneció en silencio mientras miraban a Zane. El único sonido que rompía el silencio eran los sollozos ocasionales de Hermione, y su respiración entrecortada.

-Iré a hablar con tus padres – dijo finalmente después de un momento.

Draco asintió y se alejó unos pasos para dejarle espacio, incapaz de hacer nada más que mirar al niño en la cama… su hijo… su cuerpo y sangre… su vida. Zane se veía tan pacífico, recostado ahí, durmiendo, con sus labios en un pequeño pucherito y su rostro decorado con cuatro raspones diferentes a lo largo de su mandíbula, mejillas y frente.

Draco no era creyente de las religiones muggles, ni siquiera de la mitología mágica, pero les dedicó una plegaria de agradecimiento a quien sea que controlara sus destinos. Algo o alguien ahí fuera estaba cuidando de su hijo cuando su pequeño cuerpecito golpeó los arbustos antes del cemento de la acera. Y los avances de la medicina mágica lo habían hecho parecer sencillo cuando rápidamente curaron a su hijo sin mayores complicaciones.

Estiró su mano y despejó los ojos cerrados de Zane de los mechones de cabello rubio oscuro que los cubrían. Todo su corazón estaba sostenido en las pequeñas manos de su hijo, con solo una pequeña parte más recayendo en las manos de su esposa. No podría pedir una familia mejor, para tener una mejor existencia. Si hubiera perdido a su hijo… sus vidas nunca habrían vuelto a ser las mismas. Seguro que aún tendría a Hermione… pero ella no lo amaba, y su presencia en sus vidas estaba a punto de terminar.

Mientras estaba parado junto a la cama de su hijo, se juró a sí mismo y a su niño que no permitiría que esta pequeña familia se desarmara. Se aseguraría de que Hermione supiera cómo se sentía con respecto a ella. La amaba y la necesitaba en su vida, y no solo como la madre de su hijo, sino como una esposa para él. Sería egoísta y querría algo para sí mismo y no solo porque su hijo lo necesitara.

Si ella no se sentía de la misma forma, la convencería de que él no podría vivir sin ella. La cortejaría hasta que ella lo amara, hasta que se olvidara de su pasado y abrazara el futuro que él trataría de hacer perfecto.

Se inclinó y gentilmente besó la frente de su hijo, sonriendo lentamente cuando su corazón se llenó de esperanza y anticipación. Nunca permitiría que su hijo sufriera tanto daño otra vez, y haría que Hermione se quedara en sus vidas permanentemente…


Donny sintió sus ojos arder con las lágrimas sin derramar, pero que se obligaba a no dejar caer. Oliver estaba unos cuantos pasos detrás de ella mientras caminaban hacia la mesa de información de San Mungo. Se aproximó a ella y apoyó una mano tranquilizadora en su cintura.

-Hola, sí, estoy buscando un paciente – dijo Donny rápidamente.

-¿Apellido? – preguntó distraídamente la mujer detrás del escritorio de información.

-Malfoy – replicó Donny.

Sintió a Oliver tensarse detrás de ella, y su mano presionar su cintura.

-¿Nombre? – preguntó la mujer, pasando su lengua por sus dientes y guiñando a Oliver una vez que lo reconoció.

-Zane – dijo Donny impaciente.

-Está en la habitación 421, al fondo del pasillo y hacia la izquierda – dijo ella.

Donny masculló rápidamente un 'gracias' y tomó la mano de Oliver para arrastrarlo por el pasillo.

-Nunca me dijiste que Zane es un Malfoy – dijo Oliver, deteniendo a Donny con un tirón de su mano.

Donny giró en redondo y le dedicó una mirada confundida - ¿Qué tiene que ver eso con esto?

-No soy particularmente fanático de su padre – respondió él – La familia Malfoy estaba del lado de Ya-Sabes-Quién y el más joven de ellos era un pequeño tramposo malcriado cuando estábamos en la escuela.

-No me importaría eso ni aunque se tratara del mismísimo novio de Ya-Sabes-Quien – dijo Donny con un susurro feroz, y sus ojos brillando con ira – Es un muy querido amigo y está casado con Hermione. Obviamente ha cambiado mucho desde que estuvieron en la escuela, ¡y eso no importa de todas formas! ¡Su hijo está en el hospital! ¡No es momento de preocuparse de estupideces de preescolar!

-No son estupideces de preescolar, Donatella, es mucho más importante que eso – trató de explicarse él.

-¿Cómo de importante? – preguntó ella perdiendo la paciencia.

-Siempre hacía trampa durante nuestros partidos de Quidditch – dijo finalmente con una mirada de triunfo.

Ella parpadeó rápidamente y luego entrecerró los ojos – Escúchame, Oliver Wood, y escúchame bien… me importan dos higos sus estúpidos partidos del colegio, que no tienen ningún tipo de importancia en nuestra vida ahora. Si no puedes comportarte con él y su familia, entonces tendrás que voltear y marcharte. Llegué a querer mucho esta familia y no quiero dejar de relacionarme con ellos. Así que, si me quieres, tendrás que lidiar con ellos también.

Esta vez fue el turno de Oliver para parpadear rápidamente y luego fruncir su mandíbula. Por Dios, esa pequeña bolita de fuego que él llamaba novia tenía sus formas de ponerlo en su lugar. Una pequeña, ínfima parte de su cerebro sabía que estaba siendo inmaduro al aún tener resentimiento, pero el resto de su cerebro, (la parte dominada por el Quidditch… y el sexo) le decía que podría comportarse civilizadamente con los Malfoy siempre que estuvieran alrededor, y luego podría despreciarlos en silencio.

-Muy bien – dijo con una sonrisa forzada – Me disculpo.

-Hmph – bufó ella rápidamente, y luego retomó su carrera hacia la habitación indicada.

Entraron en ella unos momentos después para encontrar a Hermione y Draco junto a la cama de Zane. Lucius y Narcissa estaban sentados en un sillón cerca de la ventana. Narcissa tenía la mirada gacha sobre sus manos mientras limpiaba su nariz con un pañuelo. Lucius se veía aburrido.

-¿Cómo está él? – preguntó Donny en silencio, tratando hasta lo imposible de mantener sus emociones controladas. No había necesidad de otra mujer llorosa en la habitación.

-Estará bien – dijo Hermione con una pequeña sonrisa. Estaba sentada a la derecha de Zane y sostenía su manito entre las suyas – Me alegra que pudieras llegar.

Donny asintió en silencio y caminó hacia la cama para envolver a Hermione en un abrazo – No vuelvas a asustarme así de nuevo.

-¿Quién es tu amigo, querida? – preguntó Narcissa de repente, parpadeando rápidamente y dándole a todos una sonrisa.

-Oh, este es Oliver – dijo Donny haciendo las presentaciones rápidamente. Cuando terminó, tomó asiento en el suelo junto a Hermione. Al menos estaba contenta de que Oliver se las arreglara para actuar como si nada fuera raro, incluso dedicando amables comentarios a los Malfoy – Entonces, ¿qué fue lo que pasó? No fuiste muy detallada cuando me contactaste – le preguntó Donny a Hermione.

-Sí, ¿qué fue lo que sucedió? – preguntó Narcissa - ¿Cómo cayó Zane?

Draco y Hermione miraron al suelo, con sus posturas tensándose por incomodidad. Nadie esperaba que ambos dijeran – Fue mi culpa – al mismo tiempo.

Rápidamente se miraron el uno al otro, con el entrecejo fruncido y sus bocas abiertas ligeramente incrédulos.

-¿Dé qué hablas? – preguntó Draco sin creerlo – Si no hubiera dejado mi escoba afuera…

-Si yo no hubiera dejado las puertas del balcón abiertas – Hermione lo interrumpió ácidamente- Nada de esto habría pasado.

-Tendría que haber guardado mi escoba, pero no lo hice – dijo Draco con un tono de voz que daba por terminada la conversación.

-Y yo tendría que haber cerrado la puerta del balcón cuando me alejé, pero yo no lo hice – le respondió ella de todos modos – Tu hijo está recostado en una cama de hospital ¡por mi culpa! ¡Ni siquiera pienses en tomar la culpa pensando que me hará sentir mejor, porque no lo hará!

Draco exhaló molesto – No estoy tomando la culpa para hacerte sentir mejor. Ni siquiera le gusta ir al balcón, pero solo porque yo dejé la escoba afuera decidió tomarla para dar una vuelta, y sucedió lo que sucedió.

-Estás siendo imposible – murmuró Hermione.

-Y tú estás siendo estú…

-¡Suficiente! – la sedosa voz de Lucius interrumpió su discusión – El sonido de sus voces está poniéndome histérico. Ahora, hágannos un favor a todos y cierren el pico.

-En verdad, padre – Draco frunció el ceño – mantente fuera…-

-No te atrevas a terminar esa oración – respondió Lucius cortante – ambos deben darse cuenta de que ya pasó lo que pasó y que nada podrá cambiarlo. Zane estará bien, así que el juego de la culpa puede terminar ahora. Para mantenerlos alejados de otra discusión, les dejaré saber que francamente es la culpa de ambos. Si los dos no hubieran sido descuidados, nada de esto habría pasado. La culpa puede ser dividida en partes iguales entre ustedes.

-Oh, Lucius, cállate – espetó Narcissa – las cosas suceden y no podemos interferir con lo que el destino planea. Todo lo que podemos hacer es estar agradecidos cuando las cosas terminan lo mejor posible, como en este caso. Zane mejorará. Ahora Hermione y Draco saben que no deben volver a dejar una escoba afuera y siempre cerrar las puertas del balcón cuando salgan. Los padres aprenden de sus errores, eso tendrías que saberlo mejor que nadie.

Lucius curvó su labio en dirección a su esposa y tomó la cabeza de su bastón para evitar un desborde de malhumor.

-Cuando tenía siete años mojé mis pantalones frente a toda mi clase, en la escuela primaria – dijo Donny desde el suelo – Me llamaron la 'rociadora' hasta que cumplí los doce.

Todo el mundo se quedó mirándola con confusión.

Ella les devolvió la mirada con inocencia - ¿Qué? ¿No estábamos tratando de hacer sentir al otro lo más incómodamente posible? Pensé que ese era el juego.

Narcissa fue la primera en romper a reír, rodando sus ojos y sacudiendo su cabeza – Donatella, mi querida, eres toda una delicia.

-Eso intento – Donny se encogió de hombros – Ahora, iré a por bebidas. ¿Puedo alcanzarles algo?

-Solo un poco de agua – dijo Narcissa.

-Un poco de whiskey o coñac sería bienvenido – murmuró Lucius.

Donny levantó una ceja en dirección al aristócrata mayor – Agua para todos.

Narcissa palmeó la mano de su esposo y observó a Donny y Oliver salir de la habitación - ¿No es ese el joven del que Donatella no puede dejar de hablar? – preguntó Narcissa.

Sí – respondió Hermione – Están saliendo desde hace un tiempo.

-Bueno, ¡qué espléndido! Se merece ser feliz – dijo Narcissa asintiendo. Hizo una pausa por un momento y miró hacia su hijo y su nuera, notando sus actitudes tensas y entrecejos fruncidos - ¿Están bien ustedes dos?

-Estoy bien, madre – escupió Draco.

-No le hables a tu madre con ese tono – le reprendió Lucius.

Él rodó sus ojos y su ceño se frunció más. Levantó la mirada hacia Hermione y ella se la devolvió. Ella le dio una sonrisa tentativa, asegurándole que no estaba enfadada, y él se la devolvió, con su amor por ella llenándole el corazón.

Lucius bufó hacia ellos, murmurándole a su esposa – Tienen que dejar de hacerse ojitos de cachorritos el uno al otro antes de que vomite. Es sumamente desagradable.

-Es sumamente romántico – respondió ella.

Él suspiró y pasó una mano por su rostro – La otra única persona cuerda en esta habitación se encuentra, desafortunadamente, inconsciente en este momento y, lamentablemente, tiene cinco años. En verdad no puedo esperar a que despierte.

-Tampoco yo, querido – le aseguró Narcissa antes de apoyar su cabeza en el hombro de él. Siempre era todo un blandengue, y ya sabía cómo lidiar con él. Sonrió maliciosamente para ella misma y celebró internamente cuando la mano de él cubrió la suya. ¡Qué bobo!

Todos levantaron la mirada cuando la puerta se abrió, esperando que Donny y Oliver hubieran regresado, pero el Sanador mayor entró en su lugar, con su rostro en un rictus serio junto a una enfermera siguiéndola de cerca. Permanecieron en silencio mientras esta última chequeaba a Zane y a la caja junto a su cama – Todo está en orden – dijo ella antes de retirarse de la habitación.

El sanador, Sanador Khan, un mago brillante de Karachi tomó una gran respiración antes de mirar a Draco y Hermione – Tienen invitados – dijo lentamente – Estoy obligado a dejarlos pasar.

Antes de que pudiera decir algo más, la puerta se abrió nuevamente para revelar a Rhonda Westin, su mojigata e inepta PDM, dos caballeros con pinta de matones detrás de ella y a Blaise Zabini, viéndose más furioso que nunca.

-Creo haberle dicho que era innecesario traer a esos hombres con usted, señorita Westin. Está avergonzando a todo el mundo, incluyéndose a usted misma – dijo Blaise con un siseo, seguramente continuando una discusión que habría comenzado fuera en el pasillo.

-¿Qué está sucediendo? – preguntó Hermione, con su corazón latiendo a una extraña frecuencia contra su caja torácica.

-Sr. Y Sra. Malfoy, lamento mucho lo que le sucedió a su hijo – dijo Rhonda, empujando sus gafas contra su nariz con sus dedos y viendo nerviosamente a Lucius y Narcissa, ya que ambos estaban mirándola fijamente con sentimientos evidentes en sus ojos – Me informó la Sanadora Ashford que Zane fue ingresado esta mañana. De acuerdo a la política, el hospital debe informar al Ministerio cuando un niño en la Lista de Custodia Vigilada es hospitalizado.

-¿La Lista de Custodia Vigilada? – preguntó Draco lentamente.

Blaise bufó hacia Rhonda – Es la lista de todos los niños y familias que están siendo inspeccionados por PDM. Cuando un niño de esa lista termina en cualquier hospital del mundo mágico, su PDM es alertado, así como su Defensor Judicial.

-¿Zane va a sobrevivir, señor? – preguntó Rhonda al Sanador Khan, quien había permanecido en silencio hasta ese momento.

Él frunció el ceño, y luego asintió cortamente – Zane está como nuevo en este momento. Solo duerme a causa de las pociones que le estamos administrando. Cada dos horas le damos un analgésico, que lo mantiene adormecido. Debería despertar e horas.

-Estuve mirando su informe médico… - comenzó ella a decir.

-No tiene derecho a hacerlo – dijo con enfado el Sanador Khan – El informe médico del paciente es solo para personal del hospital.

Rhonda pasó saliva, volviendo a empujar sus gafas contra su rostro – En realidad, dado que Zane está en la Lista de Custodia Vigilada, todos sus registros son accesibles para su PDM, que soy yo.

-¿Por qué está aquí? – preguntó Lucius finalmente. No toleraba cuando las personas balbuceaban o vacilaban en situaciones tensas.

Los ojos de ella se ampliaron de temor al ser increpada por el Malfoy mayor – Um… en realidad estoy aquí para ciertos trámites desagradables. Me temo que estoy obligada a informarles que el caso de custodia de Zane llegó su fin.

-Los seis meses aún no terminaron – dijo Hermione nerviosa, con su mano tomando la de Zane con más fuerza – aún tenemos un poco más de dos meses antes de que el período de inspección finalice.

-Dada a esta circunstancia desafortunada, el hecho de que Zane casi muere bajo su cuidado, el Ministerio decidió terminar la inspección y garantizar la custodia completa a la madre biológica de Zane.

-¿Disculpe? – Hermione prácticamente chilló - ¡¿Le entregará nuestro hijo a esa trastornada mujer?!

Los ojos de Rhonda pasearon nerviosamente por toda la habitación – Uh… no es mi decisión. El departamento de Servicios Sociales y Familiares decidió que sería lo mejor que la Sra. D'Aggostino tuviera la custodia total de su hijo. Los papeles ya fueron llenados y firmados, y desde más o menos una hora atrás, no son los tutores legales de Zane.

El leve ronroneo de la máquina junto a la cama de Zane era el único sonido que se escuchó después del anuncio de Zane. Nadie se atrevía a decir nada, solo mantenían sus mandíbulas caídas, ojos amplios y miradas serias.

-No está hablando en serio – dijo Narcissa después de un momento – No es posible que esté hablando en serio.

Rhonda mordió el interior de su mejilla – Hablo completamente en serio. La Sra. D'Aggostino solicitó que su hijo estuviera bajo el cuidado del hospital hasta que ella pudiera regresar de Francia – aclaró su garganta – Lo que significa que voy a tener que pedirles que dejen la habitación.

-¿Dejarla? – balbuceó Draco, con la mente incapaz de comprender todo lo que estaba sucediendo. Miró a Blaise necesitando saber que había algo que pudiera hacerse.

Blaise le dedicó a su más antiguo amigo una sacudida de cabeza – Los papeles oficiales declaran que ustedes dos no son más los guardianes legales de Zane, y no tienen derecho a quedarse con él – Blaise bajó la cabeza y cruzó sus brazos sobre su pecho – Se documentó que ustedes dos son una amenaza para la seguridad de Zane y que deben permanecer lejos de él antes de que otro caso de custodia determine cualquier tipo de arreglo de custodia compartida.

-Cuándo… por cuánto tiempo… ¿cuándo podré ver a mi hijo de nuevo? – tartamudeó Draco.

-Puede solicitar la custodia compartida en un año – respondió Rhonda nerviosa.

-¡¿Un año?! – exclamaron Draco y Hermione al mismo tiempo.

-Lo lamento – repitió Rhonda.

-Tiene que haber algo… cualquier cosa – trató Hermione – No puede alejarlo de nosotros. ¡Pansy es una madre horrible! No lo ama y sus inspecciones deberían probar cuán mala madre es.

-Sus inspecciones probaron que es suficientemente adecuada como para criar un niño – mencionó Rhonda – No obtuvo resultados estelares de su PDM, pero no tiene defectos para recibir a Zane. Siempre y cuando no falle ninguna inspección, podrá quedarse con él porque ustedes dos fallaron.

-Definitivamente no aceptaré esto – dijo Draco tercamente, con sus ojos entrecerrados y la mandíbula fruncida – no pueden llevárselo lejos de mí.

-Draco, colega, no tienes otra opción – dijo Blaise lentamente – Ya fue ordenado y juzgado por un miembro del Wizengamot, quien estaba siguiendo el caso desde el inicio. Traté hasta lo imposible de apelar, pero insisten en que tendremos que esperar un año.

-¿No podré verlo en un año? ¿Un año completo? – dijo Draco ahogándose con sus palabras – Pero… ¡pero es mi hijo! ¡Mi bendito hijo!

-Draco – dijo Lucius con calma, acercándose hasta detenerse detrás de su hijo – Si dicen que tenemos que irnos, entonces nos tenemos que ir.

Draco sacudió su cabeza – No puedo dejarlo. No pueden llevárselo lejos de mí.

Hermione parpadeó para alejar las lágrimas, con su visión volviéndose roja por la ira. ¿Cómo era posible todo esto? ¿Cómo podrían siquiera pensar en llevarse a Zane lejos de ellos? Al diablo con la biología, ¡Draco y ella eran los verdaderos padres de Zane!

-¿Al menos podremos visitarlo? – preguntó.

Rhonda sacudió su cabeza – Lo siento. No hay derechos de visita hasta que llenen la petición para custodia completa.

Recién en un año podrían volver a verlo…

-¿Podemos esperar a que despierte para despedirnos? - insistió ella.

-Se decidió que sería lo mejor para Zane si ustedes se van mientras aún duerme. Le ocasionaría menos daño psicológico…

-¡No se atreva a hablar de daño psicológico! – explotó Hermione finalmente - ¡Van a alejarlo de sus padres que lo aman para dárselo a una mujer que tiene la capacidad mental de un mástil de bandera! No tiene idea de cómo cuidar a su hijo, y lo juro por cada alma en este universo que si ella lo lastima de cualquier modo, o lo molesta apenas un poco, me aseguraré de que cada empleado del Ministerio desee jamás haber nacido.

Fulminó a Rhonda y a los dos hombres detrás de ella con la mirada. Volteó hacia Zane, besó su mejilla y acarició su cara con sus manos, tragándose un sollozo antes de volver a girarse y salir de la habitación.

-Tiene que irse ahora, Sr. Malfoy – dijo Rhonda temblando – Tendré que traer refuerzos si se niega.

Draco observó a los dos hombres que podrían ser los dobles de Crabbe y Goyle. Sus puños se fruncieron a sus costados y luego se destensaron, con toda su energía abandonándolo por completo. Le dirigió una última mirada a su hijo, con temor de tocarlo y volverse incapaz de dejarlo ir.

Se abrió paso entre la PDM y los dos hombres y dejó la habitación del hospital como un suspiro, con Blaise siguiéndolo inmediatamente

Lucius y Narcissa salieron después de que ella hubiera besado a su nieto y le dedicara a Rhonda una de las miradas más frías y malvadas que la pobre mujer había recibido en toda su vida. Lucius puede, o no, que haya presionado accidentalmente su bastón sobre el pie de la mujer firmemente mientras pasaba junto a ella.


-¿Y no hay forma de refutar esto? – preguntó Donny mientras se sentaba en la sala de Draco y Hermione.

Hermione sacudió su cabeza.

-Tiene que haber algo que hacer – esto vino de Harry. Había llegado apenas se había enterado de las noticias. A pesar de las diferencias a raíz de su matrimonio con Draco, seguía siendo uno de los mejores amigos de Hermione y ni siquiera soñaría no estar junto a ella si lo necesitaba - ¿Piensas que si yo digo algo, quizás les dejan quedarse con él?

-Harry, sé cuánto odias presumir de tu status como salvador del mundo mágico, así que no tienes que hacerlo – dijo Hermione con voz monótona – Además, no nos lo devolverán solo porque tú lo dices. Los papeles ya fueron firmados, Pansy llegó apenas nos fuimos y ahora tiene a su hijo de vuelta.

Harry, Ron, Donny y Oliver miraron a Hermione mientras ella se recostaba de lado en el sofá, con las piernas retraídas a la altura de su cintura y los ojos vacíos mirando la pared opuesta de la sala. Había estado así desde que habían llegado al apartamento. Sin Draco.

-¿Dónde está Malfoy? – preguntó Ron.

Hermione sacudió su cabeza – No lo sé. Pensé que se aparecería aquí, pero no está en casa.

-Espero que esté bien – dijo Donny suspirando – Narcissa me dijo que tampoco estaba en la mansión cuando la contacté por red flú. Me dijo que estará bien luego de un tiempo a solas. Me dijo que no está acostumbrado a no salirse con la suya.

-Esto lo destruyó completamente – dijo Hermione roncamente, con la garganta apretada por las lágrimas sin derramar – La mirada de sus ojos cuando le dijeron que tendría que esperar un año para ver a su hijo…

Las palabras de ella se desvanecieron y sus facciones se volvieron aún más ilegibles, como si se negara a permitir que las emociones la invadieran.

-Pueden irse a casa – dijo finalmente después de un largo momento de silencio – No tienen que quedarse aquí conmigo. Estoy bien.

-No estás bien – dijeron Ron y Harry al mismo tiempo.

-¡Dije que estoy bien! – espetó ella – Me gustaría estar sola. ¡Vayan!

Se miraron unos a otros, nada acostumbrados a este lado de Hermione. No entendían la extensión de sus sentimientos; Zane se había convertido en su hijo. Se había convertido en su hijo y se lo habían arrebatado. Ella odiaba sentirse inútil. Odiaba sentirse indefensa. No podía hacer nada y se preocupaba por su hijo. Se preocupaba por Draco, también.

Sus cuatro invitados se fueron silenciosamente; Donny dejando un vaso de agua y un poco de fruta frente a Hermione para recordarle comer algo.

Mientras el sol se ocultaba, la sala fue oscureciéndose sin el beneficio de las luces, dejando a Hermione permitiendo derramar sus lágrimas lentamente, mientras se iba rodeando de su soledad y abandono sofocantes.


Draco observó los graffiti pintados en la pared de ladrillo de la construcción dilapidada. Después de vagar sin rumbo por las calles de Londres, se había encontrado a sí mismo sentado en un cubo de basura en un callejón detrás de un pub de pésimo nivel social.

Una rata se hizo camino por allí, frotándose contra la pierna de él. En cualquier otro contexto, probablemente él habría chillado (de forma completamente masculina, obviamente) y de un salto, habría salido corriendo. En ese momento, sin embargo, apenas parpadeó…

Ni siquiera sabía qué pensar sobre todo esto. Parecía como si su mente estuviera pensando a propósito en cosas sin sentido ni coherencia para evitar pensar en el aplastante dolor que él sabía que tendría que estar sintiendo. El procesamiento de sus pensamientos variaba entre los ingredientes de los jelly beans; él por qué algunas monedas tenían líneas a su alrededor y otras no; por qué algunas personas tenían pelo rizado y otras lo llevaban lacio…

Y luego de reflexionar sobre esos temas clara y universalmente importantes, su cerebro se había bloqueado, dejándole nada en lo qué pensar. Solo percibía cosas. Miraría la pared de ladrillos y pensaría: esta es una pared de ladrillos; hay un graffiti en ella; los colores del graffiti son rojo, negro y azul; hay 549 ladrillos en esa pared…

Mientras caminaba, contaba las grietas de la acera de cemento, sin pensar siquiera que su hijo había estado tirado en una similar a ella esa misma mañana. No, no dejaría que su cerebro pensara en eso. Tenía cosas más importantes para hacer. Tenía que contar las putas grietas de la acera. Una grieta. Dos grietas. Tres grietas. Cuatro, cinco, seis, siete jodidas grietas.

Eventualmente, llegaría a casa. Tenía que asegurarse de que Hermione estuviera ahí y que estuviera bien. Ella era su esposa, la única mujer que alguna vez había amado, y la había abandonado cuando probablemente se necesitaban el uno al otro más que nunca. Pero pensaría en el estúpido que era después. Justo ahora, tenía que seguir contando grietas.


Su barriga le dolía.

Ese fue el primer pensamiento de Zane al despertar. Su barriga le dolía y tenía mucho sueño. Bostezó y parpadeó lentamente. Frunció la nariz en confusión al notar que no estaba en su habitación en casa. No estaba tampoco en la habitación de su mami y papi. Tampoco estaba en la sala, ¡ni en casa de Abela y Abelo! Que extraño.

Miró hacia los lados de la cama a todo lo que lo rodeaba. Era una cama muy grande. Las sábanas eran de color dorado y la habitación también era muy grande. ¿Dónde estaban su mami y papi?

¡Oh, no!

¡La escoba! ¿Qué había pasado? ¿Su papi lo había atrapado antes de caer? ¿Acaso había volado nuevamente al apartamento? Eso no podría ser cierto; recordaba resbalar del mango. ¿En dónde estaba, entonces?

-Oh, bien, despertaste – dijo una voz familiar desde el marco de la puerta.

Zane volteó su cabeza para mirar a Pansy mientras esta entraba con una dulce sonrisa en el rostro (un extraño evento). ¿Qué hacía Pansy allí?

-¿Dónde están mi mami y mi papi? – preguntó Zane. Le dolía hablar. ¡Le picaba la garganta! Su labio inferior temblaba mientras miraba a Pansy. De verdad, de verdad quería ver a su mami y a su papi.

-Querido, yo soy tu mami – dijo Pansy suavemente acercándose a la cama y sentándose en el borde de esta.

-No, no lo eres – insistió él . Tengo sed. Me duele la garganta.

Ella tomó un vaso de agua de la mesita de noche y ayudó al niño a beber de él, con miedo a que derramara el agua en las sábanas de algodón egipcio.

-¿Dónde está mi mami? ¿Dónde está papi? – preguntó él nuevamente, después de terminar de beber.

-Zane, yo soy tu mami - dijo ella de nuevo, volviendo a dejar el vaso en la mesita – Tu papi y su esposa están en Inglaterra en tu antigua casa. Ahora vives aquí.

-Quiero ir a casa, por favor – dijo él. quizás si decía por favor, ella lo llevaría junto a su mami y papi. No quería seguir aquí.

-Lo siento, pero no puedes ir. Esta es tu nueva casa, Zane. Tienes tu propia habitación, ¡y podrás estar con tu mami y tu nuevo papi!

-¿Mi mami está aquí? – preguntó él con una pizca de alegría. ¿Dónde estaba su mami? ¿Acaso se estaba escondiendo? - ¿Puedo verla?

-Zane, no me gusta repetir las cosas. Yo soy tu mami. Siempre fui tu mami, y siempre seré tu mami. La otra mujer es tu madrastra.

¡Él conocía esa palabra! ¡Abelo y esa mujer con las gafas siempre llamaban a su mami de esa forma!

-¿Dónde está papi?

-Tienes un nuevo papi ahora – dijo Pansy con una gran sonrisa – No puede esperar para conocerte.

Ella no tendría que esforzarse para mentir mucho. El niño solo tenía tres años, ¿cómo notaría la diferencia?

-Tengo que hacer popó – dijo él urgentemente.

-Oh – respiró ella nerviosa – El baño está tras la puerta de allí – señaló una puerta a su derecha.

Lentamente él se desenredó de las mantas y saltó de la cama, corriendo hacia el baño. Terminó sus asuntos y, mientras se lavaba las manos, justo como su papi le había enseñado, se preguntó como haría entender a Pansy que él quería volver a casa.

Regresó a su habitación y se detuvo en el marco de la puerta entre el baño y el cuarto, mirando fijamente a Pansy mientras ella se arreglaba las uñas.

-Pansy, quiero irme a casa ahora – dijo él tratando de sonar como su Abelo. Cuando Abelo hablaba así, la gente hacía lo que él quería.

-No debes llamarme Pansy, Zane, eso es de mala educación. Me llamarás mami, ¿entendido?

Él asintió rápidamente, sin querer molestarla. Solo quería irse a casa.

-¿Dónde está Rosie? – preguntó él – No puedo dormir sin él.

-No sé quién es – dijo ella – Esta será tu habitación. Dormirás aquí.

-Esta no es mi habitación – insistió él. Pansy estaba loca, de verdad, ¡no sabía nada! - ¿Dónde están mis juguetes? ¿Dónde está Rosie?

-Te compraremos juguetes mañana cuando te sientas mejor. Ahora, vuelve a la cama y duerme un poco. Pasaste por muchas cosas hoy y necesitas descansar.

-Pero… pero no puedo dormir sin Rosie. Mami y papi siempre me arropan y me dan un gran beso, ¡y luego me cuentan una historia para que pueda dormir!

Sus ojitos se llenaron de lágrimas y sus pequeños puños se fruncieron a su costado. ¡Su temperamento Malfoy comenzaba a salir a la superficie, y la estúpida de Pansy no estaba escuchándolo!

-Puedo leerte una historia y darte un beso, Zane – trató ella – Soy tu mami, ahora, ¿por qué no puedes aceptarlo?

-¡Quiero a Rosie! – sollozo él, con su respiración hipando mientras lloraba - ¡Solo quiero irme a casa!

Pansy tragó nerviosamente y miró hacia el pequeño niño llorando en el marco de la puerta del baño, con su cuerpito temblando con sollozos.

-Si te consigo esta cosa Rosie, ¿te irás a dormir?

Zane dejó de llorar lo suficiente como para pensar en la oferta de ella. Quería irse a casa. Tener a Rosie sería bueno, pero realmente, realmente quería irse a casa.

-Rosie es mi dinosaurio – dijo hipando.

-¡Oh! Es un juguete – dijo ella animada – Un dinosaurio de juguete, al parecer. ¿Es suave o duro?

Qué pregunta estúpida – Rosie es suave y verde y él es mi favorito.

Él la observó tomar su varita y agarrar el vaso vacío de agua. La miró mientras transfiguraba el vaso en un dinosaurio de juguete. Era verde, y era más pequeño que Rosie.

-Ese no es Rosie – dijo él.

Pansy se veía en aprietos y miró hacia el juguete en su mano – Este es… uh… este es Posey. Es la hermana de Rosie.

-Rosie no tiene hermanas – dijo Zane – Es como yo.

-Tenía una hermana de la que nadie sabía – insistió ella – Su nombre es Posey y es muy amable.

Zane sorbió por la nariz y miró al dinosaurio que sostenía Pansy en su mano. Se veía un poco parecida a Rosie, y era un juguete, así que estaba bien. Lentamente se acercó a la cama y levantó la mano por el juguete. Pansy sonrió triunfalmente y dejó el juguete en la mano abierta de él.

Zane abrazó a Posey contra su pecho y se trepó a la cama. Extrañaba a su mami y a su papi. Esperaba verlos pronto.

-Tengo sueño – dijo en medio de un gran bostezo. La medicación volvía a dejar sus efectos en él, y su llanto le había consumido mucha energía. Volteó a uno de sus lados abrazando más cerca al juguete. Esperaba tener un beso de buenas noches de su mami y su papi, pero los haría besarlo dos veces cuando volviera a verlos.

-¿Quieres una historia y un beso? – preguntó Pansy dudando.

La respuesta de Zane fue un suave ronquido mientras volvía a sumergirse en un profundo sueño.

Ella miró la masa desordenada sobre la cama por un largo segundo y luego dejó la habitación, apagando la luz antes de salir.

Todo estaba saliendo maravillosamente. Zane se acostumbraría a vivir en la mansión con ella y Ángelo. Obtendría la manutención que le correspondía de parte de Draco todas las semanas, lo que sería suficiente para envolverlos en diamantes y esmeraldas por el resto de su vida. Tampoco era que gastaría todo el dinero en joyas, por Dios, no. Dejaría, por supuesto, una pequeña suma para Zane, ¿pero cuánto dinero necesitaría un niño de tres años? El resto sería para ella.

Su vida no podría ir mejor.


Nota de la autora: Gracias por los reviews chichos! El título del capítulo viene de la canción 'Someone to Save You' de OneRepublic.

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