A Wonderful Caricature of Intimacy
-Una Maravillosa Caricatura de Intimidad-
Disclaimer todos los personajes, lugares y temas relacionados a Harry Potter le pertenecen a J. K. Rowling, Bloomsbury y Scholastic.
Capítulo 22: Never Know What the Future Brings – (No puedes saber lo que depara el futuro).
Blaise levantó la mirada de su papeleo cuando Margie, su secretaria, entró y lo llamó – Tiene una visita, Sr. Zabini.
El bajó la mirada a su escritorio, a la agenda que Margie le planeaba cada mañana – No tengo asignada una reunión para hoy.
-Dice que es urgente – replicó Margie - ¿Lo despido?
Blaise sacudió su cabeza con cansancio y le gesticuló a ella para que permitiera pasar al visitante.
Ella le dirigió una mueca y procedió a permitirle la entrada a la visita a la oficina, cerrando la puerta tras suyo luego de salir.
El hombre alto, vestido con una túnica negra, dio un paso adelante y le estiró su mano a Blaise, presentándose a sí mismo rápidamente – Victor Reid, señor. Me dijeron que usted puede ayudarme.
-Tome asiento, Sr. Reid – dijo Blaise, apuntando a una silla frente a su escritorio - ¿En qué puedo ayudarlo exactamente?
-En realidad, se trata más bien de usted siendo ayudado por mí. – dijo Victor.
-No tengo tiempo ni paciencia para adivinanzas, Sr. Reid – dijo Blaise arrastrando las palabras - ¿Para qué está aquí?
-Los Malfoy necesitan un quinto testigo para su Análisis Apelativo – dijo monótonamente, recibiendo una mirada sorprendida del apuesto abogado – Puedo ser ese testigo.
-¿Es un conocido de los Malfoy? ¿Conoce cómo califican como padres?
-Soy un conocido de ellos – dijo Victor – Conocí a Draco por mucho tiempo y tuve el reciente placer de conocer a su esposa.
-Los testigos deben ser cercanos a la familia, Sr. Reid. Soy el padrino de Zane y fui amigo de Draco desde que éramos niños. Nunca escuché mencionar su nombre antes.
-Ah, Sr. Zabini, pero yo tengo algo que los otros testigos no tienen – dijo Victor con una sonrisa genuina – Dado a un trastorno de personalidad que va mejorando muy lentamente, desarrollé hace mucho tiempo inmunidad a cualquier poción de la verdad, hechizos o magia.
-¿Puede contrarrestar el poder de un veritaserum? – preguntó Blaise escéptico.
-Así es, puedo hacerlo – respondió Victor – Viví la mayor parte de mi vida a través de los dientes (1), así que puedo asegurarle que soy muy talentoso en ello.
-¿Por qué haría esto por los Malfoy? ¿Qué ganaría usted con todo esto? – preguntó Blaise.
-Me gustaría pagar ciertos daños que les causé – respondió él.
-¿Cómo se enteró de su necesidad de un quinto testigo? – continuó Blaise con su lista de preguntas. Él era conocido por siempre estudiar un tema a fondo, necesitando saber todo antes de avanzar. Era una de las razones por la que él era el segundo Defensor Judicial con la mayor posición del Ministerio.
-Mi madre es amiga de Narcissa Malfoy; escuché una conversación entre ellas mientras tomaban el té. Le pregunté a Madame Malfoy quién estaba encargado de su caso y ella me dirigió hacia usted.
-Todos los testigos son sometidos a previas investigaciones. ¿Tiene algo en su expediente de lo que yo tenga que enterarme, antes de anotar su nombre?
-Me apresaron por agresión, pero me dijeron que sería removido de mi expediente si asistía a sesiones de rehabilitación psicológica, lo cual cumplí.
Antes de que Blaise pudiera preguntar algo más, Margie llamó a la puerta y coló su cabeza en la oficina – Otra visita, Sr. Zabini. Ella dice que no tiene una cita, pero que es urgente.
-¿Todas lo son? – murmuró Blaise bajo aliento – Puede hacerla pasar una vez que el Sr. Reid se marche.
El labio de Margie se curvó – Dice que no puede esperar y que lamenta mucho interrumpir, pero que realmente necesita verlo.
Blaise pasó una mano por su rostro y asintió – Lamento esto, Sr. Reid. Fueron unos días bastante ajetreados.
-No me molesta – dijo Victor con un encogimiento de hombros indiferente – Por favor, atienda a esta persona; yo puedo esperar.
Blaise se levantó desde detrás de su escritorio para recibir a su invitado cuando de repente se detuvo y miró a la mujer parada en el marco de la puerta.
-¿Señorita Westin? – preguntó Blaise con un tono de voz sorprendido - ¿Qué está haciendo aquí?
Rhonda se mordió el labio y empujó sus gafas contra su nariz, haciéndolas ver más torcidas de lo que parecían antes – Lamento mucho, mucho interrumpir, Sr. Zabini, pero acabo de volver de una reunión departamental y necesitaba acercarme a hablar con usted.
-Bueno, por favor pase y tome asiento. Si el Sr. Reid no tiene más preguntas, mi reunión con él ya terminó.
Victor se incorporó y sonrió a los otros dos – Lo veré en la audiencia entonces. Hasta luego, Sr. Zabini, gracias por su tiempo.
Blaise asintió cordialmente al hombre y dejó escapar un suspiro de alivio una vez que se hubiera alejado – Lamento eso, señorita Westin. Tuve unos cuantos visitantes como ése últimamente. Ahora, ¿Qué puedo hacer por usted?
Ella empujó sus gafas por un costado, volviendo a desacomodarlas – Necesitaba repasar el caso Malfoy con usted dado que acabo de hablar con los miembros del Wizengamot que están llevándolo adelante. Les dije que estamos llenando una solicitud para el Análisis Apelativo y dijeron que sería completamente legal y que, siempre y cuando presentemos los cinco testigos, estaríamos bien – sonrió Rhonda levemente, ocupando sus nerviosos dedos en cepillar un mechón de su cabello – Le pregunté al Sr. Pérez si yo podía presentarme como un quinto testigo, pero dijo que yo no califico dado que seré parte del panel que tome la decisión final.
-Eso fue muy amable de su parte – sonrió Blaise – Pero, afortunadamente, ya tenemos todos nuestros testigos. Voy a elevar los nombres para el chequeo de información pertinente hoy mismo.
-Entonces todo está saliendo perfectamente – dijo ella – Puedo dejar de pasada los nombres en la oficina del Sr. Pérez, dado que pasaré por ahí antes de ir a la mía a recoger los contratos y algunos formularios extra.
Blaise removió entre los papeles de su escritorio y sacó el pergamino que tenía anotado los cuatro nombres en él. Rápidamente agregó el nombre de Victor Reid al final y se lo extendió a Rhonda. Él levantó la mirada hacia ella y no pudo evitar sonreír ante su apariencia desaliñada. Varios mechones de cabello rubio se habían escapado del moño tirante que había tratado de hacerse, y sus anteojos aún estaban torcidos contra su rostro, aumentando el tamaño de un ojo más que del otro.
Él estaba acostumbrado a las mujeres glamorosas, supermodelos, actrices, damas de la alta sociedad, solo la crème de la crème. Jamás había conocido a alguien que se preocupara menos sobre su apariencia. Rhonda parecía vivir en un mundo donde no importaba lo que usara o cuán desprolija se viera. Y en realidad, a él le gustaba eso de ella. Simplemente, ella no se interesaba en eso, lo que le daba un sentido de madurez que al parecer él nunca había notado en las otras mujeres.
-¿Sr. Zabini? – preguntó ella con cautela - ¿Acaso está escuchándome?
Él parpadeó dos veces y sonrió con timidez – Lo lamento… estaba distraído.
-Oh – dijo ella con una pequeña sonrisa.
Maldita sea, ¿acaso no tiene ella una bonita sonrisa? Dientes parejos con esos labios llenos…
-¿Sr. Zabini, se encuentra bien? – preguntó ella, con la preocupación escrita en el rostro.
-Perfectamente bien – dijo él rápidamente, sacudiendo de su cabeza esos estúpidos pensamientos – Creo que estuve trabajando mucho últimamente.
Ella asintió comprendiendo – Sí, eso es algo que realmente puede desquiciarnos de nuestro funcionamiento normal. Algunas veces siento que un paseo por Azkaban sería mejor que asistir al trabajo todos los días.
Él rió ante eso y notó su mirada sorprendida. Ella se veía impresionada por poder hacerlo reir. Le gustaba eso de ella. Su inseguridad era enternecedora.
-Um, debería irme ya. Me llevaré estos nombres y estaré en contacto con usted por el caso apenas me entere de algo nuevo o importante – dijo ella, levantándose y derramando la tasa de café del escritorio con sus libretas - ¡Oh, lo siento mucho!
Él le hizo un gesto con la mano mientras tomaba su varita y limpiaba todo con un simple movimiento – No se preocupe, señorita Westin, todo está bien – él estaba escondiendo una sonrisa ante su agotadora energía, al verla con el labio inferior apretado entre los dientes y sus manos temblorosas moviéndose para acomodar sus torcidas gafas.
-Soy una semejante torpe – suspiró ella, moviendo sus anteojos una vez más – De verdad lo siento, Sr. Zabini.
-De nuevo le dijo, no se preocupe por ello – sonrió Blaise – Suelo derramar cosas todo el tiempo.
-Solo lo dice para hacerme sentir mejor – murmuró ella.
-No, es cierto. Siempre vuelvo loca a Margie con lo torpe que puedo llegar a ser. Y ella siempre tiene que recoger todo después – explicó él.
-¿Margie? ¿Su recepcionista? – preguntó Rhonda tentativamente.
Él asintió y notó la pizca de alivio de su rostro. Por alguna razón, sintió a sus pies moverse más cerca de ella, notando como sus ojos se ampliaban ligeramente mientras él se le aproximaba. No se dijeron nada el uno al otro mientras él tomaba un paso más cerca y le ajustaba las gafas hasta que estuvieron derechas sobre su rostro. Las mejillas de ella estaban de un rosa brillante y sus ojos estaban bien abiertos, de un marrón brillante y mirándolo fijamente.
Ella pasó saliva mientras los dedos de él se deslizaban por su mejilla acariciándolas. Él le sonrió y luego se alejó un paso.
-Mejor me marcho – dijo ella con la voz entrecortada – antes de que haga algo como quemar su oficina u otra cosa igualmente destructiva.
-Hasta pronto, señorita Westin – la saludó él alegremente mientras se apoyaba contra su escritorio.
Ella volteó a mirarlo, con la cabeza levemente inclinada hacia un costado – Adiós – chilló.
Él sonrió, mirándola salir de la oficina con apuro, con su falda de negocios larga hasta la rodilla moldeando su figura perfectamente, y sus largas piernas tropezando un poco antes de finalmente desaparecer.
Pansy se ajustó la peluca en la cabeza, mirando al espejo con una mueca en el rostro. ¿Cómo había perdido todo su cabello? Había pasado ya por diecisiete Sanadores e incluso un par de médicos muggle, y ninguno de ellos había podido decirle el por qué de su repentina calvicie.
-¿Pansy? – escuchó la pequeña voz de su hijo detrás de ella.
-¿Qué? – preguntó rudamente mientras volteaba para encontrarse a Zane parado en el marco de la puerta, mirando la peluca rubia.
-Me gusta ese color en tu cabello – dijo él – Es como el de papi.
Ella lo miró a los ojos y frunció el entrecejo – Uh, gracias Zane.
-¿Puedes llevarme al parque? – preguntó él, entrando a la habitación de ella y pasando junto a la puerta del closet, que estaba abierto. Curioseó por ahí, mirando toda la ropa y pasando sus manos por las telas sedosas – Quiero jugar afuera, por favor.
-Pregúntale a Ángelo – dijo ella distraída – Tengo que visitar al maldito fabricante de pelucas de nuevo.
-Oh, oh, Pansy, dijiste una mala palabra – rió él – tienes que ponerte en tiempo-fuera.
-Oh, lo haré inmediatamente – dijo ella rodando los ojos – Ahora, vete. Ángelo te llevará a alguna parte.
-No puedo encontrar a Jello – explicó Zane. Se aseguró que ella no estuviera viendo cuando filtró la bomba fétida permanente en su closet.
-Debería estar en su estudio – dijo ella, despejando su rostro de los mechones de cabello falso.
Zane pasó su mano por un vestido extra suave y dejó la habitación, con sus piernitas acelerando una vez que estuvo cerca de su habitación. Caminó hacia su cama y miró bajo ella, sonriendo cuando encontró a los dos rostros iguales sonriéndole en respuesta.
-¿Pusiste la bomba fétida en su closet? – preguntó Fred Weasley, saliendo de debajo de la cama.
-Sí, la puse allí, justo en el medio como me dijiste – dijo Zane saltando hacia la cama y rebotando un par de veces - ¿Qué es lo que va a hacer esa bomba fétida, de nuevo?
-Hará que toda su ropa huela muy gracioso – explicó George, trepando a la masiva cama y rebotando junto a Zane – El olor nunca saldrá de su ropa a menos que compre un perfume especial nuestro por solo trescientos galeones.
Los ojos de Zane se ampliaron considerablemente - ¡Eso es un montón de dineros! Una vez, abelo y Abela me dieron diez galones, ¡y podía comprarme cualquier cosa en toda la tienda!
-Galeones, colega, no galones – sonrió Fred – ahora, volveremos en la noche para ver cómo estás y leerte tu historia antes de dormir, ¿de acuerdo?
-¡De acuerdo! – dijo Zane.
Los observó dejar la habitación por la red flú. Bajó de la cama de un salto y corrió a buscar a Jello para ver si podría llevarlo al parque. Jello no era un hombre malo, solo muy aburrido. Le gustaba hablar sobre dinero y muchachas lindas y un montón de cosas aburridas, pero Zane por lo general dejaba de escucharlo.
Volteando la pieza de grafito en su mano de un lado a otro, Draco observó al oscuro material manchar sus dedos, dejando un desastre gris oscuro. Su mente no estaba enfocada en las manchas, o en los planos en su escritorio. Supuestamente tendría que haber terminado los esquemas de un proyecto que había comenzado hace una semana, pero no podía enfocarse en ese deber.
La culpa comenzaba a corroerlo. Había hecho algo imperdonable. Había hecho algo furtivo, solapado, inmaduro y completamente irracional. Habían pasado dos semanas desde que se habían llevado a Zane a Francia, y dos semanas desde que Draco había hecho esa cosa imperdonable.
Levantó la mirada al reloj junto a su escritorio y suspiró al darse cuenta que no podía mantener esa culpa devastadora mucho más. Tenía que decirle a Hermione la verdad, confesarle su acto deplorable. Probablemente lo odiaría, en el mejor de los casos lo lastimaría, y definitivamente querría abofetearlo. Se lo merecía a todo.
Dejando caer la pieza de grafito, enrolló los planos y se los entregó a Roger, su segundo al mando en la compañía, para luego dejar el edificio con apuro, apresando su capa en su brazo mientras volteaba la esquina para aparecerse directamente en casa.
Llegó a un apartamento vacío, encontrando una nota de Hermione en la mesita del café diciéndole que estaba de compras con su madre. Cambió su ropa de trabajo a unos shorts de deporte y una camiseta blanca, dejando el apartamento para correr. Se había salteado sus hábitos de ejercicio, sin seguir su hábito de salir a correr tres veces a la semana por su barrio.
Quizás corriendo se borraría un poco la culpa de su cabeza… el dolor… la pérdida. Es cierto, aún tenía a Hermione, quien lo amaba, y a quién él amaba también. Pero necesitaba a su hijo. También tenía que decirle a Hermione lo que había hecho. No podría mirarla a la cara ni un segundo más sin que ella sepa eso.
Corrió por dos horas, sin disminuir la velocidad, sin dejar que la quemazón en su pecho y piernas lo ralentizaran o tentaran a detenerse. Cada vez que su pie tocaba el cemento, pensaba en su hijo, lejos, viviendo con una mujer que probablemente habría acabado con Voldemort usando solamente su actitud mandona.
Para cuando llegó al apartamento, estaba sumamente exhausto. Su respiración salía en cortos jadeos mientras presionaba su costado y secaba el sudor de su frente con su antebrazo. Desbloqueó la puerta y entró al vestíbulo, haciendo una mueca al darse cuenta que había olvidado estirar después de correr, y con los músculos gritándole que no caminara tan lento.
-¿Draco?- la voz de Hermione se oyó desde su habitación - ¿Eres tú?
-Seh – respondió él, arrojando su varita a la mesita de café y colapsando en el sofá.
Ella apareció en el marco de la puerta, con la luz detrás de ella iluminando el frizz que parecía acompañarla sin importar cuántas veces utilizara el acondicionador que Donny le había regalado - ¿Dónde estabas? Estaba un poco preocupada.
-Perdona, me fui a correr y perdí la noción del tiempo – suspiró él, estirando sus piernas frente a él y tomando una profunda respiración.
-¿Disfrutaste tu carrera? – preguntó ella acercándose a sentarse junto a él en el sofá pero luego se inclinó, para alejarse- Dioses, hueles como la mierda.
-Seh – respondió él monótonamente.
-¿Qué está mal? – preguntó ella de repente.
-Tengo que decirte algo – dijo él, mirando directamente a la televisión en blanco.
-¿Qué es?
-Hice algo estúpido – dijo él lentamente – No pude decírtelo antes porque, bueno, primero, no recordaba haberlo hecho hasta ayer, y porque no había tenido el coraje para hacerlo. Eso es algo que recordarás del Draco adolescente, ¿verdad? ¿Qué era un cobarde?
Ella inclinó la cabeza con el entrecejo fruncido por la confusión - ¿Qué demonios estás hablando?
-No podía enfrentar el hecho de que mi hijo había sido alejado de mi – continuó él – No estaba completamente cuerdo cuando me fui de ese hospital dos semanas atrás. Me fui y… y…
-Draco, ¿qué hiciste?
-Fui a ver un Sanador – dijo simplemente, sin encontrar su mirada curiosa. Sus ojos estaban enfocados justo delante de él, mirando sin parpadear – Me quitó el hechizo anticonceptivo semipermanente.
Ella permaneció en silencio por un momento, digiriendo sus palabras.
-Tuvimos sexo sin protección por dos semanas – continuó él.
Más silencio.
-Creo que pude perder un poco de mi lucidez cuando me dijeron que se llevarían a Zane. Sentí que mi mente se desconectaba del resto de mi cuerpo, haciendo cosas por sí misma. Pensando en ello ahora, estoy muy seguro que mi subconsciente pensó en reemplazar a Zane con otro niño. Apenas recuerdo haberlo hecho. De repente vino a mi mente anoche antes de dormir, que había acudido a un sanador y le había pedido revertir el hechizo anticonceptivo. Por eso pienso que pude volverme, o estoy volviéndome loco.
Incluso más silencio.
-Si hubiera recordado haber revertido el hechizo, te lo habría dicho antes, Hermione – dijo él, con la voz aún carente de emoción – pero, ahora no estoy seguro si me arrepiento de hacerlo. Tú siendo la madre de mi hijo no me parece nada repulsivo.
Estaba comenzando a preocuparse por su silencio. ¿Dónde estaba las nueve millones de preguntas, los gritos, las exclamaciones, las maldiciones?
No se atrevía a mirarla. Él sabía que había hecho algo malo, por encima de malo, pero no la miraría a los ojos hasta saber cómo se sentía ella al respecto.
-¿Vas a decir algo?
-¿Qué quieres que diga? – preguntó ella.
-No lo sé.
-Tengo que salir de aquí – dijo ella rápidamente, moviéndose para alejarse del sofá.
La mano cálida de Draco apresó su muñeca, y la volteó para encararlo – Me prometiste que nunca me dejarías. Me lo prometiste.
-No sé qué quieres que haga, o diga – dijo ella con la voz controlada – Tengo que alejarme de ti.
La mano de él se liberó de su muñeca, con sus ojos quemando con un odio que no había visto desde que eran niños, desde cuando se habían reencontrado cuando Zane recién era inscript en la escuela – Entonces vete.
-Draco…
-¡Vete! – espetó él, levantándose y dejando la sala.
-¡Solo necesito tiempo para pensar! – le gritó ella - ¡No puedes pretender que asimile todo esto de una sola vez!
-¡Vete a la mierda de aquí! – le gritó él a través de la puerta cerrada.
Ella rodó los ojos. Seh, como si ahora fuera a irme solo porque me lo ordena. Piensa de nuevo, amigo. Volvió a sumergirse en el sofá, con el corazón comenzando a ponerse al día con su mente, latiendo irregularmente ante las noticias que Draco había mantenido ocultas de ella.
No tenía síntomas de embarazo; nada se había sentido diferente en las dos semanas anteriores. Pensó para sí misma, usando un calendario mental: su último período había finalizado el día que Zane se había caído del balcón.
Presionó la palma de su mano contra su plano estómago, con sus dedos trazando patrones sobre él. Se podía imaginar un niñito, justo como Zane… con ojos grandes y confiados; con una amplia e inocente sonrisa… podía imaginar a una niñita con ojos grises oscuros, con una sonrisa burlona lista para surgir cuando fuera el momento indicado, y con cabello descontrolado del color del halo de un ángel.
Siempre había oído a las mujeres decir que tenían esos "sentimientos" cuando quedaban embarazadas, como si simplemente supieran si estaban esperando un hijo. Ella no había sentido nada así. Probablemente eso era algo bueno, se dijo a sí misma. No estaba lista para tener hijos, ¿verdad?
Ya era una madre, ya era una esposa… así que su razonamiento no estaba en lo cierto. Estaba sumamente preparada para tener un bebé. Amaba a los niños, y amaría a cualquier niño que le dieran. Solo le había tomado un par de días enamorarse completamente de Zane, y ni siquiera tenía su sangre corriendo por sus venas.
Realmente no sabía qué hacer con Draco, enfurruñado en su habitación probablemente pensaba que ella estaba enojada con las noticias que le había dado. Para ser completamente honesta, estaba un poco enfadada, porque nunca le gustó no poder tener control sobre su vida. Le habría gustado estar consciente de la posibilidad de quedar embarazada, pero desde que se había casado con Draco las cosas tendían a salirse de control, escaparse de sus manos.
-Aún estás aquí – escuchó la voz de Draco decirle desde la entrada de la sala.
-Sí – dijo con la voz contenida.
-No me disculparé – dijo él francamente.
Ella levantó la mirada hacia él, quien estaba recientemente duchado, con el cabello aún húmedo y pegado al rostro. Se veía muy similar a como había sido cuando habían iniciado en Hogwarts, con sus facciones en una mueca.
-No te estoy pidiendo que lo hagas – replicó ella.
-¿Por qué no te fuiste? – preguntó él.
-Porque tú hiciste ese trabajo por mí – dijo ella.
-No me agradas – dijo él en voz baja.
-Seh, tú tampoco me agradas mucho – le dijo ella.
Permanecieron en silencio, con las respiraciones siendo el único sonido de la sala.
Él se acercó para sentarse junto a ella en el sillón, sin tocarla y sin decirle nada. Se sentaron lado a lado con sus pensamientos yendo en cualquier dirección.
-¿No sabes si estás…?
-No – dijo ella rápidamente – No lo sé.
-Quiero decirte que siento no haberlo recordado antes, pero no puedo. Realmente lo deseo. Quiero tener un hijo contigo, Hermione. Sabes que mi egoísmo no conoce límites.
-No estoy enojada, Draco – dijo ella.
-Lo sé. Te quedaste.
-Olvidaste agregar arrogancia junto con egoísmo.
Él dejó escapar una pequeña carcajada ante eso.
-Necesito hablar con alguien – dijo ella – Preferiblemente una mujer.
-Lo que necesites – dijo él, encogiéndose de hombros.
Ella se levantó pero fue impulsada hacia abajo nuevamente cuando Draco atrapó su cintura y estrelló sus labios contra los de ella, mostrándole lo que le costaba tanto poner en palabras. Se alejó lentamente, despegando sus manos de su cintura, y desplazándolas lentamente hacia su estómago.
Intercambiaron una mirada y ella lo dejó en el sofá, caminando hacia la puerta con prisa, no vaya ser que no pueda contener el impulso de follarse a su esposo justo ahí, incluso a pesar de sus lapsus mentales.
-Te extrañé muchísimos de montones – le dijo Donny a las llamas verdes, sonriéndole a la cabeza de Oliver – La camiseta que te robé ya perdió tu aroma.
-¿Te robaste una de mis camisetas? ¿Es la que uso para entrenar? – preguntó él.
Ella sonrió ampliamente – Sí.
-Ah, Donatella, estuve buscando esa camiseta – dijo él con una sonrisa traicionera – Dime que al menos estaba lavada cuando te la llevaste.
-Nop. Olía como tú luego de una buena y fuerte sesión de entrenamiento. Me dormí con ella – explicó ella – Huele tan masculinamente.
-Serás mi total perdición, muchacha – rió él. Dejó de hacerlo cuando escuchó el sonido de un llamado a la puerta de Donny - ¿Esperas a alguien?
-Sí – dijo ella – Quizás es el delivery de novios a domicilio.
-Ja-ja – dijo él secamente, viéndola caminar hacia la puerta.
Donny la abrió para encontrar a Hermione, quien le sonreía lánguidamente. Oliver las observó hablar y luego vio como Donny caminaba hacia la chimenea y le mandaba un beso - ¡Es hora de una charla de chicas! ¡Adiós, Woodie! ¡Diviértete en Lafayette!
Él la saludó con la mano y su cabeza desapareció de las llamas, que se volvieron de un color naranja intenso y brillante.
Donny volteó hacia Hermione y le señaló el sofá para que se sentaran - ¿Qué hay en tu cabecita, amor? – le preguntó mientras tomaba su varita y conjuraba dos vasos de jugo.
Hermione se encogió de hombros y aceptó el jugo con un asentimiento educado – Vine a hacerte unas cuantas preguntas.
-Sí, por supues…—Donny se interrumpió al escuchar otro llamado a la puerta—Oh, esa debe ser Narcissa.
-¿Narcissa? – preguntó Hermione - ¿Aquí?
-Sí, la invité a tomar el té. Es una explosión de chismes siempre que viene a casa. Me fascina – sonrió Donny mientras caminaba hacia la puerta
Hermione bajó el vaso de jugo a la mesita, con las manos demasiado temblorosas como para sostenerlos firmemente. Escuchó a las dos mujeres saludarse calurosamente. Ya se había acostumbrado a la naturaleza amorosa de Narcissa, algo que siempre le había sorprendido.
-Hermione, ¡querida mía! – la cantarina voz de Narcissa se escuchó mientras entraba a la sala. En realidad, flotaba en la sala sería más apropiado, dado que su túnica revoloteaba detrás de ella con gracia - ¿Cómo estás?
-Estoy… bien – dijo Hermione, levantándose para abrazar a la mujer mayor.
-¿Cómo está Draco? – preguntó Narcissa tomando asiento junto a su nuera - ¿Están saliendo adelante ustedes dos?
-Estamos… bien – dijo Hermione sintiéndose repetitiva – Draco aún tiene sus explosiones de tristeza y algunas veces lo encuentro durmiendo en la habitación de Zane, pero creo que está tratando de ajustarse.
-Oh, mi pobre niño – suspiró Narcissa – Donny, corazón, ven a sentarte. Podemos tomar el té después.
Donny le hizo caso, dejando la cocina para tomar asiento frente a las dos mujeres Malfoy - ¿Ya encontraron a su quinto testigo?
Hermione sacudió su cabeza con tristeza – Blaise nos dijo que pasaría esta noche a hablar con nosotros… pienso que necesita un quinto nombre pronto, pero realmente no podemos pensar en nadie.
-Todo saldrá bien – le aseguró Donny – Zane está destinado a estar contigo y Draco; el destino solo está tomando un poco más de tiempo en definirse.
-Nuestra pequeña y espiritual optimista – rió Narcissa.
Donny sonrió y levantó sus brazos en un gesto despreocupado – Solo pienso que las cosas buenas le suceden a la gente buena si son lo suficientemente pacientes.
-Comienzas a sonar como una galleta de la fortuna – dijo Narcissa rodando los ojos.
Hermione las observó charlar y reír, con sus nervios gritando por mencionar su problema. Quería decírselo a alguien, saber si estaba preocupándose por nada. Dejó escapar una exhalación frustrada. Se tendría que haber limitado a leer un libro de embarazo para aprender un hechizo de chequeo de embarazo o alguna poción… oh, al demonio con eso, tendría que haber caminado directamente a la farmacia más cercana y comprado un test de embarazo, para hacer pis en él y averiguarlo en la forma tradicional.
-¡Hermione! – gritó finalmente Donny - ¡Vuelve con nosotras, carita de muñeca!
-Lo siento – dijo Hermione.
-Justo estaba contándole a Narcissa que no sabía por qué estabas aquí, aunque eres completamente bienvenida – dijo Donny – Justo antes de que abriera la puerta me decías que tenías que preguntarme algo…
-Oh, uh, sí, solo quería saber cómo estabas – dijo Hermione vagamente – Siento que en el único momento que puedo verte es mientras estamos trabajando, últimamente.
-Estoy tan bien como lo estaba ayer mientras conversábamos – rió Donny - ¿Estás segura que estás bien, Hermione? No pareces tú misma.
-En realidad, creo que es solo un dolor de cabeza – dijo ella – Creo que pasaré por una farmacia y compraré algún analgésico.
-Me parece que yo tengo uno… - dijo Donny.
-No, está bien, de todos modos tengo que comprar otras cosas – dijo Hermione – Las veré pronto.
Narcissa y Donny observaron a Hermione dejar la sala con actitud poco natural en ella. Voltearon a verse la una a la otra con miradas curiosas - ¿Crees que está mintiendo?
-Oh, definitivamente está pasando algo por su cabeza – dijo Narcissa - ¿Tal vez se peleó con Draco? Sé que cuando Lucius acaba con mis nervios tiendo a volar de la mansión y usar sus galeones con una muy buena tarde de compras… pero al final termino comprando lencería, ¡y Lucius es el único que se beneficia con eso!
-Eso, de alguna manera, no me parece desagradable – dijo Donny seriamente – Te casaste con un espécimen regio, Narcissa. Si no amara a Woodie, definitivamente te pediría la mano de Lucy-pie cuando te cansaras de él.
-¿Qué fue eso? ¿Amas al joven Oliver? – preguntó Narcissa con emoción - ¿Cuándo te diste cuenta?
Donny realmente se sonrojó. La primera vez que Narcissa, o alguien, la vio hacerlo – Um, seh, de verdad lo hago. En realidad él fue quien lo dijo primero.
-Cuéntamelo todo – suplicó Narcissa – Pensé que estaba en Estados Unidos en ese campamento.
-Bueno, fue en nuestro mes aniversario unas semanas atrás, y él estaba en Des Moines, así que ya sabíamos que no estaríamos juntos para ese día, pero yo nunca fui de las que se interesan mucho por la fecha de los aniversarios. Es decir, apenas había pasado un mes, y no me importaba realmente celebrarlo o algo, pero Woodie se apareció internacionalmente, ¡solo por esa noche! Ya sabes lo difícil que es conseguir una licencia y aprobación para aparecerse internacionalmente, pero él lo hizo y me llevó a cenar fuera, me dio un collar de plata que aún no me quito y me dijo lo que sentía. Estaba todo tímido y tartamudeaba con sus palabras, Narcissa…. Lo juro, nunca lloro, pero para cuando finalmente fue capaz de decirlo todo, rompí en llanto como una reina del drama.
-¡Eso es fantástico, querida! – dijo Narcissa con una sonrisa – Sabía que ustedes dos serían todo un éxito desde el principio.
-Estoy más que extasiada. Al principio, me preocupaba que fuera aún muy temprano para decir que nos amábamos, solo después de un mes. Pero Woodie solo rodó los ojos en mi dirección: 'Ah, muchacha, ¡te preocupas por nada!' – dijo ella en una excelente imitación de su novio.
-Está totalmente en lo cierto. Estoy tan harta de la sociedad estableciendo reglas en lo que debe durar una relación para poder enamorarse. Dioses, solo enamórate y que no te importe lo que los demás piensen de ello. Es así de simple.
Donny asintió de acuerdo – Bueno, si Hermione hubiera estado aquí, ella también estaría de acuerdo. Ya sabes, Draco solo estuvo en el país por unas cuantas semanas antes que esos dos se casaran.
Narcissa tosió levemente en su mano – Sí, maravilloso.
No había necesidad de decirle a Donny que eso no sucedió hasta después de la boda…
Zane frunció su nariz cuando corrió a la mesa para la cena esa misma noche, el olor en el comedor era desagradable - ¡Diug! – exclamó, con sus deditos apretando su nariz para cerrarla.
-No corras, Zane – espetó Pansy, con su rostro contorsionado en la mueca más malvada que él hubiera visto jamás.
-Está muy oloroso aquí – dijo él.
El hombre llamado Jello sostuvo su servilleta contra su nariz mientras miraba a su esposa – Sí, me parece que algo le sucedió a la ropa de tu madre.
-¿Hiciste popó en tu ropa, Pansy? – preguntó Zane trepando a su silla, tratando lo imposible por no liberar su nariz.
-¡No uses ese tipo de lenguaje! – chilló ella – Y no, ¡no hice popó en mi ropa!
-Pansy dijo popí – le dijo Zane a Jello.
Jello no dijo nada; la mirada que recibió de su esposa predecía la muerte si llegaba a decir una palabra.
-Ángelo, ¿podrías servirme un poco de vino? – preguntó Pansy entre dientes.
Él hizo lo que le pidió, dejando caer la servilleta mientras tanto. Comenzó a toser sin la barrera de tela para proteger sus sentidos del putrefacto olor de la bomba fétida – Disculpen – tosió, rápidamente dejando la habitación.
-¿A dónde se va Jello? – preguntó Zane, aún apretando su nariz y tomando un bocado de su comida.
Pansy apretó su mandíbula y descorchó la botella de vino, para beber directamente de ahí haciendo la cabeza hacia atrás lo suficiente como para conseguir que la peluca se desplazara un par de pulgadas de su lugar.
-No puedo saborear mi comida – se quejó Zane.
-No me importa – dijo Pansy – Ve a comer a otra parte.
-¿Puedo cenar en mi cama? – trató Zane.
-Bien – se encogió de hombros ella, pasando otro trago de vino.
-¿Puedo comer en tú cama? – preguntó él.
Él esperaba que ella gritara, e inmediatamente dijera que no, o que le dirigiera una mirada asesina. Realmente no se esperaba que rompiera a llorar.
-Oh, oh – se dijo él en voz baja para sí mismo, observando las manos de ella cubriéndose el rostro mientras sus hombros se sacudían con los sollozos – No llores, Pansy.
Ella lo ignoró, y siguió llorando.
Él se apretó la nariz con más fuerza mientras se bajaba de su asiento y caminaba hacia su madre biológica. Se dirigió directamente hacia la silla de ella y posó su manito en su rodilla – No estés triste – dijo él con voz nasal, con la nariz cerrada al máximo – Está bien que estés apestosa y que ya no tengas más cabello.
Ella sollozó mucho más, con sus manos cayendo para mirar las manitos de él en sus rodillas. Ella lo miró, al niño que era su hijo, el niño que en realidad no le pertenecía – Soy fea, horrorosa… ¡Ángelo no querrá ni siquiera dormir en nuestra cama!
-¡No eres fea! – dijo Zane rápidamente, con su inocente honestidad precediendo cualquier otro instinto – Tienes ojos bonitos, ¡y son azules! ¡El azul es mi segundo color más preferido, y el verde es mi primero más preferido!
Ella parpadeó hacia él, con sus lágrimas manchando su rostro – Gracias – dijo ella lentamente, mirándolo a sus grandes ojos grises, tan parecidos a los de su padre – Ve… uh, ve a cenar, Zane. Y luego ve a la cama.
Él asintió y corrió a tomar su plato. Salió del comedor cuidadosamente manteniendo el plato en una mano y cerrando su nariz con la otra.
Ella lo observó marcharse, con sus cortas piernas en el gran short que había usado para vestirse esa mañana. Hipó y secó su rostro con su servilleta. Ese pequeño niño le había causado algo en ese momento. No sabía qué estaba sintiendo, y no le gustaba ese sentimiento desconocido… ¿era culpa? ¿Era emoción maternal? ¿Era indigestión?
No tenía idea que su hijo ya estaba en su habitación, comiendo la cena y hablando con Fred y George Weasley, contándoles que ella olía muy, muy feo en la cena y que había comenzado a llorar. Tampoco sabía que Fred y George ya estaban diciéndole a Zane que su próxima misión sería jugar al espejo hasta que Pansy se volviera levemente loca. No tenía idea de la explicación del juego, que la única regla era repetir todo lo que una persona le dijera. Un juego muy amoroso, de hecho.
Hermione cerró la puerta principal del apartamento y apretó la bolsa de papel en su mano con fuerza, mientras le ponía pasador a la puerta y aguzaba el oído. Escuchó a Draco en la cocina, el sonido de los cubiertos contra un plato. Entró para encontrarlo sentado en el desayunador comiendo una rápida cena y leyendo una revista de Quidditch.
Él levantó la mirada cuando ella entró, con los ojos fijos en su rostro mientras ella le daba una sonrisa cansada. La bolsa de papel en su mano capturó su atención, y luego volvió la mirada hacia su rostro.
-¿Tuvieron una buena charla? – preguntó él.
-No en realidad – respondió ella.
-¿Estás enojada conmigo?
-No lo creo – dijo ella – Quizás, pero no lo creo. No sé cómo me siento en realidad. ¿Acaso no es estúpido? No sé si estoy molesta o enojada o feliz o emocionada…
-¿Qué hay en la bolsa? – preguntó él de repente.
Ella bajó la mirada hacia la bolsa y luego lo miró – Un test de embarazo.
El no dijo nada.
-Solo quiero asegurarme – le dijo ella.
-¿Te molestarás si la prueba sale positiva? – dijo él.
Ella lo pensó por un momento y negó con la cabeza.
-¿Te molestarás si la prueba es negativa?
-No lo sé – respondió ella honestamente - ¿Y tú?
-Si eso te molesta a ti, me molestará a mí – le dijo él, mirando a la revista de Quidditch. No explicó más ni continuó.
Ella tomó una respiración profunda y salió de la habitación, caminando directamente hacia el baño. Necesitaba toda su astucia para hacer pis efectivamente en la varilla blanca sin hacer un completo desastre.
Deseó escuchar los pasos de Draco detrás de ella, pero nunca llegaron. No era que quisiera que él la mirara orinar en la varilla… por Dios, no… pero habría sido lindo que estuviera esperando fuera del baño como un buen esposo mientras le decía cosas alentadoras.
Espera, por un segundo olvidó con quién estaba casada. ¿Draco sentado fuera del baño diciéndole cosas lindas, y consoladoras? ¡JÁ! El la amaba, y todo, pero seguía siendo Draco.
Tomó la bolsa de papel, la abrió, tomó la brillante cajita azul, la abrió también y tomó las instrucciones. Las leyó siete veces, hasta asegurarse que sabía exactamente lo que tenía que hacer. Bueno, en realidad las había leído nueve veces, ¿pero quién está contando?
La pequeña varillita en su mano se burlaba de ella; en ese objeto se sostenía su futuro. Tomó una gran respiración y miró las instrucciones una vez más. Le decían que tenía la opción de hacer pis en un recibiente y luego sumergir la varilla en la orina, o solo podría hacer pis directamente sobre ella. Decidió hacerlo directamente, no queriendo limpiar nada más de lo estrictamente necesario.
Esperaba que su mano termine de temblar mientras se deshacía de sus pantalones y bragas. Sentándose cautelosamente en el asiento del inodoro, casi tira la varilla dentro de él cuando sintió un llamado a la puerta del baño.
-¿Qué pasa? – preguntó ella temblando.
-¿Estás bien ahí dentro? – preguntó la voz de Draco a través de la puerta.
-Solo muy líquido – respondió ella.
-No era necesario el sarcasmo – replicó él.
Ella rodó los ojos y notó que no podía continuar si él estaba parado ahí escuchándola orinar - ¿Podrías irte por un segundo?
-¿Por qué?
-¡Porque no quiero que me escuches haciendo pis! – dijo ella fuertemente.
-Ya te escuché hacer pis otras veces – dijo él.
-¡¿Qué?!
-En las mañanas, y antes de que vayamos a dormir, y un montón de otras veces – dijo él con seriedad - ¿Por qué? ¿Te da vergüenza? Orinar se escucha igual viniendo de todo el mundo.
Ella se tragó un quejido de frustración – No importa, solo olvídalo. Escúchame hacer pis, ¡no me interesa!
-Bueno.
Ella maldijo bajo aliento y pretendió que él no estaba parado ahí fuera. Pensó en cascadas, ríos, grifos goteando, agua corriendo…
Cerró los ojos y cuando terminó, apretó el botón del retrete y terminó de hacer el resto de cosas como limpiar todo y subirse los pantalones.
-¿Y bien? – dijo Draco con la voz contenida.
-Tenemos que esperar dos minutos – dijo ella apoyando la varilla sobre un pedazo de papel en la mesada del baño. Se lavó las manos, tres veces, y volteó lejos de la malvada y pequeña varilla, sin querer ver la ventanita del palito cambiando de color.
Tomó la caja vacía y miró el reverso. Azul significa que no hay bebé. Rosa significa que hay bebé. Azul… no hay bebé. Rosa… bebé.
-¿Vas a abrir la puerta? – preguntó Draco.
-No – dijo ella – No puedo… solo… ahora no. Cuando… yo… después, solo… después.
Él tomó su balbuceo como un signo de nerviosismo – Sigues sin agradarme – le dijo suavemente.
Ella volteó hacia la puerta y caminó dos pasos hasta que pudo tocarla. Presionó sus dedos contra la madera – Lo sé, Draco – dijo con una sonrisa gentil – También sigues sin agradarme.
Ella escuchó su pequeña risa y luego silencio – Ya pasaron dos minutos.
Ella bajó la mirada a su reloj y pasó saliva – Sip.
-¿Y bien?
Caminó hacia la mesada y tomó la varilla.
El nuevo color era bastante claro. No era una sombra entre dos colores, sino que era el tono exacto que indicaba en la cajita azul.
Miró el nuevo color por un largo momento y lentamente giró hacia la puerta. Draco estaba recostado contra el marco cuando la abrió. Él la miró y luego a la varilla blanca en su mano.
-Entonces, ¿Cuál es la respuesta?
(1) Vivir a través de los dientes: es un dicho en inglés muy común que hace referencia a vivir cubierto de mentiras; a mentir constantemente para salvarse el pellejo.
Nota de la Autora: Me da pena decirlo, pero la historia está llegando rápidamente a su fin, solo quedan dos capítulos para el final, y luego el epílogo. El título del capítulo viene de la canción 'If You're not the one' de Daniel Bedinfield.
Nota de la traductora: definitivamente estoy organizando un linchamiento a la autora por cortar el capítulo justo ahí… no se lo tomen a pecho conmigo, recuerden que yo solo traduzco, okay? Jajaja
Hoy paso rapidito, casi no tenía tiempo de contestar reviews, pero despues me puse a pensar en que me gusta responderles porque siento que al menos les retribuyo de alguna forma su atencion y sus bonitos comentarios. Es lo mínimo que puedo hacer... ya mandé los PM a quienes me escribieron y tienen cuenta, aquí respondo los guest.
SALESIA: me alegra que hayas notado que la tonta de pansy piensa que Zane tiene tres años jajaj y sí, habría sido genial que su PDM supiera lo que en serio tiene en la cabeza ese adefesio de mujer. Rhonda, como PDM, tendría que saber qué particularidades son propias de los niños y deben ser catalogadas como travesuras, y cuales no. Con respecto a lo que sería lógico que sucediera, creo que realmente dejas en claro lo que sería ideal para el bienestar de Zane, o de cualquier niño en esa situacion, pero supongo que con lo que explicó Blaise al inicio del fic, el hecho de que el Ministerio de la Magia sea un grupo de trogloditas burocráticos anticuados y cerrados en tontos ideales, bueno, deja claro el accionar de los PDM jajaja Donny no tuvo problemas en plantarse ante la tontera de Oliver, que por más guapo que sea, sigue guardando rencores del pasado. al menos, ella pudo ponerlo en su lugar y pedirle que les diera una oportunidad. De verdad, donny es fantástica, y como notamos en este capítulo, ya lo ama a nuestro Woodie! :)Creo que 'ronna' se redimió al ofrecer su ayuda, y en este al demostrar que esta dispuesta a ser ella misma el quinto testigo que los malfoy necesitan. Y OH POR DIOS, no puedo creer que le pegaste con lo de Victor! es decir, cuáles eran las posibilidades? cuando lei el fic por primera vez nunca lo predije, pero lo sacaste de una! bien por vos! Los gemelos son increibles, ayudan muchisimo a zane, e indirectamente a Draco y Hermione, cuidando y alegrando a su hijo mientras ellos buscan solucionar lo delquinto testigo. MMM, sos muy intuitiva, le pegaste a algo de lo que sugerías, ya vas a ver después en qué ;) te agradezco mucho tus dos comentarios, un beso enorme!
Bliu Liz: que linda! gracias por leer, me alegro que te guste el fic! un beso grande!
Elegv: primero, que bueno que pudiste ponerte al día con los capítulos, y que te tengan tan ansiosa como no poder resistirte leer los otros dos! Como dices, primero nos deja tranquila al principio cuando nos dice que Zane está bien, pero después se llevan a zane, dejando desvastados a todo el mundo, pero al menos los gemelos se quedarán con él a hacerle compañía cuando pansy no los vea ;) con respecto a tu sugerencia sobre Rhonda, aqui comprobamos que, si bien ella tenía buena intenciones, no puede ser ella la quinta testigo porque ella forma parte del tribunal. Te agradezco muchisimo tus palabras, te agradezco por leer y por el aguante. Un beso enorme!
Laura: lamento haberte hecho llorar nena! jajaja me alegra que hayas disfrutado el capi y que te haya gustado la declaracion! muy draco/hermione ;) espero que tambien disfrutes este capi. un beso!
Ya saben, si me faltó responder a alguien, con o sin cuenta, ME AVISAN! porque por ahi se me pasó y no quiero que sientan que no los tengo en cuenta!
No olviden agregarme a facebook: Pekis Fletcher (FF). En el capi que viene voy a poner el resumen de la historia que comenzaré a publicar apenas termine esta.. :)
Recomendación McFly de hoy: Obviously
Nos leemos el sábado :)
Pekis!
