Ranma ½pertenece a Rumiko Takahashi y en ningún minuto planeo auto adjudicármelos, le entrego todos los derechos a ella y a Viz Media©
Puede que las cosas no sean como antes, pero si permanece este sentimiento que nos mantiene unidos, no creo que vivamos en mundos diferentes.
1 litro de lagrimas.
―¿Que sucede, Akane?
―No es nada. – Digo un poco inquieta.
―¡Vamos! Puedes decirme. – Ranma me observa fijamente tratando de transmitirme seguridad, o eso creo querer, suspiro un poco y al hacerlo un refrán viene a mi cabeza "Suspiras para evitar que la felicidad se vaya" Sí, definitivamente lo hago.
―¿Vamos a dejar de vernos? – Suelto de golpe aunque ahora este más tranquila.
―¿Qué? ¿Eso quieres? – Parece herido y un poco decepcionado, me apresuro en arreglarlo.
―Por supuesto que no. – Mi voz suena desesperada y sostengo su mano sobre la mesa, tratando de captar su atención. Al conectarse nuestros ojos Ranma parece estudiarme.
―No te preocupes, yo siempre estaré contigo, la pregunta es ¿que estarías dispuesta a hacer para estar conmigo? – Comenta con una voz aterciopelada pero firme, mi piel se vuelve de gallina al escucharlo hablar así.
―¿Que quieres decir?
―Te lo diré después. ¡Ahora comamos!
08.
Las concurridas calles de la cuidad se encontraban bañadas por luminosos rayos de sol, un ligera brisa recorría a los transeúntes y removías sus cabellos y ropas de manera traviesa, yo mantenía mi vista en los múltiples edificios que se erguían como los titanes de la antigua Grecia, Ranma parecía más concentrado en no chocar con las demás personas que iban en sentido contrario. Desde muy temprano hasta el atardecer que presenciábamos juntos habíamos recorrido todos los lugares probables donde se pudiera esconder una criatura espiritual, Kyoko era alguien al que darle caza era prácticamente imposible aunque claro, era más difícil para mí que nunca la he visto y las descripciones que Ranma me daba eran casi una broma.
— ¿Quieres comer algo, Akane? ─ Ranma apunta hacia un pequeño restaurante de la acera del frente, pero niego con un gesto de la cabeza, aunque tenga mucha hambre y este cansadísima no quiero detenerme aun y no comprendo la actitud reacia a seguir buscando de Ranma.
—Busquemos un poco más. ─ Me adelanto varios pasos y un dolor en mi cabeza que podría describir con una dolorosa punzada vuelve a parecer, este dolor me ha acompañado desde hace vario días, pero no se lo contado a nadie.
— ¿Estás bien? ─ Ranma llega a mi lado y me dedica una mirada llena de preocupación, levanto mi mano indicándole que estoy bien.
Camino hacia un centro comercial cercano, solo quiero encontrar un lugar donde se encuentren tantas personas como sea posible y deshacerme de este mal presentimiento.
Deseo vehementemente encontrar a Kyoko ella es la única que puede ayudarme a descubrir un poco de Ranma, las dudas que el logra sembrar en mi aun permanecen como incógnitas.
¿Alguien que no deja nada al azar, de verdad elegiría una muchacha para ayudarla a una importante misión solo porque se parece a su hermana? ¿Él es tan malo como dicen? ¿Qué vio en mí? ¿Qué puedo hacer yo por él?
Una pesada mano se apoya en mi hombro obligándome a detenerme.
—Dejemos la búsqueda hasta aquí por hoy, tengo un asunto que resolver, te llevare a casa.
— ¿Es tan importante como para detener la búsqueda?
Ranma no se inmuta, no cambia de expresión ni nada, simplemente asiente de forma natural.
— ¿Quieres que te vaya a dejar? ─ Trata de mostrar caballerosidad, pero me niego a aceptarla.
—Puedo tomar un taxi, gracias.
— ¿Estás segura?
—Completamente, nos vemos mañana.
Ranma asiente levemente desanimado.
Tomó el taxi y lo veo cada vez hacerse más pequeño y desparecer.
Los pies me ardían como nunca y mi cara roja y acalorada demostraba cuanto me había esforzado por encontrar a Kyoko, ya era bastante tarde por lo que le pedí a Ranma que nos detuviéramos a descansar un poco, afortunadamente acepto y dijo que fuéramos a un Karaoke donde tendríamos suficiente tiempo y privacidad para hablar de un tema que según él, era importantísimo.
Ahora frente a frente y sin ningún tipo de palabra entre nosotros me levanto de golpe, mi vejiga ya no puede esperar más.
―Espera, aun no te vayas. – Ranma toma mi muñeca tratando de que no me aleje.
―Suéltame, solo voy al baño. – Me suelta de golpe, luce un poco avergonzado, pero no tengo tiempo de burlarme de él.
El pasillo bastante iluminado es levemente terrorífico así que me apresuro en llegar al baño.
Afortunadamente no hay nadie en él por lo que me relajo y me tomó mi tiempo. Ya dentro del cubículo un escalofrió recorre mi espalda y me obliga a abrazarme a mí misma, las luces se muestran intermitentes hasta que se pagan por completo, termino con mi tarea lo más rápido posible, prácticamente corro al lavabo, busco con la mirada el interruptor de luces, un leve brillo fluorescente me indica que esta justo al lado de la puerta con pasos cortos y rápidos trato de alcanzarlo, a pocos segundos de tocarlo un escalofrió me recorre más fuerte que antes y un miedo casi incontrolable me invade, cuando la luz baña nuevamente la habitación el ritmo de mi corazón se normaliza poco a poco, nadie más que yo esta aquí.
Recargó mi cabeza en la fría muralla para refrescar mi cabeza atormentada.
―Hola, Akane. – Una voz irreconocible se encuentra justo detrás de mí, con la sensación de que voy a vomitar mis pulmones me giró para encarar esa voz.
Una bella joven de largos y ondulados cabellos castaños en un extraño vestido rojo sonríe de forma misteriosa.
Saco valentía de quien sabe donde respondo lo primero que se me ocurre, ― ¿Cómo entraste aquí?
Su risa burlesca llena la estancia con un lúgubre eco, ―Es un baño público, cualquiera puede entrar.
― ¿Qué necesita de mi? – Casi no puedo evitar el temblor de mi cuerpo y ella lo nota, sus ojos perspicaces provocan en mí un miedo inexplicable.
―¿Por qué tiemblas? Siempre fuiste tan valiente para todo y ¿ahora no soportas verme? – Con elegantes pasos se acerca y acaricia mi mejilla con suavidad.
―¿Nos hemos visto? – Sus labios se curvan en una cínica sonrisa y sus dedos juguetean en mi cuello. Y de pronto su mano se cierra fuertemente en mi garganta y el preciado aire no entra en mi.
― ¿Acaso no me recuerdas? ¿Juegas verdad? Soy Kyoko ¿no me has estado buscando? – Su mano frio aun en mi cuello provoca un frio que cala hasta mis huesos y se extiende totalmente.
―Yo…no…te conozco. – Mi voz se escucha entrecortada y cansada, necesito una probada de aire de forma inmediata y lucho desesperadamente por ello.
― ¿No lo haces? ¡Nos juegues conmigo! Tú arruinaste la vida de Ranma, no finjas inocencia.
Deja libre su costado y logró golpearla. Esa bocanada de aire me sabe a gloria.
― ¿Estás loca? Estamos buscándote para arreglar tu situación y haces esto…
―No seas idiota, yo estoy bien, Ranma hace esto por ti y solo por ti ¡quítate ese estúpido brazalete! y esfuérzate en recordar. – Su mirada llena de odio se clava en mí y siento que me quema.
―Este brazalete es por mi protección… – Como una fiera acechando una presa Kyoko trata de acercarse a mí.
―Ese brazalete es solo para mantenerte idiotizada, tú arruinaste varias vidas y ahora todos tratan de ayudarte ¿Cómo es eso posible? ¡¿Eh?!
Vuelve acercarse demasiado a mí, pero ahora estoy preparada y lista para su ataque, cuando la veo irse sobre mí la puerta es tocada de forma brusca, yo volteo solo por unos segundos hacia la salida y cuando giro en busco de Kyoko, ella ya no está.
― ¿Estás bien, Akane? Te has demorado mucho. – La voz aterciopelada de Ranma logra tranquilizarme completamente.
―Sí…Ya salgo. – Observó el baño por última vez antes de abrir la puerta.
―Vaya luces agitada ¿ocurrió algo?
Las duras palabras de Kyoko vuelven a mi cabeza « Tú arruinaste la vida de Ranma» « Ranma hace esto por ti y solo por ti» «Quítate ese estúpido brazalete»
―Sí, lo estoy. – Mi voz es fría como nunca y no puedo hacer nada para evitarlo, mi propio debate interior me lo impide.
― ¿Quieres comer algo?
―No, gracias, deseo volver a casa ¿podemos irnos? – Evito su mirada y me concentro en piso minimalista.
―Claro, te sigo de inmediato.
―Está bien.
Aun cabizbaja camino hacia la salida, sin prisa y con un ritmo intranquilo.
Me coloco debajo de un faro en medio de la calle esperando por la fuente de mi intranquilidad, a los pocos minutos una mano se posa en mi hombro y no me molesto en mirar, se perfectamente quien es.
―Tomemos un taxi, Akane.
Detiene el primer taxi disponibles ambos nos ubicamos en los asientos traseros. Las luces se muestran intermitentes en el camino y cuando me harto de ellas recargo mi cabeza sobre el hombro de Ranma. Un extraño presentimiento me aturde y tan solo deseo estar con él, sin palabras.
Maldigo entre dientes cuando llegamos y Ranma me observa sin decir nada, ambos frente a la casa que ha sido mi hogar por años nos miramos, tratando de explicar lo que nos sucede únicamente con nuestro silencios.
Sin dificultad me jala de la cintura y acerca nuestras narices de forma cariñosa, hace amago de unir sus labios con los míos pero algo lo detiene, harta de esperar término lo que él empezó y nos unimos en dulce beso. Cuando ya es momento de separarnos.
―Te quiero. –Susurra suavemente, su nariz enterrada en mi mejilla y su flequillo enredado con el mío.
―Yo te quiero más. – Susurró de vuelta y sé que es así. Quizás por eso duele tanto.
―Ya es hora de que entres. – Me acerca a la puerta y él retrocede varios pasos.
―Nos vemos. –Hago un gesto con mi mano de despedida.
―Nos vemos. – Me regala una dulce y gran sonrisa que logra encandilarme. Mis ojos queman y me apresuro en entrar.
―Tadaima. – Me quito mis zapatos y mi dulce hermana viene a recibirme.
―Qué bueno que llegas ¿quieres cenar algo? –Acaricia mi cortó cabello y deja un mechón detrás de mi oreja, ella es un recuerdo vivo de mi madre.
―Me gustaría.
―Eso es perfecto, Akane, aun no he cenado porque llegue hace poco de unas diligencias, cenemos juntas. – Asiento y antes de que Kasumi se aleje la abrazo tal como hacia cuando pequeña.
―Necesito mucho que contarme, pondré la mesa. – La apretó un poco más y luego la liberó para ir hacia la cocina.
Llevo un par de cosas y espero que Kasumi vuelva con la arrocera, cuando entra a la sala me siento más tranquila.
― ¿Qué necesitas contarme pequeña Akane? – Con maestría desplego los platos sobre la mesa, en una acción rutinaria para ella pero que logra ejecutar con elegancia.
―Tengo un pequeño problema, no es nada grave, solo que, bueno… ¿Qué sucedes si confías plenamente en alguien, pero hay una posibilidad de que esa persona este mintiendo? – Jugué infantilmente con los palillos.
―Pequeña posibilidad ¿A qué te refieres? ¿Lo viste? – Kasumi tomó un bocado de su comida sin dejar de observarme.
―Ehh, claro que no, alguien dijo que podría ser así. – Me sentí estúpida al decirlo así.
―Tú confías plenamente en él, no escuches a quien busca dañarte.
― ¿Estás segura? – Busque su serena mirada.
―Completamente. – Kasumi acaricio suavemente mi cabeza, con esa acción me trasmitió la tranquilidad que necesitaba.
Cuando terminamos la cena retire la mesa y entre ambas lavamos los platos, con una dulce despedida me encamine hacia el baño, ya dentro y despojándome de la ropa sentí que un peso se caía de mi espalda.
Dentro del furo el vapor del agua caliente se elevaba hasta perderse como si se tratara de un globo de helio perdiéndose en el cielo, recargué mi cabeza en el borde y por fin note nuevamente mi brazalete.
Yo no le veía mucha importancia, no era más que unas cuentas esferas rojas en un hilo plástico. Me debata internamente, si debía quitármelo o no. La presión en mi pecho se expandía cada vez que lo tocaba, cuando mis dedos ya estaban alrededor de todo el brazalete el golpeteo en la puerta me detuvo de quitármelo.
― ¿Cuánto te falta, Akane? – La reconocible voz de mi padre me trajo de vuelta a la realidad.
―Ya salgo papá.
Con prisa envolví la toalla en mi cuerpo, al salir me tope con mi padre, lo salude de una inclinación de cabeza y me aleje a mi cuarto.
Mi cuarto estaba tal y como lo había dejado hace rato, tome mi pijama afranelado y me lo puse, la suavidad era una maravilla en mi piel, seque un poco mi corto cabello y me acosté. Ya con la luz apagada seguí observando mi brazalete, con un último suspiro y los ojos cerrados lo quite de mi muñeca, espere algún tipo de reacción, pero nada.
Comencé a reír una risa sincera y nerviosa, estaba tan asustada de lo que podía suceder y al fin y al cabo no había ocurrido nada, deje el brazalete en el velador y me dedique a tratar de dormir.
Quizás Ranma no me estaba engañando o mintiendo, o quizás no había otra opción, de todas formas, para dormir uno tiene que fingir estar dormido, sí, yo definitivamente confiaba en él.
En medio de un bosque donde no había nada más que arboles y flores, una joven sentada en un rojo kimono leía un libro, una figura corría entre medio de la espesa vegetación hasta llegar al lado de la joven.
―Mira Akane ¿Qué te parece esta flor? – Levante la vista de mi libro, frente a mi Ranma me enseñaba una linda flor Ranma, removí un poco su flequillo y lo aparte.
―Es solo un crisantemo, Ranma.
―Pero es blanco. – Volvió a poner la flor delante de mis ojos.
― ¿Y eso qué?
―En esta época hay un crisantemos blanco. – Observé la flor, tenía razón.
―Es cierto, es bastante lindo.
―Bueno…es para ti…si lo quieres. – Con suavidad lo dejo en mis manos.
―Gracias, es hermosa. – Nos observamos fijamente por unos segundos, pero el rehúye mi mirada y yo rio por lo bajo.
―De todas formas ¿Qué haces leyendo? – Menciona Ranma mientras golpea mi libro.
― ¿Qué? – Me hago la desentendida.
― ¿Por qué estás leyendo? Tengo entendido que a los humanos no les gusta que las mujeres lean.
―Es cierto, por eso vine aquí. A ti no te molesta que lea ¿No? – Busco su mirada nuevamente.
―Por supuesto que no…sabes que no me molesta nada que hagas. – Esta vez no evita mirarme, sus mejillas sonrojadas lo hacen ver lindo, pero me temo que yo estoy en igualdad de condiciones.
―Gracias. – Susurró suavemente y esta vez soy yo la que deja de mirarlo.
―Bueno, ya va a atardecer, sería mejor que vuelvas a casa, podría ocurrirte algo malo.
―Oh, eso no importa, estoy contigo, tu nunca me harías daño, confió en ti.
― ¿Cómo lo sabes? Sabes que yo no soy humano, podría matarte si quisiera.
―Pero no lo harás, porque te conozco desde que éramos unos niños, tu no dañarías ni a una mosca.
― ¡OYE! –Ranma deja su posición acostada y se hinca para encararme.
―Además, yo te quiero y tú me quieres, por eso nos protegemos uno al otro. – Esta vez nos miramos sin interrupciones, sin alejarse unos del otro, nos miramos como si fuera la primera vez que lo hacíamos.
Nuestros labios más cerca que nunca era casi como una ilusión, tantas veces soñando con este momento y ser capaz de vivirlo era casi irreal, cuando nuestros labios se unieron por primera vez, sentí que todo en el mundo estaba bien, la calidez de su boca y su aroma me embriagaron y provocaron en mi una adicción que nunca más puede detener. El sonido de gente llegando al bosque hizo que nos separáramos.
Cuando iba a preguntar que sucedía fui duramente silenciada.
―No logro saber que son.
Ambos nos quedamos callados, en medio de la nada, algunas hojas estaban sobre mi kimono, pero no me atreví a quitarlas. Cuando las voces se volvieron más estridentes Ranma tomo mi mano y me condujo hacia una zona un poco más alejada, escondidos entre unas rocas. Escuchamos a las voces pasar de largo y ambos nos tranquilizamos. Estábamos acostumbrados a que nos bucarán, pero nunca llegaban tan lejos.
Salimos del escondrijo, yo preocupándome de no caer y ayudada por Ranma, hasta que ambos fuimos empujados al suelo y separados violentamente.
― ¡¿Qué haces aquí?! – Aun desde el suelo me volteo para ver a mi captor, mi corazón se detiene por un lapsus de tiempo, no es nadie más que mi supuesto prometido, Tatewaki Kuno.
Hay una horda de personas a nuestro alrededor, todos llevan armas y antorchas.
― ¿Qué haces tú aquí? – Con fiereza me toma del cabello y yo solo trato de liberarme, notó que Ranma está luchando porque lo dejen libre y venir a socorrerme, le indico con un gesto que solo nosotros entendemos que debe calmarse.
―Pues vine a buscar a mi prometida, que no es más que una cualquiera que se encuentra con un maldito monstruo.
―Ranma no es un monstruo, Ranma es una criatura divina, mil veces mejor que tú.
Fui callada abruptamente con una fuerte bofetada y luego todo se detiene y el tiempo avanza más lento, veo cuadro por cuadro como Ranma logra liberarse y corre hacia Kuno, tomándolo fuertemente de las solapas de hakana.
Ranma esta embravecido, sus ojos fulguras y no se controla frente a ese ser despreciable, le grito que se tranquilicé, que no manche sus manos con esa sangre sucia, veo su autocontrol volver mientras me observa temeroso, buscando en mi algún daño, libera a ese canalla y se acerca a mi.
― ¿Estás bien? – Acaricia mi mejilla maltratada, pero ninguno esperaba lo que sucedió a continuación, una hoja de espada es atravesada de lado a lado y veo a Ranma caer de rodillas frente a mí, sangre aparece por la comisura de boca y no sé como dejar de gritar.
―Vamos llévense al monstruo, yo me encargare de la mujerzuela.
Me obliga a seguirlo y solo lo hago porque sé que llevan a Ranma, el camino hacia el castillo se interminable y ruego porque Ranma esté bien.
Tan pronto como estamos en los terrenos de Tatewaki somos separados en distintas habitaciones, Ranma va a parar a los calabozos y yo soy retenida contra mi voluntad en una habitación, Kuno me observa desde la puerta, luce victorioso con una gran sonrisa arrogante.
―Piensa en lo que hiciste, yo me encargare de tu «amado».
Cierra la puerta y grito lo más fuerte que pueda, así todo el castillo pueda oírme, ―No te atrevas a tocarlo, no lo hagas o lo pagaras con tu vida.
Deshago las cuerdas que aprisionan mis muñecas y pronto estoy libre de ataduras, la puerta está custodiada por guardias y estoy en un segundo piso, pero si deseo ayudar a Ranma tendré que saltar.
Hago acopio de valor y ruego caer sobre el pasto, tomo un poco de aire y me lanzo, caigo de pie y todo parece bien hasta que escucho a mi tobillo fracturarse, el dolor es fuerte, pero no me impide continuar, no me lo impediría aunque me costara la vida.
Ya fuera de los calabozos me deshago de un guardia y avanzó hacia la miserable criatura llena de cadenas y cabizbajo.
―Ranma. – Corro hacia su lado, esperando que este consiente.
―Akane… –Susurra con un hilo de voz.
Y mi corazón vuelve a latir, todo el miedo que sentí anteriormente se ha diluido y una sonrisa tonta aparece en mis labios, besó su boca ensangrentada reiteradas veces, el a pesar del dolor sonrió también.
― ¿Quieres agua? – Ranma no responde, parece un poco ido, sé que no necesita agua, pero de todas formas creo que debo dársela.
Acerco la jarra que hay en la entrada y la pruebo metiendo un dedo en ella, parece ser un poco de sake, lo acerco a su boca pero se niega a beber, hago un esfuerzo más y logró que beba un largo sorbo.
―Bravo, Akane, que lista eres, sabía que podía contar contigo para darle ese vino Chi Hon a esta bestia.
Evito voltearme y analizo sus palabras. ―¿Vino Chi Hon?
―Exactamente, gracias a ti, en unas horas esta bestia estará vomitando sus entrañas y se reventara por dentro.
―Eres un maldito desgraciado ¿Cómo puedes ser tan vil? – No me alejo de Ranma, pero observó a esa escoria con odio.
―Tú me orillaste a ser así, negándote a mi afecto, huyendo de mi todo por ese monstruo.
―No lo llames asi, Ranma es mil veces mejor que tú.
―Como digas, de todas formas, no le queda mucho, disfruta tu tiempo con él.
Se alejo tal como vino, no podía dejar a Ranma morir así, busco la herida que produjo la espada y así curarla, pero no está, solo queda una cicatriz perfectamente sana, lo veo retorcerse por el dolor de estomago y sé que debo actuar, busco su mirada esperando que me ayude a saber que hacer.
―Busca a Kyoko al lado del lago. – Asiento mientras miles de lagrimas corren por mis mejillas, lo beso una vez más y corro hacia donde está el lago de Nerima, mi tobillo duele como nunca y puedo sentir como se hincha pero debo internarme en el bosque y seguir el sonido del agua, no hay tiempo que perder, cuando parece que nunca llegare un rayo de luna ilumina perfectamente el lago provocando que todo se ilumine y encuentre la casa de Kyoko.
Tocó la puerta de forma desesperada y la puerta es abierta por una joven en un negro kimono tan oscuro como la noche, su piel es blanca igual que la luna y su largo cabello castaño cae por un lado.
La observo buscando que decir, ―Ranma…Ranma necesita ayuda.
Al mencionar a Ranma abre sus astutos ojos de forma des conmensurada, ― ¿Qué le sucedió?
―Él tomó vino de Chi Hon, necesita alguna cura.
Sus ojos relampaguean y vuelve a entrar en la casa, cuando regresa lleva puesta una capa y su expresión es aun más seria.
― ¿Dónde está él? – Su voz es severa.
―Sígueme.
Corro hacia el castillo a las afuera la detengo, trato de explicarle que debe ser precavida, ―Por favor, que no la vean los guardias, está en el calabozo, venga después de mi.
Asiente sin decir una palabras, afortunadamente ningún guardia nos interrumpe, llegamos de inmediato al calabozo y Ranma a botado mucha más sangre que antes.
―Ranma. – Kyoko corre a su lado y saca algo de su obi, una gran pastilla de color café, se apresura en dársela y me acercó a ellos. Me siento frente a Ranma tratando de darle descanso a mi tobillo.
― ¿Por qué esta así? ¡¿Quién le hizo esto?! – Sus ojos tan oscuros me observan de pies a cabeza, sus manos apretadas fuertemente y me temo que se lastime.
―Fue culpa mía, estábamos en el bosque cuando llego mi prometido…
―Tú fuiste la que expusiste a Ranma a esto.
―No fue culpa mía, yo no le dije a ese idiota que me siguiera y atacara a Ranma.
―Pero sabias que esto podía pasar y que Ranma saldría lastimado, por ende también tienes parte de culpa.
La observo sintiendo l ira crecer dentro de mí, ―Yo nunca quise que esto ocurriera, nunca expondría Ranma a nada malo ¡¿Cómo te atreves a decir eso?!
―¿Cómo te atreves a levantarme la voz? ¿Quieres morir?
―Deja en paz a Akane, Kyoko, ella no tiene la culpa.
―¿Cómo puedes decir eso? Ella fue la culpable. – Me apunta y Ranma niega suavemente con la cabeza.
―No, no lo es.
Ahora es hora de que nos vayamos, no es seguro por aquí.
Amabas asentimos y lo ayudamos a liberarse, faltan algún par de horas para que el sol nazca de nuevo en los cielos.
Dejamos el castillo rápidamente y el bosque no esta tan lejos, solo nos separa uno o dos millas. Mi tobillo cada vez más inflamado provoca que cojee y no pasa desapercibido para Ranma.
Se agacha hasta la altura de mis pies y levanta mi kimono en un gesto que podría considerarse descarado y lo observa fijamente y hace un gesto de lastima.
―Tendré que cargarte, este tobillo está mal ¿Cuándo te lo lastimaste? – Sin mi permiso me toma en sus brazos, pero realmente no deseo bajarme.
―Tuve que saltar de un segundo piso para ir por ti. – Rió un poco para aligerar el ambiente.
―No vuelvas a hacer nada peligroso por mi culpa.
Ya a unos pasos del bosque todo luce demasiado tranquilo, Kyoko nos dice que nos detengamos y de pronto, una emboscada, los soldados de Tatewaki y él no estaban esperando, no hay palabras, simplemente ataques, Ranma me deja en el suelo y se posiciona delante de mí, protegiéndome, Kyoko se hace de una espada y se defiende con maestría, Ranma solo utiliza sus manos, pero no esta los suficientemente atento, se que busca protegerme y eso lo distrae, una espada va directo a su corazón en mano de mi horrible prometido, pero me interpongo entre ella, no dejare que mate a Ranma, puede sanar todo su cuerpo excepto su corazón, se clava directamente en mis entrañas y es un dolor desgarrador, más terrible que ningún otro.
Kuno parece asustado, Kyoko perpleja y Ranma no reacciona, solo me observa aterrorizado, su terror pronto pasa a ira, quita la espada de mi estomago y con ella corta el cuello de lo que en un tiempo fue un gran señor feudal, Kuno Tatewaki.
Los papeles cambian y ahora es Kyoko quien luce atemorizada, Ranma se deshace de todos los guardias y me toma en sus brazos nuevamente, se que vamos a la casa de Kyoko es obvio, quiero permanecer despierta, pero el dolor es grande y no puedo vencer el sueño.
Cuando la neblina del sueño desaparece percibo el sabor metálico de la sangre en mi garganta, poco a poco me integró y observó a Ranma mirándome atentamente.
― ¿Cómo te sientes? – Se acerca a mí y coloca un mechón de cabello detrás de mi oreja.
―No estoy tan mal como esperaba. – Sonrió suavemente.
―Gracias a los cielos ese idiota no te hirió mortalmente – su voz suena extraña, como si me ocultara algo, puedo imaginar que es ― Ahora debes seguir durmiendo si quieres recuperarte.
Asiento mientras vuelvo a recostarme completamente.
Kyoko aparece por la puerta y no se fija en mi ningún segundo, ―Te buscan.
Ranma me observa por última vez, besa mi frente y desaparece por la puerta principal, no sé porque, pero siento que debo seguirlo, con todo el dolor desgarrador de la herida lo sigo.
Escucho una voz envejecida reprender violentamente a Ranma, ―Ahora tendrás que servir al inframundo por la eternidad, lo sabes, él contacto con humanos está prohibido y tú, mataste por una simple humana, ahora tu vida será un castigo eterno.
―Ella lo vale, Happosai, yo prefiero ser un demonio mil años antes que estar sin ella.
Y ahora lo sé, por esa razón Kyoko me odia, porque soy humana y puedo arruinar la vida de Ranma, a duras penas vuelvo a la habitación donde me he quedado quien sabe cuánto tiempo.
Observo la habitación y un brillo que produce en mí una obsesión enfermiza me obliga a acercarme, no es más que una simple daga.
La tomo con cuidado y la guardo entre los cajones, donde originalmente estaba, Ranma sufrirá por mí, y eso es lo que menos deseo y estoy dispuesta a cualquier cosa con total de salvarlo de ese destino.
Ranma re aparece en la habitación y luce sorprendido de verme despierta y de pie.
―Akane…
― ¿Un demonio? Eres un maldito demonio por mi culpa. – Ranma niega con manos y cabeza.
―No fue culpa tuya, es mi responsabilidad, perdí el control…
―Por mi culpa.
―No, no lo es.
Yo suelto una carcajada sin humor, una risa casi siniestra.
―Prefiero morir antes que ser culpable de tu destino. – Ranma me mira asustado, pero no puedo detenerme.
―Tu vida no cambiara nada, es mi destino, ya está escrito.
―¿Y qué sucederá conmigo? ¿Eh? – Sus ojos tan vivaces y bravos ahora se muestran sin vida y no tengo el valor de irme ni alejarme de él, ―Soy mortal, yo moriré en unos años y ¿tú qué? ¿Vivirás mil años más sin compañía?
―Atesorare cada momento contigo, para que me den el valor para seguir adelante.
Y ya no lo soporto más, lo abrazó de forma desesperada, sosteniéndome de él, se que él es indomable, un caballo salvaje y que yo soy una nube, obviamente el caballo salvaje se mueve más rápido que la nube, pero lo seguiré lo que más pueda.
―Tienes fiebre, será mejor que te recuestes.
Pero no me deja hacerlo sola, se recuesta a mi lado y me abraza en todo momento.
Al siguiente día, Ranma va en busca de agua. Una visita de quien no esperaba me sorprende. Kyoko llega con un poco de hierbas medicinales para examinar mi herida, pero no parece complacida, sé porque, yo también lo he notado, esta herida si es mortal y no importa que haga.
―Cuídate la herida, espero que te recuperes.
Mi herida se ha tornado de un color amarillento y con pus, Ranma y Kyoko la han observado diariamente, pero no hay mejoría.
Cuatro días pasaron desde que fui mortalmente herida y se que no debo dilatar más las cosas. Ranma ha desaparecido en la mañana, como ha estado haciendo últimamente, con pasos lentos llego hacia donde esta Kyoko, luce sorprendida de verme despierta y levantada, sostengo su mirada un segundo antes de dejarme caer a sus pies.
―Por favor cuide de Ranma cuando yo no este.
―Deja de hablar tonterías, estarás bien, ya forjaste el destino de Ranma, ahora debes acompañarlo en él.
―No continúe con la mentira, sé que no me queda tiempo, le herida se ha infectado y mi fiebre no ha bajado ni un solo día, por eso le ruego cuide de él.
Kyoko se agacha a mi nivel, sus ojos están furiosos y no tarda en abofetearme.
―Tú no puedes morir, todo lo que le sucede a Ranma y todo lo que le sucederá es tu culpa, no trates de victimizarte diciendo que morirás, porque si mueres solo serás más culpable del sufrimiento de Ranma.
No me muevo, simplemente me agacho reiteradas veces, ―Por favor cuide de él, por favor cuide de él, por favor cuide de él.
― ¡YA TE DIJE QUE TE CALLES! – Kyoko gritó al borde de la histeria.
― ¿Qué sucede aquí? – Ranma apareció por la puerta principal, pero no me muevo de mi lugar, hago una reverencia más antes de levantarme.
―No es nada, solo me gustaría dar un paseo ¿Te molestaría acompañarme? – Él sonríe ampliamente.
―Por supuesto. – Se acerca y me toma en sus fuertes brazos, cuanto lamentare alejarme de su cálido abrazo.
Llegamos a una parte recóndita del rio, pero recién me doy cuenta de un detalle, Ranma no desparece en las mañanas, si no que lo hace en los atardeceres, es solo que mi percepción del tiempo había cambiado.
El lugar que Ranma escogió es un pequeño claro algunas luciérnagas alumbran nuestras cabezas y el olor húmedo del lago es gratificante. Después de unos minutos en silencio decido hablar.
―Sé que voy a morir. – Digo sin ningún tipo de cuidado por sus sentimientos.
―¿De qué hablas? Pronto estarás bien. – Ranma soltó una carcajada nerviosa al decir esa frase.
―No mientas, ya lo sé, puedo sentirlo, mi herida arde como fuego y no hay nada que podamos hacer.
Un tenso silencio se instala y los ojos de Ranma se llenan de lágrimas.
―Por favor no digas eso, podemos arreglarlo.
―No llores, no quiero que me recuerdes con lágrimas, quiero ser una sonrisa para ti, cada vez que sientas que algo mal, sonríe por mí.
―Te amo. – Suelta de pronto y se aferra a mi kimono.
―Yo también lo hago, desde que era una niña te he amado. – A pesar de que le he pedido no llorar yo no puedo dejar de hacerlo.
Nos vemos directamente a los ojos, como si fuera la última vez que lo haremos, busco sus labios por última vez y siento el sabor salado de sus lagrimas y las mías, deseo más que nada que este momento se eterno. ―Akane, yo te encontrare primero, lo juró. – Sus palabras me saben tan dulces, saber que podre volver a verlo en unos años es como un bálsamo en mi atormentado corazón, cuando siento que no puedo estar despierta un segundo más su mano acaricia la mía, lo disfruto por unos segundos y ya no doy más, me rindo, dejo que el sueño me gane.
Despierto de golpe, ya no estoy en mi cama, si no que en el suelo, todas mis mejillas están húmedas por lagrimas que derrame mientras soñaba, sé que es un sueño, pero me sonó tan real. Como si todo eso, yo lo había vivido, como si realmente habría ocurrido. Trato de relajarme mientras me levanto del suelo y observo el velador, el collar rojo ha mutado a un color negro y las palabras de la joven en el baño resuenan en mi cabeza.
«Quítate el brazalete y recordaras» No recuerdo si esas fueron sus palabras exactas, pero esto es demasiado extraño, mañana la buscare y la encontrare como sea.
Notas: Tarannn, espero que les guste, me costo horrores escirbirlo, pero finalmente esta aqui. Yupi.
Sav21samydeanspn : Perdón por la demora, aveces se dificulta y bueno de Ukyo sabremos un poco despues, jeje.
nancyricoleon: Sí, todo un hombre, pero no creo que sea malo ¿O sí?
yessi-chibi : Bueno ahora sabemos que Ranma no deseaba proteger a nadie mas que Akane y sus recuerdos.
janny5 : Pronto lo sabremos, me demoro, pero se hace lo que se puede.
Akane Redfox : Gracias, igual trato de conservar sus actitudes, pero he fallado, no hay excusa porque sobre todo en los UA se debe respetar la personalidad más que unca, pero de todas formas aqui hay un capitulo y este resuelve varias dudas. ¡Un beso!
Sunnary: Muchas gracias, ya actualice.
Rosejandra: Muchas gracias igual he dado muchas vueltas en la trama original que tenia, lo siento, pero espero que les guste como esta quedando, muchas gracias por ese lindo review.
