NOTAS: Conchita es una mujer demasiado religiosa, visita el templo de cada pueblo al que va, e incluso deja una gran cantidad de oro en cada uno, por eso mismo conoció a la pareja Kamui/Luka en una catedral, a los gemelos saliendo de una celebración religiosa y liberó a Miku con el dinero que donaría a un templo. El motivo de por qué más adelante.
Aclaración: Kamui es el chef número 13 del castillo.
ACTO IV.- LA CENA SIN SABOR.
Eran poco más de las diez, en la cocina las ollas hervían sin que nadie las supervisara y en la biblioteca, cinco personas charlaban en voz baja.
—Yo nunca la había visto tan enojada —dijo la chica de cabello turquesa.
—Yo menos, pensé que se desmayaría, cuando ese hombre se fue —dijo el pequeño mayordomo.
— ¿Pero se dieron cuenta de que el hombre la llamó Vanika? —preguntó la mucama.
— ¿Por qué la habrá llamado así? —preguntó Miku.
—Tal vez sea su segundo nombre —dijo el chef.
—O tal vez, ella no es quien dice ser —dijo la pequeña Rin.
Todos a excepción de su gemelo la miraron fijamente.
—Bueno, no estoy segura si es verdad, pero cuando Len y yo éramos pequeños, nuestro padre nos explicó que en la familia real había dos princesas y no sólo una, como él fue soldado del castillo nos contó que conoció a la princesa Rilliane antes de que tomara el trono, dijo que también había conocido a la prima de esa princesa, la princesa… —dijo tratando de recordar el nombre de la otra princesa — ¿Len, recuerdas como dijo papá que se llamaba? —preguntó a su hermano.
—Anika, dijo que era la princesa Anika —dijo Len.
— ¿Seguro? —Preguntó la niña —según yo era Vanika.
—Niños, si eso fuera cierto cuando murió la princesa Rilliane, la corona hubiera sido otorgada a la princesa Anika o Vanika que de seguro sería igual de tirana que la princesa Rilliane y ahora mismo Lucifenia tendría una nueva reina y como han visto la princesa va hacer un año de muerta y no hay quien tome su lugar, aparte no creo que la señorita Conchita tenga algo que ver con la princesa Rilliane. La princesa era mala, odiaba al pueblo y la señorita Conchita es la persona más amable y buena que conozco, se interesa por nosotros e incluso nos mantiene en este castillo, evitó que nos metiéramos en la revolución y nos considera como su familia. —dijo el chef y su esposa asintió.
—Además, ese hombre que vino, lo he visto varias veces en el pueblo, por lo general siempre esta ebrio paseándose entre los puestos de verduras en el mercado—dijo la mucama muy segura. —Seguro que vino para tratar de sacarle oro a la señorita. —finalizó.
Todos asintieron. Rin se sintió un poco mal por haber pensado que la señorita Conchita tenía algo que ver con la malvada princesa Rilliane, sin imaginar que había dicho la verdad.
El reloj marcaba las diez y media y Kamui dejó la biblioteca, para ver si la cena estaba lista. Luka, Miku, Rin y Len, pactaron que nunca más volverían a tocar el tema de la princesa desaparecida Anika y que nunca volverían a dudar de su patrona Conchita y retomaron sus actividades.
Rin y Len se dirigieron al comedor y se dispusieron a poner la mesa, en la cual solo pusieron plato y cubiertos para una sola persona. Con la ayuda de Miku, bajaron a una distancia segura el candelabro de cristal que colgaba del techo y prendieron las doce velas que tenía y lentamente lo volvieron a subir y aseguraron para que nadie corriera peligro.
Kamui, comenzó a servir los platillos en platos de cristal, toda era comida cocinada de forma normal, para la servidumbre pudiese comer, pero a la hora de servirle a Conchita condimentaban cada platillo. A ella le gustaba la comida con mucho condimento. Miku y Rin condimentaban cada platillo, Len los tomaba y los llevaba a la mesa, acomodándolos de forma que se veían apetitosos.
Mientras tanto Luka había subido a la habitación de su patrona.
—Señorita, es hora de la cena. —dijo entrando en la habitación.
Luka no recibió respuesta, tal vez Conchita se había quedado dormida. Pero ella, no estaba en su cama. Luka la buscó en los sillones e incluso bajo la cama, pensó en el baño y entró rápidamente. La encontró, estaba tirada en el piso y con las manos completamente rojas, en el ambiente había una nube de polvo rojo. Luka le gritó a su marido, a Rin, a Miku y a Len que subieron presurosos y llevaron a Conchita a su cama e intentaron hacerla reaccionar. Conchita abrió los ojos y miró sus manos, luego miró a su servidumbre que la tenía rodeada. Sonrió y les dijo:
—No más paprika por hoy.
Resulta que la paprika que Rin le había puesto al pastel no era suficiente para Conchita, le faltaba sabor a ese trozo de pastel, así que ella quería ponerle un poco más, se había terminado la pimienta y el frasco de la paprika no quería abrirse, la tapa estaba dura, así que fue al baño y con un poco de agua intentó aflojarla y lo consiguió, pero aplicó demasiada fuerza lo que hizo que la paprika volara por todo el lugar y se pegara en sus manos mojadas. Conchita comenzó a toser y a sentir lágrimas en los ojos, de tanto toser perdió el conocimiento, afortunadamente Luka llegó a los pocos minutos. Luego de que Conchita se lavara las manos y se cambiara de ropa, bajó a cenar.
Se sentó a la mesa y como de costumbre preguntó:
—Chef Kamui, ¿Cuál es el menú de hoy?
El chef le sonrió y se acercó a la mesa, dispuesto a decirle el menú de la cena.
—El día de hoy tenemos, ensalada de berenjenas, sopa de tofu para abrir el apetito, unas deliciosas chuletas de cerdo, pan de ajo, croquetas de papa y de postre tenemos pastel de chocolate pimentado. —dijo describiendo cada platillo.
—Eso suena delicioso —dijo Conchita sonriendo. —Bueno chef, puede retirarse, gracias por la comida —dijo sonriente.
Conchita suspiró y tomó el plato de ensalada, tenía trozos de pimienta negra y una gran cantidad de vinagre, tal y como le gustaba, tomó un tenedor y agarró un poco de ensalada, se lo llevó a la boca, esperando que supiera delicioso. Pero no fue así, eso no tenía sabor, le faltaba condimento. Simplemente no lo entendía, la ensalada lucía e incluso olía igual que siempre pero simplemente no tenía sabor.
— ¡Miku! —gritó.
—Mande señorita —dijo la muchachita quien llevaba un tenedor en la mano.
—Tráeme el vinagre y la pimienta negra, la ensalada no tiene sabor —ordenó.
—Enseguida señorita —dijo la chica y en menos de un minuto le llevó lo requerido a su patrona.
Conchita tomó el vinagre y vació un chorrito sobre la ensalada al igual que un poco más de pimenta. Lo probó, pero aquello seguía sin sabor.
Desesperada le dijo a su sirvienta:
—Miku, ven y prueba mi ensalada y dime a que te sabe
Miku asintió y sin rechistar tomo un poco de esa olorosa ensalada, la llevó a su boca, pero acto seguido empezó a toser y sus ojos empezaron a lagrimear.
—Está muy condimentada —dijo entre tosidos —le sobra mucho vinagre.
Conchita extrañada, tomó nuevamente un poco de ensalada, pero seguía sin saber a nada, le había ocurrido eso con el pastel que le llevaron a su habitación, no era posible que su lengua ya no percibiera el sabor del condimento. Tomó el vinagre y lo vació por completo sobre la ensalada, su nariz percibía un agrio aroma pero su lengua apenas detectaba un suave sabor. Estaba asustada. Probó los demás platillos a todos les faltaba condimento, vació el romero sobre las chuletas, pero tampoco tenían sabor, estaba aterrada su lengua no funcionaba, pese a que era la misma cena condimentada de siempre esa noche era una cena sin sabor.
