NOTAS: Vanika, siempre ha consumido sus alimentos muy condimentados, su servidumbre solo lo ve como una excentricidad propia de los nobles, no como una enfermedad. Vanika, ni se imagina que aquello está mal y lo ve normal.
A PARTIR DE ESTE CAPITULO LAS MODIFICACIONES VIENEN CADA VEZ MÁS GRANDES. ESPERO Y SEAN LEIDAS.
DISCLAIMER: El software Vocaloid, la novela escrita por Akuno-P y las canciones a las que se hace mención no son de mi autoría y no me pertenecen, lo único que es mío es la trama y los personajes secundarios (la gente del pueblo, el ministro,…)
ACTO V.- TROZOS DEL PASADO.
Conchita daba de vueltas en su cama, estaba intranquila, le había dado un fuerte ataque de nervios, había arrojado cosas en el comedor, había vaciado las especias sobre su boca, había gritado maldiciendo todo y aún no se calmaba. Gritaba, se quejaba, lloraba. Miku intentaba desesperadamente bajar la fiebre que le había dado, le susurraba frases como "tranquilícese", "todo está bien", "mañana vendrá el doctor", "aquí estoy", "no está sola", pero Conchita no la escuchaba.
—Annie…, mi pequeña… traviesa… —balbuceaba delirando por la fiebre.
Miku estaba confundida, Conchita llamaba a alguien al parecer importante para ella.
—Annie… mira que… lindo… vestido… —dijo entre quejidos.
La niña de cabello turquesa miraba a Conchita y se preguntaba en que pensaba, que veía en sus delirios y quien era Annie. Conchita, estaba perdida en sus recuerdos, la atormentaban y la hacían sentir mal.
— ¡Vanika, estas galletas son deliciosas! —gritó la voz de la pequeña Rilliane en su mente.
Vanika le sonrió a su pequeña prima, quien tenía el rededor de la boca manchado de chocolate y la miraba con sus grandes ojos verdes.
—Annie, límpiate la boca —dijo y se llevó una cuchara de pimienta a la boca.
Rilliane miró extrañada a su prima.
— ¿Eso que comes es delicioso? —preguntó la pequeña.
—Sí, mucho —contestó sonriente.
Vanika no sólo extraía galletas o dulces de la alacena de la cocina, sino que también sustraía frascos de especias o yerbas secas de fuerte aroma, le gustaban, si combinaba las galletas de chocolate y la pimienta creaba un exquisito sabor que le encantaba. Cuando Rilliane la atrapó con todas las galletas tuvo que convidarle, si no la acusaría con el chef y en consecuencia ya no la dejaría entrar a la cocina. El comer galletas, dulces y especias se volvió un hábito de ambas niñas, que repetían al menos dos veces a la semana.
—Vanika, convídame de eso que comes —dijo la pequeña niña de cinco años.
Vanika dudó un momento, pero al final decidió darle media cucharada de esa exquisita pimienta. —Di, ah —dijo niña de once años sosteniendo la cuchara frente a la boca de la pequeña niña rubia.
—Ah —exclamó la pequeña abriendo la boca para probar lo que a su prima le parecía delicioso. Rilliane hizo una mueca y se sacudió, acto seguido escupió todo lo que se encontraba en su boca, sus ojos lagrimearon y tosió.
Vanika no comprendió porque su prima hizo eso.
—Eso sabe horrible —dijo la pequeña Rilliane con lágrimas en los ojos.
Vanika se aguantó las ganas de reír ante la graciosa imagen de Rilliane a punto de llorar con la lengua de fuera.
—Tal vez, eres muy pequeña para comer esto —dijo a punto de reír, sin entender que aunque su prima tuviera su edad o más jamás podría comer pimienta como ella lo hacía.
— ¡Vanika eres rara!
—Rara…, rara…, rara… —susurraba una y otra vez mientras el sudor escurría por su frente.
—La fiebre no se le baja —dijo Miku preocupada.
—Miku, ve a descansar, yo te despertaré más tarde —dijo para tranquilizarla, la mucama —yo trataré de que la fiebre se le baje, no pienso dejarla sola —finalizó.
—Pero, ¿Y si ocurre algo malo? —preguntó la niña.
—Ve tranquila, yo estoy aquí, no permitiré que le pase algo, además, si no le baja la fiebre en una hora, Kamui irá al pueblo a despertar al doctor y lo traerá de inmediato. —dijo.
Miku miró a Conchita quien aún respiraba agitadamente debido a la fiebre, luego miró a Luka quien le dirigía una mirada cálida, suspiró y se decidió a salir de la habitación.
—Pastel… quiero… pastel… —susurró Vanika.
Luka la miró, definitivamente su patrona estaba delirando.
—No dejaré que le pase lo que a mi niño —susurró y puso un trozo de hielo en agua y sumergió dos compresas de tela.
—Vanika mis chefs son los mejores —dijo presumiendo la insoportable rubia de catorce años de edad.
—Lo sé Rilliane, viví aquí —dijo fríamente.
—Oh, Vanika ¿No te dije? —Preguntó fingiendo sorpresa—El chef Shion y sus cocineros ya no trabajan en este castillo.
— ¿Qué? —estaba incrédula, Rilliane había despedido a uno de los mejores chef que había conocido junto con un maravilloso grupo de cocineros.
—Lo que oíste. —contestó con una sonrisa burlona.
Vanika miró con desprecio a su prima, el chef Akaito Shion y sus cocineros entre los que se encontraban tres de sus hijos (uno de ellos de su edad) se habían ido del castillo real, ellos sabían preparar la comida tal y como le gustaba, le hubiese gustado que trabajaran para ella, pero se había tenido que conformar con la gorda cocinera, chef número nueve del castillo de piedra.
—Su majestad, aquí está su pastel —dijo el rubio sirviente poniendo frente a ella un trozo de un pastel de fresa.
—Un pimentero —dijo sin siquiera agradecer —Dame un pimentero.
— ¡QUIERO UN PIMENTERO! —gritó.
—Tranquílese señorita, la fiebre aún no le baja —dijo en voz baja Luka y cambió la compresa que Conchita tenía en la frente.
Estaba empeorando, la fiebre llevaba más de dos horas sin bajarle, el reloj marcaba las dos de la mañana y Luka pensaba en despertar a su esposo para que fuera al pueblo a buscar al doctor. Conchita tenía aún puesto el ostentoso vestido con el que bajó a cenar y estaba cubierta de cobijas, tal vez por eso la fiebre no cedía. Luka la levantó hasta sentarla en la cama y la abrazó a ella, con cuidado bajó el cierre de su vestido y comenzó a quitárselo. Conchita continuaba delirando, esa noche le parecía eterna tanto a ella como a Luka.
—Niña, ¿Por qué comes eso? —preguntó con curiosidad un niño de azules cabellos.
—Oye, ten más respeto —contestó la niña escondiendo la paprika —Soy la princesa Vanika —dijo orgullosa.
—Perdone princesa, pero es que nunca la había visto —dijo avergonzado el niño.
Vanika miró al niño, era extraño a su punto de vista, de complexión rechoncha, su cabello era azul al igual que sus ojos que parecían dos trozos de cielo que la miraban con curiosidad y llevaba puesta una filipina blanca que le quedaba enorme.
— ¿Trabajas aquí? —le preguntó Vanika curiosa.
El niño sonrió.
—No, soy el aprendiz de mi padre, mi nombre es Kaito Shion y algún día seré el chef de este castillo —dijo orgulloso.
Vanika sonrió, se acercó al niño y le jaló las regordetas mejillas.
—Entonces tú serás mi chef, por que algún día, yo seré la reina —dijo apretando con sus dedos las suaves mejillas de Kaito —Cocinarás para mí platillos deliciosos —dijo y apretó aún más las mejillas del chiquillo —Pero te advierto que tengo un paladar muy exigente —sonrió y lo soltó.
Kaito sobó una de sus enrojecidas mejillas y le regaló una cálida sonrisa a la princesa.
—Entonces estudiaré mucho, para poder satisfacer su paladar, princesa —dijo.
Vanika se soltó a reír, no por lo que había dicho el pequeño, si no por cómo se veía.
—Tus mejillas parecen manzanas —dijo riendo.
— ¡VANIKA, QUIERO GALLETAS! —se escuchó muy cerca de allí.
Vanika había olvidado a Rilliane y las galletas que tenía que conseguirle, las tomó de la alacena ante la mirada de Kaito y le hizo prometer que no le diría nada a su padre. Kaito lo prometió y antes de abandonar la cocina Vanika se acercó a él y le mordió sutilmente una de las mejillas.
—Adiós, mejillas de manzana —dijo Vanika al abandonar la cocina dejando a Kaito con sus dientes impresos en la mejilla.
—Mejillas de manzana… mejillas de manzana…. Mejillas de manzana—repetía una y otra vez.
Luka, había logrado quitarle el vestido y la había dejado en ropa interior, le había quitado las cobijas y también le había cambiado la almohada. Vanika comenzó a respirar más tranquilamente y había empezado a temblar de frío, luego de que repitiera "Mejillas de manzana" unas doce veces, suspiró y se quedó quieta.
Se había quedado profundamente dormida.
— ¡Mejillas de manzana! —gritó en su sueño
El niño de once años (la misma edad de Vanika), le sonrió y corrió hacia ella.
—Princesa, yo seré su chef —dijo muy seguro —ya he estudiado todo y sé que cocinarle —dijo.
Vanika sonrió y pellizcó las mejillas de Kaito hasta que las dejó rojas, el niño no se quejó. Al ver las mejillas rojas de Kaito, Vanika pensó que lucían como dos jugosas manzanas, se acercó al pequeño y puso sus labios en una de ellas, abrió la boca y la mordió suavemente, al escuchar el quejido que soltó el pequeño, pasó su lengua por las marcas de sus dientes. Rió un poco al ver como las manzanas rojas tomaban más color, hasta extenderse por toda la cara del pequeño.
—Serás el catorce —dijo en su sueño al pequeño niño que tenía la cara roja.
Suspiró y se dio vuelta en su cama. Luka también soltó un gran suspiro, Conchita ya no tenía fiebre. El reloj marcaba las tres y media y en cuanto dieran las siete, iría al pueblo por el doctor.
