DISCLAIMER: El software Vocaloid, la novela escrita por Akuno-P y las canciones a las que se hace mención no son de mi autoría y no me pertenecen, lo único que es mío es la trama y los personajes secundarios (la gente del pueblo, el ministro,…)

Notas: Para los que preguntaron, todas las oraciones del capítulo anterior, están en latín.

ACTO VIII.- LA SUBASTA.

Conchita y Luka caminaban por el mercado donde había cientos de papeles pegados por todas partes, todas con las palabras "Príncipe", "Marlon", "Kyle", escritas.

Decidieron no prestarle atención, Luka se paseaba entre los puestos, comprando verduras frescas, mientras Conchita, veía los vestidos de los puestos de ropa, ninguno le gustaba, todos eran amarillos, ella prefería comprar su ropa en otros pueblos, mientras más alejados mejor. También miraba y curioseaba los puestos de bazar, admirando las piezas usadas, viejas y demás cosas inservibles, hasta que un objeto llamó su atención.
Era una hermosa copa de cristal, se veía muy fina y delicada, parecía que no le cabía mucho, pero estaba tan curiosa que preguntó por el precio.

—Una pieza de plata, señorita, una verdadera ganga —dijo el vendedor.

Conchita dudó un poco, era demasiado barata como para ser de cristal, el rosario que traía consigo valía al menos catorce piezas de oro, estaba tallado finamente y era cristal cortado.

—Es del más fino cristal, y fue hecha por un artesano de Marlon, tallada a mano, es perfecta para tomar vino, y le cabe más de lo que parece. —insistió el vendedor.

Conchita miró la copa, en verdad estaba muy linda y de seguro se vería preciosa combinada con su vajilla transparente, que más daba si no era cristal fino, de todas formas una pieza de plata le parecía un precio ridículo.

—Me la llevo —dijo y pagó la pieza de plata al vendedor.

El vendedor sonrió y envolvió la copa en un trozo de tela y la puso sobre las manos de Conchita.

—Gracias—dijo ella y se alejó de allí buscando a Luka.

Una gran aglomeración de gente la distrajo de buscar a la mucama, al parecer habría un evento, pues habían instalado una tarima en la cual había un hombre de pie.

—Bien, comenzaremos la subasta de los últimos artículos del castillo real —dijo el hombre que balanceaba un martillo y tenía a un lado una mesa.

Conchita abrió mucho los ojos, estaban vendiendo las pertenencias de su familia.

—Bien, el primer objeto es esta preciosa silla... —dijo mostrando una de las sillas que ella recordaba pertenecían al comedor del castillo.

— ¡Cuatro piezas de plata! —gritó Vanika, instintivamente no quería que sus pertenencias terminaran en malas manos.

— ¡Señorita! —exclamó Luka al ver a su patrona junto a ella.

—Ah, señora Luka, que bueno que está aquí, deme todas las piezas de oro que tenga —dijo desesperada Vanika.

Luka extrañada se las dio, pero cuando Vanika se dio cuenta ya iban por el tercer artículo, perdió la silla y una muñeca con caja musical.

—Continuamos, lo siguiente es esta hermosa yegua, que perteneció a la princesa Rilliane, la oferta empieza en dos piezas de oro —anunció el hombre con las riendas de la blanca yegua entre las manos.

—Josephine —susurró Vanika al ver al animal. — ¡Tres piezas de oro! —gritó

— ¡Tres piezas de oro, ofrecidas por la dama de rojo! —Anunció — ¡Tres piezas de oro a la una...!

— ¡Cinco piezas de oro! —gritó un hombre vestido de blanco.

— ¡Cinco piezas de oro, ofrecidas por el chef de la prisión! —Anunció — ¡Cinco piezas de oro a la una…, Cinco piezas de oro a las…!

— ¡Quince piezas de oro! —gritó Vanika dispuesta a llevarse a la yegua.

Varios de los presentes soltaron gritos de asombro ante el precio que la dama ofrecía por la yegua, es cierto que valía mucho más, pero la mayoría de los allí presentes no llevaban más de diez piezas de oro.

— ¡Quince piezas de oro a la una, quince a las dos...! —Anunció — ¡Vendida a la dama de rojo, por quince piezas de oro! —gritó y pegó en la mesa con su martillo.

Vanika sonrió satisfecha, y continuó comprando, compró a Josephine por quince piezas de oro, el espejo con marco de plata del cuarto de Rilliane por cuatro de oro, un carretón para Josephine por catorce de plata, su vieja cama por una de oro, dos muñecas de Rilliane por cuatro de plata…

—El siguiente es el vestido amarillo de la princesa Vanika, que usó en su cumpleaños número dieciséis, la oferta empieza en una pieza de plata —anunció el hombre mostrando un precioso vestido amarillo.

— ¡Cuatro piezas de plata! —gritó el hombre vestido de blanco.

Vanika no quiso ofertar, ese cumpleaños había sido de los mejores, pero a partir de ese día dejó de ver a su amigo de la infancia, jamás lo volvió a ver, ni cuando se fue del castillo.

— ¡Diez piezas de plata! —gritó nuevamente el hombre ante otra oferta de ocho piezas.

Vanika miró a ese hombre tan interesado en su vestido y se sorprendió demasiado, de complexión un poco robusta, de cara delgada, su cabello era azul al igual que sus ojos, su piel era algo pálida, tenía puesta una filipina que estaba un poco roída y si no se equivocaba tenían la misma edad.

— ¡Vendido por diez piezas de plata al chef de la prisión! —anunció el hombre y golpeó el martillo en la mesa.

Vanika se dirigió hacia el hombre y se paró junto a él.

—Oye, ¿Eres chef? —le preguntó.

—Sí, trabajo en la prisión, antes trabajaba en el castillo real —contestó.

— ¿Por qué pagaste eso por el vestido de la princesa Vanika? —preguntó.

—Porque ella es muy importante para mí, aunque tiene muchos años que no la veo, al parecer, nunca la volveré a ver —dijo.

— ¿Sólo compraste el vestido verdad? —preguntó.

—Usted compró su cama, pero yo he comprado varias cosas que han subastado semanas anteriores, compré un par de sus muñecas, su vestido de su cumpleaños catorce, un par de pulseras y la cuchara con la que solía comer pimienta —dijo sonriendo.

Vanika sonrió, el tipo era raro, pero al parecer la admiraba mucho. Sin duda ese hombre era su amigo de la infancia.

— ¡Lo siguiente es, un retrato de la princesa Rilliane, la oferta empieza en veinte piezas de cobre! —anunció el hombre.

Vanika miraba al hombre de cabello azul fijamente, alzó las manos, las puso en sus mejillas y jaló.

—Tus mejillas son tan suaves y ya no son rechonchas—susurró y lo soltó.

El hombre desconcertado miró fijamente a Conchita y se quedó sorprendido.

—Señorita Conchita, ¿No cree que ya deberíamos ir a casa? —preguntó la mucama interrumpiendo.

—Eh, solo que termine la subasta y nos vamos, de todas formas no llegaremos a pie —dijo Conchita a su mucama.

El chef continuaba desconcertado mirando fijamente a esa mujer, que charlaba con otra de cabello rosado, la observaba fijamente, su cabello corto, sus ojos y boca maquillados, su complexión delgada, su pálida piel, era hermosa, pero no podía ser su princesa, la otra mujer la había llamado por otro nombre, la llamó Conchita.

—El penúltimo artículo es, un precioso medallón perteneciente a la princesa Vanika, la oferta comienza en cuatro piezas de oro. —dijo el hombre mostrando un medallón dorado con un enorme rubí incrustado.

Vanika al ver su medallón sintió una gran felicidad, ese medallón se lo había regalado su madre y lo había dejado olvidado en el castillo el día que se fue.

— ¡Diez piezas de oro! —gritó Vanika, con tal de no perder su precioso medallón.

Nadie propuso una oferta mejor, Vanika había recuperado su medallón.

El chef continuaba observando fijamente a Conchita y la comparaba con Vanika, pero no eran parecidas… ¿O sí?

— ¡El último artículo, es el vestido con el que la princesa Rilliane fue ejecutada! —Gritó el hombre —La oferta empieza en siete piezas de oro —dijo y mostró a los presentes un hermoso vestido de tela de algodón amarillo con detalles en negro y con el inquietante detalle de que en el cuello llevaba manchas de sangre.

Vanika miró el vestido y no pudo evitar sonreír, ese vestido era el que su prima había usado en su fiesta de cumpleaños número quince, era el que llevaba puesto el día que el pueblo obtuvo libertad.

No pudo evitar ofertar, dando fin a la subasta.

Al momento de pagar y recoger todo, dio al encargado la cantidad de cuarenta y tres piezas de oro y dieciocho de plata. Otros compradores también estaban allí y veían asombrados la cantidad de artículos que Vanika se había llevado.

Al chef le fue entregado el vestido de su princesa y le echaba discretas miradas a Conchita, intentando engañarse de que ella no era Vanika. Mientras a Conchita le acomodaban sus pertenencias en el carretón que sería atado a Josephine, pensaba en visitar la prisión y probar la comida que preparaba ese chef que varios años atrás le había prometido cocinar para ella. Por fin terminaron y pese a que traía vestido, Conchita montó a Josephine la cual llevaba atado un carretón con varios artículos y en la cual Luka iba sentada.

Se decidió a regresar a casa.

— ¡Adiós Chef de la prisión! —Gritó al darse cuenta de la mirada del hombre y le guiñó un ojo — ¡Arre! —Gritó a la yegua y se dirigió hacia su castillo. El rostro del chef enrojeció, se dio la vuelta y se decidió regresar a casa, abrazando fuertemente el vestido de su princesa. En su cabeza una pregunta daba vueltas y vueltas.

¿Será ella la princesa Vanika?