DISCLAIMER: El software Vocaloid, la novela escrita por Akuno-P y las canciones a las que se hace mención no son de mi autoría y no me pertenecen, lo único que es mío es la trama y los personajes secundarios (la gente del pueblo, el ministro,…)
ESTE ES EL CAPITULO MÁS MODIFICADO DE TODOS, YO SE QUE A TODAS LAS AMANTES DEL KAI-MEI LES FASCINARÁ.
NOTAS: Akaito Shion, el chef del castillo real tenía entre su grupo de cocineros a sus tres hijos, Taito, Kaiko y Kaito, de ellos Kaito (el menor) era su aprendiz más dedicado pero, estaba perdidamente enamorado de una de las princesas del castillo.
Para los que preguntaron, cien piezas de cobre equivalen a una pieza de plata, cien piezas de plata equivalen a una de oro y cien de oro equivale a que eres rico XD.
ACTO IX.-LA HISTORIA DEL CHEF.
MI PRINCESA.
Caminaba por un sendero oscuro, llevando entre sus brazos el vestido de su princesa, mirando al vacío perdido en sus pensamientos. El joven de veintiún años suspiró y abrió la puerta de su casa.
— ¡Ya llegué! —Anunció y cerró la puerta tras de sí.
Todo estaba en silencio, lo cual le agradó, por primera vez su hermana mayor no había salido a regañarlo por llegar tarde, el reloj que poseían marcaba las diez y se dirigió hacia su viejo camastro. Esa pequeña casa solo tenía cuatro habitaciones, una para él, otra para su hermana, el baño y la cocina, de todas formas por lo general solo llegaban a comer y dormir, pues pasaban todo el día trabajando en la prisión. Sacó de debajo de su cama un baúl y ahí metió el vestido de su princesa, lo acomodó y lo acarició un poco…
—Kaito, ¿Otra vez fuiste a la subasta? —preguntó una voz detrás suyo.
El joven dirigió su mirada hacia la persona dueña de esa voz, su hermana mayor de veintisiete años de edad, sus ojos azules reflejaban enfado y llevaba alborotado su cabello azul marino.
—Sí, esta fue la última, ¿Sabías que subastaron el vestido con el que la princesa Rilliane fue ejecutada?—preguntó tratando de evadir el discurso de su hermana.
— ¡No me digas! —Exclamó la mujer enfadada— ¿Acaso la princesa Rilliane fue ejecutada con un vestido que le perteneció a la princesa Vanika? —preguntó y tomó el vestido del baúl de Kaito.
—Ese no es —dijo —Ese es el que la princesa Vanika usó el día papá me prohibió verla —dijo intentando arrebatarle el vestido a su hermana.
Kaiko miró a su hermano, suspiró y decidió devolverle el vestido.
—Kaito, sabes bien porque papá te lo prohibió —dijo.
Kaito sonrió y miró a su hermana a los ojos.
—Fue porque yo nada más era un sirviente en el castillo real y ella una princesa, papá no quería que terminara con el corazón roto cuando la princesa se casara con algún príncipe o noble —dijo amargamente.
Kaiko asintió y puso una de sus manos en el hombro de su hermano menor.
— ¿Te enamoraste de ella, verdad hermanito? —preguntó sintiendo pena por su hermano.
—No puedo negarlo, daría hasta mi vida, por saber dónde se encuentra —dijo bajando la mirada.
La mujer tomó la cara de su hermano, la levantó y le dio una bofetada.
—No digas eso, nada es más valioso que tu vida —dijo enfadada — Ahora guarda esa cosa y ven a cenar —dijo y lo dejó solo.
Kaito, obedeció a su hermana y ambos cenaron en silencio, Kaiko le echaba miradas discretas a su hermano que parecía perdido en otro mundo, el mundo en el que al parecer solo habitaban la princesa Vanika y él.
La cena terminó en completo silencio y luego de recoger y lavar los platos, Kaito decidió dar por concluido el día, se quitó su viejo pantalón negro y su roída y casi gris filipina a la que le faltaba un botón y decidió acostarse en su camastro. Suspiró y lamentó un poco su vida, pensó en comprarse una nueva filipina y unos nuevos pantalones pero no quería dejar en el olvido aquella ropa con la que había trabajado en el castillo. Su hermana siempre lo regañaba por usar la filipina sin un botón y casi rota al igual que los pantalones, pero jamás la escuchaba. Una vez para detener los regaños de su hermana, le compró una filipina nueva y un par de zapatos alegando que ella era su prioridad y que él prefería que ella luciera bien en su lugar, Kaiko quedó conmovida y nunca más lo volvió a regañar acerca de su vestimenta.
Pero no podría tener la misma ropa por siempre, si comparaba su ropa con la de su hermana él era un completo miserable, Kaiko poseía gran cantidad de vestidos sencillos, zapatos, medias, calcetines, faldas de trabajo, dos pantalones y cerca de cinco filipinas diferentes, mientras el solo tenía su vieja filipina y unos tres pantalones viejos, un par de camisetas, tres pares de calcetines, dos pares de zapatos roídos y dos camisas, definitivamente debía comprarse ropa nueva, pues pronto comenzaría a parecer un chef indigente.
El tiempo pasaba pero no podía evitar pensar en tantas cosas, pensaba en su hermana, en su padre, su hermano, en el mismo, su ropa, sus instrumentos de cocina, las estrellas, los caballos, en la princesa Vanika….
La última vez que la vio, ella tenía el cabello largo recogido en un chongo muy lindo y llevaba puesto el vestido amarillo que compró unas horas atrás. Fue su fiesta de cumpleaños dieciséis, lucía preciosa y quería revelarle lo que sentía por ella, pero no podía hacerlo, se dio cuenta de que él y la princesa no podían ser más que amigos, ella estaba rodeada de hombres ricos y nobles que estaban a su altura, él era un sirviente y ella una princesa simplemente no podría ser. Sin embargo, el amor que sentía por ella era demasiado, su padre se enteró y le prohibió volver a verla.
— ¡Despierta muchacho, vives soñando en un imposible! —le gritó su padre luego de que le diera un par de bofetadas.
Kaito pasó toda la fiesta de cumpleaños de la princesa metido en la cocina, poniendo aperitivos en bandejas, mientras las lágrimas de rabia amenazaban con brotar de sus azules ojos. Quiso salir a verla, pero sus hermanos se lo impidieron, su familia estaba en contra suya y ellos alegaban que era por su propio bien.
Nunca pudo perdonarlos.
Desde ese día, pensó en un plan para ver a la princesa, pero todos se veían frustrados por su padre y sus hermanos. No podía salir de la cocina, ni de su cuarto, por las noches su padre lo encerraba y en el día no dejaba entrar a la princesa a la cocina e incluso su padre habló con el padre de Vanika. La única forma de verla era en sus sueños, pronto se le ocurrió una idea, estudiaría mucho para poder avanzar de nivel en la cocina, en ese entonces solo era un ayudante, trabajaría duro hasta suplir a su hermano en el puesto de Sous Chef y posteriormente aspirar a ser el sucesor de su padre, sería el chef del castillo y podría ver a la princesa, después de todo, él le había prometido que sería el chef cuando ella fuera la reina. Pasaron los días, semanas y meses, Kaito aprendía todo lo posible de su padre, al principio le costaba, siempre creyó ser fuerte físicamente, pero al entrar de lleno al estresante y pesado mundo del arte culinario, se dio cuenta de que tan débil era y que sus habilidades estaban muy lejos de ser las de un chef digno de la realeza.
No importó cuantas veces lo regañara a gritos su padre, ni importaron todas esas reprimendas físicas que le daba por no hacer bien las cosas, ni el dolor que sentía luego de llevar y llevar bandejas repletas de platos calientes y pesados en los banquetes, tampoco si se quemaba al preparar algo, ni si se cortaba al intentar alcanzar una velocidad digna para un chef de alta categoría al cortar vegetales, no le importaba si tenía que lavar cien o doscientos platos, ni siquiera le importaron todas esas desveladas que pasó tratando de mejorar su técnica culinaria, no importaron todos los golpes y fallos que sufrió en esos años, siempre tenía en mente el salir adelante, siempre tenía en mente a su princesa, porque eso era Vanika para él era su princesa y por ella sería el mejor chef del mudo, por ella se convertiría en el chef principal del castillo.
Los demás cocineros, le demostraban su admiración, pues jamás habían visto a alguien soportar más de lo que podía, todos presenciaron asombrados como a través de los años el chiquillo regordete ayudante de cocina, se convertía en el fuerte y robusto hombre que pronto desplazaría a su hermano en un puesto de alta categoría.
Aprendió todo lo que pudo y fue superando a cada miembro del equipo, no quería rendirse, no descansaría hasta que la cocina estuviera a su mando. Su padre estaba orgulloso.
—Mi muchacho, me enorgullece todo lo que has logrado —le dijo dándole fuertes palmadas en el hombro al más dedicado de sus hijos.
Dos años después, había aprendido varios secretos culinarios, al igual que técnicas para servir correctamente los alimentos aun llevando bandejas repletas de cosas pesadas, era el más rápido de la cocina al momento de cortar frutas y vegetales y también el mejor para lo relacionado con pastelería, en cuanto a mixología hacía cocteles de su invención y otros tantos que había aprendido, era sin duda alguna el digno sucesor del chef principal de la familia real. Con tan solo dieciocho años había superado a su hermano mayor y se había convertido en el Sous chef.
— ¡Felicidades pulga! —le dijo su hermano sorprendido de lo mucho que había avanzado y cuanto había sacrificado, sin duda se había ganado el puesto.
Kaito sonrió a su hermano y disfrutó el momento por unos segundos, estaba tan cerca de convertirse en el Chef.
Continuó estudiando y esforzándose al máximo, pronto estaría listo para tomar el lugar de su padre. Cuando la noticia del casamiento de Vanika llegó a sus oídos, entristeció, pero no pensaba detenerse, el sería el chef, y volvería a verla a como dé lugar. Días más tarde escuchó la noticia del fallecimiento de la reina Bernadette y el príncipe Dustin, todos en el castillo quedaron consternados, la mayoría pensaba en quien sería el sucesor, Kaito sabía perfectamente que sería la princesa Vanika. Ahora ella sería la reina y él el chef del castillo. Pero, por alguna razón la sucesora al trono fue la princesa Rilliane.
Dos meses más tarde, por todo el castillo corrió la noticia de que la princesa Vanika se había marchado, que ya no se casaría (noticia que lo alegró como nunca) y que estaba enfadada con la princesa Rilliane. Sin embargo, la princesa seguía visitando el castillo a menudo, fue donde se le ocurrió un plan para volver a verla o al menos intentarlo. Ella siempre pedía pastel. Aquella vez preparó uno de vainilla con glaseado blanco, Kaito sabía que el color favorito de la princesa era el rojo y conocía su gusto por las especias. Espolvoreó una gran cantidad de pimienta sobre el pastel, tomó una rosa y puso todos los pétalos sobre el glaseado y debajo del plato puso una nota que decía.
"Disfrute de este platillo especial.
Mejillas de manzana."
Lo envió a la princesa, pero jamás recibió contestación.
Una semana más tarde su padre le pidió hablar.
—Hijo mío, ¿me puedes explicar que significa esta nota? —preguntó el chef mostrando un pequeño papel con el mensaje escrito por Kaito.
—Es solo, nada… —dijo bajando la mirada.
— ¿NADA? —Gritó el chef — ¡PENSÉ QUE TE HABÍAS OLVIDADO DE ELLA! —Gritó y su cara se encendió en un profundo color rojo.
Kaito no soportó más, había dado todo por poder verla una vez más pero ahora su padre quería impedirlo.
—NO, NO PUEDO OLVIDARLA, LA AMO, Y DARÍA TODO POR ELLA, ¿NO PUEDES ENTENDERLO? —Gritó estallando en rabia — ¿POR QUÉ INTERRUMPISTE EN MI PLATILLO? ¿POR QUÉ NO DEJASTE QUE LLEGARA A SUS LABIOS? —Preguntó con la cara roja y apretando los puños. — ¿POR QUÉ SIEMPRE INTERFIERES? ¿POR…?
Un par de bofetadas lo interrumpieron, su padre tenía los ojos llenos de enojo.
—Te lo dije muchacho, ella jamás te amará, eres un idiota enamorado de un imposible —dijo fríamente el mayor de los chefs.
Kaito abrió mucho los ojos y por un momento quiso llorar. Apretó los puños, pero simplemente no se atrevió a hacer nada contra su progenitor.
— ¡Deténganse, me están lastimando! —gritó Kaiko de repente.
La cocina empezaba a llenarse de soldados y nadie entendía por qué, de pronto solo habían llegado y un par de ellos maltrataba a la joven mujer de cabellos azules al intentar llevarla fuera de ahí.
El chef, Taito y Kaito, intentaron quitarle a los soldados de encima a la joven Shion, pero solo consiguieron que también los detuvieran junto con los demás cocineros.
— ¡Exijo una explicación! —gritó el mayor de los Shion mientras era llevado fuera del castillo.
— ¡Están despedidos! —dijo el soldado.
— ¡Llevo más de treinta años trabajando en este castillo! —gritó y se soltó de las manos del soldado.
El chef comenzó a propinarle golpes al soldado, ante la mirada atónita de sus hijos quienes eran sujetados por otros soldados.
— ¡Pare ya, o su hija se muere! —amenazó el soldado que tenía entre sus brazos a Kaiko.
Gran error, pues Taito no dudó en soltarse del soldado que lo llevaba y se dispuso a defender a su hermana junto con su padre que había dejado inconsciente al soldado que golpeaba minutos atrás. Kaito no podía soltarse, al ver a su padre y a su hermano en vez de uno, lo sujetaban tres soldados, el solo gritaba que lo soltaran, necesitaba unirse a su familia y proteger a Kaiko, aunque ella fuera mayor que él. Pero aparecieron más soldados, que detuvieron a Kaiko y Taito, en cuanto a su padre un soldado le enterró su lanza en el vientre.
— ¡Padre! —sonó en un desgarrador grito de Kaiko.
Los arrojaron fuera del castillo, Kaiko lloraba desconsoladamente al ver como su padre se desangraba, Taito y Kaito ardían en rabia a su alrededor y los demás cocineros seguían confundidos.
—Kaiko, mi niña, no llores —dijo con dificultad el chef —Eres idéntica a tu madre, solo sonríeme, es todo lo que necesito —dijo a su hija la cual le dedicó una amarga sonrisa. —Taito, mi muchacho, cuida a tus hermanos —cada segundo le costaba respirar más—Kaito, mi hijo menor, perdóname —le dijo —no quería que tu corazón se rompiera, ella no era para ti —le susurró.
Los ojos carmesí de Akaito Shion se apagaron tras decir esas palabras, había perdido mucha sangre y ahora yacía muerto afuera del castillo real. Fue la gota que derramó el vaso, primero habían irrumpido en la cocina, luego los habían tratado con violencia y por último cobraron la vida de su padre. Era oficial, los Shion odiaban a "La Hija del Mal".
— ¡Hermano! —gritó Kaiko al ver a Taito brincando la barda del jardín del castillo.
Los cocineros huyeron al ver al chico de cabello violeta cruzar la barda dejando a los hermanos de cabello azul solos con el cuerpo de su padre. Kaito al ver a su hermano mayor, quiso imitarlo pero los brazos de Kaiko y su mirada suplicante lo detuvieron.
Media hora más tarde Taito Shion salía acompañado por soldados que lo llevaron a la prisión. Había irrumpido en donde estaba la princesa, fue a gritarle y reclamarle la muerte de su padre, estuvo a punto de ponerle la mano encima, la princesa asustada mandó a encerrarlo en la prisión y se olvidó de ellos.
Meses más tarde luego de buscar un lugar en el que vivir y un buen trabajo Kaiko y Kaito, se metieron en la prisión a trabajar, eran los cocineros, aprovecharon la oportunidad para estar cerca de su hermano mayor, pero cuando encontraron la celda de Taito se llevaron la sorpresa de que estaba enfermo, se había contagiado de lepra y no había remedio.
Moriría.
Kaito llevó sus manos a su rostro y suspiró. No le agradaba recordar su pasado, salvo su infancia al lado de Vanika.
—Si ella hubiese sido la reina, papá seguiría vivo y Taito estaría sano —pensó.
La mujer de la subasta volvió a su mente, su cabello corto color chocolate igual que sus ojos, le recordaban a Vanika, pero no podía ser ella, la otra mujer la había llamado Conchita. Además, la princesa no podía estar paseándose así como así en el pueblo, aun habiendo gente buscándola.
La dama que vestía de rojo, el color favorito de Vanika, lo tenía intrigado, ella había jalado sus mejillas, tal como Vanika lo hacía cuando eran pequeños, pero no podía ser ella simplemente no. Ahogó uno de sus gritos de frustración con la almohada y suspiró.
—Ella no es mi princesa.
Intentó poner su mente en blanco y en poco más de dos horas se quedó dormido.
