DISCLAIMER: El software Vocaloid, la novela escrita por Akuno-P y las canciones a las que se hace mención no son de mi autoría y no me pertenecen, lo único que es mío es la trama y los personajes secundarios (la gente del pueblo, el ministro,…)
NOTAS: "¡LA ÚNICA QUE LE DICE GAKUPO AL IDIOTA DE MI MARIDO SOY YO!" Y por eso, yo le digo Kamui en la narración, puro amor con Luka Bueno así me lo imagino yo, Luka un poco celosita (¿?), como yo (Sí, soy extremadamente celosa).
ACTO XII.- INCIPIENS
Conchita daba vueltas en su cama, intranquila, en su cabeza una voz le hablaba y quería no escucharla. Estaba teniendo una pesadilla. De esas que la acosaban desde hacía poco más de un mes.
"Vanika, aliméntame que tengo hambre" Escuchó proveniente de una horrible voz en su cabeza. Vanika se dio vuelta, tratando de alejarla. Estaba soñándose de pie en la oscuridad, una voz le decía cosas, pero ella no encontraba de dónde provenía.
"A ti también te fascina comer, amas toda clase de sabores" —Escuchó.
— ¿De quién es esa voz? —peguntó poniéndose las manos en los oídos.
"En tu cuerpo habita invidia, pero también tienes a mi hija, la has tenido por años, tu cuerpo es un buen hogar para mí" —Escuchó
— ¿Quién eres? —preguntó apretando sus manos contra sus oídos, la voz era insoportable.
Una luz frente a Conchita se encendió mostrando algo en verdad grotesco. Miró sorprendida aquello, frente a ella había una especie de animal, sentado en una especie de trono, con el estómago hinchado, a juzgar por su torso y las patas de abajo era un elefante, pero su cabeza era enorme, peluda y con dos enormes ojos rojos que abarcaban casi toda su ¿Cara?, su lengua salía de una trompa enorme cubierta de viscosidad verde, haciendo una especie de zumbido, sus brazos eran largos, delgados y peludos, era como una mosca gigante que había sido combinada con un elefante, a su alrededor había muchas moscas volando y zumbando, manteniendo una corta distancia de él.
Conchita palideció y comenzó a retroceder asustada.
"Vanika Lucifen, Concepción Behemoth, cualquiera que sea tu nombre, no cambiarás tu interior, Reina de Lucifenia, Duquesa de Beelzenia, ambos títulos son tuyos, tu madre estaría orgullosa por haber elegido el que te dejó, Su Majestad, Duquesa Vanika Lucifen, me perteneces por derecho, yo Belcebú te reclamo". Dijo la voz en su cabeza y acto seguido un zumbido comenzó a resonar por todo el rededor, las moscas que revoloteaban cerca del asqueroso ser se dirigieron hacia ella, volando a toda velocidad.
Vanika gritó, llevo sus manos a sus sienes, las paso por sus ojos y su frente. Las moscas se comenzaron a pegar a su vestido y parte de su piel, gritó aterrada, pero las moscas aprovecharon que tenía la boca abierta y comenzaron a introducirse en ella, estaba aterrada, sentía un dolor insoportable, sentía un horrendo asco, náuseas y ganas de vomitar, apretó los ojos y sostuvo su cabeza fuertemente con sus manos. Pero el dolor no cesó y poco a poco fue perdiendo la conciencia, hasta no sentir nada.
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Las mañanas en el castillo eran de lo más tranquilas, toda la servidumbre tenía que estar de pie antes que Conchita, para prepararle el desayuno, el baño y elegir la ropa que usaría durante el día, pero ese no era problema para ninguno, todos se habían acostumbrado a levantarse temprano. En especial ciertos chefs de cabello azul, ambos siempre se levantaban a las cinco de la mañana, debido al trabajo que anteriormente llevaban en la prisión. Por lo tanto, esas dos semanas que habían pasado en el castillo, el desayuno estaba listo antes de las siete, pero como Conchita bajaba a desayunar cerca de las ocho, había que cuidar que no se enfriara.
— ¡Hermana, Miku me está molestando! —se escuchó un grito de Rin en la cocina.
— ¡Eso no es cierto Kaiko, Rin te miente porque no me quiere devolver mi broche! —dijo la chica de cabello turquesa entrando a la cocina.
Kaiko miró a las niñas que llevaban el cabello alborotado y suspiró dejando de lado un cucharón.
—Niñas, ¿Otra vez peleando por los accesorios del cabello? —preguntó.
Las niñas se miraron y se sonrojaron.
—Lo sabía —dijo la chica de cabello azul —Hermanitas, no peleen por accesorios de cabello, si quieren les puedo hacer un nuevo peinado —dijo tranquilamente a las niñas.
Las niñas sonrieron y dijeron al unísono:
— ¿EN SERIO?
Kaiko asintió sonriente.
—Hermanito, por favor apaga la sopa cuando esté lista —dijo dirigiéndose al callado Kaito —voy a peinar a las niñas.
—Aja —dijo Kaito, mientras metía al horno un poco de pan.
Kaiko lo miró extrañada, desde el segundo día en el castillo Kaito se había vuelto callado y retraído, cosa que no era común en el sociable, alegre y cariñoso Kaito que ella conocía. No le prestó más atención y llevó a las niñas a su cuarto.
Kaiko siempre había querido una hermanita menor y ahora tenía dos, dos lindas niñas que la querían pese a que apenas se conocían, ambas huérfanas como ella. Pero al parecer habían sufrido más. Entraron al cuarto, donde Miku se sentó en un banco frente a un espejo, Kaiko se paró detrás de ella y tomó un cepillo, mientras la pequeña Rin se había recostado en la cama de la mayor de los Shion.
La chica de cabello azul pasaba el cepillo por los exóticos cabellos de Miku, esa niña le parecía de lo más linda, a su parecer, Miku era la que más quería a Conchita, cuando hablaba de ella, se expresaba igual que Kaito al hablar de la princesa Vanika, al parecer Miku le tenía mucho amor a esa dama, un amor tan profundo como el de una hija a su madre. Trenzó su largo cabello en una sola coleta y la ató con un listón azul que le quedaba precioso a la chiquilla de quince años de edad.
—Gracias, Kaiko —dijo la chica al verse y salió de la habitación dejando solas a Rin y Kaiko.
Kaiko tomó entre sus manos el rubio cabello de Rin y comenzó a cepillarlo.
— ¿Hermana?
— ¿Qué ocurre Rin? —preguntó la mujer de cabello azul.
—Yo no quiero una trenza como la de Miku —dijo la rubia.
— ¿Y quién te dijo que te voy a hacer una trenza? —preguntó Kaiko sonriendo.
Rin no dijo nada y dejo que Kaiko la peinara. Rin, era una niña muy dulce, cuando no estaba enojada, al parecer de Kaiko, esa niña y su gemelo eran lo más tierno que había visto en su vida, ambos parecían dos adorables muñecos rubios, de piel blanca y ojos azules, simplemente encantadores, de seguro que si a Rin le ponía un vestido como los que había usado la princesa Rilliane se vería como toda una aristócrata.
Sonrió y continuó cepillando los rubios cabellos de la pequeña.
Mientras tanto, en la cocina, Kamui miraba asombrado como Kaito picaba a gran velocidad un poco de fruta, sin siquiera parpadear y con cortes precisos.
— ¡Increíble, parece que el viento es el que corta la fruta! —dijo asombrado.
Kaito terminó con su labor, soltó el cuchillo.
— ¡Es increíble, no puede ser normal cortar algo tan rápido! —dijo aún con sorpresa Kamui.
Kaito hizo solo un sonido inentendible y le dio la espalda a Kamui.
—No pensé que fueras tan callado —dijo Kamui apartando la vista del muchacho.
Kaito no respondió y en silencio salió de la cocina, rumbo al jardín. Suspiró y caminó hacia donde se encontraban plantadas las especias que Len cuidaba.
—Señorita, la merienda está lista —dijo aquel día que entró a la biblioteca.
Había entrado sin tocar la puerta, al parecer ese había sido su error, de haber tocado, tal vez no habría visto a Conchita haciéndose un corte en la mano.
—Ah…, Kaito… —dijo entre quejidos —cierra… la puerta… —atinó a decir con una mueca de dolor.
Kaito corrió junto a ella y vio el corte, que no era tan grande pero sí profundo, ella se quejaba y la sangre escurría por su mano y empezaba a resbalar por su brazo.
—Dame… la copa… —dijo entre quejidos.
— ¿La copa? —preguntó asustado.
Conchita le señaló con la otra mano una copa de cristal que se encontraba sobre una mesita, Kaito inmediatamente se la dio y lo que ocurrió después lo dejo sorprendido…
Conchita había puesto la sangre que salía del corte en la copa, la dejó a un lado y cubrió el corte con un pañuelo.
Kaito estaba paralizado.
—No vuelvas a entrar sin tocar —dijo Conchita sin mirar al chico.
—Perdóneme señorita, no volverá a ocurrir —dijo asustado por lo que acababa de ver.
Conchita se volteó y miró al chico que se encontraba pálido. Aun mirándolo, tomó la copa y una botella de vino de la mesita y vertió un poco sobre la sangre y le dio un sorbo sin darle importancia al hecho de que Kaito la miraba.
—Solo así, consigo que el vino tenga un delicioso sabor y un hermoso color carmesí, no digas nada de esto a los demás —dijo viendo como el chico se ponía cada vez más pálido.
Kaito asintió aún asustado. Conchita dejó de lado la copa y se acercó al chico, puso sus manos sobre sus pálidas mejillas, lo acarició un poco y sin previo aviso le mordió la mejilla derecha. Sin decir nada también le mordió la izquierda, provocando que el chico se pusiera enteramente rojo.
—Te hacía falta color, te ves más lindo rojo, que pálido…
Conchita le dio la espalda y continuó bebiendo el vino con sangre.
—Tú eres Vanika… —dijo Kaito aún rojo.
Vanika abrió mucho los ojos y casi se ahoga con el vino que tenía en la boca.
— ¿Perdón? —preguntó volteando a ver a Kaito que estaba mirándola fijamente.
—Estoy seguro —dijo sin quitarle la vista de encima —Tú eres la princesa Vanika. —dijo sin titubear.
Conchita retrocedió un poco ante la mirada fija de Kaito.
—Te equivocas —dijo nerviosa y el pañuelo que tenía en la mano se le calló.
Kaito avanzó hacia Conchita, la tomó por los hombros y la pegó a la pared.
Conchita lo miró asustada.
—No mientas tu nombre no es Conchita, tu nombre es Vanika Lucifen D'Autriche, eres prima de la princesa Rilliane Lucifen D'Autriche, hija del príncipe Dustin Lucifen, heredera legítima del trono de Lucifenia, tienes veintiún años, cumplirás veintidós en noviembre, tu color favorito es el rojo, tu comida debe ser condimentada antes de servirte, porque te encanta, tu mayor deseo siempre fue ser reina —dijo mirándola fijamente.
—Kaito, si no me sueltas gritaré —dijo ella intentando quitarse al chico de encima.
—Te soltaré si admites que eres Vanika —dijo.
—Yo no soy Vanika, como ya te dije mi nombre es Concepción Behemoth, mis padres fueron Agustín y Dulcinea Behemoth, duques de Beelzenia, por eso mi castillo está al límite de este pueblo tengo veintiún años sí, pero cumplo veintidós en mayo, déjame ir —dijo a punto de gritar.
Kaito parpadeó un par de veces y miró a la mujer a sus castaños ojos que amenazaban con llorar, la miró fijamente unos instantes y lentamente la tomó entre sus brazos, le acarició el cabello y le dio un beso en la cabeza.
—Perdóneme, no volverá a ocurrir, la merienda está lista —le susurró y salió rápidamente de allí.
Kaito llevó sus manos a su rostro intentando alejar aquel recuerdo, había levantado acusaciones falsas a la duquesa de Beelzenia, dueña de ese hermoso castillo y que ahora le daba trabajo, se sentía terrible, pero ella parecía tan tranquila y parecía haber olvidado el incidente. Intentó ahogar un grito de desesperación con sus manos y decidió volver a la cocina.
Un fuerte y desgarrador gritó sonó por todo el castillo provocando que Kaito se asustara, aunque tal vez no fuese el único. Sin pensarlo, corrió hacia el interior del castillo y subió las escaleras y sin importarle si era correcto o no entró a la habitación de Conchita esperando que no se hubiese hecho un mal corte.
Al ver a la dama gritando y retorciéndose en su cama, corrió a su lado y la tomó entre sus brazos fuertemente para evitar que siguiera moviéndose, pero fue inútil, Vanika lo golpeaba mientras continuaba retorciéndose de dolor y sujetando su cabeza.
— ¡DUELE!—Gritó con las manos en la cabeza — ¡DETÉN EL ZUMBIDO!, ¡DETÉN EL MALDITO ZUMBIDO! —Gritó con las manos fuertemente apretadas en sus oídos y golpeándolo, de sus ojos salían lágrimas.
Rápidamente a la habitación entró corriendo Kaiko quien horrorizada vio la escena sin saber qué hacer y un par de minutos más tarde entro Luka seguida por Miku y Rin quien llevaba el cabello despeinado.
— ¡Hermana, sujétale las piernas! —gritó a una asustada Kaiko.
Kaiko asintió y con mucho esfuerzo logró sujetarle las piernas, a lo cual Kaito le sujetó los brazos separándoselos de la cabeza y logrando que quedara recostada boca arriba, pero aún continuaba moviéndose, gritando y llorando.
— ¡Señora Kamui sujétele el brazo derecho! , ¡Pequeña Miku sujétale el izquierdo! —gritó el chico a las mujeres que miraban horrorizadas aquello.
Ambas obedecieron y con fuerza sujetaron a Conchita.
Kaito tomó la cabeza de la dama y la sujetó frente a él.
— ¡Señorita! ¡Míreme! —Gritó pero la dama continuaba gritando, llorando y tenía los ojos cerrados — ¡Señorita míreme por favor! —Gritó pero la dama continuaba igual — ¡Conchita! —Gritó Kaito desesperado — ¡Conchita mírame! —Gritó pero no resultó, Conchita seguía dando gritos desgarradores de dolor — ¡Soy Kaito, Mírame, por favor Conchita! —Gritó pensando en si eso resultaría.
— ¡ME DUELE MUCHO! ¡KAITO AYÚDAME! —Gritó la dama y abrió un poco los ojos.
— ¿DÓNDE?, ¿DÓNDE TE DUELE? ¿TE HAS CORTADO? ¿ESTAS SANGRANDO?—Gritó el chico desesperado.
— ¡NO! ¡LA CABEZA! ¡ME DUELE, VA EXPLOTARME! —Gritó la dama.
— ¡CONCHITA, MÍRAME! —Gritó sujetándola por las mejillas.
Conchita abrió los ojos con dolor y se encontró con un par de ojos azules mirándola preocupados.
—Te prometo, que ya no te va a doler, por favor, solo quédate quieta, por favor resiste Kamui fue por el doctor, solo resiste un poco —le dijo.
— ¡KAITO, DUELE MUCHO MÁTAME! —Gritó cerrando nuevamente los ojos, al sentir una punzada de dolor.
— ¡MÍRAME! —Gritó el chico y Conchita abrió nuevamente los ojos con dolor —No me pidas eso —dijo el chico —No pienso matarte, ni dejarte morir, ¡Prefiero morir yo a que mueras tú! —Gritó, Conchita abrió más los ojos y vio al Kaito más preocupado que había visto en su vida —Por favor, resiste un poco —le dijo— Vamos resiste Conchita, por favor…—escuchó en un susurro.
— ¡KAITO, DUELE! —Gritó la dama.
Kaito no sabía qué hacer, no quería que la dama muriera de dolor, no quería que siguiera gritando. Lo único que se le ocurrió fue continuar diciéndole que todo estaría bien. Pasaron veinte largos minutos, donde lo único que hizo fue hablarle, mientras intentaba que no gritara más, hasta que llegó el doctor y le inyectó un poderoso remedio contra el dolor. Su cuerpo se relajó, había dejado de llorar y se había quedado profundamente dormida…
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