DISCLAIMER: El software Vocaloid, la novela escrita por Akuno-P y las canciones a las que se hace mención no son de mi autoría y no me pertenecen, lo único que es mío es la trama y los personajes secundarios.

NOTAS: YEIII! Por fin actualicé, pido una disculpa a todos por actualizar hasta apenas con prácticas profesionales y todo eso cada vez tengo menos tiempo para escribir y conforme voy publicando apenas y vamos alcanzando la mitad de la historia, pero en fin espero y les guste. : 3

ACTO XIII.- FAME ET PECCATUM

—Señorita, ¿le gustaría que le subiera algo de comer? —preguntó Kaiko al ver a la dama mirando el techo.

—Jugo de naranja y fruta picada con miel y pimienta encima, no te tardes —dijo sin siquiera parpadear.

—En seguida —dijo Kaiko.

Habían pasado dos días desde el dolor intenso que Conchita había sufrido en la cabeza, el cual el doctor no había podido explicar, solo le había mandado medicina para el dolor y los nervios, además de recetarle unas ventosas y unas cuantas sanguijuelas, pero desde ese día, su apetito había aumentado y además no pedía las cosas como siempre diciendo un "Sí claro" o un "Por favor", a la servidumbre le inquietaba el hecho de que ni su expresión cambiara cuando hablaba y ahora añadiera frases que jamás empleaba al pedir cosas como: "no te tardes" o " Apresúrate y tráelo".

—Y Shion, en cuanto traigas eso, vas a ir al pueblo y me traerás al sacerdote —dijo aun sin inmutarse.

—Sí señorita —dijo un poco desconcertada la chica de cabello azul y salió de la habitación.

Luka era la más preocupada, Conchita la estaba asustando, en todo lo que llevaba en el castillo ella nunca le había hablado grosera y exigentemente a nadie de la servidumbre. ¿Y si el pecado en ella comenzaba a avanzar? "Tal vez solo sea parte de su enfermedad, no hay de qué preocuparse ¿O sí? Se preguntaba sintiendo más miedo que seguridad.

Vanika pasaba horas mirando al techo, de vez en cuando temblaba, sentía demasiado frio, le dolía el pecho y la espalda.

— ¿Estoy enloqueciendo? —Se preguntó en voz baja y se acomodó entre sus sábanas e intentó alejar aquella pregunta de su mente.

Kaiko subía las escaleras con una bandeja en la cual llevaba lo encargado por Conchita. Estaba preocupada, por ella y su extraña enfermedad.

"¿Por qué preocuparte por ella si ya se echó a perder?" Escuchó y volteó buscando de donde venía esa voz que tenía un gracioso tono a sus oídos.

Al no encontrar nada, terminó de subir la escalera y caminó por el pasillo hasta quedar frente a la habitación de la dama.

"Ella está perdida". Escuchó y volteó encontrándose con su reflejo.

Ojos grandes de color azul marino al igual que su cabello que le llegaba al hombro, nariz afilada, labios gruesos, de expresión confundida, vistiendo una blanca filipina que indicaba su profesión y llevando una bandeja de plata en las manos. Así se veía en la superficie de aquél espejo grande con marco de plata.

"Mírate, eres preciosa". Escuchó en su cabeza, "Cualquier hombre daría lo que fuera por tener a una chica tan preciosa como tú de esposa". Escuchó.

Kaiko sonrió y se acercó más al espejo.

"Kaiko Shion, eres preciosa mucho más que Conchita, tus ojos tienen el color y el brillo del zafiro mientras que los de ella tienen el color y la inmundicia del barro, tu cabello de color del mar, es sedoso y suave, tus labios son delicados y sonrosados como dos pétalos de la flor más hermosa y tus suaves manos tienen la capacidad de crear manjares únicos". Escuchó y sonrió mirándose coquetamente. "Tú no deberías estar sirviendo y cocinando para nadie, tú mereces más que esto, tú mereces vivir en un castillo, mereces ser atendida, tratada con admiración y respeto, tú naciste para ser como una noble, como una princesa a la que le cumplen todos sus caprichos, eres mejor que Conchita, eres mejor que Rilliane, eres mejor que ellas dos juntas". Escuchó y asintió. "Kaiko Shion, yo sé cómo puedes convertirte en una princesa, yo sé cómo darte lo que deseas". Escuchó y abrió más sus ya grandes ojos. "Tan solo debes escucharme a mí, soy un espejo mágico, he llevado a muchas personas a conceder sus deseos, hagamos un trato…".

— ¿Dónde está mi comida? —se escuchó en un grito proveniente de la habitación.

Kaiko parpadeó un par de veces, agitó la cabeza, se dio la vuelta y entró a la habitación de la dama.

—Disculpe la tardanza señorita—se disculpó y puso la bandeja sobre las piernas de Conchita.

Conchita miró a la chica de cabello azul y posteriormente le dio un vistazo a su comida, sin decir nada más tomo un tenedor y comenzó a introducir a su boca los trozos de fruta condimentada y dulce sin dejar un espacio de tiempo para introducir otro, provocando que el jugo producido por la fruta con cada mordida le escurriera por la boca.

— ¿Puedo retirarme? —preguntó con cierta incomodidad la Sous chef.

—No, terminare con esto en un momento —respondió la dama con la boca llena.

Kaiko la miró con cierta repugnancia y volteó hacia la puerta deseando salir de allí.

Conchita continuaba metiéndose a la boca los trozos de fruta y manchando su cuello y ropa de cama con el jugo, masticaba y tragaba lo más rápido que podía, sin siquiera mirar a la chica de cabellos azules que la miraba con asco. Se terminó toda la copa de fruta y decidió terminar de tragar lo que tenía en la boca bebiéndose el jugo de naranja que también escurrió ensuciando todo a su paso.

La Sous chef sintió su estómago revolverse y por un momento pensó que vomitaría, jamás en su vida había visto a alguien comer de esa forma, ni siquiera a los prisioneros del lugar en el que trabajó. La dama comía como si fuese un animal…

—Shion, quiero que me traigas sopa, ensalada, carne, puré de papas, pan y demás cosas que se encuentren en el menú de hoy—dijo fijando sus castaños ojos en los de la Sous chef —tráelo lo más rápido que puedas y no olvides que necesito que vallas al pueblo.

—Si señorita, subiré lo que ha pedido y después iré —dijo mirándola y se dispuso a salir de allí con la copa y el vaso vacío en la bandeja.

Conchita suspiró y tocó su estómago, pasó sus manos por su cara y al sentirla pegajosa tomó la sábana que la cubría y se limpió con ella el jugo de fruta que manchaba su cara y cuello y al finalizar la arrojó al suelo.

—La fruta no me quitó el hambre, espero que no se tarde —pensó.

Un par de golpes sonaron en la puerta.

—Adelante —dijo y vio como la puerta se abrió para dar paso a Luka, la cual llevaba una cubeta.

—Señorita es hora de ponerle las sanguijuelas y ventosas, por favor recuéstese boca abajo —dijo con paciencia.

Conchita la miró un momento, se quitó el camisón y se recostó mostrando a Luka su espalda desnuda, la cual estaba marcada por varios círculos de las ventosas del día anterior y marcas de mordidas de las sanguijuelas que le habían puesto en la espalda.

Sin decir nada Luka sacó a los animales de la cubeta y comenzó a poner uno por uno, sobre las marcas que habían dejado, también sacó alrededor de seis vasos de vidrio, una botella de alcohol, un retazo de tela y una vela. Sumergió la tela en el alcohol, lo metió al vaso y embarró todo el interior, se acercó a la lámpara de petróleo de la habitación y encendió la vela, acto seguido le prendió fuego al alcohol con el propósito de acabar con todo el oxígeno del recipiente, aun con el interior del vaso ardiendo en llamas y con sumo cuidado lo puso sobre la espalda de Conchita cubriendo una de las sanguijuelas y haciendo succión sobre su blanca piel, que ahora tenía un tono rojo que comenzaba a tornarse morado, repitió el mismo procedimiento para los otros cinco vasos que tenía que ponerle. Todo aquello con el fin de que la dama sanara de aquel dolor que la había aquejado un par de días atrás.

—Regresaré en una hora señorita, por favor manténgase quieta —dijo Luka a la dama quien solo respondió con una señal afirmativa con su cabeza.

Al salir Luka, se encontró con Kaiko de pie frente al espejo de marco de plata que se encontraba afuera de la habitación, justamente como cuando había llegado, tenía la bandeja de plata con los trastes sucios en las manos y se miraba embelesada en la superficie plateada de aquel objeto producto de vanidad.

—Kaiko, ¿No deberías estar preparando la comida de la señorita? —preguntó al darse cuenta de que la joven de cabello azul ni siquiera parpadeaba.

—Ya casi es hora —Dijo en voz baja la chica de cabello azul.

— ¿Hora de qué? —Preguntó preocupada la mujer de cabello rosa.

La Sous chef susurró algo inentendible y parpadeó un par de veces, se llevó una de sus manos a los ojos y sacudió la cabeza, como si de pronto hubiese despertado de un trance, miró a Luka un tanto confundida y sin decir nada bajó las escaleras rumbo a la cocina. Luka se quedó confundida y se dispuso a hacer el quehacer del castillo.

Kaiko estaba confundida, se sentía un poco aturdida y fuera del lugar, además de que Luka se la había quedado viendo de manera extraña. Llegó a la cocina y se dispuso a servir la comida para su patrona.

—Kaito, ¿Esta listo el puré de papa? —preguntó a su hermano, el cual la miraba confundido.

— ¿Hermana, estás bien? —preguntó el muchacho al ver que su hermana entraba a la cocina y empezaba a servir platillos mientras susurraba frases inentendibles.

—Claro, me siento bien —dijo sin entender el porqué de la pregunta.

— ¿Segura, no quieres que haga algo por ti? —preguntó preocupado el chico.

Kaiko lo miró extrañada, de pronto recordó a Conchita y en cómo había comido la fruta y había bebido su jugo, además de aquellas nauseas que le habían dado al verla, le sonrió a su hermano menor y le dijo:

—De hecho hay algo, ¿Podrías llevarle su comida a la señorita Conchita?

Kaito negó con la cabeza y su cara tomó un leve color rojo.

—Vamos Kaito, por favor —suplicó — además tengo que hacer un encargo que ella me pidió y ya voy tarde —mintió para que el chico aceptara.

Kaito suspiró y no tuvo otra opción que aceptar, de todas formas solo subiría la bandeja de comida, pero aun así no podía evitar que sus mejillas se sonrojaran, ni podía evitar que su corazón se acelerara y comenzara a sentirse nervioso. Sin decir nada a su hermana, terminó de servir los platillos, los puso en una bandeja y se dispuso a subirla.

— ¡Gracias! —escuchó de la voz de Kaiko antes de que abandonara la cocina.

Subió lentamente las escaleras, llevando la bandeja con platillos calientes con solo una mano, al llegar arriba se paró frente a la puerta y tocó un par de veces.

—Adelante —se escuchó proveniente de la voz de la dama.

Kaito abrió la puerta y por poco tira la bandeja que llevaba al ver a la dama.

Conchita estaba recostada boca abajo, estaba desnuda y cubierta de ventosas y solo una sábana le cubría la cadera y apenas acariciaba su cintura, un poco más abajo, entre los pliegues de la sábana se marcaban un poco sus piernas, por lo que el chico solamente pudo imaginar un par de muslos femeninos llenos y bien formados.

Un sonrojo cubrió su rostro y sintió su cuerpo llenarse de calor.

—Shion, pon la comida sobre el tocador —dijo la dama pensando que quien había entrado era la joven de azules cabellos.

El chico tragó saliva y contuvo la respiración, sin poder quitar su vista entre el límite de la sábana y la espalda de la dama, puso la comida en el lugar indicado, sin pensar siquiera en lo que pasaría si la dama lo veía.

Conchita se percató de la presencia del chico y decidió no darle mucha importancia que la viera así, aunque se tratara de un hombre, vio al chico poniendo la comida en el mueble, le pareció que trataba de no mirarla, sonrió y extendió una de sus manos hacia él.

—Kaito— dijo logrando tocar la parte de debajo de la filipina del chef — ¿Me quitarías la ventosa que tengo justo a la mitad de la espalda? —Preguntó y se dio cuenta de que el muchacho había cerrado los ojos — me está lastimando —dijo.

Kaito asintió, aún rojo, abrió los ojos y acercó su mano temblorosa a la ventosa en cuestión, con mucho cuidado quitó el vaso de la ya morada piel de la dama y con sus dedos nerviosos tomó lo más delicadamente posible la sanguijuela que se encontraba succionando su sangre, la puso dentro del vaso y lo hizo a un lado, una vez hecho esto observó como la piel de la dama recuperaba su color, y como quedaba marcada con el rededor del vaso y los colmillos de los animales chupasangre.

—Kaito, dime ¿Por qué no hablas conmigo? —pregunto la dama de pronto.

El muchacho no supo que contestar, se tornó un poco más rojo y cerró los ojos, Vanika por su parte lo observaba, su objetivo era recuperar todos esos años que la ignoró, quería recuperar a su mejor amigo, quería volver a platicar con él como antes lo hacían, quería continuar aprendiendo de él. Quería sentirse especial otra vez, quería sentirse como la princesa que era para él. Pero, desde el incidente de la copa, el vino y la sangre, simplemente, él no podía decirle más de tres palabras sin que sus mejillas se sonrojaran o que sus ojos la evitaran, tal vez había sido su error al no tener el valor de confesarle que en verdad ella era la princesa, pero tenía miedo de que el hablara con todos, de que la rechazara y nunca más quisiera volver a verla, tenía miedo de descubrir el motivo de que la ignorara mucho tiempo atrás, tenía miedo de que le dijera que la odiaba o despreciaba.

—Solo soy un sirviente. —dijo interrumpiendo los pensamientos de la dama —desde pequeño me enseñaron que no debo entablar nada más que una relación de respeto hacia mis amos sin usar más que frases de cortesía —dijo y acto seguido le dio la espalda a la dama.

Conchita parpadeó extrañada, Kaito nunca había sido de esa forma, definitivamente le había pasado algo.

—Tu no eras así... —dijo en voz baja captando la atención de Kaito.

—Disculpe, no entendí lo que dijo —dijo confundido el chico volteando a ver a la dama.

—No es nada, solo que me gustaría hablar más contigo —dijo mirándolo de pie frente a ella —llevar una comunicación buena entre chef y comensal, mi paladar es muy exigente y como chef principal supongo que deberías saber mis gustos y cómo quiero mis comidas —dijo sin siquiera parpadear — ¿Te parece bien, Kaito? —preguntó.

Kaito se quedó callado un momento, lo que había dicho la dama tenía sentido para él, para lograr ser eficiente tenía que conocer los gustos de su comensal y tenía que saber si algo no le agradaba o que cantidad de especias debía usar para cocinar.

—Me parece bien —dijo un poco de nervioso —señorita, cualquier cosa que necesite, le disguste o simplemente quiera decirme, la escucharé y trataré de hacer lo posible porque usted este satisfecha con mi trabajo —dijo con un ligero color rojo en las mejillas.

Conchita sonrió y miró al chico fijamente.

—Por supuesto Kaito, o que diga... —dijo nerviosa — Chef...

—Buen provecho, señorita —dijo sonriente el chef — ¿Me puedo retirar? —preguntó al darse cuenta que era inapropiado que estuviera ahí.

Conchita parpadeó y la repentina idea de que Luka entrara y al ver a Kaito armara un escándalo le hizo darse cuenta de que algo estaba mal en la pequeña charla que estaban teniendo.

—Claro —dijo — y Chef, no mencione que estuvo aquí, no quiero que se arme un alboroto —dijo la dama y puso su cabeza sobre la almohada.

Kaito mustió un pequeño "Sí, por su puesto" y salió rápidamente de ahí, se recargó en la puerta y soltó un suspiro que se perdió en el pasillo, cerró los ojos y no pudo evitar que la imagen de la espalda de Conchita repleta de ventosas volviera a su mente. Sintió como su corazón se aceleró y su cuerpo se llenó de calor, agitó la cabeza pero solo provocó que su imaginación recompusiera la imagen quitándole las ventosas a la dama y marcando sus piernas en la sábana.

Abrió los ojos un poco acalorado y se encontró con su reflejo, ojos azules al igual que su cabello el cual le cubría la frente, con el largo hasta el cuello, nariz gruesa al igual que los labios, vistiendo una roída y vieja filipina blanca que más bien ya parecía gris. Su cara estaba enteramente sonrojada, agitó su cabeza y apartó el cabello de su frente dejando al descubierto una cicatriz de una profunda herida provocada por una botella que se rompió al impactar ahí, justo en la revuelta que se armó cuando la princesa Rilliane fue capturada.

"Tan solo mírate, ¡Que guapo eres!", sonó una voz algo extraña en su cabeza.

Se acercó al espejo y se miró detenidamente, no se consideraba atractivo, hizo una mueca frente a la superficie plateada de aquel objeto y sonrió.

—Debo afeitarme —dijo en voz baja al haber notado que en su barbilla y labio superior habían empezado a crecer unos delgados vellos azules.

"Podrías conquistar a cualquier mujer", escuchó en su cabeza, Kaito rio y se alejó de aquel lugar pensando solamente en que no debía ser tan descuidado con su aspecto, después de todo ya no trabajaba más en una prisión ahora estaba en un castillo y debía considerar que su patrón no era un director gordo y viejo si no que ahora trabajaba para una duquesa joven y hermosa.

El sonrojo volvió a su cara cuando su mente le trajo de vuelta la imagen de la dama con la espalda llena de ventosas y una sábana cubriendo una desnuda y delicada piel femenina.

*FAME ET PECCATUM = El hambre y el pecado