NOTAS: chan, chan, chan, a que no se esperaban eso de Kaiko, y se pone mejor. ¡Por fin actualización! ¡Estoy muy feliz!, Bueno no tan feliz por todo lo que le ocurrirá a Vanika, ya vamos por la mitad, la locura se viene con todo, muchas gracias a todos los que leen y me comentan, gracias por seguir la historia hasta este punto.

Ok, primero que nada recalco que Fray Joseph me cae mal al igual que el lambiscón de Anthony, pero de alguna forma es entretenido pensar como en ellos dos al igual que sus ambiciones. Meterme en la cabeza de Kaito es muy raro (me siento tan pervertida cuando pienso así de Vanika) y el resultado no se lo amo (solo quería decir esto).

Disfruten de este acto.

ACTO XV. CONIURATIONIS ET DESIDERIUM

Parte I. – El Plan.

"La traición a la patria será castigada…"

Fray Joseph suspiró y se sentó en una mullida silla cubierta de terciopelo morado, cerró los ojos y llevo sus dedos a las sienes.

Las cosas comenzaban a empeorar.

Frente a él y en una pequeña silla de madera se sentó Anthony, el antiguo ministro real el cual lo observó con una expresión preocupada.

—Gumina Glassred se fue —dijo tras una larga pausa el arzobispo.

— ¿Y eso es malo? —preguntó Anthony.

El arzobispo le dirigió una mirada fulminante y sintió un amargo sabor en los labios.

—Lo es —dijo con un tono de enfado — ¿Sabes tú, cuánto dona mensualmente la familia Glassred a esta catedral? —preguntó.

—Lo ignoro —respondió.

—Trescientas piezas de oro mensuales, lo que es mucho menos de lo que la princesa dona, pero no por eso es mal recibida —respondió y volvió a llevar su mano a la cabeza.

—Aun no entiendo que tiene que ver la desaparición de la señorita Gumina —dijo francamente el ex ministro.

— ¡Las donaciones se afectaran! —Exclamó enojado — ¿Tienes idea de que pasaría si la familia Glassred retira su donación al templo debido a la desaparición de su hija? —Preguntó enojado el cura.

— ¿Pero y si en lugar de eso las donaciones aumentan, con tal de recuperarla sana y salva? —preguntó el ministro.

Fray Joseph puso cara seria, no lo había considerado, tal vez su miedo comenzaba a cegarlo.

Miró instintivamente y de forma muy nerviosa hacia el pequeño altar que ahí se encontraba, justo debajo de la piedra que formaba el altar había un baúl escondido, repleto de oro…

—No lo había pensado así — dijo sin apartar su vista del altar.

El arzobispo temblaba, tenía miedo, el tiempo se le estaba agotando, hacía bastante tiempo que a sus oídos había llegado la noticia de que la corte que se había formado tras el derrocamiento de la princesa Rilliane, pensaba separar la iglesia del estado. ¡Qué horror! ¡Era inaceptable, todos los bienes y oro que el gobierno le brindaba le serían retirados! ¡Todo se iría a la perdición! ¡El pueblo se volvería apóstata! ¡Harían todo cuanto quisieran, lo que incluiría inmundos ritos paganos!, lo que había comenzado con un rumor parecía ir en serio, pues la corte veía con muy malos ojos todas las acciones realizadas por el santo oficio, al parecer les parecía grotesca la quema de brujas, herejes y apóstatas al igual que todas las torturas que se utilizaban en contra de los acusados a estos crímenes.

Para evitar la separación tenía un plan, un plan que se vino abajo por culpa de la actriz principal; la separación se evitaría, gracias a que la heredera legítima al trono tomara posesión y la corte no tendría nada que ver en esa decisión y todo quedaría igual debido a la gran devoción de la princesa Vanika al ser supremo llamado Dios. Pero ella se había negado sus intereses no incluían su derecho.

Sin embargo, ahora tenía otro plan. Al momento de la separación de iglesia y estado, el tomaría todo el oro posible y huiría a otro país liberándose de todo y pudiendo vivir una vida pacífica sin preocupaciones, pero debido a la pobreza generada por la revolución la gente del pueblo no había podido recuperarse en su economía, así que tenía suerte si lograba juntar cerca de dos monedas de oro por mes en donaciones, colectas y limosnas.

— Su paternidad, ¿Se encuentra usted bien? —Preguntó Anthony al ver al padre hundido en sus pensamientos.

— Sí claro — respondió y paso su mano por su cabeza la cual tenía un poco de sudor frío —Solo estaba pensando un poco en este problema. —Dijo —Además la fiesta de Corpus se aproxima y aún faltan muchos preparativos… —dijo tratando de apartar su vista del lugar donde su oro se encontraba escondido.

— ¿El Corpus? —preguntó Anthony algo pensativo.

— ¡Sí hombre, es en menos de un mes! —respondió el padre con cierta preocupación y cerrando los ojos para ya no ver más el lugar donde su riqueza estaba escondida.

— El Corpus… —susurró Anthony — Una fiesta muy grande…

Fray Joseph miro con cierto interés al ex ministro

— ¿En qué piensas hombre? —Preguntó el padre…

— El Corpus es una fiesta enorme ¿Cierto? —Preguntó ante la mirada confundida del obispo —Vienen funcionarios, nobles, las hermanas de una gran parte de los conventos, frailes, sacerdotes, el santo oficio y uno que otro funcionario de gobierno —dijo —Es una oportunidad maravillosa. —Dijo sonriendo.

— ¿A qué te refieres? —preguntó aturdido Fray Joseph.

—Mire, si el santo oficio, los sacerdotes, los nobles y algunos funcionarios del gobierno se enteran que la princesa Vanika sigue en el país y que no sólo eso sino que está perfectamente sana de sus facultades mentales y nadie del pueblo le ha hecho daño ¿No cree usted que la obligarían a tomar su lugar correspondiente? —preguntó.

—Vale, me parece buena idea pero, ¿Y si se niega ante todos? —preguntó desconfiado el obispo.

—No lo hará, usted cree que si niega su derecho ¿El santo oficio no la condenará? ¿Usted cree, que ella esté dispuesta a que la torturen y maten al negarse a su derecho o al ser acusada apóstata por oponerse a la voluntad de Dios quien quiere que ella nos gobierne? O cree que alguna parte del gobierno ¿No la condenara por faltar a la ley de su nación? —preguntó mirando fijamente a Fray Joseph.

La cara del arzobispo se iluminó de pronto, era lo mejor que le habían dicho hasta ahora.

—Tienes razón, ¡Es la mejor idea que has tenido! —Exclamó. —Pero, ¡Hombre dime, ¿Cómo haremos eso?! —pregunto emocionado.

—Sencillo su paternidad, usted es la clave —dijo el hombre con una sonrisa en el rostro

— ¡HABLA CLARO, HOMBRE! — gritó el arzobispo poniéndose en pie.

Anthony rio dejando al descubierto una chueca y amarilla dentadura, movió la cabeza negativamente y miró fijamente al arzobispo.

—Su paternidad, tenga paciencia y escuche atentamente mi plan, por favor sea tan amable de tomar asiento —dijo.

Fray Joseph puso una cara seria y rechinando los dientes tomó asiento sin apartar su vista del antiguo ministro.

—El plan es el siguiente, el Corpus es dentro de un mes ¿cierto? —Preguntó y Fray Joseph afirmó con un movimiento de la cabeza—pues usted personalmente irá a ver a la princesa a su castillo invitándola a una comida especial por esta celebración, lo mismo hará para unos cuantos cardenales, funcionarios de gobierno y miembros del santo oficio —dijo seriamente —procure que sean los más importantes, una vez hecho eso y en cuanto la princesa llegue a la "comida" usted le pide hablar en privado y ahí es donde yo también entro al juego, ambos le diremos que es su última oportunidad de tomar su derecho al trono y la amenazaremos con entregarla al santo oficio en caso de negarse —dijo y suspiró —¡Este plan no puede fallar! —dijo sonriente.

Fray Joseph sonrió, aquello sonaba de maravilla, aquella comida de celebración sería el montaje perfecto para una trampa, una trampa para asegurar su futuro y defender sus intereses, un plan que no podría fallar.

— ¡Anthony, un placer hablar con vos! — Exclamó levantándose de su mullida y elegante silla —Procedo a retirarme, hay una persona muy enferma que necesita mi visita —dijo estrechándole la mano.

Anthony sonrió mostrando toda su amarilla y chueca dentadura.

— ¡Vaya pues su paternidad, no puede hacer esperar a alguien que está postrado en una cama! —dijo estrechando la mano de Fray Joseph y se puso de pie.

Ambos hombres intercambiaron miradas llenas de burla y se dispusieron a salir de la habitación en la que habían formulado su "perfecto plan".

Parte II.- Deseando lo prohibido.

"Y su piel simplemente era algo inalcanzable y debido a ello, deseaba con ansias locas tocarla y hacerla mía"

En la habitación no se escuchaba más que el ruido del movimiento del agua al chocar contra el rostro de aquel muchacho, el cual al terminar se secó con la filipina que se había quitado y se miró al espejo que tenía en el mueble de la habitación. Miró fijamente su rostro enrojecido un poco a consecuencia de que momentos antes había pasado una navaja eliminando todo vello que crecía sobre su labio y mentón.

En el espejo podía ver su torso completo. Miró parte de su hombro en donde tenía una marca que bajaba hasta su pecho. Sin pensar, se quitó la camiseta y se miró, su pecho desnudo tenía una enorme marca, más oscura que el color de su piel, la cual era la marca que más le había dolido en toda la vida.

—Padre, quiero ser el mejor chef de esta cocina —dijo aquella vez.

— ¿Crees tener lo necesario para serlo? —preguntó el mayor de los Shion.

—Lo tengo —dijo seguro de sí mismo.

Aquella vez su padre lo puso a servir platos y llevarlos en enormes bandejas, no sin antes mostrarle como debían llevarse y cuál era la postura correcta. El muchacho practicó con la bandeja vacía y le pareció simple, el peso no era problema él era fuerte, siempre se había considerado así, pero la realidad era otra, al momento de poner los platos llenos y sentir el calor que estos transmitían, sintió su brazo doblarse cediendo no solo al peso de la bandeja, intentó resistir lo más que pudo, llevó dos bandejas en dos viajes y con esfuerzos puso los platos sobre la mesa tratando de no regar nada, pero su hombro no resistió un tercer viaje, la comida hirviendo calló sobre su hombro y pecho provocándole una enorme quemadura; paso su mano por la marca recordando el dolor que tuvo, no solo físicamente.

— ¿Y decías tener todo lo necesario para ser el mejor en esta cocina? —preguntó el chef principal al ver a su hijo tirado en el piso con cara de dolor. — ¡Ahora levántate, ponle algo de jitomate a las quemaduras, vas por un trapeador, limpias tu asqueroso desastre y lavas la bandeja y lo que no esté roto! —dijo sin siquiera ayudarle a levantarse.

De alguna forma lo frustraba recordarlo, pues jamás logro el objetivo que era el de volver a ver a su princesa y cocinar para ella.

Con pesadez se puso una camiseta, cubriendo su torso casi cuadrado.

"Tan solo mírate. ¡Que guapo eres!" Aquella voz extraña volvió a su cabeza, el jamás se consideró atractivo pues en su infancia fue un chiquillo regordete, sin embargo desde los dieciséis años y a partir del momento en que empezó a esforzarse por ser un gran chef su redondo estómago fue cambiando a uno casi cuadrado, sus brazos fueron tomando fuerza y desarrollaron músculos, su cuerpo regordete se volvió fuerte y robusto, el cuerpo que tal vez algunas mujeres deseaban.

Algunas mujeres del pueblo le decían que era atractivo, e incluso otras fueron más allá del recato confesándole que les gustaría ser su pareja y una que otra descarada o mujer de la vida fácil le expresaba que lo deseaba en su lecho, pero para el no importaba lo mucho que una mujer le expresara sus deseos amorosos o carnales, para él sólo importa su princesa, no importa donde esté, pero ahora en su mente habitan otros pensamientos que considera traición a esa bella dama a la que le profesa secreta (o no tan secreta) devoción.

Se agachó para tomar una de las maletas guardadas bajo su cama, buscando una filipina nueva que su hermana le regaló antes de llegar a ese lugar.

"No deberías seguir vistiendo como pordiosero, compré esta filipina hace meses, quería que la usaras para lo cuándo Tai saliera…, bueno ¡Sólo úsala!". Recordó lo dicho por su hermana.

Sacó la blanca y limpia prenda de una maleta dónde también había un vestido…

El de ella.

Hace tanto que no la ve, seguramente ese vestido ya no le quedaría, puesto que debido al tiempo que había pasado ahora tendría cuerpo de mujer, seguramente hermoso.

Se turbó un poco al a ver dónde lo dirigían sus pensamientos e involuntariamente negó con la cabeza tratando de alejarlos, pero no pudo evitar el seguir pensando. No solía ser esa clase de chico que siempre tiene en mente las curvas de una mujer pero ahora no podía evitar pensar en ello, sus pensamientos de "traición" su princesa lo estaban invadiendo de nuevo.

Las curvas de Conchita se balanceaban lentamente en su mente.

No querían dejarlo en paz, habían pasado poco más de dos horas desde que le llevo alimento a su habitación, había podido observar gran parte de su femenino cuerpo y aún seguía intranquilo, con las manos temblorosas y la mente confundida e invadida por su curvilínea, delicada y bella figura; se preguntaba qué tan suave sería su piel y envidiaba la sábana que cubría su desnudez.

Pero ese momento en que le subió la comida no fue el primero en que se fijó en sus curvas, justamente el día que llegó al castillo fue cuando su mente comenzó a traicionarlo. La silueta femenina conduciéndolo por cada parte del castillo era difícil de ignorar, y más aún era difícil ignorar la hermosa vista que tenía al momento de servir la cena cada noche, pues al estar la dama sentada y debido al tipo de vestidos que usa con un discreto escote, apenas y deja entrever un par de redondos senos oprimidos por la tela del vestido.

A veces se siente extraño, a veces siente que no debería mirar pero hay algo en su mente y en su cuerpo que no puede evitar que lo haga, ¡Estaba enloqueciendo! ¡Enloqueciendo por las curvas de una dama! ¡Una dama que era su patrona!

Con el rostro enrojecido cerró su maleta y se dispuso a ponerse su filipina nueva.

"Kaito", volvió a su mente la voz de su patrona llamándolo por su nombre y sintió la piel erizársele al imaginar su voz diciendo su nombre una y otra vez en distintos tonos; sintió su piel encenderse al imaginar la suavidad de la espalda de la dama, estaba lleno de deseo y de lujuria. Algo que no era natural en él o que acostumbraba reprimir.

Su respiración era otra, sus pensamientos verdaderamente libidinosos, que incluso a él lo asombraba, se imaginaba tocando a la duquesa, llenándole la espalda de besos en las marcas de las ventosas y de caricias los pechos, oliéndole el cabello, llenando de suspiros su cuello y pegándola a su cuerpo en un acto instintivo. ¡Estaba lleno de locura!

"Podrías conquistar a cualquier mujer", aquella extraña voz volvió a su mente y lo turbó un poco, realmente no lo creía, pero ¿Y si el espejo tenía razón?, suspiró y llevó una de sus manos a su rostro, cubrió sus ojos y trató de alejar aquellos pensamientos, pero era imposible la dama y el espejo no se esfumaban.

Unos golpes a su puerta lo sobresaltaron y lo sacaron un momento de sus pensamientos.

—Kai… ¿Puedo pasar? —se escuchó la voz de su hermana al otro lado de la puerta.

Kaito por un momento quiso abrir pero… al darse cuenta de que el calor generado por su cuerpo había hecho algo más que hacerlo sudar, prefirió solamente hablarle a su hermana.

—Me… estoy afeitando y no estoy decente —dijo pegándose a la puerta y con la voz un poco agitada.

—Oh, entiendo Kai… —dijo su hermana —es solo que necesito un abrazo…

— ¿Ocurre algo hermana? —preguntó.

—Es solo que lo odio —dijo ella tratando de ocultar un sollozo.

— ¿A quién? —preguntó Kaito.

—A Fray Joseph, es un odioso, un misógino, un chismoso —dijo casi a punto de llorar —me llamó "lavaplatos solterona" y le dijo a quién sabe quién lo del reo que murió en prisión, ya no lo soporto —dijo con un sollozo.

Sin pensarlo Kaito abrió la puerta y jaló a su hermana del brazo.

—Vamos a ver a ese imbécil ahora mismo… —dijo y jaló a su hermana hasta llegar a la puerta del castillo.

—Kai… por favor no… —suplicó su hermana con cierto temor.

— ¡Buenas tardes, tengan todos ustedes! —Saludó Fray Joseph entrando en el castillo — El motivo de mi visita es para ver a la duquesa Behemoth, me han dicho que está muy enferma —dijo con serenidad.

Kaiko se puso pálida y se aferró a su hermano, Len quien había abierto la puerta miraba extrañado a Kaito quien veía con rabia a Fray Joseph que parecía un hombre muy educado y Rin tomaba el sombrero del fraile con una expresión curiosa.

….

*CONIURATIONIS ET DESIDERIUM = Conspiración y Deseo.