StudyInMara: LO SIENTO MUCHO. Quizás no comentan pero sé que allí están, que les gusta y que me están siguiendo (me lo dicen las views, ¡muchas gracias!). Sé que prometí un capítulo semanal, sé que suelo colgarlos los viernes, pero se me complicó mucho y para el domingo aún no tenía el capítulo. Lo escribí entre el martes y miércoles y mi beta-reader lo vio hoy. Así que, que más. Puede volver a pasar, no puedo negarlo, pero no dejaré de colgarlo. ¡Muchas gracias por llegar hasta aquí!
Advertencia: Hay ligeros spoilers a lo que es la saga de Cirque du Freak, pero nada que arruinará la serie si la lees o piensas hacerlo...aún. Además, hay alusiones al Mpreg pero no es Mpreg.
Capítulo 7
John Watson sonreía divertido por la situación que él mismo había creado. Había dejado de colgar su hamaca para mirar la expresión idiota que seguramente Sherlock Holmes cargaba en esos momentos en el rostro. Pronto bufó por la nariz, tal y como hacía siendo un lobo, y manteniendo su sonrisa le dio la espalda para poder seguir con el trabajado que había dejado de lado.
No, no otra vez.
Dando pasos largos y firmes, Sherlock se acercó al rubio y lo hizo voltearse para la sorpresa de él, que se quejó ligeramente por la rudeza con la que de repente había aparecido. Lo tomó del cuello de la camisa y lo alzó por encima de su cabeza. John pesaba lo que parecía ser una tonelada siendo un lobo, pero siendo humano no era más pesado que el peso del azabache. En un reflejo natural John lo tomó de las muñecas para intentar soltarse de su agarre, más Sherlock no cedió. Lo miró completamente molesto.
"¿Por qué no me lo dijiste?" espetó y lo zarandeó. De haber una pared firme y no la lona de la tienda ya lo habría pegado contra ella, aunque sabía que eso sería nada para el hombre lobo. John lo miró sereno, como si Sherlock fuese un niño malcriado y tan sólo esperaba pacientemente a que terminara con una de sus tantas rabietas. "¡Responde!" dijo alzando más la voz. Podría ser oído por algún otro miembro del circo pero no le importaba.
John sonrió. "Porque suelo viajar convertido en lobo, es mucho más cómodo. Además, era divertido ver cómo me tratabas"
Se lo había imaginado, pero no por eso disminuía la rabia que sentía ahora. Se estaba burlando de él, durante todo el viaje se burló de él y aun siendo un lobo lo hizo también. Dos veces. Con el ceño fruncido y sus ojos azules brillando de furia, Sherlock lo soltó y se alejó de él, saliendo de la tienda a pasos largos. No sabía hacia dónde se dirigía, no era tampoco de su interés, sólo atravesaba con asombrosa agilidad cada una de las tiendas de la aldea del Cirque; lo único que quería era alejarse de esa persona tan pronto como fuera posible. Y mientras caminaba pudo escuchar los pasos rápidos del rubio detrás de él. No se detuvo.
"Espera, ¡espera!" siguió caminando, ignorando completamente los gritos de John. Pronto dejó de escuchar aquellos pasos detrás de él, lo que era un alivio: significaba que había cedido y lo dejaría solo. Pero el hombre lobo tenía un as bajo la manga. "¡Bueno!" dijo John con voz lo suficientemente alta para que pudiera escucharlo a pesar de la distancia. "Es una lástima, pensaba contarte la historia del Cirque du Freak"
Oh, estaba jugando sucio.
Finalmente sus pasos se detuvieron y su mirada cayó en el suelo. Si bien no soportaba la idea de que ese ser se hubiese burlado de él, también debía aceptar que era la fuente más cercana de información que tenía, podía revelarle los secretos del circo, de Gustavo Hiddens, y precisamente esa era la razón por la que había acabado allí, en aquella pequeña aldea. Estaba Gustavo, también podría hablarle de la historia y si se lo pedía "revelarle" un secreto, pero también era el dueño de esa franquicia. ¿Quién podría asegurarle que le diría la verdad?
Y no "conocía" a más nadie. Para que alguien pudiera decirle algo tenía que haber cierta confianza…o que fuera alguien muy ingenuo. Como Luka. Sin embargo, la razón por la que consideraba a Luka era la misma por la que lo descartaba de inmediato: dudaba enormemente que Luka conociera poco más que los nombres de los freaks y la historia detrás de su novio. Y eso le dejaba nada más a John.
Con fastidio, como si sus planes se hubieran arruinado, se dio la vuelta y miró a John. Éste no había apartado la vista de él. Estaba sonriendo con autosuficiencia y esperaba pacientemente con los brazos entrecruzados en su pecho.
Sherlock entrecerró los ojos y lo miró bien, sacando todo cuanto podía. Era inglés, lo gritaba por cada uno de sus poros. Tenía cicatrices en los brazos, una marca roja en el cuello y la forma en la que hablaba y su postura frente a otros. Todo eso le llevaba a un pasado trágico, la sombra que cubría a la mayoría de los integrantes del circo.
Suspiró. Era un bufón, su primera impresión fue pésima y quizás le irritaba, pero no era una mala persona. Asintió y se acercó nuevamente a John. Todo sea por satisfacer su naturaleza curiosa.
"Comencemos de nuevo" dijo John una vez lo tuvo frente a él. Aun sonreía pero ya no era por ego, parecía… amable. No muchos le sonreían así. El rubio descruzó sus brazos y alargó su mano hacia él. "Soy John Watson. Un placer"
Lo miró confundido y luego observó su mano con detenimiento. Era un grandísimo idiota, después de todo era suficientemente humano para serlo. Sin embargo, estrechó su mano y una pequeña sonrisa se asomó por entre sus labios.
"Sherlock Holmes" John abrió los ojos al escuchar su nombre, como si hubiera descubierto algo.
"Entonces eres ese Sherlock. Al menos eso creo, no todos tienen ese nombre" ante su mirada extrañada John lo miró y volvió a sonreír. Soltó su mano y caminó, dirigiéndose a la tienda grande que le parecía hacía de cocina-comedor. Sherlock lo siguió y preguntó a qué se refería. "Ah… Gus estuvo hablando de ti durante una semana. Que iba a quedarse y teníamos que prepararnos para todo. No sé a qué se refería con eso último"
Eso no aclaró mucho sus dudas. Estuvo por preguntarle, por decirle que le diera cada detalle, cada comportamiento extraño que observó de aquella persona que era incapaz de leer, y si no podía entonces que le hablara de su historia pues quizás con eso sería suficiente para poder deducir el resto, pero tan pronto llegaron a la lona que cubría la entrada al comedor la atravesó Cormac, con cuatro vasijas de arcilla tapadas con corchos: dos bajo sus brazos y las otras alzándolas por los dedos, una en cada mano.
"Ah, ustedes dos" parecía aliviado. Le tendió a cada uno una vasija y una vez con sus brazos libres les pasó las otras dos. "Vayan a buscar agua, necesitamos las reservas" dijo y volvió a entrar a la tienda que despedía un agradable olor a comida.
Se había desecho de su trabajo, pensó Sherlock. John suspiró con pesar y devolvió sus pasos, esta vez tomando el camino que lo llevaba hacia el río que estaba cerca. Caminó rápido y lo alcanzó.
"Dado que te enviaron conmigo imagino que no tienes un trabajo específico"
"Obviamente" respondió Sherlock.
"Pues éste será tu trabajo, conmigo: paseamos por allí y vemos quien requiere de nuestra ayuda. Puede llegar a ser fastidioso pero al menos no te aburres" aunque en su cara claramente estaba escrito que no le agradaba que Cormac le hiciera encargos.
"Cormac estaba perfectamente capacitado para llevar las vasijas"
John se alzó de hombros y siguió caminando, esta vez más lento para poder hablar bien con Sherlock. "No queda de otra. A Gus le gusta que todos trabajemos. Dice que eso mantiene de pie al Cirque"
Ah, Gustavo. Podía aprovechar ese momento para sacar el tema. Caminaron un poco más, podía ver el agua tranquila del río, tan sólo moviéndose por la brisa ocasional. No era tan ancho, pero dudaba que por su profundidad pudiesen cruzar a pie hasta el otro lado. Sherlock esperó el momento indicado, mientras John descorchaba ya una de las vasijas, y habló.
"Me ibas a hablar de la historia del Cirque du Freak" John rió.
"Estaba esperando a que me dijeras algo así." Dijo con una sonrisa en sus labios. También sonrió.
No habló de inmediato, sin embargo. Esperó hasta llegar a las orillas del río, en dónde se agachó e introdujo parcialmente la vasija de lado, de manera que la corriente ligera la llenara despacio. Podía llenarla fácilmente hundiéndola, sería más rápido, pero Sherlock sabía que estaba haciendo tiempo para poder hablar. Y en efecto, mientras se llenaba comenzó a hacerlo.
"Hablaré primero de los integrantes y luego de la historia, ¿bien? Así no tendré que explicarte de las personas mientras te hablo. Al menos no de quienes ya conoces" No esperó por su respuesta antes de seguir. "Comencemos por… Cormac Limbs, sí. Es muy animado y suele bromear con todo, pero a veces llega a ser pesado. Todo miembro que cortes de él volverá a crecer, sin importar qué. Incluso su cabeza, dicen que una vez fue cortada y le salieron dos. No sé cómo volvió a la normalidad"
Luego está Truska, la mujer barbuda. Puede hacer crecer su barba a voluntad y nada es capaz de cortarla. No sé de dónde viene, apenas habla inglés a pesar del tiempo que lleva aquí, dice ser una skelk pero no sé qué es. Viene Bertha Teeth, no de un carácter… afable, pero tiene los dientes más fuertes del mundo. Cortan lo que sean y haría buena pareja con Cormac. Y Alexander Ribs, a quien… bueno, ya viste de seguro. Ellos forman parte del circo desde siempre.
John terminó de llenar la primera vasija y la tapó con el corcho para evitar que se desbordara. Tomó la segunda y la colocó de la misma manera que hizo con la primera para empezar a llenarla. Sherlock sólo miraba, quería decirle que todo eso en realidad no le interesaba, que con nada más verlos era muy capaz de conocer todo lo que le estaba diciendo. Más sabía que en algún momento llegaría hasta dónde le importaba. Y siguió escuchándolo.
"Sigue… Ren Shiroyama. La pareja formal de Gus desde hace mucho. Él es de Japón pero proviene del mismo sitio que yo" la sonrisa de John había cambiado. Ahora parecía más triste. Ladeó la cabeza sin dejar de mirarlo. Era obvio, ambos eran capaces de convertirse en animales, aunque posiblemente John no salió como esperaban… era un error. Debía tratarse de un laboratorio. "Viene Luka Meinld. Es de Alemania y es un pan de Dios. Gus lo trajo hace dos años cuando viajó allá, aunque no sé qué hace realmente"
Sherlock recordó a Luka. Era cierto que no tenía un talento… visible como los otros freaks. Sin embargo había algo que le causaba curiosidad en él. Miró a John que ya cerraba con el corcho la segunda vasija. Tenía las dos restantes. Descorchó una y se la pasó a John para que siguiera con el mismo proceso.
"Él carga unas cintas rojas en los brazos, ¿no?" Preguntó. El rubio no lo miró pero asintió.
"Sí… en realidad no creo que haga algo con ellas. Parece más como adorno." Respondió y sólo siguió concentrado en que la vasija no se le soltara por accidente. "Creo que sólo falta Allan. Es el niño cocodrilo. Nació así, es el hijo de Ren y Gus y…"
A Sherlock casi se le cae la última vasija, logró sostenerla en el último segundo.
"… ¿Hijo? De dos…hombres" Dijo despacio. John lo miró y rió mientras cerraba ya la tercera.
"Cuanto te hable de Gus podrás entenderlo. Y con la historia del Cirque será más claro" y tomó la última vasija. Esta vez la hundió completamente en el agua para que así todo fuera más rápido.
No dijo nada más mientras la llenaba. Y tampoco lo necesitaba, estaba muy ocupado pensando una forma lógica en las que alguno de esos dos hombres hubiese sido capaz de concebir un hijo. No era lógico, era imposible a menos que alguno tuviese un útero. Y aunque lo tuvieran, ¿cómo podrían igual…? Negó con la cabeza sin querer entrar en detalles. Sabía que Allan era hijo de Ren, eso se notaba a leguas. Pero nunca imaginó que fuese un hijo de ambos.
Pronto John terminó y tomó dos vasijas. Se las dio, o al menos eso intentó hasta que notó que estaba muy distraído como para tomarlas. La colocó en sus manos e hizo que apretara las agarraderas. Cuando lo consiguió tomó las otras faltantes.
"Vamos" dijo y caminó, adelantándose y sin parecer volver. Sherlock finalmente reaccionó y caminó varios pasos hasta quedar nuevamente a su lado. Pero el tema del embarazo en hombres no se alejaba de su mente. "Gus es… hijo de una hechicera muy poderosa, llamada Evanna. Su padre es Vancha March, un vampiro. De hecho, un príncipe vampiro. Todo esto lo entenderás con la historia del Cirque" Sherlock lo miraba mientras hablaba. Había captado su atención, al fin hablaba lo que quería oír. "En sí él es un vampiro, pero posee un tercio de los poderes de Evanna, un tercio de vampiro y un tercio de vampanez. Te explico más tarde" Luego John rió entre dientes y lo miró. "La he visto. Ella es fea pero es capaz de convertirse en una mujer hermosa. En cambio Gus pasa de ser hombre a ser mujer"
Y siguieron caminando, ya sin hablar. Lo que era conveniente para Sherlock, pues necesitaba procesar la información recién recibida. Entonces Gustavo Hiddens era un vampiro. Aunque no lo pareciera eso explicaba muchas cosas. Como sus repentinas apariciones, las veces en las que se movía tan rápido aun cuando pasasen un par de minutos, el que pareciese más joven y sus ojos dijeran otra cosa. Era además un brujo, ¿siendo uno podía leerle la mente? No lo sabía, pero al menos ya le aclaraba el que sea… padre de Allan. Dos clases de personas que siempre había negado su existencia y allí estaba. Una persona con dos clases en conjunto.
Llegaron hasta el comedor finalmente. El olor a comida seguía allí. Era la primera vez que Sherlock se sentía verdaderamente hambriento. Fueron muchas emociones que gastaron sus energías, y el desayuno que había tenido con su abuela no había ayudado. De hecho no recordaba haberle dado más de dos mordiscos. Miró el techo, notó que había humo saliendo de ella. A John no parecía importarle y entró atravesando la lona. Sherlock lo miró, lo pensó unos segundos y luego entró.
Como todas las tiendas, era mucho más grande de lo que parecía. Todos los freaks y algunas personas que no había visto antes, unas cinco o seis, estaban allí cómodamente, la mayoría sentados en la enorme mesa de picnic que había en medio de la tienda, comiendo y hablando a grandes voces. Dedujo que aquellas personas eran humanos que ayudaban en las labores del circo. Lo demás que cubría la tienda eran despensas de comida, barriles llenos de a saber qué, cajas, varias lámparas de aceite colgadas y una enorme estufa cuya chimenea plateada llegaba hasta el techo y por donde salía el humo que había visto antes.
Dejó las dos vasijas en el suelo, junto a unos barriles (pudo oler que tenía vino en ellos) y se dirigió a donde estaba John. Nadie lo miraba, todos hablaban tranquilos. Incluso Gus no le seguía, estaba hablando con Ren pero de vez en cuando veía de reojo a Allan, que estaba a su lado sentado. Se sentó junto a John y miró la mesa. Había otras lámparas de aceite para iluminar si las que estaban en el techo no eran suficientes, y había miles de platos de comida. Scones, pollo (o eso parecía), verduras varias, ollas de dudoso contenido, frutas.
John se había servido una copa de vino y le dio una.
"No te he hablado del freak más importante de aquí" esta vez fue Sherlock quien bufó.
"No hay nada que ya no sepa de ti"
"Ah, ¿qué sabes, entonces?"
Tomó un sorbo de su copa y la dejó en la mesa para mirarlo con atención. Sus ojos brillaban y sonreía ampliamente, estaba seguro que no acertaría. Sherlock alzó una ceja y lo miró de arriba abajo. Luego suspiró.
"Fuiste raptado de niño. Vagamente recuerdas a tus padres pero recuerdas a tu raptor. Te mantuvieron encerrado en un laboratorio durante… ¿ocho años?" Volvió a verlo. La sonrisa que tenía en su rostro de había borrado. Sí, ocho años. "Experimentaron contigo, querían crear a un súper-humano, quizás, en base a las células animales. Ren estuvo contigo. Pero Ren era capaz de convertirse en un cocodrilo completo, las células se acoplaron bien. Posiblemente consiguió escapar con su habilidad. Pero tú no pudiste" dijo con voz ronca y miró sus cicatrices "Por alguna razón las células no reaccionaban, te golpeaban para ver si funcionaba. Y…lo hizo, ¿no?" Lo miró a los ojos. Pero John ya no lo miraba y miraba su copa. "Te volviste lobo y te encadenaron. Lo veo en tu cuello. ¿Qué sucedió luego?"
Y finalmente calló. Tomó la copa que había dejado en la mesa y comenzó a tomarla. Era vino, era alcohol, pero se había cansado hablando. Una vez se sintió satisfecho volvió a mirarlo. John se servía otra copa y volteó a verlo otra vez. Pensó que estaría molesto, que iría con Gus a pedir otra tienda. Pero le sonreía.
"Gus apareció y fue a recogerme. No sé lo que hizo, pero todos estaban noqueados. Eso fue hace… cinco años para esta fecha" y rió. No estaba molesto. Estaba encantado. "¿Cómo supiste eso?"
Sherlock sonrió y volvió a mirar a otro sitio. Veía a las personas pero nadie se fijaba en él. Todos estaban pendientes hablando, riendo. Y de alguna manera se sentía integrado. No se sentía…
Un freak.
"No lo supe, lo vi y de lo que vi, deduje. Tus cicatrices y tus posturas hablan por ti. Cuando sonreíste en el río lo supe todo." Observó a John cuando volvió a reír y esta vez lo miraba con una gran sonrisa.
"Eres increíble"
Lo miró, parpadeando confundido. Era la segunda persona que le decía algo así, seguido de su abuela. Una sonrisa se curvó en sus labios y bebió los dos últimos sorbos del vino de durazno.
"¿Puedes hacer eso con otras personas?" preguntó John.
"Con todos menos con Gus. Su cuerpo oculta mucho, como su edad"
"Entonces, ¿qué me dices de aquella chica?" y señaló a una de las humanas, pelirroja y que no parecía tener más de treinta años. Sherlock la miró atentamente durante un minuto y luego tomó un scone, untándolo con bastante mermelada.
"Le atrae Cormac pero no es capaz de dejar a su esposo"
John volvió a sonreír y le revolvió el cabello, sin dejar de decir "¡Asombroso! ¡Increíble!". Normalmente Sherlock no habría dejado que invadiera tan de repente su espacio personal, más le sonrió y le dio un mordisco a su scone.
Era la primera ver que podía decir que había hecho un amigo.
02/08: NO CONSIGO TERMINAR EL CAPÍTULO. AAAAH. Gracias por la paciencia. -se calma-
