StudyInMara: Finalmente aquí está el capítulo, nuevamente espero que sea de su agrado. ¡Gracias por leer!


Capítulo 13

Los espectadores comenzaron a llegar alrededor de las cuatro y treinta, todos con sonrisas enormes e inocentes al mirar la carpa, maravillados y buscando los mejores asientos al estos no estar asignados. Los freaks estuvieron sentados en los bastidores cuando el bullicio de las personas al entrar fue propagándose y esto los alertó, indicándoles que su función estaba próxima.

John estaba oculto en su jaula con esta tapada con una lona grande y pesada que lo cubría por completo, emitiendo de vez en cuando un gruñido para asustar a quien sintiera cerca de ella. Gustavo lo había llevado allí desde hacía un cuarto de hora, sabiendo que pronto las personas iban a llegar y una vez así no tendrían el tiempo para esconderlo. Él no se quejó, en todos sus actos de seguro debía meterse en su jaula desde mucho antes.

Sherlock repasó las escenas en su mente, imaginándose a sí mismo actuando mientras recordaba. Sabía qué debía hacer y cómo debía moverse, lo que iba a decir no era mucho por lo que no era su preocupación. Se había negado a dar explicaciones de algo que no era real, no era su estilo. John tampoco se negó, dijo que era mejor si Sherlock no hablaba mucho. No supo si tomarlo como un insulto o un cumplido.

En sí su actuación no era diferente a la que hizo Luka antes, la tenía aún en su mente, clara como si la acabase de ver. Lo único que debía hacer era imitar cada uno de sus pasos, modificándolos en torno al ambiente diferente del teatro actual. De haber sabido que todo sería tan simple no se habría negado con tanta fuerza en un principio.

Giró su cabeza hacia el telón cuando escuchó que lo llamaban por su nombre. Gustavo lo esperaba, asomando su cabeza entre la cortina roja. Le sonreía sin mostrar los dientes y Sherlock supo en seguida lo que estaba por decirle.

"Ya es hora"

La mirada del público, que había estado hablando a grandes voces hasta ese momento, se fijó en él apenas cruzó el telón. Detrás de él salió Luka, que sólo se posicionó en una esquina del escenario, dado que la jaula ya estaba colocada en su punto clave no había necesidad de utilizar la fuerza bruta de él; el por qué de todas formas salió a escena era algo desconocido para Sherlock y de lo que no se preocupó: su objetivo actual era actuar frente a aquella multitud y no debía desviarse frente a vaguedades como esa.

Caminó con un rostro sereno hacia la jaula de John, donde debía quedarse hasta recibir la señal de la directora, con las manos unidas detrás de su espalda. El silencio era casi palpable mientras Sherlock miraba a la multitud con ojo crítico. Había una mayoría de adultos en comparación a la otra función, con unos cuantos y contados adolescentes allí, todos con caras de indiferencia e incluso desinterés, como si estuvieran preparados para ver un acto de gente disfrazada. Había una pequeña excepción, sin embargo: un niño sentado en el último asiento de la primera hilera y que tenía los ojos fijos en él con una sonrisa enorme. Sherlock arqueó una ceja, algo desconcertado por aquel niño y lo ignoró.

Gustavo bajó despacio por las escaleras del escenario y caminó hacia él. La luz de las lámparas de cristal era reflejada en su saco rojo y brillante, parecido al que usó en el otro acto pero ajustado a su cintura pequeña. Sherlock lo vio y un asentimiento con la cabeza le indicó que ya era el momento de empezar. Tomó la tela que cubría la jaula y la jaló, empezando con aquel simple movimiento una rebelión en la habitación.

Sherlock nunca pensó que sería entretenido y a la vez interesante ver como las expresiones faciales de aquellas personas se convergieron con el sólo pasar de un segundo. Aquellas personas que él vio sentadas con un aire de apatía de repente gritaron y se levantaron de sus asientos, corriendo a esconderse de una bestia que estaba enjaulada, con rostros contraídos en terror. Una ligera risa se contuvo en sus labios; John agitaba los barrotes con sus garras y sacaba el hocico entre ellos, rugiendo y arrojando saliva. No era nada de lo que había que temer y aún así aquella fue la reacción casi colectiva.

La directora estaba complacida. Había dejado atrás aquella fachada de madre sobreprotectora y volvía a ser la persona que conoció en Londres: fría y calculadora. Conservaba una sonrisa suave en sus labios al tiempo que sus ojos brillaban, viendo divertidos a la multitud aterrorizada. A pesar de la situación, no pudo evitar pensar que era esa cara de la directora la que le hacía cuestionarse si todo aquel afecto que Gustavo mostraba detrás del acto era verdadero.

No fue sino cuando John se sentó en su trasero y dejó de rugir que los gritos comenzaron a disminuir. A diferencia del otro acto, la jaula de John "apareció" (porque ya estaba allí) más cerca de las personas, a unos seis pasos de la primera hilera, lo que explicaba la reacción para él exagerada. El hombre lobo, ahora calmado, movía la cola al mirar a las personas. Eso fue un indicativo para ellos de que no había peligro y uno a uno fueron sentándose, algunos tratando de recuperar su respiración.

Manteniendo su sonrisa, Gustavo se aclaró la garganta y habló.

"Bienvenidos al Cirque du Freak, hogar de lo tenebroso" dijo alegremente. Los espectadores tenían la mirada fija en ella, más el chico de la primera fila seguía sin apartar los ojos de Sherlock. "Somos un circo nómada, llevando el terror a su alcance por más de quinientos años. Que no los engañe nuestra decoración, nuestro objetivo es asombrarlos y aterrorizarles. Y tengan cuidado," al decirlo se acercó a la jaula de John y metió su mano, 'hipnotizándolo' con un movimiento suave de sus dedos y acariciándolo, tal y como recordaba que había hecho antes. "cada uno de mis freaks son reales. Ninguno es pacífico".

Una vez terminado su discurso se alejó de él y subió las escaleras del escenario, desapareciendo luego detrás del telón rojo. Era su turno ahora.

Siendo la única persona cerca del hombre lobo, todas las miradas estaban pendientes de cada uno de sus movimientos, sintiéndolas clavarse en su piel como dagas. No era como si le importara, no era la primera vez que sucedía. En su instituto cada vez que llegaba a su salón, levantaba la mano o hablaba siquiera la mirada de todos sus "compañeros" de clase reparaba sobre él, esperando a que hiciera o dijera alguna de sus extrañezas y que luego fuera digno de sus chismorreos. De cierta forma fue el freak de su instituto.

Más en ese momento había algo diferente: detrás de todas aquellas miradas expectantes había una, una en especial que no lo veía fijamente por la curiosidad que le podía ocasionar su actuación con el hombre lobo. Aquella mirada, oculta entre las demás, estaba estudiando sus movimientos. No sabía por qué y tampoco podía decir de dónde provenía porque de igual forma le era desconocido, la cantidad de personas con diferentes características se lo cegaban. Era desesperante.

Un ruido metálico, como un golpe contra una barra de metal, le hizo despertar de su estudio rápido entre los espectadores. Giró la cabeza hacia donde provenía el ruido: John estaba de pie en su jaula, encorvado al no ser lo suficientemente alta y agitando los barrotes con sus patas y su cabeza. Era claro que John intentaba llamar su atención, debió tardarse mucho tratando de percibir de donde provenía la mirada. Ya se preocuparía luego de ello, su objetivo principal era terminar rápido aquel acto ridículo.

Con un movimiento rápido abrió la jaula de metal y sin haberse alejado del todo el hombre lobo se abalanzó hacia él, sus zarpas abiertas y filosas, con la boca abierta buscando envolver su cabeza y arrancársela de un mordisco con sus enormes dientes. El grito asombrado de la audiencia se aplacó cuando Sherlock alzó la mano y la bestia se detuvo, mirándolo fijamente, a punto de tragar su cabeza, sin moverse. Sherlock sonrió, ignorando la saliva que había llegado a caer en su cabello.

Todo estaba saliendo tal y como había sido ensayado, para su alivio.

Su cometido era asustar a los espectadores y arrancarles la respiración, lo cual consiguieron. Los adultos de la primera fila sonreían aliviados pero Sherlock podía ver sus pechos bajando y subiendo con una respiración algo descontrolada ante lo que para ellos estuvo a punto de ser un asesinato. El niño sentado en el asiento de la esquina sonreía y lo miraba con profundo interés. ¿Así habría lucido cuando vio el acto del hombre lobo? Sonrió un poco al pensarlo.

Pero no había tiempo para detenerse a apreciar la emoción de las personas (y que de hecho estaba disfrutando aquello). Aclaró su garganta antes de hablar y vio a la multitud en general.

"Está hipnotizado" dijo antes de volver a ver a la gran bestia caliente frente a él. John tenía los ojos fijos en sus dedos y respiraba lentamente. Aparentaba muy bien su supuesto trance, incluso lo había engañado a él antes. "Mientras no hagan ningún ruido su carne no correrá peligro".

Hecha su corta explicación, siendo todo lo que había planeado para decir, inició su paseo entre las filas del público. Las filas estaban separadas entre sí por un espacio pensado para el tamaño de John, por lo que no habría problemas con ello.

La primera hilera curiosamente se aferró a su silla en un intento de alejarse del hombre lobo, pegando sus espaldas al espaldar y hundiéndose en ella; su primera impresión con John no había sido la mejor y por más que Sherlock les haya advertido que actualmente no representaba un peligro, era difícil para ellos creer tal cosa y prefirieron mantener distancia.

Hubo una única diferencia: el niño. Sus pequeños ojos avellana brillaron de admiración y curiosidad cuando John y él terminaron frente a él. Una vez cerca, Sherlock vio que se trataba de un niño joven. Trece o catorce años, había ido con sus padres que debían ser esos junto a él y cuyos cuerpos estaban hundidos en la silla gracias a la paranoia.

El niño se relamió los labios y preguntó con sincera curiosidad si podía tocarlo. Sherlock abrió los ojos y ladeó la cabeza. Aquel niño no era como él, de seguro era alguien agradable con su entorno. Jugaba al futbol (tenía varios raspones en los brazos y piernas) y debía llevarse bien con todos, incluso los profesores. Y sin embargo ambos compartían una atracción por el circo. Quizás no con los mismos objetivos, él buscaba desentrañar todos los misterios que aún rodeaban al circo, a Gustavo, y a él y John mientras el niño sólo quería ver freaks que lo hicieran asombrarse, pero fue precisamente esa atracción lo que hizo que terminara allí. No le extrañaría que (de hecho, sabía), dentro de un par de días, ese niño aparezca dentro de una de las carrozas con una mochila a sus hombros.

En realidad esperaba que no lo hiciera. Tener un niño en la aldea sería algo muy fastidioso y de seguro Gustavo los haría mentores de él. Una no muy placentera idea si era honesto.

Escuchó los murmullos de su padre, que sin despegar los ojos de John alegaba que no era una buena idea y que era peligroso, que podría atacarlo tal y cómo estuvo a punto de hacerlo con "el señor". Un tic palpitó en su ojo derecho; el término "señor" siempre lo había fastidiado y se trató de una de las múltiples razones por las que nunca bajó de su habitación a saludar a los trabajadores de Mycroft. John bufó frente a él, se estaba burlando.

Sherlock puso los ojos en blanco.

"Puedes tocarlo, pero no presiones mucho los dedos si no quieres perder tu mano"

La sonrisa en su rostro infantil se ensanchó y procedió a alzar su mano y colocarla en la pata delantera de John. Con ella acarició con lentitud el pelaje dorado del hombre lobo, explorando su textura. Los ojos del niño brillaron y alejó su mano poco después, con su curiosidad satisfecha. Sherlock asintió con la cabeza cuando le agradeció el permiso y junto al hombre lobo continuó su recorrido entra las filas de espectadores.

Aunque el espacio entre hilera e hilera fuese el preciso para John de vez en cuando rozaba sus patas traseras con la de las personas del público. A propósito o no, eso provocaba que se revolvieran en sus asientos y alzar los pies del suelo, acompañados con chillidos cuando John gruñía y mostraba los dientes. Todo estaba saliendo bien.

No había reparado, al llegar a la cuarta y penúltima fila, que eso sólo significaba problemas.

Todo parecía normal a vista de alguien ajeno a lo que pasaba por la cabeza de Sherlock, pero dentro de ella estaba trabajando rápidamente: la sensación de antes, la mirada penetrante del inicio del acto, había vuelto. Eso significaba que en aquella hilera se encontraba la persona que durante todo el acto debió estarlos estudiando. Antes de entrar a aquella hilera Sherlock miró brevemente a cada una de las personas, deduciendo de sus aspectos y características con el corto tiempo que se le era otorgado en aquella pausa de menos de un minuto.

Entrecerró los ojos y se dio la vuelta, caminando hacia atrás e "hipnotizando" a John, aunque claramente distraído. Lo había encontrando. Un hombre sentado en el último asiento. Rubio, debía tener unos treinta o treinta y cinco años. Una distinguida cicatriz surcaba por su rostro de manera vertical, atravesando su ojo izquierdo. Un rasguño de animal diría, por la forma. Eso sumado a que los estaba estudiando a él y a John, significaba…

Sherlock abrió los ojos por completo. Debía detener el acto, debía alejar a John de allí cuanto antes posible.

Pero ya era tarde.

No habían llegado a esa persona aún, de hecho apenas empezaban a entrar en la fila cuando Sherlock terminó su deducción. Sin embargo el olfato de John era tan bueno como el de cualquier otro lobo. Comenzaba a caminar cuando se detuvo súbitamente, olfateando, quieto. Entonces descubrió la presencia del hombre.

Nunca olvidaría ese momento. El pelaje dorado de John, que si bien no era suave pero se veía así, se erizó y las garras en sus patas delanteras tomaron posición, curveadas y filosas. Sus ojos rojos se contrajeron cuando de su garganta nació un rugido que resonó en toda la sala y su hocico ahora mostraba abiertamente sus dientes, grandes, puntiagudos y capaces de romper un cráneo humano de un mordisco. John había perdido el control.

Los gritos de terror de los espectadores se oían lejanos en los oídos de Sherlock. Las personas se movieron, corrieron alejándose tan pronto vieron el inesperado cambio en él. Algunas salieron de la carpa y no regresaron. Otros corrieron hacia los costados, cerca del escenario: eran las personas de las tres primeras filas, quienes creyeron que cualquier intento de pasar junto al hombre lobo significaría la muerte. Más eso no era lo que ahora preocupaba a Sherlock.

El hombre rubio estaba de pie a sus espaldas. Todo aquello había sido parte de su plan y no era necesario verlo de frente para saber que sonreía contento. Sherlock tragó saliva, si John se acercaba sería víctima de aquel hombre. No conocía su nombre, no obstante sabía quién era y qué hacía allí.

Fue a buscar a su error de laboratorio y eso simplemente Sherlock no podía consentirlo.

Un nuevo rugido de John se hizo escuchar. Las lámparas de cristal resonaron, temblando, asimismo los gemidos y sollozos de la multitud armonizaban la situación. Los ojos de la bestia vieron a Sherlock y él supo lo que estaba pensando: era un estorbo, si quería atacar a su presa (el hombre) tendría que deshacerse primero de él. No podía estar más de acuerdo.

El hombre lobo se encorvó y abrió sus garras hacia él. Sherlock asintió para sí, iba a atacarle. Sólo suspiró, tratando de relajarse todo lo que podía con aquella situación a sus hombros, y luego lo vio.

"¿Qué esperas?" le gritó al lobo. Éste rugió una vez más y alzó las orejas. "¡Atácame!"

Aunque eso le fue imposible. Cuando Sherlock dijo esas palabras unos conocidos lazos rojos envolvieron a John desde atrás, uno envolviendo su torso junto a sus patas y el otro el cuello y el hocico, cerrándolo y evitando así un posible ataque. Los anzuelos que había visto en ellos el día anterior se clavaron en el pecho y cuello del lobo, con esto asegurando que si intentaba liberarse lo único que conseguiría que sus abrieran. Incluso podría decir que había algo más en ellos.

El hombre lobo se tambaleó en su sitio. Aunque no sangraba era notable que sus sentidos habían sido perjudicados por lo que sea que contenían esos anzuelos. Se veía aturdido, confundido, sin conocimiento de lo que sucedía a su alrededor y emitiendo suaves gruñidos, llamando a su familia como haría un lobezno en peligro. A sus ojos era un animal acorralado y a punto de ser cazado, del lobo fiero que había intentado matarlo nada quedaba. Y eso le anudó la garganta.

Incapaz de mantenerse de pie, el hombre lobo se desplomó frente a él, durmiendo profundamente. Al caer John se descubrió la persona que consiguió domarlo: Luka Meinld, o eso creía. No era el calmado, tierno Luka que minutos atrás le deseó suerte en su primer acto. Parecía una persona completamente diferente: sus ojos no transmitían ninguna emoción, fríos y viendo al lobo caído, y en sus manos sostenía con fuerza los lazos rojos que siempre había visto llevar en sus brazos.

Ahora Sherlock comprendía bien cuál era la utilizad de Luka en el Cirque du Freak.

Un profundo silencio azotó el lugar en cuanto todo acabó. Luka se había relajado y había soltado un poco el agarre de los lazos, aunque nunca los dejó. Sherlock miró en silencio a John. Era obvio que lo que contenían esos anzuelos era tranquilizante. Dormía apaciblemente y cualquiera que entrara ahora y lo viera así no adivinaría que hacía unos minutos habría rebanado a medio público.

El silencio se vio roto por un ligero aplauso. Miró hacia los espectadores, que aun se encontraban acorralados en la esquina del escenario. El niño de antes estaba aplaudiendo con una sonrisa enorme. El muy idiota pensaba que aquello fue parte del espectáculo. Su aplaudo fue seguido por un par más y simultáneamente la tienda se vio envuelta en un coro de aplausos. Sherlock rodó los ojos por vigésima vez en ese día. Estaba rodeado de estúpidos.

Entonces se dio cuenta de algo. En realidad se trataba de alguien, alguien a quien no debió quitarle los ojos de encima.

Se giró sobre sus talones para ver a sus espaldas, el hombre ya se había ido.


Toda la situación con John pasó como un acto ensayado para el público que quedaba y para el alivio de todos los integrantes del Cirque. Con la ayuda de varios hombres consiguieron arrastrar a John a su jaula, donde lo encerraron para ser llevado con más comodidad. Quien lo llevó no fue otro que Luka.

Éste cambió su personalidad igual de rápido como sucedió durante el ataque. Luego de los aplausos soltó los lazos y miró a Sherlock, preguntándole con sólo su mirada si no estaba herido y si se encontraba bien, sabiendo que no se refería sólo a físicamente. De nuevo el Luka inocente, al que no le respondió con más que un asentimiento con la cabeza.

Mientras Gustavo entretenía a los espectadores, hablándoles del siguiente acto (el de Truska), Sherlock era revisado por Ren en los bastidores. Los otros freaks intentaron comunicarse con él y preguntarle sobre lo ocurrido hacía unos minutos. No obstante, él no era un amante del chismorreo y no iba a contarles. Menos sabiendo que lo próximo que harían sería hablar entre ellos sobre John a sus espaldas.

Aliviado, Ren se alejó y acomodó su ropa.

"No es nada, quizás estés un poco tenso por el shock"

"No estoy en shock" respondió pedante y sintiendo un extraño deja vú, ya había pasado por una situación similar antes.

Como buen doctor Ren lo ignoró y le sirvió una taza de té que le obligó a tomar en sus manos. Lo más parecido a un mohín infantil se expresaba en su rostro. Le desagradaba que lo trataran como si estuviera enfermo cuando era claro que no lo estaba. A pesar de ello tomó un poco del té de menta que había sido preparado.

Dado que el acto de Truska era más que nada para engañar al público presente, Gustavo se iba a quedar en el escenario hasta que la escena de Truska terminara y no fue a verlo. Lo que, en realidad, resultaba un alivio para él por muchas razones.

Unos pasos que se aproximaban desde fuera de la carpa hicieron que girara la cabeza en dirección a ellos. Unos segundos después Luka levantó la lona que cubría los bastidores y entró. Volvía a lucir los lazos rojos envueltos en sus brazos, lo que indicaba que ya había dejado libre a John, por obvias razones no llevaba ya los anzuelos. Allan se alegró al verlo y le indicó que se sentara a su lado. En cambio, Sherlock se levantó y dejó la taza de té casi vacía en la mesa.

"Iré a mi tienda" dijo y alzó la lona, saliendo de la Carpa. El Sol del atardecer lo iluminó y facilitó su camino hacia la tienda. Ahora que John estaba solo era el momento perfecto para reflexionar cada uno de los factores que estuvieron presentes durante el suceso.

Principalmente el hombre. ¿Cómo supo que John se encontraba allí? Era claro que se trataba de alguien del laboratorio en donde John estuvo recluido por largos ocho años, incluso diría que fue el mismo John el que le hizo aquel rasguño en el ojo. Además no creía que haya ido sólo a ver, sabiendo lo que su presencia podía causar en el hombre lobo. Había ido a causar un revuelo y a llevarse al hombre lobo. Debía cagar un táser (1), preparado si en cualquier momento él intentaba atacarlo. Lo que también indicaba que se trataba de alguien experto y que ya había manejado criaturas antes. Un cazador humano que servía a aquel laboratorio, llevándole conejillos de indias y evitando que las criaturas escaparan.

Lo que quizás no esperó que se interpusiera en sus planes fue él y Luka. Él no era un problema, y tal vez esa fue la razón por que dejó que el hombre lobo lo atacara y se deshiciera de él en vez de encargarse él con el arma que había llevado para controlarlo, era humano después de todo y aunque intentase detenerlo no iba a lograrlo. Lo de Luka era algo diferente y lo que causó que saliera de allí silenciosamente, sin dejar que lo siguieran.

Luego estaba el cambio radical de Luka, lo que en realidad había estado rodando en su mente durante los últimos minutos. No pudo haberlo deducido a simple vista porque se trataba de una faceta que no era mostrada normalmente y que, cabía destacar, tampoco buscó ocultar ni mintió sobre ella en ningún momento, dificultando su estudio. Luka tenía dos caras, por más ordinario y simple que eso pudiera sonar. Por un lado era una persona tranquila y casi inocente. Nunca se le habría ocurrido ni había visto antes un indicio que se tratara de un asesino.

Porque sí, eso es lo que Luka era, lo vio en cuanto aquella fachada salió a la luz. La forma en la que tomaba los lazos y en sí como había actuado frente al ataque. Sus ojos, aquellos fríos y sin expresión, habían visto lo que alguien normal no imaginaría. Diría que fue entrenado desde que era pequeño por alguna secta religiosa como aún existían en Alemania y que escapó tan pronto vio la oportunidad. Allí fue cuando encontró a Gustavo, seguramente.

Sherlock frunció el ceño, había llegado al tema que le agobiaba. También llegó a su tienda; entró en ella donde lo absorbió la oscuridad que existía apenas con el Sol aun presente. Luka al irse no había encendido la lámpara de aceite, pero aún sin ella había suficiente luz para ver la silueta de la jaula y escuchar los suaves ronquidos del hombre lobo aun dormido. Suspirando se acercó a la mesita, tomó una de las silla que sabía estaban allí y se subió a ella cuando la acomodó debajo de la lámpara, encendiéndola,

La luz se iluminó sobre la habitación y fue allí cuando pudo ver a John claramente: como sabía ya no estaba amordazado por los lazos de Luka y dormía profundamente. Nada parecía poder despertarlo en las próximas horas y eso era lo mejor. Le daba tiempo para pensar en sus preguntas. Y, por supuesto, poder plantearse las respuestas a ellas.

Se dirigió a su hamaca y se acostó en ella, apoyando cómodamente su cabeza en su almohada. Juntó las yemas con las de su otra mano para luego sumirse en sus pensamientos al cerrar los ojos.

El tema de Luka era intrigante pero no tanto como la persona que se encontraba detrás de él. Gustavo había traído a Luka tres años atrás luego que él (obviamente) intentó escapar de la secta a la que pertenecía donde los asesinatos a personas inocentes eran comunes; Luka no había matado pero había visto que lo hicieron. Aunque podría parece un acto de humildad, ¿por qué ocultarlo? Los veteranos del circo debían de saberlo, Ren igual porque era el esposo de Gustavo y Allan porque era su pareja formal. Sin embargo, tanto él como John no sabían de aquello. De hecho, todo lo que él conocía fue dicho por John y él aún desconocía ese lado de Luka dado que lo tomó por la espalda y dudaba mucho que lograra recordar algo del accidente. A sus ojos Gustavo había traído a un humano común, sin talento, al circo. Un humano por el que logró convencer al amo del Universo por su resurrección.

Gustavo había traído a Luka al circo no sólo porque deambulara por las calles alemanas, también porque si las cosas se salían de control él era el único capaz de domar a John. No era como su hijo, a quien el propio Gustavo podía dominar; era una bestia mucho más grande. Eso quería decir que en realidad el cirquero nunca había confiado que John pudiese ser hábil en controlarse.

Frunció los labios. Eso no era lo único que le preocupaba sobre él. No lo vio durante mucho rato, ni siquiera salió cuando ocurrió el ataque. Sólo lo encontró cuando estaba saliendo a presentar el acto de Truska. Se veía preocupado más no estaba estresado. Incluso controló perfectamente el discurso del acto de Truska sin un ápice de nerviosismo en su voz. La situación estaba fuera de su límite pero no era algo que le impresionara, como si supiera que aquello iba a suceder.

Sherlock suspiró y abrió los ojos, mirando solemne el techo iluminado por los rayos anaranjados del crepúsculo. Sí, Gustavo definitivamente sabía que eso iba a suceder. Temprano se había estresado cuando John lo mordió, pero no porque le preocupara en realidad la gravedad de la mordida. Lo supo en cuanto vio que el cirquero se había relajado sin haber tranquilidad aún en sus ojos. Tal vez…

"¿Se puede pasar?"

Sherlock vio hacia la entrada de la tienda. Apartándola con un brazo estaba Gustavo. Ya no era más una mujer, se encontraba como más se hallaba cómodo: como un hombre, con una camisa color vino y unos pantalones oscuros. Le sonreía amable desde donde estaba. Asintió con la cabeza y se incorporó en la hamaca, sentándose debidamente.

El cirquero entró al ser aceptado. Se detuvo unos momentos a apreciar al hombre lobo, ladeando la boca inconforme, y después fue a sentarse frente a Sherlock, en la hamaca de John. Cruzó las piernas y sonrió.

"El tranquilizante de Luka duerme a elefantes en cuestión de segundos. Estará dormido las próximas horas. Diría que hasta mañana" dijo tratando de iniciar una conversación, siendo imposible si intentaba hacerlo hablar con hechos vagos que ya conocía. Luego de un profundo silencio, sólo destruido por los ronquidos de John, Gustavo suspiró derrotado. "Tienes preguntas".

"Claramente" afirmó Sherlock sin perder el tiempo. "Me parece sospechoso que sabiendo lo que iba a ocurrir no haya hecho algo para evitarlo dado que se trata de una "madre" cuidadosa con sus crías."

Vio un ligero tic en la ceja derecha de Gustavo. Aquel comentario le había fastidiado pero en ningún momento su rostro calmado se descolocó. Movió un poco sus piernas, preparándose para su respuesta.

"Como ya escuchaste de Hide, es imposible evitar algo que sucederá inminentemente a menos que se trate de un futuro probable. Y porque eso es, algo probable y que podría cambiar a otro futuro probablecon diversas acciones que lo afecten" su semblante cambió y ahora veía serio a Sherlock.

"Pero desde esta mañana supo lo que sucedería y sin embargo no le vi preocupado después de saberlo. Incluso sonreía" aquello fue del agrado del cirquero, demostrándolo con una sonrisa.

"Entonces lo notaste…" dijo. "Sí, es cierto que esta mañana me preocupé. Tanto por ti como el significado de ese ataque." Suspiró acomodándose su cabello ondulado hacia atrás y viéndole con sus ojos brillantes. "Yo no veo el futuro claro. De hecho, es imposible incluso para mi madre, que tiene mejor poder que yo. Es como abrir una serie de puertas que llevan a otras más. Dependiendo de cómo suceden las acciones se abren otras que llevan a un infinito de posibilidades… así que sí, esta mañana supe que Morán" Morán…entonces ese era su nombre, o su apellido al menos. "vendría a ver a John por un motivo que desconocía. Y por eso le pedí a Luka que vigilara el acto, existían dos posibilidades: tú descubrías a Morán antes que John y nada ocurría, o como sucedió hoy John lo descubría antes pero entonces te mataba. Cambié un poco el desenlace, al menos".

Sherlock asintió aunque no se encontraba agradecido por lo que había hecho. Con aquella confesión descartaba entonces que lo supiera desde la muerte de Luka. Ladeó la boca, no convencido aún.

"¿Por qué no le dijo a John?"

"Porque él habría sido terco y de todas formas se habría metido en el acto, con tu ayuda o la de Luka" Buen punto.

"¿Por qué nunca le dijo que Luka es una asesino contratado para controlarlo?"

Eso desconcertó al cirquero. Parpadeó varias veces, confundido por la naturaleza de la pregunta que no se había esperado.

"Pues…" dijo despacio, tratando de formular la respuesta en su mente. "No era necesario que lo supiera. Dijo que quería participar en una de las funciones pero nadie se ofrecía y yo no podía aparecer en todos los actos. John llevaba entonces…dos años aquí, era normal que no todos confiaran en él aún" sonrió. "Fui a una reunión con…Hide en Alemania y encontré a Luka. Era perfecto, podía trabajar con John y no dudaría en domarlo si se salía de control; el chico es muy inocente, no tuvo una infancia digna y sigue siendo un niño…nunca quiso utilizar el tranquilizante con Allan porque tenía miedo que fuera muy fuerte y lo matara, y eso fue lo que lo llevó a su muerte irónicamente….Volviendo a tu pregunta, si le decía a John que temíamos que se saliera de control durante un acto o que un día como hoy llegara seguro iba a bajarle el autoestima".

Era curioso que la persona que se preocupaba por la estabilidad emocional de John fuera la misma persona que se refería a Luka como inocente por tener miedo de matar a su hijo. Gustavo era una persona de muchas caras y cada una de ellas muy diferentes a las otras. Y no podría decir con exactitud cuál era la real. Se relamió los labios y lo vio fijamente.

"No me importa lo que John piense de usted, sigue sin parecerme alguien en quien confiar".

Gustavo alargó su sonrisa. "Nunca lo hiciste, ¿verdad, Sherlock?"

Una sensación helada los recorrió a ambos de súbito. Sherlock se erizó y la sonrisa socarrona se borró del rostro de Gustavo. Alguien tenía la mirada puesta en ellos y pudo reconocer esa sensación de grima: era la misma del acto.

Gustavo y él miraron hacia la entrada de la tienda. En ella estaba Morán, el hombre con la cicatriz en el rostro que había visto en la Carpa, pero estaba junto a otro. Era más bajo que él pero su mirada mucho más penetrante. Sonreía con diversión y maldad, de cierta forma le recordaba a Hide. Sherlock no lo había visto jamás, más él tenía su mirada puesta en él.

El cirquero fue el primero en hablar.

"Pensé que te había torcido el cuello lo suficientemente fuerte, Moriarty"


(1): Táser es un arma que usa frecuentemente la policía. Es una pistola de descarga eléctrica y de diferentes voltajes.