StudyInMara: Capítulo corto, pero no lo había planeado para nada. Si se ve algo raro, aunque confío en el criterio de mi beta reader, mis disculpas. Y Moriarty tiene una personalidad difícil de manejar.
Capítulo 14
Sherlock observó a Moriarty detenidamente, sacando todo lo que podía deducir en esos momentos, a esa hora del día y con la opaca luz que ofrecía su lámpara de aceite. No era mayor que Morán, tanto en edad como en altura, más era claro que tenía una mayor experiencia que él: en sus manos eran apreciables varias quemaduras que debió hacerse….no, que se hizo durante sus experimentos. Probándolos antes en él que en los humanos, por el resultado explosivo posterior o ambas, muy probablemente. Lo más destacable es que aparte de ello no poseía ninguna otra cicatriz, significaba que dejaba a Morán el trabajo sucio de controlar a los rebeldes.
Chasqueó la lengua con fastidio. No percibía en él más nada. Contrario a su compañero, Moriarty no se veía como un maniaco que experimentó con varios humanos para su propio placer y beneficio. De hecho, aparentaba ser un noble hombre de ciencias, un profesor estudioso que siempre mantenía ocupada su cabeza con nuevos avances. Pensó que, de no conocer el pasado de John, habría tenido una charla amena con aquel hombre sobre los últimos avances químicos. Y eso lo enfurecía, en su mente escuchaba a Mycroft jactarse de conocer sus oscuras intenciones sin necesitar al hombre lobo.
Pero no era el momento de pensar en su competencia personal con Mycroft. Luego de un silencio eterno, durante el cual no apartó la vista de Sherlock, Moriarty bufó burlón y se adentró más a la tienda, seguido de Morán.
"Sólo un poco adolorido durante las siguientes semanas, pero estoy bien. Gracias por preocuparte" Moriarty sonrió y vio a Sherlock nuevamente. "¿Quién es tu nuevo juguete?"
Gustavo abrió la boca dispuesto a responderle con algo mal sonante, Sherlock fue más rápido y su tono pedante se hizo escuchar primero.
"Sherlock Holmes. Estudiante" dijo, clavando sus ojos en Moriarty y observando todas sus reacciones.
Él sonrió complacido. "Profesor James Moriarty, especializado en matemáticas y zoología." Lo de matemáticas fue una grata sorpresa, una desgracia haber perdido otra mente brillante para la química. "Te presentaría a Morán pero ya tuvo un breve encuentro con él".
"¿Qué haces aquí?" espetó Gustavo de súbito, nada cómodo con lo que a sus ojos parecía una grata charla cuando en realidad se trataba de una batalla silenciosa. Sherlock reconoció que se trataba de un hombre muy inteligente, ahora tenía que probar su valía también.
Oh, el circo finalmente se estaba haciendo entretenido e interesante.
La sonrisa de Moriarty desapareció, dejando entrever en sus facciones oscuras al hombre de sombrías intenciones por un breve segundo, y apartó los ojos de Sherlock. Caminó con pasos lentos hacia la jaula del dormido John y se detuvo no muy lejos de ella más lo suficientemente cerca para poder ver con claridad al hombre lobo.
Sherlock sostuvo rápido los hombros de Gustavo, manteniéndolo sentado en la hamaca mientras trataba de liberarse y clavar las garras en la cara del profesor. No iba a negarlo, también se erizó cuando vio a Moriarty aproximarse a John, pero un vistazo rápido a Morán lo hizo quedarse sentado y dominar al cirquero. Sebastián Morán los estaba apuntando con un revólver. Fue desenfundado con una rapidez impresionante, Sherlock había visto ligeramente el bulto en su traje cuando ya los tenía en la mira. Moriarty tenía a un gran arquero en sus filas.
Al ver que Moriarty no representaba un peligro inmediato para John se relajó y el cirquero, aunque tardó más en notarlo, también se calmó y se mantuvo sentando. Sin embargo su nariz fruncida y sus ojos brillantes y rabiosos demostraban su humor.
"Te pregunté qué hacías aquí." Dijo una vez más con un tono de voz elevado pero sin llegar a los gritos.
Moriarty no respondió inmediatamente. Observaba a John con un ligero brillo de maldad que iluminaba su rostro. Sherlock apretó los puños al escucharlo bufarse una vez más.
"¿Yo? Vine a ver a mi Johnny-Boy. Quería ver como lo estabas tratando en este…circo ambulante antes de llevármelo" la sonrisa en su rostro se ensanchó. Pero ahora al que le tocó bufar fue a Gus. No lo hizo porque le diera risa la situación. Lo hizo porque empezaba a temer. ¿Acaso esa situación fue algo que había previsto y por ese mismo motivo había ido a su tienda?
"No puedes llevártelo mientras yo esté aquí. Y eso lo sabes. No me costaría nada romperte el cuello en estos momentos"
El profesor hizo una mueca melodramática con el rostro, como si le doliese lo que el cirquero acababa de decir. Esa expresión desapareció como tan pronto apareció y ahora lo veía sereno.
"No es algo que te aconsejaría. Tengo buenos…contactos. Personas que quizás no disfruten de esta misma paz que tanto dices gozar"
Gustavo no respondió, callado por un repentino estremecimiento que vio recorrer en su piel y toda la pared de defensa que había estado manteniendo desde que Moriarty entró en la tienda se derrumbó en pequeños pedazos. Sherlock prestó atención a esa última frase. Se estaba refiriendo a Hide y seguramente a su padre, Mr. Desmond Tiny. No había más.
Moriarty chasqueó la lengua.
"Pero voy a complacerte. No me lo llevaré hoy, sería muy aburrido. Lo haré cuando el circo desaparezca y él no tenga a donde ir". Gustavo lo miró confundido.
"¿De qué diablos hablas? El circo se mantendrá en pie mientras yo esté aquí"
Y eso fue lo que el profesor estuvo esperando. Una sonrisa iluminó su rostro una vez más y revisó su chaleco del Westwood que vestía. De él sacó lo que se veía como un recorte de periódico. ¿The Times, seguramente? No podía ver mucho la tipografía desde tal distancia. Caminó unos pasos más hasta quedar frente a ellos y dejó el recorte en la mano de Gustavo.
Sherlock sintió que se le helaba la sangre. Tan pronto el cirquero desdobló el recorte vio su fotografía en casi toda la hoja, una noticia que hablaba de su desaparición y de cómo sospechaban del circo ambulante que se quedó una semana en el viejo teatro. Se mencionaba a su hermano y como el prodigio de los Holmes había desaparecido y posiblemente secuestrado.
Al parecer exploraron todo el teatro y en los restos del lavamanos y del gran salón encontraron sangre. La sangre de la mujer recién casada que cayó encima de él y que se lavó, aunque el lavársela fuera una excusa para irse con el Cirque luego. Se identificó la sangre y al interrogar a la mujer mencionó que el director del circo, cuyo nombre desconocía pero afirmaría reconocer si lo veía una vez más, se llevó al "niño desaparecido" a los bastidores y no lo volvió a ver incluso cuando el espectáculo terminó, algo que le pareció raro pero no tomó mucha importancia del asunto.
Las autoridades hacían una inspección profunda en toda la ciudad, ya que si el secuestro era cierto entonces el haber salido de Londres pudo ser un farol. (En esos momentos sentía un enorme agradecimiento por la estupidez del Scotland Yard) La noticia llevaba una semana de publicada, sin embargo le impresionaba el que Mycroft aún no lo hubiese encontrado con el pasar de dos semanas. Algo o alguien debieron haberlo retenido.
Alzó la cabeza nuevamente para ver a Moriarty, pero ni él ni su acompañante se encontraban más en la tienda. El silencio sólo era roto por los ronquidos de John, como si no hubiese pasado nada. Miró al cirquero: había dejado de lado el recorte del periódico y escondió su cara entre sus manos, encorvándose en sí mismo.
Aún sin haber dicho algo, Sherlock supo que estaba desesperado.
Gustavo no se movió durante un largo tiempo. Sherlock nunca buscó reconfortarlo tampoco. No habló durante su silencio y únicamente se levantó de su sitio para acomodarse mejor en su hamaca y volver a acostarse. No había mucho qué pensar de la situación que acababa de ocurrir, así que sólo esperó a que se levantara y se fuera. Lo cual hizo: con el paso de unos minutos Gustavo suspiró y frotó su cara, luego se levantó antes de desaparecer detrás de la lona de la entrada. No vio a Sherlock en ningún momento.
No es como si le hubiese afectado, entendía la gravedad de su estado actual: estaban buscándolo y si lo encontraban se llevarían el único muro protector del circo. Era el rey del tablero, la pieza más importante. Mientras estuviera oculto entre otros, la partida estaba segura. Más tan pronto quedaba al descubierto era tan débil y endeble como cualquier peón. El rey cuyos sirvientes eran incapaces de proteger ante los alfiles enemigos. Tan pronto Gustavo cayera, todos los demás lo harían irremediablemente.
Eso también los incluía. Si llegaba a suceder, John quedaría libre y lo más probable era que Moriarty diera con él al final. Volvería entonces a la prisión que lo retuvo por ocho años. Sin embargo no sólo John caería, él lo haría también. Scotland Yard lo estaba buscando, después de todo. Una vez encontrado y Gustavo arrestado (o fugitivo; no imaginaba al cirquero dejándose arrestar tan fácil) no le quedaba más que volver a su vida aburrida. Mycroft no despegaría el ojo de él y volvería a su aburrido colegio, viviendo una adolescencia aburrida.
Vio el techo y sonrió. La clave de todo era él. Si desaparecía, al menos por un tiempo, las sospechas sobre el Cirque du Freak desaparecerían y podría volver calmadamente luego aunque más precavido a la hora de actuar (oh, ¿en verdad estaba pensando en eso?) frente a las personas. Y eso planeaba hacer.
Fue conveniente que no mucho después escuchara unos rasguños al otro lado de la tienda. Se incorporó un poco, viendo cómo John, con orejas de lobo saliendo de su cabeza y una cola, larga y peluda, saliendo desde el final de su espalda desnuda, despertaba. Gruñía, veía la habitación con aire de confusión. Si debía comparar, Sherlock diría que se veía como un lobezno.
Se levantó y se dirigió hacia él, trayendo consigo el banquito pequeño que usaban más como apoyo que asiento. Lo acomodó frente a él para sentarse y mirarlo.
"¿Recuerdas algo?" Preguntó sin rodeos. John lo miró con los ojos entrecerrados, procesando cada palabra en su cerebro aún adormilado por la droga de Luka.
"Uhm…N…¿No?" Balbuceó John. Diría que era capaz de reconocerlo por el olfato.
Sherlock suspiró y procedió a explicarle lentamente, escogiendo palabras adecuadas y sencillas, lo que sucedió durante su función en el acto de la tarde. No planeó repetirlo si es que no conseguía entenderle, por ello se tomó el tiempo que era necesario para relatar al hombre lobo todo. Incluso comenzó desde la presentación de su acto; pensaba que quizás algo que ocurrió mientras estuvo consciente sería una manera adecuada de relatar primero, así se ubicaría en un espacio de tiempo y espacio que vivió y lo ayudaría a situarse para cuando contara que perdió su consciencia.
Mientras contaba los detalles de su condición actual, John empezó a recobrar el sentido y se situó mejor en los hechos. Su ánimo fue decayendo conforme avanzaba hasta que llegó a lo que sucedió sólo una media hora atrás: el encuentro con Moriarty. Sus orejas se levantaron y lo vio fijamente, serio, mientras hablaba hasta que calló.
"Ah…" John se revolvió el cabello minuto después. "Yo…lo siento, Sherlock. Debí controlarme…pero apenas lo vi, yo…" Se mordió el labio. No necesitó alguna palabra para explicar lo que sintió en ese momento. "Aunque si dices que nadie salió herido y que todo terminó bien…Pero lo más importante… dices que Moriarty estuvo aquí."
"No me hagas repetirme, John"
"Sólo compruebo los hechos. No vino a llevarme, vino a intimidar a Gus"
"Es la conclusión más lógica" dijo, empezando a hartarse de que dijera lo obvio.
"Pero… ¿cómo supo que estábamos aquí?" John volvió a verle. "Estamos a media vía. Las personas siempre piensan que somos algún grupo nómada de defensa ambiental, y aunque la carpa sea grande no es posible verla claramente desde la carretera. Muchos llegan porque se interesan en la carpa lejana, pero alguien que vaya en carretera a una velocidad considerable no podrá verla. Tuvo que saber lo que estaba buscando."
Sherlock sonrió. "Por fin te cuestionas lo adecuado, John. Sin embargo ya llegué por mi mismo a una conclusión también. Fue Hide"
El hombre lobo lo miró arqueando una ceja y ladeando la cabeza. Estaba completamente extrañado por su respuesta.
"Pero… es imposible."
"¿Por qué debería serlo? Fueron tus propias palabras las que lo describieron como un hombre malévolo y sin sentimientos"
"Lo sé, lo sé…es que con Gus es diferente" John giró la cabeza un poco, sonándose el cuello con su debido gruñido de satisfacción poco después de hacerlo. "Puede llegar a tratarnos mal a todos con una sonrisa en el rostro y luego usar nuestros cuerpos para ponerlos en barro y evitar que Gus se ensucie los pies. Lo consiente mucho; puede llegar a intimidarlo, pero nunca haría algo que lo perjudicara"
Sherlock ladeó la boca. John tenía razón hasta cierto punto: Hide consentía en todo a Gustavo. La escena que presenciaron al espiarlos la otra noche podía parecer una amenaza. Sin embargo, si lo pensaba mejor, ¿por qué el amo del Universo accedió a hacer algo que le costaba? Con facilidad pudo negársele y se hubiese auspiciado un funeral para Luka. Más aceptó, y la razón obvia es que se trataba del cirquero quien le pedía el favor.
Existía entonces un hoyo en su teoría. Fue Hide quien guió a Moriarty y Morán hacia el Cirque, no había dudas que incluso fue Hide quien le llevó ese recorte que condenaría al circo. ¿Por qué pondría en peligro la estabilidad del sitio que Gustavo, su consentido, se encargó de hacer crecer?
Abrió los ojos, comprendiéndolo todo. Sonrió y negó con la cabeza para sí mismo. Estúpido, estúpido, ¿cómo no pudo haberlo visto antes?
"No está detrás de Gustavo" dijo de repente y se percató que John ya no estaba frente a él en la jaula.
Lo buscó con la mirada alrededor de la tienda hasta encontrarlo frente a la cómoda, buscando algo de ropa. Ya no poseía la cola y las orejas y estaba vestido con un pantalón. John siguió rebuscando en los cajones de la cómoda hasta encontrar una camiseta y colocársela, viendo a Sherlock otra vez.
"¿Qué dijiste?" Sherlock bufó. Odiaba repetirse.
"No busca a Gustavo. Lo meterá en problemas, pero no es su objetivo principal. Sabe que de llegar a necesitarlo huiría, no es de las personas que se dejan tomar tan fácil."
"¿Entonces a quien busca?"
Sonrió. "¿No es obvio? ¡Nos busca a nosotros!"
John lo miró en silencio durante unos segundos, esperando que lo que sea que estuviese diciendo se tratase de una broma. Lamentablemente para él, no fue así. Sherlock hablaba muy en serio y la sonrisa en su rostro nadie podría borrarla.
"¿Por qué diablos Hide se centraría en nosotros? No tenemos nada que ver con él, le damos igual."
"Precisamente por eso, John. No somos nada para él. Es fácil pensar que siendo así puede usarnos como un objeto de entretenimiento"
John parpadeó. "¿Estás diciendo que Hide nos está usando para entretenerse?"
"Es sorprendente lo mucho que tardas en comprender algo tan sencillo"
"¡Sherlock! Si es así, y no lo estoy afirmando, ¿qué se supone que haremos? No podemos huir tan fáciles como Gus. Soy un enorme hombre lobo y tu un humano común, de ninguna forma podríamos huir a un grupo de policías"
"No, no, por supuesto que no" Dicho eso se levantó de la butaca y juntó ambas manos con cada yema contraria de sus dedos. Caminaba rápido, dando vueltas en el interior de la tienda mientras pensaba. Un brote de energía repentino sacudió su cuerpo y necesitaba liberarlo. Sentado, en su hamaca, se encontraba John viéndolo en silencio. "Vi mal las piezas en este juego. Gustavo no es la pieza más importante, por más que sea el Rey…"
"¿Qué dices?"
Alzó la mano hacia John, indicándole que callara. "Somos un par de peones en su juego de ajedrez, John. Está jugando con las piezas más débiles. Si caemos, él gana, aunque Gus se trate del más poderoso y por ende, el Rey. El Jaque recae en nosotros y si nosotros caemos, las demás piezas caerán."
"Sherlock, explícate o me iré"
Rodó los ojos. "Hide ya movió su pieza, que es Moriarty. Es nuestro turno de movernos. La única diferencia es que si no nos movemos rápido, perderemos"
John lo vio. Al parecer finalmente comprendió la situación en la que se encontraba y en sus ojos veía que ya no se veía todo como una "posibilidad". Era un hecho.
"Entonces estás diciendo que debemos huir de la aldea"
"Por un tiempo al menos, sí. Y ésta misma noche, no debemos perder el tiempo"
Él frunció el ceño. Su expresión molesta fue cambiando lentamente en su rostro hasta convertirse en una sonrisa. Cansada, no muy convencida, pero una sonrisa al fin.
"Si toda esta conspiración resulta ser imaginaciones tuyas, voy a molestarme contigo" Sherlock sonrió ladino.
"No lo pongo en duda"
Al terminar de decir eso cada uno fue a preparar su mochila de viaje. Sherlock no tenía mucho que meter, de hecho, solo una segunda muda de ropa: una camiseta oscura y unos pantalones. La otra se terminó de destruir esa mañana y sólo tenía la que Truska le dio en la mañana y llevaba puesta. De resto poseía una linterna sin baterías, una hamaca que no entraba en su mochila y la almohada. Aunque la hamaca podría entrar si lo intentaba…
Mientras intentaba meter la hamaca a la fuerza, doblándola de mil formas posibles, Ren entró en la tienda. Al ver la luz encendida debió suponer que estaban despiertos y para su sorpresa los encontró allí. Parpadeó un par de veces.
"Ah….chicos" dijo, llamando su atención. John dejó su mochila, relativamente llena a comparación con la de Sherlock, de lado y lo vio. Sherlock cesó en tratar de meter la hamaca. "Gus los está llamando. Dice que es importante"
Para el posible futuro negro del Cirque du Freak que Gustavo vio cuando se fue Moriarty, Ren se encontraba bastante calmado. Asintió y dejó la mochila a medio hacer (vacía, diría), junto a John se levantó y fueron con Ren hacia la tienda del cirquero.
El silencio que azotaba la tienda colorida de Gustavo era indudablemente anormal. La aldea estaba en silencio y aunque la tienda del cirquero era de por sí tranquila, el vacío que se sentía era incluso de luto. No sabía qué les diría, Sherlock sólo suponía que se trataba del problema con Moriarty y debió haber llegado ya a la misma conclusión que ellos: lo mejor sería irse del circo por un tiempo.
Lo esperaban sentados en el sofá de la sala de su tienda. En la mesita se encontraba una tetera humeante y varias tazas buscando ser usadas. Por el aroma diría que se trataba de té negro, perfecto para regular el estrés del cirquero y poner su cerebro en alerta, aunque si quería despejar bien su mente necesitaría algo siete veces más fuerte.
No mucho después Gustavo salió de la que era su habitación. Para la sorpresa de Sherlock, el cirquero se veía bastante renovado y fresco. Una vez más, luego de una dificultad parecía como si nada hubiese pasado. Incluso les sonreía abiertamente.
"¿Cómo están?" preguntó antes de sentarse en el sillón frente a ellos. Se cruzó de piernas, se inclinó hacia la mesa y se sirvió algo más de té. Por su estado anímico diría que había tomado alrededor de cuatro o cinco tazas. Tal vez más.
Aunque a Sherlock le importara poco el estado psicológico de Gustavo, John era otra historia. Lo miró preocupado y se relamía los labios, buscando bien qué decir.
"Eh, Gus…nosotros…"
"Oh, bien, si no quieren decirlo está bien por mi" Gustavo volvió a acomodarse en el sillón, apoyándose bien en el respaldar acolchado, y dio dos tragos a su taza de té. "¿Tienen todo listo? No tenemos mucho tiempo que perder"
"¿Todo listo?" Preguntó John. Sherlock miró al cirquero y sonrió ladino. Tal y como supuso, ya lo sabía.
"Claro, para irnos del Cirque"
Eso sorprendió a ambos. La sonrisa socarrona se borró del rostro de Sherlock y la expresión descolocada de John podía hablar por ambos. Gustavo los miraba con una sonrisa suave. Ellos sabían que se iba a ir de la aldea, nunca esperaron que Gustavo también se fuera con ellos.
"Estoy seguro que ya resolvieron que, para poder sacar al circo de problemas, era necesario que ambos se fueran. No encontrarían a Sherlock aquí y en dado caso que Moriarty viniera a jugar sucio y llevarse a John sin previo aviso, también debe irse. Es mi deber llevarlos al sitio más seguro que conozco en tierra" Cerró los ojos y tomó un largo trago del té. "La Montaña de los Vampiros nos espera para este viernes"
Sherlock y John se miraron cuando terminó la frase.
16/04/14: NO ME HE OLVIDADO DEL FIC. En enero comencé la Universidad y me di cuenta de que consumía mi tiempo y mis energías más de lo que hubiese imaginado, sobretodo siendo mi carrera trimestral y por lo tanto debo correr prácticamente para estudiar y hacer los exámenes. Aparte, la situación en mi país me ha mantenido también estresada por lo que he podido concentrarme en todo menos en el fic.
Sin embargo no lo he olvidado y posiblemente nunca lo deje porque el fic está completado en mi cabeza. Bastante largo, sí. Dentro de un mes saldré de vacaciones, el capítulo 15 está listo salvo por dos páginas restantes. Haré lo posible en escribir tantos capítulos pueda para así saldar la cuenta. (Saldar? God hablo como contadora) Lo siento mucho, pero voy a pagar su espera y, si siguen allí, su fidelidad.
