Capítulo 18
Vic Vargas reunía todos los estereotipos de un vampiro que tenían las películas y cómics de ficción (salvo, claro está, Crepúsculo). Tenía la nariz afilada y larga, y los huecos de sus mejillas se hundían de tal modo que lo hacía ver más largo de lo que realmente era. Su cuerpo no se quedaba atrás: era alto y delgado, no poseía nada más sorprendente en medio de su figura. Si Sherlock tuviera que compararlo con algo, diría que Vic Vargas era lo más parecido a lo que una rata se vería si tuviera forma humana.
¿Lo que lo dejó en alto? El color de su piel. Sabía, por medio de John, que los vampanezes tenían la piel de color morado y Sherlock pensó que era algo más delicado y sutil; después de todo, ¿cómo podían pasar desapercibidos en medio de la calle, con otras personas viéndolos? Simple, no lo hacían.
No podían hacerlo, porque aquello no era algo que pasarían por alto. Su piel era morada en su completitud, de cabeza a pies, surcando cada centímetro de su cuerpo. Si Vic de verdad era un semi-vampanez (o eso deducía por el olfato de John) significaba que la tonalidad de su piel se debía a la cantidad de sangre que había ingerido en un mes, o eso creía. ¿Qué le había dicho John? Los vampanezes ingerían toda la sangre de los humanos para no tener que buscar más durante meses. Ese hombre frente a ellos era lo más parecido al primer asesino serial paranormal que Sherlock en su vida había visto.
Y les estaba sonriendo.
Claro que, en un principio, se sorprendió al verlos allí tanto como ellos se sorprendieron de verlo a él. Había vuelto corriendo, seguro había escapado de la persecución que Gustavo había provocado cuando lo encontró en su morada. Pero ahora sonreía, relamiéndose los labios del placer.
"Me saqué la lotería…" dijo en un susurro.
John estaba impredecible. Sherlock podía decir que se había erizado: todo su cabello rubio se había alzado de golpe, por la rabia que sintió de súbito hacia aquel ser, y las orejas de lobo que una vez más estaban presentes en su cabeza. No era necesario ver sus ojos para saber que se le habían dilatado. Era casi la misma reacción que tuvo al ver a Morán en la función del circo, solo que esta vez era su lado humano el que estaba presente. ¿Por cuánto tiempo? Eso sí que no lo podía definir con certeza.
Una vez más Sherlock se vio en una situación en la que no sabía qué hacer. Estaba de pie frente a un vampanez, un ser paranormal que sí representaba un peligro para él y para John. No sabía hasta que punto Viv Vargas estaba dispuesto a matarlos, pero estaba preparado para una lucha que podría resultar a muerte. Se enfrentaban a un vampanez que había luchado y escapado de Gustavo y de otro vampiro; aunque Sherlock no quisiera admitirlo, tenía un alta estima sobre la destreza del cirquero, frente a él estaba un sobreviviente.
Se dio cuenta, muy tarde ya, que entre las cosas que debió preguntarle a John sobre los vampiros estaba la incógnita de cómo acabar con uno si se le presentaba casualmente uno que fuera hostil.
Una voz habló en su cabeza, respondiendo a su pregunta. 'No puedes'. Y una nueva sensación de ansiedad invadió cada poro de su cuerpo. ¿Acaso Gustavo había previsto ese encuentro? ¿Por eso Hide le preguntó si deseaba convertirse en vampiro o no? Para sobrevivir esa batalla…
Viv Vargas se rió son sorna, echando la cabeza hacia atrás.
"¿Vas a atacar, lobito?" arrastraba el acento por cada sílaba que pronunciaba, saboreándolas. "¿O vas a esperar que me cene a ese flaquito?"
John saltó sobre Viv en un parpadeo, y era lo que se esperaba según la sonrisa en los labios del vampanez. Sherlock aprovechó ese altercado para mirar alrededor qué podía utilizar como un arma; estando allí, cada segundo que pasara contaba como una oportunidad de salvarse el pellejo. Papeles, la mesita de noche volteada, un lado de la cama…vidrio. Vidrio que parecía provenir de un espejo roto, posiblemente del altercado anterior. Era mejor que tener las manos vacías.
Rompió un pedazo de tela de la cama para envolverse la mano con ella y así tomar un pedazo lo suficientemente grande y punzante para tratar de defenderse. Cuando alzó la vista otra vez, John seguía sobre Vic Vargas: se había aferrado con sus dos zarpas a los brazos del vampanez y ahora trataba de asestarle un mordisco, resultando en vano porque sus dientes ni rozaban la piel del otro. Por la sonrisa que iluminaba su cara, Sherlock veía que Viv Vargas se estaba divirtiendo; ni siquiera los consideraba lo suficiente peligrosos para ser una amenaza. Sangre manaba de las heridas que el hombre lobo había hecho en sus brazos, pero no se apartaba ni demostraba ninguna mueca de dolor.
Si pudiera meterle el pedazo de vidrio en los ojos, podría causarle un daño considerable y dejarlo indispuesto por un tiempo que John y él podían aprovechar para escapar. Lamentablemente, Vic Vargas se quitó a John de encima antes de tiempo y ahora se dirigía hacia él con una velocidad fascinante.
Apenas pudo colocar sus brazos al frente para evitar que se pegara mucho a él, mas el choque del empuje contra la pared lo hizo perder la respiración un momento; lo veía borroso, producto del estrés y del golpe que se había dado. Trató de clavarle la punta del espejo en un costado, donde más llegaba su mano, sin embargo no contó con que la piel de los vampiros fuese más dura…eso, o él no tenía la suficiente fuerza para apuñalarlo.
El vampanez tiró del cabello de su nuca para obligarlo a alzar la cabeza y verlo de frente. Tenía una sonrisa torcida, ojos que parecían salir de sus órbitas y un aliente a sangre que lo mareaba y le revolvía el estómago. Solo así de cerca reparó en el hilo de sangre que corría desde la comisura de sus labios y llegó a una conclusión rápida: el vampanez había comido antes de ir allí. Seguro para recuperar energía de la lucha que había mantenido con Gustavo, pero lo había hecho; había matado a otra persona antes de volver a su madriguera. Se rió, tal como si hubiera leído su mente o hubiera visto nada más el terror en sus ojos.
"¿Así es como vas a luchar?" espetó, jalándolo más de la nuca. El dolor del tironeo tanto como el dolor del golpe contra la pared invadieron los sentidos de Sherlock una vez más. "¿Y es esta la escoria que tanto piden? Hay alguien que pagará por tu cabeza muy bien, ¿lo sabías?"
No le dio tiempo de jactarse más de su recompensa. John se había levantado y arremetió contra Vic Vargas por segunda vez. Pero esta vez, montado a sus espaldas, clavó sus fauces en el espacio que había entre el hombro y el cuello.
Un aullido de dolor inundó la habitación al tiempo que la sangre brotaba de la herida que aún John mordía. Seguía siendo un humano, pero por las garras y colmillos crecidos que poseía se denotaba que su lado animal estaba dominándolo más cada segundo que pasaba. El vampanez finalmente lo soltó y Sherlock se deslizó al suelo, con la espalda aún pegada a la pared y observando con ojos grandes la escena frente a sus ojos.
John se sostenía del vampanez, como si la vida dependiera de ello…y era probable que fuera así. Viv Vargas resolló una vez más, moviendo sus manos hacia donde estaba la cabeza de John y tiró de su cabello, como si con eso pudiera despegárselo. Fue allí cuando se fijó en las manos del vampanez: sus dedos terminaban en garras, punzantes garras que rompían la piel de John cada vez que pasaban por su cara.
No lo entendía. En todo ese tiempo, debido al débil olor del vampanez, había pensado que no había llegado a la completitud de su estado y por lo tanto se estarían enfrentando a un semi, no muy diferentes a los humanos en cuestión de resistencia en batalla. Pero sus garras y el color excesivo que cargaba solo demostraban que se encontraban frente a un vampanez hecho y derecho… ¿se había equivocado? ¿Había conducido a John a una muerte segura?
De solo pensarlo se le oprimió el corazón.
Pronto el vampanez se deshizo del agarre de John para lanzarlo contra la cama. El hombre lobo trató de recuperarse para volver a empujarse contra él, pero Vic Vargas fue más rápido y clavó sus garras en su estómago, enterrándolas hasta los nudillos.
Allí se encendieron las alertas en su cabeza, la sangre del hombre lobo comenzando a brotar entre los dedos del vampanez. John estaba en peligro. Su John iba a morir a manos de aquel ser desagradable si no reaccionaba pronto. No iba a permitirlo.
La adrenalina que llenó cada membrana de su cuerpo lo llevó a levantarse y correr hacia la espalda del vampanez subiendo de un salto. No le dio tiempo de reaccionar antes de aferrarse a su cabeza y tantear con los dedos hasta encontrar sus ojos. Ya allí, introdujo sus dedos en aquel orificio con toda la fuerza que pudo reunir hasta que sintió que algo cedió debajo de ellos y un líquido escurrió de allí.
Vic Vargas rugió una vez más, alejando por fin sus garras del estómago de John y tratar de alcanzarlo ahora a él. Pensó en despegarse del vampanez para correr a presionar la herida de John y que no siguiera desangrándose, pero Vic fue más rápido y lanzó casi todo su cuerpo hacia atrás, golpeándolo de lleno contra la pared.
Aquel sacudido provocó que lo soltara para caer de bruces contra el suelo otra vez. Sherlock sentía el cuerpo débil y frágil, a punto de perder el sentido. Se obligó a levantarse, las piernas temblándole como gelatina y la sangre de Vic Vargas todavía goteando de entre sus dedos.
Vic se acercó y lo tomó del cuello, apretándolo hasta dejarlo sin aire. Sherlock apenas podía ver el saco de sangre que sus dos ojos estaban hechos ahora, pero sí que vio a la figura de ojos dorados que había aparecido a las espaldas de su enemigo.
Cerró los ojos justo para perderse como Gustavo cercenaba la mano del vampanez y, antes de que volviera a protestar, su cabeza.
Sherlock se tambaleó en su sitio, frotándose el cuello en donde lo había sostenido. Solo hasta que recuperó la respiración fue que se dio el lujo de abrir los ojos y ver la escena que se presentaba ahora frente a él. El cuerpo de Vic Vargas estaba en el suelo, su mano no muy lejos pero su cabeza no estaba en ningún sitio visible; podía decir que el cuerpo todavía temblaba, pero no se fijó mucho en ese detalle. Un hombre, con el cabello rubio rapado a los lados y solo manteniendo una cresta en su cabeza, estaba inclinado sobre John, verificando su estado y, por lo poco que se había dejado ver, ya le habían vendado el estómago. Pero estaba quieto, muy quieto, y eso le preocupó.
Se acercó con pasos cortos, tambaleándose de un lado a otro y amenazando con caer desplomado en cualquier momento. John tenía los ojos cerrados, estaba más pálido de lo que normalmente era y las vendas que le habían colocado ya se estaban manchando otra vez de sangre. Si lo pensaba bien, Vic Vargas le había clavado los dedos en su estómago, lo que significaba que John en esos instantes debía estar teniendo una hemorragia interna.
Abrió la boca para comunicárselo al hombre que suponía era Mark Oalth, pero lo único que salió de su garganta fue lo más parecido a un graznido. Volvió a cerrarla muy tarde, porque Mark ya había reparado en su presencia y se volvió hacia él. Tenía unos centelleantes ojos grises que lo miraban consternado.
"Chico, no te ves nada bien. Siéntate" más que una orden, lo obligó a sentarse junto al hombre lobo para examinarlo. Sherlock no tenía fuerzas para quejarse o negarse, sólo tomó por inercia la mano de John y la sostuvo entre las suyas. Mark ladeó la boca. "Aunque no pareces tener nada tan grave como tu amigo…los vampiros de la Montaña te van a revisar mejor"
"No le arruines la sorpresa" por fin reparó en Gustavo. En algún momento se había aparecido junto a Mark, vigilando el trabajo que estaba haciendo en los dos. "John necesita que vayamos ya allá"
Mark lo miró de rojo y se fijó en lo que cargaba en sus manos, por lo que Sherlock igual bajó su vida hasta allí. Tenía, nada más y nada menos, la cabeza de Vic Vargas. Por suerte, la tenía de frente hacia él, por lo que Sherlock solo veía el cuero cabelludo. Mark suspiró.
"Los Príncipes lo querían vivo"
"Situación de emergencia; estaba atacando a un humano y salimos a defender" luego vio a Sherlock a los ojos, con una sonrisa en los labios…tierna y sincera esa vez. Colocó una mano manchada de sangre en su mejilla al tiempo que se inclinaba a susurrar en su oído. El calor que le transmitió era agradable. "Has hecho un gran trabajo, Sherlock. Ahora duerme"
Como por arte de magia, cayó rendido hacia atrás, sin soltar la mano de John.
Cuando Sherlock despertó, se dio cuenta que estaba dentro de un ataúd.
No se fijó en el techo de piedra que tenía sobre su cabeza ni que, a pesar de la falta de electricidad, se encontraba en una habitación iluminada. No, Sherlock se sentó de inmediato, sin dejar que el sueño pasara del todo, cuando se dio cuenta que lo tenían recostado con los brazos cruzados en un ataúd de madera sin tapa.
Respiraba agitado, perdido en todos sus sentidos. ¿Dónde estaba? ¿Cómo se suponía que había llegado allí? Cerró los ojos, intentando pensar así con claridad, pero pronto una mano se encargó de volverlo a recostar en su sitio.
"Tiene que estar recostado, señor Holmes" Sherlock miró a la persona que lo había vuelto a acostar. Nadie que en su vida había conocido, pero cargaba un uniforme como de guardia. "Órdenes del Príncipe March"
¿Príncipe March? Sherlock cerró los ojos un momento, considerando la nueva información. March…March…Vancha March. El Príncipe Vampiro, padre del cirquero. Entonces estaba en la Montaña de los Vampiros; Gustavo y Mark, el General Vampiro, debieron haberlos llevado allí luego de la pelea que tuvieron con Vic Vargas. Eso lo hizo recordar un detalle importante.
John.
Sherlock volvió a incorporarse, tomando del cuello del traje a un vampiro muy sorprendido por su reacción. Sería la primera vez en la que se mostraba tan necesitado e implorante frente a otra persona, pero estaba muy preocupado por la respuesta que el General Vampiro podía darle.
"¿Dónde está John?" preguntó con un deje de desesperación en su voz. El General Vampiro lo miró sin comprender, y fue allí cuando Sherlock se dio cuenta de lo que hacía…algo impropio de él; se detuvo, soltando su ropa y retrayéndose de nuevo hacia atrás, pero viendo que no respondía a su pregunta, chasqueó la lengua en un gesto impaciente. "Un…un chico, como de mi edad. Un poco más pequeño que yo; pálido, cabello rubio, venía con una herida en el estómago" y posiblemente estuviera muerto si no habían llegado a tiempo.
El General Vampiro lo miró extrañado mientras explicaba, pero conforme describía mejor a John, un deje de entendimiento surcó por sus ojos. El General vio hacia la puerta una vez, casi temiendo que el Príncipe March apareciera allí mismo para descubrirlo, y luego volteó hacia Sherlock, decidido.
"Quédese aquí, señor Holmes" le advirtió antes de soltarse del agarre que aún mantenía e ir hacia la puerta…si es que a eso se le podía decir puerta. Honestamente, aquello era un hueco en la pared lo suficientemente algo y ancho para que pudiera pasar todos los vampiros que lo necesitasen.
Una vez se fue, Sherlock se dedicó a salir del ataúd en el que estaba, virándose un momento para verlo. Era una de esas urnas costosas, con adornos y acolchada por dentro, perfecta para dormir. Entonces le golpeó el razonamiento, rodando los ojos al comprende el porqué de los ataúdes: dormir. Aquellos ataúdes debían ser las camas de la Montaña. Los vampiros eran "muertos" vivientes, después de todo; debían de sentirse en la gloria al dormir allí. Por supuesto, Sherlock no podía estar más en desacuerdo.
Con las manos tomadas en la espalda, observó la cueva que se consideraba como una habitación. Era piedra maciza, no necesitaba tocarla para confirmarlo. En el techo había lozas de piedra, doradas y brillantes que servían de foco para iluminar el resto de la habitación; había también arañas, que rondaban por las paredes. Estaban llenas de colores vivos: púrpura, rojo, azul…sentía que había visto aquella clase de arañas antes, pero no lograba recordar de dónde. Debió haber sido un recuerdo que ya borró por lo inútil que debió ser.
Una voz habló desde la puerta. "Son el mismo tipo de Madame Octa, ¿ya no te acuerdas de ella?...Lo borraste, seguro"
Sherlock se volteó a verlo. John estaba de pie, apoyado de un hombro contra la pared. Le habían entablillado el brazo derecho, y debajo de la camisa nueva y clara que le habían proporcionado se asomaba un nuevo vendaje de la herida. Tenía raspones y rasguños en toda la cara pero lo estaba viendo calmado. Su John estaba bien
Una sensación de alivio inundó todo su cuerpo, pero no demostró nada de esto en sus facciones. De hecho, desde el punto de vista de John, Sherlock lo estaba viendo como si ambos no hubieran acabado de pasar una situación de vida o muerte y que, si Gus no hubiera llegado, lo más probable era que hubieran muerto. Pero por la cabeza de Sherlock pasaban otras cosas, que eran las que precisamente no quería demostrar.
Por ejemplo, la inmediata calma que había sentido cuando vio a John entero frente a él. Eso era raro, ¿por qué lo sentía así? El hombre lobo era su mejor amigo, era algo que había reconocido pero había algo más fuerte, algo más grande. Algo que hacía imprescindible a John en su vida y que, el solo pensar que pudo haberlo perdido hacía unas horas, era un pensamiento imposible y absurdo. Él debía permanecer a su lado, no tenía opción…no había forma de que se fuera, ¿no?
Pero lo que más lo confundía era el simple hecho de sentir esa sensación hacia John, una persona que le había sido totalmente desconocida un mes atrás… ¿en qué momento había pasado eso? ¿Por qué se sentía tan cómodo en esa situación?
Él lo miró extrañado ante el silencio. "Bueno…estoy golpeado, pero todavía estoy bien. ¿Tan mal me veo?"
Sherlock despertó de aquel estado con un parpadeo y acto seguido chasqueó la lengua, rodando los ojos. "Honestamente esperaba algo peor, la herida del estómago debió al menos dejarte en cama por un buen rato. O…en un ataúd, mejor dicho, viendo como son las cosas aquí"
"Es bueno recibir los buenos pensamientos" bufó John, esperándose esa respuesta de su amigo. Lo que no esperó fue a Sherlock acortando el espacio entre los dos, abrazándolo por el cuello y enterrando la cabeza en su hombro. Trató de verlo, mas tenía los ojos cerrados, y por su lado sintió un nudo en su garganta que no podía describir.
Se quedó tieso, en silencio, antes de levantar el brazo bueno y abrazarlo igual por la cintura. Suspiró, como si hubiera estado reteniendo el aire desde que había entrado…quizás era así.
"También me alegra verte bien" exhaló. Por un momento, trató de separarse pero al ver que Sherlock no se despegaba de él, se volvió a acomodar como estaba. "¿Sabes qué ocurrió? O cómo llegamos aquí"
"Eso es algo que yo voy a responder" ahora sí, Sherlock se separó de John, volteando la cabeza hacia la voz. Gustavo estaba en la puerta, de brazos cruzados. "Pero primera hay alguien que quiere verlos. Mi padre los espera en el Hall de los Príncipes"
StudyInMara: No puedo creer lo rápido que tuve que recurrir a esto pero este capítulo es, de hecho, el capítulo de respaldo que siempre dejaba por adelantado. Comencé el semestre, estoy terminando la carrera y por lo tanto tengo el servicio comunitario encima y la tesis, por lo que ahora se me hará más difícil subir seguido. Como verán pasó un mes y no he podido escribir nada nuevo, así que espero comprensión por ese lado.
De todas maneras, cuando lleguemos al final del Primer Acto voy a hacer una pausa larga, así que trataré al menos de llegar allí para justificar el espacio de tiempo que me tome. ¡Muchas gracias por leer y espero que les guste este capítulo! No se me dan bien las peleas.
