Capítulo 2 – ¿Segundas partes nunca fueron buenas?

Era pasada la una de la tarde cuando el despertador sonó.

Alfred se removió entre las sabanas, cubriéndose la cabeza con la almohada para tratar de amortiguar aquel infernal sonido, con nulo resultado. Normalmente se hubiera quedado haciendo el remolón en la cama un poco más pero ese día era distinto de los demás así después de apagar el reloj se bajó de la cama y se calzó sus plántulas de Superman, aun estando algo adormilado. No era para menos que arrastrará aquel sueño y es que se había desvelado viendo un maratón de todas las películas de los Vengadores hasta bien entrada la madrugada. Para él ya era casi era una tradición, no pudiendo faltar la ingesta de grandes cantidades de comida basura para acompañar la velada.

—¿Toris? —dijo en cuanto entró a la cocina pero al ver que no había nadie lo buscó por el resto de las estancia.

No lo encontró por ninguna parte y concluyó que como siempre el susodicho habría ido a estudiar a la biblioteca de su Universidad, asi que debería comer sin más compañía que la de si mismo.

Alfred vivía desde hacía dos años en Queens, el barrio dormitorio por excelencia de New York. Los precios de los alquileres estaban por las nubes por lo que no había tenido de otra que compartir piso con un chico de origen lituano llamado Toris que estudiaba la carrera de Filología Moderna. Desde que el rubio se había mudado allí siempre habían congeniado muy bien pues aun siendo báltico bastante tímido y algo obsesivo con la limpieza, era un chico muy agradable y servicial, esa clase de tipos que siempre estaban dispuestos a ayudar a los demás aun si tuvieran un día espantoso. De hecho, era gracias a él que Alfred no vivía alimentándose únicamente de fast food. Toris era un excelente cocinero y siempre dejaba la nevera surtida de tupperwares con deliciosa comida casera lituana preparada para que Al le hincará el diente. Suerte que tenia su amigo, sin él a esas alturas sería una bola de grasa que no podría ni levantarse del sofá.

Después de zamparse un enorme plato de cepelinai* paso las siguientes horas jugando uno de los últimos juegos de Ps4 que se había comprado entretanto esperaba el momento de partir.

A las 4 de la tarde en punto se levantó del sofá, se endosó su chaqueta favorita (una cazadora de aviador de color marrón algo desgastada) y se arregló un poco el pelo delante del espejo. Como siempre su mechón rebelde se resistió a que lo domarán, escorándose hacia arriba. Ni con todo la gomina del mundo conseguía domarlo, pero aquel era uno de sus tantos encantos personales.

—¡Listo! —dijo, dándose el visto bueno levantando uno de sus pulgares para después abandonar el pequeño apartamento dirigiéndose hacia la estación de metro más próxima.

Después de un trasbordo, de caminar un rato a pie, coger un autobús y volver a caminar un poco más llegó finalmente a Central Park.

A la misma hora que el día anterior se sentó en la banca junto en la se había encontrado a aquel simpático perro. No había señales de ellos por lo que se dispuso a esperar, dejando a su lado una bolsa de papel marrón algo grasienta, en cuyo interior estaba vez habían tres Big Macs que había comprado por el camino. Dos para él y uno para Gilbert.

Otra persona en sus mismas circunstancias no tendría tantas esperanzas, a fin de cuentas sólo había sido un encuentro casual, Gilbert y él eran meramente dos desconocidos y en realidad no habían quedado en nada concreto. Sin embargo habéis de saber que Alfred era una persona totalmente optimista y no se le había ocurrido pensar que el otro pudiera haberle dicho aquellas palabras por simple cortesía.

Los minutos fueron pasando. Cinco. Diez. Quince. Treinta. Cuarenta y cinco.

Espero casi una hora y para entonces sus ilusiones ya estaban frías como las hamburguesas que había traído consigo. Se sentía más ridículo que nunca, seguramente Gilbert si quiera se acordaba de él y estaba en algún lugar de Central Park sin saber que él lo había estado esperando.

Decidió irse totalmente abatido, sin embargo en el mismo instante que se iba a levantar un perro de color oscuro se presentó sorpresivamente delante de él, soltando una pelota a sus pies y saltando de un lado para otro, como saludándole e indicándole que quería jugar a que le lanzará la pelota.

—Hi Siegfried!— le saludo sonriente iluminándosele la cara nuevamente, brindándole suaves golpecitos en la cabeza, miro entonces a lado y lado, no viendo a su acompañante por ningún lado ¿y Gilbert dónde está? ¿Dónde está tu amo? —le preguntó interesado mientras el can le olfateaba los zapatos— Otra vez lo dejaste solo…

Agarro la pelota del suelo guardándosela en el bolsillo para después tomar las bolsas y ponerse en pie.

—Llévame con él, ok? Y te prometo que te daré algo que te gustará…

Fue decirle ello y el peludo animal se puso en marcha. Alfred tuvo que apretar el paso pues Siegfried iba a toda mecha y cuando por fin llego conducido hacia donde solicitó, dando por fin con él hombre que buscaban. Este ajeno esta vez a que su perro se había escapado estaba sentado en otro banco, leyendo un libro.

—Le das mucha libertad a Siegfried —le dijo en cuanto le tuvo de frente colocándole una mano en el hombro

Gilbert que hasta entonces había permanecido muy concentrado en su lectura se sobresaltó un poco, parpadeando debajo de sus oscuras gafas de sol, volteando en seguida el cuerpo hacía donde había escuchado aquella voz.

—Hiya, what´s up? —le saludo el rubio con una enorme sonrisa en los labios— Nos volvemos a ver.

—Eso parece Jones —le contestó Gilbert cerrando el libro que tenía entre las manos, esgrimiendo también una pequeña sonrisa, no es que él lo "viera" exactamente pero era un modo de hablar.

—¿Qué son esos formalismos? —se quejó, rodeando el banco para ir a sentarse a su lado— Alfred me gusta más…

—Pues yo prefiero llamarte Indiana —se le ocurrió de repente al albino, pese a que había sido un mal chiste a Alfred le hizo bastante gracia y pudo escuchar su risa cándida.

—Hahhaha not bad, eso sí que no me lo habían dicho nuca.

—Me anotó un tanto entonces —el perro se fue a sentar, poniendo la cabeza en el regazo del albino para que le acariciara la cabeza— ¿así que te has vuelto a escapar eh? Perro malo. —el dueño del labrador arqueo una ceja y el animal bajo las orejas.

—No le riñas ayer dijiste que te iba a ayudar a encontrarme, and Here I am!

—Nada de eso —su perro solo era un interesado— solo fue a buscarte para que le dieras más de tus hamburguesas.

—Es un chico listo —concluyó el de ojos claros avanzando la mano para acariciar al perro detrás de las orejas.

Hubo un momento de silencio, el invidente se había equivocado al pensar que Alfred no le recordaría y que su encuentro solo habría sido algo trivial para él.

—¿Entonces me estuviste esperando? —preguntó no cabiendo en su asombro.

—Yeah! Alfred F. Jones siempre cumple con su palabra —se llevó una mano al pecho solemnemente— Si digo que vendré aunque llueva, truene o nieve ¡nada me detendrá! —sus palabras resonaron con una épica digna de cualquier superhéroe de cómic— Aunque…honestamente estuve a punto de irme pero entonces vi a Siegfried y lo seguí hasta aquí.

—No sabía que teníamos una cita —soltó el otro hombre como si nada.

Las mejillas de Jones se enarbolaron al instante.

—A D-date? —su lengua se tropezaba habiéndose puesto de repente algo nervioso— N-no ¡no había querido decir eso!

—Kesese tranquilo Jones, solo era una broma —le dijo para que se tranquilizara— no te lo tomes tan a pecho.

—¡S-Sabía perfectamente que era una broma! —trató de arreglar la situación para no quedar como un estúpido.

—Claro, claro, lo sabíaaaas~~—contesto socarrón siguiéndose riendo, era bastante fácil tomarle el pelo a Alfred, resultándole bastante adorable aquella faceta ingenua.

—Pues claro que lo sabía… —repitió algo más bajo mientras fruncía ligeramente el ceño. Tratando de desviar el tema busco algo más de lo que hablar rápidamente— ¿y qué estabas leyendo tan concentrado? —miró el libro que el contrario tenía en su regazó que no tenía nada escrito en la cubierta debe ser algo bueno si pierdes el mundo de vista.

—The shining de Stephen King —contestó en orden— y lo es.

—Really? —antes que el de lengua materna alemana pudiera agregar nada más Alfred ya le había arrebatado el libro y lo abrió. —¿Es mejor que la película? —preguntó mientras se ponía a pasar páginas pero para su sorpresa todo estaba en blanco y solo habían unos extraños agujeros— pero… si aquí no hay letra, ni siquiera hay dibujos —dijo un tanto desconcertado por la ausencia de palabras.

—Es lo normal en un libro en Braille.

Alfred no había oído aquella palabra en su vida así que inocentemente dijo lo primero que se le paso por la cabeza.

—¿Braille? —se fijó en los puntos sobresalientes del papel— ¿Es algún tipo de código secreto?

Gilbert no pudo hacer otra cosa que reírse ante la ocurrencia, había sonado tan sincero y convencido diciendo eso que no podía ser que estuviera tratando de gastarle una broma. Alfred le miro como con extrañeza ¿había dicho algo gracioso? No entendía nada de nada.

—Nein, es la forma de escritura de las personas ciegas.

Fue entonces el blondo se dio cuenta de que había metido la pata hasta el fondo, entendiendo porque no le había dado la mano el día anterior. No tenía que ver para nada con algo cultural solamente era que Gilbert no había podido verla. Pero que torpe se sentía en ese momento.

—Bloody hell... tragó salivalo siento...I have no idea… I'm so sorry… —desvió la mirada hacía sus propias rodillas.

Gilbert no se enfadó al contrario, incluso bromeó con ello.

—Ya era hora que te dieras cuenta, eres más tonto de lo que me pensaba —normalmente la gente se daba cuenta un rato después de interactuar con él pero Alfred había tardado muchísimo en darse cuenta y si no fuera por el libro quizá hasta cuando se hubiera enterado de su incapacidad.

—¡No soy tonto solo que-…! trató de justificarse aún si no hubiera justificación posible, sus manos se aferraban con fuerza a la bolsa de papel que llevaba

El teutón se sacó entonces las gafas de sol, girando la cabeza un poco hacía el lado en el que se encontraba el otro. No le gustaba que le sintieran lástima por su impedimento visual así que quiso dejar lo siguiente bastante claro.

—¿Solo que no llevo esas ridículas gafas que suelen llevar todos los ciegos ni tampoco llevo el bastón? — le preguntó sin tapujo alguno.

Alfred todavía se sintió aun peor, aunque realmente eso era lo que iba a decir.

—No me gusta llevarlos —continuo Gilbert— es como si llevará un cartel luminoso en la frente que dijera ¡eh soy ciego, miradme!—antes los demás se fijaban en él por su arrolladora personalidad pero desde que había perdido por completo la visión la gente a su alrededor lo trataban como si fuera de cristal— Si te soy sincero ayer pensé que te habías percatado y que solo intentabas ser amable conmigo dándome conversación, pero… al decirme hoy "nos volvemos a ver" supe que no era así porque la gente no usa esas palabras con una persona que no ve…por miedo a ofenderle ya sabes.

El rubio tomó valor para mirarle y se sorprendió al dar con aquellos ojos rojos que las lentes oscuras le habían impedido ver. Era un color extraño y a la vez fascinante que te capturaba, como las llamas danzarinas de un cálido fuego de chimenea.

—Pero esas personas soló intentan ser consideradas… —habiéndose quedado contemplando por más tiempo del debido, agacho la mirada nuevamente.

—Créeme tanto consideración a veces hace más mal que bien —le contestó resignado, ya hacía muchos años que había aceptado su incapacidad pero nunca se iba a poder acostumbrar a que lo trataran como la delicadeza de una mujer embarazada o un anciano.

Hubo otro pequeño silencio.

—Lo gracioso es que yo soy el primero en hacer chistes sobre ciegos… —continuo el peliplateado con la intención de cambiar de tema habiendo notado el bajonazo que le había dado al otro— ¿te sabes ese de los policías y los ladrones?

—…no — dijo aún algo afectado.

—Pues resulta que unos policías tenían sitiados a una banda ladrones que acababan de robar un banco, hubo un gran tiroteo con rehenes y todo. Al final todos los ladrones consiguieron irse a la fuga menos uno, un ciego…pero al rato de detenerlo lo soltaron ¿sabes por qué?

Alfred negó con la cabeza.

—Porque... —hizo una pausa pertinente de un par de segundos— ¡NO TENÍA NADA QUE VER!— exclamó estallando después un dejo ir una sonora carcajada.

Ba Dum Tss. No tenía nada de gracia, ni un poco, pero Alfred que se quedó un instante mirándolo estupefacto no tardo en unirse a él debido a lo contagiosa que era su risa haciéndole olvidar aquel pequeño mal rato.

—No way hahaha ¿todos los alemanes tienen ese sentido pésimo del humor? —preguntó haciendo esfuerzos por dejar de reírse, mientras se secaba los ojos.

—¡Para nada! – movió un poco la mano zurda hacia los lados— en realidad la mayoría de alemanes no suelen tener ningún sentido del humor a menos que se emborrachen claro… por eso solo recomiendo ir a Alemania cuando es la Oktoberfest, es entonces cuando la gente se desinhibe y dejan de un lado las caras largas para divertirse un poco ¡qué lástima que sea solo una vez al año! También se dejan ir un poco cuando hay un partido de fútbol, pero no se compara a cuando es la fiesta de la cerveza.

Alfred se siguió fijando en su acompañante, el día anterior no había recaído anterior en ello pero era atractivo, como uno de esos modelos que salían en televisión anunciando algún producto. Tenía un rostro masculino pero en él todavía podían verse algunos rastros juveniles que se acentuaban más aún por aquella sonrisa traviesa que casi siempre se insinuaba en sus labios. Su piel nívea era otra de las cosas que llamaba la atención en él pero esta no le daba un aspecto enfermizo, todo lo contrario y aún más teniendo en cuenta su constitución física, ya que se notaba que hacía ejercicio pero no en exceso como aquellos que se machacan día sí y día también en el gimnasio.

Pero no es que fuera solamente guapo sino que también tenía un arrollador carisma singular que le hacía resaltar, además una gran confianza en sí mismo como le acababa de demostrar con el chiste.

—Tú no eres nada serio.

—Y además soy la oveja negra de la familia —dijo con mucho orgullo, hinchando el pecho cual pavo real.

—No será para tanto.

—¿Qué no? Mi padre hasta me ha desheredado, con eso te puedes hacer una idea.

A Alfred que aquello le sonó como a algo de lo más anticuado no pudo evitar lanzarle un chascarrillo.

—¿Dejaste embarazada a alguna chica?

—Ya le hubiera gustado a mi padre que fuera eso, así me podría mantener atado con una correa. —se encogió de hombros— ¿Quieres saber?

—Sure —asintió enérgicamente con la cabeza— Es lo justo. Yo te conté cosas de mi ayer. —de repente se acordó de algo que había traído consigo y que había olvidado por completa— Oh fuck, ¡las hamburguesas! —abrió la bolsa, estaban más congeladas que el polo norte y por ello hizo un pequeño mohín—yo que había traído para que comiéramos los dos….

Gilbert se sorprendió una vez más, parecía que el otro había tenido muchas ganas de verle. Realmente era adorable.

—No seas tonto, ¡trae aquí! —puso la mano plana delante de él— No soy un remilgado, aunque estén frías están buenas igual.

Alfred le paso uno de los Big Macs y Gilbert en seguida la saco de su envoltorio para darle un gran mordisco, dejando ir un gruñido de satisfacción después de tragar.

—Verdammt has dado en el clavo, ya empezaba a tener hambre.

No fue el único en gruñir pues Siegfried hizo lo mismo pero para demandar un pedazo, poniendo la cabeza encima de un de las rodillas de aquel nuevo amigo tan simpático que le daba de comer cosas ricas.

—Siegfried no pidas…—le riño su dueño.

—Déjalo si se lo merece después de haberme traído hasta aquí.

El can que movía la cola de un lado a otro pronto recibió su prometida recompensa, dándole Alfred una parte de su hamburguesa, total había traído dos para él así que no le importaba darle un poco.

—Lo mimas demasiado.

—Es que yo tenía un perro de la misma raza, hasta tenía el mismo color —rememoró a aquel perro que había tenido hasta que murió de viejo, cuando él tenía unos diez años.

—¿Y cómo se llamaba?

Alfred dudó un momento en decírselo pero al final lo dijo con un pequeño titubeo.

—Bruce Wayne.

—Willst du mich verdammt nochmal auf den Arm nehmen?* —se le escapó en su propio idioma, no podía creerlo— ¿me estas tomando el pelo no?

—It's true, me encantaba Batman —y le seguía gustando, tenía toneladas de cómics sobre él e incluso tenía su joya particular, el primer cómic donde aparecía Edward Nigma también llamado The Riddler y que en el mercado podía costar como 5000 dólares. Era del año 1948 y lo había encontrado en viejo desván de su abuelo— era un crio, todos los niños tienen sus ídolos.

—Kesese Alfred y Bruce Wayne…claro ¡cómo no! —empezó a reírse nuevamente.

—Shut up… —Alfred hincho las mejillas al sentir que se burlaba un poco de él— no estábamos hablado de eso de todas formas.

—Cierto, cierto… te tocaba escuchar a cerca de mi asombrosa vida.

El de ojos claros permaneció a la expectativa mientras devoraba con rapidez su hamburguesa.

—Veamos... nací en Berlín en el seno de una familia acomodada pero muy estricta. Mi padre es el dueño de una multinacional y desde siempre tuvo planes para mí, queriendo que yo heredara la gerencia de la empresa. Lo que pasa es que yo desde pequeño siempre fui rebelde, era muy poco dado al estudio y siempre le daba quebraderos de cabeza metiéndome en líos en la escuela. Tanto él como mi madre pensaban que solo era una etapa pero con la adolescencia todavía me descontrolé aún más; volvía a horas intempestivas a casa, me juntaba con malas influencias y seguía sacando malas notas —el tono que usaba era bastante normal y no se avergonzaba de aquello— Creo que no me expulsaron de la escuela porque mi padre era un pez gordo y no les convenía. —divago un momento aunque en seguida reemprendió el hilo de su narración— Total que para mi padre era una decepción constante, no solo porque no me daba la gana de estudiar, aunque era inteligente, sino porque además descubrió que era marica. Aún recuerdo cuando vino a decirme que un amigo suyo me había visto besuqueándome con otro chico —se le formó una expresión traviesa— ¡Qué vergüenza para el apellido de los Beilschmidt! —dijo con cierto dramatismo formándosele una expresión traviesa— Ese día quiso echarme de casa, tenía unos dieciséis años pero mi madre lo convenció para que no lo hiciera… Aunque la cosa siguió tensa porque yo no quise subyugarme a lo que él pretendía para mí, así que al final decidí irme de casa en cuanto cumplí los dieciocho.

—¿Y cómo terminaste en Nueva York?

—Eso es una buena pregunta, pues verás yo entonces no tenía ni idea de lo que iba a hacer… primero me fui a vivir con un amigo a Múnich. Me gustaba mucho más que la seria Berlín, Múnich era ciudad con gente más abierta de mente. Vivía a base del dinero que mi madre me mandaba a espaldas de mi padre y de los pequeños trabajos esporádicos que hacía. Yo solo tenía los mínimos estudios así que trabajaba de lo que podía —dio un pequeño mordisco a su Big Mac. Alfred para entonces ya se estaba terminado el segundo— Al años siguiente ya empecé a progresivamente a perder la vista, mi madre me convenció para que viniera aquí porque había una clínica de renombre donde estaban haciendo un estudio experimental de la enfermedad que tenía, pero al final no se pudo hacer nada. Ella y mi hermano menor querían que regresara a Berlín para que pudieran cuidar de mí y yo obviamente me negué en redondo ¡y aquí me quede!

El estadounidense se había percatado perfectamente que había pasado de puntillas por el tema de su ceguera no queriendo dar muchos detalles, así que no insistió en preguntarle sobre eso sino algo más.

—¿Y tú padre?

—Mi padre no quiso saber nada más de mí desde que me fui de casa. Como ya te he dicho me desheredó y empezó a volcar sus ilusiones en mi hermano —ante aquello apretó la mano en puño, odiaba que quisiera manejar a su hermano de esa manera— Él es todo lo contrario a mí, así que a sus ojos es el hijo perfecto.

Para Gilbert le era muy extraño contarle todo aquello a alguien que conocía tan poco, pero con Alfred le resultaba de lo más fácil hablar, como dos amigos que se conocieran de toda la vida. Alfred por otro lado sentía cada vez más y más curiosidad por él, siguiendo preguntándole por inercia.

—¿Y ahora qué haces a aparte de salir a pasear a Siegfried? —miró hacia el mencionado y negó riendo —Que ya se durmió, dicho sea de paso.

La mascota dormía plácidamente en la cara, parecía que tenía algún sueño porque de tanto en tanto movía un poco las patas.

—Es que se está haciendo viejo y vago, déjalo ya luego verás cómo se despierta rápidamente en cuanto le tire la pelota —se rio también cómplice— Canto y tocó la guitarra en algunos local. Hago covers de grupos alemanes como Oomph!, Die Ärzte, Die Toten Hosen, Megaherz … Rammstein — dijo un grupo más conocido porque seguramente para el otro todo aquello sonaría en chino.

—Conozco Rammstein, aunque no me gustan sus canciones… una vez vi un videoclip y el cantante es muy extraño.

—¡Extraño seria poco para referirse a Till kesese! —hizo una bola con el embalaje de la hamburguesa— En algunos conciertos se ponía como una prótesis en forma de pene que sacaba leche ¡und mojaba al público con él!

La cara de Alfred fue todo un poema, no sabía si decir que aquello era cool o totalmente asqueroso.

—Más que cantar bien lo suyo son los mensajes que tienen sus canciones y el show que hacen en los conciertos —siguió Gilbert— ¿Qué tipo de música te gusta a ti? Apuesto que te gusta Lady Gaga y Kate Perry.

Y había dado en el blanco, le gustaban mucho esas cantantes.

—Yes! Pero mi cantante preferido es Michael Jackson.

—Gut, ahí si tenemos un punto en común. A mí también me gusta mucho —se alegraba de que tuviera un poco de buen gusto ya que aunque respetaba lo de Lady Gaga no dejaba de ser ultra comercial.

—¡A todo el mundo le gusta Michael Jackson! —le replico el de lentes— Es como el chocolate, es imposible que a alguien no le guste…

Por enésima vez el de ojos rojos volvió a reírse, claro que había gente que no le gustaba pero era mejor no romperle la ilusión.

—¿Qué es tan gracioso? —quiso saber Alfred.

—Nada, nada kesese

—¡Quiero saber! —le exigió cual niño.

—Nada en serio, ya lo entenderás cuando seas mayor —le quiso bromear.

—¡Pero si tenemos la misma edad! —pensándolo bien no habían hablado de eso— ¿Por qué tú tienes veinte o veintiuno no?

El invidente negó con la cabeza.

—Twenty-two?

Otra vez negó.

—Twenty-three? —no podía ser mucho más.

—Te vas acercando

— Twenty-four? Twenty-five?

—Bingo.

El blondo parpadeo ¿veinticinco? Entonces se llevaban cuatro años.

—Así es pequeño Alfie, soy mayor que tú.

—No me llames pequeño —se cruzó de brazos de manera infantil — ¡No lo soy!

—Comparado conmigo si lo eres.

—Son solo cuatro años, bloody shit!

—Cuatro años de experiencia es mucho —uso un tono malicioso en su voz.

—¡No tanto, viejo! —quiso devolverle el golpe, habiendo entendido perfectamente las segundas intenciones de la lo que había dicho— Como sea, me gustaría oírte alguna vez cantar.

—Pues deberías venir algún día a verme. No sabes lo que te pierdes~~— alardeo de su voz, estando muy seguro de su capacidad vocal.

—¡Me gustaría mucho ir! —dijo mostrándose muy entusiasmado— Aunque me puedes cantar un poco ahora y darme una muestra, como para que me den más ganas de ir... —pidió volteando por completo hacia él, levantando la pierna izquierda en el banquillo para ponerse más cómodo al flexionarla.

—Mh nein... creo que prefiero que te quedes con la intriga, así la curiosidad te irá dando vueltas en la cabeza.

—Pleaseeeeeeeeeeeeee —le rogó caprichoso— ¿Qué me pides por un pedacito de coro? Lo que quieras, te lo doy. Te lo prometo —y se irguió recto, como para hacer creíble sus palabras.

De algún modo el generarle ciertas expectativas le complacía pero negó de nuevo pero esta vez con la cabeza.

—Ven al local y luego hablamos de que me puedes dar a cambio... pero ten cuidado que puedo tomarte la palabra y aprovecharme de ello... —añadió con cierto peligro en sus palabras.

—¡Eso es trampa! Yo te decía que daría lo que quisieras ahora… —se había sonrojado un poco por la insinuación sexual del otro, aunque sería una broma como todo lo demás— Iré de todas formas —le sacó la lengua y encogió los hombros.

—Eso último te lo acabas de sacar de la manga ahora mismo... —le dio un pequeño golpe con el codo— Prefiero que me oigas en el escenario y te quedes con la boca abierta

—He! —río ligero ante el codazo y le dio un leve empellón por el hombro— El trato era para ahora, luego no vale —miró hacia el cielo, parecía que iba a llover— Pero dame la dirección para ir y dime cuando te presentas, and I will be there!

Gilbert sacó entonces una tarjeta que tenía del local donde actuaba de uno de los bolsillos del pantalón y se lo alargó.

—El trato tendrá vigencia igual porque te va a encantar...quizá hasta te dejo entrar en el backstage —dijo como si se tratará de una superestrella.

—Estás muy seguro de ti mismo, primero tengo que oírte y después ya juzgaré yo si eres lo suficientemente bueno para darte algo a cambio —concluyó el tema, mirando otra vez hacía aquellas feas nueves que amenazaban con descargar en cualquier momento— Creo que va a llover… ¿te apetece un café del Starbucks? —sugirió pues se lo estaba pasando muy bien en la compañía del otro— ¿O te acompaño a tu casa? —se ofreció para ayudarle.

El mayor se levantó del sitio donde estaba, su perro que había estado durmiendo pero aun así había permanecido en guardia con la oreja puesta, lo oyó y se levantó también bostezando a la vez que se sacudía desperezándose.

—No necesito otro perro lazarillo, Danke schön. —declino su oferta, estando de repente muy serio.

Alfred se guardó la tarjeta en el bolsillo. Ante aquel cambio de actitud repentino solo pudo pensar en que le había molestando, recordado lo que le había dicho de que no le gustaba que le trataran con guantes de seda. Por ello no insistió.

—Well... ¿entonces cuando te veo en el local? —refiriéndose a sus presentaciones, se puso en pie al igual que él.

—Mañana por la noche —le dijo para seguidamente ponerse bien la correa en la mano— Estoy siempre los mismos días de la semana —dio un paso separándose del otro— Auf Wiedersehen.*se despidió escuetamente.

—Goodbye... hasta mañana por la noche... —pasó a decir puesto que parecía que en serio le había incomodado, no quiso hacerlo más por eso dejó que se fuera, quedándose de pie.

Después de dar unos pasos más, se detuvo. Tenía una gran sonrisa burlona en sus labios.

—Quizá una cerveza... eso sí me apetecería —le sugirió, estando de espaldas al blondo—aún yo no sé casi nada de ti... solo que te gustan las hamburguesas, los superhéroes y Michael Jackson y ¡oh que te das fácil por vencido!...-dijo eso último en medio broma, girando la cabeza hacía él – ¡Has picado!

Alfred había caído como un tonto en aquella broma que le había hecho, habiéndose hecho Gilbert el ofendido por su ofrecimiento a acompañarle.

—¡Gilbert! Eso no se hace…—se acercó con el ceño fruncido. Aunque se había quitado un gran peso de encima porque su nuevo amigo no se había enfadado con él.

¡Pagaría por poder ver la cara que has puesto! kesese

—How funny... —rodó los ojos sarcástico— Tan gracioso como tú chiste sobre el ladrón ciego…

—Oh vamos admítelo, ha sido bueno.

—Yes, muy bueno… —le dijo aunque pensara para si mismo que se iba a tomar su venganza cuando el otro menos lo imaginara— Si quieres podemos ir a algún bar, digo… por la cerveza.

—No sé si por algún bar de por aquí dejen entrar perros... sin el bastón no tengo apariencia de ciego kesese —el can le dio con el morro en la pierna— Tranquilo, que somos un equipo no te dejaría fuera con la lluvia...

—Es verdad… ¿y si la compramos y te acompaño a casa? —propuso un poco más relajado puesto que parecía que el otro no lo tomaba a mal y además la cerveza era idea suya. Se le acercó y quedó a su costado a la espera de alguna otra idea.

—A la tuya... —le contradijo esbozando una pequeña sonrisa— en mi casa hay cerveza ya...o sea que sería una tontería comprar, por lógica si quieres invitarme tendrá que ser en la tuya...

—Ok, está bien…. —hizo una mueca de conformidad y empezó a caminar- One moment... —recabó en algo— ¿quién ha dicho que te fuera a invitar?

—¡Yo mismo!

—¡Ni hablar! —se negó tajantemente— Yo ya te he invitado a la hamburguesa.

—Eso no cuenta.

—¡Claro que sí!

Entre bromas y risas ambos se fueron a buscar un taxi mientras las primeras gotas de lluvia empezaban a caer.


*cepelinai = un plato típico lituano que consiste en una especie de albóndigas rellenas de masa de patata, carne, requesón y zanahoria

Palabras o expresiones en alemán

*Willst du mich verdammt nochmal auf den Arm nehmen? = manera vulgar de decir ¿me estás tomando el pelo?

*Auf Wiedersehen = hasta que nos volvamos a ver


De nuevo gracias a Waffer por su entusiasmo y ánimos para que siga el rol. También gracias por los comentarios que me dejáis, es agradable que alguien aprecie tu trabajo ^^