Las cocinas.

Cómo puede sorprenderle algo que es tan común y corriente, además ¡Por Morgana, sólo es la sala común!... Aunque ver ese brillo en sus ojos esmeraldas fue como... ¡Soy un imbécil! ¿Cómo puede ser posible que se llegue esa niñata y me haga sonreír tan estúpidamente? Eres un completo idiota Draco Malfoy- se reprendía mentalmente el rubio mientras observaba el techo como si fuera la cosa más interesante del mundo.

-¿Qué sucede? ¿Por qué te fuiste así del comedor?- preguntó Theo entrando a la habitación que compartía con el rubio por ser los prefectos de Slytherin.

-Pansy me tenía harto- respondió con su típico tono frío.

-Deberías terminarle.

-No tengo nada con ella, nunca lo tuve.

-Esa chica está obsesionada contigo... Y ¿Qué te pareció As?

-Es sólo una niñata consentida.

-Blaise está loco. No para de hablar de ella, Astoria esto, Astoria aquello... Ya me tiene hastiado, parece como si le hubieran puesto Amortentia en el jugo de calabaza- río el azabache mientras que el rubio mantenía su semblante serio.

-Bien por él.

-¿Por qué estás tan molesto?

-Si vas a ponerte a hablar estupideces deberías irte- respondió el príncipe de las serpientes.

-Está bien, pero en un rato tendremos nuestra primera ronda- sentenció el azabache antes de salir llevándose un asentimiento por parte del rubio.

Después de media hora, todos los prefectos se encontraban en el despacho del profesor Dumbledore junto a los jefes de cada casa.

-Buenas noches prefectos- saludó el anciano director -Esta noche sus jefes de casa les asignaran el lugar donde les corresponderá realizar su ronda esta noche- sentenció antes de que los maestros se llevaran a sus estudiantes.

-Malfoy, usted irá al sótano. Y Nott irá a las mazmorras- sentenció Snape sin esperar réplica alguna retomó su camino.

-Nos vemos luego, Draco- dijo Theo llevándose nuevamente un asentimiento por parte de su amigo.

El rubio bajó a su lugar de guardia con extremo aburrimiento, se le hacía estúpido que alguien se paseara por ahí en plena noche y no creía que los Hufflepuff buscaran problemas. Después de quedarse en aquel pasillo desierto, sintió como su estómago comenzaba a crujir, y fue cuando recordó que no había cenado por... Y nuevamente ella aparecía en sus pensamientos.

-¡¿Qué demonios te pasa Draco Malfoy?!... Es la hermanita de tú amiga, una niña, la niñata consentida como decidiste llamarla- se reprendió mientras escuchaba crujir nuevamente su estómago. El rubio pensaba si era conveniente o no pasar por las cocinas del colegio, no estaba tan lejos de donde estaba, y aunque le desagradaba mucho estar rodeado de aquellas criaturas, decidió que era mejor darle de comer a su hambriento estómago. Una vez llegado al cuadro, comenzó a hacerle cosquillas a una pera.

-Debes de estar muy hambriento para estar haciendo algo tan ridículo- se dijo sintiéndose un gran idiota -Pude haber llamado al elfo de la familia... Ah cierto, San Potter lo liberó. Siempre estorbando- se quejaba mientras ingresaba y se llevaba una gran sorpresa al ver la espalda de una chica que degustaba una gran cantidad de pasa bocas y postres preparados por las pequeñas criaturas -No debería de estar aquí, váyase antes de que le reste puntos a su casa- dijo acercándose a la chica.

-Yo... Lo siento, es que tenía hambre- respondió una castaña volteándose para quedar cara a cara con el rubio.

Y era ella nuevamente, si no es en tus pensamientos, es en persona.

Que chica tan fastidiosa- pensó.

-Para eso existe la cena, Greengrass- dijo haciendo que la chica bajara su apenada mirada.

-¿Y por qué estás tú aquí, Malfoy?- preguntó haciendo que el chico frunciera el ceño.

-No es de su incumbencia- dijo fríamente antes de añadir -¿Cómo llegó hasta aquí? si hace un momento no sabía dónde estaba la sala común.

-Me he devuelto al Gran Comedor pero sólo me encontré con varios elfos limpiando las mesas, así que pregunte si me podían hacer algo de comer y me trajeron hasta acá, ¿No se puede?- preguntó con temor, pues no había memorizado aún todas las reglas que poseía el Castillo.

-No deje que nadie se dé cuenta- respondió el rubio mientras le pedía a un elfo algo de comer.

-Para eso existe la cena, Malfoy- repitió las misma palabras que había usado el rubio con anterioridad haciéndolo fruncir el ceño para ocultar su cara de diversión.

-No uses las mismas palabras que yo uso- dijo ¿molesto?

-¿Puedo preguntarte algo?

-Ya la hiciste- gruñó haciendo que la castaña emitiera un sonoro suspiro.

-¿Siempre eres gruñón?- preguntó luego de morderse la lengua.

¿Acaso estás loca? Claro que lo es, ¡no preguntes cosas obvias, Astoria!- se reprendió la castaña mentalmente viendo por el rabillo del ojo, como el rubio sonreía de medio lado.

-No, pero la mayoría de veces sí- respondió con sinceridad dándole el primer bocado a su tarta de limón.

-¿Por qué?- preguntó con curiosidad.

-Sólo era una- respondió haciendo que la chica soltara un bufido.

-Gracias por la comida, estuvo deliciosa- dijo Astoria con amabilidad a un elfo domestico que se acercaba para retirar los platos sucios.

-Es usted muy amable señorita, nos alegraría mucho volver a verla por acá- respondió la criatura entre sollozos mientras que Draco desaprobaba toda la situación.

-No deberías agradecer, ellos lo deben de hacer- opinó el chico molesto.

-Son seres vivos y poseen sentimientos Malfoy, no sólo los humanos los poseemos... Aunque creo que algunos de los humanos no los poseen- dijo la chica ofendida abrazando al elfo, para luego salir sin voltear a mirar a nadie más.

¿Acaso hablaba de mí? Podría no tener sentimientos, pero nadie le hablaba así a un Malfoy. Esa niñata consentida tarde que temprano tendrá que entender- pensó con molestia.

Una castaña despertaba muy emocionada aquel día, pues sería su primer día de clase en el colegio, esperaba hacer amigos de su curso y volver a encontrarse a su amiga la pelirroja en alguna clase que compartía junto con los leones. Astoria una vez lista, bajó a desayunar encontrándose con los amigos de su hermana, uno muy listo e igual de emocionado y a otro algo adormilado

-Buenos días- saludó cordialmente haciendo que el moreno le mostrara una linda sonrisa y le diera un puesto al lado de él

-Buenos días, As- dijeron Theo y Blaise al tiempo.

-¿Qué tal tú primera noche?- preguntó el moreno con interés.

-Genial, es mucho mejor que las noches en Beauxbatons- respondió sirviéndose un poco de jugo.

-Me alegro mucho que estés conforme- dijo Theo amablemente.

-¿Que clase tienes primero, linda?- preguntó el moreno al ver que la castaña revisaba su horario.

-Encantamientos con Gryffindor- respondió sonriente volteando a ver la mesa de los leones para buscar la melena pelirroja de su amiga que no se encontraba.

-Te acompañaré hasta tú salón...

-Deberás darme la copia de tú horario para ayudarte a buscar cada salón hasta que te acostumbres- dijo el moreno.

-No creo que...

-No te lo pregunté, As. Te lo afirmé- dijo interrumpiendo a la chica que ahora reía.

-¿Qué le habrá pasado a Draco? Él siempre es puntual- dijo Theo.

-No lo sé- respondió igual de extrañado que el azabache -Te veo en clase, Theo- añadió luego de un rato para tomar su maleta y la de la chica y emprender el viaje.

-Adiós Theo- se despidió la castaña siguiendo los pasos de su ahora amigo.

-No quiero ser una molestia, podré arreglármelas- dijo la chica una vez llegado a la entrada del salón.

-No eres una molestia. Es un placer para mí acompañar a esta bella señorita a sus clases- respondió el moreno con galantería haciendo que la castaña se sonrojara.

-Muchas gracias, Blaise.

-No es nada, As- respondió -Este... As... Yo me preguntaba sí quisieras dar un paseo por el lago conmigo después de clases- añadió con un poco de nervios.

-Claro que sí, Blaise... Así aprovechas para mostrarme el castillo- respondió sonrojada y con una risita.

-Entonces vendré por ti, al finalizar la clase para llevarte a la nueva- dijo el chico depositando un suave beso en la mejilla encendida de Astoria. Blaise se dirigió con una gran sonrisa al salón donde llevaría a cabo su primera clase.

-Este año será genial- susurró para sí mismo antes de entrar a DCAO.