Antídoto
-¿Draqui? ¿Viniste a visitarme?- preguntó Pansy con una sonrisa al ver entrar al rubio, sonrisa que se desvaneció al verlo cargando cierta castaña.
-¡Por favor ayúdela! ¡Dígame lo que le sucede!- exclamó con desespero ignorando olímpicamente a la azabache.
-¡Por Merlín! ¡¿Señor Malfoy, quiere explicar qué le sucedió a la señorita Greengrass?!- exclamó Madame Pomfrey escandalizada al ver a la chica inconsciente en brazos del rubio.
-¡No lo sé! ¡Dígame que la puede ayudar!
-Señor Malfoy le pido que se tranquilice y ponga a la señorita Greengrass en una camilla- pidió tratando de calmar al rubio.
-¡SÓLO DIGAME QUE LA PUEDE AYUDAR!- gritó con extremo desespero, luego de posar con dulzura el cuerpo de la chica.
-Señor Malfoy haga el favor de salir para que pueda examinarla- sentenció la enfermera haciendo que el rubio se pasara las manos por su cabello en forma de desespero.
-¡No me voy a ir de aquí hasta que Astoria se levante de esa cama!- exclamó con terquedad mientras que la enfermera rodaba los ojos y le dejara en paz, pues sabía que por más intentos que hiciera, el rubio no saldría.
¡Maldición Astoria! ¡¿Qué demonios te pasó?! ¡No te puedes ir! ¡Te lo prohíbo!- exclamó tomando su fría mano y agachaba la cabeza al sentir nuevamente la amenaza de unas lágrimas -¡Los Malfoy no lloran, Draco!- recordó las palabras de su padre con amargura -Al diablo con todas sus estúpidas costumbres… No es cualquier persona, es ella, es Astoria.
La enfermera cerró las cortinas y se dirigió a las camillas de los estudiantes de Slytherin que se encontraban desde la mañana.
-En visto de que ustedes ya se encuentran en mejor estado, se pueden retirar a sus respectivas habitaciones.
-¡¿Qué?!
-Ya he dicho, señorita Parkinson- sentenció abriendo la puerta mientras que las serpientes salían lanzándole miradas asesinas a la enfermera.
-¡¿Cómo se encuentra mi hermana?!- preguntó la rubia exaltada al ver abrirse la puerta.
-Le pido señorita Greengrass que llame a la profesora McGonagall y al profesor Dumbledore inmediatamente- dijo con seriedad haciendo que la rubia sin chistar saliera en busca de los profesores mencionados.
-¿Cómo se encuentra Astoria?- preguntaron Theo y Blaise al tiempo.
-Será mejor estar seguros de lo que le sucede- respondió con simpleza y preocupación, pues tenía ciertas sospechas, pero aún no lo podía saber con certeza.
Pasados unos cuantos segundos, los profesores entraron a la enfermería para conocer el estado de la joven. La señora Pomfrey se encargó de examinarla nuevamente y de explicarles los que sospechaba de su condición, y por su supuesto la estadía del rubio.
-¿Qué piensas tú, Albus?- preguntó McGonagall con angustia.
-Pienso que las suposiciones de Madame Pomfrey son ciertas… La señorita Greengrass ha sido envenenada…
-¡¿QUÉ?!- preguntó el ojigris fuera de sí, pues no daba crédito a lo que aquel viejo loco había confirmado.
-Señor Malfoy, si no se calma se tendrá que ir inmediatamente- reprendió la enfermera.
-Minerva, le pido que por favor se ponga en contacto con los padres de la chica y con Severus.
-Por supuesto, Albus- respondió dirigiéndose a enviar el mensaje mediante un Patronus.
-Señor Malfoy, ¿tiene usted alguna idea de cómo sucedió esta desgracia?
-¡Por supuesto que no! ¡Créame que si lo hubiese sabido la hubiera llevado directamente donde Snape y no aquí!
-En todo caso, será esperar que Severus tenga el antídoto correcto.
Mientras en la Sala Común de Slytherin…
-Lindura, ¿qué fue lo que hiciste?- preguntó un castaño con inquietud.
-Lo que tenía que hacer… Y al parecer, resultó.
-Esa chica se veía muy mal…
-¿A qué viene todo eso, Montague?- preguntó Pansy molesta.
-Pansy, ¿y si se muere?
-Mucho mejor, así desaparece del mapa de una vez por todas.
-Pansy, estaba bien una pequeña venganza, ¿pero a querer matarla?
-Es lo mínimo que se merece- respondió con extrema frialdad.
Graham Montague por más desalmado que podía llegar a parecer, le parecía una verdadera locura lo que la azabache había logrado hacer con tanto odio y maldad… Sí, estaba de acuerdo en que le realizara una pequeña venganza por quitarle su gran amor, pero de ahí a tener fuertes deseos de matar a una persona, estaba muy lejos de él.
En las afueras de la enfermería, una pareja llegaba bastante exaltada por la noticia que hacía unos minutos les habían comunicado; aún no creían que eso les estaba pasando, no a ellos, no a su pequeña niña.
-Daphne, ¿qué le pasó a tú hermana?- preguntó su padre con tono severo ignorando a los chicos que se encontraban ahí, no tenía tiempo de saludos, su más importante prioridad ahora era su niña.
-Yo… no lo sé- respondió entre sollozos.
-¡¿Cómo que no lo sabes?! ¡Se suponía que la debías cuidar!
-Astoria ya es grande para cuidarse sola, no culpes a Daphne por esto, Maurice.
- No, mamá… Papá tiene razón, no cumplí con mis obligaciones como hermana mayor, y lo siento tanto- respondió la rubia haciendo que más lágrimas resbalaran por sus mejillas.
-Daphne, cariño, ¿sabes lo que le pasó?
-No mamá, la enfermera no me ha dicho nada aún…
-Yo sólo espero que no sea nada grave- dijo el señor Greengrass antes de entrar a la enfermería junto con su mujer.
-Buenas noches, señores Greengrass- saludó Dumbledore.
-Buenas noches- respondieron secamente.
-¿Qué le ha pasado a mi hija?- preguntó Victoria Greengrass.
-¡Astoria!- gritó el señor Greengrass corriendo a tomar en brazos a su niña al verla en tan mal estado-¡¿Qué demonios ha sucedido?! ¿Qué hace usted aquí?- preguntó sintiendo como unas gruesas lágrimas amenazaban con salir de sus verdes ojos.
-El señor Malfoy ha tenido la gentileza de traer a la señorita- respondió la enfermera por el rubio.
-La señorita Greengrass ha sido envenenada, justo en este momento se encuentra Severus realizando un antídoto.
-¡¿CÓMO PUEDE SER ESO POSIBLE, DUMBLEDORE?!
-Marice por favor cálmate…
-¡NO PIDAS QUE ME CALME VICTORIA! HAN ENVENENADO A NUESTRA HIJA, ¿O ES QUE ACASO NO TE IMPORTA?
-¡Claro que me importa! ¡Pero a gritos no solucionas nada!
-La señora Greengrass tiene razón, hay que esperar a que Severus termine la poción y surja su efecto.
-¡¿Y cómo sé que no la van a envenenar más?! Nadie me asegura que ese antídoto no le ocasione la muerte.
¿Le ocasione la muerte?... ¡NO! ¡Astoria no se puede morir! ¡Tiene que vivir! ¡Tiene que despertar!-pensó Draco con más angustia.
-¡No digas estupideces, Maurice!
-¡La vamos a llevar a San Mungo inmediatamente!
-Me temo que no será posible, el estado de la señorita es delicado y no resistiría el viaje, pues el veneno que ingirió es demasiado fuerte- explicó la enfermera.
-¡¿Fuiste tú?!
-Maurice por favor, cómo crees que Draco fuera capaz de hacer algo así.
-¡Que tú seas íntima amiga de Narcissa no quiere decir que no sea sospechoso, Victoria!
-¡Por supuesto que no fui yo! ¡Sería incapaz de hacerle algo así a Astoria!
-Por tú bien muchacho, espero que lo que digas sea cierto, porque de lo contrar…
-No se preocupe señor Greengrass, que al igual que usted, quiero encontrar al responsable- interrumpió el rubio con su mirada fría.
-Ya está listo- mencionó Snape mientras se dirigía a la camilla de la castaña.
-¿Cómo la ves, Severus?- preguntó Victoria con suma preocupación.
El encontrar a su hija en tal estado, hizo que la rubia sintiera una gran culpa por haber tratado a la pequeña Astoria con tanta indiferencia y desprecio durante tantos años; ahora, se arrepentía de haber preferido el veneno que poseía y el que gracias a ella Daphne heredó, que la dulzura de Astoria. Se arrepentía también, de haberla mandado a Francia solo por el hecho de sentir celos al ver que la pequeña era mucho mejor que ella… Se arrepentía por lastimarla y por nunca brindarle el amor de madre que merecía. Victoria Greengrass al posar sus azules ojos en el cuerpo inerte de Astoria, se dio cuenta que nada de lo que había vivido y lo que le estaba pasando era justo, ahora sí podía sentir que había fallado en su labor de madre, y que una chica tan dulce y noble como era la chica de cabellos castaños no merecía una madre como ella… Ahora temía por ella, temía perderla para siempre.
-La chica está muy débil, aún no podemos saber con certeza que el antídoto funcione- respondió Snape destapando el pequeño frasco con una sustancia incolora, seguido de abrir su boca y hacérsela beber hasta la última gota.
Draco no podía más, el desespero y la angustia iba a acabar con él. No quería ni pensar en lo que sucedería si Astoria abandonara el mundo y le dejara… No, no podía hacerlo. La castaña tenía terminantemente prohibido dejarlo en el mundo rodeado de tanta mierda. El ojigris sentía que la pequeña niña inocente que había conocido por primera vez en el tren significaba mucho más que su propia vida, ahora lo entendía todo… Esa niñata le había robado el frío corazón que poseía, lo había tomado sin su permiso. Había logrado entrar en su vida sin una invitación, había logrado ser completamente indispensable para él, lo había hecho y el rubio aún se preguntaba cómo. Draco Malfoy sentía como la perdía sin antes haberla tenido, como deseaba que todo fuera una pesadilla de la cual despertaría y encontraría a la castaña dándole los mismos berrinchudos espectáculos que aunque le molestaran, lo gozaba, ya que eran exclusivamente para él.
-Será mejor que dejemos a la señorita Greengrass descansar, y por ende nosotros también- comentó McGonagall sacando al rubio de sus pensamientos.
-Minerva tiene razón- apoyó la enfermera -Mañana volveremos a revisarla nuevamente y ver su evolución.
-Mientras tanto, se hará una investigación muy a fondo para descubrir al culpable- continuó Dumbledore.
-Espero que así sea, Dumbledore… Pero en cuanto mi hija se recupere la sacare de este colegio- sentenció el señor Greengrass con extrema seriedad y con un profundo dolor.
-Señor Malfoy haga el favor de regresar a su Sala Común- pidió McGonagall.
No te alejes de mí- Draco recordó lo último que la castaña le había pedido antes de caer nuevamente en la inconsciencia.
-¡NO!- exclamó, por supuesto que no la dejaría -Si usted lo permite, me quisiera quedar a pasar la noche con ella.
-¡No quiero que te acerques a mi hija! Aún no descartó que seas sospechoso…
-Créame señor Greengrass que el señor Malfoy sería incapaz de hacerle daño a la persona que ama- interrumpió el director haciendo que los adultos y Draco fruncieran el ceño.
-¿Persona que ama? ¿Acaso estás enamorado de mi hija?- preguntó el hombre acercándose lentamente al rubio.
-Sí- afirmó con suma seriedad.
