Buenas! Perdón por mi tardanza. Veo varios usuarios que les gusta mi fic. Quede asombrada. Y me reprocho a mi misma por no contestar a sus reviews. Así que lo hago ahora.

Mama Shmi: mí pervertida favorita… me alegro que te haya gustado y que te hayas enganchado.

Editasnape: Crash solo dijo una palabra y fue "tortitas" pero como este fic se sitúa antes de esa anécdota… no, no habla. Y la escena del robo me costó un ibuprofeno, por pensarla tanto jajaja.

Maura: hola, querida! Yo también quiero a mi marsupial invadiendo consolas! Pero creo que Crash murió al terminar Twinsanity. Quiero ver tus reviews muy pronto

PD: cometí pequeños errores con el fic… así que me tomaré pequeñas "licencias poéticas". Y les quiero dar algo de "seriedad" a los personajes.

Basta de cháchara y lean el:

Capitulo 3

Los reproches de Nefarious Tropy

Neo Cortex estaba en ese momento en el baño de una enorme nave espacial, donde se celebraba la reunión mensual de la Liga del Mal. Realmente, no le gustaba ir allí a reunirse con sus camaradas para hablar de sus ideas y proyectos. Sentía que todos venían exclusivamente para criticarlo y refregarle los fracasos que había tenido por las narices. Ya habían discutido acaloradamente hacía diez minutos y, hartos de gritarse, habían decidido tomar una pausa antes de regresar a gritarse otra vez.

Salió del baño y se lavo la cara en el lavabo. Se miró en el espejo, salpicado por gotitas de agua. Un hombre bajito, con una amplia coronilla en su cabeza, de cabello negro y ojos del mismo color le devolvió la mirada. Estaba cansado. Muy cansado.

Salió de allí y se dirigió a la reunión. Por suerte Uka Uka ya no era jefe de la liga. El Dr. Tropy ya se había encargado de derrocarlo y ocupar su puesto. Era una especie de alivio. Por lo menos, el era educado y muy rara vez gritaba. Era el que más permanecía calmo de los cuatro cuando empezaban a discutir.

Camino por los pasillos de la nave espacial, sin dignarse a mirar al planeta Tierra, que se veía brillante a través de las ventanas. Sus botas negras hacían eco y le dio la impresión de que lo seguían. Instintivamente, toco su pistola de plasma, enganchado al costado de su pierna derecha. Esa pistola había estado a su lado la mitad de su vida y lo había salvado más de una vez de una muerte segura.

Llego al final del pasillo donde había una enorme puerta de dos hojas, hecha de acero inoxidable. Se abrieron de lado a lado automáticamente cuando le faltaba menos de un metro para llegar. Se encontró en un lugar grande y poco iluminado, pero se veía claramente la gran mesa de vidrio que había en el centro de la habitación y también pudo distinguir a las tres personas que estaban sentadas allí, esperándolo. El Dr. Nefarious Tropy lo miró severamente

—Espero que hayas tenido tiempo de reflexionar lo que te dije —el nuevo jefe de la Liga del Mal desde hacía dos años le habló con un tono bajo y civilizado, pero notaba el timbre de disgusto contenido. Era el más alto del grupo y también el más joven, al menos físicamente. Era muy flaco, de rasgos euroasiáticos y de cabellos castaño oscuro

—Si, Nefarious, lo hice, pero sigo pensando lo mismo. Mis planes son buenos, solo que es culpa de los bandicoots. Ellos se meten y lo arruinan.

—Tú te metes con ellos —se entrometió Nitrus Brio. Era un hombre calvo, de la misma edad que Cortex. Tenía dos tuercas adheridas a su cabeza. Nunca nadie supo por qué razón las llevaba. Y nunca le habían preguntado.

—¡Tu creaste el E -volvo! —saltó Cortex— ¡Son tus experimentos!

—Yo te advertí que no usaras a Crash ese día, pero tú no me escuchaste. Y ambos colaboramos en el proyecto, a mi no me tires el muerto. Resulta que ahora el E- volvo es mío sólo cuando te conviene.

—¡Claro, es fácil para ti sacarte responsabilidades de encima! — respondió Neo, intentando pasar por alto la última oración de su colega.

—Y el E -volvo te pareció una excelente idea —continuó Brio, frunciendo el entrecejo—. No era un peligro, hasta que lo obligaste a luchar por su propia supervivencia.

—No hay que subestimar a Crash. —El doctor N Gin parecía ser el único de acuerdo con Cortex. Era un hombre bajito y rechoncho, de cabello anaranjado. Casi la mitad derecha de su cara era metálica y sobresalía un misil en la cabeza, producto de un accidente laboral—. Hay que eliminarlo cuanto antes.

Tropy lo miró como si quisiera matarlo y Gin bajo la mirada, acobardado.

—Lo único que quiero es que ninguno de tus planes incluya un ataque hacia los bandicoots, excepto para defenderte.

Los ojos oscuros de Cortex se abrieron desmesuradamente por la sorpresa y la indignación

—Pero…

—Basta de peros —Tropy ya se había levantado de la mesa—. Tu obsesión ya me tiene muy cansado, Neo. Y sabes muy bien que no es la primera vez que una obsesión tuya termina mal.

—¡No es una obsesión! —Neo también se levanto de la mesa, desafiándolo. Ninguno de los otros dos integrantes se movió ni dijo nada. Solo se limitaron a mirarlos.

—Va más allá del odio, Neo. Te olvidaste de que estamos acá para dominar el mundo. Nunca pudimos hacerlo. Y todo porque preferiste perseguir a los bandicoots por encima de todo.

—Para dominar el mundo, hay que destruirlos a ellos —insistió tercamente Neo, temblando de rabia.

Tropy apoyo las manos sobre la mesa de cristal y se inclino hacia adelante. Parecía calmado, pero los ojos brillaban de rabia

—Casi has muerto por perseguirlos y has puesto en peligro a La Liga del Mal. No quiero que eso pase otra vez. —Tropy se dio media vuelta y camino hacia la puerta por donde Neo había entrado. Sin dejar de caminar, agregó—. No te acerques a los bandicoots, a menos que ellos te ataquen primero. Y si me desobedeces, serás expulsado de aquí. La reunión se acabo —la puerta se abrió y se cerró detrás de Tropy con un chasquido metálico.

Neo miró a sus dos compañeros, pidiendo comprensión. Nitrus Brio se levanto y se fue detrás de Tropy, sin dirigirle la palabra a nadie. Gin se levanto y le palmeo la espalda, intentando confortarlo.

—Neo… me parece que Tropy tiene raz…

— ¡No la tiene! —empujó a Gin y se alejó a grandes zancadas, intentando pensar en el camino a su casa en Ice Lab.

Tropy… ¿Podría tener razón al fin y al cabo? Casi diez años intentando matar a ese maldito bandicoot. Ese engendro era un error. Y ya no quería más errores. Quizás debería dejarlo en paz y ver que se destruyera solo. Si frustraba un plan suyo sin haberlos molestado, no le quedaría otra opción que matarlos a todos ellos. Y fin de la historia. Se reiría de la desgracia de esos infelices.

Pero (y esto era algo que nunca le confesaría a Tropy, ni a nadie) ya parecía haber perdido su crueldad. La había perdido hacía mucho tiempo, para ser sincero. Se había dado cuenta cuando haba tenido la oportunidad de asesinar a Coco, años atrás, mientras ella estaba distraída persiguiendo mariposas en frente de su casa y Crash desenterraba cosas en la arena, no muy lejos de allí. Pero en lugar de ello, se había limitado a paralizarla y robarle su ropa para hacerse pasar por ella y engañar a Crash. Después de eso se había dado cuenta. Quizás el nacimiento de Nina lo había ablandado. Si, debía ser eso. Nina era la única persona en el mundo a la que amaba, además de a su madre. Y también estaba Charlotte…

Neo sacudió su cabeza violentamente. No debía pensar en ella. Y sin embargo, aun después de tanto tiempo…

El viaje hacia Ice Lab fue tranquilo, aunque aburrido. Solo quería llegar y dormir. Nina estaba en la Academia del Mal, pero dentro de dos semanas ella volvería para las vacaciones. Así ya no se sentiría tan triste y vacio. Ella, con su presencia, disminuía su odio, su tristeza… todo.

Antes de que su pequeña nave aterrizara en la superficie, avistó a los pingüinos, decenas de ellos, moviéndose inquietos en la puerta de su laboratorio. Algo andaba mal.

Se bajó de la nave y caminó a grandes zancadas, preguntándose qué demonios había sucedido. Los pingüinos dejaron de moverse y se quedaron quietos, mirándolo con una especie de terror en sus pequeños ojos negros. El jefe de guardia se adelanto y le hablo en el idioma de los pingüinos:

Dos criaturas forzaron su laboratorio —informó, clavando los ojos en los furiosos de Neo —. Iban armados y no pudimos con ellos. Huyeron en lancha.

Neo entró precipitadamente en su laboratorio. Todo parecía en orden… hasta que entro en la sala de experimentos.

—¡FALTA EL EVOLVO! —gritó, mientras sacaba su arma del cinturón. Los pingüinos, que estaban espiando por la puerta, corrieron despavoridos por la nieve apenas escucharon sus gritos, excepto el jefe de los pingüinos, que se quedo allí, esperando su castigo.

—¿QUIENES FUERON, ASI PUEDO ASESINARLOS? —le grito Neo, blandiendo su pistola por los aires.

Eran animales evolucionados —explico el pingüino, intentando mantener la calma —. Una tenía cabello rubio y una computadora rosada. El otro llevaba un brazo bionico.

El rostro de Neo palideció. Se mordió el labio hasta sentir el sabor de su propia sangre. Esos no eran otros que Coco y Crunch Bandicoot… ¿Por qué se robaron el E volvo? ¿Qué querían con él? Sea lo que fuere, habían allanado y robado su laboratorio.

Y eso significaba que podía contraatacar, sin desobedecer a Tropy.

Se acerco al borde de su isla, con una sonrisa macabra. Aun tenía una oportunidad para acabar con los bandicoots.