De esta no te salvas

Los señores Greengrass se dispusieron a seguir a los Aurores para dar con el culpable del suceso de hace un mes. Victoria se sentía realmente desilusionada de la chica Parkinson, pues ella al ser hija de una de sus amigas, veía incapaz de hacerle tal daño a su hija. Al llegar a la Sala Común de Slytherin, los Aurores mencionaron la contraseña que el Director les había entregado y se dirigieron al sitio donde se encontraba la mayor de los Greengrass hablando animadamente con la incriminada.

-¡Daphne que haces hablando con esta!- reprendió Maurice con mirada sulfúrica.

¡¿Acaso no sabe lo que le ha hecho a su hermana?!

-Padre, es mi amiga…

-¡¿Amiga?!- interrumpió -¡¿La amiga que envenenó a tú hermana?!

-¿De qué hablas? ¿Qué hacen aquí?- preguntó la rubia sin entender.

-¿Señorita Parkinson?- preguntó uno de los Aurores mientras lo confirmaba en el registro.

-Sí, ¿qué quiere?- respondió entre molesta y nerviosa.

¿Qué demonios querrán?

-¡¿Cómo te atreves a preguntarlo?! ¡Eres una cínica! ¡Ojalá te pudras en Azkaban!

-¡Padre!- exclamó Daphne con los ojos abiertos.

-Señorita Parkinson, usted queda arrestada por el envenenamiento a Astoria Greengrass- dictaminó el segundo Auror capturando las miradas de los estudiantes que se encontraban en la Sala.

-¡¿QUÉ?! ¡¿ESTÁ LOCO?! ¡YO NO LE HICE NADA!- respondió la azabache irancunda.

-Fuentes confiables nos confirmaron lo contrario… Así que le pedimos que por favor colabore- sentenció el hombre mientras se disponía a agarrarla a regañadientes.

-¡PANSY! ¡¿CÓMO PUDISTE?!- inquirió la rubia con decepción y molestia -¡ERAS MI MEJOR AMIGA!

-¡ESA ZORRA ME QUITÓ A LO QUE MÁS QUERÍA Y JURO QUE SALDRE Y TERMINARÉ CON LO QUE NO PUDE HACER! ¡JURO QUE LA MATARÉ!- respondió la chica con tono psicópata provocando murmuros por toda la Sala.

-¡YO ME ENCARGARÉ QUE NUNCA SALGAS! ¡YA, LLEVENSE A ESTA LOCA!- exclamó Victoria furiosa, sentenciando el fin de la amistad con los Parkinson.

-Yo… juro que no sabía nada de esto- dijo Daphne con lágrimas en sus ojos.

-No te preocupes hija, nadie lo sabía- respondió su madre un poco más calmada.

-¿Cómo fue que se enteraron que había sido ella?

-Un tal Montague lo confesó- respondió Maurice -¡Espero que está vez escojas mejor a tus amigos, Daphne!

-¡Padre, ya te dije que no lo sabía!- protestó

-¡Ya basta, Maurice!- habló Victoria al ver a su marido abrir la boca para agregar algo más -Daph, ¿sabes a lo que se refería esa chica?- preguntó despectivamente.

-Pues tal vez sea…

-Daph, amor, ¿qué fue lo que sucedió? ¿Por qué se llevan a Parkinson?- interrumpió un azabache sin darse cuenta de la compañía que tenía su novia.

-¿Daph, amor?- repitió Maurice entre dientes mientras que su rostro se tornaba rojo fuego, haciendo que la rubia se tapara la cara con sus manos, y el azabache palideciera de inmediato.

-Cariño, por favor cálmate que no es para tanto- dijo su mujer tratando de calmarlo -Recuerda cuando éramos jóvenes y…

-Mamá creo que no estás ayudando- dijo Daphne en un susurró al ver enrojecer más a su padre.

-¡Maldición!- exclamó al recordar que en cierta época cuando eran jóvenes y tenían la edad que ahora tenía Daphne, habían decidido dar el siguiente paso de su relación para llevarse un gran regalo luego de nueve meses.

Maurice taladró a un pálido Theo con la mirada señalándolo amenazadoramente con su índice, antes de tomar la decisión de dejar al chico en paz por ahora, y retirarse a ver el estado de salud de su hija menor, haciéndole soltar un suspiro de alivio al azabache.

-Señora Greengrass… Yo… Nosotros…-balbuceaba sin saber que decir.

-No te preocupes Theo, me alegro que estén juntos- respondió Victoria con diversión.

-¿En serio?

-Claro que sí… Y no te preocupes de Maurice, sé que tarde que temprano lo aceptará.

-Sí, tarde que temprano…- repitió con una risa nerviosa.

-Será mejor que busque a tú padre, no vaya a cometer una locura.

-Está bien mamá, gracias.

-No hay de qué hija, sólo cuídense- finalizó guiñándole un ojo a Theo haciendo que este tosiera tratando en vano de ocultar su gran bochorno.

¡¿Acaso me ha dado permiso de hacer ESO con su hija?!- pensó escandalizándose.

Mientras en la enfermería…

-¡ASTORIA GREENGRASS!- gritó Maurice al ver como ese teñido infeliz besaba a su hija como si el mañana no existiera.

-¡Papá!- exclamó la castaña asustada al ver a su progenitor con cara de querer matar a alguien, mientras que Draco tragaba en seco.

¡Ahora si la he jodido!

El señor Greengrass al ver aquella estúpida cara de niño bonito mirarlo con sumo miedo, se acercó lentamente a él y le lanzó un gran puñetazo sin previo aviso.

-¡PADRE!- se escandalizó al ver al rubio con su labio partido.

-Señor Greengrass… déjeme explicarle…

-¡¿EXPLICAR QUÉ?! ¡HA ESTADO CLARO Y HA SIDO DEMASIADO!- exclamó interrumpiendo lo que podía haber sido un discurso bastante ensayado e ignorando olímpicamente a su hija.

-¡Maurice! ¡Deja inmediatamente al chico en paz!- declaró Victoria.

-¡NO!

-Deja las niñerías, Maurice… Además, ¿qué te ha hecho el chico de malo?

-¡¿Te parece poco ver como introduce su asquerosa lengua en el esófago de tú hija?! ¡Ha profanado su boca!

-Por Merlín, Maurice… Definitivamente no tienes remedio- negó.

-Señor… yo no estaba haciendo eso…

-¿AH NO? ¿ENTONCES QUÉ HACÍAS? ¿ESTUDIABAS SU MORFOLOGÍA?- ironizó.

-Papá suéltalo- intercedió Astoria al ver el morado rostro del rubio.

-¡¿Pero que es todo este escándalo?!- preguntó una molesta enfermera -Señor Greengrass, tenga la amabilidad de soltar al señor Malfoy… Lo que hizo este chico no es nada malo comparado con lo que hace usualmente- finalizó lanzándole una mirada maliciosa al ojigris.

¡Desgraciada vieja tan metida!- pensó dedicándole una mirada venenosa.

-¿Y qué es eso… que hace… usualmente?- preguntó arrastrando las palabras de la ira.

-No creo que guste saberlo… Pero le pido que se retire- finalizó la enfermera haciendo que el señor Greengrass le devolviera el aire al chico.

-Luego nos vemos hija, pásala bien- dijo Victoria dirigiéndose a darle un beso en la frente.

-Gracias mamá- respondió con una sonrisa.

-Vamos Maurice-señaló tomando el brazo de su marido.

-Si te llega a hacer algo, no dudes en avisarme, Astoria- murmuró el señor Greengrass haciendo que su hija riera divertida.

-No te preocupes papá, lo sabrás- respondió mirando a Draco que trababa con dificultad.

-Y tú- agregó, señalándolo nuevamente -No creas que esto se ha quedado aquí y te has salvado… Te estaré vigilando de cerca rubio teñido, me convertiré en tu sombra muchacho- finalizó llevándose un fuerte asentimiento de su parte.

-¡Maurice!

-¡Ya deja de reñirme, mujer!- respondió mientras salía.

-Un minuto más y deberá irse señor Malfoy- anunció la enfermera con una maliciosa risa.

-¡Esta vieja hija del demonio!- masculló furioso.

-Draco… Ven, mi rubito teñido, mi padre ya se ha ido- dijo Astoria con diversión.

-¡No soy teñido! ¡Soy natural!- exclamó indignado.

-Vamos cuéntame tu secreto, no se lo diré a nadie- puyó.

-Astoria…

-No te aguantas ni una broma, Malfoy- dijo fingiendo molestia.

¿Malfoy? ¡Si antes la habías jodido con su padre ahora si la cagaste!- se reprendió.

-¿Astoria?- preguntó al ver como se disponía a darle la espalda.

-Eres un amargado aburrido.

-Yo no soy ni amargado, ni aburrido- reclamó.

- Mejor cállate y deja dormir.

-¡Astoria, son las seis de la tarde!

-¿Y? ¿Tienes algún problema con eso?

-¡Pues sí!

-¿Ah, sí? Pues me alegro por ti Malfoy.

-No me obligues a tomar ciertas decisiones…

-¿Acaso me estás amenazando?- preguntó con el ceño fruncido.

-Tómalo como quieras, castaña.

-Malfoy, si me estás amenazando no me costará nada avisarle a mi padre mediante un Patro…

-¡NOOO! ¡TORI, NO POR FAVOR!- gritó interrumpiéndole con un gran pánico -Yo no te estaba amenazando, simplemente estaba diciendo que…

-Bueno, ya cállate- interrumpió ahora la castaña volviéndole a dar la espalda para cubrir aquella sonrisa burlona que se le asomaba en su rostro.

-Astoria si te estas burlando no es nada gracioso- exclamó nuevamente indignado.

-Estoy hablando muy en serio- respondió conteniendo una carcajada.

Sí, claro que lo haces- ironizó en su mente con diversión -De verdad que le tiene miedo a mi padre…

-Astoria, puedo sentir desde aquí tu sonrisa- continuó cambiando su "indignación" a una sonrisa estúpida al imaginar la perfecta sonrisa que le escondía.

-¡Cállate ya, rubio teñido!

-Bueno, entonces nos veremos luego- respondió con una sonrisa ladina, pues una idea había llegado a su cabeza.

-Adiós, Malfoy.

-Hasta pronto, Greengrass- respondió mientras tomaba sigilosamente la escoba que había traído de su entreno, para luego tomar desprevenidamente a la chica en sus brazos y salir por la gran ventana de la enfermería robándosela nuevamente.

Mientras en un pasillo del Colegio…

Un moreno caminaba sin dejar de pensar en cierta pelirroja, no sabía ni como, ni por qué se le había metido en la cabeza; pero de una sola cosa estaba completamente seguro, esa chica estaría con él costara lo que costara… Sí, ya había tomado la decisión de realizar un nuevo plan de conquista e ignorar las ridículas palabras de su perfeccionista amigo. Blaise continuaba sin rumbo alguno, pero con un gran aburrimiento… Cómo deseaba poder tener un poco de diversión

¿Qué demonios es lo que suena?- se preguntó al escuchar como si alguien estuviese peleando.

-¡Maldita asiática hija de su madre!

Esa no era la voz de ¿Weasley?

Con cada paso que daba, más claro podía escuchar aquellos improperios que de vez en cuando se volvían más burdos.

-Vaya, vaya Weasley… No sabía que tenías tan amplio vocabulario- pensó en voz alta.

¿Pedías diversión? ¡Ahí la tienes! ¡Gracias Salazar!

-Será mejor que te calles y vuelvas por donde viniste si no quieres sufrir consecuencias… No estoy de humor para estupideces ni para discutir con imbéciles.

-Y será mejor que cuides tú sucio vocabulario conmigo, no le hablas a un pelagatos, hablas con un superior.

-¿Qué demonios quieres?

-Sólo quería conversar un rato…

-Tus conversaciones nunca son agradables- interrumpió -Y no, no me voy a acostar contigo- finalizó leyendo sus intenciones, antes de seguir con su camino… No hacía falta ser un genio para adivinar lo que quería.

¡Maldición! ¡De esta no te salvas! ¡Cumpliré mis caprichos cueste lo que cueste!- exclamó mentalmente con una gran frustración.

Mientras en algún lugar del castillo…

-¡Más te vale bajarme inmediatamente!

-Tus niñerías me obligaron a hacerlo- respondió mientras aterrizaba.

-¿Dónde me has traído?- preguntó bajándose de la escoba, antes de observar la ya conocida Torre de Astronomía.

-A hacer algo que me encanta hacer desde niño.

-¿Y qué es?- preguntó con suma curiosidad.

Sí había algo que Astoria Greengrass no podía evitar, era evadir la gran curiosidad que el rubio le hacía tener.

-Ver las estrellas- respondió acercándose a uno de los balcones jalando a la castaña con él.

-Aún sigo enojada contigo- dijo cruzándose de brazos.

-No lo estás.

-¿Cómo vas a saber tú cómo me siento?

-No sé cómo, o por qué, pero el brillo de tus ojos me indican tus emociones- explicó con simpleza.

-¿Ah sí?- exclamó sorprendiéndose.

-Sí, y también sé que te mueres por hacer esto- dijo mientras acortaba la distancia capturando su dulce boca, mientras se embriagaba del agradable aroma que su hermosa cabellera castaña desprendía y se deleitaba de su exquisito sabor a chocolate.