Hola tarolas!
Después de hacer un viaje larguísimo para la fiesta de casamiento del hermano de mi novia, que yo no pensaba ir, llegado para la hora del postre y bailar como una electrocutada acá estoy, escuchando Metallica y escribiendo como una poseída
Meganeitor: no se si lo sabrás, pero Titans no me gusto para nada. Y ver la traición de Nina, fue peor. ¡Si en Twinsanity, Neo casi besaba el suelo donde pisaba su sobrina! Por eso remarco el amor que le tiene, por bronca a Titans. Me encantan los lectores que intentan adivinar… a veces me dan buenas ideas
Maura: me alegro que no te haya decepcionado. Espero ver tus reviews
Wolfy: no solo te quejas de que es corto, ¡sino que queres ver sexo loco y desenfrenado! Lo de Crunch lo estoy pensando con mi beta… no te ilusiones. Ya veo como te hago engordar unos kilitos con el yaoi.
Remera: significa playera. Intento escribir en español neutro, se me resbala algo argentino. Playeras llamamos acá a las bicicletas
Celibato: es un voto de castidad que hacen los curas… que no todos cumplen, jajaja.
Capitulo seis
La clase de Crash
Lo último que quería Neo Cortex era levantarse de su cama de dos plazas, pero no le quedaba otra opción que hacerlo. Era su primera clase con Crash. No había vuelto a ver al ex marsupial desde esa noche en que se le había tirado encima, de esa manera tan… sexy.
Neo sacudió su cabeza con violencia. ¿Qué demonios estaba pensando, por Dios? Todavía no estaba del todo despierto. Eso seguramente era lo que pasaba.
Entró en el cuarto de baño y se desvistió lentamente. La luz fluorescente hacia que todo pareciera frio y antiséptico, como el resto de la propiedad y todo lo que lo rodeaba. Usó el inodoro mientras esperaba que el agua se calentara, mientras tarareaba una canción. Luego entró a la ducha y se dejo cubrir por una lluvia de agua caliente. Neo sonrió al sentir el contacto. Los primeros minutos bajo la ducha le eran realmente placenteros.
Se paso una mano por la cabeza. Se le arrugó un poco la frente al recordar lo prematuramente calvo que se estaba quedando. Cuarenta años y ya medio pelón. Cuando había conocido a Charlotte tenía el pelo un poco más largo…
No quiero pensar en ella ahora, se dijo, pero no lo podía evitar. Ella nunca te amo.
Ahora ya comenzaba a sentirse deprimido. Su recuerdo estaba tan implantado en él como un chip. La recordaba con su cabello largo y cobrizo y su camisón largo de color blanco que le gustaba usar. Recordaba el olor al perfume de jazmín que ella se ponía todos los días. Y su voz tan dulce y cantarina que un día se había tornado en una voz estridente, cargada de odio y de tristeza, la voz que había usado para decirle adiós y no volver jamás.
Había pasado muchos años después de ese episodio, pero su recuerdo era fuerte y volvía una y otra vez, recordando los días felices que había pasado con ella y los días malos, que habían surgido un día y que el había pasado estúpidamente por alto.
Recordaba a Charlotte, cada vez más fría, más irritable en esos días malos. El olor a jazmín invadiendo su nariz. Neo preguntándole que le pasaba, sentado en la mesa de acero inoxidable de la cocina. Charlotte riéndose como una histérica, diciéndole que él no la amaba, que ya no la miraba como antes. Neo contestándole que no era cierto y ella diciéndole con los ojos llenos de lágrimas que no le mintiera más.
El agua caliente seguía tamborileando en su piel y Neo aun queriendo expulsar sus recuerdos, sin lograrlo.
Recordó a Tropy, su buen amigo Tropy hundido en ese sillón desgastado de cuero, rodeado de sus cientos de relojes, queriendo abordar el tema de su relación con Charlotte. Neo había fruncido el entrecejo y le había dicho que no quería que se metieran en sus asuntos.
—No —le había dicho Tropy, con un tono serio—. Esta vez me vas a escuchar, quieras o no. No puedo quedarme aquí haciendo el papel de idiota.
Había soltado todo lo que pensaba de ellos de una sola tirada. Que no solamente Charlotte no lo amaba, sino que Neo lo sabía y que se estaba engañando para no salir con el corazón destrozado. Que la relación no iba a terminar bien para ninguno de los dos. Y Neo bajaba un poco la cabeza cada vez que Tropy escupía sus verdades, por el bien del científico.
—¿Crees que ella me va a abandonar? —intento no parecer preocupado—. ¿Qué ella sea capaz de odiarme? ¿Qué toda la vida que arme va a desmoronarse?
Tropy se mordió los labios, pero apoyo sus manos sobre los hombros de Neo y dijo:
—Si, amigo. Casi la has olvidado. Ella está cada vez peor.
—¿Qué? —preguntó Neo, incrédulo—. Yo amo a Charlotte. Ella me ama. Y no me va a dejar.
—Por lo que parece, ella esta celosa de Nina. Para ella, es solo una extraña que viene a intervenir en su feliz matrimonio. No quiero ser extremista, pero temo que algún día sea capaz de hacerle daño.
—Nunca la lastimaría.
—No lo sé. Tienes que mantenerla controlada. Que evites que se altere por la nena. No la pierdas de vista a ninguna de las dos. En especial a Charlotte.
En especial a Charlotte
El agua caliente repiqueteaba en su cara, sus hombros, su pecho, envolviéndolo en un tibio capullo, sacándolo lentamente de sus recuerdos. Tropy siempre había tenido razón. A veces le daba miedo. Y se pregunto por enésima vez en la vida cuantos años tenía el viajero del tiempo. Aparentaba treinta y cinco años, pero podría tener muchos más. Cientos, quizás miles de años.
Ahora su mente se centro en el presente. Charlotte ya no estaba, pero Nina sí. Y en ese momento era lo que más le importaba en el mundo, aun más que esos recuerdos que aun lo hacían llorar. Y que invadían sus pesadillas.
Salió del baño y volvió a su cuarto. Se puso una camisa blanca y pantalones del mismo color. Se calzo sus viejas botas marrones y cubrió sus manos con guantes.
Bajo las escaleras hasta la cocina, dispuesto a tomarse una taza de café antes de salir a N. Sanity. Aun era temprano, así que tenía tiempo. Calentó el agua en la cocina y se lo preparo, todo con lentitud. Se sentó en la mesa y tomó un sorbo, mientras analizaba su situación actual.
Había llegado un momento en que decidió no enfrentarse con Crash por el E volvo. Tenía que tratarlo con guantes de seda, no porque quisiera, sino porque era una alternativa más segura. Si mostraba cualquier signo de violencia, destruiría su máquina y lo creía perfectamente capaz de hacerlo.
Bajo las escaleras, que daba hacia su laboratorio y encontró un mapa de N. Sanity. Marcado con lápiz, estaba señalado el lugar donde tenían que encontrarse. Agarro eso y la mochila con sus cosas preparadas para la clase. Se ajustó el cinturón y se tele transportó.
Fue como si todo girara a su alrededor a una velocidad vertiginosa. Neo ya estaba acostumbrado, así que no se mareó. Solo cerró los ojos y esperó a que el efecto cesara.
Abrió los ojos. Ya no estaba en su laboratorio, sino al lado de un delgado rio. Hacía un calor sofocante, a pesar de ser las nueve de la mañana. Al mediodía sería insoportable. Miro por todos lados, pero no vio ninguna choza ¿Seria una trampa? Toco su arma instintivamente. Avanzo unos pasos entre la vegetación, maldiciendo entre dientes. Crash le había explicado que la choza estaba bastante cerca del rio y no muy alejada del pueblo indígena. Camino un par de minutos, hasta que le pareció vislumbrar algo entre los árboles. Se acerco despacio y pudo ver una choza pequeña levantada sobre unos pilares. Y sentado en la puerta, estaba Crash, con las piernas colgando, esperándolo.
—Marsupial estúpido —murmuró Neo, caminando a grandes zancadas hacia la vivienda. Crash lo vio y se bajo de un salto. Solo vestía con un chaleco rojo desabrochado, unos pantalones de jean estilo pescador y zapatillas de deporte. Por mucho que Neo desvió la cabeza, no pudo evitar mirar su cuerpo bronceado y los músculos de su abdomen, apenas tapados por el chaleco.
—Me diste mal la ubicación —le reprocho Neo. Crash sonrió a modo de disculpa y le señaló la choza, invitándolo a entrar. Recién ahí se dio cuenta que no estaba solo. Aku Aku flotaba detrás de Crash, mirándolo fijamente sin decir una palabra. De mala gana, el científico subió los escalones de madera y abrió la puerta.
Era un poco pequeña. Las paredes y el piso eran de madera y el techo de paja. Tenía solo una ventana, que daba hacia el rio. Había pocos muebles: una mesa, dos sillas, una cama y una mesa de luz. Neo colgó su pizarrón plegable y saco dos cuadernos. Crash se sentó y la máscara se ubicó a su lado, casi tocándole la cabeza.
—¿Por qué tienes que estar aquí? —refunfuño Neo.
—Por las dudas —respondió Aku Aku, sin variar su expresión—. Por si tiene la ocurrencia de hacerle daño…
—No lo voy a lastimar. Mi trabajo está en riesgo.
—… y porque yo entiendo sus gestos mejor que nadie —continuó la máscara, mirando a Crash, quien asintió con la cabeza.
—Quédate si quieres, pero ni se te ocurra interrumpir la clase.
—De acuerdo.
Neo revisó los apuntes que había tomado basándose en los libros. No tenía que ver a Crash como un enemigo, solo como un alumno torpe. Lo miró a los ojos, resignado al papel que tenía que desarrollar
—Estas aquí para aprender el hermoso arte del lenguaje —comenzó Neo, hablando lentamente y asegurándose que Crash le prestara atención—. Al principio solo imitaras sonidos y seguramente dudaras de que te este enseñando lo que deseas. Realmente no espero que recites los hermosos poemas de Shakespeare o cantes como Pavarotti. Si llegas a hacerme perder el tiempo, me iré y no voy a volver. Estas prevenido.
Crash asintió, con las cejas levantadas. Miro a Aku Aku y le hizo un gesto con la cabeza
—¿Estás seguro? —le preguntó la máscara. El chico asintió, con una leve sonrisa—. De acuerdo me voy, pero estaré cerca.
La máscara se dirigió hacia la ventana, le echó una última mirada a Neo y salió.
Más tranquilo, Neo siguió hablando
—Al parecer sabes leer y escribir, pero no lo haces del todo bien —empujó hacia él un cuaderno y una lapicera—. Escribe estas letras: U.
Crash obedeció, escribiendo lo que le ordenaban con rapidez. Al terminar, le pasó el cuaderno a Neo, quien le dio un rápido vistazo y aprobó lo escrito.
—Bien, ahora quiero que imites los sonidos que yo haga. Mírame bien los labios mientras lo hago.
Crash hizo un gesto afirmativo.
—Aaaaaaaaaaaaa.
—Aaaaaaaaaaaaa —repitió, imitando el movimiento de labios de Neo
—Bien, haremos lo mismo con las otras vocales.
Practicaron unos minutos. Crash parecía tener problemas con la letra I, pero lo logro después de seis intentos.
—Solo te falta la U. di: uuuuuuuuuuuuuuuu.
Crash pareció perder la concentración por primera vez. Se quedo mirando a Neo fijamente un par de segundos y aparto la vista hacia la ventana, ligeramente sonrojado.
—Te advertí que si perdías el tiempo, me iba —le advirtió Neo, visiblemente irritado ¿Por qué demonios se había distraído?
Crash volvió a mirarlo a los ojos, suspiró largamente y al final soltó:
—Uuuuuuuuuuuuuuu —dijo, cerrando los ojos.
Ahora Neo era el que se estaba sonrojando. Los labios de Crash estaban fruncidos, como si quisieran ser besados. Por un instante, Neo necesito besarlo, besarlo con furia y pasión hasta que se le acabara el aire. Y también quería mas cosas, no solo besarlo. También quería…
Un ruido lo devolvió bruscamente a la realidad. Crash lo miraba enojado y sorprendido a la vez. Parecía decir: Ahora el que pierde el tiempo eres tú.
—Bien, sigamos con la clase —se apresuro a decir Neo.
Cuarenta minutos después, Neo dio por terminada la clase. Al abrir la puerta, lo primero que vio fue a la máscara flotando a dos centímetros de su rostro. El susto fue tal que cayó para atrás y se llevo a Crash en su caída.
—Vine a buscar a Crash —dijo la máscara, al parecer algo divertido. Neo se levanto bruscamente y lo fulmino con la mirada
—Pues aquí esta —le dijo de mala gana. Volvió la cabeza hacia Crash—. Quiero que practiques las vocales todo el día, especialmente la letra E. Mañana nos encontramos a esta hora.
Neo uso su cinturón teletransportador y fue hacia su casa. Eran recién las diez de la mañana, pero se sentía molido. No tenía ganas de hacer nada. Pero no pensaba irse a dormir, o algo por el estilo. Podría ir a casa de alguien de su equipo. O visitar a su madre, a la cual no veía desde hacía una semana. Prefirió descartar ambas opciones momentáneamente y tomarse otra taza de café. Algo debía hacer.
Para empezar, ubicó mejor las coordenadas de la choza de Crash. Después, hizo un conteo de los cristales que estaban sin usar. Solo le quedaban cuatro. Tendría que salir a buscar más en un par de semanas o más de la mitad de las maquinas no le funcionarían; llamó a Tropy para avisarle que deberían salir en una semana a buscar más cristales y el viajero del tiempo lo aprobó. Se mantuvo casi todo el día ocupado, buscando cosas que hacer hasta que no quedo absolutamente nada que arreglar o aceitar o limpiar. Cuando tomo conciencia de la hora, ya el cielo estaba teñido de azul oscuro. Y él estaba molido de cansancio.
Se acostó en su cama, sin preocuparse por desvestirse siquiera y se durmió profundamente.
—Crash, di: uuuuuuuuuuuuu.
—Uuuuuuuuuuuuuuuu —repetía el ex marsupial, cerrando sus enormes ojos verdes.
—Otra vez —el pulso de Neo se aceleraba
—Uuuuuuuuuuuuuuuu —Crash se había levantado de la mesa y se acercaba hacia él. Se sentó a horcajadas sobre Neo, mirándolo fijamente.
—U-una vez m-mas —tartamudeó el científico, temblando de excitación.
Uuuuuuuuuuuuuuuuuuu…. —no pudo terminar de decirlo, porque Neo le estaba devorando la boca a besos, enterrando las manos en el cabello anaranjado e intentando meter su lengua en el interior de la boca de Crash. Las manos del científico bajaron con rapidez hacia el cierre de los vaqueros de Crash. Logro desabrocharle el botón y bajarle la cremallera. Empujo a Crash contra la mesa y lo dio vuelta, con la mitad del cuerpo apoyado encima de la tosca mesa de madera. Los cuadernos cayeron al suelo. Neo le bajo el pantalón y los bóxer y luego se bajo los suyos propios. La visión del trasero de Crash al aire era más de lo que podía soportar…
Neo se despertó bruscamente. Estaba empapado en sudor y parecía arder entre los pliegues de su cama. Pero ese no era el problema mayor.
—¡Mierda! —exclamo, al notar la erección que amenazaba salir entre sus pantalones. Se levanto tan rápido como pudo, se desvistió, abrió la ducha y se metió en ella. El agua helada mitigó el efecto y volvió a colgar inerte entre sus piernas, como tenía que estar. Salió de la cama y se puso su pijama gris. Se dejo caer encima de la cama, con la mente hecha un embrollo.
¿Por qué ese sueño? ¿Por qué con Crash? ¿Qué demonio le estaba pasando por la cabeza? era solo un estúpido marsupial que se había vuelto humano. Nada más. El no era homosexual. Le gustaban las mujeres. Su matrimonio con Charlotte lo demostraba.
Antes de deslizarse hacia el sueño lo decidió: mañana por la noche visitaría el Moulin Cortex.
