¡Pervertidas! ¿Como andan? Yo bien, aunque mañana es lunes y el Silent Hill: the room que compre ayer le anda mal el sonido.

Meganeitor (¿Sos hombre o mujer?): no me gusta los malos del todo. Algo bueno tiene que tener el tipo. Vas a ver, yaoi a patadas (nah, no tanto, pero va a haber). "es basura, es basura" "Si, Shirubana, todo después del Team Racing es basura" tipo capitulo de los Simpson. Hey, espero ver tu próximo fanfic. Avísame cuando lo publiques.

Mama Shmi: ¡que cruces ni que cruces! Que le salte a la yugular, jajaja.

Wolfy: no tenés que disculparte. Más allá de la compu hay una vida. Bueno, te quise dar el gusto con el yaoi, pero no puedo cumplir todo. Leí fics de Crash x Crunch en inglés que…asdadsdsadsada. Mi querida beta es también mi novia, que al principio no le gustaba el fanfic y ahora está hundida hasta las narices. Ya sé lo que va decir Crash. Va a ser algo así como: "¡Socorro! ¡Esta Shirubana es una depravada sexual!" jajaja. A Crash lo pinto con una ternura… y estoy planeando un doujinshi de este fanfic en el futuro con una amiga. Espero que sea pronto.

Ahora les recomiendo, mientras escucho No Surprise de Radiohead, que lean el:

Capitulo siete

La mala idea de Crunch

Neo estaba frente al espejo, vestido con un suéter marrón y pantalones negros. Estaba un poco pasado de moda y lo sabía, pero ya no interesaba. Lo único que tenía en mente era acostarse con una de esas voluptuosas mujeres que trabajaban en el club. Uso su teletransportador para ir directamente a la puerta del Moulin Cortex.

El Moulin Cortex era un club nocturno (aunque le gustaba más la expresión "Club de caballeros", sonaba más refinado) que al principio estuvo ubicado en Camberra, pero los problemas con la policía hizo que tuviera que mudarse a Ice Lab, donde los clientes cruzaban el mar para visitar el lugar. Y a Neo no le sorprendía. Las mujeres eran muy bellas y el espectáculo, simplemente sorprendente.

Las luces del enorme cartel de neón iluminaban la nieve. El Moulin Cortex tenía forma de un enorme granero, ya que esa era la función de la edificación antes de que se estableciera el negocio.

Apenas entro, sintió el ambiente festivo. Las mesas al frente del escenario estaban repletos de hombres con aspecto idiotizado y no era para menos: unas cinco chicas bailaban sensualmente en el escenario ubicado a un costado. Neo se adelantó hacia la barra donde una joven de unos veinte años preparaba bebidas

—Un whisky en las rocas —pidió Neo y la joven no se demoró en traerle su pedido.

Neo giró el taburete para ver mejor el escenario. No era un vulgar baile de streap tease, claro que no. Era vodevil. Neo no pudo menos que admirarlas al igual que los otros clientes. Una vez que terminara el show, iría a ver a una de las damas de compañía (prostitutas era un palabra cerrada y vulgar para el científico) y lo pasaría en grande…

Unas manos se cerraron en torno de los hombros del doctor. Unas manos femeninas, suaves pero fuertes, con las largas uñas pintadas de bordó.

—Hasta que al fin te has dignado a aparecerte por aquí —dijo una voz fría. Neo suspiro fuertemente, sabiendo lo que ocurriría a continuación. Se giro en su butaca para mirarla:

—Iba a verte al terminar el espectáculo —se disculpó, mirando a la mujer. Aparentaba cincuenta años, pero Neo sabia que tenia sesenta y cinco. Era alta y delgada, de cabello color castaño dorado, que caía en una cascada enrulada por su espalda, y de ojos color ámbar. Su sonrisa escondía un reproche, estaba seguro de ello.

—No te creo —insistió la mujer—. No me llamas ni por teléfono hace más de una semana. Me podría estar muriendo y tu muy feliz de la vida ignorándome.

—Mamá…

—¡Nada de mamá! —la mujer lo tironeo fuertemente de la oreja y lo llevo detrás de la barra, abrió una puerta y subió por las escaleras

—¡Ay, mama, me estás lastimando! —se quejó Neo, intentando zafarse de la mano que le tironeaba la oreja.

—¡Ja! ¿Y ni siquiera se te ocurrió pensar como lastimas a tu madre con el abandono, no?

Llegaron al despacho, de forma circular. No estuvo más que pocos segundos allí. Su madre abrió otra puerta, que daba a la vivienda. Recién al llegar al living, su madre lo soltó.

—No tienes que actuar como si tuviera cinco años —le reprocho Neo, frotándose la oreja lastimada.

—Solo me preocupo. Estuviste una semana sin verme.

—Podrías haberme ido a visitar a casa, para variar.

—Ya me he ocupado gran parte de mi vida para cuidarte. Bien podrías ocupar tu tiempo conmigo, hijo desnaturalizado —se sentó en un sillón tapizado de bordó y su hijo la imitó, sentándose a su lado.

—Mami, lo lamento ¿ok? —entrelazó sus manos con la de ella—. No era mi intención herirte.

La mujer le acaricio la cabeza con ternura

—Una madre perdona casi siempre los descuidos de sus hijos —se levantó del sillón y se acercó a un minibar. Sirvió dos copas de vino y le alcanzo una a su hijo—. ¿Y qué me cuentas?

Neo le conto el robo de su máquina por los hermanos Bandicoot, la transmutación humana que sufrieron y que Crash lo estaba chantajeando para devolverle la maquina.

—Bueno —suspiró la mujer—. Puedes agradecer que no te pidió dinero por la maquina, solo aprender a hablar.

Neo desvió la mirada, concentrándose en las pantallas de seguridad que abarcaban cada rincón del Moulin Cortex. No iba bien de dinero. La comisión del club nocturno alcanzaba para pagar el colegio de Nina, la comida y no mucho más. Y las expediciones para buscar cristales eran caras…

Sus pensamientos se interrumpieron súbitamente. Sus ojos captaron algo en una de las pantallas. Sentados en una de las mesas, estaban nada más ni nada menos que Crash y Crunch Bandicoot. Había dos chicas que estaban con ellos. Antes de que Neo tuviese tiempo de creerle a sus ojos lo que estaba viendo, una de las mujeres se levanto, llevándose a Crash consigo.

—¡Pero pedazo de inconsciente! —gritó Neo, sin saber muy bien a cuál de los dos hermanos se dirigía, y se lanzó hacia la puerta.

—¿Qué sucede, hijo? —se oyó la voz preocupada de su madre

—Quédate aquí, madre. No te preocupes —y salió corriendo, dejando atrás a su perpleja progenitora.


La chica se llamaba Adelaide. Llevaba el cabello castaño hasta los hombros, con las puntas teñidas de violeta y de piel aceitunada. La otra chica se llamaba Fleur. De cabello largo y platinado, piel blanca como la luna y de unos delicados ojos celestes.

—Quiero que tengas cuidado con mi hermano vle dijo Crunch a Adelaide—. Es su primera vez. Además no sabe hablar, así que no esperes una conversación con él.

—No hay problema —la chica sonrió y tomó la mano de Crash—. ¿Vamos?

Crash asintió con la cabeza. Estaba nervioso. Nunca había experimentado algo así. Tawna lo había dejado por no… satisfacerla en esa parte de la relación. Ahora, ella estaba con Pinstripe, que seguramente si lo hacía.

Habían llegado hasta un pasillo que estaba a un costado del escenario. El pasillo estaba iluminado con luces rojas. La chica giro el picaporte de una puerta y entro. Crash se adentró también…

ZUM

Algo color amarillo paso zumbando por el costado de su cabeza. Crash miro hacia donde provenía el rayo y lo vio a Neo, con el arma en la mano. Al volver la cabeza hacia Adelaide, ella estaba tirada en la alfombra, con los ojos abiertos en par en par, sus manos contraídas como garras y las piernas apenas levantadas, síntomas inequívocos de una parálisis. Neo lo agarro de los hombros y lo obligo a girarse.

—¿Estas mal de la cabeza o qué? —le gritó, mientras lo empujaba hacia dentro de la habitación—. ¿Ibas a tener sexo con ella?

Crash se sonrojo, pero estaba enojado. ¿Por qué le había hecho eso a Adelaide? Parecía buena persona.

—¡Eres menor de edad, por si no lo sabías! ¡Vas a meter en problemas a mi madre! —Neo lo seguía empujando, cada vez mas enojado, hacia una pared. Crash ya lo había visto así muchas veces, pero esta vez lo había tomado por sorpresa. Y tal vez tenía algo de cierto en lo que decía. Tal vez no debía estar allí. Crunch lo había arrastrado hasta el Moulin Cortex, feliz porque al fin podría salir con una chica y había querido que Crash fuera con él, para que experimentara lo que era hacerle el amor a una mujer.

—¡NEO!

El grito de una mujer sobresaltó a ambos. Neo se separó con rapidez, con la cara blanca como un papel.

—¿COMO TE ATREVISTE A ATACAR A MI EMPLEADA? —le grito, con sus ojos ambarinos chispeantes de furia.

—¡El es menor! —chilló Neo, señalando con una mano temblorosa.

—No me importa, pero no tenias por que atacar a Adelaide. Niño, vuelve a tu mesa, espera a que tu hermano termine lo suyo y vete —agrego la mujer, mirándolo no con furia, sino con confusión y ¿ternura?

Crash asintió y se marcho rápidamente, dejando a Neo, a la matrona y a la mujer inconsciente detrás.

Una hora después, Crunch salió del cuarto, bastante contento. Había hecho el amor como nunca y se sentía cansado. Se dirigió a la mesa donde se encontraba Crash y lo sorprendió dormido profundamente, con la cabeza apoyada en los brazos. Se dio cuenta de que Crash era tan solo un niño y que el Moulin no era el lugar para el pequeño. Teniendo cuidado de no despertarlo, lo alzo en brazos. Crash le rodeo inconscientemente la cintura con las piernas y se despertó a medias. Crunch le dio un rápido beso en los labios

—Duerme —le dijo, acariciándole la cabeza. Crash bostezo y apoyo la cabeza en su hombro y no tardo en volver a dormirse otra vez.