Londres muggle
-¡Maldita sea!- exclamaba el rubio mientras corría hacia su Sala Común con una toalla en su cabeza, tratando de cubrir el horrible tono de cabello que ahora llevaba por culpa de sabrá Merlín quién; entretanto, Theo y Blaise le seguían tratando de aguantar una que otra carcajada que amenazaban con escapar.
-¿Qué sucede?- preguntó Daphne con extrañeza al ver a un muy alterado Draco entrar a la Sala.
-Debiste de haberlo visto- respondió Blaise con diversión mientras que el rubio le lanzaba miradas asesinas.
-Draco, debes de ir a la enfermería, la señora Pomfrey debe de saber que hacer- anunció Theo sentándose al lado de su novia.
-¡No voy a ir con esa diabólica anciana!- gritó furioso.
-¿Draco?- preguntó una chica asomando su cabeza desde las habitaciones de las chicas.
-¡Astoria! ¡Debes ayudarme! ¡Tienes que tener un contra hechizo!
-¿De qué me estás hablando?- preguntó confundida.
-Es mejor que lo veas, As- contestó Blaise antes de soltar una carcajada al ver como el rubio se aferraba a la toalla con más fuerza.
-¡Será en privado!- gruñó.
-¡Claro que no lo será!- exclamó Daphne con una sonrisa maligna disponiéndose a sacar su varita -¡Accio toalla!
Rápidamente la toalla abandonó la cabeza de Draco pasando a ser propiedad de la rubia, mientras dejaba ver el fuerte color rosa que poseía su cabello.
-¡POR LAS BARBAS DE MERLÍN, DRACO! ¡TU CABELLO PARECE LA MISMÍSIMA TUNICA DE UMBRIDGE!- exclamó completamente asombrada.
-¡Cállate Daphne!- reprendió Astoria con molestia antes de que Draco pudiese insultar a su adorada cuñada.
Fred, George… ¡Declárense muertos!
-Sigo insistiendo en que es mejor que vayas a la enfermería- manifestó Theo con una sonrisa, mientras que el rubio trataba en vano de quitarle la toalla a la rubia.
-¡Esa anciana lo único que haría es dejarlo permanente!
-Creo que yo tengo la solución- mencionó Astoria pensando en que sí Fred y George habían hecho la broma, debían tener el contra hechizo.
-Es mejor que te cubras la cabeza.
-¡¿Crees que no lo sé, Zabini?!- bramó furioso, antes de tomar a Astoria de la mano y retirarse dando grandes zancadas.
-¿Draco, sabes por lo menos dónde vas?- preguntó Astoria con una sonrisa divertida en su rostro, no era que se burlara del rubio… No, claro que no.
-Yo… Lo siento- exclamó parando su camino y tratando con gran dificultad de calmarse -¿Dónde vamos?
-Vamos a ver a Fred y George- respondió sin quitar su sonrisa, disponiéndose a seguir el camino.
-¡¿Qué?! ¡¿Esas dos sucias comadrejas me lo han dañado mí cabello?!
-En realidad creo que dañaron tú ego- respondió ocultando en vano una risilla.
-Astoria espero que no te estés burlando de mí- manifestó completamente indignado.
-Claro que no, aunque te digo que pareces un algodón de azúcar- expresó con una sonrisa tierna mientras revolvía su cabello.
-¿Un qué?
-Algodón de azúcar… Es una golosina hecha de azúcar con colorante especialmente color rosa, que es enredada en un palo.
-Pues no soy como eso… ¡Quiero mi tono natural!
-En cierta parte, te lo merecías.
-¡¿Estás loca?!
-No, te lo merecías por prejuicioso.
-¿Prejuicioso?... ¡Yo no soy prejuicioso!
-¡Sí lo eres y deberías cambiarlo!
-¡Bueno, basta! ¡Vamos donde esas dos sabandijas antes de que alguien pase y me vea en tan vergonzoso estado!
-No te llevaré hasta que sepas expresarte mejor de las personas.
-No es tan fácil como crees… Me han educado con esos ideales, no puedo cambiarlos de la noche a la mañana.
-¡Pues esfuérzate por hacerlo!
-Está bien, lo intentaré… Pero, no prometo nada- respondió sumisamente al ver la mirada asesina que la castaña le lanzaba.
-Por lo menos es un intento- resopló antes de retomar el camino hacia la Torre de Gryffindor.
-¿No crees que será mejor ir por algún pasadizo?
-No, que esto te sirva de lección por prejuicioso- contestó la castaña con convicción haciendo el rubio bufara molesto.
¡Maldita la hora que dejé la túnica en los vestidores!
Luego de llegar a la entrada de la Sala Común de Gryffindor, el retrato de la Señora Gorda desapareció llevando el mensaje de la muy amable Slytherin, dejando ver después de unos cuantos minutos dos idénticas cabezas pelirrojas.
-Vaya, vaya, pero miren a quién tenemos aquí- mencionó Fred con una sonrisa maligna al ver al chico de cabello rosa.
-Nos alegramos de verte serpientita, y con semejante compañía- declaró George con diversión.
-A propósito, lindo cabello, Malfoy…
-Definitivamente el cambio de look te sentó a la perfección- finalizó Fred antes de juntarse a la carcajada de su hermano.
-¡Malditas sanguijuelas! ¡Ustedes me dejaron así, ustedes me arreglan!- exclamó Draco con histeria.
¡NADIE se mete con el ego Malfoy!
-Lamentamos decirte esto, huroncillo, pero no tenemos la cura de tus males…
-¿De qué hablas, George? ¿Cómo que no tiene el contra hechizo?- preguntó Astoria sintiendo molestia; pues por más de que el rubio se lo mereciera, y que pareciera un tierno algodoncito de azúcar, debía volver a la normalidad.
-Así como lo oyes, querida serpientita…
-Tal vez la señora Pomfrey lo tendrá- finalizó George, llevándose bufidos por parte del Slytherin y risillas por parte de su hermano.
-Draco, sí quieres volver a la normalidad, tendremos que ir…
-¡Maldita sea mi estúpida suerte!... Vamos antes de que me arrepienta…
-¡Suerte con eso, huroncillo!- exclamó Fred con burla antes de que los chicos pendieran el camino a la enfermería.
-Nos veremos luego, chicos- se despidió Astoria llevándose un asentimiento y una sonrisa por parte de los gemelos.
Los Slytherin trataron en vano de ocultarse de aquellos estudiantes que pasaban por los pasillos los cuales caminaban, haciendo que Draco se enfureciera cada vez más al escuchar las risas y comentarios del estudiantado; una vez que llegaron a la enfermería, Draco impidió que la castaña abriera la pesada puerta, pues dentro de la sala, había una conversación bastante sospechosa y mucho más las voces de las que provenía dicha charla.
-Gracias por todo tú aporte, Madame Pomfrey… Esto no hubiese funcionado si no fuese por tu exitosa poción.
¿Esa no es la voz de papá?- se preguntó Astoria reconociendo la voz de su progenitor.
-No olvide que los señores Weasley fueron los principales.
-Lo sé, pero usted fue la que supervisó… En todo caso, muchas gracias y ya nos veremos la próxima semana con nuestra segunda víctima… Una última cosa, no deje que Daphne y Astoria se enteren de esto.
-Pierda cuidado, Señor Greengrass, sus hijas no se tendrán que entrar de nada.
-¿Enterarme de qué, padre?- preguntó Astoria entrando rápidamente a la enfermería dejando a los adultos y a Draco con la boca abierta.
¿Cuándo hemos entrado?- se preguntó Draco pasmado con lo que acaba de escuchar -Entonces, ¿fue ese hombre que me hizo esto?
-Astoria, hija, me alegro mucho de verte- respondió Maurice claramente nervioso.
¿Cuánto habrá escuchado?- se preguntó mientras sus piernas comenzaban a temblar.
-¿Enterarme de qué?- repitió Astoria mientras se cruzaba de brazos y Draco se sentaba en una camilla.
-Nada importante hija, ya sabes… Negocios aburridos- mencionó el castaño -Bueno, yo ya me iba- añadió tratando en vano de huir de su hija.
-¿De qué poción hablabas? ¡Y no quiero que evadas el tema ni que mientas!
-Astoria, hijita…
-Fuiste tú el que le cambió el color de cabello a Draco, ¿no es así?- interrogó la castaña claramente molesta.
¡Definitivamente se ha pasado!
-¡Responde!- insistió.
-¡Sí fui yo!... Pero también con la participación de los Weasley y la enfermera.
-¡Usted me las va a pagar, vieja arpía!- gruño el rubio molesto -¡Quiero el contra hechizo ahora mismo!
-¡Es increíble que lo hayas hecho! ¡Te has comportado con un chiquillo de cinco años! ¡Debes de aceptar que Daphne y yo crecimos, que sí queremos que Theo y Draco estén en nuestras vidas, es porque así lo decidimos!
-Yo no quiero que estos imbéciles vayan a lastimar a mis pequeñas- declaró Maurice con cabeza gacha.
-¡Ya le había dicho que no lo iba a hacer! ¡Es lo último que quisiera hacerle a Astoria!
-Eso dicen siempre todos- replicó el señor Greengrass lanzándole una mirada envenenada al rubio.
-¡Basta!- interrumpió Astoria iracunda -¡Ya mismo le avisaré a mamá de lo que has hecho!
-No, cariño… No a tú madre- suplicó el hombre con cierto temor, pues sabía que Victoria poseía el genio del mismo diablo, y que gracias a ella sus hijas también lo habían heredado, muy a su pesar.
-¡Te aguantarás! ¡No quiero ver que vuelvas a hacer este tipo de espectáculos tan ridículos como el de hoy! ¡Y más te vale que te disculpes con Draco, en este mismo instante!- gruñó la castaña haciendo que los presentes pegaran un brinquito y Maurice afirmara con la cabeza -¡Es increíble que no te de vergüenza hacer todo esto!- renegó mientras miraba como su padre a regañadientes se acercaba a un molesto pero temeroso rubio.
-Muchacho… Lo lamento mucho…
Mentira, no lo lamentas… Claro que sí… No, no lo haces, solo lo haces porque temes el temperamento de tú hija- declaró su conciencia.
-Está bien… Aunque, espero que sepa cómo arreglarlo, quiero que quede igual a mi tono natural…
-En eso se puede encargar la señora Pomfrey- respondió el señor Greengrass lanzándole una mirada matadora a la mujer, pues había dejado que su hija le reprendiera y SE HABÍA DIVERTIDO DE ELLO!
-¡¿Y a usted no le da vergüenza su comportamiento?!- exclamó viendo a la enfermera que se había puesto a realizar una poción -¡Espero que dejen a Draco en paz de una buena vez! ¡Puede ser muy orgulloso, engreído, ególatra, odioso en ciertas ocasiones…!
-Astoria… no creo que estés ayudando...
-¡Cállate, Draco!- exclamó molesta por ser interrumpida haciendo que el rubio rodara lo ojos -¡… y todo lo que quieran, pero no les da derecho a hacerle semejante cosa!... ¡Espero no volver a ver un comportamiento parecido, padre!
-Por supuesto que no, hija… Lo siento mucho… Aunque, si le llegas a hacer algo a mi hija te juro que no lo sentiré.
Nunca lo has sentido, Maurice…
-Tenga- habló la señora Pomfrey por primera vez, tendiéndole a Draco, de mala gana, un líquido color púrpura.
Sin rechistar, Draco se bebió la poción de un solo bocado, rezando a Merlín y a Salazar que volviera a la normalidad, y que gracias a sus súplicas así fue… Rubio "natural" nuevamente.
Los días pasaron, y el asunto de la broma contra el precioso cabello de Draco había sido olvidado; aunque para el rubio no tanto, pues una venganza contra la enfermera sí iba a realizar y debía decir que ya se encontraba lista para ser usada, (venganza que por supuesto Astoria no estaba enterada). Una vez lista la poción envejecedora, se dispuso a revolverla junto con la poción parlanchín para obtener una muestra homogénea y amarilla.
-¿Draco irás a Hogsmeade con mi hermana?- preguntó la ojiazul viendo al rubio bajar con una sombría mirada.
-Claro que sí, nos veremos en la Entrada en media hora- respondió el rubio, antes de continuar su rumbo hacía la enfermería.
Gracias a Merlín, la diabólica mujer se había retirado dejando la enfermería completamente desierta; Draco aprovechando la suerte que llevaba consigo, se encaminó al despacho de la mujer depositando rápidamente la sustancia en su vaso de jugo de calabaza, para luego retirarse sin dejar rastro alguno del culpable.
-¿Dónde estabas?- preguntó Astoria al ver al rubio acercarse.
-Estaba terminando unos asuntos- respondió con una sonrisa maligna.
¡Vieja arpía! ¡Nadie se mete con un Malfoy sin salir ileso en el intento!
-Ahora si podemos irnos, ¿verdad?
-Claro que sí, Tori.
-Sabes Draco… He pensado en que tal vez podamos hacer algo nuevo…
-¿Algo nuevo como qué?- preguntó con extrañeza.
-¡Podemos ir a Londres muggle!- exclamó dando unos tiernos brinquitos.
-Tori, no creo que se conveniente ir a…
-No me puedes decir que no- interrumpió la castaña con pucheros.
-Tori pero es que…
-¡Eres malvado, Draco Malfoy!
-No soy malvado, solo digo que no es bueno ir hacía ese lugar en específico.
-¡Cállate! Lo que pasa es que ya no me quieres- manifestó con clara tristeza en sus ojos, tristeza que Draco no iba a permitir.
-Está bien, iremos a Londres muggle- suspiró haciendo que Astoria se lanzara a sus brazos y besara sus labios con extrema dulzura.
Mientras en la enfermería…
La señora Pomfrey había llegado a su despacho, a disfrutar de una tarde sin accidentes, ni molestos estudiantes que solicitaban su ayuda a cada minuto. Feliz de tener por fin un merecido descanso, se dispuso a disfrutar de su frío jugo de calabaza antes de dedicarse a terminar uno que otro papeleo que tenía pendiente.
Poco a poco y sin que la enfermera se diera cuenta, las pociones hechas perfectamente por el joven de cabellos platinos, fue surgiendo en ella, comenzando a encanecer su cabello mucho más de lo que ya lo llevaba diariamente, unas grandes arrugas aparecían haciéndole finalizar el efecto a las pociones de ocultamiento, (pues la señor Pomfrey las utilizaba a menudo para tratar de ocultar algunas de esas arrugas que hacían verla más vieja de lo que era) y cómo último mal, había comenzado a hablar mucho más de la cuenta.
-Que papeleo ni que nada, será mejor que me tome el día libre… Sí, eso es lo que haré, ni Dumbledore ni nadie podrá negarme mi derecho… No desperdiciare este hermoso día con todo este estúpido papeleo… Más tarde volveré para terminarlo, no, que más tarde, el lunes volveré y eso si es que aún no siento que he descansado lo suficiente… No soy una elfina doméstica, no pueden dejarme todo este tiempo encerrada en la enfermería con todos estos mocosos…
Mientras en el Caldero Chorreante…
Una vez aterrizado en su escoba, ayudó a Astoria a bajarse para poder dejar su escoba bajo cuidado y dirigirse a la entrada al mundo muggle.
-¿Me recuerdas por qué estamos aquí?- preguntó Draco con una mueca.
-Porque me quieres- respondió la castaña con una hermosa sonrisa, antes de jalar al rubio y poder entrar a Londres.
-¿Dónde se supone que iremos?- preguntó con desconfianza.
-Todavía no lo sé, pero me gustaría hacer algo divertido.
-Oye Tori, ¿ya habías estado antes aquí?
-Por supuesto, mi padre nos traía a Daphne y a mí al parque de diversiones.
Su padre…
-¿Al qué?
-¡Eso es! ¡Podemos ir al parque de diversiones! ¡Ven, Draco!- exclamó completamente feliz apresurando el paso mientras el rubio suspiraba con cansancio y dejaba salir una gran sonrisa al ver a su castaña tan feliz, realmente era hermosa.
