Parque de diversiones
-¿Qué te ha parecido el parque, Draco?- preguntó Astoria con una sonrisa mientras se bajaban de la gran montaña rusa.
-Creo que voy a vomitar…
-Vamos Draco, no seas tan flojo- respondió con una risilla.
-¡¿Flojo?! ¡Esa cosa estaba endemoniada!- exclamó el chico con una mueca.
-¿A dónde te gustaría ir ahora?
-No sé… Todas estas cosas quieren atentar contra mi vida.
-No todas- respondió la castaña con diversión mirando como una sillas se elevaban a un no tan alto nivel y comenzaban a dar vueltas.
-Sí, creo que tienes razón- afirmó el rubio contemplando unos caballos mecánicos que giraban a una velocidad bastante favorable -Vamos a esa.
-Draco, no me voy a montar en el carrusel… Ahí solo se montan los niños pequeños.
-Igual que tú.
-¡Yo no soy una niña pequeña!- exclamó con indignación.
-¿Ah no? Pues no parece, además haces sus mismas pataletas.
-¡Yo no hago pataletas!
-Claro que las haces, estás haciendo una en este mismo instante.
-¡Claro que no!
-Sigues siendo inmadura.
-¡Y habla el señor que se quiere montar en un carrusel donde solo se montan los niños de cinco años, porque le asusta todo lo demás!
-Claro que no, soy un Malfoy y no me asusto con nada.
-¿Ah no? ¿Y qué tal si llamó a mi padre?
-¡Bueno! ¡Está bien!
-Eso, muy bien- respondió con una sonrisa de satisfacción mientras el rubio bufaba.
Su padre, su padre, todo su padre… Condenado hombre.
-¡Mira Draco, algodón de azúcar!- exclamó Astoria con una sonrisa, sacándolo de sus pensamientos.
-Así que esto era…
-Sí, a esto parecías… Te veías tierno- respondió, disponiéndose a comprarle un algodón al hombre.
-No sé qué le ves de tierno a eso.
-A esto no, a tú cabello sí, se veían iguales en todo, color, textura…
-¿Qué haces? ¿Quieres enfermarte de nuevo?- preguntó con extrañeza al ver como arrancaba un pedazo de ese esponjoso caramelo y se lo llevaba a la boca.
-No me enfermaré por comer un poco de azúcar, Draco.
-¿Se puede comer?
-Claro que se puede… Toma, prueba- respondió metiendo un trozo a la boca del chico.
-Es bastante dulce… ¡Y se derrite!
-Es lógico, es hecho de azúcar- declaró soltando una risa.
-Me gustó- expresó, disponiéndose a agarrar un trozo más grande.
-¿Qué te parece si vamos a esa atracción de allá?- preguntó con brillo en sus ojos.
-Tori no nos montaremos a algo que podamos morir- respondió mirando como una pareja era lanzada a gran velocidad y altura al vacío.
-Entonces iremos a esa.
-¡Ni creas que me voy a subir en esa cosa!- manifestó el rubio con terror al ver como los muggles bajaban a una gran velocidad de una torre.
-No es tan malo- opinó la castaña con diversión -Ven, vamos a hacer fila.
-¡No! ¡Dije que no me iba a montar y no lo haré!- exclamó resistiéndose a los jalones de Astoria haciendo que el algodón resbalara de sus manos.
-¡Has botado la cosa esponjosa!
-Te comparé un nuevo algodón de azúcar si nos montamos en esta atracción- señaló con una tierna mirada.
-¡No quiero morir joven!
-Eres un exagerado… No vas a morir, Draco- respondió mientras tiraba con más fuerza del pálido brazo del chico.
-¿No le tenías miedo a las alturas?- preguntó con el ceño fruncido.
-Sí, les tengo miedo, pero aquí tienes seguridad, no te puede pasar nada… Vamos, Draco, solo una vez, ¿sí?- respondió haciendo tiernos pucheros.
-Está bien… Sólo una vez- cedió con rendición.
-¡Genial! ¡Vamos rápido!
Definitivamente debo estar muy loco… ¡Ayúdame a no morir Salazar!
Una vez que se hubiesen subido y agarrado con fuerza, (en el caso de Draco), la atracción comenzó a ascender de forma lenta y tortuosa, haciendo que cierto rubio comenzara a palidecer.
-Tori… ¿A cuánto vamos a subir?
-Ochenta metros aproximadamente- respondió con tranquilidad.
-¿O… Ochenta?
-Sí, es lo que dije… ¿Por qué? ¿Tienes miedo?- preguntó con una risilla.
¡¿Miedo?!... No que va, solo ¡PAVOR!
-No, los Malfoy no sentimos miedo- respondió formando una mueca en vez de sonrisa, mientras que Astoria rodaba lo ojos.
-¡Aquí vamos!- exclamó con extrema felicidad al ver como la atracción paraba en los respectivos ochenta metros mencionados.
-Por lo que más quisiste Salazar, que no sienta dolor- masculló tragando en seco y aferrándose aún más fuerte a la famosa seguridad.
-¡3!- comenzaron los muggles a contar regresivamente.
-¡2!- siguió la castaña soltando una carcajada al ver como Draco cerraba fuertemente sus ojos.
-¡1!
-¡NO! ¡POR FAVOR!- gritó Draco antes de ser callado por los gritos de los muggles al sentir como aquella atracción dejaba caer todo su peso a gran velocidad.
-¡WOOOW!
-¡DILE A MI MADRE QUE LA AMO Y QUE NUNCA LA OLVIDARÉ! ¡TORI, ES UNA LÁSTIMA QUE NO TE HAYA PEDIDO QUE FUESES MI NOVIA ANTES DE MORIR, PERO TU PADRE NO ME DIO LA OPORTUNIDAD! ¡ASTORIA ERES LO MÁS IMPORTANTE DE MI OSCURA VIDA, Y CREO QUE TE AMO! ¡RECUERDAME Y LLÉVAME FLORES A MI TUMBA!- siguió gritando aún con los ojos cerrado, mientras esperaba que su alma saliera de su cuerpo tocando el arpa.
-¿Draco?
-¿Qué? ¿Ya morí?- preguntó sin darse por enterado que desde hace unos cuantos segundos habían bajado y que una gran multitud los miraba.
-No tonto… Draco, ¿de verdad me amas?- preguntó Astoria con los ojos abiertos a la par.
-Yo… Sí, eso creo.
Astoria al escuchar la afirmación del rubio, se desprendió de la seguridad y se lanzó a besar sus labios con toda la ternura y el amor que podía sentir. La castaña sabía que ya nada importaba; no le incomodaba que aquellos muggles les aplaudieran, ni que algunas mujeres lloraran ante la escena, y ni siquiera que el encargado de la torre les exigiera que abandonaran la atracción… No, nada significaba más que poseer el amor de su chico, de su rubio teñido.
-Draco, mírame- pidió dulcemente acariciando su pálida mejilla, haciendo que el rubio dejara a la vista esos hermosos ojos grises que poseía y que volvían loca a la castaña -Te amo más de lo que te puedas imaginar.
Sin esperar una sola palabra más de su boca, Draco atrajo aún más a la chica para poder besar sus labios con más fervor, reclamando lo que era de su propiedad; poseyendo toda su droga, su exquisito sabor a chocolate, su dulzura y ternura… Todo, absolutamente todo. Una vez que sus pulmones reclamaban el aire, se separaron dedicándose una última sonrisa antes de disponerse a volver al Caldero Chorreante, pues el atardecer estaba comenzando a caer.
Mientras en Hogwarts…
-Creía que estabas en Hogsmeade, Weasley.
-Y yo creí que habías muerto.
-¿Por qué? ¿Me extrañabas?- preguntó con una mirada sensual.
-¡No seas imbécil, Zabini! ¿Qué diablos quieres?
-A ti.
-¡¿Qué?! ¿Acaso te chiflaste?
-Debe ser… Estoy seguro que si estuviera en sano juicio no estaría hablando contigo.
-¿Por qué no mejor te vas a buscar a una de tus admiradoras y me dejas en paz?
-¿Celosa?
-¡Ni es tus peores pesadillas! ¡Desaparece! ¡Hazme ese favor y háztelo a ti mismo!- exclamó furiosa antes de sentir como unos labios se apoderaban de los suyos de manera lujuriosa y jodidamente sensual.
¡¿Sensual?! ¡Puede ser muy sexy, puede tener el mejor trasero, pero sigue siendo el mismo IDIOTA!
-¡NO TE ATREVAS A VOLVER A BESARME NUNCA MÁS EN TÚ DESGRACIADA VIDA, MALDITO IMBÉCIL!- bramó la pelirroja furiosa, mientras le propinaba una fuerte y sonora cachetada haciendo que su mano quedara plasmada en la piel morena del chico, seguido de un rodillazo en su partes nobles dejándolo tirado en el suelo retorciéndose del dolor -¡SI VUELVES A TOCARME UN SOLO TROZO DE MI PIEL, JURO QUE PASARAS MAS DE UNA SEMANA INTERNADO EN SAN MUNGO!- finalizó, disponiéndose a ir rápidamente a su Sala Común.
Al día siguiente, una castaña se levanta animadamente al recordar cada uno de los hechos del día anterior en aquel parque de diversiones. Con una gran sonrisa formada en sus labios, se dispone a arreglarse para poder bajar a desayunar y encontrarse con sus amigos antes de pasar otro agradable día con su rubio.
-Buenos días- saludó animadamente mientras bajaba de las habitaciones.
-Buenos días, hermanita- respondió Daphne con diversión al ver la tan feliz.
-Buenos días, As- siguieron los chicos con una agradable sonrisa.
-Vamos Tori- habló el rubio tomando la mano de su chica para ir rumbo al Gran Comedor.
Al llegar al Salón, Astoria pudo notar como la enfermera le lanzaba miradas envenenadas al rubio desde la mesa de los profesores, (cosa que no le sorprendió en absoluto); aunque, lo que si le sorprendió fue la sonrisa victoriosa que Draco traía y que al parecer era dedicada a la Señora Pomfrey.
-¿Por qué le sonríes de esa forma?- preguntó sin dejar a un lado su curiosidad.
-Por nada importante- respondió sin dejar de sonreír.
-Draco…
-Te lo voy a decir pero no te enfadas, ¿bueno?- dijo con sumo cuidado mientras paraba de caminar.
-Está bien…
¿Qué habrás hecho, Draco?...
-Ayer, antes de ir a nuestra salida le he dejado un pequeño regalito en su despacho.
-¿Qué clase de que regalo?- preguntó frunciendo el ceño.
-Un pequeño invento que al parecer funcionó muy bien.
-¿Qué le hiciste?
-Junte la poción parlanchina y la envejecedora y se la puse en su jugo de calabaza.
-¡¿Qué hiciste qué?!
-¡Serpientita!- exclamaron Fred y George abrazando a su amiga, haciendo que Draco por primera vez les agradeciera silenciosamente su gran interrupción.
-Creo que mejor te espero en la mesa, Tori- manifestó el rubio dirigiéndose a la mesa de las serpientes con rapidez.
-¡Draco!
-Vamos serpientita, no puedes enfadarte con él…
-Debes admitir que hizo un excelente trabajo- finalizó George pasando su brazo por los hombros de su amiga.
-Sí, tienen razón… Pero, él no tiene que saberlo- dijo Astoria con una maligna sonrisa.
-¡Esa es mi chica!- exclamó Fred con diversión.
-Oye serpientita, ¿por qué no volviste a las reuniones del E.D?
-A Draco no le simpatizó mucho la idea, no quiere que tenga problemas con Umbridge.
-¡Oh vamos! ¡No puedes hacer caso de todo lo que te diga ese hurón!- exclamó George.
-Sí, además él es el jefe de la Brigada Inquisitorial, no creo que quiera hacerte algo…
-Fred tiene razón, te esperamos hoy y no aceptamos un no como respuesta- declaró el pelirrojo antes de dirigirse a su mesa junto con su gemelo, haciendo que la castaña rodara los ojos con diversión y se sentara en su mesa.
-¿Pasa algo? ¿Draco?- preguntó al ver la cara preocupada del rubio.
Sin que el chico pudiera articular palabra alguna, le tendió el periódico a la chica haciendo que su mandíbula se desencajara rápidamente al leer la portada de El Profeta.
FUGA MASIVA EN AZKABAN
Se ha confirmado que en la noche de ayer, unos prisioneros escaparon logrando burlarse de los Dementores que protegen las celdas de alta seguridad en la prisión de Azkaban. Aún no se sabe con exactitud cómo lo hicieron, pero estamos casi seguros que el muy experimentado en fugas Sirius Black, haya tenido que ver con la liberación de su prima Bellatrix Lestrange, juntos con otros peligrosos Mortífagos.
