Admitiendo el amor

Draco se retiró rápidamente del Gran Comedor antes de que la castaña pudiera decir algo, ¿de verdad quería que ella siendo tan dulce e inocente pasara por todos los horrores que su familia tenía?... No, definitivamente no quería que la chica sufriera por algo que no valía la pena. Si el señor Greengrass no le gustaba que estuviese con su hija, era porque ya sabría lo que su padre era y el rubio sentía que en cierta parte lamentablemente tenía razón de alejarla de él; sin embargo, su parte egoísta le decía que no era así, que luchara y que estuviera con ella pasara lo que pasara, pero, ¿quién tendría la razón?

Mientras que se dirigía a un sitio en cual pidiese meditar las cosas con más calma, pensaba en la única y más certera causa de la huida de su tía, y era Voldemort… Aquella momia con cara de enchufe que había regresado hace algunos meses atrás.

-¿Por qué todo tiene que ser tan difícil?- se preguntó en voz alta mientras miraba el gran paisaje que la Torre de Astronomía le brindaba.

-Porque es depende de cómo quieras ver las cosas, Draco- respondió Astoria detrás de él haciéndole sobresaltar.

-¿Cómo supiste que estaba aquí?- preguntó con el ceño fruncido.

-Te seguí- suspiró -Draco, no tienes que cargar con todo tú solo.

-No quiero incluirte en esto, Astoria… Déjame solo.

-Me quedaré hasta que quieras hablarlo.

Draco al darse cuenta de la terquedad de la chica, se volteó disponiendo a observar como su hermoso cabello castaño caía en cascada sobre sus hombros y sus labios se entreabrían provocativamente mientras leía sentada sobre aquel frío suelo.

No puedes ser tan egoísta- se reprochó mentalmente sin dejar de posar sus ojos en ella -La quieres… Y la quieres más que a tú propia vida- reprendió su corazón -¡Joder!... Esos labios, esas mejillas sonrosadas, sus cálidos brazos… No puedo, simplemente no puedo dejarla.

-¿Draco?- llamó Astoria viendo como unos ojos perdidos la miraban.

Sin articular palabra, el rubio se dispuso a sentarse a su lado mientras soltaba un gran suspiro.

-Ella es mi tía- respondió bajando por primera vez en su vida la mirada.

-¿Bellatrix?

-Sí, la arrestaron días después de la Primera Guerra por torturar hasta la locura a los señores Longbottom.

-Yo… no lo sabía- masculló Astoria con los ojos completamente abiertos de sorpresa.

-Estoy completamente seguro que su huida fue por el regreso del Señor Oscuro.

-Voldemort.

-¡No digas su nombre!

-No le tengo miedo a su nombre, Draco…

-Veo que los Gryffindor te han pegado su heroísmo.

-No es heroísmo, simplemente es un nombre del cual no debes temer.

-A veces desearía ser tan inocente como tú lo eres- expresó acariciándole dulcemente su mejilla.

-Draco… Prométeme que no harás algo que no quieras- dijo mirándole fijamente a sus ojos, haciendo que el rubio suspirara pesadamente -Prométemelo.

-Yo… te lo prometo, Tori- declaró antes de besarla con intensidad y profunda necesidad.

Mientras en un pasillo del castillo…

Un moreno caminaba tranquilamente buscando alguna compañera conocida que quisiera compartir su cama en aquella linda tarde de domingo. Al cruzar nuevamente el pasillo que dirigía hacía la gran escalera de caracol, observó como una melena pelirroja bastante conocida besaba desaforadamente los labios de un joven Ravenclaw.

Pero quién viera a la santurrona

-Me gustaría ver la expresión de tus hermanos si te vieran en esta situación, Weasley- manifestó el moreno con una amplia sonrisa burlona.

Ginny, al reconocer la voz del chico, lanzó un gran improperio soltando antes de dirigirle una mirada envenenada.

-¿Tan desesperada estás?

-¡CÁLLATE!- bramó iracunda por su cinismo.

-¿Celoso, Zabini?- se mofó Michael Corner con una sonrisa mientras tomaba a Ginny por la cintura.

-¿De un pobre diablo que ni siquiera a su novia le gusta que la cojan?- respondió el moreno con diversión al ver como la pelirroja forcejeaba de su agarre -Estás muy equivocado, debes saber Corner, que las mujeres darían lo que fuera para que yo les dedicara una simple e insignificante mirada.

-¡¿Qué diablos quieres, Zabini?!

-Yo solo pasaba por aquí, pelirroja.

-¡Lárgate!- exclamó el azabache con furia.

-Ten mucho cuidado Corner, no le hablas a cualquiera, soy tú superior y no creo que quieras llevar todas las de perder- amenazó con la voz sumamente tranquila lo que hacía que a la pelirroja se le pararan los pelos.

-Te alcanzo luego, Michael- cortó Ginny llevándose un asentimiento por parte del chico antes de retirarse.

-Nunca creí que tuvieras tan malos gustos, Weasley… Deberías mejorarlos.

-¡Cállate! ¿Qué demonios quieres?

-¿De verdad estás tan necesitada?

-¡A ti que te importa!

-Entonces es cierto… Dime algo pelirroja, ¿Buscas complacerte de Corner porque Potter no te la hora?

Harry… ¡Maldita Chang!

Blaise al ver como el rostro de la pelirroja comenzaba enrojecer a tal punto que explotaría de ira, soltó una pequeña carcajada, pues había dado en su punto más débil… Potter.

-Deberías buscar a alguien mejor si tan solo quieres darle celos al cara rajada- susurró cerca de su boca -Sabes, estaré dispuesto a ayudarte… Si accedes, no dudes en buscarme esta noche en las Mazmorras cerca de las once- finalizó seductoramente, antes de disponerse a seguir su camino.

El moreno sonrió al imaginarse sus palabras en la mente de la pelirroja, pues estaba completamente seguro que justo en este momento estaría enfadada y con una gran guerra mental, mientras decidía si sería o no correcto ir a su encuentro… Y de hecho, Blaise no es equivocaba en absoluto.

Mientras en la Torre de Astronomía…

Astoria se encontraba todavía sentada tranquilamente en el suelo de la Torre; aunque, esta vez dejaba descansar en su regazo la cabeza del rubio mientras le acariciaba su cabello dulcemente.

-¿Draco?

-¿Mhmm?- respondió con sus ojos cerrados, extasiado de la ternura que usaba en él.

¿De verdad la merecía?

-Quiero conocer a tus padres- manifestó, encontrándose rápidamente con dos iris de profundo color mercurio.

-¿Qué?

-Sí, me gustaría conocerlos- afirmó sin dejar de acariciar su cabello.

-Tori… No creo que sea una buena idea.

-¿Por qué no?

-No creo que a tú padre le agrade la idea de que conozcas al mío.

-Nuestras madres son amigas, ¿no?

-Sí, lo son… Pero el problema es de nuestros padres.

-No me interesa la opinión de mi padre.

-Debería…

-Draco, sé que tú padre es seguidor de Voldemort, y la verdad es que no me preocupa en lo más mínimo.

-No sabes lo que dices.

-Es tú padre y me gustaría conocerlo.

-¿Por qué quieres conocer a mis padres, así tan de repente?

-Porque quiero agradecerles de traer al mundo el amor de mi vida- respondió mirándolo con ternura.

Sin poder resistirse más, el rubio tomó el cuello de la chica haciéndola inclinarse y poder deleitarse una vez más de la droga que su boca desprendía. ¿Cómo podía ser que de sólo ver sus ojos se desvaneciera toda oscuridad? ¿Cómo podía ser tan dulce con alguien como él? ¿Cómo hacía para moverle el suelo con tan solo un beso? Y lo más importante de todo, ¿cómo hizo para cambiarle la forma de ver la vida?... La amaba, amaba cada una de las expresiones que hacía cuando hablaba o replicaba sobre algo, amaba sus pataletas y berrinches de niña pequeña, amaba sus caricias, sus besos, sus efusivos abrazos que le hacían sentir protegido y querido, amaba su positivismo, su inocencia… Aunque no se lo dijera, la amaba, simplemente amaba todo de ella. ¿Defectos? Siempre tenía la razón y Draco no lo consideraba como un defecto en sí, sino como una cualidad más de su lista.

-Draco tengo que decirte algo, pero debes prometerme que no te vas a enojar- dijo después de recuperar el aliento.

-¿Qué es?- preguntó con extrañeza y curiosidad.

-Fred y George me han invitado nuevamente a participar de las reuniones en la Sala de Menesteres, y la verdad es que me gustaría asistir.

-Tori, sabes que no quiero que tengas problemas con Umbridge… La última vez Goyle les acusó, no quiero que vuelva a pasar.

-Lo sé, pero Goyle puede ser distraído por un rubito teñido- dijo alborotando su cabello haciéndole ver más sexy de lo que ya era por naturaleza.

-¡No soy teñido!- replicó el rubio mientras que la castaña reía -Está bien, trataré de mantenerlos alejados de la Sala.

-¿De verdad? ¡Gracias!- chilló complacida tirándose encima del chico con un efusivo abrazo.

-¿Dónde vas?- preguntó el chico al ver a la castaña levantarse.

-Debo ir a la reunión, comienzan en cinco minutos- respondió haciendo que Draco bufara.

¡Maldita la hora que le dije que sí!

-Creí que serían la próxima semana u otro día, pero no ya- replicó con molestia.

-Lo sé, pero prometo estar puntual en la Sala Común para que podamos ir a cenar juntos, ¿te parece?

-Está bien- suspiró resignado.

-Dale Draco, te dejo libre un par de horas para que puedas hacer lo que gustes.

-¿Lo que guste?

-Sí, menos ir buscando ciertas zorras con faldas- manifestó, formando en Draco una sonrisa ladina.

-¿Celosa, Greengrass?

-Más de lo que te puedas imaginar, Malfoy- aceptó.

-Pierde cuidado, castañita, que si me robo una chica será a ti.

-Entonces, estaré esperando con ansias que mi rubito ladrón me lleve.

-Quita esa sonrisa, no quiero que atraigas imbéciles y menos esos con complejo heroico- manifestó haciendo que la castaña sonriera aún más.

-¿Celoso, Malfoy?

-Más de lo que te puedas imaginar, Greengrass- repitió con una sonrisa disponiéndose a darle un último beso antes de que se marchara.

¿Un día para conocer a mis padres?- pensó mientras meditaba todas las posibilidades de hacerla convencer de lo contrario, aunque sabía que Astoria no se rendiría tan fácil y utilizaría ciertos métodos para hacerle aceptar y cumplir con sus caprichos -Aquel día, será un día largo, bastante largo.