Mansión Malfoy
-Draco, está bien- habló luego de un largo rato de silencio.
-¡NO! ¡No está bien, Astoria! ¡¿Es que no entiendes lo que te estoy diciendo?!- respondió completamente exaltado, haciendo que la castaña quedara inmóvil, pues nunca lo había visto en aquel estado.
-Draco…
-Lo siento- interrumpió dando un suspiro -Pero Tori, nunca se sabe lo que puede hacer esa mujer.
-Lo sé, Draco… He escuchado todo lo que dicen sobre ella…
-No es lo mismo.
-Pero no creo que estando tú madre aquí, pueda hacerte algo- finalizó dándole un suave apretón de mano, antes de sobresaltarse por unos suaves golpes en la puerta.
-Amo Draco, su madre dice que deben bajar- informó el elfo con obediencia.
-Bien, ahora largo- gruñó haciendo que la castaña le golpeara el brazo.
-Muchas gracias, en un momento bajamos, puedes retirarte- corrigió mientras que el rubio rodara los ojos y el elfo asintiera con ojos aguados, nunca en todo lo que llevaba trabajando en la Mansión le habían hablado con tanta amabilidad.
-Son simples elfos, Astoria… No merecen nuestro buen trato.
-Tienen sentimientos como nosotros, deberías de cambiar el trato hacia ellos… Si no fueran por los elfos, ¿Quién cocinaría? ¿Quién lavaría y organizara tú ropa? ¿Quién mantendría tú habitación pulcra? Ellos te sirven a toda hora y como muestra mínima de agradecimiento debes tratarlos con humildad- manifestó con dulzura demostrando el poder de dejar a las personas sin que decir y con la conciencia palpitándole culposamente.
-Será mejor que bajemos- anunció después de unos segundos, llevándose un asentimiento.
Con el miedo latiéndole a mil por hora, Draco tomó la mano de la castaña y comenzó a bajar las escaleras de la Mansión con sumo temor, ¿quién diría que tú casa podría causarte tanto miedo?
-Qué bueno que ya están aquí- Narcissa sonrió falsamente al ver a su hijo y acompañante.
Como deseaba que aquella chica tuviera que presenciar la extrema locura de su hermana… Y como deseaba que Draco no tuviera nunca que darse por enterado de eso que en muy pocos días debía, pues sabía que si ella no lo hacía, su marido y hermana sí.
-Cissy afuera ha empezado a nevar, así que tomaremos el té en la Sala- anunció una voz divertida desde el otro lado -Veo que tenemos una invitada, ¿quién es?
-Ella es Astoria Greengrass, Bella- respondió su hermana.
-Vaya sobrinito, no me había dicho que tenías novia- rió -Y dime chiquilla, ¿te quedarás a cenar?
-Le había pedido a Astoria que se quedara, ¿verdad, linda?
-Claro que sí señora Malfoy- respondió con una sonrisa.
Esta será una larga noche- suspiró el rubio con pesadez -Todo estará bien…
-La merienda ya está servida, ama Narcissa- informó el elfo retirándose inmediatamente.
- Estoy segura que tú también formaras parte de sus filas, ¿no es así?- preguntó penetrando su siniestra mirada en los ojos verdes de la castaña mientras se dirigían a la gran sala de estar.
¡Maldición! ¡¿Es que no puede quedarse callada ni un minuto?!
-Deberías de pensar con menos intensidad, Draco- habló haciendo que la sangre del rubio se helara -En estás vacaciones te enseñaré oclumancia, aunque te advierto que al Señor Tenebroso no le podrás ocultar nada.
Astoria no podía articular palabra alguna, si en las fotos del periódico tenía aspecto maniático, en persona era aterradora.
-¿Por qué no mejor te largas con tú inútil padre y nos dejas en paz?
-Bella…
-A la chica le pasará lo mismo si estás o no con ella- finalizó con diversión ignorando la suave advertencia de su hermana.
-Esta es mi casa, así que hago lo que se me dé la gana- manifestó sentándose junto a la castaña.
-Será mejor que te calles, sabes que no soy piadosa y no me molestaría divertirme un poco contigo en presencia de tu novia.
-Astoria querida, cuéntanos, ¿Qué tal te ha parecido Inglaterra?- preguntó Narcissa interrumpiendo las miradas asesinas que se lanzaban su hijo y hermana.
-Muy bien, señora Malfoy, mi padre me traía en vacaciones así que se puede decir que conozco una gran parte- respondió mientras llevaba la taza de té a sus labios.
-Me alegro mucho que hayas aceptado mi invitación, Astoria.
-No podía quedarme con las ganas de conocerla, señora- contestó, ignorando olímpicamente a la siniestra mujer, muy a disgusto de ella, pues NADIE osaba por ignorarla con tanta valentía.
Bellatrix, aburrida de la conversación entre su hermana y sobrino con la chica, decidió divertirse un poco. Sin que se dieran cuenta, se introdujo en la mente de su víctima hurgando cada recuerdo, miedo y pensamiento vivido a lo largo de su vida, comenzando a deleitarse por todo el sufrimiento que había sentido cada vez que su madre le maltrataba tanto física como psicológicamente.
-Astoria, yo… te quería pedir perdón por todo lo que te hice pasar en tú niñez…
-Madre…
-Déjame terminar… Astoria, el verte en ese estado me hizo dar cuenta lo valiosa que eres en mí vida, y lamento muchísimo los estúpidos celos que te tuve solo por ser tan diferente a mí, tan noble y sin rencor ni odios en tú corazón… De verdad lo lamento demasiado, hija, sé que no merezco tú perdón por todo el mal que te hice pasar pero me gustaría que pudiéramos llevarnos mejor- finalizó derramando unas gruesas y amargas lágrimas.
Si crees que Victoria te pidió "disculpas" estás muy equivocada… Eres realmente una estúpida Astoria Greengrass, aunque debo admitir que tú querida madre es una excelente actriz, sus palabras solo pueden convencer a una bastarda que solo quiere ser amada- pensó Bella, antes de volver a penetrar su mente.
-Sí, soy Astoria, mucho gusto- respondió la castaña tendiéndole la mano.
-Mi nombre es Ginny, es un placer.
-Te quiero presentar a mis amigos, ven un momento- dijo la pelirroja arrastrando a la castaña hacía una banca sin importar lo que el moreno dijera -Ellas son Hermione Granger y Luna Lovegood... Y ellos son Harry Potter, Neville Longbottom y uno de mis hermanos Ron Weasley- dijo señalando a cada uno de los presentes -Y ella es Astoria Greengrass.
¡Maldita traidora!- exclamó Bella con gran repulsión.
-Yo sé quién fue el culpable del envenenamiento de Astoria Greengrass.
-¿Quién fue el bastardo que le provocó tal desgracia a mi hija?- preguntó señor Greengrass completamente exaltado mientras tomaba al castaño por el cuello.
-Pansy… Pansy Parkinson.
Era lo mínimo que te merecías por traidora a la sangre… Pero, ¿por qué Parkinson lo hizo?
-¿Bella?- llamó Narcissa interrumpiendo los pensamientos de su hermana.
-¿Qué quieres?- gruñó.
-Has estado muy callada, ¿pasa algo?
-Mejor hablemos de algo más… interesante- respondió mirando fijamente a la castaña llevándose un estremecimiento de su parte.
-Nos encantaría escuchar esas cosas tan interesantes que tienes por contarnos, tía- ironizó Draco con burla.
-Y a ti más que nadie deberían de interesarte, querido- contraatacó, haciendo que el rubio frunciera el ceño -Estoy segura que pasarás una magníficas e inolvidables vacaciones de verano.
-¿Las tendré?- preguntó con sorna.
-Por supuesto que sí, cariño- respondió con una maliciosa sonrisa -Te unirás si no quieres que consuele un poco a tú más grande adoración- finalizó con sarcasmo.
-Me retiro un momento, permiso- anunció Astoria.
-Adelante querida, estás en tú casa- declaró Cissy amablemente.
-Gracias- sonrió antes de dirigirse a las escaleras.
-Draco cariño, me gustaría que hablaras con tu padre, me ha dicho que tiene algo muy importante que decirte- anunció la rubia.
-Mañana hablaré con él- respondió Draco sin importancia ignorando la ausencia de su tía.
Astoria se dispuso a pasar por largo pasillo, para llegar al baño y poder despejarse un poco, no sabía con exactitud el por qué pero se sentía bastante afligida, era como si de un momento a otro todos sus miedos y sufrimientos hubiesen revivido de la nada.
Lo mejor será que me refresque un poco- pensó, antes de sentir como alguien la tomaba de su cabello y la arrastraba hacia una habitación oscura y alejada de las demás.
-Más te vale que te quedes callada maldita traidora- escupió con asco mientras la arrinconaba -Sé lo que eres y sé todo lo que has vivido… No eres más que una asquerosa traidora, una deshonra para la raza pura.
-¡Suélteme!- exigió sintiendo como la mujer hundía aún más la varita en su cuello cortándole la capacidad de emitir sonido.
-Puedes gritar todo lo que se te dé la gana pero nadie te podrá escuchar, bastarda- avisó con una mirada perversa -Te la dejaré muy fácil, chiquilla… Solo debes hacer lo que yo te ordene.
-Usted… está loca- respondió con dificultad.
-Sé astuta y abstente a las consecuencias.
-No… lo haré…
-¡Crucio!- soltó haciendo que la castaña cayera al suelo y comenzara a retorcerse -¡Aquí se hace lo que yo ordene!- exclamó mientras intensificaba la maldición y se deleitaba del sufrimiento provocado, pues entre más lágrimas y súplicas soltara, más lo fortalecía y más disfrutaba -Supongo que no querrás ver a tus amigos Weasley o a Draco sufrir, ¿o sí?- inquirió con malicia.
Bellatrix aprovechó su estado de debilidad para volver a entrar en la mente de la chica y trasmitirle ciertas tristes imágenes. Su rubio teñido, su Draco levantaba las mangas de su fino traje negro y observaba con gran admiración como una repugnante serpiente se movía en su antebrazo izquierdo, mientras que ella yacía con su cuerpo desnudo y cubierto de sangre en el suelo frío de lo que era un cuarto de la Mansión Malfoy.
-¡Hazlo ahora Draco!- exclamó Bellatrix con felicidad.
-¡Avada kedavra!- conjuró sin dudas y sin piedad terminando con su vida por completo.
-¡NO¡ ¡NO! ¡NO! ¡DRACO!- sollozaba la castaña abrazándose a sí misma, una vez soltada la maldición.
-No eres más que una basura, Astoria Greengrass y ese no es más que tú asqueroso futuro… Más te vale arreglarte antes de bajar, no me molestaría tener una nueva sesión si no lo haces- rió maniáticamente retirándose rápidamente antes de que su hermana o el inepto de su sobrino notara su ausencia.
Cómo le dolía su cuerpo, sentía como esa maldición seguía quemándole las costillas… El dolor físico era algo que Astoria podía aguantar y controlar, pero el gran dolor que sentía en su pecho, en su corazón, era algo que no era capaz de tolerar, ¿sería cierto? ¿Draco obtendría la marca con orgullo? ¿Moriría a manos de su más grande amor, o solo era la manipulación de esa demente mujer?
-¿Y Astoria?- preguntó Draco con preocupación al ver como la chica aún no bajaba.
-Debió haber ido al baño- respondió Cissy con una cálida sonrisa -Iré a ver como está.
-Sobrinito- llamó Bellatrix de una forma aterradoramente melosa.
-¿Y ahora qué demonios quieres?- gruñó.
-Parece que después de todo no eres tan inservible- sonrió con perversidad -Espero que hayas entendido a la perfección, Draco… No queremos que falles.
-¿De qué hablas?- preguntó haciéndose el desentendido.
-Creí que eras inteligente- rió socarronamente -¿Es que acaso el inepto de tú padre aún no te lo ha dicho?
-No lo hizo, pero era algo que ya había previsto.
-Entonces espero que cumplas con tu deber.
-¿Por qué no mejor buscas a tú maridito y se lo pides a él?- preguntó con burla.
-No creo que quieras pasarte de listo conmigo, Draco… El señor Tenebroso querrá que te unas y deberás hacerlo.
-Eso lo veremos luego.
-Eres un asqueroso cobarde- escupió con repulsión -Sólo te advierto algo… La que sufrirá las consecuencias será la pequeña bastarda y de eso muy gustosamente me puedo encargar yo.
Nada que el maquillaje no pueda hacer…- pensó la castaña mirándose por tercera vez en el espejo antes de bajar.
-Astoria, querida, ¿estás ahí?- preguntó una voz desde el otro lado de la puerta.
-Sí, señora Malfoy, en un segundo bajo- respondió dando un suspiro disponiéndose a dar su mejor sonrisa y abrir la puerta.
-La cena estará lista en unos minutos- anunció con amabilidad.
-Gracias.
En cuanto Draco observó a la castaña supo que algo le había pasado, pues su aspecto no era el mismo con el cual había llegado a la Mansión, ya encontraría el momento adecuado para conversar.
Una vez trascurrida la deliciosa cena que los Elfos muy amablemente habían preparado para la ocasión, Astoria se dispuso a darles las gracias a los Anfitriones. A pesar de que había visto al señor Malfoy en el comedor, no había intercambiado palabra lo cual fue un gran alivio para ella, ya que no se encontraba en un excelente estado como para llevar una conversación.
-Agradezco todas las atenciones recibidas, señora Malfoy… La cena ha estado increíble.
-Me alegro mucho que te gustara, Astoria, espero que puedas volver pronto para hacerme compañía.
-Gracias- se limitó a decir antes de que el rubio la tomara de la mano y la dirigiera a su habitación.
-Tori, ¿estás bien?- preguntó sin poder morderse más la lengua.
No…
-Sí- respondió ignorando su conciencia mientras le dedicaba una sonrisa.
Draco pudo notar como su sonrisa que no era como las cálidas que solía darle, esta era completamente fría y forzada.
-Sé perfectamente que algo te pasa, pero no voy a obligarte a que me lo digas- manifestó acariciándole suavemente su mejilla haciendo que la castaña cerrara sus ojos satisfecha -Todo estará bien- susurró entre sus labios la misma frase que ella le había dicho horas antes en esa misma habitación.
-¿Seguro?
-Seguro- respondió con convicción antes de besar suavemente sus labios haciendo que poco a poco la cálida Astoria volviera.
Draco no podía imaginarse como sus sinceras palabras eliminaban las dudas de la castaña. Astoria sabía perfectamente cuando el rubio le mentía, pues aquellos bellos ojos grises siempre lo delataban, pero en este caso no era así, porque pudo darse cuenta fácilmente como sus ojos destellaban un brillo de confianza y cariño… un brillo diferente.
-Quédate, pequeña- pidió mirándola fijamente a los ojos con cariño, aunque todavía no supieran o ignoraran lo que harían y pasarían en unos cuantos meses después.
