Es lo mejor

La decisión estaba tomada, aunque, Astoria de una sola cosa estaba segura, y era que amaba a Draco como nunca antes había amado en su corta vida; por esto, se alejaría de él pese a que fuera lo más doloroso que había tenido que hacer, pero no dejaría que aquella mujer le torturara por culpa suya, eso era una de las tantas cosas que nunca podría perdonarse.

-¿Dónde vas?- preguntó Draco al sentir como su cabeza dejaba de estar en el regazo de la castaña.

-Sigue durmiendo- susurró tratando de no quebrarse, mientras el chico volvía a acomodarse.

Sin dedicarle una última mirada que le hiciera echarse para atrás, salió del compartimento buscando un lugar donde pudiera tomar un poco de aire y expulsar todas aquellas lágrimas que le amenazaban constantemente con querer salir.

Encerrándose en el pequeño baño que poseía el tren, refrescó su rostro con un poco de agua, negándose el permiso a soltar la mínima lágrima, pues no quería parecer una chiquilla la cual lloraba por haber perdido su manta, debía ser fuerte, por él. Con un gran suspiro y auto convenciéndose que era lo mejor que podía hacer, decidió salir y comenzar su doloroso plan… Alejarse de Draco.

-As- llamó el moreno con una sonrisa -No te había visto subir al tren.

-¿Por qué tanta felicidad?- preguntó con mirada inquisidora, tratando de olvidarse por un segundo de sus problemas.

-¿Nunca te diste cuenta de lo hermosa que es la vida?- suspiró.

-¿Qué te sucede, Blaise? ¿Estás bien?

-Estoy perfectamente.

-¿Entonces por qué actúas tan extraño?- preguntó frunciendo el ceño.

-Simplemente es eso, As… Me he dado cuenta que la vida es hermosa y que no hay nada mejor que estar en compañía de todas estas personas tan maravillosas.

-De verdad Blaise, me estás asustando, ¿no estarás borracho?

-Claro que no- responde un poco ofendido.

Astoria extrañada por el comportamiento de su amigo, posa una mano sobre su frente dándose cuenta que no es producto de un delirio por fiebre. Sigue revisándolo mientras que el chico reía a causa de las cosquillas que le producían sus manos; la castaña suspende su revisión al darse cuenta de cómo dos cabezas pelirrojas se carcajeaban al final del pasillo.

-Fueron ustedes, ¿verdad?- preguntó mientras abría el compartimiento

-Se lo merecía- respondió Fred con una sonrisa de suficiencia.

-¡Por Merlín! ¿Qué le dieron?

-Uno de nuestros mejores inventos hasta ahora- contestó George.

-Tienen que arreglarlo, no puede ir andando así- señaló mientras observaba como el chico con una sonrisa idiota besaba las mejillas de cualquier persona que se le cruzara y terminar con un suspiro.

-Consecuencias por andar hostigando a Ginny- repitió Fred.

¿A Ginny?

-¿Por qué tan venenosa, serpientita?

-Además, nos dijiste muy claro que no querías que Malfoy fuera el blanco de nuestras bromas…

Draco…

-Quiero que arreglen eso, antes de llegar al colegio- dictaminó antes de salir con pesadez.

-¿Sabes el antídoto, George?

-No, ¿y tú?

-No.

-¡Excelente!- exclamaron chocando sus manos.


¿Por qué todo tiene que ser tan difícil?- pensó mientras caminaba sin rumbo por los pasillos.

No tenía apetito para ir al Gran Comedor y si lo tendría tampoco sería capaz de ir, pues sabía que se encontraría con el rubio y le traería grandes problemas. Ya cansada de tanto caminar, decide sentarse en unas escaleras mientras se tortura recordando todos aquellos momentos que pasó junto a él desde que llegó al colegio, dándole paso libre a las lágrimas que no tardaron en escurrirse por sus mejillas.

Cómo le duele todo lo que sucede, cómo desearía que nada de eso hubiese pasado, ¿habría sido mejor que no se hubieran conocido?... Seguramente hubiese sido menos doloroso.

¿Y si vuelvo a Francia?... No, no pienso huir como una cobarde- rechaza, apartando bruscamente sus lágrimas y aprovechando que todos los estudiantes se encuentran en el comedor, toma rumbo hacía su sala común y poder encerrarse en su habitación hasta el día siguiente.


Ahí estaba nuevamente en aquella habitación completamente oscura, se le hacía tan familiar, pero no lograba recordarla. Observando con atención lo que los rayos lunares le dejaban, pudo identificar como en el fondo de la habitación se encontraba un cuerpo con sus prendas completamente raídas y sucias. Astoria quiso levantarse del gélido suelo en el cual se encontraba tirada, siendo completamente en vano, pues una maldición había sido conjurada en ella.

-Vamos, levántate- gruñó una mujer mientras entraba a la habitación, haciendo que rápidamente se levantara y caminara hacía ella como si fuese su esclava -¿Te estás divirtiendo, Draco?- preguntó soltando una maniática risa, al ver como el chico no era capaz de musitar palabra, pues el dolor de las tantas magulladuras que tenía su cuerpo se lo impedían -No lo hago porque quiera, sobrino… Pero ella decidió que así lo hiciera.

Astoria quería gritar, tenía la necesidad de pedir ayuda, de agacharse a ayudar al rubio, de atacar a Bellatrix, pero por más que lo quisiese todo era completamente inútil, la fuerza por la cual estaba siendo sometida, era mucho más que la de ella.

-Eres una estúpida- escupió -Pudiste elegir, te di la opción para que lo hicieras y no fuiste astuta, quisiste que esto pasara y como aquel día te advertí, prepárate para las consecuencias- añadió mientras sacaba su varita y apuntaba el pecho sangrante del rubio -¡Crucio!- conjuró haciendo que el chico comenzara a retorcerse una vez más del dolor.

Astoria sollozaba y sufría silenciosamente, no podía hacer nada al respecto y eso le causaba una gran impotencia.

-No más… Por favor… Ya basta- pidió Draco entre lamentos.

-Ya te lo dije, Draco… Ella lo quiso así, son las consecuencias que debe de pagar- habló tranquilamente mientras incrementaba la maldición sobre él.

-Ten piedad- suplicó nuevamente, sintiendo como un líquido rojo comenzaba a escurrirse por su blanquecina piel.

-No pienso dejarte como los Longbottom, Draco, así que terminaré con esto de una vez- respondió soltando la maldición -Mátalo- sentenció divertida penetrando con la mirada a Astoria.

En contra de su voluntad, la castaña entre amargas lágrimas tomó la varita que Bella le tendía para luego acercarse al chico y observar como su mirada le suplicaba nuevamente piedad.

-Avada Kedavra- conjuró haciendo que de aquella varita saliera un rayo de luz verde y golpeara el pecho del rubio haciendo que rápidamente la luz de sus ojos se apagara.

-Buena chica- celebró Bella con una amplia sonrisa antes de retirarse y dejar a la castaña entre sollozos frente al cuerpo del chico que amó.

-¡Astoria!- grita su hermana desesperada, haciendo que una sobresaltada Astoria abriera sus empañados ojos.

-Daphne- sollozó apretando a la rubia en un abrazo que fue correspondido al instante.

-Tranquila, fue solo una pesadilla- calmó mientras acariciaba con dulzura su oscuro cabello.

-Fue tan real- continuó, haciendo que gruesas y desesperadas lágrimas cayeran en gran cantidad por sus mejillas.

-¿Quieres hablarlo?- preguntó cálidamente llevándose rápidamente su negativa.

Aquello no había sido una pesadilla, había sido una cruel tortura hecha por aquella demente mujer, definitivamente debía alejarse de él si no quería que ese fuese el futuro del chico, si no quería convertirse en la asesina de su gran amor.


Las clases transcurren con la misma pesadez de siempre, una vez terminado su bloque de estudio, se encamina rápidamente hacía la Biblioteca antes de que alguien pudiese verla, quiere evitar a Draco lo máximo que le sea posible, sabe perfectamente que muy pronto presentará los TIMOS, así que con eso y un poco de suerte lo mantendrán ocupado y lejos de ella.

-¿Se puede saber por qué demonios me evitas?- preguntó una voz detrás suyo, arruinándole su plan de pasar por marginada.

-No sé de lo que me hablas- respondió evasiva, sin parar de caminar.

Llegó la hora, Astoria… Sé valiente.

-Tenemos que hablar y ahora mismo- sentenció Draco, tomándola del brazo siendo casi arrastrada hacía un salón.

-No tengo nada que hablar.

-¿Qué te pasa?- preguntó observándola fijamente, haciendo que Astoria pudiera darse cuenta de lo enfadado que estaba.

-No me pasa nada, Draco.

No hagas las cosas más difíciles de lo que ya son…

-¿Por qué me evitas?- repitió.

-No te estoy evitando…

-Si lo haces- interrumpió -¡Maldición Astoria! ¡¿Qué hice mal?!

No llores, no ahora…

-Mírame- pidió mientras se acercaba a ella y levantaba suavemente su mentón -Dime qué hice mal, pequeña… Sólo dímelo.

No seas débil, Astoria… No te permitas llorar, no enfrente de él.

-¿Qué es?- insistió acariciándole su mejilla.

-Draco… Aléjate de mí- habló con voz queda.

Astoria pudo ver el dolor que sus ojos grises expresaban, logrando hacerla sentir la peor persona que podía existir en el mundo… Y lo era, no se lo negaba.

-Astoria…

-¡Sólo déjame en paz!- exclamó con angustia, soltándose de su agarre y salir apresuradamente antes de soltar sus lágrimas con gran amargura y desconsuelo.

-Perdóname rubito- sollozó -Perdóname por todo el daño que te estoy causando, pero entiende que es lo mejor para ti…