¡Hola, capullitos de aleli!
Acá estoy, acomodándome en mi nuevo trabajo.
Meganeitor: ¡cuanto tiempo! Charlotte te da esa cosa de matarla, jaja. y ya vi tus fanfics medio loquitos… tss, mira quién habla
Steph: ¿Australiano… o australiana? Aca Meganeitor me hizo confundir. Me tuve que ir a Wikipedia para averiguar lo de Hawaii… es molesto, pero soy algo obsesiva. Gracias por los reviews tardíos.
Wolfie: ¡no me la mates a Nina, por favor! Crunch es solo tuyo y lo sabemos todos. Charlotte es un personaje inventado por mí. Y lo de las faltas de ortografía… en mi trabajo, tengo un teclado tipo alfombra y tiene las teclas duras. Más que faltas de ortografía son faltas de letras. Bien, vaya a dormir y a soñar en el yaoi.
Luty: Yo también te amo y mucho.
Bueno, mientras escucho No era cierto de No te va Gustar, lean el…
Capitulo doce
La tentación de Neo
El piloto se llamaba Paul y era el encargado de llevarlos a Hawaii. Tardaron varias horas en llegar y, al arribar en Honolulu, ya era de noche. Crash parecía muy impresionado por el lugar, como si nunca hubiese estado en un lugar tan poblado. Después de arribar, se tomaron un taxi
La casa era tal cual Neo la recordaba. Era de una sola planta, blanca, de madera y encima de la arena. Desde los ocho años hasta los veinte, había pasado las vacaciones con su madre. Era sencilla, pero hermosa. Las tejas estaban cubiertas de arena. Recordó que él jugaba solo de niño allí, haciendo castillos de arena. Su hermano nunca había ido con él, porque vivía con su padre, en Inglaterra. Neo tenía su propio cuarto y se despertaba con el sonido de las olas chocando contra las rocas. Pero nunca había llevado allí a Nina. Y su madre hacía varios años que no pasaba por Hawaii.
Neo saco el llavero del bolsillo. La llave de la casa era fácil de identificar por la marca roja que tenia… y porque era la única llave que tenía. Todo lo que tenía que abrir era electrónico para él. ¿Para qué demonios quería una llave, si había maneras más modernas de proteger un lugar?
La sala era amplia y tan blanca como el exterior. Nina y Crash comenzaron a curiosear los rincones, como dos niños pequeños, totalmente maravillados. Neo fue a la cocina y revisó las alacenas. Había sopas, sardinas, verduras envasadas y toda clase de alimentos no perecederos. La heladera estaba vacía y desenchufada. Neo la encendió y comprobó que funcionaba. Ya habían comido una hamburguesa en McDonald, así que no tenían hambre. Solo quería dormir.
—Tío —la voz de Nina salió de la puerta de la cocina—, Hay solo dos cuartos, uno con una cama matrimonial y otro con una cama de una plaza ¿Qué hacemos?
—Bueno, tu duermes conmigo y Crash en el otro cuarto —respondió Neo.
—Bueno, yo pensaba que ustedes dos durmieran juntos y yo en la cama simple.
—No pienso compartir la misma cama con un hombre —espeto Neo.
—No pensabas lo mismo cuando dormías con el tío Tropy.
Neo miro hacia otro lado.
—En esa época, yo estaba muy deprimido —le dijo Neo, con el rostro enrojecido—. Aparte, Tropy es un amigo que conozco hace muchísimos años, tengo esa confianza con el —volvió la cabeza hacia ella—. ¿Por qué no quieres dormir conmigo?"
—Sabes que te podría lastimar con las manos si me muevo mucho —le explico Nina—. Y Crash ya esta desempacando en el cuarto matrimonial. Buenas noches —Nina giro sobre sus talones y desapareció de su vista.
Neo se dirigió al cuarto que había sido de su madre. No podía creer que Nina aun recordara la época en la él y Tropy vivían juntos. Solo había sido un año, antes del experimento de Crash.
Al abrir la puerta, Crash ya estaba acostado en la cama, preparándose para dormir. Resignado a su destino, Neo se paro al lado de Crash.
—Escúchame, mocoso: nada de abrazarme ¿ok? Ni de patearme
—Bien.
Neo comenzó a cambiarse. Se puso unos shorts azules y una remera gris. Se acostó muy en el borde de la cama. Crash no tardo en quedarse dormido. Pero Neo no podía dormir. Su mente estaba embrollada, por culpa de ese marsupial idiota. No sabía por qué…
…lo deseaba tanto.
Era muy difícil dormir y tener al objeto de sus deseos justo a su lado. Sentía una cierta atracción sexual hacia él, pero solo era el fruto de no haber estado en una relación por muchos años. Nina había ayudado a meterse de lleno en el celibato. Y la entendía. Tenía miedo de que la abandonara por alguna mujer. Eso no pasaría nunca. Nina era su vida y no sería nada sin ella.
Miro a Crash con atención. Solo dormía con unos bermudas beige y nada más. Acaricio su espalda con un dedo y la retiro enseguida. No podía desearlo, era prohibido.
Tal vez era eso lo que lo excitaba, lo prohibido.
El peligro que corría si cedía a la tentación.
Lo intenso que seria.
No. No podía hacerlo. No con su enemigo.
Pero… ¿Eran enemigos ahora?
¿O era solo una tregua hasta que Nina se aburriera?
Nina ni siquiera se comporta como una malvada. Supéralo.
Nina será mi sucesora
¿Sucesora de qué? Neo, hasta tú estás perdiendo tu maldad. Uka-Uka tenía razón cuando dijo que tus actividades habían caído en picada.
Fue culpa de Crash.
No fue eso. Estabas dudando de tu identidad. Nina, sin saberlo, despertó la bondad en ti. La criaste y la protegiste cómo pudiste, aunque fallaste.
Neo cerró los ojos. Recordó los gritos desgarradores que inundaban el castillo, la carrera enloquecida, el miedo. Nina tirada en el suelo, rodeada de sangre que nacía de algo que alguna vez habían sido unas manos pequeñas hechas para amar. Ahora sus manos eran enormes y de acero, creadas para hacer daño. Si hubiese cerrado la puerta del laboratorio…
Basta
Neo se acurruco en la punta de la cama, cerró los ojos y rogo por no soñar mas.
Al día siguiente, Neo no tuvo precisamente un buen despertar. Despertó rodeando la cintura de Crash con sus manos y una pierna cruzando la del adolescente. Con un respingo, se aparto. Crash se movió un poco y se despertó.
—Buenos días —saludó Crash sentándose en la cama y desperezándose hasta que sus huesos crujieron.
—Cállate —murmuró Neo. Crash no pareció ofendido por la actitud brusca de Neo. Se levantó y se dirigió al cuarto privado. Escucho abrirse el agua de la ducha. Intentando no imaginarse a Crash desnudo bajo el agua, fue a despertar a Nina.
Neo se fue a la cocina y empezó a preparar el desayuno. Nunca hubiese dejado que alguien le tocara la cocina, excepto Nina. Desde que se había ido a estudiar en la universidad, se preparaba la comida él mismo. No era exactamente su afición, pero prefería cocinarse el mismo.
La noche anterior apenas había tenido tiempo de comprar para desayunar. Por el momento solo comerían cereales con leche y galletas. Más tarde saldría al supermercado y ver que había para hacer en la playa.
Nina se sentó en la mesa, seguido de Crash, que después del baño parecía haberse despejado por completo. Neo les sirvió los tazones de cereal
—¿Y qué haremos hoy? —preguntó Nina, revolviendo el contenido del tazón con la cuchara
—Yo tengo que recorrer la ciudad, ya que tengo que comprar víveres. Nos fijaremos si hay alguna actividad y luego vemos.
Nina no pareció muy contenta con la respuesta, pero a Crash le pareció suficiente.
—Crash nunca fue de compras —dijo el ex marsupial, sinceramente curioso.
—¡Eres tan tierno! —Nina le pasó un brazo por los hombros con dulzura—. No te preocupes, mi tío y yo te llevaremos al centro, supongo y a recorrerlo todo. Seguramente estarás cansado del mar.
—Nunca podría cansarme.
Una vez que terminaron de desayunar, salieron a la intemperie. Antes de partir, Nina se coloco unos guantes negros en sus manos.
—Para que nadie se me quede mirando —le explicó Nina a Crash, cuando este se lo pregunto.
La temperatura era perfecta, ni mucho frio ni mucho calor. No había mucha gente a causa de la temporada baja. Un día perfecto.
Caminaron por las calles, deteniéndose cada tanto en alguna que otra vidriera, en la que tanto Nina como Crash quedaban extasiados. Neo comenzó a sentirse culpable. Crash era tan solo un adolescente con mentalidad de un niño. No podía desearlo de esa manera.
El supermercado Winn Dixie era el más cercano que encontraron. Pronto se dio cuenta que había cosas que Crash jamás había probado en su vida, como el helado o las gaseosas. Si su hermana trabajaba para el gobierno australiano… ¿Por qué demonios nunca le había llevado nada?
Como era de esperarse, Nina llenó el carrito de la compra de comida chatarra, como postres instantáneos, hamburguesas y salchichas. Con un suspiro de resignación, dejo que lo hiciera. Crash iba de un lado al otro, comiendo los bocadillos que le ofrecían los empleados como muestra de un producto. Parecía desilusionado por no comerse todo, pero cuando Neo le aseguro que comerían al llegar, su humor mejoro bastante.
Mientras caminaban por los pasillos, Neo notó a varias adolescentes lugareñas que miraban a Crash con curiosidad y le sonreían. Eso no le gustaba nada. Como si nunca hubiesen visto a un adolescente, por favor. Se podrían aprovechar de él. Crash se dejaba engañar fácilmente.
Pensaban poder comer en el interior de la casa, pero Nina prefería armar una especie de picnic en la playa, cosa que terminaron haciendo. Ella estaba alegre como nunca y dirigiendo al grupo con entusiasmo. Nina parecía salirse con la suya. Prepararon unos sándwiches y llenaron un termo con gaseosa. A último momento, decidieron traer una pelota de volleyball, una de tenis y unas raquetas.
En la playa no había mucha gente, cortesía de los extranjeros ignorantes que creían que en Hawaii hacia un frio del carajo. El clima era hermoso. Por un rato Neo se olvido de la maldad y fingió ser un hombre común y corriente de vacaciones con su sobrina y un amigo.
—La playa es genial —comentó Nina, dándole un mordisco a su sándwich de jamón—. No sé por qué nunca me trajiste aquí antes.
—Me había olvidado de este lugar —le respondió Neo, encogiéndose de hombros.
—¿Cómo pudiste olvidarte de un lugar así?
—No lo sé. Sencillamente se borro de mi cabeza. Mucho trabajo, supongo.
—Trabajas demasiado, tío.
—De algo tenemos que vivir, Nina. Aparte, me gusta mi trabajo.
—Oh —musito Nina, claramente desilusionada. Bostezó y se acostó en la toalla, dispuesta a descansar un rato. Crash permaneció sentado debajo de la sombrilla, mirando a la gente que pasaba por delante de sus ojos. Nunca había visto otros seres humanos más que los indígenas.
—Estoy aburrido —dijo de golpe el ex marsupial, tomando la pelota de voleibol tirada a un costado—, ¿juegas conmigo?"
—No —gruñó Neo. Crash hizo pucheros de una manera tan tierna que estuvo a punto de ceder. Crash salió caminando con la pelota entre sus manos directo a un grupo de adolescentes ubicadas a diez metros de donde se encontraban.
—¡Crash! —llamó de golpe Neo. El niño giró sobre sus talones para mirarlo—. Ven. Jugaremos ese juego idiota.
Entre los dos armaron la red y comenzaron a jugar. Neo nunca había sido bueno en los deportes, así que demás esta decir que perdió espectacularmente. Más tarde, Neo probó suerte con la raqueta. Le fue bastante mejor. Cuando al fin se cansaron de jugar, habían empatado.
Nina se despertó de su siesta y sonrió al ver a su tío y a Crash tan unidos. Era lo que mas quería en ese momento.
—¡Crashie! ¡Vamos a juntar caracoles!"ç —grit´p ella. Crash camino hacia la orilla, con Nina agarrándolo de la mano. Ambos se agacharon, escarbando en busca de caparazones de moluscos marinos. Neo se limito a mirarlos con una tenue sonrisita. Era agradable sentirse así de relajado. Hacía años que no lo hacía de verdad. Ya tenía planeado ciertas actividades. Dentro de dos días habría una feria y Nina se moría por ir allí. También recorrer el centro comercial y mirar las estrellas a través de un telescopio que ella había insistido en traer.
La vida de maldad no era precisamente idílica. Tenias que estar desconfiando hasta de tu propia sombra, todo lo que hacías era detenido por los héroes, todo estaba mal en el planeta. Mandar en el mundo, tener el control total sobre él. Nadie que controlara a Neo. El mandaría a todos y se atendrían a sus órdenes. No más errores. Sus errores le habían costado demasiado. Muy pocas cosas buenas le habían pasado en la vida. Y se aseguraría que Nina tuviese lo que él nunca pudo tener.
La noche cayó sobre el mar. Nina estaba emocionada por los caracoles que había encontrado y estuvo con Crash haciendo pulseras y cadenitas con ellas, hasta que Neo mando a todos a dormir. Estaba agotado.
Alrededor de las dos de la mañana, Neo se despertó súbitamente. Había tenido un sueño donde hacia el amor apasionadamente en una de las torres del castillo donde vivían. Un sueño erótico que se había transformado cuando de repente, Crash estaba parado en el borde de la terraza, al lado de la mujer de camisón blanco y cabello largo. Ella agarraba a Crash de la mano, y las sombras se los tragaban a ambos.
Neo se levantó de la cama, completamente envuelto en transpiración. Giro su cabeza hacia donde se encontraba Crash, pero no estaba en la cama. La luz del baño privada estaba apagada, por lo que tampoco estaba allí.
Salió de su cuarto. Seguramente estaba comiendo algo en la cocina, pero debía asegurarse. O quizás había salido a buscar más caracoles para Nina.
A llegar a la cocina, se quedo paralizado. Crash estaba allí, pero no estaba comiendo. Aun en la semioscuridad pudo verlo. Estaba sentado arriba de la mesa bebiendo directamente de una botella de vidrio con un líquido verde en su interior
—¡Idiota! —le grito, sacándole la botella de las manos—. ¡Esto es licor!
—¿No era jugo de fruta? —preguntó Crash, arrastrando las palabras. Estaba completa y absolutamente borracho. Se balanceaba un poco y sus ojos estaban entrecerrados. Eructo y miro a Neo con una sonrisa.
—Licor de fruta. Ven, bájate y vamos a dormir.
—No quiero —protestó Crash, y rodeó el cuello de Neo con los brazos.
—Crash… —se estaba poniendo rojo. El adolescente, no contento con eso, le rodeo la cintura con las piernas.
—No… te vayas —balbuceó. Sus labios estaban cerca. La fruta prohibida estaba cerca. La tentación por hacerlo suyo latía en un lugar que no debía.
—Crash, te lo suplico… —empezó a decir, pero Crash le puso un dedo en los labios. Sin pensar en lo que hacía, Neo lo lamio. Era un sueño, seguramente, por ende podía hacerle lo que quisiera. Estiro una mano y lo tomo suavemente de la barbilla.
Y lo besó.
Sus labios parecían fuego. Una sensación única en la vida. Metió ambas manos bajo su playera y acaricio su torso bronceado. Lo obligo a acostarse encima de la mesa y Neo también lo hizo apoyando todo su cuerpo sobre el adolescente.
La playera de Crash se liberó de alguna manera. Neo lo besó en el cuello, arrancándole un gemido que lo enloqueció. Beso todo su torso, continuando por su estomago, casi hasta la parte más tentadora… finalmente metió su mano dentro del pantalón de Crash y comenzó a tocarlo. El adolecente gimió de placer y Neo lo calló fundiendo sus labios con los de él. Introdujo su lengua y se sorprendió con la rapidez que Crash respondió, convirtiéndolo en una batalla de lenguas ansiosas por ganar la boca del otro.
Neo no aguantaba más. Quería poseer ese cuerpito adolescente. El miembro de Crash estaba muy duro, al igual que el del científico. Neo ya no podía pensar. Lo haría suyo arriba de la mesa de la cocina, ya no le importaba nada…
La luz se encendió.
Nina estaba parada en la puerta de la cocina, solo vestida con una larga camiseta amarilla que le llegaba a la rodilla. Se quedo contemplando unos pocos segundos la escena: Neo acostado encima de Crash en la mesa de la cocina y metiéndole la mano adentro del pantalón del menor. Sin inmutarse, cruzo la cocina, llego a la heladera, la abrió y se sirvió un vaso de agua. Luego guardo la jarra en su lugar y se fue a la habitación.
Eso fue suficiente para aclarar la mente de Neo. Se bajó de la mesa y se dirigió a la sala. Se acostó en el incomodo sillón de dos cuerpos y se dio vuelta, dándole la espalda a la sala. Crash no lo siguió.
