¡Hola piojosas!

Perdón por este capítulo corto, pero ando de los nervios. Algún fragmento de gusano (porque ni siquiera se merecen que lo llamen gusano entero) se metió en mi cuarto y me robo los 1000 pesos que tenia ahorrados con mi novia. Eso pasa cuando uno vive en una pensión.

Se me ocurrió una idea por culpa de cierto lector australiano (o mía no se): probé leer mi fanfic traducido al inglés con el traductor del Google. Me he reído mucho. ¡Lo que pasa por no poner un acento! Pobre Steph, a veces no debe entender un pepino. Si no entendes algo, australiano, avísame.

Tiburi: ¡que bien que tengas internet! Bueno, Coco es sobre protectora con Crash. Vamos a ver qué hago con N. Gin, que fue un agregado a último momento. ¿Leíste o no, Tiburi? ¡Collins es el segundo al mando en el acorazado N. Gin! Pervertida, espiando las cochinadas que hacen esos….

Wolfy, la lobita consentida: te perdono, corazoncito, que no se te reviente el corazón, please. A mí también me paso algo así con mi hermano, solo que él nunca lo supo. ¡Mierda, que criticona, jajá! ¡Menos mal que no te fijas en los acentos! Maldito teclado del trabajo… gracias por darme una buena idea, muajajaja. No te prometo nada.

Acá escuchando El psiquiátrico del Cuarteto de Nos (escuchen ese grupo, que es muy bueno) vean el…

Capitulo trece

La charla de Nina y Nefarious

Las cosas no mejoraron precisamente al despertar de Neo. Salió despedido de su sueño por culpa de una mano enorme que lo zarandeaba. Al abrir los ojos distinguió el rostro de Nina inclinado sobre él.

—Buenos días, tío —saludó ella, con semblante apenas preocupado.

—Buenos días —gruñó Neo, sin cambiar de posición. Sentía la espalda muy dolorida. Maldita ciática.

—¿Pasase toda la noche en ese sillón? —preguntó Nina, ya erguida con las manos en las caderas.

Neo abrió la boca y de repente la cerró. Había algo muy malo en todo esto. Recordó súbitamente todo lo ocurrido en la cocina. No había sido un sueño… su rostro enrojeció al recordar también que Nina lo había visto en esa situación comprometedora.

—Nina, lo que viste anoche…

—No ha pasado nada anoche —lo interrumpió Nina con un tono frio. A Neo se le estremeció el corazón.

—Lamento que hayas visto eso…

—No me molesta que hayas estado haciendo el amor con él, tío. Lo que me molesta es que, a juzgar por el olor a licor y el rostro de Crash, no parecía saber ni donde estaba parado.

—No lo emborraché yo. El idiota creyó que el licor de fruta era jugo.

Nina lo observo unos momentos y luego suspiro.

—Levántate, voy a preparar el desayuno.

Neo no se movió. La espalda le dolía demasiado. Intentó disimularlo, pero ella lo conocía demasiado bien.

—Humm, ya veo… —murmuro.

Antes de que Neo pudiera replicarle, Nina estiró sus manos mecánicas y lo levantó del sillón.

—¡Nina! —gritó, mas por el dolor que la sorpresa, pero ella hizo caso omiso de sus protestas. Ella lo cargaba como si fuera un saco de papas o algo similar hasta su cuarto.

Crash estaba allí, sentado en la cama, hecho una ruina. En sus manos sostenía una taza de café. Parecía haber salido de la ducha, pero parecía muy cansado. Nina lo acostó boca abajo.

—Crash, a Neo le duele la espalda. Hazle unos masajes —dijo Nina con aparente indiferencia. Dicho esto, se dio vuelta y se marcho de la habitación, cerrando la puerta a sus espaldas.

Entre los dos hubo un incomodo silencio. Tenía la esperanza de que no lo recordara, pero el ex marsupial no lo miraba a la cara y estaba con el rostro rojo. No sabía que decir. Al final Crash hablo:

—Neo, anoche…

—Olvídalo —espetó Neo, sin mirarlo

—Pero…

—Olvídalo.

Crash lanzó un suspiro y se sentó a horcajadas encima de su trasero.

—¿Pero qué demonios…?

—Nina dijo que Crash debería hacerte masajes —murmuró, no muy seguro. Sus manos se deslizaron por debajo de su camiseta, recorriendo su columna vertebral con los dedos de manera tan suave que le provocó un escalofrió y millones de pensamientos inadecuados, pero deseados. Las manos subían y bajaban por la espalda de Neo. Empezó por la nuca masajeando en círculos usando solo los pulgares y bajando lentamente por el resto de su columna. Neo se había olvidado del dolor, de todo lo demás. Solo estaba concentrado en los rítmicos movimientos de Crash. Su deseo crecía y apenas tenia conciencia de que se estaba deteniendo para no cometer una locura.

Ahora las manos estaban en la parte baja de la espalda. Crash se bajó, y comenzó a jugar con el elástico del pantalón. Neo cerró fuertemente los ojos. No podía ser tan débil, no podía…

—Listo —dijo Crash, satisfecho de su labor—. ¿Estas mejor?"

Neo estaba caliente como un horno, pero asintió con la cabeza. Al menos la espalda ya no le dolía tanto. Se levantó, intentando que no se le viera la erección.

—Un poco mejor —murmuró—. Ve a desayunar. Iré en un momento.

Crash asintió y se fue a la cocina. Neo se encerró en el baño y se sumergió en el agua helada. Se sentía él mismo como si fuese un adolecente sin control de sus hormonas. Pero al menos el agua fría había refrescado su cabeza. Tenía que pensar en las actividades para mantener a ambos chicos ocupados.

El desayuno fue delicioso. Ya no hacía falta que a Nina le hicieran la comida. Ya era una adolescente y en pocos años, ella ya no lo necesitaría. Su corazón se lleno de tristeza.

—No deberías volver a dormir en ese sillón, tío —comentó Nina, mientras desayunaban—. Tienes la espalda delicada y lo sabes.

Neo enrojeció

—No me trates como si fuese un anciano decrepito, Nina.

—Te cuido como me cuidaste casi toda mi vida.

—Eso dices ahora, pero cuando seas adulta…"

Neo sintió unos golpes en la puerta. Nina se levanto, pero la detuvo con un gesto y se irguió, con el arma en la mano.

—Quédense aquí —ordenó y se dirigió a la entrada, con el corazón martillándole en el pecho, preparado para lo peor.

Pero no era ninguna amenaza. Era Nefarious Tropy.

—¿Qué haces aquí? —pregunto Neo, fastidiado—. Estoy de vacaciones y no…

—No vengo aquí para que vuelvas al trabajo, mi buen amigo —suspiro Tropy. Llevaba una camisa hawaiana, unos jean y una gorra de beisbol—. Me he dado permiso para unas cortas vacaciones.

—¿Y entre tantos lugares del mundo elegiste mi casa de Hawaii?

—¿Tío? —Nina había asomado la cabeza por la puerta de la cocina, tratando de ver al recién llegado—. ¡Tío Tropy! —exclamó y se tiró a los brazos del viajero del tiempo.

—Hola, mi amor —saludó Tropy, pasándole una mano por la cabeza.

—¿Estas de vacaciones por aquí?

—Solo cuatro días. En lugar de viajar por el tiempo, decidí pasar un rato contigo ¿Quieres salir a pasear un rato?

Nina miró a Neo.

—Ve si quieres, cariño. No me molesta.

Nina tomo de la mano a Tropy y salieron a la playa.

—¡Volveremos pronto! —gritó Nina, mientras se perdían de vista. Neo agito la mano y luego la bajo. Estaba solo con Crash, grandioso. A ver como aguantaría estar con él, después de lo de anoche. Tampoco era que le había hecho el amor realmente, pero había estado muy cerca. Y no quería volver a pasar por esa situación…

¿O si quería?


Fue una linda mañana para Nina y Tropy. Él le compró un helado chocolate, y un disco de Rammstein y la llevó a los videojuegos. Tropy siempre había sido muy bueno con ella. Cuando era pequeña, se veían muy seguidos, pero después de entrar en la academia, dejaron de verse tan seguido como antes.

—Lamento no haberte ido a verte antes, cariño —se disculpó Tropy, mientras se sentaban en el banco de una plaza.

—Estuvimos muy ocupados los dos.

—Cierto. Y decidiste venir ahora para compensar.

—Eso y ver la cara que ponía Neo —ambos se rieron. De repente Nina se quedo pensando. Tropy era el mejor amigo de Neo quizás supiera algo de sus padres.

—¿Hace mucho que conoces a mi tío?

Tropy sonrió, nostálgico.

—Desde la secundaria en la Academia. Yo entre a mitad de año escolar. Le superaba las notas a Neo y a él no le gustaba para nada. Entre tu tío, N Gin y Nitrus Brio eran los perdedores del colegio.

—¿Y tú no?

—Yo le hacia bullying a ellos, en especial a Neo. No era popular, pero tampoco me molestaban. Al final tuve que compartir el cuarto con él. Al pasar el tiempo, nos hicimos amigos. Al terminar el secundario, ya éramos inseparables.

—No puedo creer que hayas odiado a mi tío, cuando mis primeros recuerdos eran de ustedes dos siempre cerca.

Tropy se puso tenso.

—Tu tío estaba muy deprimido —murmuró por lo bajo.

—¿Por la muerte de mis padres?

Tropy miro hacia otro lado.

—Nina…

—¿Por qué nadie me dice nada? Todos se quedan callados o inventan excusas ¿Qué paso con ellos? Soy lo bastante adulta para asumir lo que sea que haya pasado con ellos.

Tropy clavo la vista en el piso, mientras Nina no paraba de hacerle preguntas

—Muy bien —suspiró el viajero del tiempo, resignado a que Nina no lo dejaría en paz hasta saber algo—. Pero no le digas a tu tío que yo te lo dije.

Nina asintió.

—Hace unos veinte años, tu tío conoció a una mujer llamada Charlotte y se enamoró perdidamente de ella.

—¿Y eso que tiene que ver? —preguntó Nina, hoscamente.

—Déjame terminar. Ambos se casaron tiempo más tarde y durante un tiempo fueron felices. Hasta que tu padre fue de visita.

—¿Qué hizo mi padre? —murmuró Nina, aterrada con lo que seguramente escucharía.

—Tu madre quedo embarazada de ti. Neo pensó que serias su hija, hasta que Charlotte le confesó que no lo era. Ella lo engañaba con tu padre.

—¿Y qué hizo mi tío? — murmuró Nina, muy débilmente. Ella podría haber sido la hija de Neo. Eso le hubiera gustado

—La perdonó.

—¿Qué? ¿Acaso era idiota? —estallo Nina. Su tío no podía haberla perdonado por hacer semejante cosa

—Yo también creí eso —reflexionó Tropy—. Pero lo hizo porque aun la amaba y, poco después de nacieras, te abandono y huyo con tu padre.

Nina se quedo de piedra. Con razón su tío decía que era un recuerdo muy doloroso. Por eso estaba deprimido. Se le humedecieron los ojos.

—Ellos murieron en un accidente aproximadamente un año después.

—¿No debería odiarme? —murmuró Nina, al borde del llanto.

—No. Te cuidó como su más preciado tesoro durante quince años. Te ama como una hija. La hija que durante un tiempo creyó que era suya.

Nina lloraba. No tenía idea del dolor que había sufrido. Sintió un odio intenso hacia sus padres, al mismo tiempo que un amor infinito hacia su tío. Tropy le alcanzo un pañuelo.

—Nunca le digas a tu tío que yo te lo conté. Jamás me lo perdonaría.

—Lo juro, tío.

—Tengo que irme, amor. Te acompaño a casa.

—Me voy sola. Sé el camino.

Nina se fue lentamente de la plaza, secándose los ojos con el antebrazo. Odiaba su sangre, porque las dos personas en las que Neo confiaba lo habían destrozado. Solo tenía el consuelo que ambos estaban muertos y pudriéndose en el infierno.

Estaba tan metida en sus pensamientos que se chocó con un chico que salía de un negocio de ropa deportiva.

—¡Lo lamento mucho! —decía el chico, mientras le tendía un brazo. Al levantar la vista, Nina noto que el brazo del chico era bionico.

—¿Crunch?