Castigos
Las vacaciones de verano por fin daban inicio, y Astoria sentía que ya era hora de un muy buen merecido descanso luego del terrible cuarto año con la cara de sapo. La Mansión se encontraba tan silenciosa como siempre, lo único que se podía escuchar eran los fuertes soplidos de nariz que hacía Thali mientras lloraba de felicidad al ver la menor de los Greengrass de regreso a casa.
-Ama Astoria, Thali le ha extrañado mucho- dijo la elfina una vez que estuvo un poco más calmada y la dirigía a su habitación, aunque la castaña conociera muy bien su hogar -Thali ha ordenado las cosas de la Ama para su regreso.
-Gracias por todo Thali- sonrió cálidamente como muestra de agradecimiento al pequeño ser que se esmeraba por tenerle todo en perfecto estado.
-Thali vendrá en un momento para decirle a la Ama que baje para cenar- dijo antes de desaparecer y darle un poco de privacidad a la castaña.
Astoria sonrió y suspiró mientras pensaba si Draco recordaría escribirle al menos una vez por semana aunque, si era sincera con ella misma, sabía que esa pequeña recomendación que le había dicho no se cumpliría, puesto que sabía que el rubio odiaba escribir como hablar sobre sus ya no muy escondidos sentimientos hacía ella.
Mientras esperaba que estuviese lista la cena, la castaña abrió su gran closet para buscar algo cómodo y fresco que ponerse antes de disponerse a desempacar las cosas del baúl de Hogwarts, labor que fue interrumpida por unos golpes.
-As, mamá dice que bajes a cenar- informó su hermana desde el marco de la puerta.
-Voy en seguida- respondió mientras acomodaba el libro que tenía en su mano en el estante y seguía a su hermana en la planta baja de la Mansión, donde sus padres ocupaban los mismos lugares en el comedor -¿Sucede algo?- preguntó extrañada al sentir al tensión del ambiente.
-Nada cariño- trató de sonreír su padre -Disfruten la cena.
-¿Daph?- susurró dándole un sutil codazo en las costillas de su hermana -¿Sabes qué pasa con mamá y papá?
-No, creí que te lo dirían- respondió antes de llevarse la fina copa a su boca.
-¿Qué es lo que sucede?- volvió a preguntar observando como su padre se removía incomodo de la silla.
-Será mejor que les digas, Maurice- respondió su madre -Tarde que temprano deberá de enterarse, además ya no tenemos más tiempo.
-Lo sé- suspiró agotado -Pero no creo que sea el momento para decirlo.
-¡¿Pueden dejar de hablar entre ustedes?! ¡Estamos aquí y podemos escucharlos!- exclamó Astoria comenzando a enfadarse, como odiaba que le ocultaran las cosas -¿Qué es lo que sucede?- volvió a preguntar, haciendo que su padre dejara elegantemente los cubiertos en el plato aún lleno de pavo y puré, y observara a sus hijas.
-Lo que les voy a decir no es fácil, pero su madre tiene razón… Ya no puedo ocultarlo más, no hay más tiempo ni plazo.
-Te escuchamos- dijo Daphne arremedando a su padre.
-Nos quieren mañana en la Mansión Lestrange- soltó Maurice con pesadez, provocando un enorme e incómodo silencio -Mañana el señor Tenebroso hará una reunión y ha exigido nuestra puntual asistencia.
-No… Yo no…- balbuceó la castaña sin saber que decir exactamente, pues se encontraba en estado de shock al igual que su hermana.
-Ya no hay marcha atrás, hay que asistir- sentenció Victoria.
-¿Desde hace cuánto lo saben?- preguntó Daphne saliendo de su trance.
-Desde antes de vacaciones de navidad- respondió su madre.
-No saben cuánto lamento todo esto que está pasando- manifestó el señor Greengrass con una gran tristeza reflejada en sus verdes ojos.
-Yo… me retiro- declaró Astoria saliendo rápidamente al jardín de la Mansión, sentía el deseo de reflexionar lo que estaba pasando y lo que posiblemente iba a suceder mañana.
¿Cómo es posible que me lo hubiesen ocultado por tanto tiempo? ¿Sabrá Draco algo de esto? ¿Estará invitado a la "gran" reunión?
-Astoria, hija, es hora que te levantes y arregles- anunció su madre mientras tocaba la puerta.
-Ya voy- respondió fríamente y sin pizca de ganas de obedecer.
El día había llegado y ya nada se podía hacer muy para su pesar, la única era rogarle a Salazar que todo fuera bien y que nada grave ocurriera; aunque, tratándose de Voldemort y los Mortífagos no se podía esperara nada bueno. Con un gran cansancio, la castaña toma su bata y se encierra en el baño de mala gana mientras observaba su pálido rostro que era acompañado de unas grandes ojeras producto de la noche en vela que había pasado gracias a la preocupación y ansiedad que guardaba en su pecho, y que en cada hora que pasaba se hacía más grande.
Una vez salido de un largo baño relajante, se dispone a vestir ropa oscura por órdenes de sus padres, odiaba ponerse ropa negra puesto que parecía que fuera a un funeral, pero si se ponía a pensar más detenidamente se daba cuenta que donde iría era prácticamente un funeral.
-Estás preciosa- alagó su madre al verla bajar por las escaleras.
Astoria sonrió débilmente, no se sentía hermosa, no tenía ni la mínima intención de hacerlo, no si su destino era ir a aquella reunión en la Mansión con la asquerosa calavera andante.
-Será mejor desayunar e irnos inmediatamente, nos están esperando- sentenció Victoria tomando asiento en el comedor junto con sus hijas.
-¿Estás bien?- preguntó su hermana en un susurro.
¿Es broma?
-¿Parece que lo estoy?- contraatacó molesta.
-Sólo trato de preocuparme un poco por ti, esto no solo te afecta a ti, recuerda que a mí también me han exigido estar presente- respondió enfadada.
-¡No es lo mismo, Daphne!- exclamó, atrayendo las miradas de sus progenitores.
-No es el día ni el momento para pelear- manifestó Victoria cesando el pleito entre sus hijas.
El desayuno había finalizado de manera tranquila en lo que cabe decir, puesto que su padre había estado bastante callado, la verdad era que en todo el día no había pronunciado ni una sola palabra y hacía todo lo posible por ocultar su mirada detrás de 'El Profeta'; su madre les dedicaba de vez en cuando algunas miradas para vigilar que no siguiesen peleando por cosas que en ese momento eran completamente insignificantes, mientras que Daphne se encontraba realmente ofendida y preocupada por la misma situación que compartía la familia.
-Nos iremos por la Red Flú… Ya nos deben de estar esperando- anunció la mujer antes de tomar un pequeño tarro con los polvos y dirigirse a la gran chimenea -Ustedes dos irán juntas y no quiero escuchar una sola pelea mientras estemos en la Mansión, ¿entendido?- finalizó, haciendo que sus hijas asintieran y rápidamente desapareciera entre las brillantes llamas verdes junto su marido.
Excelente Astoria, ya no tienes escapatoria- pensó, al aparecer en segundos en el punto de encuentro, mientras retiraba el hollín de su vestido.
-Vaya, ya era tiempo… Entre más rápido, mejor- dijo Bella con su sonrisa maniática.
La castaña ignoro a la bruja tan bien como pudo hacerlo y comenzó a recorrer el lugar con la mirada tratando de encontrarse con alguien conocido.
-Estás hermosa- susurró una voz cerca de su oído haciéndola sobresaltar, aunque el exquisito aroma de su fragancia lo hubiese delatado.
-Gracias- respondió dando la vuelta para encontrarse con esos ojos color mercurio que tanto le gustaba observar.
-Ven, demos una vuelta- dijo tomando su mano dirigiéndola hacia los jardines.
-Draco… ¿Crees que todo vaya bien?- preguntó interrumpiendo aquel silencio que los había inundado.
¿Lo estaría?- se preguntó él mismo, mientras decidía si responder o no responder, pues no tenía claro lo que sucedería en tan solo unos cuantos minutos cuando el sujeto llegara.
-Creí que la positiva eras tú- se burló tratando en vano de evadir por un momento la realidad.
-Esto es diferente y más complicado… Creo saber en cierta parte lo que sucederá, pero ¿y la otra?
-Será mejor que vengan, el señor Tenebroso ha llegado- anunció Narcissa antes de entrar nuevamente a la Mansión seguido de los chicos.
-Hola a todos mis queridos seguidores… Es un placer verlos de nuevo- siseó, observando a cada uno de sus más fieles Mortífagos -Hoy es un día muy especial, hoy llegarán a las filas rostros nuevos y más juveniles- añadió posando su mirada de serpiente en el rubio.
-Es un verdadero honor tenerlo en nuestra Mansión- habló Bellatrix con suma adoración y respeto.
-Sé que es así mí querida Bella- afirmó Voldemort -Pero bueno, basta de charlas, será mejor ir por lo que hemos venido a presenciar-añadió -Es una verdadera lástima que algunos de mis seguidores hayan sido débiles y capturados por los Aurores, lo que no me sorprende es ver a Lucius en aquella lista- añadió observando a la familia Malfoy -¿No crees que es hora de que tú hijo forme parte de nuestra tropa, Narcissa?- Narcissa había olvidado completamente de cómo respirar y daba por hecho que su hijo también, puesto que se había puesto más pálido de lo común -Me han hablado mucho sobre ti, Astoria, supongo que tú padre hoy tendrá el honor de seguirme- dijo al ver a la chica al lado del rubio.
-Maldita traidora- susurró Bellatrix con profundo odio.
-¿Algo que desees explicar?- preguntó observando a su más fiel seguidora.
-Esa chica, mi señor, es una traidora… Estuvo peleando al lado de Potter en la Sala de Profecías- respondió dejando a todos los invitados sorprendidos.
-¿Es eso cierto?- inquirió -Creí que por ser una Greengrass eras inteligente, pero veo que me he equivocado… Deberás pagar consecuencias.
-¡NO!- gritaron Draco y Maurice al tiempo.
-Vaya, vaya, al parecer tienes quien te cuide la espalda, pero lamento decirte que esta vez no funcionara- dijo, haciendo que Bella sonriera de forma maniática.
-Tenga piedad, yo por ella- insistió Maurice con nerviosismo, no su hija, no su pequeña Tori.
-¡El señor Oscuro nunca tiene piedad!- exclamó furioso -Has deshonrado a tu familia y la casa de Salazar, ahora debe pagar sus consecuencias… Pero antes de matarte, dejaré que sufras al ver como marco a tú novio y padre- finalizó mientras se acercaba a ellos, tomaba bruscamente su antebrazo izquierdo y con un Morsmordre marcaba sus pieles provocándoles un gran sufrimiento y dolor jamás experimentado.
-Perdónele la vida a mi hija, mi señor… Yo le prometo que la sacaré de Hogwarts si es necesario- habló Victoria, observando como Daphne apretaba la mano de su hija menor, puesto que a pesar de que se mostrara fuerte sabía que por dentro su hija estaba destrozada.
-Su hija ha cometido la peor deshonra que un sangre pura puede tener y debe pagar por lo que hizo, nadie se burla de mi señor- defendió la señora Zabini con orgullo.
-Estoy segura que mi hija será capaz de hacer cualquier cosa que usted mi señor, le proponga- insistió.
-Sí es así como dices, la someteremos a una pequeña prueba- sonrió Bellatrix con maldad -Llama al maldito elfo- le gruñó a Rabastan.
-¡BASTA!- vociferó Voldemort haciendo estremecer a los presentes -No vas a hacer ninguna clase de prueba, si la chica quiere vivir deberá ayudar a Draco a reparar el armario Evanescente y acabar con la vida de Dumbledore antes de la fecha, si no lo hacen los mataré a ambos y a toda sus familias- finalizó antes de volverse humo y desaparecer de la Mansión dejando a los aludidos completamente estupefactos.
