Muchachos! como van?
Una vez mas disculpen mi tardanza.
Sthep, mi querido australianito: Cada vez que menciono algo de tu pais me da miedo de describir algo mal. Wikipedia ayuda, pero necesito clases, jajaja
Tiburi: Coco es una fucking bitch, lo se. Siempre me la imagine bastante engreida. Y a muy distraido. Maldita Coco.
Pd: Wolfie, donde demonios andas? te extraño!
Capitulo diecinueve
El arrepentimiento de Coco
—Vayase ahora mismo —dijo Collins, apretando los dientes con furia hasta hacerlos rechinar. No quería ver a esa desgraciada cerca de su almirante en lo que le quedara de vida.
—L-lo lamento mucho —tartamudeó Coco, inesperadamente tímida—. Yo realmente no quería…
—¿Lastimarlo? —terminó su frase Collins, casi escupiendo la palabra—. Pues bien, lo ha logrado. El puso el corazón en sus manos y se dedicó a aplastárselo como si fuera un gusano podrido. Supongo que estará muy contenta por lo que hizo.
—Solo quería disculparme con él —el tono de Coco volvió a transformarse en uno de hastío—. Y él estaba actuando extraño, no sabía qué hacer.
—Se sentía mal, maldita sea. Si no lo hubieses golpeado, se hubiese desmayado por el dolor de cabeza. Y sigue inconsciente así que váyase ya de una buena vez, que no tengo todo el día. Se jacta de ser del lado de los buenos y actúa como una villana.
Coco abrió la boca, totalmente desconcertada por la última frase, pero no dijo nada.
—La acompañare hasta la salida —continúo Collins y comenzó a atravesar el pasillo a pasos largos. Al parecer, a Coco se le habían ido las ganas de pelear, porque lo siguió sin rechistar. Mejor así. No tenía ganas de seguir discutiendo con esa mocosa del demonio.
Después de casi un minuto, Coco decidió hablar:
—¿Por qué me está acompañando, Collins? Conozco ya la salida.
—Porque al almirante no le hubiese gustado que merodeara sola por el barco —respondió, arrastrando las palabras y aminorando un poco la marcha.
—¿Tanta lealtad tiene hacia él?
—Mucha —respondió secamente. Vio de reojo a la chica, quien intentaba seguirle el paso. Solo era una mocosa que no había vivido mucho tiempo en el mundo. Y sabía mucho de ciertas cosas, pero al mismo tiempo no sabía nada sobre la vida. Era cuestión de tiempo que madurara y dejara de comportarse como una idiota. No tenía muchas esperanzas de que pasara algo bueno, pero, al encontrarse ante la salida de acorazado, Collins le dijo, en voz baja:
—Averigüe todo lo que pueda sobre Nicholas Gin, ¿quiere?
—¿Nicholas Gin?
—Tan solo hágalo. Ahora váyase, antes de que oscurezca y los animales la devoren viva.
Collins la vio perderse entre la maleza, metió la mano en el bolsillo delantero de su camisa blanca y prendió un cigarrillo. Se podría haber fumado todo el paquete seguido en la cubierta del barco, pero su almirante lo necesitaba, así que solo fumó ese y volvió al lado de N. Gin, que aun seguía inconsciente. Le pasó una mano por la frente, preguntándose cuando despertaría. Pasaron varias horas, pero el almirante despertó alrededor de la medianoche.
—¿James? —susurró , incorporándose y sentándose en la cama—. ¿Qué pasó? ¿Dónde está Coco? ¿Se encuentra bien?
Mierda pensó Collins. Su autoestima iba a quedar arrastrada, no por el suelo, sino por debajo del agua, entre los corales y las piedras.
—Usted se desmayó y ella se marchó a su casa. Por no tomar las pastillas como le dije.
N. Gin abrió los ojos desmesuradamente por la sorpresa.
—¿Me olvide?
—Con todo este asunto de la chica Bandicoot, supongo que lo habrá pasado por alto.
—Sí, recuerdo que me dolía la cabeza muy fuerte… quedé como un imbécil debilucho ante ella.
—No, almirante, está bien. Le expliqué que se sentía mal. No fue nada grave.
N .Gin no hablo durante un largo rato. Solo abrió la boca para tomarse la pastilla de la noche y quedarse mirando a la nada.
—Puedes irte, James —le dijo al fin, en voz baja—. Me siento mucho mejor. Vete a descansar.
Pero Collins no se movió de su sitio. No después de lo que había sucedido.
—Voy a quedarme toda la noche si es necesario, almirante. No voy a dejarlo solo.
A se le humedecieron los ojos por las palabras de su segundo al mando. Fue suficiente para que Collins se levantara y abrazara con todas sus fuerzas a su jefe.
—A veces… —sollozo N. Gin—, creo que mi padre me maldijo antes de que se suicidara. Tal vez me lo merezca… y voy a morir es este camarote, solo y completamente deforme, como un maldito fenómeno de circo.
Collins hundió la cabeza en el hombro de N. Gin. Le dolía todo lo que le pasaba a él. Era como su hermano mayor. ¿Quién diría que los villanos sufrían así? Eran personas. Personas que sufrían dentro de su máscara de maldad.
—No, almirante. Aguante un poco más. Solo un poco más. No va a morir solo. Siempre estaré aquí para usted.
Coco estaba recostada en su cama, intentando leer un libro de artes marciales, disfrutando del silencio, que normalmente era interrumpido por Crash, pero su atención se desviaba hacia N. Gin y Collins. Las palabras del segundo la mortificaban… Ella no se había comportado como una villana, claro que no. El había… había… bueno, el… no había hecho nada. Y ella, todo lo contrario. Le había pegado un empujón y le había roto la cabeza. Collins estaba muy enojado y tenía toda la razón en estar enojado con ella. De milagro no la había echado a patadas, literalmente. Y le había dicho que buscara información sobre Nicholas Gin.
Coco no era tonta y sabía que Nicholas Gin era N. Gin casi desde el momento en que Collins se lo dijo. Nunca había buscado a ninguno de los "villanos" por Internet, así que tomo su laptop rosa y tecleó ese nombre en el buscador. Lo que encontró la dejó perpleja.
El primer link que abrió resulto ser sobre un accidente ocurrido varios años atrás en una base militar australiana. Había una prueba de misiles ese día y el primero había sido lanzado con tan mala suerte que había impactado en la cabeza del diseñador del artefacto, un científico llamado Nicholas Gin. Había sobrevivido de milagro y por las manos de un cirujano al que no nombraban por ningún lado. Había sufrido tanto física como mental y emocionalmente y se había retirado del Ministerio de Defensa, diciendo que la culpa la tenía el maldito recorte de presupuesto del que había sido víctima.
Los otros links daban más información. Contaban del suicidio de su padre, acorralado por la policía, cuando quisieron arrestarlo por estafa. También hablaba de sus logros como físico, experto en robótica y cibernética. Al parecer sabia muchísimo de computación y era una persona muy inteligente y equilibrada.
Y no solo eso. Había fotos del almirante N. Gin, antes de su fatal accidente. No era apuesto, pero tampoco feo. Delgado, pero bastante bajo, de cabellos anaranjados y ojos castaños. No estaba mal.
Por eso Collins lo cuidaba tanto. El almirante estaba enfermo, a raíz de ese accidente. La medicina no era su fuerte, pero tal vez no le quedara mucho tiempo de vida al almirante. Tal vez no fuera tan malo tener una cita decente con él, tan solo una vez para mantenerlo contento. Si estaba mejor, mañana mismo iría a visitarlo para invitarlo a salir. No sería nada malo probar algo distinto, para variar.
Collins bajo del acorazado al día siguiente para comerciar con los indígenas de la isla de N Sanity. Era la tarea que más le gustaba hacer para el almirante. Salir al aire libre para hacer negocios de vez en cuando, ya que N. Gin no podía hacerlo por su enfermedad, era un regalo para él. Cualquiera que se pasara un mes encerrado en el acorazado se volvía loco.
La tripulación estaba ayudando a Collins a guardar en el acorazado las wumpas que venderían en breve a Tanzania. Collins fumaba tranquilamente un cigarrillo apoyado en una de las cientos de palmeras de la isla, vigilando la zona y disfrutando de la mañana, aunque lo que le había sucedido a su jefe era un pequeño nubarrón que empañaba su relajación.
Y para empeorar la situación, había una cierta rubia que se abría paso entre los tripulantes. Con un suspiro, tiro su cigarrillo al suelo y lo aplasto.
—¿A qué viene ahora? —preguntó Collins, con brusquedad
—Quiero hablar con —respondió Coco.
—¿Para qué? ¿Para enfermarlo más?
—Quiero disculparme con el por haberlo golpeado ayer. Realmente me siento mal por lo que sucedió.
Collins le echo una ojeada al acorazado, que esperaba tranquilamente por su cargamento de wumpas. Sabia que daría saltos de alegría al enterarse, pero no sabía si era lo que realmente le convenía.
—Vi la noticia. Lo lamento. No lo sabía —agrego, bajando los ojos.
Collins suspiro con fuerza y se pasó la mano por el pelo
—¿Lo va a fastidiar?
—No, juro que no lo haré ¿El está enojado conmigo?
—No, no lo está. Cree que todo es su culpa
Coco trago saliva, de manera culpable.
—¿Puedo ir a verlo? Sólo será un momento, Collins.
Collins le echo una nueva mirada al barco.
—Vaya rápido, entonces. Zarparemos en cuarenta y cinco minutos a Tanzania y no quiero retrasos en la entrega.
